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Iris, la mujer que me cambió (1/6)

Jorge creía que ayudar a su amigo a orinar era un acto de caridad extrema. No imaginaba que su novia estaba en el baño, no para ayudar, sino para disfrutar del contacto prohibido. Cuando la verdad sale a la luz, la traición es más profunda de lo que sus ojos podían ver.

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Este relato es la continuación de este otro: https://www.todorelatos.com/relato/232032/

Junio del 2023

«Nunca me has dicho nada de tus amigos.»

Preguntaba Iris después de un largo paseo por la calle.

«La verdad es que no. Creo que con los años he ido cambiando de amistades.»

«Ya, no sé. Me sorprende, eso es todo.»

Puede ser normal que así le ocurra. Actualmente tengo 35 años y con el tiempo sí que es verdad que mi círculo de amigos se ha ido dilatando y contrayendo. La cuadrilla de toda la vida, Miguel, Joaquín, Enrique y Roberto fue menguando con los años, mucho antes del fallecimiento de Enrique. Desde que Rober echó novia nos fuimos distanciando, y al empezar yo la carrera la cosa se enfrío más todavía. Una vez sí que intentamos quedar para tomarnos algo por los viejos tiempos, pero no fue lo mismo. Enrique tampoco es que fuera el alma de las fiestas, pero sí que eran interesantes las cosas que le pasaban. Cuando Enrique se quedó soltero, un poco antes de empezar la carrera allá por el 2015, sí que solíamos quedar. Parecía que él quería recuperar el tiempo perdido que invirtió con María, su ex desde los 17.

«De Joaquín y Miguel tampoco es que hubiera mucha relación desde que cambiaron de ciudad, pero Rober se volvió un golfo cuando lo dejó con María. Pero a nivel de irse de putas y todo.»

Iris puso cara de asco. Siempre le habían repugnado los puteros.

«Sí. Hasta me contó una vez que se ve que se lio con una tía que le pegó no sé si gonorrea o clamidia y el médico le recomendó que se medicase y guardase una abstinencia de 3 meses.»

«Normal, ¿quién le mandaría irse de fulanas?» Dijo Iris mientras se reía.

«Ya ves. Lo peor de todo es que por aquel entonces se estaba reconciliando con María y para que no diera el cante de que se había ido de putas, le soltó una bola. Creo que le dijo que cogió hongos por compartir toalla en el trabajo. Y su novia se lo creyó todo.»

«Joder, qué grima y qué patético por su parte.»

«A ver, es buen tío. Nunca me ha dejado tirado ni nada. Ahora, como novio es un desastre.»

«Ni con un palo lo tocaba yo.» Espetó Iris con repugnancia cuando pronunció “palo”.

Se escuchaba una carcajada en los ecos perplejos de las calles vacías de una tarde de verano. Ese año fue bastante caluroso, la verdad, y bastante feliz.

Nuestra vida sexual era muy completa. Hacíamos el amor casi todos los días y el sexo con Iris se experimentaba como una sensación única día tras día. Habíamos probado juguetes de todo tipo: huevos masturbadores, dildos, conjuntos de lencería, arneses… Me encantaba cómo me penetraba. Nunca me hubiera imaginado que me diera tanto placer ser sodomizado por ella. El sexo oral con ella era muy satisfactorio: lo que hacía con su lengua y mis testículos era lo mejor que me habían hecho nunca. Algunas veces experimentaba y me hacía un buen beso negro. Ella también se dejaba dar por el ano, e incluso le cabía mejor mi pene por ahí que por la vagina. A todo eso hay que juntarle que cuando estaba bien lubricada y me quedaba poco para correrme dentro de ella, sonreía, se mordía medio labio inferior y emitía un sensual gemidito, indefinible y a medio paso entre la risa tonta y el asentimiento, un «uhum» de aprobación que me invitaba a vaciar todo mi semen dentro de ella, pues lo hacíamos sin preservativo.

En resumen, una vida sexual y de novios muy idílica. Nos compenetrábamos a la perfección y en todos los aspectos. En poco más de un año ya estábamos haciendo planes para casarnos, tener hijos y hasta qué nombre tendrían. Creo que el hecho de compartir hipoteca nos unía más aún.

Lamentablemente, a partir de septiembre, el trabajo fue haciendo mella en nuestra relación y caímos en la rutina. Como dijo aquella folclórica: se nos gastó el amor de tanto usarlo.

Ambos teletrabajábamos en aquel entonces. Ella en una empresa textil y yo como profesor de universidad. Aunque al principio iba presencialmente a mi universidad para impartir las clases, me facilitaron la posibilidad de realizar la docencia de manera virtual. Pero estar encerrados tanto mi novia como yo en nuestros despachos y tan apenas tener tiempo libre de verdad, sin contar hacer la comida, limpiar o comprar, tras la cena estábamos exhaustos.

Uno piensa que tiene novia, casa propia y trabajo y se lo pasa todo el día follando, pero no era así en absoluto. No sé si a algún/a lector/a le pasará, pero en mi caso es cierto eso que dicen de que los mejores polvos de soltero y las mejores pajas de casado.

La decadencia absoluta duró dos meses hasta que pasasen un par de semanas después de ofrecer a Roberto que fuera nuestro inquilino.

Noviembre del 2023

«Esta es tu habitación. Está bien porque da a la calle y además tendrás mucha intimidad, puesto que nuestro dormitorio está en la otra punta. El piso tiene dos cuartos de baño, pero uno solamente es el que tiene ducha. No sé cómo lo tienes para ducharte.» Estaba mostrándole cómo era nuestra vivienda como si fuera un agente inmobiliario.

«Por ducharme, bien. Además, según veo la ducha tiene columna, así que sin problemas.» Dijo Rober mientras intentaba asimilar cada una de las habitaciones.

«Ok. Por cierto, tenemos gatos. Se me ha olvidado preguntarte qué te parece.»

«Sin problema, me gustan los animales.»

«De acuerdo. Se me pasó por completo decirte que somos una familia gatuna. Vale pues, aquí está la cocina y tu habitación da al comedor. Tranquilo que no solemos estar mucho ahí, así que no te preocupes. Por lo que hace a los gastos de comida, agua, luz, internet y limpieza de ropa y piso, me ha recomendado mi novia que hagamos una rueda o que usemos una aplicación que ella conoce. Si eso, cuando venga le comentamos.»

«Me parece perfecto. Si me ayudas a ir dejando mis cosas en la habitación…»

Así instalamos a Rober, y la convivencia fue bien en general. Como noviembre fue un mes muy intenso, tan apenas coincidíamos con él. Además, al mediodía tenía cita con rehabilitación y el médico con frecuencia, lo que hacía que tan apenas coincidiéramos. Mi novia se llevaba bien con él. Aún se acordaba de la anécdota que le conté sobre él, así que su reacción oscilaba entre la cordialidad y la indiferencia. Como he dicho antes, nuestra relación estaba bastante estancada, y para colmo tenía problemas en el trabajo. Es una persona algo borde cuando no le van bien las cosas, y estaba llevando a cabo unos proyectos para una línea de tejidos impermeables que no iban nada bien.

Cuando dormía con ella no cambiaba mucho la situación. Intentaba acercarme a ella, hacer la cucharita, pero la notaba fría y distante. Alguna vez le ofrecí que dejase el trabajo, pero ella se negaba rotundamente. Había invertido 3 años de su vida en esa empresa y no quería dejarlo escapar.

Poco a poco nos abordaba una apatía discreta y sutil, que se fue tornando en una espiral de discusiones absurdas. Fingir delante de Rober no ayudaba tampoco. Aunque estaba mucho tiempo fuera de casa, cuando coincidíamos con él queríamos fingir algo de complicidad entre ambos. Por lo menos hasta que fuese enero y Rober se marchase. Debo admitir que tenía miedo de que Rober se fuese. Seguramente su marcha marcaría el fin de nuestra relación.

Diciembre del 2023

Llegó la Navidad, Iris y yo teníamos planes con mis suegros, y Rober la pasaría con su madre. Durante esas semanas nuestra relación se asemejaba tímidamente al amor que nos habíamos profesado antaño. Volvimos a besarnos más allá del típico beso de buenas noches, aunque ella no quería que follásemos en casa de sus padres, porque le daba vergüenza que nos oyesen. Por todo lo demás, nos mostrábamos como una pareja que no llevaba ni medio año y que estábamos en la flor de la relación. Pero por dentro nos estábamos marchitando poco a poco.

Enero del 2024

«¿Podemos hablar?» Me preguntó Rober al abrirle la puerta de mi despacho.

«Claro, ¿qué sucede?»

«Me han hecho las pruebas para el alta médica, pero al parecer se me han infectado las manos. Resulta que las cremas que me han aplicado para las curas semanales me producen unos sarpullidos horrorosos y tengo las manos peor que antes.»

«¡Hostia! Lo lamento. Oye, si necesitas quedarte más tiempo, no creo que a Iris le importe.»

«Gracias, aunque no quiero ser una molestia. He estado viéndome con una chica, una ex de hace tiempo, y me ha dicho que puede echarme una mano. Así que seguramente no continúe aquí. Os he invadido el espacio y en un principio lo mío iban a ser unos meses hasta después de Navidad. Más allá de esa fecha me parece abusar de vuestra generosidad.»

«Vale, si lo tienes pensado, no hay problema por mi parte. Si necesitas unos días para llevarte tus cosas, no tengas ningún reparo.»

«Muchas gracias. Sois unas muy buenas personas y os debo un favorazo de tres pares de cojones.»

En general, lo bueno de que Rober estuviera concatenando contratos que alquiler desde que se fue de casa de sus padres hacía que tan apenas echase raíces y no tuviera muchas cosas que llevarse. Teníamos calculado que en tres viajes estuviera todo. El piso donde se mudaba estaba a unos 20-25 km del nuestro. Aunque estaba bien comunicado, era muy antiguo y destartalado. No me crucé con la chica de la que me habló, pero sí que vi ropa de mujer y algunos potingues de maquillaje en el baño.

Al final se nos hizo tarde y decidimos concluir la mudanza al día siguiente. Aunque, lamentablemente para Rober y su chica, fue muy bonito para ser cierto. A los dos días de irse a vivir con ella el edificio tenía una plaga de cucarachas enorme, y debían abandonarlo lo antes posible para que la empresa fumigadora actuase.

«¿Entonces qué haréis?» Pregunté.

El ruido del tráfico de la ciudad era ensordecedor, y tan apenas entendía lo que Rober me decía. Yo estaba yendo de camino a la universidad para una reunión de departamento y la noticia me había dejado sorprendido.

«Ella me ha dicho que se irá con unos tíos de Madrid, así que seguramente deba quedarme aquí. No sé si habéis alquilado o apalabrado con alguien la habitación de vuestro piso…»

«¿Nosotros? No, qué va. Si ya te dijimos que no teníamos planteado alquilarle nada a nadie, era solo para hacerte el favor. Si necesitas unos días, no te preocupes. Está tal y como lo dejaste.»

«Gracias. ¡Qué ganas de decírselo a mi novia! Estaba muy preocupada.»

«Tranquilo, Rober. Es una putada lo que te ha pasado. De todas formas, no creo que tarden mucho en fumigar.»

«Qué va. La empresa encargada de la fumigación le ha dicho al administrador del edificio que entre que vienen, aplican el producto y las viviendas vuelven a estar habitables, a lo sumo tres semanas.»

«Vale. No creo que haya problema. Se lo diré a Iris, pero no creo que se niegue a acogerte de nuevo.»

A Rober se le oía contento, a pesar de que su voz se tornaba tímida e intranquila.

Y siguió diciendo…

«Excelente. Aunque, ahora viene la mala noticia, o no sé si la más mala porque la anterior muy buena no es. Verás, con la infección que tengo en las manos lo tengo complicado para ducharme y hacer mis necesidades. En tu ducha no creo que tenga problemas porque no tienes bañera y puedo comprarme un taburete. El problema son las aguas menores, vamos, que necesito ayuda para mear.»

Me quedé atónito. Solo pude responder como un estúpido: «Oh, joder. No me lo esperaba. Define ayuda, por favor.»

«Pues, para cagar no hay problema, ya que para limpiarme el ojete tengo el bidé… Pero para mear… te… tendrías que… sujetármela.»

«¡Pero qué cojones?» Me quedé a cuadros. «Sí, hombre. Bajarte los pantalones y ayudarte a vestirte es una cosa, pero sujetártela… ¿No podrías hacerlo sentado como has estado haciendo hasta entonces?»

«Ojalá pudiera, pero el médico de la mutua me ha recomendado que mee de pie porque puede generarme problemas a largo plazo en la próstata. No sé, algo así me dijo. Mi chica me ha estado ayudando estos días, pero ahora está en Madrid y no creo que quiera venir a propósito a esto…» Dijo intentando no ser sarcástico. «Luego está mi madre, que me da vergüenza que venga a esto.»

«Y tengo que hacerlo yo, me imagino.» Respondí casi sin dejarle acabar su anterior frase. Tajante e indignado.

«Hombre, no creo que quieras que sea tu novia la que…»

¿No os ha sucedido que estáis conversando con alguien por teléfono y podéis intuir la cara que hace? Seguramente leyó mi cara de mala hostia a kilómetros y se percató de que no era buen momento para hacerse el graciosillo.

«Está bien. Entonces, recapitulemos. ¿Qué necesitas que te… que haga exactamente?»

«Comer y beber agua no son ningún problema, pues me apaño. Vestirme y desvestirme tampoco porque voy siempre en chándal y deportivas. Solo necesito alguien que me baje los pantalones, me saque el nabo del calzoncillo, apunte a la taza y ya está.»

«Vamos, que sería como una especie de mamporrero.»

Se le escapó una risa floja. Debo admitir que se lo puse en bandeja.

«¿Y con qué frecuencia sueles ir a orinar?»

«No sé, el mañanero y el nocturno son sagrados. Luego, al mediodía y la tarde no descarto que me ayudes a mear.»

«Ok. Pues nada. ¿Vienes meado de casa o necesitas una mano?»

«Qué gracioso eres. Para tu información, he meado ya, así que tardaré en volver al baño. Al menos hasta la noche»

«Pues nada, evita comer espárragos y té negro durante una temporada. Y recuerda también que suelo trabajar de 8 a 15 h, así que intenta esperarte hasta esa hora.»

«Entendido.»

Al llegar a casa se llevó un equipaje ligero, menos voluminoso que antes, puesto que estaría menos tiempo. Cuando Iris cruzó por la puerta le comenté la situación y volvimos a organizarnos, aunque no tan detalladamente como antes. Al final quedamos en que habría dos horas concretas para acompañar a Rober al baño: a las 8 y a las 22 h. después el me avisaría a partir de las 15 h por si necesita ir al baño y ya estaría todo organizado.

Esa misma noche

«Hola, cuando puedas me ayudas.» Decía en su mensaje de Whatsapp. Yo estaba con Iris viendo una peli en nuestro dormitorio. Ella se rio un poco cuando vio de reojo el mensaje. Evitó hacer chistes dada la situación y no le hizo mucho caso.

Y ahí fui. Al lavabo, a sujetarle la polla a mi amigo para que mease. A cualquiera que se lo cuentes se descojonaría vivo.

No creo que la tuviese más grande que la mía. Tampoco es que me quisiera fijar mucho, pero sí que me percate de que estaba completamente circuncidado. Mientras se la sujetaba intentaba concentrarme en todo lo contrario a sujetarle la polla a mi amigo. Pasaron los segundos y empecé a notar como caía el chorro de orina a través de su pene. Las vibraciones a través de su meato manifestaban una micción copiosa. El olor fuerte de su orín me dio náuseas y tuve que concentrarme mucho para no echar la pota ahí mismo. Según descubrí esa noche el meado es como los pedos, los tuyos los disfrutas, pero los del vecino te dan puto asco. Una vez acabó le acerqué papel higiénico y se lo pasé por el glande para que no le sucediese como a Platón: la última gota al pantalón. Y así sería el ritual que llevaríamos durante semanas.

Al día siguiente

Pasé una mala noche. Me estaba rondando una pregunta recurrente que me mosqueaba. ¿Y si lo de Rober no era más que una excusa barata para satisfacer sus fantasías homoeróticas? Era muy pervertido y siempre era el que sacaba las conversaciones más sexuales. Cada vez que pasaba una tía buena siempre nos llamaba la atención para que la viésemos. Según me han contado, fue dejarlo con su novia de toda la vida y convertir su vida en una maratón de sexo. Dado que su ex era muy inactiva, al dejarla intentó recuperar el tiempo perdido follándose de todo, incluso se iba de putas. No sé qué le veían algunas chicas, la verdad, pero según notaba cuando salíamos de fiesta, estaba dotado de un magnetismo absorbente. Tía a la que entraba, tía a la que se pasaba por la piedra. ¿Tal vez después de tanto probar almejas quería ahora una salchicha? A ver si es de esos homosexuales reprimidos que van de machitos fingiendo que les encantan las mujeres, pero luego fantasean con comerse un buen rabo.

Amanecía. Noté el zumbido del Whatsapp de Rober. Y sucedió lo mismo de la otra noche.

Y pasaron los días hasta que…

Me envió un mensaje para que fuese al baño. Desgraciadamente estaba en medio de una tutoría que se había alargado más allá de las 15 h. Así que le pedí que esperase cinco minutos a que acabase.

«No hay problema, puedo aguantarme.»

Los cinco minutos acabaron convirtiéndose en 15. Él lo entendió y me respondió que no pasaba nada, que podría aguantarse un poco más. Perdí la noción del tiempo y no me di cuenta de que pasaron otros quince minutos más. Le envié otro mensaje y oí algo. Alguien estaba meando en el cuarto de baño. El cuarto de baño dispone de una ventana que nosotros abrimos siempre para ventilar y que da a un patio de luces que comunica con una ventana de mi despacho. Fue así como vi a Rober. Él ponía cara de concentración, como si estuviera pasándolo mal. Así que fui hacia allí para echarle una mano (entiéndase el sarcasmo), pero oí una voz que no era la de Rober en el baño.

«Joder, después le diré a Jorge que ya le vale.»

«Ya. No sé, me dijo que seguía en la reunión, pero de eso ya hace como más de media hora y me estaba meando mucho. Perdón.»

«Bueno, es lo que hay.»

No cabía duda. La otra voz era la de mi novia.

Y sonó el impacto del chorro de la orina en la taza del inodoro para confirmarlo. Ininterrumpido y largo. Sí que se lo estaba haciendo encima. Seguramente, desesperado por mear, le pediría a mi novia que le sujetase la polla para hacerlo. Tendré que estar más atento.

Me esperé en mi despacho a que se fuesen y a los cinco minutos me encontré a Rober por el pasillo para pedirle disculpas. Me dijo que ya lo había solucionado, que no pasaba nada. (No dijo nada de mi novia, por cierto. Ni ella tampoco me dijo nada.)

A la noche me envió un mensaje para que fuera a ayudarlo a mear y así hice.

Y así fueron pasando los días. Y durante ese tiempo le fui preguntando cómo iba la situación de su nuevo piso.

«Pues parece que en un par de días acabarán con la fumigación. Al ser un edificio viejo tienen miedo de que los productos químicos comprometan la estructura. Creo que el lunes que viene ya estaré allí.»

Lunes por la mañana

Estábamos Rober y yo en el baño durante su meada matutina. No sé si fue fruto de mi imaginación, pero vi algo en lo que antes no me había fijado. Siempre que le sacaba el pene de los calzoncillos tenía algo de vello púbico. Veía de reojo su mata negruzca negruzco y la notaba en mi mano. Pero ese día tenía el pene completamente rasurado. Así que la miré más detenidamente. Su tamaño era parecido a la mía en reposo, pero más pequeña y fina. No sé por qué había reparado en ello, pero seguramente era el último día que compartiría este momento con él. ¿Cómo habrá conseguido depilarse? Si mear le cuesta, afeitarse el nabo o aplicarse crema depilatoria era una faena. Además, estaba completamente afeitado, hasta los huevos.

Así que marché al trabajo.

El tiempo pasó volando. Seguramente me tocaría volvérsela a sujetar después de las 15 h. Pero no me importaba porque seguramente sería el último día.

En eso que veo un correo de una alumna a las 14:31 h. Una muchacha, seguramente eslava según intuía por su apellido, tenía problemas con mi asignatura, y realizamos la videotutoría. Al acabar la sesión Me di cuenta de que me volvió a pasar lo mismo que hace unos días: me olvidé de él. Así que salí directamente en dirección al comedor para buscarlo sin mirar ni el teléfono móvil. Como mi casa es muy antigua, las puertas son de papel al igual que las paredes y, al no encajar bien, a veces se quedan entreabiertas. Pasé cerca del baño y vi luz a través de la puerta. Mi intuición habló: Rober y mi novia estaban allí. Efectivamente. Mi novia estaba sujetándosela. Así que miré a través de la discreta apertura.

Ahí estaba mi novia, sujetando el pene de mi amigo y apuntando a la taza.

«Recuerda lo que te dije antes, Jorge no se tiene que enterar. Las otras veces te hice un favor, pero lo de hoy no puede pasar de aquí. Algún día nos va a pillar.»

¿Cómo? Ella le había sujetado la polla otras veces y no me dijo nada. Me la suda cómo estemos, porque tendré una larga conversación con ella en cuanto salgan.

«Lo sé, y me sabe mal. A ver, a mí me jode más que a ti porque él es buen tío y no me gustaría ni un pelo que mi novia estuviera sujetándole el pene a otros tíos para que measen.»

«Bueno, tú concéntrate en mear porque hace un minuto me decías que te lo hacías encima y aún no veo ni una gota. Por cierto, ¿cuándo decías que te ibas?»

«Pues el viernes me dijeron los del ayuntamiento que reestablecerán el servicio de agua en cuanto acaben las obras de pavimentación. Una vez haya agua me iré.»

¿Qué cojones? ¿Pero no había dicho no sé qué de unos fumigadores y de una plaga de cucarachas? ¿Por qué a mi novia le dice eso? Vale que nuestra relación no esté en su mejor momento y que tan apenas interactuemos, pero no sé, podría haberme dicho algo. Vale que tan apenas intercambiemos palabras y si lo hacemos es para discutir, pero no sé. Me suena que le dije en su día que Rober se quedaría con nosotros por la plaga de las cucarachas, no sé por qué ella no me dijo que Rober le comentó otra cosa.

Mientras mi cabeza iba cavilando sobre el problema de no tener buena comunicación en la pareja, seguía mirando.

No sé por qué lo hizo Iris. Al parecer estaba cansada y se sentó en el bidé de al lado del retrete. Después, miró a Rober a los ojos desde abajo, con su polla en la mano y cerca de su cara. Éste, al verla así, se puso serio y empezó a mear.

El chorro no era tan intenso como en los días anteriores, ni caía con la misma fuerza. Era más bien entrecortado e irregular. Entonces lo vi claro, se estaba empalmando. No estaría dura pero sí morcillona. Iris no es que colaborase mucho para que la situación desescalase, pues se empezó a reír tímidamente mientras miraba a Rober fijamente.

«Se me ha puesto dura, no sé si podré continuar. Espera un momento a que se me baje porque no quiero ponerte perdida.»

«Vale, no te preocupes. ¿Quieres que haga algo?»

«No, mejor no. Espera un momento.»

Inspiró y espiró un par de veces, se relajó y continuó con la meada.

Al acabar, se ve que Iris vio que salpicó algo por la taza y fue a limpiarlo.

«Perdón, no esperaba que me pasase esto.» Dijo él cabizbajo.

«No te preocupes. Aunque la próxima vez intenta no tener una erección mientras meas.»

«Lo sé. Es que uno no es de piedra y hace tiempo que una chica no toca mi pene.»

«Está bien. No pasa nada, pero, lo dicho, intenta evitarlo para la próxima.»

Lo que le dijo me extrañó. Llevábamos dos semanas aproximadamente conviviendo de nuevo. Me dijo que había vuelto con su ex y, ¿de verdad hace tiempo que no le toca una mujer?

«Espera, creo que tienes algunas gotas alrededor. Siéntate en el bidé.»

Él obedeció sin rechistar.

«¿Puedes usar el bidé?»

«No mucho. Recuerda que mis manos no pueden tocar el agua.»

«Vale.»

Y como un idiota, sin reaccionar, observaba cómo mi novia le limpiaba el pene en el bidé. No duró mucho, tan apenas un minuto o dos, lo suficiente como para enjabonarle su polla y aclararla.

«Creo que ya está.» Dijo él mientras hacía muecas como de incomodidad.

«Creo que sí. Vale, pues levántate y te la seco. Rápido porque Jorge creo que estará a punto de acabar y no quiero que nos pille salir los dos de aquí.»

Se levantó y aluciné bastante. Su pene estaba erecto. No muy grande, pero erecto y perfectamente depilado.

«Suerte que te depilé ayer, porque si no hubiera sido más incómodo.»

¿Cuántas veces habían estado juntos en el baño? Lo que no entiendo es por qué Rober no me avisó. La verdad es que me era difícil entender cuándo fue la vez que tuvieron esa sesión de depilación porque tampoco es que me asomase mucho ahí.

«Pues sí. De todas formas, no hacía falta tanta limpieza. Podría haberme ido a la ducha y ya está.»

Mi novia no respondió. Simplemente le ayudó a ponerse de pie y a subirle los pantalones. Lo que me hizo entender que se iban ya.

Me alejé de la puerta todo lo que pude y me quedé enfrente. No quiero ser como esos cornudos consentidores que pululan por esta página. No quería montarles el pollo en el baño. No quería más humillación, quería que no se lo esperasen. Al menos preguntarle a Iris por qué había sido tan puta y falsa de no decirme nada. No sé, creo que sujetarle la polla al amigo de tu novio no es nada que se pueda hacer todos los días y hagan todas las novias. Y Rober, ¿no habíamos quedado en que me llamaría? Que sepa, había una regla muy sencilla: me envías un Whatsapp y voy. No creo que haya que ser un ingeniero de la NASA para entender tan compleja operación.

Y abrieron la puerta.

«¡Hostias!» Decía Rober sorprendido y con los ojos como platos. Igual que Iris.

«¿Qué? Podrías haber avisado, ¿no?» Dije con cara seria y con los brazos arqueados. No sabía si soltarle un tortazo a él o a ella.

«Cari, lo siento mucho, pero es que se meaba. Estábamos en el comedor viendo una peli y creía que no llegaría a tiempo.» Ignoré esa excusa de mierda y les pregunté cuántas veces habían sido. Quería por lo menos tener una buena excusa para enviar a ambos a la mierda.

«Con esta vez creo que cuatro o cinco, no me acuerdo.» Dijo Iris sin mirarme ni a la cara de la vergüenza.

«Cojonudo. Pues nada. Iris, vale que no quieras follar ya porque estés muy estresada y tengas tus movidas, pero esto no me lo esperaba. Ahora me voy y mañana a primera hora nos vemos con el abogado para organizar la separación. Y tú, Rober, mejor cállate la boquita antes de que te la parta y te tengan que vendar la cara también.»

No les di ni la satisfacción de responderme. Quería irme de allí y amargarles la tarde. Oía cómo sendas respiraciones (de Iris i Rober) eran nerviosas, sobre todo la de Iris. Seguramente en breve se pondría a llorar. Pero no hay excusa. ¿A mí no me toca ni con un palo desde hace meses, pero a mi amigo le lava el miembro? Por ahí no paso. Una cosa es que hagamos un trío, consensuado y pactado, y otra cosa es que a escondidas le esté tocando el pene a mi amigo.

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Seguramente no os imaginabais que derivaría en esto, aunque ya se intuía. Como os dije en el anterior, es el primero de los 8 relatos en total de esta serie, que explorará una fantasía cuckold que llevaba tiempo pensando y me he atrevido a mostraros. Como en el anterior relato no había tan apenas nada que tuviera que ver con el cuckold, lo catalogué de manera diferente. Dicho lo cual, aún quedan 6 relatos más que explorarán y podrán a prueba mi relación con Iris. ¿Creéis que habrá reconciliación? ¿Os creéis la excusa de Rober? Como habréis visto, mi alter ego no está muy por la labor de querer ser un cornudo, así que se viene salseo del bueno.

Lo prometido es deuda, hablaré un poco más de mi relación con este relato. A diferencia del primero, este es completamente irreal, solo comparte los nombres. Simplemente es una experiencia que quería experimentar porque me dan morbo las infidelidades algo sutiles y lentas. Que haya un juego de seducción. Por muy mala que sea una relación las infidelidades no surgen ni se desarrollan tan rápido. De ahí que no me gusten los relatos que a las tres páginas la chica ya lo está dando todo con el amante al que acaba de conocer. Debo confesaros que me han puesto los cuernos alguna vez y no han sido fruto de una noche, así que he intentado que la relación entre Iris i Rober sea lenta y pausada, con ciertos y evidentes tonos de fantasía cuckold. Quiero que veáis cómo va evolucionando la cosa.

Se me olvidaba, si queréis hablarme en privado para compartir fantasías íntimas y que compartamos momentos más allá de esta página, aquí les adjunto mi correo: [email protected]