Puta Vieja
A sus 55 años, sin techo ni dignidad, decide cruzar la línea final. Sentada en la vereda, con el viento en la cara y la desesperación en el cuerpo, espera el primer cliente. Lo que empieza como un acto de supervivencia se transforma en una noche de placer prohibido, donde la edad se desvanece y el deseo toma el control.
Puta Vieja (parte 1)
Sin comida y sin techo me ví obligada a vender mi computadora para poder sobrevivir....ahora, un poco más recuperada y con la ayuda de mi celular, les voy a narrar una nueva etapa de mi decadente vida....o de mi nueva manera de verla/
Puta Vieja:
" Un lector, que creí serio, me invitó a tomar café.
Viaje en tren, desde Ezeiza hasta la estación de Constitución, me senté en el medio de la plaza para esperarlo y nunca se presentó.
Me había prometido un hospedaje y cierto sentimiento de afecto. Todo resultó ser una farsa. Le escribi y llame varias veces sin conseguir una miserable excusa que aliviará mi autoestima.
Decir que me sentí patética es poco. Aún no puedo creer que a mi edad me ilusione como una mocosa.
La segunda desepcion del día: Llame a mi hermana mayor (Gabriela) para que me dé albergue por un par de días, pero por los efectos paranoicos de la cuarentena no quiso recibirme. Nunca nos llevamos bien y menos ahora que somos dos viejas frustradas. También divorciada.
Agarre mi bolsito y me fui a caminar sin rumbo.
Sobre la avenida Brasil leí un cartel que ofrecía hospedaje compartido para damas. El precio me resultó aceptable y me hospede con una chica que se llama Andrella.
Andrella es paraguaya con ascendencia Brasilera. Su cuerpo es muy delgado y su sonrisa brilla como un sol en primavera.
Me dió de comer y soporto con paciencia todos mis llantos..../ Me ofreció pagar mi parte del alquiler a cambio de lavar y planchar su ropa.
Trabaja de prostituta callejera porque ¡ le gusta! (según sus propias palabras) y cada día, al verla desnuda, descubro una nueva marca en su cuerpo, moretones, rasguños y chupones en el cuello, nalgas, pantorrillas, etc.
Viejas cicatrices de cortes y de cesareas hacen que Andrella se parezca mas a una guerrera de la vida, que a una frágil mujer golpeada por las circunstancias.
Tiene dos hijos pequeños que viven en la casa de su madre, uno rubio y otro morocho. Los tubo con muchachos que le habían prometido una vida llena de ilusiones y que la realidad se encargó de voltear.
Por las madrugas vuelve Andrella, borracha y con la tanga en la cartera. Se saca los zapatos y la ayudo a desvestirse para que se vaya a bañar.
La espero con una tasa de te con galletitas y le curo los pies lastimados por la cantidad de horas que está parada con las sandalias de tacones, que usa para ganarle a su competencia.
Se acuesta vestida con un camisón rosadito y le cepillo sus largos y dorados cabellos, hasta que se duerne.
Andrella tiene 29 años, casi la edad de mi hija menor..
Me encanta escuchar su respiración y a veces me siento a su lado para oir lo que habla mientras duerme: Se enoja, se ríe y llora, según lo que su inconsciente le dicta.
Le gusta los dibujos animados y la banana pisada con dulce de leche que le preparo antes de ir a " trabajar"..
El pasado jueves no había llegado, la llamé por celular y no me respondío. La busque por todos lados, hasta que un " canillita" (vendedor de diario) de la esquina, me informo que había tenido un accidente automovilístico y que la habían internado en un hospital de la zona.
Corrí como alma que se la lleva el diablo y me encontré con la grata sorpresa que no era muy grave. Se había quebrado un tobillo y debía estar postrada por lo menos un mes.
Estando en nuestro " hogar" intento levantarse para seguir atendiendo a sus clientes. Tenía un profundo sentimiento de responsabilidad y necesitaba el dinero para seguir manteniendo, a la distancia, a su familia.
Salí a buscar dinero (rogar) y me encontré con el muro del NO. Ni hijos, ni parientes tenían para darme un alivio.
Andrella no dejaba de mirar la humedad del techo de nuestra "piecita" y suspiraba con angustia.
Desde que me separé de mi ex marido, no deje de buscar cariños con otros hombres. En los últimos meses me acosté con varios hombres por un techo y un miserable sueldo. _ ¿ Por qué no podría atender los clientes de Andrella? _ pensé. Mientras no le haga mal a nadie, puedo hacer lo que quiera.
Me fui al ropero y me vesti lo más sexy que pude. Me ate el pelo con una vincha y me pinte los labios de rojo sangre.
Descalza, me pare delante de Andrella y le pregunté:_ ¿ Que tal?, ¿ Puedo atender a tus clientes? _ se agarró la cabeza y se hecho a reír.
Después de mucho discutir, logré convencerla. Pero, al ofrecerme con sus clientes, me rechazaron por mi edad (casi 55).
_ ¡No importa!_ me dije a mi misma, me calce con unas simples ojotas y me fui a caminar por la Av. Garay, hasta llegar a una plaza. Me senté en el cordón de la vereda y me levanté la pollera hasta los límites de la nalga.
Pasaban los autos tocando me bocina y lanzando comentarios a los gritos.
A los cinco minutos se presentó un muchacho de unos veintitantos, con los pelos revueltos y con sobre peso. Venía de su trabajo y se iba a descansar a la casa de sus padres. No tenía pareja y de vez en cuando venía a visitar a las chicas de la plaza.
_ Señora, ¿ Me hace una chupadita? _ me lo dice con toda naturalidad. En otro contexto le hubiese pegado un cachetazo (jaja).
Nos fuimos detrás de unas plantas y me arrodille para desabrocharle el pantalón. Su cinto era viejo y se rompía mientras lo tiraba para desprenderlo. Metí mi mano dentro de su calzoncillo y saque afuera su pene gordito y sucio. Olía a orín y a transpiración.
Le puse un preservativo y cuando le toque los testículos empezó a eyacular. No duró ni diez segundos. Me pagó y se fue sin saludar.
Volví a mi puesto de "trabajo" y espere a mi segundo cliente....!
Automóviles y hombres a pie venían de todos lados. Mis nuevas colegas subían y bajan de los vehículos acomodándose las bombachas, limpiándose y repintando se los labios.
Al poco tiempo llego un hombre cuarentón en silla de ruedas. Vivía por la zona y me invitó a pasar la noche con el.
Fuimos andando dos cuadras hasta una vieja casona, entramos y anduvimos por un largo pasillo, hasta que llegamos a una rampa que nos condujo a una habitación con los techos muy altos.
El hombre se metió en el baño y salió totalmente desnudo en una nueva silla de rueda.
Su miembro era imponente y firme, contrastaba con la delgadez de sus piernas, que lo hacía ver más sexy. Sus brazos y tórax eran de un atleta.
Me desnude y mi bajo vientre no dejaba de desearlo, me sentía húmeda y con ganas de amarlo.
Estaba tan ansiosa que pase mis piernas por arriba de los apoya brazo y trate de " comerme" toda esa carne. Antes de llegar al final del falo hice tope. No pude meter mela toda.
Me tomo de las nalgas, me subía y bajaba como un barrilete. Tuve un orgasmo exagerado y grite sin freno.
De repente la puerta se abrió y apareció un joven de 18 años, su hijo, preocupado por su padre.
A pesar de su presencia no dejamos de movernos hasta que sentí su semen dentro mío. Me había olvidado de ponerle un preservativo.
Su hijo había sacado su pene afuera y me miraba con los ojos desorbitados. Lo senté en una mesa, se la chupe hasta terminar y le pedí que se fuera.
Su padre seguía erecto y tenía grandes testículos depilados. Me volví a exitar tocándole la suave piel y jugando con sus bolas.
Volví a eyacular una y otra vez.
De la silla salto a la cama con mucha agilidad, me acosté a su lado y se subió encima. Sus movientos pélvicos eran poderosos y su pene me "desgarraba" por dentro.
Sentí que sus testículos rozaban mis muslos y sus espermas bañaban mi vagina no fecunda. Quería que el momento fuera eterno o morirme en sus brazos. Nunca nadie me había dado tanto placer.
Cuando salió el sol me volví a la pensión. Me pagó generosamente, aunque creo que, yo, le tendría que haber pagado.
Andrella me estaba esperando y cuando le conté sobre el hombre de la silla de rueda, suspiro, y me dijo que ella también lo había conocido...."
(Continúa)...
Soniadora1962
Constitución
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