Xtories

La escala (Capítulo 3)

David no es solo el jefe de su marido; es el hombre que conoce sus secretos más sucios y no tiene intención de respetar sus límites. Mientras espera a su esposo, Carla descubre que la mirada lasciva de David la desnuda más que cualquier toque, y que su propia excitación traiciona su deber de esposa.

Sylke5.9K vistas9.1· 18 votos

La escala

Capítulo 3

No dejo de pensar en lo absurdo que parece ese juego de Óscar y parece mentira que haya entrado en esa competición con su superior. Una cosa es que le guste llevarme como su mejor compañía para envidia de otros, que yo lo tomo como parte del orgullo que siente por mí, pero otra muy distinta es que juegue a usarme como eso, como un trofeo. No soy una pieza que él haya cazado, no quiero que piense así y eso francamente me molesta.

Sigo mirando a la gente que baila en la pista y me fijo en esas parejas que se besan y yo estoy allí plantada como una idiota. Han pasado varias semanas sin vernos y lo que parece preocuparle más a Óscar es si soy el centro de atención de todos los hombres o la tía más buena que se ha ligado para el capullo de su joven jefe. Eso podría resultarme halagador, pero no en el momento en el que yo deseo irme a la cama y acabar de una vez con la calentura que llevo encima después de tanto tiempo sin sexo.

- Perdona, preciosa - me dice David a mi espalda que regresa sorprendentemente solo.

Me giro impresionada una vez más por esos ojos verdes que hipnotizan.

- ¿Dónde está…? - pregunto por mi esposo y David me interrumpe.

- Tranquila, me está echando un capote de los buenos, pues no me entero de nada con esos tipos. Hablan tanto de confirmar no sé qué tecnicismos. Me hablan de banda X, banda L... en fin, yo no domino eso y tu marido, francamente tiene mucha experiencia.

- Pero David… él y yo…

- Tranquila, que ya están acabando la copa. - dice acariciando mi rodilla sobre mis piernas cruzadas en aquel taburete. Y yo me giro separándome ligeramente para que abandone su actitud, pero su mano sigue ahí.

- David, mi marido y yo hace tiempo que no nos vemos y queríamos estar a solas, tomar una copa aquí e irnos al hotel. Todavía no sé qué hago aquí - le digo para que no le retenga por más tiempo.

- En el fondo es culpa mía. Yo sabía que teníais hoy una cita muy importante, pero también necesito su ayuda con los americanos... tienes que perdonarme. - añade dibujando un círculo sobre mi media a la altura de mi gemelo.

- Bueno, quisiera irme cuanto antes. - le digo algo seca, pero esos ojos me matan, al igual que su fornido cuerpo bajo su uniforme.

- Tranquila mujer, sólo les entretengo unos minutos y ya. Te lo prometo. - añade con una socarrona sonrisa y esa mirada clavada en el canalillo y en mis pezones marcados.

En ese momento David, con sus dedos rozando mi rodilla, acaricia la suavidad de mi media, pero puedo percibir el calor de sus dedos y entonces se acerca a mi cara y me vuelve a plantar un beso en la mejilla, nuevamente muy cerca de mis labios, puedo sentir su calor…

- Oye, ¿Qué haces? - le digo empujándole.

- Perdona, mujer. Solo quería felicitarte.

- ¿Cómo?

- Sí, ya me ha dicho Óscar que es tu cumpleaños y que por eso os habéis reencontrado con lo del hotel y todo eso… Tu marido es todo un romántico.

Estoy alucinada, porque sigo enterándome por ese chico de cosas que le ha contado mi esposo y no sé hasta qué punto.

- Pues sí, me ha regalado el viaje para poder vernos. Hacía mucho tiempo… - añado intentando ser correcta.

- Lo sé, lo sé… me dijo que tenía ganas de verte y no me extraña, a mí me pasaría igual.

- Supongo que te pasará con tu novia.

- No tengo novia. Estoy libre. – dice humedeciéndose los labios de una forma descarada.

Sus frases y sus miradas, más que molestarme, me están resultando excitantes y eso que yo me niego constantemente a mí misma, estar flirteando con ese joven, pero es que a mi mente vienen las palabras de Óscar cuando me decía que tiene ese cuerpazo fornido y que desnudo le ha visto una polla que parece grandiosa. Por un instante se me van los ojos al paquete y entonces enrojezco al ver que David parece haberse dado cuenta.

- Bueno, supongo que será difícil estar separados. Le veo contentísimo de tenerte cerca. Te echaba en falta- intenta él seguir con la conversación.

- Pues sí. - digo sonriendo forzadamente.

- Claro, pobrecito. Supongo que se ha matado a pajas en todo este tiempo sin verte.

- ¿Qué dices?, por favor... - respondo moviendo mi cabeza de lado a lado ante su insolencia.

- Bueno, perdona, si soy tan directo. Lo digo por lo que dice de ti, aunque no debería decir intimidades de tu marido que me ha contado a mí en privado, pero es que pasamos muchas horas muertas… ya sabes.

- ¿En serio?, ¿Qué…? ¿Qué te ha dicho de mí? - pregunto mirando esos ojazos sin creerme lo que me cuenta.

- Absolutamente todo. Me ha contado que eres especial y que le tienes loco. Y viéndote ahora, no me extraña que se masturbe como un mono pensando en ti. Yo no dejaría de hacerlo.

No sé si mandarle a la mierda directamente o callarme, primero por ser el jefe de mi esposo, pero es que, además, me noto enrojecer con sus descaradas palabras y miro esos labios que poco antes estuvieron tan cerca de los míos y eso me pone nerviosa. Estoy realmente confusa, primero por saber si lo que dice es cierto, aunque conociendo a Óscar no sería extraño que se hubiera pasado contando cosas… a veces se pasa de rosca, sobre todo si bebe. Por otro lado, me gusta eso de que le diga que mi marido está loco por mí y que en todo este tiempo se ha masturbado pensando en mi cuerpo. ¿Será verdad que lo ha hecho y que se lo ha contado? Ahora además este chico reconoce que él también se masturbaría pensando en mí y con solo decir eso mis pezones se ponen todavía más duros.

¿Pero qué demonios me pasa?, ¿Estoy loca? Resulta que este desconocido sabe cosas de mí y yo todavía parezco disfrutar con ello. Mi excitación interna no me deja pensar. Me siento turbada conmigo misma y enrojezco de solo pensar en que mis pensamientos sigan por esa línea. Debería darle un bofetón y quedarme más ancha que larga. Tanto tiempo sin sexo me ofusca la mente.

Él, de repente, se sienta en el taburete frente a mí.

- ¿Qué pasa? ¿No vas con Óscar? - le pregunto sorprendida al verle allí plantado delante de mí.

- Prefiero quedarme aquí, en tan buena compañía. - añade escrutando cada rincón de mi cuerpo cada vez con más descaro y volviendo a posar su mano en mi rodilla.

- David, por favor. - le digo viendo sus intenciones, pero sin evitar sentir en sus miradas y en sus roces ese calor que sigue quemándome por dentro.

- Sólo estoy admirando a una mujer preciosa. Te confieso que cuando Óscar me hablaba de ti, pensaba que mentía, incluso viéndote en fotos, pero ahora en vivo, confirmo que no solo era verdad, sino que eres mucho más bonita al natural.

Me quedo callada, como si aquello no fuera conmigo, pero sigo calentándome por momentos. Intento mirar hacia la gente esquivando su mirada y de reojo con disimulo dirigir mis ojos a su paquete que está justo frente a mí, entre sus piernas tan abiertas. Estoy excitada, confusa, nerviosa… ¿Qué fotos habrá visto de mí? ¿Tendrá razón Óscar y ese chico se habrá empalmado viéndome? La verdad es que el bulto parece realmente grande. No puedo evitar imaginarle masturbándose frente a mí, como él mismo ha dicho. Tanto tiempo en dique seco me nubla la vista y veo sexo por todas partes. ¿Cómo será su polla?, ¡Dios, estoy loca!

- Así que hoy vais a celebrar vuestro reencuentro fogosamente. - añade de pronto ese portento de hombre mirándome de esa forma que hace derretirme.

- Bueno no es asunto tuyo. - le contesto cortante, pues veo que quiere llevar la conversación a un terreno que no le incumbe.

- Sólo digo lo que tu marido me cuenta. - añade riendo.

- Mucho te ha contado, según tú.

- Ya te digo que habla maravillas de ti.

Noto el rubor en mis mejillas, en cuanto dice eso y es que a una le gustan esas cosas, no lo puedo negar y estoy tan sensible a todo que cualquier piropo me estimula.

- A ver y ¿qué más te cuenta de mí? - pregunto realmente intrigada, pues creo que va de farol.

- Me dijo que eres simpática y eso es evidente, que tienes una sonrisa preciosa y también lo corroboro, por no hablar de esos ojos tan expresivos o tu larga melena morena. Eres mucho mejor de lo imaginado.

- Gracias… pero ¿qué más? - respondo nerviosamente halagada pero expectante.

- Vaya, te veo interesada. Verás, me contó que tus piernas eran perfectas y evidentemente me pareció exagerado, pero ahora veo que es cierto, son increíbles. - añade acariciando de nuevo mi rodilla subiendo hasta el comienzo de mi vestido en mis piernas cruzadas y noto que ha llegado al refuerzo de la media en mi muslo.

- ¿Te habló de mis piernas? - le pregunto retirándole la mano una vez más con elegancia, pero al mismo tiempo de forma enérgica.

- De tus piernas y de todo. - añade.

- ¿De todo? Jajaja... ¡Venga ya!

Me doy cuenta de que estar frente a ese chico me tiene confundida y casi me arrepiento de haberle sonreído de esa forma.

- De tus tetas también me habló. - añade deleitándose en mi canalillo.

- ¿Cómo? - pregunto enrojeciendo y poniendo mis brazos instintivamente cubriendo mi pecho.

- Sí, me ha contado todo, bueno, las tetas no las veo, pero lo que se adivina, realmente impresiona. Pensé también que exageraba, aunque no las haya visto al natural, siempre me dice que son grandes y redondas con dos pezones rosados muy ricos. A mí, en definitiva, me parecen perfectas y son como él mismo definió.

- Tú tienes mucha cara...

- Bueno, teniéndote delante siento que tengo que decírtelo.

Me quedo mirando fijamente a ese chico, hasta que le replico airada:

- De todos modos, no te creo. No habéis podido hablar de eso.

- Que sí. Ya te digo que estamos muchas horas juntos y conversamos de todo y siempre acabamos hablando de ti.

- ¿De mis tetas?

- Bueno, sí, por si… ¿Son operadas?

- ¿Qué dices? - le respondo ofendida.

- Perdona, no te molestes, ya veo que parecen naturales.

- Lo son, totalmente naturales, pero me parece muy fuerte que estemos hablando de mis pechos, porque como comprenderás, no te conozco de nada.

- Mujer, nos vamos conociendo, verás que pronto cogemos confianza. Al fin y al cabo, soy el compañero inseparable de tu marido y compartimos todo.

No sé a qué se refiere con eso de compartir, pero desde luego si está insinuando que yo pueda ser parte del reparto, lo lleva claro el chulo este.

- ¿Y te parece divertido que una se entere que estén hablando de sus...?

- ¿Tetas? Sí, y que incluso son aún más bonitas cuando se mueven al follar. - añade sin cortarse.

Noto el calor en mis mejillas ardiendo al máximo.

- Ya vale, David, por favor. Te estás pasando. Eso no te lo ha podido contar Óscar - le respondo cruzando mis brazos intentando tapar mi escote mucho más cortada, dando por hecho que eso es parte de su repertorio por seducirme, pero esta vez no creo que mi esposo haya llegado tan lejos.

- ¿En serio no me crees?

- Claro que no. Eres un embustero. - le suelto sin cortarme.

- ¿Te estoy incomodando con esos detalles que sé de ti?

- Pues sí y pienso que estás mintiendo. Es imposible que mi marido te haya hablado de algo tan íntimo.

- ¿Por qué no me crees? - dice el tipo levantando sus cejas de forma desafiante.

- Pues, porque no. Creo que eres un poco descarado y te estás pasando, inventando cosas. - comento con intención de levantarme del taburete.

- Perdona. Te aseguro que tu marido me lo cuenta todo. No me invento nada. Los detalles me los ha dado él. Y te aseguro que me ha dado muchos. - añade sosteniendo mi brazo para que no me levante.

Estoy por irme en busca de Óscar, pero al mismo tiempo estoy intrigada.

- ¿Ah sí?, ¿Cómo cuáles? - pregunto de nuevo cruzando mis manos tapando de algún modo el provocador escote y al no llevar sostén mis pezones se marcan más.

- ¿En serio quieres saberlo?, puede que también te incomode.

Me mira sonriente y en cierto modo, desafiante.

- Si estás hablando de cosas mías, quiero saberlo. Aunque sigo sin creérmelo. – afirmo.

- Como quieras, tú me lo pides, yo te respondo. ¿Preparada?

- Sí.

- Pues, aparte de tu culo, que me contó que es respingón y redondito que ya he podido comprobar bien enfundado en ese vestido varias veces...

- ¡Estoy flipando contigo! - respondo ofendida pero claramente excitada por su comentario.

- También me habló de tu coño. - dice esto acercando su boca muy cerca de la mía, no sé si para no ser escuchado o porque quiere ponerme aún más nerviosa.

- ¡Para ya, por favor! ¡Eres un cerdo!- le digo molesta, aunque no puedo evitar sentir un gusto intenso en todo mi cuerpo al oírle hablar así, nada menos que de mi sexo.

Me parece un niñato chulo, insensible y descarado, pero hay algo dentro de mí, que me impide dejarle plantado en el taburete.

- Siento molestarte, pero es la verdad. - dice afirmando con la cabeza.

- Mientes. - le digo negando con la mía.

- Ya sé que no me crees, pero me dijo que lo llevas muy bien rasurado por las ingles y el vello muy bien recortado con una fina tira sobre tu pubis. Ah y que es muy estrechito, que tienes una especie de peca en forma de medialuna en la ingle izquierda...

Casi me da un espasmo al oírle decir eso, pues ciertamente lo que relata es totalmente cierto. Lo de la peca en mi ingle izquierda es algo que no se puede improvisar. ¡Estoy impactada!, ¡No puede ser casualidad!

- ¿Sigo?

- No sé si quiero... - digo realmente asustada.

- También me dijo que la chupas como nadie y que eres muy ardiente, aunque esto puede ser más cosa suya, porque el que no lo cree soy yo. Al fin y al cabo, tu marido no es objetivo en eso, claro- añade el tipo sin dejarme rebatir.

Le miro abriendo los ojos y girando mi cabeza recriminándole por ese comentario.

- No me mires así, Carla. Todo esto son palabras de él. - insiste el muchacho poniendo cara de niño bueno.

- Sigo sin creerte. Me parece que eres un embustero. Sé que eres compañero de mi marido con un rango superior, pero eso no te da derecho...

- Lo sé, lo sé... pero tú me has preguntado.

No estoy segura de sí he sido yo la que ha empezado esta alocada conversación con el joven comandante.

- Pues me creas o no, lo que ahora tengo delante, supera lo relatado y conociéndote le envidio. Si yo tuviera una mujer como tú al lado lo estaría haciendo continuamente. No sé cómo no te ha llevado Óscar al hotel todavía. Yo estaría ahora mismo follando contigo hasta desfallecer.

Vaya descaro que tiene este tío, pero lo cierto es que eso mismo pienso yo. Desde que salimos del restaurante, sigo con mi calentura que lejos de bajar, sigue subiendo y para colmo Óscar me ha traído a este lugar en donde su joven compañero no deja de contarme cosas que logran calentarme continuamente, tanto por su físico, por su descaro en su forma de mirarme o tocarme como por sus atrevidas palabras y todo lo que sabe de mí. ¿Deberé salir huyendo?

- ¿Le puedes pedir a Óscar, que venga a buscarme? - le digo seria intentando parar esos avances tan desvergonzados y cerdos.

- ¿Qué pasa, que te pone cachonda que te diga esas cosas? - dice con su mueca burlona y no doy crédito a su descaro.

- Mira, si no te doy un tortazo ahora mismo, es porque no quiero montar un número y porque eres comandante, al fin y al cabo, superior de mi esposo y no quiero que eso le perjudique en el proyecto que sé que es muy importante.

- Tranquila que lo que hagamos tú y yo, no tiene por qué afectar a Óscar.

- Perdona, guapito, pero tú y yo no vamos a hacer nada. – digo ya visiblemente enfadada o al menos intento poner esa cara por si sus intenciones quieren ir por otro lado.

El tipo sonríe con un aire de suficiencia que me deja pasmada. Sin duda que es un ligón profesional y sabe dónde llevar a las mujeres, a pesar de edad. No sé lo que insinúa con sus palabras, pero no me gusta nada o quizás me gusta al imaginarlo y eso me incomoda. Giro la cabeza hacia los lados, intentando buscar una salida, apurada, sin saber qué hacer, no quiero salir pitando de allí y menos que Óscar se dé cuenta de lo que pasa, porque entonces sí que podría tener un conflicto con este cerdo que no quita ojo de mi cuerpo y que habla de mis partes íntimas con total desfachatez. Parece estar desnudándome cada vez que me mira y es que realmente lo estoy bajo la fina tela del vestido y esa mirada lasciva parece estar adivinándolo. Para colmo, yo sé que no llevo nada debajo y él parece estar haciéndome rayos X con los ojos.

- Verás, no quiero que te sientas molesta. Supongo que estarás muy caliente después de tres semanas sin sexo. Lo entiendo perfectamente.

- Bueno, eso no lo sabes tú.

- ¿Entonces has tenido sexo en este tiempo?

Ese chico consigue ponerme nerviosa de verdad, pero prefiero no contestar.

- Bueno, que igual te refieres a masturbarte, que es normal, claro. Yo lo hago a diario. Imagino que tú también. – añade al verme callada.

- No te voy a contar mi vida. - respondo bastante seria.

- Sigo sin entender que después de casi dos meses sin veros, no te haya llevado ya al hotel, es increíble.

- Bueno, eso no te importa.

- ¿No estarás desatendida?, ¿No te da todo el placer que necesitas? - añade el chico mirándome fijamente primero a los ojos y luego a las tetas.

- ¡Ya vale!, te lo ruego. Estoy más que bien atendida por mi marido.

- Perdona, Carla, no te enfades, pero es que no lo entiendo, eres un bombón, para estar comiéndote continuamente y no dejar ni el envoltorio.

- ¿Crees que a Óscar le gustaría saber lo que me estás diciendo? - le digo airada.

El chico se queda callado un instante y añade con una sonrisa burlona:

- A lo mejor sí que le gusta.

¿Debería darle un bofetón? ¿O callarme como si la cosa no fuera conmigo? No quiero pensar que Óscar acabe con un expediente disciplinario después de haberle partido la cara a este mocoso que seguro que es hijo de algún general y ha llegado recomendado a ese puesto de responsabilidad.

- Soy directo, lo sé, pero es que estoy aquí frente a una diosa como tú y no puedo evitar decirte toda la verdad, si no te lo digo, muero. - añade.

Ese chico es más que atrevido, es descarado y provocador, hasta resultar pretencioso, pero, por otro lado, no sé qué me pasa, pero entre el vino de la cena, la copa de champagne que estoy bebiendo o vete a saber... no puedo evitar sentirme más cachonda con sus comentarios tan directos.

Siento rabia de mí misma, porque debería estar furiosa con él. En el fondo tengo que reconocer que lo que dice es cierto: Es inadmisible no estar en el hotel, pero la fogosidad de Óscar no es ni con mucho, como la mía, yo necesito sexo y pienso en eso que ha dicho de si es verdad que no está a la altura y me da lo que necesito. Hemos discutido muchas veces por ese asunto y hay ocasiones en las que me meto en su despacho en casa desnuda y ni siquiera tiene tiempo de darme unas caricias, porque está en otras cosas, estando yo más caliente que un horno, precisamente como lo estoy ahora. No es que no esté contenta con Óscar en la cama, pero a veces necesito algo más. No me vale con echar un polvo y ya... Y para colmo las palabras de ese chico no ayudan precisamente.

- Es la verdad, Carla, eres un sueño. Permíteme, tu marido es un cabrón con suerte que no sabe aprovechar la oportunidad de hacer disfrutar a una mujer como tú. Te imagino en ese hotel y por lo que dice él, debes ser una bomba en la cama. - añade el cerdo de David acariciando mi cadera derecha por encima de la fina tela del vestido.

Es el momento de poner fin a esta locura y me pongo en pie lanzándole una mirada fulminante dejándole claro que se está pasando con su desvergüenza y su falta de respeto. No está considerando que habla con la esposa de su subordinado y si no le cruzo la cara es precisamente por eso. Me dirijo con pasos airados, alejándome de él, pero me sigue de cerca y antes de que avance unos metros, ese hombre me agarra por detrás, aferrándose a mi cintura, lo que hace que su cuerpo quede pegado a mi espalda, percibiendo toda su hombría pegada en mi culo. ¡Dios, se nota un bulto enorme ahí atrás! Aparte de su pecho rozando mi espalda desnuda noto el calor de su boca hablando junto a mi oído haciéndome unas cosquillas que recorren todo mi cuerpo. El olor de su colonia es penetrante y muy agradable. ¡Dios, este chaval va a matarme de gusto!, Óscar ¿por qué me dejas a solas con él? Pienso, pero no soy capaz de soltarme de sus potentes brazos de su torso en mi espalda y de ese bulto que se clava en mi culo.

Continuará...

Sylke