Amor, bisexualidad y cuernos a los 60 años.
Luis siempre le dijo que su esposa era difícil de satisfacer. Pero cuando el narrador cruza el umbral de su casa, descubre que Lola no necesita paciencia, sino a alguien que tome el control absoluto. La noche en que Luis decide dejar de ser el espectador y convertirse en el cómplice de su propia humillación, las reglas del juego cambian para siempre.
Conocí a mi amigo Luis hace tiempo en una página de relatos eróticos. Hace unos años tuve otro perfil en esa página y escribía asiduamente y a través de ellos contactamos. A Luis le encantaban mis historias y pronto nos hicimos bueno amigos y confidentes.
Al principio nos contábamos nuestros morbos secretos y nuestros deseos. Poco a poco fuimos intimando y confesándonos cosas cada vez más fuertes. Por esa época yo contaba con 45 años y estaba soltero. Luis era jubilado y tenía en esa época 65 años. Estaba casado con su mujer Lola, que tenía la misma edad que él. Su matrimonio no tuvo hijos.
Al principio compartíamos secretos sexuales de las cosas que nos gustaban a los dos. Hablábamos de jovencitas y de cómo nos las follaríamos. Hablábamos también de nuestros atributos y de cómo la vida nos había premiado con ellos. Luis desde un principio me confesó que tenía la polla bastante pequeña y que con los años le costaba incluso empalmarse. Nos contábamos lo dura que se nos ponía cuando hablábamos, en fin, lo pasábamos genial.
Poco a poco Luis me fue hablando de su mujer. Lola es una señora de 65 años que está de muy buen ver. Su esposo me contaba confidencias de ella y la verdad eso me empezó a interesar mucho y a él también. Con el devenir de nuestras confidencias Luis me confesó que se excitaba mucho cuando me hablaba de ella y yo le confesé que estaba empezando a desearla, a través de nuestras charlas y de las fotos que él me enviaba de ella.
La situación avanzó tanto que Luis le habló a ella de mi y no tardamos en quedar para conocernos, dado la cercanía de nuestras residencias. Recuerdo nuestra primera cita. Lola llegó con Luis al café en el que quedamos. Me pareció muy guapa, aunque algo chapada a la antigua. Vestía de forma muy tradicional, nada de enseñar más de lo debido y se comportaba de forma muy tímida. Las siguientes citas fueron acercándonos a los tres cada vez más. Luis me dejaba sentarme junto a ella y a veces íbamos a cenar. Tras la cena nos metíamos en una sala de fiestas. Yo sabía perfectamente que Luis le estaba poco a poco hablando de mi y en sus noches de intimidad en su cama aparecía mi nombre de forma asidua.
Nuestras conversaciones fueron subiendo de tono poco a poco cuando estábamos juntos y durante la semana cuando hablábamos Luis y yo a solas ya nos decíamos abiertamente cosas muy fuertes el uno al otro. A él le encantaba escucharme decir que su esposa me gustaba mucho y que la deseaba. Me hacía contarle cómo me gustaría tenerla para mí. Eso encendía a mi amigo y él usaba esa información cuando estaba con ella en la cama. La cosa iba avanzando. Y por lo que él me contaba Lola cada vez estaba más receptiva a conocerme mejor.
No tardamos en tener nuestras citas en su casa. Cenábamos juntos y yo me sentaba junto a Lola. A Luis eso le encendía. Él siempre sacaba la conversación de que Dios no le había premiado con hijos, pero sí le había concedido a una estupenda mujer. Luis seguía hablando ante su esposa y ante mí y confesaba que ya no podía atenderla como ella requería. Yo miraba a Luis y a Lola y cada vez estaba más lanzado en esas citas. En una de ellas cuando estábamos los tres en el salón me atreví a decirle a Luis: “Es una lástima que ya no puedas atender a esta belleza como merece”, le dije a Luis mientras me acercaba a su mujer. “Además la tienes vestida muy anticuada”, continué diciéndole mientras ya posaba mi mano en el muslo de Lola. Ella era muy tímida y callada, pero sé por su marido que había sido muy ardiente en la cama y que él nunca había podido darle al nivel que ella le gustaba. Pero era el esposo que le había tocado y ella se resignaba. Hasta que Luis me conoció y se le encendió la bombilla del morbo y allí estábamos.
Luis estaba poniéndose a mil y me dijo:” ¿Te parece que va muy mal vestida?”. Yo lo miré y le dije: “No va mal, pero puede mejorar y ahora lo vas a ver”. Cogí a Lola de la mano y le ayudé a ponerse de pie. “¿Dónde tienes tu armario?”, le pregunté y ella contesto: “En el dormitorio”. Miré a mi amigo y le dije: “Ahora tienes que ser valiente, hemos llegado hasta aquí por que tú has querido. Me voy a ir con Lola y cuando volvamos las vas a ver de otra manera”. Luis se quedó perplejo, pero no se opuso a mi petición. Yo ayudé a Lola a levantarse del sofá y ella miró a su marido buscando su afirmación. Él se la trasladó con la mirada y nos dirigimos a su dormitorio. Cuando entramos los dos solos cerré la puerta tras de mí. Lola me miraba nerviosa y me dijo: “Toda mi ropa es así, tengo un armario de mujer aburrida y propio de mis 60 años”. Yo la miré y me acerqué a ella. Sin pedir permiso la abracé por la cintura y me la acerqué a mi cuerpo. De repente empecé a besarla y Lola se quedó paralizada, pero respondía a mis besos en la boca. Separé mis labios de ella y le dije: “Tu marido quiere que esté aquí, y sé que tú también, así que tranquila y déjate llevar Lola”.
El plan trataba de ponerla más sexy y de hacerlo rápido. Luis no aguantaría mucho solo en el salón. La dejé de besar y pensé rápidamente. El armario no aportaba nada por que toda la ropa era muy antigua. Enseguida se me encendió la mente. Miré a Lola y le dije: “Guapa, quítate las medias, no te favorece nada tener las piernas tan escondidas”. Lola me miró nerviosa pero enseguida metió sus manos bajo su vestido y bajó el nylon de las medias. Se quitó los zapatos y vi que tenía unos pies preciosos. Una vez sin medias le cogí el vestido por abajo y se lo doblé hacia dentro alzándoselo varios centímetros hacia arriba. Me pareció poco y lo doblé un poco más. Lo había convertido en una falda corta en un plis plas. Sus piernas lucían como hacía mucho tiempo que no lo hacían. La dije que se calzase y le miré el escote. El vestido que llevaba de sesentona puritana le tapaba todo el pecho. Le miré a la cara y agarré la tela del vestido por su escote y le pegué un tirón tan fuerte hacia los lados que lo rompí. Su cara se puso aún más nerviosa, pero la tranquilicé prometiéndole que yo le compraría otro más apropiado. La raja que le había hecho a su vestido permitió que asomase su sujetador y sus enormes pechos. Acomodé la tela para que pareciera normal y la dejé muy escotada. Enseñando parte de su sujetador y por supuesto parte de sus senos. Por mi parte ya la tenía vestida como creía que debería estar. La abracé desde atrás y la puse frente al espejo de la puerta del armario. Lola al verse se puso la mano en la boca y se asombró de lo que veía. Yo pegué mi polla a su culo y la apreté para que la notase. A Lola le dio un escalofrío sentir ese tan duro apretándole el culo. Le llevé una mano al escote y lo abrí un poco más. A continuación, bajé mi mano a sus muslos y llegué al borde de la falda. Le dije: “Así de sexy quiero que te vistas para mi Lola, vamos a salir para que tu marido te vea”.
Salí con Lola de la mano y cuando llegamos al salón a Luis de dio un patatús. Ver a su esposa de mi mano y tan provocativa lo encendió. Cogí una silla y la pude frente a él. Me senté en ella y ayudé a Lola a sentarse muy despacio sobre mis piernas mirando a su marido. Ella al sentarse no pudo evitar que la falda del vestido se le subiese aún un poco más y ya enseñaba sus muslos de forma obscena. Me la senté directamente sobre mi paquete. Sabía perfectamente que tenía a mi amigo Luis a mi disposición, y a Lola también. Ellos necesitaban un revulsivo así de duro en sus vidas y lo tenían delante. Miré a Luis a la cara y le dije: “¿Te gusta como la he arreglado el vestido Luis?, ¿Te gusta lo provocativa que va tu mujercita?”. Luis balbuceaba muy excitado y acertó a contestar: “Mmmm…sí….sí…..me gusta mucho verla así contigo….”, acertó a decir tartamudeando. Comencé a tocarle las piernas a Lola acariciando sus muslos con mi mano. Me encendía el tacto de esa piel de 60 años. Lola tenía las piernas juntas para parecer más discreta. Luis no aguantó más y se desabrochó el pantalón y se lo bajó a los tobillos, sus slips fueron junto a él. Su polla apareció muy erecta ante su esposa y ante mi. Era cierto que su tamaño dejaba mucho que desear. Lentamente metí mi mano entre los muslos de Lola que seguían cerrados. Miré a Luis que ya se acariciaba su pollita con una de sus manos. Acerqué mi boca al oído de Lola y le dije: “Cariño, se buena y ábrele un poco las piernas a tu esposo, eso le ayudará a disfrutar de esa paja que se está haciendo, anda se buena y enséñale las bragas a tu maridito”. Lola ayudada por la presión de mi mano separó sus piernas ofreciéndole a Luis una buena panorámica de sus bragas. Con la mano que tenía en sus muslos los desplacé abriéndoselos aún más a Lola. La tenía ya completamente abierta de piernas, hasta lo que la falda permitía. Lentamente subí mi mano hasta tocarle a Lola las bragas apretando la palma de mi mano contra su coño. Lola empezó a gemir y a suspirar de gusto. Me llamó la atención lo hinchado que noté el coño de esa mujer, lo tenía bastante gordito. Luis se castigaba cada vez más fuerte dándose tirones hacia debajo de la piel de su polla. Lola apoyó su cabeza contra mi hombro en señal de rendición. En ese momento subí mi mano hacia arriba dejándola en el elástico superior de su prenda íntima. Miré a mi amigo y le dije: “¿Quieres que se la meta dentro Luis?, ¿Quieres que le meta la mano a tu esposa dentro de sus bragas?”, le pregunté de forma directa. No hizo falta ni que contestara, pero Luis asentía con la cabeza como un entregado y sumiso cornudo. Le metí la mano en el coño por dentro de las bragas y noté su mata de pelo propia de una mujer de su edad. Seguidamente la llevé a su raja. Me asombró lo húmeda que estaba. Yo no tenía intención de ser nada delicado y comencé a masturbarla de forma inmediata. A poyada sobre mi hombro Lola comenzó a jadear. Y yo me encargué de apretarle el clítoris con mis dedos de forma intensa. Ya los tenía a los dos de la forma que yo quería tenerlos. A ella despatarrada y cachonda perdida y a él humillado y entregado a la causa. A mí la polla me iba a reventar contra el culo de esa sesentona.
Empecé a someter a Lola a una masturbación más propia de un amo dominante, le apretaba el clítoris con mis dedos y lo movía con dureza de arriba hacia abajo. Lola perdió todo signo de modosidad y ya jadeaba como una perra. Luis estaba como fuera de sí matándose con esa paja. Lo miré y le dije: “Luis ven aquí. Quiero que vengas aquí andando de rodillas como un perro”. Mi amigo se arrojó al suelo y obedientemente comenzó a caminar a con las rodillas y con las manos en el suelo. Cuando llegó levanté a Lola sin dejar de masturbarla duramente. Miré a Luis y le dije: “Desabróchame el pantalón y tira de el hasta mis tobillos”. Luis obedeció y metió sus manos entre las piernas de su esposa y consiguió hacer lo que le pedí. Con mis pantalones en los tobillos le ordené: “Ahora bájame los slips perro”. Mi amigo volvió a meter sus manos entre las piernas de su esposa y me quitó los slips. Mi polla apareció en todo su esplendor. Luis la miraba abrumado. Su esposa jadeaba presa de la sádica masturbación que le estaba propinando. La empujé un poco hacia delante para que sacase sus piernas de entre las mías. En ese momento le pedí a su cornudo esposo que le quitase las bragas, cosa que hizo sin rechistar. Volví a sentar a Lola sobre mí, esta vez más arriba para que mi polla quedase libre entre sus muslos. Luis seguía a cuatro patas como un perrito.
Mi castigo sobre el clítoris de Lola había cesado, la dureza de este la habían doblegado. Miré a Lola que estaba con su cabeza echada sobre mi hombro. A su vez miré a Luis y le dije: “Acerca tu boca de cornudo a mi polla y cómemela delante de tu esposa”. A cuatro patas el sumiso marido de Lola acercó su boca a mi goteante polla y comenzó a lamerme el capullo. Lola lo miraba y no salía de su asombro. No sólo la había convencido para tener una experiencia conmigo, sino que había descubierto su apetito por ser un cornudo y por ser un maricón.
Sus chupetones a mi capullo me estaban matando. Luis me lo succionaba dentro de su boca. Eso no podía dejar hacérmelo mucho tiempo por que me estaba matando. Cogí a Lola y la alcé un poco hacia arriba. Miré a Luis y le ordené que agarrase mi polla. Cuando me la cogió dejé bajar despacio a su esposa y le dije: “Luis, cógeme la polla y cuando la tengas en la entrada de tu esposa dímelo”. Luis agarró mi erecta verga y apuntó con ella a la vagina de su mujer. Yo dejé caer a Lola y este me avisó cuando la tuve en su entrada. “Sujétala mientras le va entrando Luis y no la sueltes hasta que se la tenga dentro del todo”, le dije. Lola estaba asombrada y a la vez cachonda perdida. Cuando la tuve preparada Luis me ayudó a meterle la polla a la esposa. Lola comenzó a sollozar cuando empezó a sentir esa buena polla entrarle. Era muy diferente a la de su marido. Luis me la soltó cuando su mano empezaba a estorbar y dejé caer a Lola a plomo. Mi polla la penetro profundamente y ella lo agradeció con un enérgico suspiro. Comencé a apretarle bien dentro de sus entrañas. La empecé a dar fuertes empujones que la levantaban de la silla. Yo creo que hasta le producían cierto dolor, pero el placer la dominaba en ese momento. Luis de rodillas volvió a masturbarse esa mierda de polla que tenía. La follé brutalmente por que era lo que me apetecía para demostrarle a Luis quien era el macho de su mujer de ahora en adelante. Los empujones violentos que le daba a su mujer hicieron que el sumiso marido empezara a correrse echando varias gotas de semen, hasta para eso era un enano. La necesitada esposa de Luis no tardó en comenzar a correrse de la forma en que lo hacen las mujeres de su edad. Dio varios suspiros discretos pero reveladores del tremendo orgasmo que estaba recibiendo. Luis la miraba atónito. Acerqué mi boca al oído de la jadeante mujer y le dije: “A partir de ahora eres mía Lola, desde hoy vas a ser mi mujer, no quiero que vuelvas a dejar que este perro te folle”. Fue terminar de decirle eso y comenzar a echarle unos enormes chorros de leche caliente provenientes del tremendo orgasmo que estaba disfrutando.
Cuando le saqué la polla a Lola Luis se abalanzó a lamerle el coño a su esposa que empezaba a expulsar mi semen. En ese momento comprendí que no sólo había ganado una amante madura, sino que había conseguido a dos.
Desde ese día Lola y yo comenzamos a comportarnos como pareja delante de Luis en nuestros encuentros……………me encantaba que me dijese que era mi novia, y a su marido también. A su cornudo marido.
Espero que os guste y que me contéis vuestras opiniones……
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