Unas vacaciones inolvidables 2
Llegó buscando paz y sosiego, pero solo encontró la tentación de un hombre casado. Ahora, bajo el sol de la playa, dos jóvenes le ofrecen un viaje al éxtasis que desafía toda moralidad. ¿Cuánto puede aguantar su cuerpo antes de perder el control?
Esta es la continuación de este relato: https://www.todorelatos.com/relato/233245/
Para Linda:
Cuando por fin Javier cerró la puerta dejándome sola y desnuda, con solo mi bonito top rosa en el abdomen, lo cierto es que todavía temblaba. El cabrón me había follado como una bestia, como si no hubiera un mañana: y es que, en su situación de casado, lo más probable es que mientras me empalaba en la encimera uno de sus pensamientos recurrente fuese el pensar que eso -el follarse a una dulce damisela treinta años más joven- es ese tipo de cosas que solo suceden una vez en la vida.
Pensé en ducharme pero de lo agotada que estaba me tumbé en la cama. Hacia calor pero no era el calor agobiante de la ciudad. Me quité como pude el top y cerré los ojos. Me sentía sucia: no solo el haber follado con un casado sino de aquella manera en que lo había hecho, dejándome penetrar por delante y por detrás, permitiéndole descargar su semen en todos los agujeros de mi menudo cuerpo. Pero, ¡es que estaba tan descomunalmente atractivo con esos ojos saliéndosele de las órbitas!
Al notar cómo una humedad pringosa resbalaba por mi entre pierna desperté de mis tontas ensoñaciones. Era de él, de Javier, la huella de su paso a través de mi cuerpo. Me metí un par de dedos en mi sexo y un coágulo de semen salió disparado deslizandose turbio por mis dedos. Lo olí. Olía a lo que era: a semen de macho. Lo lamí solo por el hecho de saberme un poco más puta y más sucia. ¡¡Uff!! Apenas tres horas después de aterrizar y mis aspiraciones de paz, sosiego y darme un tiempo para encontrarme a mí misma había desaparecido... Porque, ¿qué iba a pasar a partir de ahora? Tenía tres días por delante viviendo puerta con puerta con un maromo casado que, además de tener hambre atrasada y de no hacerle ascos a nada, follaba más que decentemente.
En fin... ni lo iba a descubrir en ese momento ni era algo que, de momento, me atormentase. Me levanté, me duché y después de ponerme un bikini, un pantalon corto vaquero, una camiseta de Hard Rock que me dejaba un hombro al aire y empingarme en mis cuñas de esparto, decidí ir a otear la playa. Saqué de mi maletita la toalla de playa y justo cuando me miraba en el espejo de cuerpo entero llamaron al timbre. No me lo podía creer... ¿Se habría quedado con ganas? No podía ser, era imposible....
- Hola..qué tal...tú debes de ser Linda...
Quien así hablaba era una mujer bastante atractiva a la que no me costó reconocer como la mujer de Javier. Esto, la verdad, que no estaba en mis planes...
- Eh, si, si..soy yo...
¿Es verdad eso que dicen que cuanto más intentas por parecer natural peor y más nerviosa se te ve desde fuera? ¡Porque eso era justamente lo que me estaba sucediendo! Aquela mujer me hablaba, me sonreía, me miraba...y yo solo trataba de disimular aquellos que pensaba se iba a terminar de descubrir: que me había follado a su marido apenas dos horas antes, que tenía restos de su leche caliente en mi boca, en mi culo y en mi vagina y que, esto era lo peor, me lo pensaba volver a follar antes de irme de nuevo a mi casa.
- Sí, sí, ya me ha explicado todo su marido.... -trataba de ser natural y, antetodo, ningún conato de familiaridad con su esposo.
- Ay, chica, si es que trabajo en una gestoría en el pueblo de al lado y casi ningún día puedo venir a comer, ya ves.... Por cierto, me llamo Sandra.
Se adelantó para darme un par de besos. Era una mujer guapa, de intensos ojos verdes, de pelo morneo rizado y con todo un poco "más" que yo: más alta, más pecho, más culo... Una mujer potente que sin haber perdido del todo su aura magnética se intuye que de joven tuvo que haber partido más de un corazón. Según se alejaba por el jardín me descbubrí contemplando su culo y sus caderas moviéndose de un lado para otro. En fin, pensé, c'est la vie, a veces se gana y a veces se pierde...
Volví a entrar en casa, cogí la bolsa de la playa, la toalla y me dirigí a la playa. Por las indicaciones de Javier debía de estar a unos quince minutos andando. No tenía prisa y lo cierto es que el haber conocido a Sandra me había despertado fantasías ya casi olvidadas.
Atravesando unas dunas llegué a la playa. Entre que no era epoca y que el pueblo costero que había elegido no estaba en el top nacional de lugares de masiva peregrinación, la playa estaba casi desierta. Un par de familas con niños por allí, un grupeto de vecinas por allá disfrutando de los primeros dias de playa del año, alguna que otra pandilla de jovenes... Mejor, pensé. Como no pensaba meterme al agua elegí un lugar más bien solitario al pie de las dunas, "ese" lugar donde, bien sabía, iba a estar por un lado tranquila y, por otro, podría siemrpe darse alguna oportunidad...
Y la verdad es que la oportunidad no tardó en presentarse. Al rato de estar allí tumbada, recibiendo la calidez del sol en mi cuerpo y de ponerme a divagar en estupideces varias, un par de chicos decidieron colocarse a no más de veinte metros, ¡cómo si no hubiese más arena en toda la playa!, pensé fingiendo un enfado que no era sino la defensa inconsciente a mis deseos de más.
A través de mis gafas de sol pude ver que eran más jóvenes que yo, apenas veinte y pocos, y que, a base de gimnasio, no estaban nada mal. No era mi público preferido pero la verdad me gustaron más que nada por la normalidad: no lucían tatuajes ni pendientes ni querían parecerse al soplapollas de ningún futbolista, que es la moda más absurda y que hace que salga echando pestes en cuanto algún jovencito salido me entra. Eran, me parecieron, dos chicos normales, de caza, tratando de ligar. ¿Y si le ofreciese mi cuerpo en bandeja?, pensé perversa.
Yo les miraba y ellos me miraban. Sin más. Saqué la crema solar. El sol no quemaba, pero estaba tan blanca que mejor era prevenir. Y, claro está, provocar. Sin saber muy hasta donde quería llegar apliqué crema en mis muslos y la extendí hasta los pies. Bonitas piernas. Hace cuatro horas estaban temblando, tratando de mantener el equlibrio mientras Javier me follaba como una bestia en la cocina, y ahora se me revelaban como el colmo de la femineidad y la elegancia. Reí por dentro. Luego apliqué en mi vientre, en los brazos y en el escote. Los pechos los sentía calientes.
Apenas guardé la crema en el bolso uno de ellos, el que menos me gustaba pero claro está el más lanzado vino a mi con la tonta excusa de pedirme fuego.
- Buenas tardes, perdona, ¿tendrías fuego? -dijo sin demasiada convicción. No me lo podía creer. ¿Sería verdad que seguiría funcionando ese truco tan pasado de moda?
- Déjame ver, no fumo, pero siempre llevo uno por si acaso...
Al darle fuego me acarició la mano y como una tonta me estremecí. En apenas cuatro segundos me hizo un chequeó general, de arriba abajo, deteniéndose, como no, en mis tetas. Al llegarme el humo me di cuenta que no era un cigarillo normal sino que era un porro de marihuna. La vista se me nubló: me pongo terriblemente cachonda solo de aspirar el olor.
- Gracias. -dijo educadamente y se fue dejándome sola con un calentón más que incipiente.
En ese momento hice lo que solo desde mi posición tenía algún sentido: me desanudé la parte de arriba del bikini. Mis pequeñas tetas brillaban relucientes y duras. Estaban, aunque está mal que yo lo diga, preciosas, como dos mandarinas coronadas por la golosina de dos pezones ya erectos. Pffff, no me podía creer lo puta que era... Como una sabia meretriz, valorando los pros y los contras, dejandome inundar por la fantasía loca que se me acababa de venir a la cabeza y, sobre todo, deseándolo desde el fuego interno que me abrasaba, me los acaricié, los pechos, los dos, suavemente, como cuando era adolescente y yo misma me asustaba del poder demiúrgico de mi recién alcanzada femineidad...
Levanté la vista y allí estaban ellos, mirándome, absortos, como quien contempla una aparición. Sintiéndome tremendamente sexy y abriendome ligeramente de piernas para que toda la humedad rebosante de mi entrepierna se deslizase libre por entre mis muslos, me los volví a a acariciar. Estaba claro, no había duda: quería follarme a esos dos críos. Y ellos, pillando la indirecta (sic), querían follarme.
Y es que casi al instante, el otro, el que no me había pedido fuego, el que más me gustaba, vino, con una dureza más que evidente bajo el bañador, hacia mí.
- Hola, ¿qué tal....?
Me sonrió, le sonreí...
- Hace mucho calor, ¿quieres un poco de cervza? -dijo alargándome una lata.
Le sonreí, me sonrió...
- No, prefiero eso que traía tu amigo antes...
Trató de ver mis ojos bajo las gafas de sol. Bajó la mirada hasta mis tetas. Me quité las gafas dejándole asomarse a mi mirada de mujer.
- Espera, dijo.
Fue hasta donde su amigo. Hablaron mínimamente y en cinco minutos, lo que tardaron el liarse otro, volvió.
- Toma. Por cierto me llamo Mike... Bueno Miguel, pero me dicen Mike.
Aspiré el humo sintiendo como la cabeza se me iba un poco.
-Yo Linda, encantado.
-¿Eres de por aquí?
- No....-y no dije más. Le di otra calada y devolviéndole el porro me tumbé en la toalla.
Cerré los ojos sintiendome espesa y dejando que el deseo me terminase de conquistar. Ardía.
Al momento (¿un par de segundos?, ¿unos minutos?), la boca de Miguel se acercó a la mía y me besó. Sabía a cerveza, sal y humo. Sabía rica. Me metió la lengua y mientras me comía entera su aspera mano llena de arena recorría mi cuerpo entero. Yo, como una perra en celo, empecé a mover las caderas y la pelvis pidiéndole más, un paso más, que llegase más lejos, que me llevase más profundo, que me revelase más puta... Miguel, comprendiendo mis deseos, metió una mano por la braguita del bikini y empezó a follarme despacio con primero dos dedos y luego tres hasta dejarme al borde del orgasmo.
-Pffff....fóllame -le dije mientras le tendía una mano pidiendole otra calada.
Él, generoso, me pasó el porro mientras se quitaba el bañador. Le di una calada y mi mente se desvaneció en un torrente de lujuria y deseo. Me llevé la mano a mi sexo: deseaba palparme real, torrencialmente sexual. Vista desde fuera, desde donde yo estaba en ese momento, era una diosa de mármol llamada únicamente a dar y recibir placer.
Cerré los ojos y simplemente me dejé hacer. Sentí como Miguel se ponía enfrente de mi y me abría de piernas. Sentí como el sol me llamaba por mi nombre y una ola de calor me penetraba desde abajo, desde lo más íntimo de mi ser hasta la base de la garganta. Miguel, levantando mis piernas y colocando un tobillo en cada uno de sus hombros, me follaba con un suave ritmo constante. Quería hablar, quería gritar. Pero no podía.
Al rato sentí como Miguel tomaba mis tobillos con una sola mano y aumentaba el ritmo de sus embestidas atravesándome como una daga. No iba a aguantar mucho más y pellizcándome los pezones como a mi más me gusta y dando una bocanada de aire me corrí entera como una bendita, como una santa en un acceso místico. Mis piernas temblaron tratando de dominar un torrente de electricidad que me recorría entera.
Miguel seguía bombeando encima mío, llenandome otra vez de placer. Y entonces lo vi claro, como una revelación....
- Dile a tu amigo que venga... -acerté a susurrar como pude.
No sé si es que ya estaba allí y yo no le había visto pero lo cierto es que al instante, lo que para mi fue al instante, una polla apareció restrengándose por mi cara. La agarré con la mano y sin dudarlo me la metí en la boca. Miguel dejó mis piernas delicadamente en el suelo y con un dolor que me dejó huérfna salió de mí.
- Follatela tú ahora... -oí decir a la voz de Miguel. Y es que eso era yo ya, una muñeca, un juguete al que dar placer, un oceáno rizomático de puntos eroticos pero sin personalidad ninguna.
Sentí como uno de los dos me levantaba de la cintura y me colocaba a horcajadas encima de un cuerpo que por lo diferente de la forma y el calor interpreté que era el del otro chico. Estaba colocada pero eso, lejos de convertir mis emociones en una lejanía incómoda, conseguía acentuar y multiplicar las sensaciones. Instintivamente me dejé caer sobre el cuerpo que tenía debajo hasta que el muchacho, levantandome ligeramente la grupa, consiguió entrar dentro de mi.
Entonces sí, entonces me ergí poderosa sobre él, sobre ese cuerpo de muchacho en el que empecé a cabalgar. Apoyé mis manos en su pecho y a impulsos tántricos me fui llenando de él, de su sexo, de su polla, de su deseo adiente inflamándome entera. No podìa más. El muchacho me forzaba de cuanto en tanto a recostarme ligeramente sobre él para poder así alcanzar a comerme las tetas y mordisquerarme los pezones. Me corrí, creo recordar una vez, dos veces, quizá tres. Estaba loca. En una de aquellas veces Miguel -porque tuvo que ser él- me agarró del pelo y me metió la polla en la boca para, al instante, correrse en ella.
Traté de tragar todo ese manantial pero era imposible. Me ahogaba y cada vez que bajaba sintiendo la dureza del otro muchacho a fuego en mi interior más me ahogaba. Y de nuevo entonces, cuando el río de semen mezclado con el sabor indistingible de mi coño se deslizaba turbio por la comisura de mis labios, lo volví a ver, me volví a sentir llamada.
-Miguel, métemela por detrás. -acerté a susurrar sacándome la polla de la boca.
¿Desde qué parte de mí ser dije eso?, ¿desde que oscuro recobeco de mi deseo me vino esa imagen a lacerar tan hondo como para decirlo y desearlo realmente? Ser follada por dos hombres a la vez, ser penetrada por dos pollas, sentir la leche caliente del macho llenándome entera... Desde luego que había fantaseado con ello, que incluso a veces me he follado con un consolador mientras me daban por culo. Pero esto -no sé si pienso ahora o ya pensé en su momento- es otra cosa.
De nuevo me dejé caer babeando semen encima del otro muchacho esperando la embestida. Un par de segundos y ahí sentí los dedos de Miguel salivando mi ano. Cerré los ojos esperando acompasar mi respiración a la penetración que se me venñia encima. Estaba nerviosa, estaba excitada; estaba haciendo una locura y me estaba encantando. Despacio Miguel metió un dedo en mi culo y la sensación fue abrirme más si cabe alcanzando un clímax para el que no tengo palabras.
- Eres muy puta Linda... -y según acababa de escuchar esa frase la polla de Miguel se abrió paso poderosa por mi culo.
-Pffffff....Ahgggg -ya sí que podía gemir, ya sí que me sentía partida en dos viendo como, entre medias, un placer sobrehumano me venía.
Y fue extraño: no tuvo su centro en mi intimidad femenina, sino que surgió como una semilla candente en mi mente, en un punto axial a partir del cual, en cada embestida, cada vez que alguna de las dos pollas que albergana mi cuerpo se movía, descendía un poco más ramificándose en multitud de nodos sensoriales. Desde la mente, implosionando en todo mi cuerpo, alcanzandome sobre todo los pezones y bajando por el vientre hasta, entonces sí, incardinarse en mi sexo, en la profundidad más íntima.... Hasta que bizqueé, puse los ojos en blanco, y dando un sonoro grito me corrí como antes, o como nunca, temblando desde la planta de los pies hasta el último de mis pelos...
Mientras tanto, en algún momento que no recuerdo bien, les oí a ellos también gemir, también sentir como sus pollas temblaban desogándose por completo en mi interior. Y fue sublime, sentirme como un cuenco, como una vasija, como si fuese el destino de un arcano el convertirme por un momento en diosa sagrada.
Agotada, rendida y extasiada apenas tuve fuerza para tumbarme de nuevo en mi toalla, cerrar los ojos y recrearlo al instante odo para que nada se perdiese. Me manaba leche por todo mi cuerpo y mi cuerpo se movía acalambrado y como un resorte, como si todavía peqeuñas corrientes de placer quisieran acunarme.
- ¿Vas a estar más días por aquí, Linda?
No sé que contesté.... se admiten apuestas!
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Un delicioso viaje de trabajo con mi jefa Alicia
El viaje de trabajo prometía ser una gira corporativa, pero la distancia y la noche tenían otros planes.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaDescubrimiento orientacion
- Hetero: Infidelidad
La Dulce Sara llega a la oficina (4)
Sabe que su esposo la espera en la habitación, pero la noche romana y el alcohol han borrado sus límites.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaTrio mfm
- Hetero: Infidelidad
Las aventuras de María II
La fiesta promete ser una noche de libertad, pero el alcohol y los celos borran los límites.
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmExhibicionismo buscado
- Hetero: Infidelidad
Mi jefe emputece a mi mujer (Parte 12)
Alba siempre supo que Juan la dejaba libre, pero esta noche la libertad tiene un precio demasiado alto.
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmExhibicionismo buscado
- Hetero: General
El sol de Sitges y la amiga de mi novia (parte 2)
Anna no solo lo sabe, sino que lo quiere. Mientras Joel intenta procesar su noche con la amiga de su novia, descubre que cada caricia, cada mirada y…
Comparte:Trio mfmExhibicionismo buscadoRelacion profesor alumna
- Hetero: Infidelidad
(2) ¡soy enfermera, no puta!
Bajo la excusa del cuidado profesional, la línea entre la enfermera y el paciente se desdibuja.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion profesor alumnaPoder y control