Harry Potter y la magia de agrandamiento de Pene
Harry siempre se sintió pequeño junto a Hermione, pero esa noche la inseguridad se transformó en un conjuro prohibido. Cuando la magia comienza a responder a sus deseos más oscuros, la línea entre la práctica académica y el placer prohibido se desdibuja, y Hermione decide que él necesita una tutora particular.
Parte 1
La chimenea chisporroteaba suavemente en la sala común de Gryffindor. A esa hora, ya no quedaba nadie más allí. Solo Hermione, sentada en un sillón con las piernas cruzadas, hojeando un libro de magia avanzada, y Harry, tumbado en el sofá de enfrente, con una mirada que alternaba entre las llamas y las curvas de su amiga.
—¿Sabías que hay encantamientos capaces de intensificar el placer físico? —dijo Hermione, sin apartar la vista del libro.
Harry alzó una ceja, incorporándose.
—¿En serio? ¿Eso está en los libros de pociones?
—No, en los de arte ritual. —Cerró el libro con un golpe seco y lo dejó sobre su regazo—. Aunque no sé si te interesan esas cosas…
—Depende —dijo él, sonriendo—. ¿Tú los has probado?
Hermione rió con picardía y se inclinó hacia adelante, con los codos sobre las rodillas. El escote de su túnica se abrió ligeramente, dejando ver el encaje negro de su sujetador.
—Digamos que… Viktor me enseñó algunas cosas cuando salimos. Era muy creativo. —Lo miró a los ojos, provocadora—. Y estaba muy bien dotado.
Harry tragó saliva. La imagen de Hermione y Viktor juntos, desnudos, se le clavó como una punzada en el bajo vientre.
—¿En serio? —intentó sonar casual, pero su tono lo traicionó.
Hermione asintió lentamente, disfrutando del efecto que causaba.
—Tenía un cuerpo de atleta. Pero lo más impresionante era… bueno, su miembro. Era enorme. Y sabía usarlo. Me hacía temblar solo con las embestidas. Una vez, usó un encantamiento búlgaro que hacía que su lengua vibrara… lo sentí durante horas.
Harry desvió la mirada, visiblemente incómodo. Un nudo de inseguridad le apretó el estómago. No era la primera vez que se preguntaba si estaba a la altura… pero escuchar a Hermione hablar así, tan sensual y satisfecha, lo hizo sentirse pequeño. Literalmente.
—Debe de estar bien eso —dijo con una sonrisa forzada.
Hermione se levantó y caminó lentamente hacia él. Se inclinó, con el rostro muy cerca del suyo, sus rizos rozando su mejilla.
—¿Por qué esa cara, Potter? ¿Estás celoso?
Él la miró, sonrojado. Ella se irguió con una sonrisa ladeada y se alejó hacia su habitación.
Harry se quedó solo, mordiéndose el labio. Su mente ardía con imágenes que no podía borrar. Y una idea, oscura pero tentadora, empezó a tomar forma.
Necesitaba un conjuro. Uno que lo hiciera… más grande. Y sabía justo dónde buscarlo.
Parte 2: “Consultas Inesperadas”
Harry se levantó temprano al día siguiente, con la cabeza aún llena de imágenes y la decisión firme de buscar una solución mágica para su complejo. En el pasillo de la residencia, se encontró con Ron, que llegaba con una pila de pergaminos bajo el brazo.
—¿Qué pasa, Harry? —preguntó Ron con curiosidad al ver su expresión nerviosa.
—Necesito… un favor —dijo Harry, bajando la voz—. Quiero encontrar un conjuro para… ya sabes, hacerme un poco más grande.
Ron parpadeó, incrédulo.
—¿Qué? ¿Estás bromeando? —se rió, echándose la cabeza hacia atrás—. ¿Y para qué, para ganar en quidditch o qué?
Harry negó con la cabeza, sonrojado.
—No, no es una broma. Es… personal.
Ron lo miró un momento, luego bajó la voz.
—Vale, no te voy a juzgar. Pero esto suena a que necesitas hablar con alguien más… especializado.
Harry frunció el ceño.
—¿A quién? ¿Luna?
Ron asintió.
—Sí, ella siempre tiene ideas raras y sabe de esos temas extraños.
Resignado, Harry fue a buscar a Luna en la sala común de Ravenclaw. La encontró sentada en un sillón, acariciando a su gato y mirando fijamente una pequeña bola de cristal que parecía emitir un tenue brillo.
—Hola, Luna —saludó Harry—. Necesito tu ayuda con algo… un poco embarazoso.
Luna sonrió, sin levantar la mirada.
—Claro, Harry. ¿De qué se trata?
Harry dudó, pero finalmente explicó su situación, usando palabras vagamente técnicas para no sentirse tan expuesto.
Luna lo escuchó atentamente, sin mostrar sorpresa.
—Conozco un par de hechizos para modificar el cuerpo —dijo con calma—. Pero son muy poco usados y un poco… impredecibles.
Harry tragó saliva.
—¿Podrías enseñármelos? Solo quiero probar.
Luna se puso de pie y le tendió la mano.
—Ven conmigo.
Lo llevó a una habitación oculta llena de libros raros y polvorientos. Sacó un tomo grueso, titulado “Transformaciones Corporales: Magia y Precauciones”.
—Aquí está —dijo—. Pero cuidado, no es un juego.
Harry pasó las páginas hasta encontrar el conjuro que prometía aumentar atributos físicos.
—¿Y esto funciona de verdad? —preguntó con voz baja.
Luna sonrió, un poco traviesa.
—Solo una forma de saberlo. ¿Quieres probar?
Harry asintió con nerviosismo.
Luna sacó su varita y le hizo un leve gesto a un maniquí de entrenamiento, que empezó a cambiar de forma, agrandándose un poco en ciertas partes.
Harry rió nervioso.
—Bueno, si es así de fácil, debería hacerlo en mí.
Luna se rió suavemente y le lanzó una mirada burlona.
—Deberías tener cuidado, Harry. No es la varita la que decide, sino el mago.
Harry se quedó pensando en eso, sintiéndose un poco humillado, pero también intrigado.
—Gracias, Luna —dijo, un poco sonrojado.
—De nada. Y no te preocupes, todos tenemos inseguridades. Incluso los magos más poderosos.
Harry sonrió débilmente y salió de la habitación, decidido a intentarlo, aunque con una mezcla de miedo y esperanza.
Parte 3: “Primeros Resultados”
Aquella noche, Harry se encerró en su habitación, con el libro de Luna abierto sobre la mesa y la varita en mano. Su corazón latía con fuerza, mezcla de nervios y esperanza.
—Vamos a ver si esto funciona —murmuró, leyendo el hechizo en voz baja.
Concentró la energía mágica y pronunció el encantamiento cuidadosamente, haciendo un gesto preciso con la varita. Una chispa dorada recorrió su cuerpo, centrándose en la zona que más deseaba modificar.
Durante unos segundos no notó nada. Luego, un cosquilleo cálido comenzó a expandirse, seguido de una sensación extraña, como un estiramiento interno.
Se miró rápidamente al espejo y, para su sorpresa y desconcierto, vio que había un cambio… pero no exactamente como esperaba. Su miembro parecía haber crecido, sí, pero también estaba un poco hinchado, y una vena destacaba exageradamente, dándole un aspecto algo grotesco y cómico.
Harry suspiró y no pudo evitar reírse de sí mismo.
—Bueno, no es exactamente lo que imaginaba.
Mientras tanto, de repente, un pequeño chasquido salió de la varita, y Harry sintió un ligero cosquilleo en los dedos de los pies. Miró hacia abajo y vio que sus calcetines comenzaron a brillar suavemente.
—¿Qué demonios? —se preguntó, nervioso.
El brillo se intensificó y, sin previo aviso, sus calcetines explotaron en una nube de confeti mágico y pequeños destellos de luz.
Harry se frotó los ojos, medio avergonzado y medio divertido.
—Vale, necesito practicar un poco más.
Entonces, sonó un golpe en la puerta.
—¿Harry? ¿Todo bien? —era la voz de Hermione.
—Sí, sí —respondió rápidamente, intentando recomponerse—. Solo… estudiando un hechizo nuevo.
Hermione entró, sonriendo traviesa.
—¿Quieres que te ayude con la práctica?
Harry sintió cómo la tensión y la excitación aumentaban.
—Me encantaría —dijo, sonrojado.
Hermione se acercó y le susurró al oído:
—Prometo que te enseñaré a controlar la magia… y otras cosas.
Parte 4: “Prácticas Íntimas”
Hermione cerró la puerta tras ella, dejando que la luz tenue de la habitación envolviera la atmósfera en un cálido resplandor. Harry seguía de pie frente al espejo, todavía algo avergonzado por los efectos del conjuro, pero también deseando más.
Ella se acercó despacio, sus dedos rozando suavemente el brazo de Harry, transmitiéndole una calma que no esperaba.
—No te preocupes por los primeros intentos —susurró Hermione—. La magia, como todo, necesita práctica. Y yo puedo ayudarte.
Harry la miró con una mezcla de admiración y deseo. El roce de su mano era como un hechizo en sí mismo, despertando un fuego contenido dentro de él.
Hermione deslizó una mano por su pecho, bajando lentamente hasta su cintura, rozando con la punta de los dedos la varita que aún sujetaba.
—¿Quieres que te enseñe a canalizar mejor la energía mágica? —preguntó con voz suave.
Harry asintió, incapaz de apartar la vista de sus labios.
Ella tomó la varita con delicadeza, y comenzó a trazar círculos lentos sobre su piel, justo donde el conjuro había tenido efecto. Un cosquilleo intenso se extendió, y Harry sintió como si su cuerpo vibrara al ritmo de una melodía secreta.
Hermione apoyó la frente contra la suya, y susurró un encantamiento que amplificó la sensibilidad de la piel de Harry. Su cuerpo reaccionó inmediatamente, cada roce se transformaba en un placer punzante y delicioso.
—Ahora, vamos a intentarlo juntos —dijo ella, sonriendo con complicidad.
Con las manos entrelazadas, concentraron su magia, fusionando su energía para intensificar el efecto del hechizo. Harry sintió como un calor profundo subía desde el centro de su ser, expandiéndose por todo su cuerpo, especialmente en la zona que más deseaba aumentar.
Hermione deslizó sus manos por su torso, bajando lentamente hasta su entrepierna. Harry jadeó suavemente, el placer era nuevo, electrizante, y al mismo tiempo, delicado.
Ella comenzó a susurrar palabras mágicas, cada sílaba como un caricia que aumentaba el placer y la sensibilidad. Harry se dejó llevar, olvidando sus inseguridades, sumergiéndose en la sensación de poder y excitación que la magia y la cercanía de Hermione le regalaban.
La túnica de Hermione se deslizó lentamente, dejando ver la piel iluminada por la luz de la luna que entraba por la ventana. Harry, con la varita en mano, seguía cada gesto, cada movimiento, aprendiendo a controlar la magia con el cuerpo y con el deseo.
Cuando sus labios finalmente se encontraron, la mezcla de magia y pasión los envolvió, creando un vínculo único, una danza donde la magia no solo transformaba cuerpos, sino que encendía almas.
Parte 5: “El Encantamiento Perfecto”
Hermione lo había besado con una dulzura inesperada, pero bajo esa suavidad latía un deseo poderoso. Ambos se encontraban ahora sentados al borde de la cama de Harry, sus túnicas medio abiertas, las respiraciones aceleradas. La tensión mágica y sexual llenaba el aire.
—¿Entonces…? —preguntó Hermione con una mirada ladeada, provocadora—. ¿Te vas a atrever a enseñármelo?
Harry tragó saliva. El hechizo aún no había funcionado del todo bien y, aunque sentía la excitación recorriéndole el cuerpo, la vergüenza lo frenaba.
—No es tan impresionante todavía… —dijo en voz baja.
Hermione arqueó una ceja, y sin darle tiempo a reaccionar, deslizó su mano con firmeza hasta su cintura, deshaciendo el nudo de su pantalón con facilidad.
—Veamos si es tan grave como dices…
Cuando bajó la tela y el miembro de Harry quedó al descubierto, su reacción fue instantánea: una pequeña risa escapó de sus labios.
—Oh… vaya —dijo, entre divertida y sorprendida—. Bueno, al menos ahora entiendo por qué estabas tan preocupado.
Harry se puso rojo como una gragea picante. Su pene, aún flácido y visiblemente pequeño, no hacía justicia a su fama de héroe. Hermione tapó su boca para contener la risa.
—Perdón… no debería reírme, es solo que no me lo esperaba. Eres tan… seguro de ti en todo lo demás.
Harry se apartó, humillado. Sus manos fueron a buscar la varita. Tenía que hacerlo. Ahora o nunca.
—Dame un segundo —dijo con voz tensa.
Hermione, aún sonriendo, se acomodó sobre la cama, cruzando las piernas, observando con interés como quien espera ver un experimento fallar o explotar.
Harry respiró hondo, cerró los ojos, y murmuró de nuevo el conjuro. Esta vez no con miedo, sino con deseo. Deseo de poder, de dominio, de demostrarle a Hermione que podía despertar en ella algo más que una risa.
Una chispa roja brotó de su varita y se concentró entre sus piernas. El aire vibró durante un segundo. Luego, la transformación comenzó.
Primero, un calor intenso. Luego, una presión interna, como si su carne estuviera siendo estirada, moldeada… y al fin, una liberación.
Cuando volvió a abrir los ojos y se miró hacia abajo, sintió un escalofrío de orgullo. Su pene no solo era más grande. Era enorme, recto como una vara de roble, grueso, con venas sutiles recorriéndolo y un tono firme y vibrante. Perfecto.
Hermione se incorporó de golpe. Sus labios entreabiertos, sus mejillas enrojecidas, y los ojos fijos en la erección mágica que ahora tenía frente a ella.
—Merlín… —susurró—. Harry…
—¿Ahora sí te parezco impresionante? —preguntó él, con una sonrisa cargada de confianza.
Hermione no respondió con palabras. Se deslizó de la cama y se arrodilló frente a él, sin apartar la vista. Sus manos temblaban al tocarlo, sus dedos apenas lo envolvían.
—Es… increíble. ¿Cómo lo has hecho?
Harry soltó un jadeo cuando su lengua comenzó a acariciar la base de su nuevo miembro, lenta y deliciosamente.
—Solo necesitaba… una buena motivación.
Hermione lo miró desde abajo, sus labios rodeando la punta con una devoción que rozaba lo religioso.
—Quiero probarlo todo —murmuró—. Cada centímetro. Y que me enseñes cómo se usa esa magia nueva…
Y Harry, sonriendo, supo que esa noche no habría más complejos, ni vergüenza, solo placer. Y magia. Mucha magia.
Parte 6: “Iniciación Arcana”
Harryobservaba a Hermionearrodillada frente a él, sus ojos grandes, brillando con una mezcla de deseo y asombro. La transformación había sido un éxito. Donde antes había inseguridad, ahora había una vara poderosa, gruesa, firme, completamente erguida por la magia… y la lujuria contenida.
Hermioneno apartó la mirada. Con un dedo, acarició la longitud de aquel miembro renovado, casi con reverencia. El calor que desprendía parecía pulsar con vida propia.
—Es… magnífico —susurró—. Se siente como… si estuviera vivo.
—Lo está —murmuró Ha, con una voz más grave que la suya habitual—. La magia lo mantiene lleno de energía… de ti también.
Hermionesacó la lengua y trazó una línea húmeda desde la base hasta la punta, dejando un reguero brillante de saliva. Harrygimió bajo, su mano temblando ligeramente al acariciar su cabello.
La bruja abrió los labios y lo recibió lentamente. Primero solo la punta, saboreando el hechizo, explorando el nuevo tamaño con su boca. Era demasiado para tragar de una vez, pero eso solo la motivó más. Abrió bien la boca y dejó que el glande resbalara contra su lengua, acomodándose, mientras sus manos recorrían el resto del tronco como si fuera una reliquia sagrada.
Harrylanzó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. La boca de Hermioneera suave, húmeda y cálida, pero lo que realmente lo enloquecía era la forma en que ella lo miraba: como si lo adorara.
—Maldita sea… —jadeó—. Eso se siente… más que humano.
Hermionese apartó un momento, con un hilo de saliva conectando sus labios al glande.
—Lo es —dijo con picardía—. Estás transformado… por dentro también. No solo es tamaño… es potencia, resistencia… y una sensibilidad mágica que… necesito explorar.
Volvió a lamerlo, ahora más rápido, mientras sus dedos jugueteaban con su base, masajeando con habilidad. Sus movimientos eran precisos, pero hambrientos, como si llevara horas esperándolo.
Cuando Harryestuvo a punto de perder el control, la detuvo suavemente, tirando de ella hacia arriba. Hermionesubió sobre él, y sus túnicas cayeron al suelo con un movimiento fluido de varita. Estaba completamente desnuda, su piel brillando con un leve hechizo de calor, sus pezones duros, su humedad visible entre sus muslos.
—Quiero sentirlo dentro —susurró, montándose sobre él despacio.
Harryla sostuvo por las caderas mientras ella descendía lentamente, abriéndose para él, acomodándose centímetro a centímetro. Gritó suavemente al sentir cómo la llenaba como nunca antes.
—Encaja… tan profundo —jadeó—. Como si estuviera hecho para mí.
Los dos se miraron, y el vínculo mágico entre sus cuerpos comenzó a brillar, líneas doradas conectándolos por el vientre, el pecho, la boca. Cada embestida generaba un pulso de luz que se expandía por la habitación como un aura compartida.
Harrytomó el control, tumbándola con suavidad y comenzando a moverse en un ritmo lento pero contundente, haciéndola gritar y gemir con cada empuje. Hermioneclavó las uñas en su espalda, murmurando su nombre una y otra vez como un hechizo.
—No pares… no pares… —susurraba—. Me estás llenando hasta el alma.
La penetración mágica era distinta a todo. Cada embestida liberaba ondas de placer que se multiplicaban dentro de ellos, rebotando en cada rincón sensible de sus cuerpos. El clímax era un destino inevitable, pero Harryresistía, guiado por su nueva energía y el deseo de llevarla más allá.
Hermionecomenzó a convulsionar, su cuerpo arqueado, las piernas temblando.
—¡Me corro… Ha, me estoy…!
Y entonces llegó la explosión. Un orgasmo mágico, brillante, que hizo levitar libros, estremecer los cristales y apagar temporalmente las velas. Hermionegritó mientras el placer la atravesaba como un rayo. Y Ha, sintiéndola vibrar alrededor de él, se dejó llevar también, liberando una corriente caliente y poderosa en su interior.
Quedaron abrazados, desnudos y sudorosos, rodeados por un campo de magia pura que chisporroteaba a su alrededor.
—Ese hechizo… es peligroso —susurró He, riendo entre jadeos.
—Tal vez —dijo Ha, besándole el cuello—. Pero contigo, lo vale todo.
Parte 7: “Atrapada en los Baños”
El vapor envolvía los baños del ala este como una niebla espesa y cálida. Hermioneesperaba contra la pared de mármol, con la camisa ligeramente desabrochada y los muslos apretados, la respiración ya alterada por la simple anticipación. Desde que Harryhabía despertado su nuevo “encantamiento”, no podía pensar en otra cosa.
Y entonces, lo vio entrar.
Harrycruzó la puerta como si el castillo entero le perteneciera. Camisa abierta, la varita en una mano, y una sonrisa peligrosa en los labios. Sus ojos se encontraron con los de ella, y sin decir palabra, se acercó hasta dejarla atrapada contra la pared.
—No podías esperar, ¿eh? —susurró, su aliento caliente sobre su oreja.
Hermionese mordió el labio.
—No. Quiero más. Necesito más.
Harryalzó la varita, deslizó su dedo por el canal mágico y murmuró:
—Maximammaria.
Un brillo azul chispeó entre sus pechos. En segundos, el tejido de su camisa comenzó a tensarse. Hermionejadeó al sentir sus pechos hincharse, crecer, volverse más redondos, más pesados. Un botón saltó. Luego otro. Y otro. Finalmente, la camisa quedó abierta, revelando sus enormes senos apenas sostenidos por la corbata, que se deslizó entre ellos como una línea roja perfecta.
—Míralas —ordenó Ha—. Están hechas para esto.
Se arrodilló sin más, sacando su erección imponente. Sin decir nada, colocó su miembro entre los pechos de Hermioney los juntó con fuerza, haciendo que lo rodearan. El calor de su piel, la suavidad, el tamaño nuevo... lo enloquecían.
—Mueve. Deslízalos para mí.
Hermioneobedeció de inmediato, presionando y empujando sus pechos con ritmo, haciendo que el falo de Harryse deslizara entre ellos, mojado ya por las gotas de saliva que ella le lanzó juguetona desde arriba.
Harry gemía. Fuerte. Sin control.
—Maldita sea… eso es perfecto. Eres perfecta así.
Tomó su varita y murmuró otro encantamiento. Las ropas de Hermionese desvanecieron en un suspiro de magia cálida. Ahora estaba completamente desnuda, de rodillas frente a él, las tetas enormes y erguidas, con la corbata aún colgando entre ellas.
—Abre la boca —ordenó él.
Ella lo hizo, y él la empujó hacia adelante. La cabeza del miembro resbaló entre sus labios con facilidad. Hermionelo succionó con hambre, sintiendo su poder, su dureza, su sabor. Mientras lo mamaba, sus manos volvían a apretar los pechos, haciendo que cada embestida fuera una mezcla perfecta entre garganta y carne blanda.
—No pares —gruñó Ha—. Me encanta ver cómo te tragas esto.
Cuando no pudo más, la levantó de un tirón, la colocó contra una de las encimeras de mármol y se posicionó detrás de ella. Deslizó la punta por su entrepierna, ya completamente mojada, y entró sin resistencia.
—¡Ha! —gritó ella—. ¡Dioses…!
Los gemidos se mezclaban con los golpes de su cuerpo contra el mármol. Cada estocada era profunda, medida, poderosa. Harry tomaba sus pechos por debajo mientras la embestía, los levantaba, los lamía, los mordía. Estaba completamente desatado.
—¿Quieres que te llene otra vez? —jadeó él al oído.
—Sí, sí… por favor… ¡hazlo!
-SADOMASTIUM - Y con esas palabras y un giro de varita, de repente la corbata de Hermione empezó a moverse por sí sola, enredándose alrededor del cuello de Hermione comenzando a asfixiarla.
Eso encendió como nunca a Hermione, que empezó a gemir con el poco aire que podía pasar por su dulce cuello apretado.
Y con una última serie de embestidas furiosas, Harry estalló dentro de ella con una descarga caliente y prolongada. Hermionegimió mientras el orgasmo la sacudía, temblando, su cuerpo saciado y aún vibrando por el hechizo.
Ambos quedaron jadeando, piel contra piel, los ecos de su encuentro resonando entre las paredes húmedas de los baños.
—La próxima vez —murmuró Harry con una sonrisa— te quiero en la biblioteca. Encima de los libros.
Hermionerio, agotada y aún excitada.
—Donde quieras… pero usa más hechizos.
Parte 8: “Diosa de Pasillos”
Esa mañana, el castillo entero pareció detenerse cuando Hermioneapareció en el pasillo central que llevaba a la clase de Pociones. Sus tacones mágicos resonaban sobre la piedra con un eco hipnótico. Con un movimiento casual de varita, había acortado su falda reglamentaria hasta convertirla en una minifalda apenas legal: negra, ajustada, rozando la curva perfecta de sus muslos. Cada paso dejaba ver un poco más.
Su camisa, antes holgada, ahora se ceñía a su cuerpo como una segunda piel. Los botones crujían bajo la presión de sus pechos exageradamente grandes, aún agrandados por el hechizo de la noche anterior. Dos tallas menos hacían que el escote emergiera con escandalosa claridad. Y para rematar, la corbata del uniforme colgaba exactamente entre ellos, moviéndose suavemente con cada paso.
Los estudiantes que la veían pasar no podían evitar girarse. Chicos y chicas. Algunos disimulaban mal. Otros directamente se quedaban embobados. Ella, consciente de cada mirada, sonreía con picardía, como una diosa descendiendo entre mortales.
Pero en su mente solo estaba Ha.
Cuando entró en clase de Pociones, todos ya estaban sentados. Caminó entre los pupitres lentamente, exagerando cada movimiento de cadera. Su falda se levantaba apenas lo justo con cada paso, dejando intuir la lencería negra que se había puesto solo para él. Se inclinó para sacar su libro, sabiendo perfectamente quién la miraba desde atrás.
—Buenos días, Harry —dijo con voz melosa, sin volverse.
Harry apretó los dientes. La erección era inmediata, dura, como si su cuerpo recordara cada centímetro de la noche anterior. La forma en que ella lo ignoraba deliberadamente, mientras hacía arder el aula con su presencia, lo volvía loco.
Durante la clase, Hermionejugó con la tensión como una experta. Se estiraba de más, soltaba la corbata para que cayera entre sus pechos, fingía sorpresa al “accidentalmente” dejar ver un tirante del sujetador. Uno de los frascos cayó al suelo y se agachó sin doblar las rodillas, consciente del efecto devastador en la fila trasera.
Pero también llamó la atención del pobre virgen de Neville, que estaba ya duro como una roca bajo el pupitre.
-Cuidado donde miras Neville, podría ser demasiado para ti. - Dijo Hermione con una cara de picardía absoluta.
-Bublbuknef- Balbuceó Neville sin que se le entendiera nada.
-A ver si puedo destrabarte la lengua… EYACULUS - Lanzó el hechizo al pobre Neville, que al momento, noto como un placer absoluto recorría su cuerpo de arriba abajo, y notaba como empezaba a eyacular sin control, manchando todo su pantalón y túnica.
-LONGBOTTOM - gritó Snape. - Que coño estás haciendo maldito cerdo, al despacho de McGonnagall, inmediatamente.
-Pero pero… - Neville se levantó rechistando, dejando ver la asquerosa mancha.
-Dios que asco Neville- dijo su compañera de pupitre.
-¡Pero no ha sido mi culpa! Oh no… - Y conforme terminaba la frase, Neville empezó a eyacular de nuevo, intentó controlar su diminuto rabo, pero acabó apuntando a su compañera, llenándola entera de semen.
Cuando terminó la clase, se acercó a Harry con una sonrisa descarada.
—¿Te ha gustado mi pequeño… experimento de atención? —susurró, pegándose a su oído, el pecho rozando su brazo.
Harry tragó saliva, conteniéndose.
—Eres peligrosa.
Hermionerio, ronca.
—Y tú aún no me has probado del todo.
Con una última mirada ardiente, se alejó, su falda subiendo aún más al doblar la esquina. Harry se quedó en su sitio, respirando hondo, los nudillos blancos de apretar la varita.
Sabía que esa noche, ella sería suya. Pero esta vez, iba a marcar territorio.
Parte 9: “Doble Tentación”
La Biblioteca Antigua, oculta en la torre norte del castillo, era un santuario del saber… y del silencio. Allí, entre estanterías polvorientas y libros encantados que susurraban a quienes pasaban, Harry hojeaba un tomo de alquimia avanzada sin demasiada atención. Su mente, inevitablemente, se desviaba hacia He.
Como si hubiera sentido su pensamiento, apareció.
—¿Estudias? —preguntó con voz baja y sedosa, apoyándose en la mesa con una sonrisa.
—Intentaba —respondió él, dejándose atrapar por su presencia—. Pero ahora ya no tiene sentido fingir.
Ella se sentó a su lado, tan cerca que el roce de sus muslos envió una descarga por su espalda. Su camisa ceñida, su falda corta y su perfume envolvente convertían cada movimiento suyo en una provocación velada.
—Quería probar algo —dijo, y sacó su varita de entre los libros.
—¿Aquí? —preguntó Ha, alzando una ceja.
—Silencio encantado, privacidad mágica —susurró ella, ya trazando símbolos en el aire—. Nadie nos oirá. Ni verá.
Con un brillo plateado, el hechizo tomó forma. Un segundo cuerpo emergió de la nada, modelándose a partir de su figura como una escultura viviente. En segundos, frente a él, había dos He: perfectas, idénticas, igual de provocadoras. Una magia avanzada, sensual y arriesgada.
Harry se quedó boquiabierto.
—Esto… ¿es real?
—Tan real como mis deseos —dijeron ambas al unísono, acercándose.
Una de ellas se arrodilló frente a él y le desabrochó los pantalones con movimientos suaves y decididos. La otra lo besó, lento, profundo, mientras sus dedos se entrelazaban en su nuca. El calor aumentó. Harry jadeó, sintiendo que la realidad se derretía en placer.
Las manos, las lenguas, los cuerpos sincronizados. Era como una coreografía perfecta entre dos versiones de un mismo deseo. La Hermionearrodillada lo acariciaba con la lengua, lenta, mientras la otra susurraba palabras hechizadas al oído, que intensificaban su sensibilidad. Su respiración se aceleró.
Luego, como por arte de magia, intercambiaron posiciones. Una se sentó a horcajadas sobre él, frotándose sensualmente contra su erección, mientras la otra lo acariciaba, susurrándole fantasías al oído. Cada roce, cada movimiento, era amplificado por un pequeño hechizo susurrado entre besos.
Harry sintió que perdía el control. El placer era demasiado, una mezcla de carne, magia y deseo multiplicado. Con un grito ahogado, se dejó llevar, sacudido por un orgasmo tan intenso que sus piernas temblaron.
Las dos Hermionelo rodearon entonces con sus brazos, una a cada lado. Una acariciaba su pecho; la otra, su mandíbula.
—¿Demasiado para ti? —bromeó una.
—¿O quieres intentarlo otra vez… con la versión extendida del hechizo? —susurró la otra, mientras su dedo trazaba círculos sobre su abdomen.
Harry solo pudo reír, agotado y fascinado.
—Esto es lo mejor que me ha pasado en una biblioteca —dijo, jadeando.
La Hermioneoriginal chasqueó los dedos, y la copia desapareció en una niebla dorada.
—Esto… solo acaba de empezar.
Parte 10: “Travesuras en Tinta y Magia”
La biblioteca prohibida estaba en calma. Solo el chisporroteo de las velas flotantes y el suave murmullo de páginas pasando rompían el silencio. Allí, entre grimorios olvidados y tomos polvorientos, Hermioney Harry habían encontrado un rincón apartado, protegido por un encantamiento de privacidad.
Hermionesostenía su varita con una sonrisa traviesa y los ojos encendidos de picardía.
—¿Te gustó lo de la última vez? —preguntó, acercándose como si flotara.
—Fue... inolvidable —respondió Ha, sin poder apartar la vista de ella.
—Entonces —susurró—, prepara tu imaginación.
Con un movimiento grácil de varita y un encantamiento susurrado entre labios, una niebla dorada volvió a tomar forma… y luego otra. Ahora, tres Hermioneidénticas rodeaban a Ha, como reflejos deseosos de un mismo deseo. No había confusión: cada gesto estaba lleno de intención y juego.
Una de ellas se arrodilló junto a él, otra le acarició el rostro y la tercera... se acercó a sí misma. Sus miradas se encontraron, y una sonrisa cargada de travesura encendió el aire. Se tocaron las manos, como un espejo que se acaricia, y luego los labios, como si la magia les hubiera dado permiso para explorarse sin tabúes. La tensión creció, magnética, deliciosa.
Harry observaba sin aliento, incapaz de decidir si estaba soñando o hechizado.
—¿Quieres algo placentero… y divertido? —preguntó He, volviendo a su lado con los ojos brillantes de magia.
Él asintió.
Ella rio, traviesa, y susurró: —"Ludicra Voluptas."
De su varita brotó una chispa azul que no dolió, pero sí provocó un estremecimiento inmediato. Una oleada de placer le recorrió el cuerpo desde la base de la espalda, desatando carcajadas mezcladas con jadeos. No era solo erótico, era divertidamente intenso, como si le hubieran hecho cosquillas al alma.
Cuando la sensación pasó, Hermioneya tenía otra varita—la de uno de sus clones—deslizando el extremo suavemente por su muslo. No era invasivo, pero sí inquietante: el hechizo que conjuró provocó un suave zumbido encantado. Vibraciones mágicas, rítmicas, que podían controlarse con simples palabras. Su otro yo cerró los ojos, sonrió y murmuró un “ahhh” ahogado de sorpresa y disfrute.
La sincronía era perfecta. Un baile de magia y deseo, donde cada caricia era un conjuro, y cada hechizo un poema sensorial.
—Esto... —jadeó Ha— es arte.
Hermionese sentó a horcajadas sobre él, y con la respiración acelerada, susurró un último hechizo al oído:
—"Recursus Vigor."
Una oleada cálida lo invadió. No era solo deseo, era vitalidad pura. Como si una segunda energía despertara en él, lista para otra ronda de locura encantada.
Los tres cuerpos de Hermionerodeaban el suyo. Él no sabía cuál era el original y ya no importaba. Solo sabía que estaba entre fuegos artificiales sensuales, donde la magia no solo se lanzaba con varitas, sino también con miradas, suspiros y risas compartidas.
Parte 11: “La Sala de los Deseos”
Esa noche, el castillo dormía.
Los cuadros roncaban plácidamente y los pasillos oscuros parecían más vastos que nunca. Pero Harry y Hermioneno estaban dormidos. Habían escapado de la rutina, caminando a escondidas hasta que llegaron a una pared vacía del séptimo piso. Harry pasó frente a ella tres veces, pensando intensamente:
Necesitamos un lugar privado, un laboratorio sensual, un refugio para explorar la magia del placer.
Y, como si la piedra respirara, la puerta apareció.
Lo que encontraron al cruzarla no era una simple sala: era un santuario. Candelabros flotaban en el aire, derramando una luz dorada y tenue. Cojines mullidos y alfombras orientales cubrían el suelo. En las paredes, estanterías con frascos etiquetados “Éxtasis”, “Euforia Táctil”, “Fantasía Dulce”... y una gran cama con dosel dominaba el centro. Unas cortinas de gasa se mecían sin brisa aparente.
Hermionejadeó al verlo. —La Sala ha superado nuestras expectativas…
—O ha leído nuestras mentes —añadió Ha, sonriendo.
Ella se adelantó, girando sobre sí misma, y su falda ondeó peligrosamente. —Aquí… podemos probar cosas nuevas.
Abrió un baúl con delicadeza reverente. Dentro, había una colección de varitas auxiliares, amuletos encantados, y un libro grueso con grabados dorados: Hechizos Sensuales y Arcanos Olvidados.
Se sentaron juntos, hojeándolo. Rieron con algunos conjuros absurdos (“Acaricius Maxima”) y se sorprendieron con otros más complejos. Pero pronto se pusieron serios. Hermionetomó una varita especial, delgada y color violeta oscuro, y leyó en voz baja:
—“Vibralis duplicata”… provoca sensaciones simultáneas en dos personas conectadas mágicamente…
—¿Quieres probarlo? —preguntó Ha, ya entre curioso y tentado.
Ella se mordió el labio inferior y asintió. Se colocaron frente a frente, rodilla con rodilla, y ella tocó con la varita su propio cuello, luego el de Ha. Una onda de luz azulada los envolvió como una burbuja.
Al instante, Harry sintió una corriente de calor que no venía de su cuerpo… sino del de He. Ella cerró los ojos y se acarició el brazo: él sintió ese roce. Cuando deslizó sus dedos por su muslo, Harry se estremeció. Lo mismo le ocurrió a ella cuando Harry le tomó la mano. Una conexión absoluta, hipnótica.
—Esto es… diferente —susurró él, con la voz temblorosa.
—Lo sé. Sentimos lo mismo, al mismo tiempo —dijo ella, con una mezcla de asombro y deseo.
Jugaron así durante minutos, explorando lentamente los efectos. Un roce de cuello, una caricia de mejilla, un beso en la clavícula: todo se multiplicaba, se compartía, se intensificaba. Rieron, suspiraron, se fundieron en un abrazo donde la magia era tan física como emocional.
Pero Hermioneno había terminado. —Tengo otro hechizo. Se llama Incendia Interiora. Despierta el deseo de forma progresiva… como un calor que se enciende desde dentro.
—¿No estamos ya lo bastante encendidos? —bromeó Ha, pero la miró fascinado.
Ella lo apuntó con la varita y pronunció el conjuro. Una chispa se posó en el centro de su pecho. No ardía… pero sí vibraba. Como un fuego lento y agradable. Harry sintió cómo su respiración se agitaba, su piel se erizaba, su corazón latía más fuerte. El deseo crecía sin prisa, sin control.
Hermionese acercó y le susurró al oído: —Este lugar... lo transforma todo. Aquí la magia responde al deseo.
Entonces, se tendieron sobre la gran cama con dosel. Las cortinas se cerraron solas. Las velas se intensificaron. No hubo prisas. Cada gesto era un hechizo tácito. Cada gemido, una palabra mágica.
Jugaron con las varitas encantadas para masajear puntos sensibles. Usaron un ungüento de “Calor de Estrella” que intensificaba las sensaciones al mínimo roce. Se acariciaron con los ojos cerrados, guiados por la magia más antigua: el tacto, la conexión, la risa compartida.
Al final, exhaustos y abrazados, la Sala respondió a su intimidad con una lluvia de pétalos perfumados y una música suave que surgía de la nada.
Hermionemurmuró contra su cuello: —¿Te imaginas si aprendemos a crear estos hechizos nosotros mismos?
Harry sonrió. —Seríamos los alquimistas del placer.
Y en ese rincón oculto del castillo, donde el deseo era libre y la magia respondía al corazón, comenzaron una nueva forma de estudio... y juego.
Parte 12: “Al Otro Lado del Espejo”
Habían leído sobre él en uno de los tomos polvorientos que la Sala de los Menesteres les proporcionaba generosamente: un antiguo hechizo de intercambio temporal de cuerpos, usado en ritos de empatía ancestral, en los que dos magos compartían no solo pensamientos, sino piel.
—¿Estás segura? —preguntó Ha, con la varita temblando apenas en su mano.
Hermioneasintió, sentada sobre los cojines, el cabello cayéndole como una cortina dorada sobre los hombros. —Quiero sentir cómo es… ser tú. Sentir desde tu cuerpo. Y que tú… sientas el mío. Por dentro. Por fuera. Todo.
El conjuro era complicado, pero ya habían dominado hechizos más rebeldes. Con un círculo de runas dibujado en el suelo y sus varitas tocándose, pronunciaron al unísono:
—Mutua Corporis Permutatio.
Un torbellino de luz giró alrededor de ellos. Un latido doble. Un estremecimiento profundo. Y luego, el silencio.
Harry parpadeó… y lo primero que sintió fue el peso distinto del cuerpo: más ligero, más suave. Bajó la vista y se encontró con las curvas que antes había adorado desde fuera. El tacto de la tela contra la piel era diferente. Todo lo era. —Madre mía… —susurró con voz nueva, la de He.
He, en el cuerpo de Ha, soltó una risa ronca. —Esto es una locura… ¡Mi voz! Tu fuerza… es como tener una tormenta contenida en el pecho.
Se miraron con una mezcla de asombro y deseo. Y luego, con toda la ternura del mundo, se acercaron.
Las manos de Ha, ahora femeninas, recorrieron su nuevo cuerpo con una mezcla de timidez y admiración. El tacto propio se sentía amplificado, como si cada caricia estuviera dibujada por dentro y por fuera a la vez. Cuando sus dedos tocaron sus propios labios, un escalofrío la recorrió. Nunca había entendido con tanta claridad cómo se sentía ser tocada… hasta ahora.
He, en cambio, exploró con más intensidad. Su nueva voz grave se convirtió en jadeos de sorpresa mientras tocaba su nuevo abdomen, su pecho, su entrepierna. No era solo lo físico. Era la sensación de energía, de control, de tensión acumulada.
—¿Sientes lo mismo? —preguntó Ha, acercándose hasta quedar frente a frente, cuerpo con cuerpo, reflejo con reflejo.
—Lo siento todo —respondió He, y con un gesto lento, se tocaron mutuamente.
Lo que siguió no fue una escena carnal, sino una coreografía de descubrimiento. Se acariciaron con reverencia, como si fueran templos recién descubiertos. Los labios se encontraron, sintiendo el beso desde ambos lados. Cada roce era doble. Cada suspiro, compartido.
Con el cuerpo cambiado, cada movimiento adquiría un nuevo matiz. Lo que antes era dar, ahora era recibir. Lo que antes era deseo, ahora era comprensión.
Se tendieron en la cama, explorándose con paciencia. Harryrecorrió su propio pecho con las manos de He, entendiendo por fin lo que sus caricias provocaban. He, al acariciar a Ha, entendía ahora por qué sus suspiros se agitaban tanto. Era un intercambio de placer, de emociones, de verdad.
Y cuando el hechizo se deshizo, horas después, y cada uno regresó a su cuerpo, se quedaron abrazados en silencio, temblando todavía por dentro.
—Ahora entiendo —susurró Ha— lo que nunca habría entendido sin vivirlo.
—Ahora —respondió He, mirándolo a los ojos— sé que tú también sabes lo que es ser tocada… y amada… de verdad.
Y sin más palabras, la magia los envolvió en un abrazo cálido, sabiendo que habían cruzado el umbral de algo más profundo que el placer: la comprensión mutua.
Relatos similares
- Hetero: General
Abrí a dos rubias que llamaron a mi puerta 2
Nunca imaginó que despertar abrazado a una desconocida sería el inicio de una noche que cambiaría su vida para siempre.
Comparte:Bdsm suaveFetichismo corporalPoder y control
- Hetero: General
Sanatorio militar (2)
La abstinencia de dos años ha convertido al capitán en una bomba de deseo insostenible. Cuando la enfermera decide que su deber incluye el placer…
Comparte:Bdsm suaveErotismo romanticoMirones que se involucran
- Grandes Relatos
Viaje a la felicidad.3
Nunca había estado con una mujer, pero ahora soy el centro de la atención de cuatro doctoras y enfermeras.
Comparte:Bdsm suaveMirones que se involucranPoder y control
- Hetero: General
Melocotón sin almíbar.
Le entregó una lista de reglas para prohibir el contacto, creyendo que así se protegía. No imaginaba que Traviesa no venía a cumplir normas, sino a…
Comparte:Bdsm suaveErotismo romanticoPoder y control
- Hetero: General
13 rue del destete (1)
Acaba de llegar, solo tiene cajas y una separación reciente. Pero cuando Valeria aparece en el balcón contiguo, el ruido de la mudanza se silencia…
Comparte:Bdsm suaveErotismo romanticoInocencia perdida
- Hetero: General
Sanatorio militar
Las órdenes del Estado Mayor son claras: cuidar al capitán a toda costa. Pero cuando Luise toma el control del baño, la disciplina militar se…
Comparte:Erotismo romanticoMirones que se involucranPoder y control