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Larga batalla por una esposa. 20

No imaginaba que la mujer con la que compartió treinta años pudiera ser tan distinta. Al ver el video, el narrador comprende que la humillación no fue un accidente, sino un ritual diseñado para romper su voluntad.

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Larga batalla por una esposa. Capítulo 20.

Otro de los videos desestabilizantes, acaso entre los que más, sucedía, curiosamente, en un cuarto de baño. Se grabó de inicio con cámara fija en trípode y luego ya tomándola en la mano la propia Joana. Con no ser, en puridad, una sesión de sexo, al matiz sensual con el que comienza va progresivamente sumando erotismo para terminar en un proceder tan inesperado como bestial, al menos conforme a mi sensibilidad, que en verdad superó entonces todo lo precedente.

La estampa es de Rubén recostado en una formidable y muy amplia bañera de hidromasaje. Se le ve cómodo y relajado. Mi ex-mujer, totalmente desnuda, se acerca y desde fuera comienza a enjabonarle con delicadeza, el pecho, el abdomen, los genitales, las piernas… Joana le va pasando los geles. Cuando el varón se pone de pie, ambas proceden a lo mismo pero incluyendo ya la espalda y los glúteos. Después pasan a rociarle con agua para eliminar la espuma, no dejando rincón de ese cuerpo fibroso sin pasar sus manos y esponjas.

No me sorprendió ver cómo Beatriz pasaba al interior de la gran pila y se arrodillaba en ella, una vez más de frente al miembro de Rubén, que estaba flácido. Es entonces cuando Joana cogió la cámara y enfocó de cerca la sobrecogedora escena que iba a seguir. La voz de esa víbora sonó como un trueno de maldad:

— A ver si esta vez consigues recogerlo y tragarlo todo, sin que escape nada!

Justo empezó el hombre a orinar, un gran chorro, que caía sobre lo boca abierta de Beatriz, chiscando al golpear los blancos dientes y saliendo también una gran parte para resbalar por la barbilla y descender por encima de su pechos y, sobre todo, el canal entre ellos, desparramándose en su vientre y los muslos. Me pareció que esa micción fue larga, inacabable. Aunque ella no se movía, una ligera oscilación de él hacía que el líquido amarillo también se impactara contra el rostro, obligándola a cerrar los ojos.

Terminado, cuando ya solo goteaba, de nuevo habló la pérfida Joana:

— Cielo, límpialo bien!

Beatriz, sin demora se introdujo entero ese pene blando pero grueso, succionándolo a la par que lo envolvía con la lengua. Tras un buen rato, procedió a lamer también con gran cuidado el glande y prepucio, los testículos y el periné. Terminado, siempre ella de rodillas, dirigió su mirada al macho, quien atrapó su cabeza con esas dos fuertes manos para lanzarle un beso a distancia. El video termina con Rubén saliendo de la bañera y recogiendo un albornoz que le ofrece Joana. A mi ex-mujer le cuesta poderse poner de pie y tiene que ser ayudada por su amiga/enemiga. Así finaliza todo.

Es tremendamente duro, infinitamente humillante, ver la sumisión de la mujer de tu vida a otro varón, en ese grado tan extremo. Sé, por las palabras de Joana y porque lo pude comprobar igualmente en otros videos anteriores, que este modo de proceder no era algo nuevo. No le desagradaba a Rubén hacérselo de vez en cuando, siempre aprovechando la ducha o el baño, particularmente cuando habían terminado alguna sesión maratoniana de sexo duro. Era, por así decir, “la rúbrica”.

Bien parece, en cualquier caso, que la pareja jugaba con su víctima, que resultaba ser la madre de mis hijos y mi esposa durante 30 años, el rol clásico de “policía bueno/policía malo”. Ella ejercía los tratos físicamente causantes de malestar, cuando no dolor. Él aportaba firmeza, sutil “protección” y, lo más importante, fuerza/seguridad varonil. Una la lanzaba en brazos del otro, sin que este último hiciera en esencia nada para impedir que la ejerciente como “ama” persistiera en la coerción, el abuso y la crueldad. Que Beatriz, por su tendencia masoquista, terminara por encontrar placer en ello no le quita ninguna valoración “maquiavélica” al asunto. Sin duda, Joana y Rubén, Rubén y Joana, no son un matrimonio ordinario. Necesitaba saber quienes eran realmente, como se conocieron, qué tipo de vida llevaban, ya antes de caer como buitres sobre Beatriz.

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