Una Vida Peculiar. Los inicios Cap. IV
No sabía que entrar por esa puerta significaba dejar de ser yo. Me miraron con desprecio, me golpearon y me ordenaron ser lo que ellos querían. Ahora, entre el dolor de los azotes y el asco de mi propia orina, descubro que mi cuerpo traiciona a mi mente, y que el placer se esconde en la humillación más absoluta.
UNA VIDA PECULIAR. Los inicios.
Capítulo IV
Abrí la puerta nerviosamente. Todo estaba en silencio. Dejé el bolso en la entrada y la compra en la cocina. Lentamente me dirigí al salón. Estaban los dos encarameladitos tumbados en el sofá viendo la televisión.
—Buenas noches, Amos —Intenté que mi voz fuera lo más melodiosa posible.
No pude decir nada más. Mi Amo se levantó hecho una furia y me soltó una bofetada que me tiró al suelo. Me quedé de rodillas tocándome la mejilla, intentando mitigar el picor que me proporcionó el sopapo.
—¿Cómo te atreves a presentarte de esta forma?, ¿ya se te ha olvidado la norma principal que te expliqué ayer? —Me gritaba pegado a mi oído. —Siempre te presentarás desnuda. Te tienes que despelotar en la misma entrada, si me apuras en el propio descansillo. —¡¿Me entiendes, puta?!
—Contento me tienes. Tu Ama me ha explicado las desobediencias que has tenido hoy. Ya hablaremos del orgasmo y mearte sin permiso. ¡Vamos, guarra!, ¿A qué esperas para desnudarte? —Seguía gritándome en el oído.
No me acordé. Cuando me contó las normas, mi hermana me estaba masturbando con uno de su pie y, la verdad, no atendí mucho a sus explicaciones.
—Lo siento mi Amo, no volverá a ocurrir. —Me quité la falda, los zapatos y la camisa y me senté sobre mis rodillas.
—Ve a prepararnos la cena. Con una tortilla francesa y una cerveza servirá, nos hemos puesto morados en la comida y no tenemos mucha hambre. Nos la traes en dos bandejas al salón—Ordenó mi hermana. —Y no comas nada, ya te serviremos algo mientras cenamos. —Me gritó mi Ama mientras me dirigía a la cocina.
Cumplí la orden a rajatabla y en unos minutos les llevé la cena. Después me senté en el suelo enfrente de ellos en la posición de siempre.
—Hay que ver lo brillante que tienes el coño, nunca pensé que te excitará tanto que te dominara. —Rió mi hermana.
Me ruboricé por el comentario aunque he de confesar que estaba totalmente salida algo me pasaba en la cabeza que n podía entender.
—Ve a por el cubo de fregar. —Ordenó mi Amo.
Me extrañó la orden, no podía ser nada bueno. Pensé.
—Acércanoslo, puta. —Esta vez fue mi hermana la que habló.
Se lo aproximé donde estaba cenando. Tiró la tortilla al suelo y con la zapatilla la pisó haciendo una papilla pegada en el piso.
—No tengo hambre. Coge ese engrudo con las manos y tíralo al cubo
Tuve que restregar bastante con las pocas uñas que tenía, pues algunos trozos se habían pegado bastante, pero al final todo lo que antes era una tortilla quedó dentro.
—Sitúate en el centro de la habitación y mea de pie dentro del cubo, supongo que tendrás ganas.
—Y no salpiques, porque lo que no caiga dentro tendrás que limpiarlo con la lengua. —Apostilló mi Amo.
Situé el cubo entre mis piernas. La verdad que estaba reventando, emergió el flujo pero conseguí que el pis saliera despacio para evitar salpicar y que callera algo al suelo. Era denigrante orinar en presencia de mis Amos pero ya poco a poco iba superando esas cuestiones.
—Ahora te pondrás de rodillas, meterás tu asquerosa cabeza y a cenar. Para que luego no pienses que te matamos de hambre.
—Además el pis te hidratara cantidad. —Se reía mi Amo.
Miré el cubo con asco, estaba con alguna suciedad en las paredes. Se veía los trozos de tortilla machacada flotando entre mi orina.
—Vamos, puta. Qué no tenemos toda la noche. Si vomitas te lo comerás también.
La verdad es que estaba muerta de hambre desde el trozo de pan machacado también en mi orina no había probado nada en todo el día, así que me armé del valor necesario y metí la cabeza dentro del cubo. Sorbí lo que en otro momento era una tortilla y ahora un amasijo y luego con la lengua fui bebiendo mi propio pis. Las arcadas fueron extraordinarias pero pude contener el vómito.
—Ahora ya sabes, a tomar el postre, puta.
Alargando la pierna con la zapatilla se veían los restos de tortilla machacados, fui a su lado y con la lengua le fui limpiando la suela.
—¡Qué guarra es!, solo con verlo casi vomito. —Le comentaba mi Amo a mi hermana.
Cada vez que me humillaban, mi conejo manaba más fluidos, no podía evitarlo. Notaba mis muslos pegajosos, seguía sin entender lo que me pasaba, pero mi excitación iba a mayores.
—Una vez terminada la formalidad de la cena, pasemos a los “regalos” que hemos comprado esta mañana y que tan generosamente has abonado con tu tarjeta. —Vamos puta ve al rincón y tráenos esa caja grande. —Me ordenó mi hermana.
Miedo tenia de lo que habían comprado pero me levanté y la traje. Se lo dejé a los pies de mi Ama y volví a sentarme al suelo.
La abrió con mucha parsimonia como disfrutando del momento. Fue sacando diferentes cosas a cuales más crueles, y dejándolas en la mesa del salón, algunas no sabía ni lo que era, pero ya estaban ellos para explicármelo;
—Te hemos comprado dos plug anales, uno con cola para que lo lleves siempre en casa y otro con una pequeña joya en la empuñadura para que te lo pongas siempre que salgas a la calle. Tienes que dilatar el agujero del culo.
Vi horrorizada el tamaño de los tapones anales, me parecieron muy grandes, pensé que era imposible que semejantes artefactos entraran en mi cavidad anal.
Parecieron intuir mis pensamientos,
—No te preocupes por el tamaño, entrarán y dentro de un tiempo tendremos que comprar unos más grandes. El culo lo tendrás entrenado para que te podamos meter cualquier cosa.
Escuchando hablar a mi Ama, consiguió que se me volvieran a saltar las lágrimas. De la caja seguían sacando más artefactos de tortura. Esta vez fue mi Amo quien tomó la palabra;
—Esta cadenita con dos pinzas a los extremos que simulan dos cabezas de cocodrilo serán para tus pezones. Tendrás que llevarlo cuando varias horas al día, tienes que entrenar también esos pezones. Por lo demás ya te figuraras que mas hay; látigos, palmetas y una fusta para castigarte cuando lo merezcas. Ah, también te “has comprado” una mordaza con una bola para que no molestes a los vecinos con tus gritos y muchas cuerdas de distintos grosores y tamaños, además de alguna que otra cosilla. —Se notaba que disfrutaba viendo la cara de terror que debía poner con cada artilugio que me enseñaban.
—Por supuesto, seguiremos comprando más accesorios a medida que los vayas necesitando. Esto es solo el “kit de iniciación”. —Rieron los dos por la ocurrencia.
—Venga, ¡vamos a probar el plug de la cola!, baja la cabeza al suelo, pon el culo en pompa y con la manos ábrete los cachetes, vamos puta. Hay que empezar a dilatar ese agujero desde ahora mismo.
Con mucho miedo, obedecí. Nunca me habían metido nada por el ano, es más, jamás había tenido sexo anal, creía que esa monstruosidad sería imposible ubicarla dentro.
—¡Vaya!, comentó mi hermana, se nos olvido comprar vaselina. Bueno, no pasa nada, con saliva bastará tienes que acostumbrarte al dolor.
Se limitó a escupir certeramente en el ano y colocó la punta del plug en la entrada de mi agujero. Fue presionando con fuerza y constancia. Cada vez que me entraba un milímetro veía las estrellas. Empecé a gritar pero le dio lo mismo, siguió y siguió empujando hasta que ese artefacto se incrustó totalmente.
—A ver, sepárate y anda a cuatro pata, quiero ver el efecto.
Me hizo dar vueltas por el salón, observando con mirada profesional el efecto que hacia el plug. Me sentía muy llena, me iba a costar acostumbrarme a semejante artefacto dentro de mí.
—Ha quedado perfecto, la cola te da un aire de perra impresionante. ¿Verdad, amor? —Preguntó a Alex.
—Si cariño. Es más, —Continúo hablando. —A partir de ahora, cuando estemos en casa, si no te decimos lo contrario, caminarás siempre a cuatro patas.
—Me parece genial. —Concluyó mi hermana. Ya sabes puta, una nueva obligación innegociable, en cuanto llegues, te desnudas y te colocas el plug de cola y a caminar a cuatro patas.
—Si Ama. —Contesté.
—Vamos a probar las pinzas. Ven, acércate. —Ordenó mi Ama.
Me acerqué a cuatro patas, como tenía que ir por la casa a partir de ahora, cuando estuve a su altura me indicó que levantara el torso y le presentara mis tetas. Sin ninguna compasión estrujó y estiró cada uno de mis pezones para endurecerlos. Cuando estuvieron a su gusto abrió las bocas de cocodrilo de cada uno de los extremos y me los colocó. El dolor fue terrible, tenía la sensación de que me arrancarían mis pezones. Grité como una loca.
En contestación a mis alaridos recibí una fuerte bofetada que me hizo tambalear.
—Como no te calles, te muelo a golpes. —Gritó mi hermana. —Acostúmbrate rápido al dolor porque es lo que te espera. Tendrás que llevarlos puestos una media de dos a tres horas diarias para que se te curtan los pezones y te los pondrás tu sola. Vuelve a sentarte. Vamos, ¡no me oyes, estúpida puta!
Como pude me coloqué en la posición de sumisa. Tuve que hacer un pequeño hueco en mis pies pues, en un primer momento, no me di cuenta y se me incrustó, todavía más adentro el plug que llevaba.
—Ya sabes, el plug de la cola para casa, el otro para la calle y cuando te los quites deberás limpiarlos con la lengua. Ya sabes todo lo que salga de ti, tienes que limpiarlo.
Yo ya no escuchaba, el dolor en mis mamas se hacía insoportable, las lágrimas volvieron a asomar en mis ojos.
—Y ahora que ya estás disfrutando de algunos regalos, pasemos a la parte seria del día. —Hablaba con un tono muy serio —¡Los castigos!
No me acordaba. Todavía me dolía el culo de los reglazos que me propino a la hora de comer y no era más que un adelanto. Me puse a temblar.
—A ver Alex. —Empezó a enunciar mi hermana. —Esta mañana esperando a desayunar se meó encima la muy guarra y en su despacho de la oficina le pille masturbándose y volviéndose a mear.
—Está visto que a cerda no la gana nadie. —Apostilló mi Amo.
—Yo creo que por masturbarse sin permiso, además de volver a dormir atada como anoche, tendremos que corregirla con 50 fustazos en el coño, así probamos el nuevo juguete. ¿Te parece Amor?
—Me parece perfecto. Necesita un castigo ejemplar y doloroso para que no se le vuelva a ocurrir masturbarse sin permiso —Concluyó mi Amo. —Y por mearse dos veces sin autorización, ¿qué te parece ponerle unos pesos enganchados a la cadena donde tiene las pinzas en los pezones? Y que lo lleve, ¿digamos una horita?
—Me parece estupendo, Amor. —Concluyó mi hermana.
Me sudaban las manos, tiritaba de miedo, las lágrimas volvieron a surgir. Si los fustazos que me dio en el culo me dolieron horrores no podía imaginar si quiera el dolor que me iba a producir en mi vagina, pero aun con todo, lo más preocupante era que mi coño seguía rezumando líquido, no lo podía entender. Aún y así intenté suplicar para intentar al menos, me rebajaran algo el castigo.
—Por favor Amos, juro que no me volveré a tocar sin autorización. Lo de hacerme pis fue una necesidad fisiológica, no lo pude evitar. —Lloraba como una María Magdalena intentando darles pena.
—Toda acción, tiene su consecuencia. Entérate de una vez que no eres más que una puta sumisa que solo estas para obedecer, si no lo haces, habrá consecuencias. ¡Súbete y siéntate en el filo de la mesa del comedor, ya! —Zanjo mi hermana mis súplicas.
No tenía más remedio que obedecer. Mi Amo retiro todos los cachivaches que habían dejado en la mesa para dejarla vacía. Me levanté y torpemente me subí en el filo de la mesa dejando mis piernas colgando. Me ataron cada una de las extremidades a las patas de la mesa. Quede con las piernas súper abiertas y mi coño quedo expedito para sufrir el castigo impuesto.
—Átala también las manos, Amor. No vaya a ser que quiera protegerse el coño. —Comentó mi hermana.
Me ató las muñecas entre si y dejó un cabo largo de cuerda que amarró a la pata central. Quedé totalmente tumbada boca arriba encima de la mesa con el coño abierto justo en uno de los filos del tablero a merced de mis Amos. No me quedaba más remedio que aguantar la paliza.
—¡No me lo puedo creer, está mojada la puta!. —Exclamó mi hermana metiéndome dos dedos dentro de la vagina. —Ya sabes, hermanita a limpiar todo lo que entre y salga de tu agujero. —Me lo decía mientras me metía sus dedos en la boca para que los limpiara y en efecto estaban machados de mis fluidos vaginales.
Sacó de la “caja de regalos” una especie de palmeta alargada ideal, según comentaron, para azotar el coño. Agito ese artefacto al viento. El ruido fue ensordecedor.
—Bien, putita, lo vas a hacer como en la oficina. A cada fustazo lo cuentas y me das las gracias. Serán cincuenta así que a disfrutarlos. —Rió.
—¡Zas!, estrelló con todas sus fuerzas el artilugio en el centro de mi coño.
—¡Ayyyyyy! —Grité a todo pulmón. —Uno, gracias Ama por corregir a esta puta.
Las lágrimas se me iban resbalando por las mejillas y caían en la mesa. Sin importar mi sufrimiento, mi Ama seguía azotando mi dolorido coño que ya estaba dando síntomas de inflamación. Y una y otra vez iba estrellando la palmeta contra mi ya muy dolorido coño. Y yo, como podía, a cada fustazo le daba las gracias.
—¡Zass! Entre lloros pude decir cincuenta, gracias por corregir a esta puta.
—Algo se ha resecado, pero sigue con algo de flujo. —Exclamó mi Ama metiendo dos dedos bruscamente en toda mi cavidad. —La próxima vez que quieras tocarte sin permiso serán cien azotes en tu asqueroso coño. No te van a quedar ganas de volver a hacerlo.
Me retorcía de dolor en la mesa por la brusquedad que tuvo al meterme sus dedos, sin suavidad y sin ninguna consideración a lo inflamado que estaba.
Sacó los dedos y los llevó a mi boca para que se los limpiara. Me escocía la vagina cantidad, los azotes habían sido brutales pero aun con dolor seguía rezumando mi coño.
Me soltaron. Al incorporarme me picaba la zona cantidad, pero no me dejaron mucho tiempo para que me recuperara. Ahora fue mi Amo quien sacó de la cajita de marras unos pesos sujetados por unas anillas, me los colocó debajo de cada pinza. Mis tetas se voltearon hacia abajo y mis pezones quedaron tensos y más fuertemente aprisionados por las presillas. Los dientes que agarraban mi protuberancia parecía que apretaban con más fuerza.
—¡Me duele mucho Amo!, no sé si podré soportarlo. —Grité.
—Claro que podrás aguantarlo no son más que dos quilos por peso. La próxima vez que tengas ganas de mear te lo pensarás dos veces antes de hacerlo en cualquier lado. Porque, en caso contrario, no serán dos quilos, serán muchos más.
—Átala las manos a la espalda, no vaya a tener la tentación se quitárselas. —Apostilló mi hermana.
Cogió de la maldita caja unas esposas y me engrilletó las manos a la espalda.
—Sentada en la manera sumisa, vamos. ¡Obedece, puta!
Con no poca dificultad pode sentarme sobre mis talones. En esa posición la piel de mi pubis se estiró bastante lo que me ocasionaba un malestar tremendo por los azotes recibidos, Los pezones me estrujaban un montón y, al tener las manos engrilletadas a la espalda, no me di cuenta y choqué el final del plug con el suelo lo que hizo que se incrustara todavía más adentro, suspiré de dolor.
Mis Amos se tumbaron en el sofá y se pusieron a follar como locos y yo allí sentada y dolorida por todos los lados aunque y me fastidiaba tener que admitirlo, cada vez más salida y más cachonda.
—¡Puta, ya sabes lo que tienes que hacer! De rodillas acércate y limpia la polla a tu Amo y luego mi coño, vamos, que no tenemos todo el día.
Me acerqué arrasando las rodillas, seguía teniendo las manos atadas. Con el movimiento se bamboleaban las pinzas y por el efecto del peso tiraban de mis pezones, el dolor era impresionante. Cuando llegué a su altura bajé la cabeza y me metí la polla de mi Amo ensalivándola todo lo que pude. De pronto sentí unas punzadas en mi vagina, mi Ama estaba jugando con su pie desnudo, arrastrando su planta por todo el contorno de mi conejo. Debido a la irritación que tenia por los azotes que me dieron minutos antes, tuve que expulsar la polla de mi Amo para no morderla y gritar de dolor.
Entonces sentí una patada de mi hermana dada con la planta de su pie en mi maltrecha vagina. Me doblé del dolor. Esa zona estaba súper sensible.
—Puta, como no te metes ipso facto la polla de tu Amo, te vuelvo a asestar otros 50 trallazos en tu asqueroso coño. ¡Vamos!
Tanteando con mi boca, volví a metérmela en la boca y a duras penas pude terminar de limpiársela. Acto seguido baje más la cabeza y me dispuse a chuparla el coño, intentando comerme todos los restos de lefosidades que iba expulsando. Se abrió más de piernas y empezó a jadear. No me lo podía creer la estaba proporcionando otro orgasmo.
—¡Sigue, no pares, puta de mierda!, ¡Así! Ahhhh.
Se corrió en un gran squirt en mi maltrecha boca. Tuve que tragarme todo el líquido que salió de su vagina. Parecía una catarata. Una vez que estuvo relajada, me apartó con el pie.
—Para lo único que vales es para comer coños, puta. Menuda corrida.
Se acercó y empezó a magrearme el coño. Me dolía pero a la vez estaba muy excitada y, sin querer, empecé a suspirar.
—¡Mira que eres puta!, después de los castigos y que tienes presionados los pezones es tocarte un poquito el coño y ya estás disfrutando como una perra. ¡Deja de gozar! —Empezó a darme palmadas fuertes en el coño que me hicieron doblar de dolor.
—Es tarde, deberíamos ir a dormir. Por cierto, mañana no iras a trabajar tenemos que ir a comprarte ropa adecuada para ti. Llamarás a tu secretaria y le dirás que estas enferma y que cancele todo.
Intenté protestar porque tenía programadas varias reuniones pero una bofetada de mi Amo me hizo volver a doblarme con el consiguiente dolor de tetas al bambolearme las pinzas.
—Ven aquí, puta que te quite las pinzas. —Me ordenó mi Amo.
Sin ninguna consideración me abrió las pinzas y la sangre volvió a correr por el pezón aullé de dolor, cosa que no le importó.
—¿Tienes ganas de hacer caca?
—No Ama, tendría algunas ganas de orinar, eso sí
—Entonces no te quitaré el plug de cola, dormirás con el puesto. Ve a la cocina y trae una jarra de agua vacía, mearás allí.
No me lo podía creer. Una cosa es no volver a tener intimidad para hacer mis cosas, pero otra muy distinta era tener que orinar en una jarra en presencia de mis Amos. Marché a la cocina y traje la jarra que me habían ordenado.
—Ponla en el suelo y mea dentro de ella y mucho ojo con salpicar fuera porque te la ganaras. ¡Vamos, puta, si tantas ganas tienes empieza ya, que no tenemos toda la noche. Gritó mi hermana.
Coloqué la jarra en el suelo y me puse en cuclillas sobre la misma. Dirigí el chorro dentro. La salida del pis me escocía sobremanera como consecuencia de los azotes recibidos, veía literalmente las estrellas, al fin pude terminar, llené media jarra.
—Ahora coge el recipiente y te lo bebes, ya sabes, todo lo que sale de tu cuerpo, tiene que volverá entrar. Además servirá para hidratarte. Concluyó mi hermana.
No tenía elección, cuanto antes empezara, antes terminaría. Cogí la jarra con las dos manos y me la llevé a la boca. Estaba caliente, no sé cómo pude reprimir el asco pero poco a poco pude bebérmela.
—Muy bien, sin derramar una gota, como a mí me gusta. Vamos al dormitorio, “tengo que prepararte la cama”. —Rieron los dos por la ocurrencia de mi hermana.
Me puse a cuatro patas y les seguí hasta el dormitorio. Me sentía ridícula de esta guisa y con el movimiento el plug ya me empezaba a molestar llevaba varias horas con el puesto y no me lo iban a quitar para dormir.
—Hasta que no nos demuestres que eres merecedora de nuestra confianza dormirás atada de la misma forma que ayer. Pero no te preocupes, mañana llegará tu cama. La hemos pedido esta mañana por internet. Veras que sorpresa, o ideal para una perra como tú.
Temblaba de miedo, no podía esperar nada bueno de mis Amos.
Me ataron con las manos a la espalda, los pies juntos y el extremo de la cuerda al radiador, dándome el espacio justo para que por la mañana pudiera hacerles la mamada de rigor.
Todavía me iba a costar más dormir por el dolor de coño, los pezones, aunque me habían quitado las pinzas, todavía el propio roce con el suelo me molestaba y el plug anal se había resecado dentro de mi culo, no conseguía acostumbrarme a él.
Continuará.
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