Xtories

Capricho durante el crucero

El crucero por el Mediterráneo promete diez días de relax, pero para esta pareja, el verdadero destino es otra cosa. Con la mirada fija en una joven tímida y un cuerpo tentador, el marido y la esposa planean su primera jugada. ¿Lograrán romper el hielo de la chica antes de que el barco toque puerto?

Deverano200311K vistas8.0· 6 votos

Esta corta historia se compone de varios relatos encadenados entre sí. En cada uno de ellos, alguno de los protagonistas cuenta a su manera su vivencia al acercarse al centro de la escena.

Episodio 1

Con el crucero por el Mediterraneo que empezamos hoy damos por cumplido uno de nuestros mayores deseos. Atrás queda el trabajo, las obligaciones cotidianas, incluso los compromisos sociales. Estaremos diez días pensando solo en nosotros, visitando las capitales cuna de nuestra civilización y cuando así nos apetezca, disfrutando de las actividades y el relax que este estupendo crucero nos proporciona.

Ese es el primer motivo, pero hay otro no menos importante. Desde hace algún tiempo, mi pareja y yo misma acariciamos una fantasía, un sueño que desamor ver cumplido. Es una fantasía que nos aparta de nuestras rutinas, que nos llena de morbo y curiosidad.

Después de hacer el amor de forma más o menos convencional, algunas veces sale como tema recurrente de conversación. Teresa me pregunta si me atrevería a invitar a alguien a compartir nuestro lecho y nuestras ganas de experimentar nuevas sensaciones.

Nos gusta hablar de ello, de las cosas que haríamos, cómo nos íbamos a comportar con esa otra persona, y como debería ser ella o él, para colmar nuestra expectativas. No terminamos de ponernos de acuerdo, Carlos siempre se inclina por decir que lo mejor sería contactar con una jovencita hermosa y sumisa. Aunque yo esto no lo descarto, le propongo que un chico joven, bien parecido y bisexual seguro que nos complaceria a los dos y seguiría siendo una experiencia totalmente nueva.

...

Hace un rato que hemos embarcado en el mega barco que nos llevará por varias ciudades ribereñas. Dentro de las diversas expectativas de diversión que traemos a este viaje de placer está encontrar a alguien con quien llevar a cabo alguna de nuestras fantasías. Al oir ruido en el pasillo, vemos que viene alguien a alojarse en el camarote vecino. Con disimulo, nos hemos asomado para ver si la suerte nos ha favorecido con alguien que se preste a cumplir con nuestros deseos y con quien pudiéramos cumplir alguna de nuestras fantasías.

Las expectativas se desvanecen de inmediato. Como vecinos durante la travesía tendremos una pareja totalmente convencional. La pareja está cerca de los cincuenta años, educados… amables y no parecen los mejores candidatos para nuestras morbosas intenciones. Deberemos seguir buscando.

Para la primera cena a bordo, me pongo un vestido veraniego y llamativo. Si hay alguien disponible quiero que se fije en nosotros desde el primer momento. Carlos se arregla con un look marinero y elegante que le favorece mucho. Los dos estamos dispuestos a “echar la red a ver si pescamos algo”. Tenemos mesa reservada, el resto de comensales, los vecinos de camarote, una pareja de mediana edad de un país norteño y quedan dos asientos libres…puede que tengamos suerte con la pareja que esperamos tenga asignados los asientos libres.

Justo antes de que el capitán del barco haga su discurso de bienvenida se completa la mesa con una chica joven y su hermano adolescente…son los dos hijos de la pareja que habíamos conocido antes.

Durante la cena tenemos una agradable sorpresa, su hija de diecinueve años hace el crucero con ellos y comparte camarote con su hermano pequeño. Al verla, Carlos y yo compartimos el mismo pensamiento: una chica como esta sería ideal para nuestras intenciones. Es muy linda, aunque de momento es poco sociable y un poco muy callada. Ambos coincidimos en que esos inconvenientes se pueden solucionar.

La cena discurre con normalidad. Los padres son muy extrovertidos y enseguida nos preguntan por nuestras cosas. La pareja de extranjeros no participan casi nada en la conversación y van por libre. El chico está pendiente de localizar a alguien de su edad con quien compartir estos días que debe pasar atado a sus padres.

La chica parece estar ausente. A simple vista, no parece que haya nada que le interese. Tampoco se la ve con muchos ánimos. Lo más probable es que tengamos que buscar otra alternativa si queremos tener nuevas experiencias y aventuras que poder recordar.

Mi marido está mucho más animado que yo. Ha visto que Beatriz, así se llama la chica, tiene un cuerpo muy apetecible y su expresión lánguida la interpreta como señal inequívoca de aburrimiento que nosotros podemos cambiar. Por la expresión de su cara y en respuesta a algunos comentarios de sus padres, la chica parece estar bastante molesta por tener que ir con ellos y su hermano a este viaje que no es el que ella quería hacer.

He intercambiado con Carlos algunas miradas y hemos convenido que la chica puede ser una buena candidata para hacer un trío con nosotros. Tiene un buen tipo y es probable que quiera dar el paso al mundo de los adultos. Estamos seguros que podemos usar este sentimiento de rebeldía contenida para llevarla a hacer cosas que ni se imagina. Veremos si hay suerte. Doy un apretón en el muslo de Carlos para indicarle que estoy de acuerdo con nuestro objetivo.

Trás el segundo plato y unas cuantas copas de vino, la conversación se hace distendida, y la madre se atreve a hablar de Beatriz.

―Es una chica especial…le gustan actividades que no son frecuentes entre los jóvenes de su edad y por eso le cuesta hacer nuevos amigos. A menudo nos dice que se aburre. Nuestra hija es muy sensible y tiene aficiones muy bonitas― dice con orgullo mal disimulado.

―Si, si…le gusta mucho leer. Y escuchar música también― atestigua su padre― anda diles a esta simpática pareja los libros que has leído este último mes…un montón ¿verdad?

Siguiendo esta conversación, Carlos y yo misma, vemos que Beatriz es nuestra primera elección. Cumple con los requisitos necesarios. Es una chica de aspecto lánguido y algo tímida, que además tiene un hermoso cuerpo juvenil.

La vemos como una firme candidata para que se acople a nosotros con facilidad. Estamos seguros que su curiosidad y ganas de reafirmarse como mujer serán nuestras firmes aliadas. Solo queda pendiente el definir la estrategia para adentrarnos en su mundo, ofrecerle algo que la motive y la haga salir de su esfera de soledad.

Antes que termine el recorrido del crucero esta joven mujercita deseará compartir con nosotros momentos inolvidables. Para ella supondrá el descubrimiento de un mundo nuevo y para nosotros la novedad que nuestras mentes calenturientas necesitan para alimentarse.

―¡Qué interesante! A Teresa también le encanta leer, podría pasar horas contando las historias que ha leído― comenta Carlos sobre mí, lo que despierta momentáneamente el interés de Beatriz.

Yo sonrio a los comensales y en especial hacia Beatriz, complacida por el comentario. Por fin, la nena sonríe abiertamente luciendo una boca perfecta, con labios voluptuosos y dientes perfectamente alineados. Se va derritiendo el hielo…me gusta la elección que hemos hecho…creo que lo vamos a pasar muy bien juntas. Estoy deseando tomarla como pupila y enseñarle algunos trucos que le sirvan para desenvolverse bien en este difícil mundo.

Me pregunto qué debe pasar por su cabecita. La observo y no entra en mi cabeza como una chica con ese cuerpazo puede tener problemas para relacionarse. Si ella quisiera, con solo dar un paseo por cubierta tendría medio barco detrás de ella. Es un bomboncito que quiero probar y que Carlos estará encantado si lo podemos compartir.

En fin, viendo su expresión distraída y cara aniñada concluyo que no está muy despierta, todavia es demasiado niña a pesar de su edad. Todavía no ha terminado de salir del cascarón y nosotros “tenemos la obligación moral de ayudarle a despertar”. Beatriz va asintiendo con la cabeza a cada uno de los comentarios que sus padres hacen de ella, confirmando nuestras sospechas: necesita un empujoncito para eclosionar como una flor en primavera.

...

Después de este primer contacto durante la cena todos volvemos a nuestros camarotes. El barco ya ha iniciado la travesía y todos estamos algo cansados por los viajes que hemos hecho desde nuestros puntos de partida, asi que nos retiramos a nuestros camarotes respectivos.

Me he dado una ducha rápida y vuelvo a la cama. Carlos me espera desnudo tranquilamente tendido sobre la cama. Es una buena ocasion para echarme a su lado e iniciar el juego que tanto nos gusta practicar: conversación y caricias para luego ir en busca del sexo que tanto nos gusta.

Mientras él mira algo en el móvil, yo me pongo a su lado, pongo la mano sobre su sexo y comienzo a manosear el miembro para que se ponga en buena forma.

―¿qué te ocurre cariño?... te noto un poco “flojo”

―¿la verdad?... me siento un poco decepcionado por los compañeros de viaje que nos han tocado en la mesa ― me contesta dejando a un lado el móvil y mostrando su cara triste.

― y eso ¿por qué? ― le incito a que me cuente sus impresiones mientras sigo tratando de poner su miembro en condiciones aceptables para mi propósito.

― Me había hecho la ilusión que íbamos a compartir mesa con otras parejas de nuestra edad, más cercanos con ideas afines a las nuestras. Con parejas como nosotros tendríamos alternativa de hacer cosas distintas… con posibilidad de situaciones más picantes…

―Tienes razón. Podríamos haber tenido más suerte― le digo mientras me acomodo alrededor de su cuerpo.

―Y quién sabe… quizás alguna aventurilla de intercambio o algo así ¿no te habría gustado a ti algo parecido?...venimos a pasarlo bien en todos los sentidos y no hemos tenido suerte.― dice

― No te preocupes… déjalo en mis manos…yo no lo veo tan mal ― amaso sus huevos como solo yo sé hacer y a continuación lo descapullo para entonarlo un poco y que se anime a echar nuestro primer polvo a bordo.

― No se que puedes ver en ellos… Yo los veo super aburridos ― me contestó ― debemos buscar “nuestros nuevos amigos” entre los otros viajeros.

―Sabes que tengo muy buena mano (le doy unos cuantos meneos de sube y baja para reforzar la afirmación) con las personas y se ver lo que otros no ven.

Miro a Carlos a los ojos y le digo:

―Beatriz, la chica es muy mona, algo timida y retraida… pero un diamante en bruto. Debajo de su rara vestimenta se adivina un cuerpazo y tras su imagen distante, creo que hay una chica con muchas ganas de salir del nido.

―No está mal― dice resignado

―¿te gustaría follar con ella?... ¡Está bien rica!...¿te gustaría estar con las dos?

―Es la única que se salva ― contesta y dejándose atrapar por la imagen que le ha quedado de ella.

Aparecen los primeros síntomas de poner un poco a tono su flácido pene

―Debe tener unas tetas bien firmes y un chochito bien apretadito ― me contesta cerrando los ojos para poder visualizarla mejor.

―Ya veo, ya veo…que te has fijado en ella― le digo insistiendo en la maniobra de mi mano para ver si remonta el vuelo.

Me gusta mucho pajear a Carlos mientras hablamos. A veces me lee relatos eróticos mientras lo masturbo…me encanta cuando se equivoca al leer o se tiene que detener porque mis manos lo distraen lo suficiente para que no pueda continuar.

―Y la madre…¿que me dices de la madre? No me dirás que no te has dado cuenta que tenía mucho interés en caerte bien, en captar tu atención…sabe que tiene una tetas bien hermosas y que las puede utilizar como reclamo― le recuerdo

―Si, eso es cierto…¡vaya par de melones tiene! me ha hecho pensar en lo rico que debe ser hacer que volteen como dos campanas repicando por la fiesta mayor. ¡Uhmm eso sí que ha estado bien! ― me comenta mientras veo que su polla empieza a crecer con normalidad respondiendo a mis tocamientos.

―Ya sabía yo que te había llamado la atención.

A los hombres les atrae lo que no tienen con su pareja y unos pechos grandes y firmes son un reclamo infalible.

―Sé que mis pechos duritos te gustan, pero el morbo de poder amasar una buenas tetas, chupetearlas o poner la polla en medio para que os hagan una cubana es una fantasía irresistible, ¿verdad, cariño?― le digo mientras sigo masturbandolo

Escupo un par de veces sobre mi mano para que esta se deslice fácilmente a lo largo de su polla gorda y lustrosa. Sé que esto le encanta y hay que aprovechar que los comentarios sobre las tetas de la señora se la han terminado de poner dura como una roca.

Haciéndose el distraído, me sigue la corriente con esos comentarios. Quiere que yo tenga que esforzarme más con la paja que le estoy haciendo.

―Pues yo te diré que el “señor Andres” no te quitaba el ojo de encima. Con mucho disimulo y como quien no quiere la cosa, cada vez que decías algo, te miraba con mucha insistencia…yo diría que lo tenias embrujado. ¡Le has gustado!

―¿quieres decir?¿lo dices en serio?― le pregunto sin dejar de meneársela con intensidad creciente.

Claro que me había dado cuenta que Andrés me miraba con deseo. A pesar de ello, quiero obligar a que sea Carlos el que me lo cuente. Deseo ver como reacciona al decirme que otro hombre me ha estado mirando con deseo.

―Sabes lo que creo…¿sabes?. Creo que detrás de su fachada de hombre educado y conservador se esconde un hombre muy vicioso― dice mi esposo un poco celoso.

―¿sí? ¿por qué lo piensas?¿en qué te basas?― hago una breve pausa y luego le doy unos rápidos y enérgicos meneos, tras los cuales hago una pausa esperando su respuesta.

― Con lo grande que es, estoy seguro que le encantaría sentirse dominado por una mujer menuda y hermosa como tu.

―Ahhh, ¿si?...una mujer como yo

―Una mujer enérgica y decidida, que le diga lo que tiene que hacer, que le haga obedecer con sus caprichos… lo he visto claro cuando le has interrumpido y contradicho varias veces…ha reconocido sus debilidades y aceptado tus postulados… en ese momento se le ha visto feliz― añade.

― ¿si? ¿Crees que le gustaría encontrar una dominatrix? ¿Crees que yo podría hacer ese papel?

― Yo creo que ya está cansado de ser el que siempre manda…en el trabajo…en casa…con su esposa…unos azotes dados por alguien como tú, seguro que lo ponen a cien― añade mientras yo sigo atenta su discurso sin dejar de maniobran sobre su verga dura como el pedernal.

―Lo voy a tener en cuenta― le digo a Carlos haciendo los movimientos que espera para rematar la faena ― ves como no están tan mal los compañeros de viaje que nos han tocado.

―Siempre acabo dándote la razón, en estos temas tu eres la especialista ― me dice poniendo cara de cordero― acaba de una vez, estoy a punto de correrme y me empiezan a doler los huevos, me tienes frito.

Este es el punto que yo quería alcanzar. Me siento sobre su pubis dejando que su verga se acomode a lo largo de mi vulva. En cuanto me he estabilizado sobre mi trono, elevo la pelvis, enderezo su verga para que se ponga vertical como el mástil de un velero y coloco su cabezota entre mis labios.

― ¿a que esto te gusta más que la paja que estaba haciendo?― le digo con tono burlón

―Si, si…mucho maaaas― responde impaciente por ver como su verga se hunde entre mis piernas

Tras cabalgar unos minutos con intensidad sobre su pubis, sintiendo como su estaca me perfora las entrañas. Una andanada de flujo caliente como el pis se me escapa y lo mojo por completo. Al impactar mis nalgas sobre su mojado pubis se oye el típico chapoteo. Este sonido colma el nivel de morbo que puede soportar y se corre como un bendito dentro de mi. Me llena de leche caliente toda mi conchita.

Con parsimonia me bajo de mi semental, me echo a su lado y le pido que venga a hacer la cucharilla conmigo y me llene con su carne. Yo no dejo de pensar en “nuestra” Beatriz. Tengo que conseguir que antes de finalizar el crucero se convierta en mi perrita. La idea de que me coma el coño me persigue con insistencia, aunque no descarto la otra opción…que yo me coma el suyo lleno de leche de Carlos.

Se abren muchas posibles variantes y todas me gustan.

Deverano.