Xtories

Maya. Masajista nueva. 1.

Maya lleva un vestido blanco que apenas cubre lo que esconde, y José tiene las manos entrenadas para descubrir cada secreto de su cuerpo. En la soledad de su casa, la línea entre profesional y amante se desdibuja hasta desaparecer por completo.

MaduroMasajesEllas16K vistas9.0· 6 votos

Acabamos casi comprando la comida y cena del sábado y del desayuno del domingo, porque no exagero cuando yo llevaba en cada mano dos bolsas repletas de alimentos para consumir, previamente elegidos por ambos, no iba a ser menos, porque yo no tolero la lactosa, y la leche de soja digamos que la noto tan dulce que incluso me quita las ganas de seguir tomando cualquier cosa más, me empalaga mucho. También es verdad que no la deje que pagará toda la compra que hicimos, accedió ella a que fuera a medias, por tanto, una vez preparados, nos dirigimos al parking público de dicha localidad, al aire libre, con un sol que no veas lo que calentaba y como es obvio, ella se dirigió hacia su vehículo, normal y corriente, tampoco es que fuera algo nuevo, simplemente era un SUV, pero no diré ni la marca ni modelo porque no patrocinan esta historia. De algo hay que vivir, o ¿a todo el mundo le regalan la casa, las facturas y la alimentación? Porque a mí no me lo hacen.

Pude fijarme en su esbelta silueta, sobre todo por detrás cuando ella llegaba a su coche, que, por cierto, no he dicho que llevaba vestida ella, y era un vestido de crochet blanco, y digo vestido porque, aunque se anudaba con botones por la parte delantera desde su escote hasta medio muslo, era toda una pieza, de mangas ni largas ni cortas, llegaban un poco más abajo del codo. Esta prenda puede parecer que no es bonita, aunque para mí si lo es (ya que durante el confinamiento que nos hicieron pasar a todos en nuestras casas, yo me dedique a escribir historias pero también a aprender a realizar cosas con el crochet, en internet hay millones de videos para saber entretenerte durante muchas horas al día, y empecé con lo básico, fundas para gafas o monederos e incluso para mi trabajo, fundas para botes de aceite o esencias aromáticas. Pero ahí no acabo mis ganas de seguir aprendiendo, me lance a realizar prendas de vestir, bueno, en concreto tangas o braguitas que algunas de mis clientas cedieron el probarlas e incluso darme ideas para mejorar dichas prendas, incluso alguna de mis clientas o sus hijas lo han lucido en la playa o piscina, que me mandaban fotos de cómo les quedaban, incluso me han solicitado más prendas, pero estas son regaladas, no voy a poner el precio estilo tienda, pero todo se andará, incluso he pensado en hacer unas cincuenta tangas para algún libro que haga en el futuro, no todos los autores y autoras de libros les regalan por la compra de sus libros una prenda de vestir, que puede que te la pongas o no, pero creo que solo regalan en algunos casos relatos personalizados y poco más. Bueno, es una idea mía. La cuestión es que yo no me he aburrido en el confinamiento y la pandemia). Por eso cuando vi la vestimenta que llevaba puesta Maya, no pude evitar preguntar dónde la había comprado, y me dijo la tienda, un local del pueblo que vende cosas sencillas que normalmente nadie se fija en ellas y que además habíamos entrado a saludar a la propietaria, porque era clienta de Maya.

Me ayudo a colocar las cosas en el maletero de su coche y entonces me pregunto cómo quien no quiere la cosa:

— José, normalmente los hombres no se fijan mucho en las prendas que llevamos las mujeres puestas, sobre todo cuando salimos por la mañana, pero tú me has preguntado de una manera que te interesa, por tanto, la pregunta es fácil, ¿Te gusta lo que llevo puesto o es algo más?

Yo, mientras nos sentábamos en los asientos de su coche y yo me ponía el cinturón de seguridad, es una manía que tengo desde joven, ante todo, aunque el vehículo esté quieto, siempre la seguridad, nunca sabes si te pueden dar un golpe incluso estando estacionado, por tanto, mi cinturón puesto en su sitio. Y le respondí mientras veía como se quitaba las gafas de sol, que cuando conduces en un día soleado está muy bien, pero a veces no te deja ver todo lo que quieres ver el sol reflejado en el parabrisas:

— Pues Maya, te voy a ser sincero, yo hago prendas de crochet, y me he fijado que el dibujo que tiene tu prenda no está hecha por una máquina, sino que seguramente sea a mano, por unos pequeños detalles que a simple vista no se fijaría nadie, pero que si has hecho alguno, si sabes que es hecho a mano, — mientras le señalaba con mi dedo dichos puntos o dibujos que no son tan simétricos como hechos por un ordenador y una máquina de hacer punto, industrial —, y yo como en la pandemia, en el confinamiento me entretenía en hacer varias cosas, aprendí ha realizar tangas, braguitas de bikini y fundas para móvil, para gafas y para los juguetes sexuales de algunas de mis amistades, sí, has oído bien, fundas para juguetes sexuales, como bolas chinas, o vibradores o consoladores o incluso masturbadores, digamos que esos juguetes que puede tener cualquier mujer y que entiendo perfectamente que los uséis para vuestro placer ya sea en la intimidad o en compañía, que si ya de por si no son nada baratos esos juguetes, por qué no hacer que tengan sus fundas y además hechas a mano, que vuelvo a lo de la máquina de coser industrial. Por eso te he preguntado porque, además, si es hecho a mano, no creo que te costará nada barato, ya que son muchas horas de hacerlo y por supuesto, es original y único, dudo que haya dos piezas iguales hechas.

Entonces Maya se quedó con la boca abierta, en estado de sorpresa. Por eso cuando me respondió yo supe que ya había llamado su atención, pero no por mi habilidad para realizar cosas que supuestamente lo hacen las mujeres, porque sé que hay muchos hombres que se hacen jerséis, o mantas o incluso calcetines, cada persona es autodidacta si le gusta, solo hay que tener ganas.

Maya sin encender el motor de su vehículo, incluso girándose un poco en su asiento hacia mí, me pregunto:

— ¿En serio que haces braguitas y tangas de bikini? Vaya, vaya, un hombre autodidacta. Que interesante estás siendo para todo lo que sabemos de ambos, porque a mí me encanta tener ropa de crochet, es más, si es cierto que este vestido veraniego me costó bastante, porque lo tengo desde hace tres años y la verdad es que no lo cambio por nada. Si es cierto también que lo compre en dicha tienda, y la dueña me hizo rebaja de la mitad del precio, por ser clienta mía de los masajes, y no fue nada barato, jejeje. Pero lo que más me ha asombrado es que me digas que haces fundas para los juguetes sexuales de tus amistades. Teniendo en cuenta que los vibradores y consoladores que hay en el mercado pueden ser desde unos diez hasta unos treinta o cuarenta centímetros de largo más el grosor, harás buenas fundas. Y también supongo que lo harás para otras cosas, por ejemplo, para botes de geles o de aceites, que al ser ambos de la rama de masajes, supongo que tendrás tus fundas preferidas, me empiezas a gustar como persona, jejeje.

Encendió el motor de su coche y con una sonrisa en su rostro que no quito en ningún momento del trayecto, nos dirigimos a su casa de campo, realmente es su única casa, en donde vive con su marido, porque sí, ella está casada, pero su marido estaba creo que dos semanas fuera por viaje, o algo así me dijo, por tanto, también el que invitará a una persona desconocida a su residencia en donde me haría un masaje profesional a mí, aunque ella sabía que también yo le haría alguno de mis masajes, ya que entre colegas de profesión, que menos que ayudarnos, jejeje.

Al estar sentada conduciendo, toda mujer sabe que su vestimenta si es vestidos o faldas o mini faldas, se suben para arriba, y los hombres también lo sabemos, ya que nos gusta ver bien esas piernas que tienen las hembras que conducen o que van de copiloto, y en el caso de Maya no es que se le subieran, nooo, simplemente incluso casi dejaban ver su tanga blanco que llevaba puesto, y digo tanga, porque luego lo comprobé que lo era. Pero ella veía de vez en cuando que yo la miraba sus muslos y a veces abría un poco las piernas, no sé si era porque quería que le mirara más sus muslos o porque al conducir tienes que hacer esos movimientos, aunque creo que no, y digo que creo que no, porque yo no conduzco, así que, esto lo supongo. Pero si era cierto que empezaba a notar un sentido que no suelo notar en personas que conozco de primeras y es que intentaba calentarme con su cuerpo, cosa que se agradece, la verdad, por eso, cuando íbamos de camino me dijo una cosa que puede parecer atrevido o incluso fantasía, pero para mí que ya he oído de todo y que he visto de todo también, pues me parece hasta normal, y es lo siguiente:

— José, ¿a ti nunca te ha ocurrido que cuando das un masaje, de los tuyos, te dan ganas de tener algo más con esa persona? Me refiero a tener no sé, algo como caricias más íntimas, o incluso masturbar o qué sé yo. Supongo que me entiendes.

Para quien no lo sepa aún tras leer mis historias, indico que soy masajista erótico de solo mujeres.

Entonces le respondí a Maya casi con sátira, pero muy educado:

— Maya, preciosa, yo doy masajes eróticos a mujeres, es decir, todas mis clientas antes de irse a sus casas o de yo acabar el masaje tienen uno o dos orgasmos, incluso si no lo tienen, yo no acabo el masaje, por tanto, creo que si te entiendo, incluso te diré que normalmente a la gente que nos dedicamos a los masajes, ya sea en tu caso o simplemente otro tipo de masajes, se les pasa por la cabeza tener sexo con sus clientes, no con todos, claro, porque no solo es la atracción física que se pueda tener, o incluso un deseo, sino también que haya química, confianza y saber que no va a cambiar para nada la manera de ver tu trabajo, porque aunque no lo creas hay una fina línea que si se traspasa no hay vuelta atrás, y es la de hacerlo con un cliente que no sabe que lo haces por un solo deseo, experimentar. Por ello, si no te dedicas a dar masajes con “final feliz” tanto a hombres como mujeres, es mejor que no lo hagas nunca, menos o incluso, solo lo puedes hacer con alguien como yo, que sé lo que es traspasar dicha línea frágil y fina y que sabe que tú eres una masajista profesional que no toca el área de la sexualidad en tus masajes. Así que, si quieres, probamos esta tarde cuando acabes de darme a mí el masaje. Que sé que en tu mente habrá habido alguna vez esa fantasía de hacerlo con un cliente tuyo. Jejeje. Ainss lo que hace la imaginación cuando estamos tocando un cuerpo con aceite, ¿verdad Maya?

Nos reímos un buen rato, mientras llegábamos a su casa. Incluso ella me confeso:

— José, te confieso que sin conocerte de nada tengo unas ganas de traspasar esa línea, por muchos motivos, pero ahora por el morbo que me estas metiendo con tu trabajo. ¿Es cierto eso de que, en los masajes con final feliz, si los da el hombre, en tu caso, claro, os excitáis de sobre manera y o acabáis teniendo sexo con la paciente o acabáis aguantando las ganas? Siempre he querido saber lo que hace un hombre que da ese tipo de masajes, aunque también es verdad que no es fácil excitar a una mujer, no todas somos igual de calientes que los hombres, que en cuanto se os masturba un poco el pene ya estas a punto de soltar todo, o ¿me equivoco?

A ver, no voy a poner toda la explicación técnica que le dije a ella, ya que como ambos trabajamos en la misma profesión, podemos hablar en términos técnicos e incluso a veces muy medicinales y os podría aburrir con dicha conversación, solo indicaré la última frase que le dije, que es la siguiente:

— Maya, ni todas las mujeres sois iguales ni todos los hombres somos iguales, es como si un ginecólogo, tras una jornada viendo a pacientes suyos, le entrarán ganas de tener sexo con su pareja, que a veces se piensa que tras ver tantos coños al día se le quitan las ganas, pero no es así, como tampoco pasa a una doctora uróloga que tras ver tantos penes en su consulta, cuando llega a casa no tiene ganas de tener relaciones sexuales con su pareja, porque puede que no sea igual, por eso, como profesionales sabemos controlar nuestros instintos primarios, y en mi caso, no a todas las follo, jajaja, me moriría si lo hiciera, si es cierto que a ellas, a mis clientas, las hago que tengan orgasmos, pero como bien sabes, el cuerpo de la mujer es interesante para hacer que tengáis orgasmos sin penetraros, por tanto, solo me hace falta estimular vuestros sentidos y que tengáis maravillosos orgasmos, pero si es cierto que muchas veces tengo erecciones que tengo que controlar mentalmente y luego, cuando llego a casa pues la ducha alivia mucho estrés, pero supongo que a ti te pasará algo parecido, aunque supongo que o tu pareja o tus amistades especiales te aliviaran en ese sentido.

Y aquí toque un tema que ella me expuso claramente:

— Mi marido? Jajajaja, no me hagas reír. ¿Por qué te crees que voy a estar dos semanas sin él? Es más, nunca le he sido infiel, porque no lo he necesitado, pero él lo lleva siendo conmigo mucho tiempo, no sé si es con su secretaria con la que viaja muy a menudo o con otras mujeres, pero yo con él digamos que tenemos el polvo del mes y ya está, y lo peor de todo es que una mujer como yo no se conforma con uno al mes, que no tengo setenta años para hacer eso, yo necesito mucho más. Y sé que te estoy contando cosas que no deberías de saber, pero chico, me has dado confianza, por eso si quieres, hablamos de ellos mientras preparamos la camilla y te empiezo a dar el masaje. — Todo esto me lo estaba contando mientras bajábamos las cosas del maletero y las metíamos en su cocina, yo ayudándola, total, es lo menos que se puede hacer a una mujer bella.

Indico que también me di cuenta ahora con mejor percepción de mi vista que ella solo llevaba un tanga blanco, y es muy fácil ver, cuando una mujer que tiene la piel bronceada, cuando se pone una prenda de color llamativo o muy claro, se le nota en sus prendas, en la ropa que ella llevaba, solo se le veía por la parte de delante, ya que por detrás no se veía bien la tira del tanga, por tanto, supe que llevaba un tanga blanco, lo que no supe en ese momento si era liso o de encaje, a lo que luego si supe.

Entonces ya una vez que estábamos dentro de su casa, me enseño parte de ella, el salón, el jardín en donde se encontraba su piscina, bien grande, no era olímpica, pero al menos sí tendría unos veinte metros de largo, y su zona de confort como ella me lo presento, digamos que un bungaló techado en donde tenía como una cama de estilo veraniego para disfrutar de las noches calurosas que estábamos teniendo, cama porque eso no era otra cosa, jejeje. También me enseño donde tenía la camilla en donde solía dar masajes cuando era más joven, que era una habitación muy acondicionada para ello y tras seguir charlando con ella, en tono muy caliente, me dijo:

— Mira José, la verdad es que tengo ganas de ponerle los cuernos a mi marido. No lo he hecho antes por un simple y claro motivo, y es que en este pueblo se conoce casi todo el mundo, a mí me conocen por la masajista o fisioterapeuta, por tanto, intentar tener algo con algún hombre de esta localidad o de las cercanas es casi como tirar por los suelos una profesión y clientela, que no te digo que muchos hombres que han sido clientes míos me lo han propuesto, incluso me han dicho que me pagaban más, como el doble o el triple de lo que yo cobro por masajes, pero como bien has dicho antes tú, esa línea tan delgada y frágil que es para traspasar haría que perdiera mi prestigio. Podría haber buscado en otros lugares, pero sabes que, en esta costa, andaluza, malagueña, ¿quién no se conoce entre pueblos? Casi todo el mundo se conoce. Buscarme uno de más lejos incluso sería casi imposible, porque o yo me tengo que desplazar o tiene él que hacerlo, aparte de que hay que hacerlo con suma discreción, por tanto, por eso no lo he hecho antes. Los juguetes sexuales, que podría ser otra alternativa, sirven para un rato, pero una mujer necesita sentir el calor y el ardor de un hombre o mujer, porque no te voy a negar que también me gustaría hacerlo con una mujer. Ahora viene el problema que yo tengo ¿con quién? ¿Dónde conozco a un hombre que desee tener sexo conmigo, discreto, puntual y sumamente placentero sobre todo para mí y que no vaya a afectar a mi vida, a mi profesión y a mi manera de ser que, por cierto, soy muy ardiente?

Y yo entonces, harto de ver como una mujer bastante atractiva empezaba a tener el tono de lastimosa y casi dando pena, pues me acerqué a ella, mientras Maya servía unos refrescos en unas copas de gin tonic con mucho hielo, y agarrando suavemente de su cintura por detrás de ella, le susurré al oído:

— Pruébame y si te gusto, me tienes para cuando quieras, porque además tenemos la excusa perfecta para la gente que pueda hablar de ti en el pueblo. Soy tu cliente y además soy quien te va a dar a ti masajes, porque también los necesitas.

Maya se giró.

Me planto un beso de los que levantan a un muerto de la tumba.

Agarre su culo con mis manos.

Acerque todo su cuerpo al mío.

Metimos nuestras lenguas y jugaban.

Nuestras respiraciones iban aceleradas ya.

Ella me acariciaba mi cabeza con sus manos.

Yo amasaba con fuerza su culo.

Abrió sus piernas mientras yo metía mi polla dentro de mi bóxer y bermuda entre las suyas.

Alce su cuerpo hasta dejarla casi encima de la encimera.

Nos olvidamos de todo lo que había a nuestro alrededor, las copas creo que se cayeron y los hielos salieron disparados, menos el refresco que aún no lo había servido dentro de las copas.

Levante un poco su vestido al sentarla en la encimera y entonces, mientras nuestras lenguas seguían jugando, ella intento quitarme mi camiseta, pero no lo hizo del todo, hasta que me separe de su boca.

En ese mismo momento, yo empecé a desabrochar su vestido. Se quedó solo con el tanga, que por cierto era de encaje, precioso.

Y sin decirnos nada, saque mi polla por la bragueta, dura y gorda, deseando entrar dentro del coño de esa mujer, sin antes apartar el tanga hacia un lado.

No necesite mucho para entrar, estaba muy lubricada y ella solo me dijo:

— Toda, toda dentro, hazlo.

La penetre, y vaya si lo hice, hasta que mi cuerpo no se frenó contra la encimera, yo entraba en su coño, porque para eso mis manos agarrando de nuevo su culo, hacía que viniera hacia mí.

Cuando ya no pude entrar más, ella jadeo fuertemente.

Yo veía a una mujer madura, porque no es una jovencita, jadeando, pidiendo más y más, gozando de lo que hacía años no sentía y era otro hombre follando su cuerpo en la cocina, exactamente sentada en la encimera en donde muchas noches y días había cocinado, imaginando lo que un hombre caliente le podría hacer y ahora la estaba penetrando. Sabiendo que nunca se lo diría a su marido, porque tampoco necesitaba saber lo que su maravillosa esposa que dejaba tanto tiempo sola, hacia o no hacía.

Y enseguida tuvo su primer orgasmo, y vaya orgasmo. Note yo solo como vibraba por dentro su vagina. Pero lo note más cuando hinco sus uñas, no muy largas, porque para dar masajes no se pueden tener largas, en mi espalda, y mientras se abrazaba a mí, jadeando, vibrando su cuerpo y entrelazando sus piernas a mi cuerpo solo me dijo:

— Gracias.

Yo la verdad es que ni me había corrido, es más, seguía duro dentro de su coño, pero a veces es mejor quedarse quieto dentro de la mujer, sin hacer nada, ya que ellas saben perfectamente controlar sus orgasmos o incluso sabes apreciar el polvo de una manera distinta a los hombres. Yo incluso también estaba jadeando, no tanto como ella, pero quería seguir follando su coño, no en esa postura, porque siendo sincero, el borde de la encimera me estaba molestando para follarla en condiciones, pero esperé a que Maya recuperara el aliento y me dijera si seguir en esa postura o cambiar a otra o irnos a hacer algo más ardiente, que son las burbujas en la piscina.

Maya entonces ya pudo decirme de nuevo:

— Gracias José. En serio. Gracias. Necesitaba esto más que cualquier otra cosa. No me arrepiento de haberle puesto los cuernos al tonto de mi marido, ni tampoco haberlo hecho con un hombre que acabo de conocer, ni que me la hayas metido sin condón, que supongo que estarás sano, pero tampoco me arrepiento de sentirme deseada, de sentirme mujer, por tanto, ¿quieres seguir aquí y lo hacemos en algún sitio más cómodo como en mi cama de matrimonio (que es una fantasía que tengo que cumplir, jejeje) o en el sofá (en donde muchas noches mi marido se queda dormido y pasa de mí) o en la cama del bungalós del jardín (que anda que no se debe de follar viendo las estrellas, de maravilla), o en la piscina? Tú dirás, porque yo ya sé lo que quiero, aunque creo que toda mujer, casada o no, debería de tener algo así en la vida, cuando tu pareja ya no te atiende sexualmente hay que tener ese amigo especial que te lo dé, total, solo tenemos una vida, que mejor que hacerlo placentera, ¿no?

Yo no le respondí, la verdad es que hay preguntas que no hace falta responder, ya que son claras y concisas. Pero si la ayude a que bajará de la encimera porque, aunque no era muy alto, si tenía al menos un metro y medio de altura, por lo que cuando ella se quedó de pie, note sus pezones duros como piedras. Incluso pude ver todo su cuerpo bronceado, ya que se quitó su vestido de crochet blanco y lo dejo en una de las sillas, y entonces la vi con su tanga blanco, que realzaba incluso más su moreno de piel, y le hice un gesto de irnos de la cocina para el salón, que lo teníamos al lado. Así nos fuimos los dos, ella agarrando mi mano estilo pareja y cada uno con las copas ya llenas de zumo natural, el refresco ahora no lo necesitábamos.

Entonces ella dejo que me sentará en el sofá mientras se quitaba la única prenda que tenía en su cuerpo, el tanga blanco de encaje, totalmente mojado por sus fluidos vaginales y parte de su orgasmo. A mí me quedaba mi pantalón bermuda, y mis zapatillas o deportivas que llevaba puesto. El resto se quedó en la cocina. Me levante para quitarme todo y quedarme como ella, solo que yo no tomo tanto el sol como para estar moreno de piel, y parecíamos un código de barras, uno blanco y la otra morena. Me beso de nuevo, ahora tocando todo mi cuerpo ella, mientras yo hacía lo mismo con Maya, y entonces me hizo el gesto de que me sentará, mientras me empujaba suavemente con sus manos, por lo que yo me senté en el sofá y abriendo mis piernas, ella vio mi polla toda erguida y dura.

Me senté casi medio tumbado, mi culo estaba al filo del sofá, porque sabía lo que ella quería hacer, una cabalgada de sofá, de las que todas las parejas tienen cuando están en sus casas. Maya entonces sin decirme nada, abrió sus piernas, se puso sentada de rodillas encima de mí, acaricio sus pezones con sus dedos mientras yo acariciaba su estómago y su bajo vientre.

Me deseaba.

La deseaba.

Me quería dentro de ella.

Quería penetrar su coño.

Acaricio sus labios con mi capullo.

No hacía falta hacer nada más.

Coloco su cuerpo para que sus labios empezaran a tragar poco a poco mi capullo.

Cuando tuvo ya medio capullo lubricado, se ajustó con su cuerpo para que entrara sola, sin usar ni dedos míos ni suyos.

Empezó a gemir de nuevo.

Y bajo su cuerpo hasta tenerme de nuevo dentro de ella.

Sentí el calor vaginal especifico de una mujer caliente y deseosa de una rica y buena follada.

Y se sentó encima mía.

Volvió a darme las gracias.

Yo, como me gusta ser respetuoso con el cuerpo de la mujer, mis dedos ahora fueron a su clítoris, solo use los índices, uno frotaba de arriba hacia abajo y el otro de izquierda a derecha, lentamente pero nunca se chocaban dichos dedos.

Maya no se movió nada, se quedó quieta, con mi polla metida dentro de su coño ardiente como un volcán.

Yo seguía masturbando su clítoris.

Y sin yo pensar que le estaba gustando tanto, note como el interior de su vagina vibraba.

Maya jadeaba fuertemente.

Se pellizco los pezones fuertemente y entonces grito.

Un grito muy profundo, creo que le nació desde el interior de su coño.

Se había vuelto a correr esta mujer. No sé si era multiorgásmica o es que estaba necesitada de orgasmos, pero creo que entre el primero y el segundo pasaron escasa media hora. No era un tiempo prudencial para ser multiorgásmica, pero entonces note que ella misma, con las vibraciones del interior suyo volvía a tener ganas de más, por lo que seguí con mis dedos índices, pero ahora acelere un poco más y entonces volvió a correrse. Sí. Ahora había tenido o uno largo y prolongado o dos seguidos. Aquí deje de contar ya los orgasmos que estaba teniendo.

Maya me beso y me dio las gracias. Creo que cada vez que se corría me daba las gracias. Yo no es que no me guste que me den dicho aprecio, pero tampoco era para tanto, total, lo único que doy es placer al cabo del día, ya sea con mis manos o con mi manera de ser. Pero ella me o repetía continuamente, tanto o más sobre todo cuando tenía un orgasmo.

Como en dicha postura veía que yo no me iba a correr dentro de ella, y que esta mujer podría tener varios orgasmos más, decidí cambiar de postura y sitio. La ayude a levantarse. De su coño salía liquido blanquecino y no era de mi semen precisamente. Me levanté y me puse de rodillas pegado al borde del sofá. A ella la puse tumbada boca arriba. Sus piernas estaban pegadas a mi pecho. Le metí mi polla dentro de su coño encharcado. Solo le dije si quería la leche dentro o fuera, que hay que ser caballeroso en estos instantes, pero ella me dijo que tomaba la píldora, por tanto, donde yo quisiera.

La folle rápido y fuerte.

A veces le abría las piernas para masturbar su clítoris, que ya reconocí que era muy sensible, porque solo era tocarlo un poco y ella jadeaba como una loca y estaba a punto de correrse, con lo que me dio a entender que esta mujer había pasado mucho tiempo sola y se masturbaba mucho, por eso alternaba follada fuerte con masturbación de su clítoris y cuando notaba que estaba a punto de correrse, dejaba mis dedos para meter y sacar fuertemente mi polla de su coño, hasta que llegó el momento en que yo no aguantaba más, y le di cuatro empujones bien fuertes mientras descargaba mi leche dentro de ella, y Maya gritaba que se corría, pero no una vez sino que lo hizo varias veces, hasta que caí encima de sus tetas, agotado, que no soy un chaval, jejeje, y ella besándome la frente y dándome las gracias.

Cuando acabé de vaciar parte de mis huevos dentro de su cueva, me separé de ella y vi como salía mi leche por su coño. Goteando al suelo del salón, que luego limpiamos con una servilleta de celulosa, tampoco hay que ser muy guarros cuando se folla. Y entonces le dije a Maya:

— No me des las gracias cada vez que te corres, porque creo que entonces solo voy a oír “gracias” y “gracias” todo el rato que estemos follando. Mejor di lo que te salga del coño, jajaja, bueno, ahora te sale mi leche con la tuya, pero puedes decir lo que quieras o no decir nada, tampoco pasa nada, ya que tu cuerpo si me da las gracias y sé que lo está pasando bien.

Entonces Maya, mientras recuperaba la respiración, me dijo lentamente:

— Te digo gracias, ¿por qué sabes cuánto tiempo llevaba sin tener orgasmos con un hombre? Mejor dicho, sabes cuánto tiempo llevaba sin tener un hombre que me follara, me diera el sexo que necesito, me diera esta sensación de tener diez o quince años menos, que era cuando tenía sexo cada día, antes de casarme, ¿claro? Pues te las doy porque, aunque estoy siendo infiel, de corazón me siento deseada, querida y sobre todo excitada. Te digo gracias, porque me haces sentirme en la gloria. Te doy las gracias porque no hace falta ser atractivo o tener un cuerpo fibrado o de gym para echar un buen polvo a una mujer, simplemente saber moverte y sobre todo, mover tus dedos, que ya has notado que mi clítoris es muy sensible. Te doy las gracias porque quiero y lo deseo.

Y así dejamos esta primera parte, las siguientes son incluso creo que mejores. Como siempre digo, millones de gracias por leer mis historias, por dedicar tiempo en sus vidas a leer historias calientes y sobre todo, por tener sexo y felicidad en el cuerpo, que una vez leí en alguna parte algo parecido a que “el chocolate es el sustituto del sexo, pero a nadie amarga un dulce sexual en su vida, por tanto, seamos más dulces en la vida”. Gracias.

Continuamos en la siguiente parte.