Osito de peluche
El osito de peluche sobre el mostrador no es un simple juguete, es la llave de un secreto húmedo. Ella viene a pedirle que le haga lo que le hizo a su mejor amiga, pero con una intensidad que nadie esperaba. ¿Estás listo para ser su osito de peluche y devorarla como nunca lo has hecho?
Tengo cierta facilidad para los idiomas, dicen que soy simpático y afable y que tengo buena presencia. Todo ello junto a unas influencias de viejos conocidos me han permitido dar el salto profesional pasando de camarero raso a recepcionista del hotel donde trabajo durante la temporada estival. Entre curso y curso encuentro el tiempo para trabajar unos meses y sacarme un dinerillo extra para mis caprichos.
Esa tarde, estaba bastante aburrido viendo deambular a los clientes por el hall sin detenerse ni para saludar. Por fin se acerca una mujer bastante alterada, que muestra evidentes signos de nerviosismo. Enseguida me acerco y me intereso por ella. Le pregunto qué tipo de problema tiene y en qué la puedo ayudar como parte de mi trabajo. Teóricamente ella está de vacaciones y no debería tener ningún motivo para estar tan alterada, espero que no sea causado por un mal servicio o algo ocasionado por el hotel.
Se aloja en el hotel desde hace un par de días que llego con su esposo y sus dos hijas. Cada vez que ha venido a la recepción pedir la llave o para informarse de alguna cosa me ha obsequiado con una bonita sonrisa y ha estado realmente muy amable conmigo, es una mujer muy educada.
Es de mediana edad, y tiene toda la apariencia de ser una buena esposa y madre. Es de esas mujeres que te imaginas que podrían ser tu pareja en el futuro, con buenas maneras, educada y dulce. La mujer con la que gustaría que te vieran tus amigos y familiares, con la que no te importaría pasar todo tu tiempo junto a ella.
Un poco cabizbaja pone su bolso sobre el mostrador y saca varias cosas, folletos de excursiones, un sobre con fotos, el monedero… también un osito de peluche pequeño y simpático.
Mientras espero que me diga que puedo hacer por ella, sin querer desvío la mirada y va hacia el pequeño osito. Es exactamente igual que otro que tuve en mis manos hace unas semanas. Lo compre pensando que sería un regalo muy especial para una estupenda clienta… y también muy especial para mi. Estuvo alojada quince días en el hotel, recuerdo que también vino a la recepción a preguntar por una excursión. Hablamos nos caímos bien, hicimos amistad y en los días posteriores pasamos unos ratos inolvidables.
Intimamos mucho y lo pasamos genial. Después de hacer el amor, siempre me decía:
—Uhmmm, mi osito cariñoso… cuanto lo voy a echar en falta cuando se terminen las vacaciones.
Una tarde la sorprendí regalándole un pequeño osito, hecho de piel de animal, suave al tacto y cara muy simpática… exactamente igual que el que tiene la señora que tengo delante. Seguro que lo debe haber comprado en el mismo sitio, es un producto artesano y solo lo deben vender dónde yo lo adquirí.
La señora tímidamente levanta la vista, durante un instante me mira a los ojos, luego la vuelve a bajar para seguir rebuscando en su bolso, hasta que encuentra una postal con la imagen de una bonita cala por un lado y algo escrito por el otro lado. La pone encima del mostrador orientada hacia mi para que yo pueda ver lo que hay escrito. Leo con interés…
—Querido osito, echo mucho de menos los fantásticos momentos que hemos pasado juntos. Por favor, complace a mi amiga Leonor como hiciste conmigo. Muchos besos, Maria Luisa.
Trago saliva, miro hacia la mujer y en silencio cruzamos las miradas. Ella se retrae, mira hacia abajo con pudor. Le debe costar mucho dar el paso que ha dado, yo soy un hombre joven, desconocido al que ha confiado un pequeño secreto. Aprovecho para mirarla ahora con otros ojos, es una verdadera delicia tenerla delante para disfrutar de su serena y madura belleza.
Después de esta impresionante presentación, con cierto nerviosismo y precipitación, recoge las cosas que tenía desparramadas por encima del mostrador, las devuelve al interior del bolso y me dice:
—Por favor, apunta para la excursión de mañana a mi marido y a las niñas, yo me quedaré en el hotel… quiero estar sola y descansar a mi aire— lo que interpreto como la mejor de las invitaciones.
—Perfectamente, tu marido y las niñas ya están inscritos para la excursión del parque acuático… para ti buscaré la mejor alternativa para que disfrutes de una tarde agradable en nuestro establecimiento.
……
Ya estamos en el día siguiente, llevo toda la mañana deseando con impaciencia que llegue la hora de mi descanso, que llegue mi relevo para poder darme una vuelta a ver si encuentro a la dueña del osito.
Durante la mañana la he visto pasar varias veces por delante del mostrador, una de las veces iba hacia la piscina acompañando a sus hijas. Luego salió a comprar algunas cosas y poco después de comer a despedir a su familia que toma el autobús que les llevara al parque acuático donde pasaran toda la tarde.
En esta tarde de verano hace bastante calor y apetece mucho echarse un rato en la cama para retozar y disfrutar del aire acondicionado de las habitaciones. Estoy emocionado e intranquilo. Nunca me había sucedido antes que una mujer como la huésped de la room 304 quisiera estar conmigo sólo por la recomendación de una amiga. Espero que no se eche atrás a última hora y sobre todo, deseo estar a la altura de las circunstancias.
Con cierto sigilo me voy hasta su habitación. Doy unos golpecitos y tras unos segundos de incertidumbre Leonor abre la puerta y me invita a entrar sin dilación para que nadie pueda vernos.
Con bastante nervios por lo insólito de la situación, empezamos a hablar de nuestra amiga común, que es lo único que nos une. Le pregunto de que la conoce, luego ella me la presenta como una gran persona y una excelente amiga.
Poco a poco vamos superando la tensión inicial y nos vamos relajando hasta que nuestras manos se encuentran sobre la cama. Es un roce ligero sin intención pero que me hace poner el vello de punta. Tras este primer contacto, vienen otros que se van repitiendo cada vez con más intención, al tiempo que seguimos hablando cada vez más relajados.
Mientras converso con Leonor, la decoración común de todas las habitaciones hace que me vengan a la mente las hermosas escenas de sexo que viví junto a su amiga Maria Luisa. Tanto las escenas de sexo duro y fuerte, como otras mucho más dulces y sosegadas. Hubo de todo, practicamos sexo todo lo que pudimos y nuestros cuerpos nos permitieron… un pequeño maratón de placer. Creo que respondimos a casi todos sus deseos y fantasías, supimos interpretar sus anhelos y jugamos ampliamente con nuestros cuerpos y con buena parte de nuestros escondidos deseos.
Hoy, sin embargo, me siento atrapado por el velo de pudor y de recato que me trasmite Leonor. Algo me dice que no será igual que con Maria Luisa, no me atrevo a comportarme con ella igual que con su amiga.
Apaga la luz de la mesilla que permanecía encendida, corre las cortinas dejando que solo entre un estrecho rayo de luz que genera una penumbra agradable. A continuación se desnuda venciendo todos los reparos, y se recuesta sobre la cama con solo unas braguitas. Me hace señas para que yo también me desnude para ella.
A pesar de su indudable timidez, la encuentro firmemente decidida a disfrutar de mi compañía. En medio de la tiniebla me desprendo de mi ropa, me atuso la polla dándole unos pocos meneos y empieza el delicioso encuentro.
No es que la tenga muy grande, solo un poco por encima de la media, pero me siento orgulloso de ella, siempre me ha dejado en buen lugar permaneciendo en perfecto estado mucho mas tiempo de lo que es habitual. Eso me proporciona una ventaja que mis parejas suelen apreciar y de la que yo gusto en sacar partido. Lo primero que hago es mostrarme ante ella y le dejo contemplar lo que pronto tendrá entre sus piernas.
Me mira aparentemente con poco interés por lo que interpreto que a Leonor le apetece más un encuentro lleno de erotismo que puramente físico. Veamos cómo responde. Le tomo el pie entre mis manos y los acaricio con mis labios. Lamo sus tobillos y acaricio con mi mano su pantorrilla y observo como ella cierra los ojos abandonándose a mí. Creo que he acertado al elegir el camino del erotismo
Paso por encima de sus piernas, sus rodillas y sus muslos. Poco a poco voy acercándome a su sexo, mientras ella empieza a suspirar. La pongo de lado y le mordisqueo la cadera y luego los glúteos. Ella suspira complacida esperando que la conduzca por esta senda hasta su clímax.
Se deja acariciar, veo que esta disfrutando y que le gusta sentir mis manos y mi cuerpo desnudo sobre el suyo. Este sexo tierno y sensual creo que es lo le habría encantado en otras circunstancias, también es que yo pensaba que deseaba tener… hasta que de pronto se decide y me pide tajante:
—Hazme todo eso que sabes… igual que a mi amiga… quiero sexo fuerte… quiero un amante apasionado… quiero que me folles como nunca me han follado— al tiempo que separa la piernas, sy con los dedos separa los labios para mostrarme el apetitoso lugar que me espera.
Ha dejado fuera de juego, la sorpresa ha sido grande… y yo que creía que le iba el sexo sensual y tántrico. Reacciono enseguida, me encanta su golpe de timón y me dispongo a dar satisfacción a su petición. Ahora veo que puedo revivir la excitante aventura vivida con su amiga María Luisa con ella como protagonista.
Me pongo encima de ella, pasando un brazo por debajo de su pierna para abrir su chochito de par en par. Le clavo la polla y le doy varios empujones vigorosos y rápidos hasta encontrar el final de su ardiente cueva.
—Así…así… fuerte….hasta el fondo….me gustaaaaa!!—, me grita al oído.
—Dame mas… asiiii… venga, venga, no pares….dame polla… es lo que estoy deseando
Le tomo las dos piernas y las pongo como dos aspas de molino. Me coloco bien y la vuelvo a clavar hasta el fondo, bombeando con fuerza, haciendo que mis huevos choquen una y otra vez contra sus delicadas nalgas.
—Uhhhh… parece que me vas a partir en dos…. pero tú no pares… así…. más fuerte, maaasss!
La pongo en cuatro, me coloco detrás y la vuelvo a clavar. Ella culea para incrementar el impacto de mi cuerpo contra sus nalgas, y para sentir la punta de mi capullo como se aplasta contra el fondo de su coño. Sus flujos empiezan a manar como de una fuente, y corren por sus muslos abajo mojándolo todo. A cada encontronazo de nuestros cuerpos se produce un fuerte chasquido que se mezcla con sus gemidos.
La sacudo con todo el vigor posible, y a cada embestida ella suspira y se retuerce alrededor de mi polla clavada hasta el fondo. Su coño está totalmente dilatado y mojado, tengo que sujetarla fuerte por las caderas para no perderla a cada violento empujón pues se mueve como si estuviese poseída.
—¡Es cierto….es cierto!...que ricooo….tu no pares…no pares…así…bien fuerte…y no pareeeesss, no paressss…— me suplica alargando las manos hacia atrás con intención de cogerme de la cadera para tenerme bien sujeto.
Empieza a gemir fuerte y continuo, a sacudir la cabeza hacia todos los lados y serpentear con sus caderas alrededor de mi polla, hasta que por fin lanza un largo aullido de placer y se deja caer de bruces sobre la cama.¡Vaya corrida que ha tenido la señora!... es como si lo hubiese estad planeando mucho tiempo y por fin ha alcanzado su anhelo.
Quedo de pie, armado con una verga bien mojada a punto de estallar. Ella se da la vuelta para contemplarme, esperando que me corra ante su atenta mirada. Después de haber sentido la fuerza de mi verga rompiendo su vagina, ahora siente curiosidad por ver como estallo y le regalo una buena corrida.
Me amaso un poco los huevos, me cojo la polla y la masajeo pasando la mano desde el troncho hasta la punta. Siento un estremecimiento y empiezo a pajearme con gran determinación hasta que llegue mi orgasmo.
Ella me observa muy satisfecha mientras se acaricia suavemente con la mano entre las piernas.
Un borbotón de leche espesa y caliente sale disparado hasta caer sobre su vientre. Extasiada sigue mirando como termino de pajearme y como las siguientes gotas de semen caen sobre su piel. Unta la yema de sus dedos y la lleva hasta su boca para probar su sabor. Parece como si todas las fantasías que tenia pendientes hasta ahora se fueran cumpliendo una tras otra y esto la hace muy feliz.
Inmediatamente, se incorpora y recoge con su lengua las ultimas gotas que resbalan por el capullo, dejando mi miembro bien limpio. No se de donde ha sacado las fuerzas para vencer su pudor, lo cierto es que parece dispuesta a todo.
Me pregunto que puede estar pasando por su cabecita para dar este triple salto mortal sin protección. Ha pasado de ser una adorable madre y esposa, a ser una mujer que expone toda su lujuria contenida durante años y le que quiere dar rienda suelta.
Le prometo que serán sus vacaciones soñadas y yo estoy ahí…para ser su osito de peluche… el que lame su tarro de la miel… el que le rasca la espalda… y el que la posee con la fuerza de un animal. Se repite la historia…
Deverano.
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