Conociendo a Anna
En la cola del aeropuerto, el ruido de las noticias de vuelos se mezcla con el susurro de su nombre. Él sabe que ella finge resistencia, pero su cuerpo delata un deseo que la propia Anna intenta contener. Entre el riesgo de ser vistos y la prohibición de la jerarquía laboral, la frontera entre lo profesional y lo carnal se desvanece.
―¡Para…para por favor…cualquiera podría vernos!― dice Anna bastante alterada apoyando su mano sobre mi pecho tratando de empujarme para que nuestros cuerpos se separen un poco.
Yo no estoy dispuesto a ceder. Lo que dice su boca y lo que la expresión de su cara intenta transmitirme, no es lo que su cuerpo le está pidiendo. A través de la tela de su pantalón mi mano siente la tibieza de su entrepierna.
―¡No, noo… aquí no…es muy expuesto― insiste tratando de aparentar determinación en la negativa.
Tengo mi mano sobre su pubis, con el dedo medio entre sus muslos presionando hacia arriba sobre su vulva. He situado mi cuerpo estratégicamente junto a ella para que mi mano permanezca oculta ante miradas indiscretas mientras la sigo tocando con mucho desparpajo. Estamos en la cola pendientes de hacer el checking del aeropuerto. Allí, el resto de pasajeros están pendientes de los letreros cambiantes de aviso de llegadas y despegues, de tener el ticket y DNI preparados, y sobre todo de no perder de vista sus respectivos equipajes.
No hay nadie que tenga interés en ver que sucede entre un hombre maduro y su acompañante, y eso me sirve de cobertura para la experiencia que voy a cocinar para Anna. En medio de tanta gente podemos pasar bastante desapercibidos. Quien se va a fijar en dos pobres viajeros con aspecto de ir en viaje de negocios cuando el resto parece que vuelven de unas agradables vacaciones.
Anna viste un discreto traje pantalon de color azul oscuro. Lleva una bolsa en bandolera donde transporta su PC y arrastra de un trolley donde guarda la ropa para los tres días que hemos estado en la Feria de Colonia a la que hemos ido en representación de la empresa. No es ese tipo de mujeres que llama la atención de forma automática, y no es porque no lo merezca, es porque le gusta pasar desapercibida y se arregla para ello. Es de estatura media, su cuerpo es bonito y de formas normales y corrientes, es la mujer que puedes encontrar en cualquier lugar. La expresión de su cara es agradable, donde destacan sus ojos grandes y su boquita pequeña.
―Juan, por favor no sea Ud. así…¡qué vergüenza si alguien nos ve!― repite mirando a un lado y a otro, tratando de descubrir si hay alguien que esté observando el movimiento de mi mano en su entrepierna.
―No te preocupes… déjame a mí…sé lo que hago y lo que tu cuerpo desea― le digo mientras apoyo mi dedo sobre la tela de su pantalón abarcando todo el surco de su vulva.
Anna hace ver que consulta distraída sus redes sociales. Disimuladamente, separa un poco sus piernas para que yo pueda maniobrar mejor con la mano. Mira a izquierda y derecha para comprobar que está a salvo y se centra en el teléfono dejando escapar un suspiro que le ha salido de bien adentro.
Que diferente este viaje de vuelta con respecto al de ida hace solo dos días.
...
Por fín ya estamos sentados en nuestros respectivos asientos: 12A y 12B. Anna junto a la ventanilla, yo ocupo el asiento de pasillo. Es la ocasión en que estamos más cerca el uno del otro. A pesar de que Anna lleva casi un año en la empresa, hasta hace unas semanas nuestra relación era escasa. Empezó como adjunta de la responsable de Logística y pronto ganó su confianza y su aprecio.
Para llevar un importante proyecto yo necesité reforzar mi equipo. Anna se presentó voluntaria para el puesto, ella se ajustaba muy bien debido a su formación y expectativas dentro de la empresa. En la entrevista que le hice para comprobar detalles de su curriculum me confirmó sus estudios de ingeniería en organización industrial, su experiencia en trabajos previos, su deseos profesionales y también, su implicación en nuestra empresa. Consideré que cumplía todos los requisitos necesarios y que, una vez superados todos los trámites preceptivos, debía incorporarse a mi departamento.
Confieso que, además de ver el potencial técnico y personal de mi nueva colaboradora, en Anna vi algo, no se bien que fué, pero que me atrajo desde el primer momento. Aplicando todas las reglas de corrección aplicables en el ámbito laboral, evite todos los temas de carácter personal que no tuvieran relación estricta con el trabajo. Soy de la opinión de que en el trabajo hay que mantener relaciones cordiales con los compañeros pero manteniendo una cierta distancia en lo referente a cuestiones íntimas y personales, pues si se superan ciertos límites, la profesionalidad puede verse afectada.
Supe que Anna tenía 30 años, que en el trabajo valoraba mucho encontrar un buen clima laboral, comunicativo y de apoyo mutuo. Sus experiencias previas no habían sido un buen referente y que ahora en nuestra empresa estaba convencida que sus aspiraciones podrían verse cumplidas.
...
Vamos de viaje a Munich, de visita a un proveedor que está produciendo unos equipos para nuestro proyecto. Es nuestro primer viaje juntos y el primero de Anna en el ámbito profesional. La percibo ilusionada y algo nerviosa, no es un viaje de vacaciones, tiene que salir bien, debemos alcanzar los objetivos fijados y además debe demostrarme que está capacitada para el puesto, que puedo confiar en ella. Yo tengo muchas cosas en la cabeza, poco tiempo disponible, una edad en la que cada vez me apetece menos hacer viajes relámpago y me gustaría mucho que ella me pueda sustituir en ciertas cosas.
Veo que pone mucho interés en todo lo que hace, está muy centrada en el trabajo y sigue fielmente las indicaciones que le doy. Me agrada mucho ser su mentor, transmitirle mis conocimientos y experiencia… Anna lo asimila con facilidad y me lo agradece con un trato amable y confiado. Yo tengo veinte años más que ella, estoy felizmente casado, dos hijos y un prestigio profesional contrastado. De mi solo puede esperar una conducta intachable y que sea una fuente infinita de conocimientos.
Durante las tres horas que dura el viaje hay tiempo suficiente para hablar sobre el proyecto que tenemos entre manos, sobre la empresa y el resto de los compañeros. También, algo sobre nosotros y un poco sobre nuestras vidas privadas sin entrar en profundidades que nos puedan causar incomodidades.
Entrelíneas he leido que Anna siempre ha sido muy responsable e independiente, muy de “hacer las cosas bien” y a “su manera”. Ha tenido varias relaciones sentimentales que no han cuajado porque siempre ha surgido algo que no ha cumplido con sus aspiraciones. Me resulta extraño que de entre todos los hombres que se le han acercado no haya habido alguno que la conquiste. Anna no es un pibón de los que salen en las revistas, es una mujer elegante y atractiva. Es muy inteligente y buena conversadora, con la que no te puedes aburrir y la que imagino debe ser una “mujercita muy traviesa cuando vence su pudor”.
―¿Nerviosa?
―Si. Un poco. Es mi primer viaje de empresa. Espero que todo salga bien
―Tú tranquila. Todo va a salir perfecto, y si algo fallase…yo seré el responsable. Tú solo debes estar atenta, aprender y perder el miedo. Confía en mí. Estoy ilusionado con que seas tú quien vaya cogiendo mi relevo.
―¡Uy!... no sé…es todo tan complejo…me pesa mucho la responsabilidad…espero estar a la altura― me confiesa mirándome a los ojos un poco asustada y a la vez esperanzada.
A mi me resulta sorprendente ver a una mujer tan preparada y competente temblando ante lo desconocido. La megafonía avisa a los pasajeros que estamos listos para el despegue. En un gesto totalmente inesperado para ella y para mí, cojo su mano y la aprieto con la mía para transmitirle seguridad. Anna me mira para agradecerme el detalle, apoya la cabeza en el respaldo y cierra los ojos preparándose para el despegue.
Me gusta sentir como mi mano rodea la suya, ver como su cara refleja la tranquilidad que le inspiro. En ese justo momento decido que nos merecemos un acercamiento, a Anna le puede venir bien el apoyo que su jefe le pueda proporcionar, y para mi será la oportunidad de volver a refrescar todo lo que he ido aprendiendo durante bastantes años. Anna es la mejor compañera que podría haber deseado para este viaje.
...
En el aeropuerto de Munich he alquilado un coche para ir hasta nuestra ciudad de destino. Hemos necesitado más de 30 minutos, casi una hora de conducción y quince minutos extra por un despiste siguiendo el GPS. En conclusión, hemos llegado al hotel con la cocina fuera de servicio y muy amablemente solo nos han ofrecido servicio de comida fría en la habitación. Le he preguntado a Anna si le importaba que llevaran toda la comida a mi habitación para cenar juntos, ella no ha puesto ninguna pega y así lo hemos hecho.
Tras dar buena cuenta de los sándwiches y unos pastelitos de manzana, he recogido la bandeja, luego he acompañado a Anna hasta la puerta de su habitación.
―Buenas noches, Anna. Descansa, mañana tendremos un día muy agitado y conviene estar bien en forma, con la mente clara y los nervios bien templados― le aconsejo.
―Buenas noches Juan, muchas gracias por todo…gracias por tus consejos y enseñanzas…las aprecio mucho y me están ayudando…buenas noches.
Mientras está girando la llave para abrir la puerta de su habitación…
―Una última cosa…¿recuerdas el estudio técnico de viabilidad que te comenté el lunes pasado?...creo que va a ser esencial…conviene que tengamos muy presentes los datos en la memoria durante las entrevistas con el proveedor ― le dije
Observó cómo le cambia el semblante de forma radical, ha pasado súbitamente de estar relajada y ligeramente alegre, a una actitud tensa y defensiva. Ese estudio es muy complejo, dominarlo le llevaría varias horas de estudio cosa que no ha hecho. Mi joven colaboradora siente un nudo en la garganta, no quiere fallar a su jefe, no quiere que en este primer viaje algo salga mal y menos por su culpa.
―No te preocupes Juan. Todo lo tengo en el laptop y ahora mismo le daré un último repaso― me dice haciendo gala de su compromiso con la tareas asignadas.
―No, por favor, ahora no hagas nada. Mejor descansa y mañana ya veremos. Yo también lo he preparado un poco ― le dije para tranquilizarla.
Media hora más tarde le escribo un whatsapp:
―Anna ¿estás despierta?
―Si, ¿por?
―¿qué estás haciendo?¿no estarás repasando el estudio?
―Un poco, solo lo más importante…para estar mas segura con algunos datos
Rápidamente me pongo los pantalones y la camisa. Descalzo salgo al pasillo doy unos pasos y me sitúo frente a la puerta de la habitación de Anna.
Toc, toc ― llamo a la puerta ― toc, toc― repito pues parece que no me ha oído
―¿quién es? ― dice desde el otro lado con voz acongojada
―Soy yo, Juan…abre por favor ― le dije
Suena la cerradura de forma atronadora como si fuera el único ruido del hotel, y lentamente se va abriendo la puerta tras la que asoma tímidamente la cabeza de Anna.
―¿pasa alguna cosa?― me preguntó con cierto temor cogido a la garganta.
―Nada, nada…no te importa que pase, ¿verdad?― me cuelo en su habitación y ella cierra la puerta.
Se planta frente a mí con los brazos caídos a lo largo del cuerpo y con cara de no saber lo que puede estar pasando. Lleva puesto un pijama compuesto por un pantalón que le va holgado y una chaqueta con una larga hilera de botones al centro del cuerpo. El pelo todavía húmedo de la ducha y los pies descalzos sobre la áspera moqueta del suelo. Sobre el pequeño escritorio,su laptop encendido mostrando en pantalla el dichoso estudio y otros papeles relacionados con ese dossier.
―Anna… debes perdonarme…te he gastado una broma… es una broma típica para los principiantes― le dije completamente arrepentido
―No lo entiendo…¿qué clase de broma? ― preguntó extrañada.
―En viajes como el nuestro, el veterano lanza “un globo” al que el novato trata de seguir, sufre mucho al ver que se escapa sin poder cogerlo y así gana en experiencia y control de uno mismo…lo entiendes ¿verdad?
Me mira con un cierto desencanto por haber sido mi víctima. Poco a poco se le ilumina la cara al darse cuenta que yo he roto con el juego evitando que ella se pase la noche estudiando un dossier que lo más probable ni se mencione en las conversaciones.
Da un par de pasos hacia mí, siente deseos de abrazarme y agradecerme el gesto que he tenido para ella. Se detiene, sabe que estoy casado, abrazarnos en la habitación de un hotel no seria lo mas apropiado.
―¿me perdonas?― ahora soy yo el que me acerco a ella.
Le pongo una mano en la mejilla y le digo:
―Juntos podemos hacer un buen equipo…puedo enseñarte bastantes cosas, pero nuestra relación solo debe circunscribirse al ámbito laboral. Tú me conoces y sabes de mis compromisos
Anna hace un gesto afirmativo con la cabeza y añade:
―Lo entiendo perfectamente y sé que va a merecer la pena estar junto al mejor jefe que pueda tener.
Muy lentamente deshago todos y cada uno de los botones de su pijama. Meto la mano bajo la tela hasta alcanzar un pecho. Lo tomo entre mis dedos deslizando las yemas despacio hasta llegar al pezón. Los pechos de Anna son medianos, tirando a pequeños, con forma de cono y rematados por dos pezones oscuros rodeados por una areola del tamaño de una moneda.
Anna echa el pijama hacia atrás para quedarse con el torso desnudo ante mi. Luce sus dos pechos tiesos y desafiantes, parece que me gritan: “ven y comemos…veras que ricos estamos”. Me acerco y llevo mi boca primero a uno y luego al otro, es como si sus pezones fueran un potente imán y mi boca estuviese forjada en hierro dulce.
Poco a poco voy empujando a Anna hacia atrás, tropieza con la cama y cae boca arriba sobre ella. Me acerco por el lateral, voy en busca de su boca. Quiero encontrar su lengua y chuparse, quiero sentir que su saliva se mezcla con la mía y quiero sentir que nuestras bocas se comunican sin decir palabra. El beso es correspondido, la presa se ha roto y el río se desborda arrastrando todo a su paso.
Pongo la mano sobre su estómago, la voy bajando poco a poco. Recorro su vientre hasta llegar al borde de su pantalón. Parece una frontera infranqueable…superar esa línea roja puede tener graves consecuencias. Anna reconoce mi duda y me ayuda de la única manera que puede. Contrae el vientre todo lo que puede para que se abra un hueco entre la tela y su piel, el suficiente para que mi mano pueda continuar su viaje y llegar a colocarse sobre su vulva.
―¡Uhmmm…Juaaaan!― suspira al sentir como mis dedos recorren sus labios repetidamente de abajo a arriba.
―Mírame a los ojos… no hagas ni digas nada…solo mírame y goza― le digo al tiempo que practico con ella todas las dulces caricias del repertorio de un hombre maduro.
A mi tambien me gusta mirarla mientras la acaricio, me entretengo con sus pliegues, tenso sus labios para que asome su perlita, rozo sobre su clítoris y meto la punta de mis dedos para extraer una gotas de su jugo, que luego me sirve para lubricar toda la vulva.
Anna tiene un coño de labios carnosos y apretados, que guardan como si fuera un tesoro un clítoris generoso protegido por una capuchita que me encanta retirar. Todavía no lo he visto pero mis dedos lo han encontrado con facilidad. Cada toque con mis dedos le acompaña un gemido…eso me indica que me debo concentrar en ese punto, estudiar bien sus reacciones a los distintos estímulos y una vez comprendidas sus necesidades entregarme hasta conseguir su clímax.
Me ha llevado un tiempo pero he conseguido darle dos orgasmos casi seguidos. Anna ha atrapado mi mano entre sus piernas, y con cara de profunda felicidad me pregunta:
―Juan ¿qué más cosas quieres enseñarme hoy? ¡Quiero ser tu mejor colaboradora!
Me siento en el borde de la cama dejando a Anna a un lado. Pongo la mano sobre su pierna y la miro con cariño. Yo no esperaba llegar hasta este punto. Poco a poco nos hemos ido deslizando por la pendiente y desde una posición perfectamente profesional hemos llegado al doble orgasmo de mi colaboradora.
―¡que hermosa te ves!... ¡Eres una verdadera tentación!...¡Qué difícil me lo pones!― dije resignado
―¡Vamos jefe…no seas así!...¡que te lo impide…nadie tiene porqué saber nada!...solo tú y yo…lo deseo… quiero que sea tan importante para ti como ha sido para mi
―No puedo…no puedo ― respondo algo apesadumbrado por no poder complacerla
Anna eleva la cadera, pone los pulgares bajo la tela de su pantalón y lo arrastra hacia abajo hasta llevarlo a la mitad de sus muslos. Me muestra su pubis desnudo, donde aflora su vulva rasurada. Tal como había intuido, su vulva está formada por dos labios ligeramente hinchados y apretados entre sí. Excitado, le ayudo a llevar el pantalón hacia los pies y que quede totalmente desnuda ante mi como si fuera un delicioso postre.
Me siento igual que el niño se planta ante su tarta de cumpleaños, con el deseo irrefrenable de acercar el dedo y recoger un poco de nata. Una voz interior me frena y me dice que “eso no se toca”, hay que saber esperar.
Anna separa las piernas y pone la derecha sobre mis muslos y la otra entendida sobre la cama. Su vulva aparece espléndida ante mi, está a mi alcance y me la está ofreciendo.
―Uhmm, ¡que bonito!...¡delicioso!― exclamo complacido
―Es todo tuyo…tómalo… te pertenece― dice
―Me gusta mucho…¿puedo pedirte algo?
―Si. Lo que quieras…pídeme lo que te apetezca― responde
―¡Tócate!... tócate como si estuvieses sola…quiero ver como lo haces… quiero ver lo que te da placer y así aprender de ti― le dije acariciando su pierna desde la pantorrilla hasta medio muslo.
Anna entiende que estoy en medio de un mar de dudas y en ese momento toma la iniciativa. Cierra los ojos para abstraerse de mi presencia y empieza a tocarse como si estuviese en la intimidad. Me regala un hermoso espectáculo que va desde la expresión de su cara hasta el la danza de sus dedos sobre su sexo, pasando por el movimiento de sus caderas y su vientre a medida que su excitacion va creciendo.
―¿te gusta así? ― me pregunta deteniendo sus caricias por un instante y separando sus labios para mostrarme su interior rosado y brillante.
―Me gusta mucho…no puedes imaginar cuanto― le respondo mientras me conformo con pasar la mano sobre la suave piel de sus pantorrillas, su rodilla y el muslo― ver cómo lo haces es muy excitante… me ayuda a conocerte como ninguna otra cosa en el mundo.
Han pasado unos minutos y Anna ha superado su pudor inicial. Ha comprendido que yo disfruto mucho viendo como ella se toca, oir como gime y sintiendo como su cuerpo reacciona a los estímulos. Al movimiento acelerado de sus dedos sobre la parte superior de su vulva, unas veces describiendo círculos y otras oscilando de un lado a otro, vienen otros instantes de pausa. Me enseña lo que esconden sus labios, su vulva rosada… la capucha que envuelve su clítoris, y todo ello barnizado con sus propios jugos.
Tímidamente, acerco mi mano hasta alcanzar la ingle, quiero estar cerca…muy cerca. Anna ha visto mi movimiento y me anima a continuar. Coge mi mano y la lleva hasta colocarla sobre su sexo, caliente, húmedo…que palpita a punto de explotar. Toma mi brazo por la muñeca y me acompaña para que mi mano pasee entre sus piernas. El dedo medio se separa del resto y se cuela lentamente entre sus labios y profundiza en su mojada vulva.
―Uhmm… esto es gloria bendita ― exclamo extasiado después de chupar el dedo que he sacado lleno de flujo.
―¿si? ¿te gusta?― me pregunta arqueando la espalda como si estuviese a punto de llegar al orgasmo
―¡Es el alimento de los dioses! ¡delicioso!
―¡Ohhhh…come todo lo que quieras… es todo para ti!
Inclino el cuerpo hacia ella, acerco la cabeza hasta la entrepierna, abro la boca y saco la lengua. Lamo desde el perineo hasta el monte de venus…con gula…con parsimonia…intentando que la sensación que me invade dure infinito.
―¡Ohhhh! ― gime al sentir como mi lengua pasa, primero por encima de sus labios y luego se cuela entre ellos hasta alcanzar su dura perlita.
Le doy varios lengüetazos. Me gusta sentirlo bien erecto y duro, es la prueba de que Anna está al borde de un nuevo orgasmo. Pongo la palma de la mano sobre su bajo vientre, con el pulgar cerca de su rajita presiono un poco y tiro de su piel hacia arriba. Con los dedos de la otra mano separo los labios para así dejar su clítoris bien expuesto. Se convierte en la guinda de mi pastel. Lo chupo, lo lamo…a veces succiono y siempre le paso la lengua mojada con mi saliva y sus propios jugos,¡que rico está este coñito!
Anna pone sus manos sobre mi cabeza y la aprieta contra su pubis. Mueve las caderas para restregar su coño con mi boca, con mi barbilla y la punta de la nariz… todo vale ahora que su orgasmo está tan cercano. Tengo que retirarme para coger un poco de aire, aprovecho para introducir dos dedos. Al meterlos entran rectos, al salir los doblo hacia arriba para que tropiecen contra la parte interior de su clítoris, es como antes he visto que Anna lo hacía.
Meto y saco, aprieto su perlita desde dentro, meto y saco…sus gemidos se hacen intensos, arquea la espalda, se aprieta los pechos, voltea la cara a un lado y a otro. Yo la contemplo complacido…le voy a dar otro orgasmo…uno con el que se acordará de este viaje.
Después de su clímax, Anna cierra los ojos para tratar de recuperar el aliento con un poco de tranquilidad. Yo me tumbo a su lado, nos acoplamos haciendo la cucharilla y descansamos un poco. Está exhausta…necesita un respiro. La abrazo desde atrás, aparto su pelo y le beso el cuello con mimo. Anna se ha dormido.
Deverano.
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