La pendiente resbaladiza 3
La oficina se vacía, pero la tensión no. Vero sabe que José la mira con hambre, y ella, movida por una mezcla de vergüenza y deseo prohibido, decide dejar que la vea. El archivo del sótano está vacío, pero el riesgo de ser descubiertos es lo que realmente los excita.
A la mañana siguiente Antonio vio que su mujer seguía en otro mundo, pero ahora no le parecía que fuese de felicidad, la notaba preocupada.
-¿Estas bien amor?
-No estoy bien Antonio, lo de ayer fue una locura.
-¿Que te pasa? A mí me pareció que todos lo disfrutamos mucho.
-Yo no sé que me paso, perdí totalmente la cordura. No me puedo creer las cosas que hice.
-No pasa nada, todos nos lo pasamos bien y ya está.
-Y ya está, no, Antonio. ¿Cómo voy a volver a mirar a la cara a José? No solo le dejé que hiciera lo que quisiera conmigo, es que además fui yo la que acabo pidiéndoselo.
-Él también estaba loco por tu cuerpo, no tienes nada de que avergonzarte.
-Pero Antonio, le pedí que me la metiera hasta el fondo, eso sin contar que dejé que me follara mientras te la comía. ¿Que pensará de nosotros? Seguro que piensa que soy una guarra que le gustan las pollas de dos en dos.
-Buff, me pusisteis muchísimo, no sé si había estado tan excitado alguna vez. ¿Viste como se me puso? y a ti no te había visto disfrutar así nunca.
-Si, se que esto le está viniendo fenomenal a nuestra vida sexual, pero me da muchísima vergüenza que José me haya visto rogarle que me follara.
-Yo creo que él lo disfruto por lo menos tanto como tú, intenta no preocuparte y el lunes en la oficina seguro que todo se normaliza.
-No creo que pueda, pero voy a intentar distraerme y no pensar mucho en ello, porque me pongo mala.
Dejaron ahí la conversación y, aunque Antonio se moría de ganas de preguntarle a Vero si le había gustado lo dura que se le puso y mil cosas más, no lo hizo porque comprendió que revivir esas escenas podría hacer que se preocupara más.
El lunes en la oficina Vero lo paso tan mal como esperaba, por si no tenía suficiente con la vergüenza que le daba haber hecho todo aquello, volvía a no poder mirar a José a la cara sin recordar su polla clavándose en su interior, se mojaba con solo mirarle y sentía que José podía leerle el pensamiento. Se paso el día esquivandole y aún así termino empapada. José por su parte no entendía porque le esquivaba, está vez estaba seguro de que no había hecho nada mal, pensó que fuese lo que fuese lo que le pasaba a Vero en unos días volvería a la normalidad, con un poco de suerte solo necesitaría un poco de tiempo.
Al llegar a casa Antonio se intereso por como le había ido el día y Vero le contó la vergüenza que sentía al mirarle y que había estado todo el rato esquivandole pero no le dijo nada de las imágenes que le asaltaban una y otra vez la mente.
Al día siguiente fue otra vez igual y Antonio empezó a preocuparse por su mujer, le aconsejo que para el próximo día se pusiera algo un poco más atrevido, él creía que si José volvía a mirarla con lujuria a ella se le pasarían las vergüenzas. A Vero no le convencieron nada los argumentos de su marido, pero aún así decidió ponerse otro conjunto de ropa interior que les había dado su amiga como muestra para la fábrica, cuando se vio con él puesto, pensó en como se pondría José si la viera así, todo el conjunto era azul clarito, el sujetador era transparente y se le veían perfectamente los pezones, las braguitas apenas le cubrían el vello de su sexo y dejaban muy poco a la imaginación, por lo demás se puso el típico traje de falda y camisa, tampoco quería llamar la atención por la calle.
En la oficina todo empezó igual que los días anteriores pero a media mañana una compañera de contabilidad, Marta, se sentó con José para que le fuera detallando los costes de un proyecto. Desde su sitio, Vero podía ver cómo se reían de vez en cuando con alguna tontería, Jose parecia muy interesado en sus piernas, bajaba la mirada distraidamente de vez en cuando, el vestido tan corto que llevaba hacia que le lucieran esplendidas, también veía como José le miraba el escote en cuanto podía. Vero no podía culparle, su compañera tenía un buen par de pechos y un escote generoso, además a ella le estaba pareciendo que se inclinaba más de lo necesario para apuntar las cosas y tambien que cruzaba y descruzaba mucho las piernas, José parecia no querer perderse ninguno de sus movimientos, no sabía porque, pero le estaban entrando unos pocos de celos. Estuvieron así un buen rato y Vero se estaba empezando a cabrear, ella sabía que José no era nada suyo, pero no podía evitar enfadarse con lo que veía, además le estaban volviendo las inseguridades viendo como miraba José a su compañera, bastante más joven que ella y con mucho mejor cuerpo, sobre todo esas estupendas tetas tan bien puestas que tenía. Cuando termino de hablar con su compañera, José fue hacia Vero y le pidió que fueran a un despacho porque quería ver unas cuantas cosas con ella. A causa de los celos Vero decidió desabrocharse un par de botones de la camisa para ver si a ella también la miraba así.
En cuanto se sentaron a trabajar José se dio cuenta de que podía ver el sujetador de Vero y no solo eso, era tremendamente sensual, era imposible concentrarse en la tarea, además sentía que no tenía demasiado sentido disimular y algunas veces le miraba las tetas descaradamente. Viendo como su compañero no dejaba de mirarla, a Vero se le estaba pasando un poco el cabreo y le iba subiendo la excitación, de vez en cuando intentaba darle una mejor perspectiva solo para ver como se quedaba en blanco mirándola. José cada vez estaba más excitado, le parecía que lo estaba haciendo adrede y decidió no cortarse.
-Mira como me estás poniendo -esto lo dijo mientras se giraba hacia ella y abría las piernas para que viese el bulto de su pantalón.
Vero comprobó que su compañero tenía una buena erección, eso la lleno de orgullo.
-¿Yo? Habrá sido la de contabilidad que no hacía más que enseñarte las tetas.
-No Vero, has sido tú con ese sujetador transparente que llevas, la de contabilidad no podría ponérmela ni la mitad de dura.
-Uy, no me había dado cuenta de que me lo estabas viendo. -Se abrocho los botones de la camisa muy dignamente como si se acabase de notar que los tenía desabrochados.
-No me engañes Vero, has tenido que darte cuenta de que te estaba mirando.
-De eso nada, yo estaba concentrada en el trabajo, si tú eres un salido no es cosa mía.
-Ahora no disimules, mira como estoy por tu culpa.
José se agarró la polla por encima del pantalón para que se le marcase bien a través de la tela. Vero vio como la tenía de hinchada y como se le marcaba el glande, sintió como se encharcaba, le entraron ganas de metersela en la boca ahí mismo, pero siguió haciéndose la inocente.
-No es culpa mía, ha sido un descuido.
José se sacó la polla del pantalón y se la mostró, a Vero se le hacía la boca agua y no podía dejar de mirarla.
-Ahora no me puedes dejar así.
-Por favor José, guardate eso, podría entrar cualquiera, imaginate lo que pensarían.
-Dejame por lo menos verte bien las tetas, me están volviendo loco.
-Aqui no José, podrían pillarnos en cualquier momento, venga, guárdatela.
-Vamos al archivo, allí nunca entra nadie.
El archivo estaba en el sótano, es donde guardaban los originales de toda la documentación, pero la tenían toda digitalizada, así que nunca iba nadie.
-Esta bien, pero te dejo que me las veas un poco y nos vamos.
Vero ya estaba excitada, pero aún conservaba la cordura suficiente para saber que era muy peligroso estar así en aquel despacho y pensó que, si con enseñarle un poco las tetas podía salir de aquella difícil situación, tenía que aceptar el trato.
José se guardo su polla de nuevo dentro del pantalón.
-Venga vamos que me tienes a reventar.
José se tapó la erección con su cuaderno de notas y se fue al archivo. Pocos instantes después apareció Vero.
-Este ratito se me ha hecho eterno, no podia esperar por verte.
-Te las enseño un poco y nos vamos.
Vero comenzó a desabrocharse los botones, le daba infinita vergüenza hacer eso delante de otro hombre que no fuera su marido, pero también la excitaba sentir la mirada de José clavada en ella.
Vero se sentía poderosa en ese momento, lo estaba disfrutando y, por una mezcla de la vergüenza que le producía, y lo bien que la hacía sentir, se fue desabotonado muy despacio. A José le estaba costando no abalanzarse sobre ella y arrancarle la ropa, pero espero pacientemente a que terminará de mostrarse.
-Buff, es precioso y te queda de infarto.
-Tambien es de mi amiga.
-Cada vez estoy más convencido de que va a ser un buen negocio, por favor déjame tocarlo.
-Estamos en la oficina, no deberíamos.
José se volvió a sacar la polla del pantalón, Vero se quedó mirando como se hinchaba con cada palpitación.
-Por favor, mira como me tienes no puedo resistir las ganas de tocarte.
Ver así de ansioso a su compañero la estaba calentando cada vez más y la visión de su polla empalmada no estaba ayudando a calmarla.
-Solo un poco, lo justo para que aprecies la calidad de la tela, que parece que es muy importante para venderlos.
José agarró las tetas de Vero con desesperación y se las amaso con auténtica lujuria, no quiso contenerse más y le sacó las tetas del sujetador para poder chuparlas. En cuanto Vero noto los labios de su compañero pegarse a sus pezones, sintió que se le nublaba la razón e hizo un tímido intento de resistirse.
-Por favor José para, podrían vernos.
José ya no podía parar, cogió una mano de Vero y la puso sobre su polla y después la estrujó bien el culo. Vero al sentir su dureza, casi por instinto, comenzó a pajearle lentamente. Los dos estaban perdiendo la cabeza, José se separó de ella, la miro con los ojos cargados de deseo y la dio la vuelta. Desde detrás de ella le subió la falda y al descubrir como rebosaban sus nalgas por esas diminutas y preciosas bragas se encendió aún más. Se pegó a ella haciéndola notar la tremenda erección que tenía contra su culo, con una mano le agarro las tetas y la otra la metió dentro de sus bragas hasta alcanzar su clítoris. Ahora era él quien la masturbaba al tiempo que frotaba su miembro contra ella. Vero sentía la excitada respiración de su compañero en el oído, una mano estrujando sus tetas, la polla presionando sus nalgas y esa mano dentro de sus bragas que tenia que estar notando la humedad al tiempo que la inundaba de sensaciones, empezó a jadear bajito. José necesitaba más, movió su cadera y coloco su polla entre las piernas de Vero, con el capullo presionando sus bragas justo en la entrada de su vagina.
-Por favor José, ummm, nos van a oir, estamos en la oficina,ahhh- ya le estaba costando hablar entre sus jadeos.
Por toda respuesta José aparto la mano de sus pechos y le tapó la boca intentando ahogar los jadeos de Vero, continuo masturbándola, cada vez presionaba más con la polla sobre su entrada y ya estaba introduciéndole la punta a pesar de la resistencia de las bragas. Vero tuvo que apoyarse en la pared para aguantar la fuerza con la que la empujaba, sentía la respiración de José en la oreja, su mano frotándola el clítoris y como entraba la punta de su polla en ella, arrastrando sus bragas. El miedo a que les pillaran jugaba en su contra y la excitaba enormemente, estaba acercándose al orgasmo por momentos, intento contenerse, pero no había nada que hacer, empezó a correrse, José no paró de masturbarla y presionar con su polla hasta que terminó, tuvo que presionar bastante con su mano la boca de Vero para evitar que alguien pudiera oírlos.
En cuanto Vero se recuperó un poco, se dio la vuelta y le dijo:
-Esto ha sido una locura, no podemos repetirlo.
-Estoy a punto de estallar, Vero por favor haz algo.
Vero vio como le palpitaba la polla y no se lo pensó dos veces, hizo lo que tantas ganas tenía de hacer desde que la vio en el despacho, se arrodillo y comenzó a chupársela. La escena era tremendamente excitante para José, ahí estaba su compañera comiéndosela en la oficina, con las tetas saliendo de su sujetador, con la falda subida, mostrándole parte de su sexo porque tenía las bragas apartadas a un lado. A Vero aquello también le estaba dando un morbo especial y además José la tenía durísima, estaba disfrutando enormemente la mamada, poco a poco le estaba cogiendo el truco a esa polla y ya conseguía introducírsela hasta la garganta, sentir como presionaba su faringe la estaba volviendo loca, incluso le dieron ganas de bajar la mano y comenzar a masturbarse ella misma, pero se contuvo para que José no pensase que estaba más salida de lo que seguramente ya se imaginaba.
-Me voy a correr Vero, déjame correrme en tus tetas, por favor.
Vero tenía muchas ganas de sentir sus descargas de semen y se la introdujo un poco más hasta sentir que le iba a producir arcadas, pero en cuanto noto el primer chorro de esperma en su garganta, le hizo caso, saco su polla de la boca y siguió masturbándole sobre sus pechos, le miró a la cara y vio como José disfrutaba viendo como la llenaba de semen las tetas hasta que terminó de eyacular. Según acabo, Vero se puso de pie, limpio con su boca los restos de su mano y se coloco la ropa, dejo los restos de la corrida de su compañero en sus pechos y los atrapó con su sujetador.
-Venga vámonos antes de que nadie nos encuentre, yo saldré primero, esperas un rato y luego sales tú.
Y Vero se fue dejando a José solo sin haber tenido tiempo todavía ni de guardarse la polla.
Durante todo el día José veía como Vero hablaba con unos y con otros en la oficina, tan digna como siempre, pero el sabía que tenía las tetas totalmente impregnadas de su semen y eso le ponía muchísimo. A Vero por su parte le había encantado conseguir que José se corriera con su boca por primera vez, aunque solo había sido una descarga, la sensación que le había producido esa forma de tensarse antes de eyacular la había dejado muy caliente, así que cuando José le preguntó a última hora si se podía quedar un rato más con él en la oficina para terminar de ver lo de antes, lo primero que se le pasó por la cabeza es que igual tenía la oportunidad de volver a sentirla en su garganta, no se lo pensó y le dijo que si.
Ambos estaban sentados en el puesto de Vero cuando salió el último empleado, al quedarse solos José le dijo:
-Lo de antes ha estado muy bien pero me he quedado con ganas de una cosa.
-Lo de antes ha sido una locura, no se va a volver a repetir, yo no entiendo como al final tú o mi marido acabáis liandome.
-Lo único que quería pedirte es que me enseñes las bragas, antes solo las he visto bien por detrás, y me han parecido preciosas, me gustaría verlas por delante que las he visto poco y mal.
-Considerando que la empresa que las va a producir es en parte tuya, me parece lógico que quieras verlas, pero no pienses que va a ir a más la cosa.
A Vero le estaba costando que no se le notasen las ganas que tenía de volver a ver la mirada de lujuria de José sobre ella, aunque a estas alturas, se planteaba si tenía sentido seguir disimulando. Vero se levantó de la silla y apoyo su culo en el escritorio, dejando su sexo prácticamente a la altura de la cabeza de José, que seguía sentado, y comenzó a levantarse la falda lentamente.
-Me da mucha vergüenza hacer esto.
Mientras lo decía seguía subiéndose la falda llena de orgullo por volver a tener toda la atención de José. Según iban apareciendo sus bragas por debajo de la falda, disminuía la velocidad con la que se la levantaba con la excusa de la vergüenza, pero la realidad era que estaba disfrutando tanto este momento que quería alargarlo. Cuando por fin quedaron totalmente expuestas sus bragas, José estaba hipnotizando mirándolas, si no fuera por los bordados de la tela eran completamente transparentes, podía ver cada pelo de Vero y además eran tan pequeñas que la marca del bikini se veía entera a su alrededor. Vero se estaba calentando con la mirada de su compañero y abrió más las piernas para ofrecerle una mejor visión, ahora José podía ver su clítoris y sus labios vaginales a través de la tela, también podia ver la mancha de humedad que tenía, se tomó esto casi como una invitación y alargo la mano hasta tocarla.
-Ummm, José habíamos quedado en que solo las verías.
Aunque decía esto, se mantenía quieta con las piernas abiertas, totalmente expuesta, José fue incrementando la osadía de sus tocamientos hasta convertirlos en una auténtica masturbación, tener ese manjar tan cerca de su cara se fue convirtiendo en una tentación insoportable para él, hasta que desplazo sus bragas a un lado y hundió su boca en su sexo.
-Ahhh, por favor para, Ummm, estamos en la oficina, Ahhh, no es sitio para hacer estás cosas, alguien podría volver a por algo.
A José le dieron absolutamente igual sus súplicas, ya estaba aprendiendo a no guiarse por lo que decía Vero con los labios, si no por lo que decía con el cuerpo, y ella seguía con las piernas abiertas, sin oponer ninguna resistencia, así que succionó su clítoris mientras comenzaba a penetrarla con los dedos. Ella sentía las descargas de placer por todo su cuerpo y le empezaron a flaquear las piernas, tuvo que sentarse en su escritorio quedando su sexo aun más expuesto a lo que quisiera hacerle José. Viendo a Vero ofrecerse así, le entraron unas ganas tremendas de follarsela, se levantó de la silla, sacó la polla de su pantalón que ya estaba completamente endurecida y la apuntó a la entrada de Vero.
-¿Que vas a hacer José? En la oficina no por favor, si quieres te la chupo pero no me folles aquí, nos pueden oír.
Vero estaba deseando que le metiese esa polla, pero también deseaba comérsela, pensó que si primero la dejaba chuparsela podría conseguir las dos cosas. José volvió a hacer caso omiso a lo que le decía y comenzó a hundir su polla dentro de Vero.
-Ahhh, no por favor, soy una mujer casada, que pensará mi marido cuando se lo cuente, esto es una, ahhh, infidelidad, yo no quiero ser una mujer infiel.
José siguió penetrándola despacio dejando que las paredes de su vagina fueran amoldándose a su polla.
-Yo creo que a tú marido no le va a parecer mal lo que estamos haciendo, puede que hasta le guste.
Los jadeos de Vero ya se habían convertido en gemidos y según iba penetrándola más profundo aumentaban de intensidad. José le desabrochó la camisa dejando al descubierto el sujetador con las manchas de su semen, libero sus pechos y comenzó a estrujar sus pezones. Vero sintió una nueva descarga de placer que provocó que empezara a correrse convirtiendo sus gemidos en gritos. José aumento la fuerza de sus acometidas consiguiendo introducir completamente su polla.Ella estuvo corriendose por más de un minuto y cuando termino, José sin esperar a que se recuperará, le dio la vuelta dejándola doblada sobre su escritorio y con el culo a su entera disposición. Le volvía loco ese culo, se tomó unos instantes para admirarlo y pensó que algún día conseguiría taladrarlo. Vero seguía con la respiración agitada por su orgasmo anterior cuando sintió que José, agarrándola por las caderas, volvía a penetrarla, iba a quejarse de nuevo pero la fuerza de las embestidas de José la impedía hablar, rápidamente iba ganando profundidad hasta notar como rebotaba contra sus nalgas. José deslizó la mano dentro de sus bragas y le empezó a masajearle el clítoris, en cuanto estuvo unos minutos así Vero volvía a estar inundada de placer, no dejaba de sorprenderla la capacidad de este hombre para hacer que volviera a estar a las puertas del orgasmo, José siguió penetrándola mientras la masturbaba hasta que ella empezó a correrse con sonoros gritos, en ese momento sacó su mano de las bragas, agarró sus nalgas, las abrió y le dio a sus penetraciones toda la fuerza y el ritmo que pudo, hasta que sintió que él también se iba a correr, sacó su polla del interior de Vero y la introdujo entre sus nalgas y sus bragas para correrse sobre su culo. Los dos acabaron totalmente agotados, a Vero le estaba costando recuperarse y permanecía en la misma posición, tumbada sobre su escritorio con el culo en pompa, José se sentó de nuevo en la silla jadeando por el esfuerzo, mientras veía como su semen resbalaba entre las bragas de Vero hasta su vagina. Cuando se recuperaron a Vero le volvieron las vergüenzas, está vez no había hecho falta que su marido la empujase a nada, ella sola se había metido en esto, se colocó la ropa lo más rápido que pudo, se despidió y se fue. José se quedó pensando que hoy Vero iba a llegar a casa con su semen en las bragas todavía fresco, esperaba que a Antonio no le pareciera mal que lo hubieran hecho sin su participación.
Al llegar a casa Antonio volvió a preguntarle que como le había ido está vez el día, ella le respondió que no sabía que decirle, que había sido un día agotador y que luego le contaría que ahora quería darse una buena ducha. Cuando estuvieron metidos en la cama fue Vero la que inició la conversación.
-Antonio, tengo que contarte lo que ha pasado hoy en la oficina.
-¿Estás bien amor? Has estado como ausente toda la tarde.
-Si, no te preocupes, es solo que estoy muy cansada. A ver cómo empiezo... Estábamos José y yo reunidos los dos solos en un despacho y yo tenía un poco abierto el escote de la camisa, José no hacía más que mirarme los pechos.
-¿Se los mostraste aposta?
-A él se lo he negado, pero si, me desabroche yo misma un par de botones para que pudiera verme el sujetador, todo fue porque le vi mirandole las tetas a otra compañera y me dió mucha envidia como se las miraba, además llevaba puesto uno de los conjuntos que nos ha regalado mi amiga como muestra, que es muy sensual, yo sabía que José podría ver cómo se me transparentaban los pezones.
Vero vio que su marido empezaba a poner cara de salido y metió la mano en sus calzoncillos para iniciar la masturbación.
-La cosa es que José se giró para que yo pudiera ver cómo se le había puesto y me dijo que estaba así porque yo le estaba enseñando el sujetador. Yo le dije que había sido un descuido, pero me parece que no me creyó. Decía que su erección era por mi culpa y que por lo menos podría ensenarle las tetas. Yo me negué pero él siguió insistiendo, incluso llegó a sacarse la polla para que viera como se la había puesto. De verdad que yo solo pretendía que me mirase un poco, pero ya sabes como se le pone, y me estaba calentando mirarla, a mí me estaba dando mucho apuro que alguien pudiera entrar y sorprendernos en esa situación, así que para conseguir que se la guardase, acepte enseñarle las tetas, pero le dije que ahí no, que nos podían pillar.
Antonio introdujo la mano en las bragas de su mujer y él también comenzó a masturbarla lentamente.
-Me llevo al archivo y allí no me quedo más opción que desabrocharme la camisa para enseñarle el sujetador, José se excito mucho viéndolo y me pidió tocarlo, yo me volví a negar, pero fue muy insistente, se volvió a sacar la polla para presionarme. No pude resistirme más y le dejé tocarme, no te imaginas como se puso, me sacó las tetas del sujetador y comenzó a chuparmelas con furia, yo volví a resistirme pero puso mi mano en su polla, sabes como me gusta sentirla, estaba muy dura y le palpitaba muchísimo, fui débil y empecé a pajearle, él no paraba de chuparme las tetas y tocarme el culo, pero eso no fue todo, no contento con que le masturbarse, se coloco detrás de mi, me subió la falda y comenzó a restregarse contra mi culo, metió una mano dentro de mis bragas y me tocaba el clítoris mientras que con la otra mano continuo sobándome los pechos. No sé cómo lo hizo pero consiguió apuntar su pene contra mi entrada y se frotaba tan fuerte que estaba empezando a metérmela con las bragas puestas y todo.
Vero sentía que la polla de su marido ya estaba endureciéndose, recordar lo que había pasado y la masturbación de su marido la habían puesto de nuevo caliente y decidió aprovechar la ocasión montándose sobre él e introduciéndose su polla, no era lo mismo que la de José pero quería que su marido disfrutara al máximo. Comenzó una cabalgada lenta y todo lo profunda que el pene de Antonio le permitía mientras continuaba con la historia.
-Volvi a intentar resistirme diciéndole que nos iban a oír, sobretodo porque yo no podía contener mis gemidos, y lo único que conseguí es que me tapara la boca con su mano y siguiera empujando su polla contra mi entrada.
Antonio agarró las tetas de su esposa con una lujuria que hacía años que Vero no sentía en su marido. Ella veía como su marido estaba a punto de correrse y disminuyó más el ritmo, quería que aguantase por lo menos la primera parte.
-Cada vez conseguía introducir más las bragas en mi interior, ya debía estar entrando por lo menos todo el capullo y no paraba de masturbarme, tuve que apoyarme en la pared para aguantar sus embestidas, además sentía su respiración en mi oído y eso me estaba volviendo loca. Al final consiguió que me corriera, pero él todavía no había llegado, no se me ocurrió otra cosa que arrodillarme y hacerle una mamada.
-Estoy seguro de que estabas deseando comérsela.
-Ya sabes que siempre me ha gustado hacerlo y con el tamaño que tiene, se siente increíble, pero no me interrumpas. Yo notaba que estaba muy excitado por como palpitaba su polla dentro de mi boca y sabía que no tardaría en correrse, esperaba que eyaculase en mi boca y así no mancharnos, pero cuando estaba a punto de llegar me pidió que le dejase correrse en mis tetas, no me pude negar y en cuanto sentí el primer chorro de semen en mi garganta, la saqué para masturbarle sobre mis pechos.
Antonio comenzó a correrse dentro de su esposa, Vero aumento el ritmo para darle más placer y siguió dándole los últimos detalles hasta que terminó de correrse.
-Él me miraba los pechos mientras se corría sobre ellos, me dejo con las tetas totalmente bañadas en su leche.
-Dios mujer, creo que ha sido el mejor polvo de mi vida.
-Me alegro mucho de que te haya gustado, no estaba segura del todo de como te lo tomarías, a mí también me ha encantado volver a sentirte duro en mi interior y esa forma de agarrarme las tetas me ha hecho recordar cuando éramos jóvenes.
-Yo diría que ha sido mejor que cuando éramos jóvenes, pero una cosa me intriga ¿Que hiciste luego con todas las tetas llenas de esperma en la oficina?
-No tenía nada a mano para limpiarme, así que me coloque el sujetador sobre los restos de semen y espere a que se secarán.
-¿Has estado todo el día con las tetas llenas de semen en la oficina?
-Si, además han pasado más cosas que te contaré otro día, ahora vamos a descansar que hoy, de verdad, ha sido agotador.
Se dieron un tierno beso y se abrazaron para dormir.
Continúa en
- Relato #232090— title-regex: contiguous parts (2 -> 3)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Los deseos de mi amigo para su mujer
Juan Carlos no solo acepta que su esposa tenga relaciones con otro, sino que la prepara, la desnuda y la entrega a su mejor amigo.
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
Aquella profesora de matemáticas
Carmen siempre supo que sus ex alumnos eran peligrosos, pero nunca imaginó que el peligro llegaría vestido de Rey Mago.
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmExhibicionismo accidental
- Hetero: Infidelidad
En el cine sin buscarlo.
La oscuridad del cine es su mejor cómplice. Mientras la película avanza, una mano desconocida cruza el límite del respeto y ella no lo detiene.
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmExhibicionismo accidental
- Hetero: Infidelidad
Juegos perversos con la amiga mi esposa 5
Victoria no es solo la amiga de su esposa; es la arquitecta de sus peores fantasías. Esta noche, el bar se convierte en su tablero y el silencio del…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmExhibicionismo accidental
- Hetero: Infidelidad
Relato 37-Una noche especial con una cuarentona
Durante meses, sus miradas en la cafetería fueron un juego de miradas prohibidas. Cuando ella cruza la línea y le pide cumplir su fantasía, él la…
Comparte:Exhibicionismo accidentalTrio mfmInfidelidad consentida
- Hetero: Infidelidad
Cómo follarse a los compañeros de tu marido
El teléfono suena justo cuando estás a punto de alcanzar el clímax. Tu marido está borracho y te pide que lo recojas, pero en el bar, la tentación de…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmExhibicionismo accidental