Exorcismo y lascivia en el convento de clausura I
La fe no la salvará cuando el Diablo se presente ante ella con una propuesta que su cuerpo, no su mente, ya ha aceptado. Entre súplicas y promesas de placer prohibido, descubrirá que el infierno puede sentirse como el cielo.
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Capítulo I
El Diablo mancillando a la novicia.
-No todas correréis el mismo destino que tú, mi pequeña flor de invernadero…-
Decía aquella bestia peluda y negra, de unos 3 metros de alto, sacando su enorme y endurecido, falo…
Gigante, venoso, Apuntando continuamente, en dirección a la cabeza de la joven novicia que, completamente desposeída de su hábito, exceptuando su cofia, confería un hálito tan Mancíllante, como Maculador…
-Por favor…
Ángel caído…
Apiádate de esta pobre sirvienta de la fe…
Respeta a la esposa del que alguna vez fue tu padre…
Al que amaste, sobre todas las cosas en algún momento de tu existencia…-
Pero la bestia no se inmutaba ante tan sentidas palabras…
Esa figura enorme y aterradora…
Tan diabólica como sensualmente carnal, asistía completamente impasible a las súplicas de la joven prometida a la tan etérea, como cuestionada Deidad.
-Verás, jovencita, empezaré por introducir esta larga y viperina lengua, tan adentro de tus labios vaginales… Que rozarán continuamente ese pequeñito y sonrosado capuchóncito, al que ni siquiera conoces, y que en el resto del mundo llaman clítoris…
Y es el punto más placentero que tiene esta maravillosa máquina que se llama mujer…
Y te transportará al más cálido de los abismos…
Activará un fuego tan escondido, desconocido, fatuo e inerte, en ese cuerpo, tan desperdiciado como suplicante de sensaciones…
Que, casi suplicarás que continúe mostrándote el camino al clímax sexual…
Una vez que todo este calor haya recorrido tu bajo vientre, tu pubis... Y haya subido por tu cuerpo hasta alcanzar tus blancos pero generosos senos, erizando tus pezones hasta llegar el momento en el que casi sientas que van a erosionarse, suplicarás una nueva sensación…-
La joven novicia, asistía completamente atónita a las palabras del maligno.
Ella aún no lo sabía, pero simplemente con sus palabras, había conseguido activar aquello que ella jamás había conocido…
Había conseguido mojar hasta límites insospechados, su hasta ahora seca vagina, haciendo que esos fluidos corporales recorriesen sus muslos de la manera más impúdica y vergonzosa para ella posible.
Lo único que pudo hacer en ese instante, fue intentar juntar sus blancas, fuertes y preciosas piernas, con la imposible intención de que no se notase la tremenda excitación que estaba sintiendo simplemente con las palabras de aquella malvada Deidad.
-...Pero querida niña… Lo que te transportará al lugar que tú siempre confundiste con el cielo, no serán tus buenos actos…
Ni tus actos de bondad, o fe…
Será, y ocurrirá, en el momento en el que coloque sobre la puerta de tu jardín, este enorme y endurecido falo que estás mirando fijamente, sin poder evitarlo…
En el momento en el que los primeros dos o tres centímetros, comiencen a acariciar tus húmedos labios vaginales…
No podrás evitarlo, y sentirás algo que te ha estado negado durante demasiado tiempo…
Sentirás tu primer orgasmo…
Y solo será con la pequeña intromisión de la punta de mi falo…
Y en cuanto sientas tu primer orgasmo, suplicarás que te posea fuertemente…
Suplicaras que te penetre, sin compasión, con virulencia…
E implorarás que te eche sobre tu camastro y allí, con tus piernas, completamente abiertas, anhelarás mi intromisión…
Y comenzarás a encadenar orgasmo tras orgasmo…
Hasta llegar al momento en el que, entenderás, que el auténtico verbo, se hizo carne ante ti…
Y la joven novicia, miró directamente hacia el falo de aquella bestia inmunda, peluda y negra…
Y después lo miró a los ojos…
Para continuación recostarse sobre su camastro, y abrir completamente sus preciosas piernas para comprobar el verdadero poder de aquella, tan infausta como sensual Deidad…
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