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Vuelo 69... Siempre nos quedará París (Capítulo 1)

Fran siempre creyó que su vida sexual estaba condenada a la rutina, hasta que una mirada accidental y una orden laboral ineludible abrieron la puerta a lo prohibido. Ahora, a miles de metros de altura, con su esposa a su lado y una secretaria de Estado que lo mira con intención, la frontera entre el deber y el deseo se desdibuja.

Sylke and Friends16K vistas9.2· 35 votos

VUELO 69... SIEMPRE NOS QUEDARÁ PARIS

Fran&Sylke

CAPÍTULO 1 – Cambio de planes

-Fran-

A la salida del gimnasio, esperando en el coche a Marta, mi esposa, mientras charlaba con sus compañeras de zumba, yo las observaba a todas ellas, las amigas con sus atuendos ajustados de top y mallas a juego, pero en cambio Marta, sobre su ropa ajustada llevaba una sudadera más holgada, siempre oculta sus atributos, pero aun con eso, se adivinaban sus curvas y su cuerpazo. Es curioso que teniendo esa figura sienta tantos complejos, como el de pecho grande o que sea muy alta, cuando deberían ser valores en alza y lo son cuando las cabezas de muchos hombres se vuelven a su paso a pesar de que ella no lo luzca como merece. Si ella se decidiera a vestir algo más “atrevida” sería la caña.

Cuando ella me vio, se despidió de sus amigas y se metió en el coche.

- Hola Fran, ¿hace mucho que esperas? - me preguntó.

- No, cielo, acabo de llegar. Oye estás buenísima con ese atuendo de gimnasia.

- Anda, bobo... que me ves bien con cualquier cosa.

Tras nuestro casto beso, casi sin pronunciar palabra alguna, emprendimos la marcha hacia casa. Mientras conducía, ella revisaba el móvil y yo aprovechaba para admirar de reojo su cuerpo o lo que me permitía ver su sudadera larga, pero al menos se veía una buena porción de sus interminables piernas con esos leggings de color negro. A veces me quedo tonto mirándola y celebro lo afortunado que soy a su lado, tras nuestros veinte años de matrimonio. Marta es una mujer maravillosa, en muchos sentidos, además buena esposa y madre. Ella siempre se ha ocupado de casi todo, ya que mi profesión de piloto me ha mantenido mucho tiempo fuera de casa, pero además soy afortunado, porque a sus 45 años Marta mantiene la frescura de siempre, discreta pero jovial, con ese brillo inocente en su rostro y ese cuerpo tan bien proporcionado, porque además de su 1,69 y sus interminables piernas, lo tiene todo en su sitio, incluso sus amigas se lo dicen siempre, como yo alguna vez, que se atreva con algo más sexy y que podría sacar más partido a sus grandes tetas o a su culazo, pues se conserva tan bien como cuando la conocí con 20 añitos, lástima que ella, su educación de colegio de monjas y su forma de ser algo conservadora no haya sacado a esa mujer que levantaría pasiones o muchas más de las que ya levanta.

Precisamente, nuestra hija María, ha sacado lo mejor de ella en su físico... me la recuerda muchas veces, pues ahora con sus 19, su pelo rubio, sus curvas y sus atuendos de lo más explosivos, tiene loco a medio barrio. Eso, a un padre, no se le escapa y María, al contrario que su madre, sabe explotar su potencial, incluso alguna vez me pongo en plan padre recatado, cuando una minifalda es más corta de lo normal y ella siempre me dice: “ay, papá no seas carca”. Pero su madre es peor que yo, porque no le deja vestir algo más lanzada de lo normal. Yo soy más permisivo, al fin y al cabo, es “la niña de mis ojos”.

En el siguiente semáforo volví a mirar a mi esposa pensando que ella podría sacar algo de su hija, al menos en su atrevimiento, porque siendo parecidas físicamente, son polos opuestos en su forma de ser.

Marta también se siente muy pillada por mí, lo sé, con solo su forma de mirarme lo dice todo y como dice siempre, su único hombre soy yo y no necesita nada más. Bueno, no niego que uno también tiene su atractivo, incluso mis canas me dan ese toque interesante, pero además porque a mis 52 también me mantengo en forma y me cuido en todo lo que puedo. El hecho de tener una complexión atlética y mis casi 1,80 de altura ayudan y sé que despierto algún que otro interés en las damas, lo noto con alguna amiga de Marta, por su forma de mirarme o cuando algunas azafatas jóvenes hacen sus comentarios al pasar a su lado. Supongo que el uniforme de comandante también hace lo suyo, no lo niego, pero hay que valorar los méritos que están debajo del traje. Me considero buen amante, porque me encanta dar placer tanto o más que recibirlo, aunque mi vida sexual ha estado limitada siempre a mi esposa, con la que tampoco he podido innovar mucho precisamente.

Nuestra vida, reconozco, ha sido un poco monótona tanto en el trabajo de ambos, pero también en nuestro matrimonio, nos queremos, pero el sexo, como digo, es limitado, incluso follamos una o dos veces a la semana, algo de lo que no me quejo, pero después de tantos años, todo se ha vuelto demasiado mecánico y es cierto que se mantiene la llama, pero a veces pienso que más por la comodidad de lo que tenemos que por otra cosa.

- Cariño, ¿ya le has comentado a Mario lo de tus vacaciones? - me preguntó ella cuando paramos en otro semáforo.

- Sí, bueno, se lo adelanté hace unos días.

- Mira que siempre lo dejas todo para el final, Fran ya sabes que tenemos la reserva del hotel.

- Tranquila que tenemos tiempo.... además, me deben esas vacaciones desde hace tiempo, pues me he comido más vuelos que nadie.

Marta, una vez más tenía razón, soy algo dejado en eso, por algo ella es la que lleva casi todo por mí, porque yo lo dejo todo para el último minuto, pero lo cierto es que, en esta ocasión, sí le había comentado a Mario, mi jefe, días atrás, mi intención de cogerme unos días para disfrutar con mi familia en un bonito pueblo balear y cuando se lo comenté, se esforzó en complacerme y darme esos días, pues me lo debe y con creces.

Reconozco que pasar mucho tiempo fuera de casa por culpa de tantos vuelos, había hecho que, aparte de nuestra vida íntima, también podría deteriorar la relación de familia, por eso era tan importantes estas vacaciones y este año le había prometido a Marta y a María que iba a dedicarles al menos una semana completa para ellas en exclusiva. Y yo también estaba ansioso por disfrutar de un viaje exclusivo con mi mujer y mi hija, alejados del mundo. Los tres nos merecíamos un descanso y cargar pilas de nuevo, pero sobre todo estar juntos.

Al llegar a casa y tras repetirme Marta varias veces que no dejara más tiempo lo de hablar con Mario, cogí el teléfono dispuesto a comentarle, mientras ella se duchaba, pues era algo que también hacía en casa, porque en el gimnasio le daba “corte”.

- Hola Fran. - me saludó mi jefe al otro lado del teléfono. - ¿qué te cuentas?

- Hola Mario, quería recordarte lo de mis vacaciones antes de que se te olvide. Ya tengo la reserva hecha.

- Sí, precisamente quería hablar contigo de eso mañana. Pásate a primera hora por mi despacho y te cuento.

Cuando colgué la llamada me temí lo peor, porque cuando Mario quiere hablarme en su despacho, es porque me ha organizado alguna que otra movida.

Al día siguiente, me dirigí a las oficinas de la empresa, una compañía en la que por cierto llevo también cerca de veinte años y que se dedica a realizar vuelos privados para altos ejecutivos, personalidades, políticos, famosos y las más grandes empresas del país.

Al llegar al despacho de Mario, vi que su secretaria no estaba en la mesa de fuera, así que directamente me adentré al despacho viendo que la puerta estaba entreabierta. Pero me detuve en seco al descubrir a Mario, mi jefe, sentado al borde de su mesa, con los pantalones en los tobillos y los ojos cerrados, mientras Clara, su secretaria, tan modosita ella, comiéndole polla hasta donde le permitía la garganta. Me quedé tan pasmado viendo aquello que no super reaccionar, si salir corriendo o quedarme a verlo y elegí la segunda opción. Clara se esforzaba en tragar una polla más bien pequeña, pero se veía que no era la primera vez, a tenor por cómo él le acariciaba el pelo mientras ella tragaba y tragaba. Ver esa escena me puso como un toro, pues nunca he sabido lo que es eso, una mamada, algo que siempre le he pedido a Marta y nunca ha querido concederme, pues con su educación tan carca y antigua, dice que es una guarrada. Tampoco es que esté obsesionado, pero no puedo evitar excitarme cada vez que veo una escena porno con una felación y ahora estaba ahí viendo una en vivo y en directo.

Yo veía aquello y no me parecía guarro precisamente y sí poderosamente excitante, tanto que mi polla se puso dura bajo mi pantalón imaginando por un momento que Clara era la que me la chupaba a mí. Ciertamente esa mujer, a punto de jubilarse y sin ningún atractivo físico espectacular ni nada parecido, se podría decir que era una mujer normal, aunque eso sí, parecía dominar a la perfección la técnica de la mamada a tenor de sus movimientos de cuello, afuera y adentro, intentando no dejar fuera ninguna porción de la polla de su jefe, al tiempo que le masajeaba los huevos con total pericia. Pero, viendo a aquella mujer madura y sus habilidades, me chocaba ver a mi jefe con ella, teniendo en cuenta que Sonia, la mujer de Mario, es un bellezón increíble, pero no podía evitar sentirme fascinado y cachondo viendo eso. Podía ver las piernas de Pablo temblar, mientras su leal secretaria le hacía una mamada de campeonato, en la que se podía escuchar el sonido de su boca succionando la pequeña polla de mi jefe, que ya no pudo aguantar más hasta que por fin él emitió un bufido y soltó varios chorros en la boca de su secretaria que devoró gustosamente hasta dejarle la polla totalmente limpia para irse incorporando en pie y recolocando su falda como si tal cosa. Pudo haber sido algo mecánico y poco erótico, sin embargo, aquello me puso burrísimo.

Por un momento me salí del marco de la puerta, pues me di cuenta de que en ese momento podría ser descubierto, pero sin poder borrar de mi mente lo que acababa de contemplar, justo en el momento en el que Clara salía del despacho, atusándose el pelo.

- Hola Fran. ¿Tenías cita con Mario? - me preguntó ella con su profesionalidad de siempre y como si allí dentro no hubiera pasado nada.

- Bueno, sí, habíamos quedado. - respondí nervioso, aunque ella no pareció darse cuenta de mi inquietud.

- Ah sí debe ser por el viaje nuevo ese, tan importante. - me dijo dejándome confuso.

Avisó por el interfono a nuestro jefe y enseguida le oí gritar para que entrase.

- Pasa, Fran. - me dijo y accedí cerrando la puerta tras de mí.

Me temí lo peor. Estaba en mi última semana de trabajo antes de coger las vacaciones que tanto ansiaba y lo que menos me apetecía era un plan de última hora, pero la cara de Mario, mi jefe, además de ser el director de la compañía parecían decir que había otros planes, sin hablar.

- Siéntate Fran -me dijo señalando la silla al otro lado de su mesa.

- ¿Qué ocurre? - le pregunté intrigado sin poder evitar mirar esa mesa en donde Clara le había hecho una mamada tremenda.

- Verás, nos ha surgido un tema.

- ¿Un tema es un problema? - le inquirí.

- Fran, verás, es algo urgente.

- Ya estamos.

- Mira, han sido cancelados en varios países de Europa los pedidos farmacéuticos a la empresa que los proveía y es la más importante del país, lo cual supone una quiebra económica importante.

Me quedé mirando a Mario sin entender mucho de lo que me intentaba contar, porque yo solo pensaba en mis vacaciones, junto a mi mujer y mi hija.

- ¿Y qué tiene que ver eso con nosotros? - le dije indiferente inclinándome hacia adelante.

Mario carraspeó y me miró para explicarme:

- Varios directivos de la empresa farmacéutica a través del ministerio de Sanidad han solicitado nuestros servicios para realizar una gira por diversos países. Es de vital importancia.

- ¡Joder!

- ¿Qué pasa?

- Mario, sabes que yo me voy de vacaciones, te lo comenté el otro día.

- Sí, lo sé, Fran.

- Pues eso, que tendrás que buscar otro piloto, llevo esperando ese momento de disfrutarlo con mi mujer y mi hija desde hace tiempo…así que no me líes…. - le dije haciendo ademán de levantarme.

Mario se levantó antes que yo y puso su cara más seria.

- Fran, esto es gordo. Si no, no te lo pediría. - añadió poniendo su mano sobre mi hombro.

- ¡Mario! - le recriminé.

- Necesito que hagas ese viaje, eres mi piloto más experimentado, y tenemos que trasladar a estos directivos a París con todas las garantías. Además, he recibido un informe de que los acompaña la secretaria de Estado.

- Bueno, no soy el único piloto, Mario, tienes a buenos profesionales en plantilla.

Mario cerró los ojos un instante para decirme con una sonrisa:

- Eres el mejor, Fran.

Mi veteranía y el hecho de haber hecho unos cuantos miles de horas de vuelo me acreditaban como el piloto más experimentado de la compañía, acostumbrado además a volar a decenas de países, algunos complicados y conflictivos, pero yo seguía pensando que había otros buenos compañeros que podrían hacerlo.

- ¡No puedes hacerme eso Mario! - le dije mirando fijamente a sus ojos.

Precisamente le había hablado de la importancia de ese viaje con mi familia, pues llevábamos mucho tiempo sin tener nuestros momentos y esas vacaciones programadas y medio pagadas eran más que necesarias.

- Sé que esta semana era muy importante para ti, Fran, pero he pensado en ello. - me dijo esbozando una sonrisa.

- ¿En serio? - comenté dejándome caer sobre la silla bastante mosqueado– ya veo como lo has meditado.

- Mira, para compensarte, lo tengo todo pensado. Me ocupo de cancelar tu reserva y he pensado te lleves a tu familia a este viaje.

- ¿Qué? - pregunté asombrado.

- Sí, hombre, es una forma de conocer París y por supuesto iréis con los gastos pagados.

- Ya, pero Mario, es un viaje de trabajo.

- Sí y no. Al fin y al cabo, son citas profesionales, pero habrá tiempo para todo.

Tras decir eso, extendió un dosier sobre la mesa con el plan previsto, que, ojeando por encima, comprobé que recorría diversos estamentos del gobierno francés y estancias en los mejores hoteles, al tratarse de un tema diplomático, más que comercial.

- Además, os acompañará Sonia. Será tu azafata.

- ¿Sonia? ¿Tu mujer? - pregunté.

- Sí.

Sonia era precisamente la preciosa esposa de Mario. Ella es una auxiliar de vuelo muy experimentada con la que yo había compartido unos cuantos vuelos y ciertamente es muy profesional, además de una cara muy bonita. A sus 42, Sonia era una mujer impresionante, nada que ver con Mario, al que yo tenía enfrente con esa barriguilla prominente y con más de quince años de diferencia con su mujer. Siempre pensé que vio Sonia en este hombre, quitando que fuera el director de la compañía. De lo que sí es sabido, al menos en algún corrillo con otras azafatas, que Sonia les da a los dos palos y que se ha liado con alguna de ellas e incluso me enteré de que Marta, mi mujer le pone un montón a ella, aunque poco tiene que hacer al respecto, pues, Marta además de fiel y conservadora, no le gustan las mujeres, claro.

- ¿Quién sería mi copiloto? - pregunté a mi jefe.

- Marcos. Ya lo he hablado con él.

Marcos había sido copiloto conmigo en algunas ocasiones, muy bueno también, a pesar de sus 28 años, conocía muy bien su trabajo y se adaptaba a mí a la perfección, algo que no es nada sencillo. Es además muy experto en el manejo del avión y sé que siente predilección por mi hija, bueno, él y algún que otro auxiliar, cada vez que María viene a la empresa a buscarme.

- ¿Y bien? ¿Fran? ¿Me vas a hacer este gran favor? - me apremiaba Mario viendo que yo seguía leyendo el planning de vuelos.

- Tendría que hablarlo con Marta. Dame hasta mañana para darte mi respuesta. - le dije no muy convencido de la propuesta.

- Claro, pero recuerda la importancia de este vuelo, quizás sea el más importante de tu vida.

- Seguramente... - dije con sorna.

Llegué a casa al atardecer y me encontré con Marta en la cocina que ya estaba preparando la cena, así que la abracé por detrás pegándome a su cuerpo todavía con el calentón de haber visto a Clara comiéndole la polla a mi jefe y con una de mis manos amasé su teta derecha.

- ¿Qué haces Fran? - me preguntó Marta sorprendida.

- ¿No puedo acariciar a mi esposa?

- Pero cariño, la niña está en su cuarto. - dijo ella dándome un codazo.

- Bueno, ahora no está aquí y además ya no es una niña...

- Pero, para... - decía, aunque yo me pegué más a su cuerpo haciendo que notara mi dureza en su culo y mis dos manos amasando sus tetas a la vez.

- ¡Pero Fran, ya estás así! - dijo ella empujándome con su cadera para que dejara mi manoseo y alucinada, pues nunca me comportaba de esa manera y menos teniendo a nuestra hija en casa.

Por suerte de ese movimiento de Marta, apartándome de ella, me quedé un poco separado de su cuerpo justo en el momento en el que María, nuestra hija hizo aparición en la cocina.

- Hola papi. ¿Qué tal el trabajo? - me preguntó María que me plantó un sonoro beso en la mejilla, como siempre.

- Bien, cariño. ¿Y tú? - dije, pero disimulando para abrir el cajón de los cubiertos y darle la espalda pues debía notarse mi bulto considerablemente bajo el pantalón.

- Buf, llevo toda la tarde preparando el control para la Uni, ya sabes, me examino Historia del Arte y la cabeza me da vueltas...

- Tú lo sacas con la gorra. - le dije, pues ciertamente mi hija es muy buena estudiante.

- Enseguida está la cena. - añadió mi mujer mirando a su hija y luego a mí de reojo, seguramente atenta a ese bulto que yo intentaba tapar a todas luces – por cierto, ¿Qué tal ha ido la reunión con Mario? ¿Le has expuesto nuestra idea de irnos unos días de vacaciones? - dijo Marta, esperando con ansia una respuesta positiva.

- Ahora te cuento durante la cena, así lo hablamos también con María a ver qué le parece- la respondí con la duda de que no le pareciera adecuada esa forma de pasar las vacaciones.

Al rato, por fin pude poner la mesa, con menos apuro y nos sentamos a cenar y fue entonces cuando les fui contando a ambas la conversación que había mantenido con Mario y los pormenores de ese viaje sorpresa que podría ser intenso, aunque Marta no parecía estar muy de acuerdo con la propuesta.

- Me prometiste que estas vacaciones serían exclusivamente familiares para desconectar de todo- me dijo ella con cara de pocos amigos.

- Lo sé cielo, pero es un asunto muy importante para la empresa y también para el país.

- ¡Cómo si es el fin del mundo!, ¡Llevamos semanas preparando nuestro viaje! - protestó visiblemente molesta

- Piensa que también tendremos la posibilidad de no ir a un sitio en exclusiva, podremos visitar un montón de cosas, iremos a uno de los mejores hoteles y encima pagados por la empresa y siempre tendremos nuestro tiempo para estar solos.

Por la cara de Marta, no la veía convencida, por muchos argumentos positivos que yo le quisiera poner.

- ¿Tú qué opinas María? - preguntó mi mujer a nuestra hija desviando la vista.

- Pues francamente, mamá, creo es una buena idea.

- ¿En serio?

- Claro, siempre has dicho que te quedaste con las ganas de conocer Paris, la ciudad del amor...

- Ya pero no de ese modo. - intervino mi esposa, pero María no le dejó acabar.

- Además, por mis estudios me dará la posibilidad de conocer un poco el arte y la cultura de mogollón de sitios allí- añadió mi hija con una sonrisa de aceptación y mirándome porque siempre salimos en apoyo el uno del otro.

Marta se quedó mirando dubitativa, para preguntar a nuestra hija a continuación:

- ¿No habías quedado con Sandro este fin de semana?

- Sí, pero un viaje como este no se hace todos los días mamá. Sandro lo comprenderá.

Ciertamente Sandro era un medio novio de María y compañero de universidad, que ayudaba a su padre en una tienda y aprovechaba a sacar se su propio dinero para sufragar los gastos de universidad y no depender de su familia, tampoco conocíamos de él mucho más, pero mi hija tampoco es de relaciones muy serias y debe ser como se dice ahora un “folla-amigo”, aunque yo creo que él está coladísimo por ella.

Hubo un momento de silencio en el que Marta parecía estar viendo esa posibilidad como un factor a tener en cuenta y al tiempo poder disfrutar de un tiempo juntos los tres, aunque fuera diferente a lo planeado.

- ¿Cuándo tienes que avisar de que aceptamos? - me preguntó desviando la vista hacia mí.

- Mañana sin falta. - respondí con una mueca en los labios y viendo que Marta ya no era tan escéptica.

- ¿Mañana? Y ¿podremos anular lo otro?

- Claro, se encarga de todo Mario.

- Vaya, cuando le interesa bien que se pone a ello, pero no sé, Fran, me parece todo muy precipitado. Al final será un viaje de trabajo... y ya te conozco cuando te metes en lo tuyo, no hay quien te saque de ahí.

Miré a María que hizo un ademán confirmando lo que decía su madre, pero si yo aceptaba ese viaje, al menos tendría que hacer que fuera para evadirme de compromisos laborales y dedicarme a ellas, me parecía lo más justo.

- Creo que este viaje va a ser muy especial para los tres. - añadí firme.

- ¿Estás seguro? - la mirada de mi mujer era inquisitiva.

- Marta, mañana a primera hora viene la secretaria de estado para concretar todos los pormenores de este viaje, así como la tripulación del avión y te aseguro que yo pondré mis condiciones, quiero estar con mi mujer y con mi hija.

A continuación, agarré la mano de cada una de ellas.

- ¡Vamos mamá di que sí, seguro vamos a disfrutarlo mucho! - exclamó mi hija con ansia, pues debía estar imaginando recorrer todos esos lugares, algunos tan soñados por ella y por su madre.

- No es lo que pensaba, pero bueno........- cedió por fin mi mujer ante la propuesta.

Una vez en la cama, mientras seguía viendo el informe del viaje, mi mujer, tras desmaquillarse y lavarse los dientes, hizo aparición con su camisón habitual, pero a mí me pareció que estaba más sexy que nunca. Entre la posibilidad de hacer un viaje juntos a París, la imagen de Clara chupándosela a Mario, no sé, me sentía muy cachondo.

- Estás preciosa cariño. - se lo dije notando que mi polla había despertado casi al instante, pues a través de la tela notaba la turgencia de esos pechos sin sostén.

- ¡No sé qué te pasa a ti hoy! - me dijo cuando mi mano se lanzó a una de sus grandes tetas al meterse a mi lado en la cama.

- Pues que me pones a cien. - le dije intentando meter la mano bajo su camisón.

- Para quieto, que hoy no podemos hacer nada. - dijo dándome un manotazo.

- ¿Por qué no?

- Pues porque estoy con el descanso de las pastillas y por lo menos hasta dentro de quince días, nada de nada.

- Mujer, no te vas a quedar embarazada por uno rapidito.

- No empieces, sabes que no podemos. No la podemos liar. No tenemos edad para andar jugando.

- Entonces ¿en el viaje? ¿no vamos a poder...?

- Tendrá que ser con globito cariño, así que vete comprando una caja.

Aquello era todo un contratiempo pues ya me había imaginado hacerlo en la ducha de una suite, en una noche con luna junto al Sena, en un sinfín de situaciones, pero ella sabe que con condón no me gusta nada y creo que a ella tampoco.

- Joder, cielo, al menos, ¿una mamada? - dije sin pensar pues era algo a lo que siempre me daba un “no” por respuesta, pero al menos quise tirar la caña.

- ¿Estás loco o es que has bebido más vino de la cuenta? Anda, me voy a dormir, que es tarde, buenas noches.

Por enésima vez, Marta se negó a regalarme una mamada, así que tuve que conformarme con recordar la imagen de la secretaria y mi jefe en plena acción.

Marta se echó a mi lado, pero dándome el culo apagó la luz de la mesita y me dejó con un calentón increíble. Estuve tentado de levantarme al baño para desahogarme solo, pero me quedé dormido pensando en aquella mamada que yo tendría envidiando a mi jefe, sin duda alguna, pues además tenía una mujer preciosa, Sonia, que por lo que yo había oído, era muy ardiente... y no precisamente con su esposo.

A la mañana siguiente a las 8 de la mañana estaba prevista la reunión, cuando llegué la mirada de Mario me imploraba que aceptara el viaje, antes de entrar en la sala de reuniones mientras esperábamos la llegada de la Secretaría de Estado y entonces le confirmé que aceptábamos el viaje....

- ¡Joder, perfecto, Fran! - Una amplia sonrisa se dibujó en el rostro de Mario – No veas el peso que me quitas de encima. Te debo una. Pídeme lo que quieras...

Por un momento me pregunté por qué tanto interés en que yo fuera el piloto del avión para ese vuelo especial por varios países de Europa, cuando hay varios buenos pilotos en la empresa tan bien preparados como yo, pero el plan de Mario era, además de la profesionalidad del piloto, mi dominio del francés y alguien con experiencia en varios países, en diversas crisis diplomáticas y por la máxima dirección que siempre me ha caracterizado.

Unos minutos después apareció el resto de mi tripulación con Sonia a la cabeza, tan espectacular como siempre. No iba de azafata, sino que llevaba un pantalón de pinzas pero que remarcaba un culo de alucinar y a eso había que añadirle una blusa tan ceñida que parecía querer sacar sus tetas por fuera en cualquier momento. Si yo ya andaba caliente ver a Sonia caminar, haciendo sonar sus tacones y esa femineidad tan atrapante, tuve que sentarme para ocultar de nuevo ese bulto rebelde bajo mi pantalón.

- Hola Fran, creo que voy a ser tu azafata. - dijo acercándose para darme dos besos, impregnarme con su aroma y dejándome ver ese canalillo seductor y parte de la copa de su sostén.

- Hola Sonia, eso creo. ¿Vas a estar sola?

- Sí, me dijo Mario que, para ese avión pequeño, una auxiliar era suficiente.

- Genial. Me alegro de que seas tú. - añadí logrando que ella me soltara una de sus sonrisas al recibir ese halago, aunque era cierto, Sonia, además de ser bellísima, era una azafata veterana con muchas horas de vuelo.

Tras ella apareció Marcos, el que iba a ser mi copiloto, que me guiñó el ojo mirando hacia el culo de Sonia, cómo dándome a entender la buena vista que él tenía tras ella. Lo sorprendente fue lo que llegaba tras ellos, pues acompañada por Mario, una mujer deslumbrante, que aparentaba poco más de 40 años vestida de ejecutiva con un conjunto de chaqueta y falda beige, bastante ceñida, lo que me hizo clavar la vista en esas curvas y por el codazo de Marcos, entendí que no era el único en quedarse prendado con esa mujer. Su pelo moreno, parecía largo, aunque estaba recogido con un moño, que le daba un aspecto serio y muy elegante. Lo más impactante era una mirada que parecía que mataba por su rectitud. Supongo que, para una mujer tan atractiva como ella, estar metida en altas direcciones del país y rodeada de políticos, casi todos hombres, sería complicado guardar las distancias, teniendo que marcar su territorio aparentando ser una mujer segura y seria. Pero aquellos ojos negros inmensos impactaban demasiado como para no perderse en ellos, lo mismo que en su escote.

- Vamos Fran, es la secretaria de estado, es doña Raquel Martínez – dijo Mario golpeándome suavemente en el brazo pues debía haberme quedado con la boca abierta.

- Ah, sí. - dije levantándome.

- Raquel, mejor. - dijo ella estirando su mano, pues lo de “doña” no parecía atraerle mucho.

- Encantado, Raquel - respondí estrechando esa fina mano de largos dedos que ella devolvió en un apretón, pero sin esbozar una sonrisa demasiado efusiva, aunque su mirada derretía y estuvo con sus ojos clavados en los míos un buen rato.

- Un placer Fran. Según me han dicho, va a ser nuestro comandante.

- Por supuesto.

- Tengo muy buenas referencias de usted. - añadió seria, pero fijando su vista en mis labios.

Una vez sentados todos sobre la mesa de reuniones, Mario puso una presentación en el proyector con las características técnicas del viaje, aunque yo tardé en coger el hilo de su conversación, pues tenía a Sonia a mi derecha, a la que podía ver esas curvas y el perfil que marcaban sus pechos bajo esa ceñida blusa y a mi izquierda, la secretaria de estado, una mujer que desprendía algo mágico, a pesar de no mostrar demasiado, pues no iba tan ceñida como Sonia, pero no le restaba nada en cuanto a belleza y a la que se intuía una bonita figura bajo su ropa de ejecutiva.

- ¿Cómo lo ves Fran? - preguntó en un momento Mario, especificando algún punto en el que yo estaba fuera de juego.

Noté cómo todos me miraban, incluidas las dos bellas mujeres que tenía a cada lado, por lo que me limité a sonreír.

- Me parece todo perfecto. - dije al fin.

- Bien, pues entonces podemos ir cerrando el presupuesto - comentó mi jefe – si le parece, Raquel.

- ¿El plan de vuelo le parece correcto? - me preguntó la secretaria que en ese momento tenía entre sus labios el boli en el que tomaba apuntes y su mirada clavada en la mía.

- Sí, sí, me adapto a sus necesidades. -dije, pero pensando en lo que debía ser perderse entre esas tetas.

- Gracias por hacernos este trabajo, Fran. - añadió ella sin dejar de mirarme fijamente de una forma que hacía ponerme nervioso.

- Es un placer, Raquel. - sonreí.

Mi jefe me pasó la lista de tripulación, que ya conocía, pues Sonia sería mi auxiliar de vuelo, como ya sabía y Marcos mi copiloto. También me pasó la lista de pasajeros, entre la que estaba además de mi mujer y mi hija, la propia secretaria de Estado, que quería supervisar toda la operación desde cerca y tres ejecutivos de la empresa farmacéutica, encargada de suministrar los medicamentos a cada país que íbamos a visitar. Sería el director general, Pedro, acompañado por su esposa Sandra, que según parece era la máxima accionista de la empresa y su secretaria general y coordinadora del proyecto, de nombre Isabel. A ello habría que acompañar a dos guardaespaldas, Omar y Nabil.

Raquel pidió ausentarse un momento pues quería fumar un cigarrillo y Sonia, la acompañó hasta una pequeña terraza que tenemos para ese menester, mientras Mario llevaba el informe para el departamento contable, Marcos y yo nos quedamos solos.

- ¿Has visto cómo está la secretaria de estado? - me dijo sentándose a mi lado.

- No, no me he fijado - respondí.

- Venga ya Fran, si está buena que se sale. Tus ojos te delatan.

- Bueno, sí, no está mal. - respondí queriendo no mostrar mi efusividad.

- Joder, ¿te la imaginas en bikini?

- Bueno, Marcos, no empieces que estás siempre con las hormonas desatadas.

Era cierto, el solo hecho de decirme eso de imaginarla en bikini hizo que mi polla latiese bajo mi pantalón.

- Por cierto, ya me he enterado de que vienen María y Marta, qué bien... - añadió mi ayudante con total efusividad.

- Sí, teníamos un viaje previsto y al final ha surgido esto.

- Pues genial. Lo vamos a pasar en grande.

Supongo que Marta no le haría mucha gracia que Marcos nos acompañara en ese viaje, pues sabe que está loquito con nuestra hija y viendo que ella también se despendola a la mínima...

Justo en ese momento recibí una llamada de mi esposa y salí de la sala de reuniones para poder hablar con cierta intimidad. Su llamada era para preguntarme qué ropa debería llevar, por si tenían que ir a algún acto y le fui indicando que era lo que, a mí, a priori, me parecía más apropiado, pero que mejor hablase de esos detalles con Sonia, que estaba más al tanto de todo, pero que no cargasen con maletas demasiado grandes.

Una vez que colgué la llamada, al ir a entrar a la sala de reuniones nuevamente, me di cuenta de que la puerta que daba a la terraza estaba entreabierta en la que se encontraban Sonia y Raquel hablando mientras esta fumaba un cigarro.

- Oye, ¿este piloto lleva mucho tiempo con vosotros? - oí que preguntaba Raquel a nuestra azafata.

- Huy sí, toda la vida, Fran creo que lleva más de veinte años. Ya me dijo Mario, que lo habías escogido tú personalmente.

Me quedé flipado por la familiaridad entre ambas y el hecho de que comentase Sonia que la secretaria de estado me hubiese elegido a mí entre todos los pilotos

- Sí, la verdad es que está muy bien. - respondió la otra.

- ¿Ah sí?

- Bueno, no me digas que tú no te fijas, Sonia... es un hombre muy interesante, ¿no?

- ¿Interesante?

- Hija, que está muy bueno, con ese pelo blanco, esos ojazos y lo poco que se ve, se nota que se mantiene en forma.

- La verdad es que sí, de siempre me ha gustado, pero ya sabes, yo con compañeros no puedo... además mi marido es el jefe.

- Vamos, guapa, que a mí no me la das. Seguro que te has follado a más de un compañero.

Las risas de ambas parecían indicar que Sonia ciertamente había tenido más de un desliz con otros pilotos.

- Ya, pero con Fran es distinto... siempre es tan educado.

- Porque no quieres, maja. - oí que le decía Raquel – pero si yo fuera tú, ya me lo habría tirado. Menudo revolcón tiene.

De nuevo risas.

- No, Fran sólo tiene ojos para su esposa. De las veces que me he insinuado con él, nunca ha hecho el mínimo ademán. Si no, ya me lo hubiera follado.

- Lo sabía... - dijo la secretaria de Estado.

- Además, sé por su mujer que está muy bien dotado.

- ¿En serio? ¿Te lo ha dicho ella? - dijo la otra con cara de asombro.

- No, no, se nota que no conoces a Marta, pero hizo falta, el caso es que cuando yo le dije que mi Mario la tiene pequeñita, ella se puso roja y miró a otro lado. No hizo falta que lo dijese.

No daba crédito a lo que escuchaba tanto de una como de la otra, aunque no pude escuchar más de la conversación porque Mario me llamaba para darme algún que otro detalle, pero el hecho de que esas dos mujeres hablaran de mí y de esa forma, me puso todavía más cachondo de lo que ya estaba y tras firmar unos documentos, que ni leí, acabé regresando a casa con un calentón fuera de lo normal.

Al entrar por la puerta, no había llegado Marta del gym todavía y mi hija me había avisado que se retrasaría un poco pues salía más tarde de la Universidad.

El día era caluroso y más de lo mismo estaba yo después de la impresión que me había causado ver en primer lugar a Clara con Mario, era algo que no me esperaba en absoluto y era difícil quitármelo de la mente, pero ese movimiento de cabeza sobre la polla de mi jefe de alguien que había pasado desapercibida a mi vista me trastornó, pero eso sumado al comentario de Raquel, la secretaria de estado a Sonia, que a pesar de su seriedad y rectitud en su comportamiento no me parecía en el fondo ninguna mosquita muerta. El hecho de que hablara de mí, de que lo hiciera con ese descaro a pesar de parecer tan seria, daba pie a soñar que esa mujer debía ser una fiera. ¿Ella la chuparía? - me pregunté.

Desde que conocí a mi mujer pensaba que a casi ninguna mujer le gustaba hacer eso, aunque luego me fui enterando de que estaba bastante equivocado, pero la cosa se confirmó, cuando me enteré de que María, mi propia hija, era una adicta a ese tipo de videos porno, especialmente los de mamadas. Nunca le dije nada, claro, porque evidentemente tampoco estaba bien que yo le espiara su portátil, pero juro que la primera vez fue por casualidad.

El caso es que, sabiéndome solo en casa, me fui a la habitación de María y cogiendo su portátil me fui a la mía para estar más tranquilo. Una vez en mi habitación, abrí el ordenador portátil, entré en la carpeta que tiene María con una buena colección videos porno accediendo a la carpeta que titulaba como “Top mamadas”. Lo cierto es que mi hija tiene buen gusto.

Me serví una cervecita fresca y a los pies de mi cama empecé a estimularme acariciando mi polla sobre el pantalón con el comienzo de una mamada más que estimulante. Siempre me han entusiasmado los videos de ese tipo, en todas sus versiones, pues es algo que curiosamente nunca me habían hecho a pesar de mis 52 años y llevar 20 años casado con la misma mujer a la que no le gustaba en absoluto no ayudaba a poderlo experimentar, claro y mira que lo había intentado de todas las maneras, buscando cómo convencer a Marta, incluso usando un globito, para que no sintiera repulsión, pero nada, para ella aquello suponía una cerdada y le resultaba de lo más inapropiado y asqueroso, en cambio yo soñaba que algún día pudiera vivir un momento como el de Mario con su secretaria.

En el primer video, una morena impresionante tragaba hasta el fondo una polla de dimensiones descomunales, con auténtica maestría, la tía babeaba sin parar, pero no dejaba resquicio del magnífico falo sin saborear.

Me excité mucho ante ese comienzo tan contundente y sacando mi polla del pantalón y ante esa imagen, comenzar a masturbarme apuntando mi verga hacia la pantalla, sintiéndome el protagonista de esa mamada… cuando de repente oí que la puerta de entrada se abría, no sé cómo lo hice, pero cerré el portátil como buenamente pude y la polla todavía erecta dentro del pantalón. Un segundo después se abrió la puerta de mi habitación.

- Hola, cielo, ¿qué tal la reunión? - me preguntó Marta acercándose hacía mí, sentándose a mi lado y dándome un pico en los labios a la vez que me miraba un poco sorprendida, porque yo debía estar bastante rojo y aun alterado.

- ¿Ya estás aquí? Has venido pronto. - dije apurado.

- Si, acabé pronto, pero cariño estás sudando, ¿te encuentras bien? - añadió poniéndome las manos en la cara, por si me ocurría algo.

- Sí amor es que hace mucho calor y el día ha sido muy atareado con los preparativos del viaje, salimos el viernes por la mañana- respondí a trompicones, intentando ocultar un poco los verdaderos motivos del porqué estaba sudando.

- Es verdad, el aire está cargado aquí. - respondió ella, quitándose la parte de arriba del chándal, mostrándome un top, que sólo yo tenía el privilegio de ver, porque le daba bastante corte enseñar canalillo en el gimnasio.

Observa a mi mujer con ese top, la tripita al aire y esas mallas negras que remarcaban sus muslos, no hacían fácil la labor por bajar mi erección, así que mantuve un cojín sobre mi regazo tapando ese bulto.

- ¿Sabes? Creo que tienes razón con lo de hablar con Sonia, sobre qué ropa es la más conveniente para llevarme. - dijo ella – siempre tiene muy buen gusto.

- Genial, cariño, pero no te compliques, no creo que haga falta mucha ropa, recuerda que es nuestro viaje.

- Bueno, aun así, necesitaré comprarme algún vestido bonito por si hay que asistir a algún evento o cena y ya sabes que a mí no me gusta desmerecer y luego no tener nada apropiado para ponerme.

Mi cuerpo seguía alterado a pesar de que casi me pilla mi mujer, masturbándome viendo la película porno, me acerqué a ella y la rodeé con mis brazos. Me sentí afortunado de tener ese cuerpo para mí sólo.

- Amor tú nunca vas a desmerecer pues eres la mujer más preciosa que conozco- le dije acercando mis labios a su cuello.

- Porque me ves con buenos ojos, - me dijo Marta dándome un beso en la mejilla separándose de mí - pero quita, que estás sudado entero. - añadió levantándose -

- Sí, voy a darme una ducha mientras llega María - comenté intentando mostrarme natural.

- Vale, luego me ducho yo. Mientras voy hablando con Sonia.

En ese momento, Marta se levantó colgando la sudadera sobre una silla y ofreciéndome la visión ese precioso culo redondo embutido en las mallas de gimnasia y ese top que realzaba aún más su generoso busto. Reconozco mi mujer tenía un cuerpo estupendo y la pena es que fuera tan mojigata a la hora de realizar sexo, eso me sulfuraba bastante, por lo demás no podía quejarme en absoluto, pero en cuanto a tener variedad sexual, no había forma.

Me metí en la ducha y dejé caer el agua corriendo por mi cuerpo, la excitación volvió a aparecer y mi mano llegando a mi polla que empecé a masajear, recordando a la morena chupando la polla del tío en la película porno, la boca de Clara comiéndose la polla de Mario, las palabras de Raquel y el cuerpo de Marta, todo junto era demasiada pólvora para que aquello no estallase y ahí me empecé a pajear lentamente.

Continuará...

Fran & Sylke