La Dulce Sara llega a la oficina (4)
Sabe que su esposo la espera en la habitación, pero la noche romana y el alcohol han borrado sus límites. En la oscuridad del ascensor, un joven compañero le susurra mentiras que la llevan a la puerta de la tentación, donde el deseo toma el control de su cuerpo.
(Cuarta parte)
Preparados y con el estrés previo de una feria que era crucial para la empresa, embarcábamos en el vuelo rumbo a Roma. Cada uno de los 12 integrantes de nuestra delegación tendríamos que ofrecer una ponencia, y para mí el viaje representaba una oportunidad de pasar más horas al lado de Sara (una combinación de adrenalina y miedo se mezclaban). Sara repasaba en el asiento contiguo al mío del avión algunos de sus apuntes, justo antes de aprovechar para echar una cabezada y dormir un poco. Vestía sobria y elegante, con un traje de chaqueta de entretiempo y una falda, en esta ocasión más discreta que otras veces. Pronto cayó en un sueño profundo a tenor de su respiración y la posición de su cabeza. Recostada en su butaca el pliegue de su camisa (con el botón superior desabrochado) permitía alcanzar a ver parte de su sujetador y algo de sus pechos. No eran grandes pero sí perfectamente alineados y puntiagudos, su sueño profundo me animó a girar la cabeza y admirar mejor esa bonita estampa.
El perfume elegido era embriagador, y el sostén blanco de encaje una delicia. Yo estaba mirándole las tetas y me estaba poniendo morado, esa es la realidad. Qué suerte la de aquellos que hubieran podido mordisquear esos pezones antes de penetrarla, el viaje en avión ya me había traído el primer calentón del día. Tras llegar al hotel y acomodarnos en las habitaciones disponíamos de un tiempo para descansar, ni que decir tiene que yo aproveché para cascarme una paja recordando las tetas de Sara. Tuve que hacer uso de ambientador porque la pequeña habitación se había impregnado de un fuerte olor a pene que delataba demasiado lo que había ocurrido allí. No os aburriré demasiado con detalles sobre la Feria, pero de momento todas las ponencias habían sido un éxito, en especial la de Sara y la mía. En la cena de grupo posterior el ambiente fue de lo más distendido, estábamos felices pero cansados. Ello hizo que nos retiráramos pronto pensando en el segundo y último día de la Feria en Roma. Ya en el pasillo del hotel y mientras Sara metía la llave de su habitación me acerqué a ella.
-Lo has hecho muy bien Sara, el trabajo trae buenos resultados (le dije)
-Nada habría sido posible sin todo lo que me has enseñado estos meses
-Te has ganado todo lo bueno que te pase y espero que podamos seguir creciendo en la empresa, ¡Pero a ver si te fichan de otro lado y me dejas solo otra vez!
-Jajajaja, pero ¿Qué dices? No seas tonto. Venga, descansa que mañana será un día largo y por la noche tenemos la cena que han organizado (se despidió, al tiempo que me daba un beso en la mejilla y yo tímidamente puse mi mano en su espalda).
Llegué nervioso a mi habitación y un poco perturbado. ¿Habría desaprovechado una gran oportunidad? Me sentía como un Pagafantas sin iniciativa, quizá debería haber devuelto ese beso con otro, incitando a Sara a entrar a la habitación. ¿Habría perdido la opción de echar el polvo de mi vida? lo cierto es que había más de deseo e imaginación por mi parte que de algo real; lo más probable es que de haberme dejado llevar lo hubiera estropeado todo de una manera injustificable. Esa noche soñé con Sara.
El éxito fue total y por eso había ganas de celebrarlo con una buena cena en el centro de Roma. Un autobús especial nos recogería en el hotel para llevarnos al restaurante y entre la expedición había cuatro chicas más al margen de Sara. Todas aprovecharon para ponerse más guapas de lo habitual mientras los chicos apurábamos las primeras copas de la noche en el hall del hotel, justo en el momento en el que llegó Sara para subir al autobús. Describiré con detalle su apariencia pero antes apuntaré que jamás la había visto tan sexi. Tenía el pelo suelto pero más brillante que nunca, los labios resaltaban con tonos rojizos que perfilaban su boca de manera exagerada, y la sombra de ojos contrastaba con el rubio de su pelo ofreciendo una mirada muy parda. Un jersey-Top de color negro cubría su tronco, dejando al aire sus todavía bronceados hombros y brazos, el jersey cubría unos pechos levantados y turgentes, quizá gracias a la ayuda de algún sujetador especial con relleno.
En la parte de abajo Sara eligió unos ceñidísimos leggins de cuero negro, cuya tela se pegaba a cada rincón de su cuerpo desde la cintura para abajo. Resultaba complicado encontrar una explicación a cómo había conseguido entrar en ese pantalón a pesar de ser una mujer delgada; imposible ir más ceñida. Sus piernas y trasero resaltaban más si cabe gracias a las espectaculares y sexis sandalias de tacón alto. Eran negras, con un tacón de unos 15 centímetros y una ligera plataforma por debajo de sus deditos anudados a una tira. No fui el único que quedó boquiabierto al verla y más de uno la repasó de arriba a abajo de manera descarada.
-Qué guapa te has puesto (acerté a decirle mientras caminábamos hacia el autobús)
-¡Gracias! No todos los días se cena en el centro de Roma y además estamos de celebración
-Sí, sí, que no se diga de las españolas jeje (ese comentario era lo más subido de tono que me había atrevido a decirle nunca. Con eso queda claro que la seducción y el cortejo no era lo mío).
-Jajaja, nah, cuatro trapitos que todas tenemos y un poco de chapa y pintura para disimular (Sara estaba simpática y con mucha chispa)
No puede evitar balbucear en mis adentros pensamientos sexuales de deseo. Me decía a mí mismo:
"Un poco de chapa y pintura dice. Ya hay que ser zorra para vestirte así en una cena con compañeros y compañeras de trabajo, el resto de chicas te van a llamar putón y con razón. Joder con la mosquita muerta, vas a terminar conmigo. Mírala como marca, esta quiere ponernos cachondos a todos"
Amaba a Sara, la deseaba con todas mis fuerzas, hasta el punto de perder la cabeza e imaginar que si me lo pidiera, tardaría 5 minutos en romper mi matrimonio para irme con ella. Pero ese instinto enamoradizo también se transformaba en un punto de rabia e impotencia sexual, es la única explicación que encuentro para justificar mis pensamientos lujuriosos y obscenos:
"Menuda puta estás hecha, y tu marido en casa. Anda que no sabe que está buena y toda la panda de salidos estos quieren follársela, te comía el coño como si no hubiera mañana para que te corrieras de gusto, pedazo de zorra", acertaba a pensar mientras todos le reíamos algún comentario o gracia en la cena.
Una cena excelente que como suele ser habitual en estas ocasiones, estuvo cargada de bastante alcohol. Ello hizo que todos los presentes tuviéramos un poco más de chispa y ganas de quemar la noche en algunos garitos de moda de la noche romana. En la discoteca me eché al lío y pedí una botella de Champagne para una mesa con sillones (la broma me costó un ojo de la cara), y por designios del destino terminamos degustándola Sara, Hugo y yo. Hugo era uno de los valores prometedores de la empresa, un chico de unos 30 años muy hablador. El alcohol nos hizo liberarnos mientras las risas y anécdotas se sucedían. Estaba claro que Sara también sabía divertirse entre copas e incluso se atrevió con frases del tipo: "yo creo que las españolas somos más fogosas en general que las europeas. Las italianas mucho Bla,bla,bla pero luego nada jajajaja". Os podéis imaginar cómo me estaba poniendo la polla. En un momento de la charla nuestras miradas se cruzaron, fueron dos o tres segundos que terminaron con la típica carcajada alcohólica. Pero a esas horas de la noche también estaban muy claras las intenciones de Hugo, mi joven compañero no paraba de mirarla y seguía con atención cada chascarrillo de Sara. Se la quería follar, bueno, ambos nos la queríamos follar y si os digo la verdad, por primera vez había nacido dentro de mí la posibilidad de que tendría alguna opción. Pero eso es algo que todos hemos vivido en noches de copas en las que la percepción cambia.
Ahí estábamos, dos machos cachondos perdidos y con los paquetes a estallar, rodeando a una hembra que tenía todo el poder. ¿Sara estaría detectando esa atmósfera?. ¿sabía que la deseábamos y le gustaba sentirse como una presa? Si no era así lo disimulaba muy bien, y si no era así y seguía siendo la dulce Sara de siempre aquello se empezaba a ir un poco de las manos.
Sara- "Qué suerte tenéis los hombres de no usar tacones, ya empiezan a dolerme los dedos
Hugo- "Eso es verdad, no os envidio para nada"
Yo- "Sí, pero es que con esos taconazos que te has puesto como para que no te duelan Sara. Vas a llegar reventada jajaja
En ese momento alargó una de sus piernas para que pudiéramos verlos más de cerca. Nos quería puntualizar algo y lo hizo con voz mimosa:
Sara- "Jo, ¿pero a que son bonitos? me enamoré de ellos al verlos y casi no los puedo usar. Mirad qué tacto tienen"
No daba crédito a lo que estaba sucediendo. La visión de su pierna con el pantalón de cuero y los zapatos era la de una auténtica diosa en celo. Tanto Hugo como yo tocamos sus zapatos para darle la razón en su comentario. Tuve que controlarme para no abalanzarme como un animal a lamer sus pies, y por la cara que ponía, Hugo sintió lo mismo. Sara iba bastante bebida y sin duda estaba zorreando, se hacía la remolona con nosotros al tiempo que continuaban las risas y anécdotas. Me di cuenta que de forma sutil algún dedo de Hugo se escapaba rozando su muslo; ese cabrón me estaba ganando la partida. Instintivamente y mientras yo hablaba puse mi mano en el muslo de Sara sintiendo el tacto de sus leggins de cuero. No apretaba ni le metía mano, solo la apoyé unos segundos. Sara tenía el mando y estratégicamente cambiaba de posturas para que no nos pasáramos de babosos, bien cuando agarraba la copa o cuando se atusaba el pelo. Fue a por una botella de agua y tanto Hugo como yo aprovechamos para ir al baño, todo estaba muy saturado y lo perdí de vista. Volví como un cuarto de hora después, sin rastro de Sara ni de Hugo. ¿Dónde estaban? Los busqué por toda la sala y también en los exteriores, ninguno de mis compañeros los había visto desde que un par de horas antes nos fuimos a los sillones. ¡Mierda!, la batería de mi movil había muerto. No tuve más remedio que volver al hotel en taxi con la esperanza de ver a Sara en el hall, pero era tarde y no había rastro.
Me sentí como el más grande de los perdedores. Desdichado, humillado y desesperado por lo que mi cabeza me indicaba que había pasado pero me negaba a reconocer. No tuve la valentía de acercarme a su habitación por si escuchaba algún ruido, me negaba a aceptar lo que podía ser algo doloroso para mí. Ni siquiera me atreví a conectar el movil y por mi cabeza solo navegaba una terrible pesadilla: probablemente Hugo y Sara estarían follándose como posesos, dando rienda suelta al morbo y la pasión. Comiéndose sus cuerpos y tragándose los jugos del otro, viviendo la aventura con la que yo soñaba y practicando sexo una y otra vez.
Yo, desdichado e impotente, solo en mi habitación y con la polla dura en la mano. Tan solo bastaron unas pocas sacudidas para que mi esperma saliera disparado, fue solo la primera eyaculación, ya que en aquella dura madrugada masturbarme fue la única vía de escape que encontré. A esa paja le siguió una, y luego otra....y completamente en éxtasis de cansancio y excitación una más mientras los hechos de la noche y las imágenes de Sara recorrían mi cerebro una y otra vez. La dulce Sara me había hecho perder por completo el control sexual y la autoestima.
...............................
(Tres horas antes, madrugada en una discoteca de Roma)
La sala está a rebosar y Sara espera en la barra dando pequeños sorbos a su botella de agua, algo mareada pero feliz por el efecto del alcohol y el curso de una divertida noche. El Barman (un fornido y musculoso italiano de unos 25 años) no pierde el tiempo y al percatarse de la soledad de ella toca con disimulo su hombro e intenta entablar una conversación preguntándole si es española. La respuesta es educada pero a la vez seca, en ese momento Sara es una gatita rodeada de machos cargados de testosterona; y es que en esto del flirteo los italianos suelen ser unos maestros (al menos no escatiman en intentarlo). Hasta cinco hombres distintos, con clara intención de ligar, llegan a entablar miradas o saludan a esa desconocida mujer de melena rubia que, embutida en ropa ajustada negra y subida a unos llamativos tacones acaba de revolucionar la barra del club. Hugo llega del aseo:
Sara- "Uff, menos mal, sí que habéis tardado"
Hugo- "Las colas son enormes, esto está cargadísimo de gente"
S- "Poco más y no salgo viva de aquí, cómo son los italianos jaja. Qué pesados"
H- "No pueden resistirse a una mujer tan guapa jaja"
S- "¿Dónde está Samuel?"
H- "Lo acabo de ver, me ha dicho que vuelve enseguida" (Primera mentira)
S- "Buff, me he agobiado un poco. Me ha subido bastante el Champagne a la cabeza jaja, ando tonta"
H- "Vamos a hacer una cosa, escribo a Samuel para decirle que estamos en la puerta tomando un poco el aire y lo esperamos allí"
Hugo se gira, coge su movil y simula escribir un mensaje. En ese momento se acerca a Sara y le habla fuerte al oído ya que la música es ensordecedora y ella está algo mareada. Le indica que ya ha avisado a Samuel y que se agarre de su brazo para abrirse paso entre la gente camino de la puerta, donde esperarán a que llegue Samuel. Sara duda unos segundos pero le hace caso, por nada del mundo querría recibir un empujón o sufrir un resbalón; la táctica de ataque de Hugo no ha hecho más que comenzar. Ambos agarran la boca de salida y por fin pueden tomar aire fresco, nada más llegar a la calle Hugo saca su pitillera y enciende un cigarrillo.
H- "Mira que pitillera más guapa me llevo de recuerdo de Roma, ¿quieres un cigarro?"
S- "No fumo nunca, pero va, seré fumadora social que un día es un día. A ver si sirve para espabilarme un poco"
Sara tiene los mofletes ligeramente rojos por el efecto del alcohol, pero antes de encender su cigarro saca del bolso un pequeño espejo y en unos segundos consigue darse un par de retoques rápidos de manera coqueta. Se atusa el pelo, apoya su espalda en la pared y arquea una pierna colocando la punta del tacón de su zapato en el mismo tabique. Con el cigarro en la mano y el humo que sale de los labios su imagen se asemeja más si cabe a la de una "Femme fatale". Hugo apoya su brazo en la pared y se acerca a medio metro a Sara. Ambos fuman y el silencio se entrecorta segundos después.
Sara- "¿Y de qué trabaja tu novia?"
Hugo- "Es encargada en una perfumería, lleva cinco años y muy contenta la verdad"
S- "¿Cuándo tenéis la boda?"
H- "En cuatro meses justo, aunque yo estoy más pendiente del viaje de novios a USA que de la ceremonia, de eso se encarga ella"
S- "Aishhh, cómo sois los hombres de despreocupados, ¿Cuántos años tienes ahora?
H- "Treinta"
S- "Bueno, todavía tienes tiempo para cambiar, jeje. Oye, ¿Samuel ha recibido el mensaje?"
H- "Sí, sí, me ha dicho que ha pillado la peor cola pero sale en nada"
Los minutos iban pasando entre conversaciones de este estilo y disimuladamente Hugo se acercaba cada vez más a Sara. Hasta el punto de que agarró un mechón de su cabello con la mano.
H- "Cómo te brilla el pelo, es una pasada"
S- "¿Te gusta? Lo mío me cuesta jajaja"
H- "Claro que me gusta, me encanta. Y todo esto me gusta más" (dijo, colocando su dedo índice en el vientre de Sara)
El dedo de Hugo fue moviéndose en dirección a la cintura de Sara, justo en el momento en el que abría su mano sin dejar de despegarla de su cuerpo. La cara de Sara cambió por completo: aturdida y mareada, pero sobre todo sorprendida por lo inesperado de la situación. Hugo se lanzó y plantó sus labios en la boca de ella, Sara reaccionó de forma brusca apartándose.
S- "¿Pero qué haces?"
H- "Eres preciosa, me tienes loco toda la noche" (al tiempo que la abraza por la espalda y Sara trataba de deshacerse de él cada vez con menos resistencia)
S- "Para Hugo, por favor"
Hugo puso su otra mano en la mejilla de ella y volvió a la carga con otro beso. Esta vez un pico corto. A ese beso le siguió un segundo y después un tercero. Sara volvió a hablar, en esta ocasión casi susurrando: S- "Hugo no...". Un instante después sus bocas se fundieron definitivamente con un largo morreo; él tenía completamente agarrada a la chica con sus manos y Sara rodeó con las suyas la nuca de Hugo. Llegó otro beso, en esta ocasión más sensual y con la participación de las lenguas, Sara sacó la suya y Hugo llevó la iniciativa llegando casi hasta la campanilla del cuello, al tiempo que puso sus manos en el trasero de Sara. El desenfreno y la desinhibición alcohólica habían llegado demasiado lejos; en una calle del centro de Roma se había encendido la mecha. Hugo estaba cada vez más cerca de cumplir su plan, aunque Sara presentó una última propuesta de tregua.
S- "Hugo, para por favor. Déjalo aquí"
H- "No puedo, estoy a mil y tú lo estás deseando"
S- "Hugo..."
El magreo callejero ya no tenía retorno y ambos volvieron a comerse la boca con desesperación. Hugo cogió de la mano a Sara y buscó un Taxi entre el tráfico nocturno.
S- "Pero, ¿y Samuel?
H- "Olvídate ahora de eso, Sara" (y volvió a besarla en mitad de la calle, Sara estaba a merced: borracha, excitada y confundida a partes iguales. Deseosa y desatada, pero también nerviosa por Samuel. Subieron al Taxi en dirección al hotel y ella volvió a preguntar por Samuel, aunque era demasiado tarde para preocuparse por asuntos menores. La tensión sexual se plasmaba en aquel Taxi romano y Hugo volvió a besarla mientras tocaba su muslo, un auténtico espectáculo visual para el aburrido taxista italiano, quién no perdía detalle de la escena por el espejo retrovisor y casi babeaba recorriendo con la mirada a la sexy hembra española que terminaba de subir a su coche. Sara pidió una tregua a Hugo con mirada inquisidora, no era el momento ni el lugar para dar rienda suelta al deseo. Al llegar al hotel Hugo pagó la carrera al también excitado conductor, un hombre que sin duda recibió la mejor propina de la noche pudiendo ver tan de cerca a una bella mujer en celo; sus ojos clavados en el trasero de Sara eran reveladores. El Taxi se perdió en la avanzada madrugada romana a la misma velocidad con la que Sara y Hugo sobaban sus cuerpos caminando a paso firme hacia el hall. Mientras tanto, la batería del movil de Samuel moría en una discoteca del centro después de minutos de búsqueda infructuosa.
El ascensor del hotel descendía y tras llegar al hall las puertas se abrieron de par en par.
Hugo- "Vamos a mi habitación, no quiero manchar ni desordenar la cama de la señorita más bella de la noche"
El ascensor se cerró y Hugo marcó el cuarto piso. Sara se abalanzó hacia su joven galán, comiéndole la boca como una posesa. A duras penas lograron salir del elevador y llegar hasta la habitación 415, ahora no solo se tocaban por el pasillo sino que eran incapaces de despegar sus labios. Ella lo abrazaba mientras Hugo consiguió por fin abrir la puerta. Ya en la intimidad Sara dio un salto, colocando sus piernas arqueadas en el aire mientras él la sujetaba y ponía la fuerza sujetándola con sus dos manos en el culo. Por fin estaban solos tras minutos de tensión, tensión sexual generada de manera espontánea pero definitivamente no resuelta. Se besaban y se dedicaban lametazos. Hugo no tenía manos suficientes para disfrutar del cuerpecito de Sara, tocaba su culo. No lo tocaba, lo amasaba y apretaba notando la fina textura de sus leggins de cuero; estaba muy excitado.
Sara apartó su boca y miró fijamente a Hugo. De nuevo tenía los mofletes algo rojizos y el rojo carmín de sus labios ya se había resentido tras los besos apasionados. Su mirada era lasciva, con los ojos un poco bizqueados.
Sara- "¿Me vas a follar?, dime, ¿me vas a follar nene?" (Hugo jadeaba, producto de una respiración cada vez más acelerada)
Hugo- "Voy a hacerte lo que tú quieras" (acertó a contestar)
Sara agarró de la camisa a su amante y lo guio para que caminara detrás de ella. Ella anduvo lentamente hacia el interior de la habitación, contorneando la cadera ayudada por sus altos zapatos de tacón y mostrando a Hugo la mejor versión posible de su trasero.
Sara- "¿Te gusta el culo de tu mami?
Hugo- "Sí"
S- "Dímelo más fuerte, ¿te gusta?
H- "¡Sí! me vuelve loco"
S- "Tú te lo has buscado..."
Sara estaba fuera de sí, casi poseída por la luna llena de la noche romana. Hugo había pasado de la iniciativa del principio a casi temblar debido a la excitación. Ella se arrodilló a sus pies, le bajó la bragueta y también el pantalón hasta las rodillas. El Boxer de Hugo tenía manchas de líquido preseminal y su pene quedó por fin liberado; en décimas de segundo Sara se metió la polla en la boca. Era un miembro de tamaño mediano que ella succionaba a ritmo rápido, ni siquiera se miraban a los ojos ya que la desatada mujer estaba demasiado implicada en su faena. La mamaba, la saboreaba y salivaba. La sacó de su boca para agarrarla con una mano y lentamente lamerla desde la base hasta la punta, ahora sí, le lanzó una mirada extasiada justo antes de volver a introducir el pene en la boca e impregnarlo del rojo carmín que adornó sus labios durante toda la noche. Arrodillada y comprensiva, mientras chupaba frotaba su vagina con las dos manos por encima de su pantalón, terriblemente excitada pero dándole a su amante un merecido premio. Hugo Jadeó y gritó:
Hugo- "¡Ah! Me corro"
El ritmo de la mamada era superior a cualquier expectativa o vivencia que Hugo hubiera podido imaginar, y el chico eyaculó dentro de la boca de Sara mientras la acercaba a su cuerpo empujándole la nuca con su mano. Sara lo miró, se levantó y escupió el semen recibido en la pila del aseo. Enjuagó su boca y se dirigió a la cama. Allí había caído extasiado un Hugo desbordado por la situación. Sara se quitó la camiseta y también el sujetador. Se liberó por fin de sus incómodos tacones y con mucho esfuerzo logró bajarse los apretadísimos pantalones que habían puesto a mil a tantos hombres esa noche. Estaba en pelotas delante de Hugo, dispuesta a cobrarse la parte de un contrato entre ambos sin firmas de por medio.
Sara- "Esto no se ha terminado, nene. Mira que cachonda estoy (dijo, mientras acariciaba su mojadísima vagina). "Eres un cabrón, joder".
Sara se lanzó a la cama y comenzó a dar besitos en el cuello a su amante. Agarró su pene para masturbarlo mientras le susurraba cosas al oído:
S- "Ahora vas a follarte a tu perrita en celo, ¿a que sí? ¿o prefieres que te folle tu mami a ti?"
Con el coño empapado y el pene de Hugo de nuevo erecto, Sara se acomodó en cuclillas en la parte de arriba e introdujo el glande del hombre en su cuerpo. No hubo más preámbulos ni caricias antes de que Sara pusiera la directa cabalgando a su joven compañero de empresa. Frente a frente y con la espalda inclinada hacia atrás, los brazos apoyados en la cama servían de impulso para que ella manejara los ritmos del polvo. Ahora sí, Sara no hablaba, solo follaba y jadeaba de placer, liberándose también de la tensión acumulada y sacando a la luz su instinto de hembra cachonda. Hugo pudo avisar entre sollozos casi inentendibles de su inminente corrida. Entonces ella paró el ritmo de manera abrupta, haciendo fuerza con su suelo pélvico oprimiendo al máximo el pene; daba pequeñas vueltas como queriendo disfrutar por completo del último de los tres orgasmos que Hugo le había proporcionado. Intensificó el ritmo después, Sara tenía mucha fuerza todavía e imprimió al polvo la última marcha. La más importante y la que llevó a ambos a disfrutar a la vez de un orgasmo colosal en menos de un minuto. Se miraron, no se dirigieron la palabra pero Sara besó los labios de Hugo antes de pasarle sensualmente su dedo índice por los labios.
S-"Ahora soy yo la que pasa el dedo por tu cuerpo, pero esto lo has empezado tú tocándome con los dedos en la discoteca"
La cara de Sara al retirar el dedo era de lo más sugerente. La noche de Roma fue la noche de los orgasmos inesperados, la de las pajas en solitario de Samuel y la de la primera infidelidad de Hugo a su novia.
Fue una noche de sensaciones, disfrute y lujuria no prevista en este momento de su vida para la dulce Sara
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