Xtories

Vacaciones junto a un cornudo

Pedro no es solo un compañero de viaje; es la llave de una puerta cerrada que nunca imaginó abrir. Mientras Martina lo espera con la mirada, el protagonista descubre que su virginidad sexual no es un defecto, sino el ingrediente perfecto para el morbo de una pareja degenerada.

Deverano200328K vistas8.5· 21 votos

Mientras espero delante de la tostadora a que salga mi panecillo, una mujer se acerca con disimulo y me susurra al oído algo como si fuera alto secreto:

―Pedro y Martina son pareja. Él es un cornudo muy antojadizo y a ella le encanta seducir a todos los hombres que puede. Es una perra insaciable. Les conozco de otros viajes y siempre hacen lo mismo…buscan a alguien que les guste y lo convierten en su esclavo sexual para que haga todo lo que ellos deseen.

Antes de que pueda reaccionar, la desconocida añade:

― Esos dos son unos degenerados. Anda con mucho cuidado con ellos…hazme caso y no te arrepentirás. Si no lo haces, luego no te quejes ni digas que no lo sabías.

Sin que pueda procesar lo que me acaba de decir esa desconocida, se aleja dejándome sumido en una gran turbación. Para sacarme de mi aturdimiento alguien me da unos golpecitos en el hombro. Me señala la mesa y los dos trocitos de pan que ya han salido de la máquina y que está esperando su turno.

Mientras vuelvo a la mesa en la que mis nuevos compañeros de viaje ya han comenzado a desayunar tengo tiempo de reflexionar y atar cabos. Ahora veo que las cosas que sucedieron anoche empiezan a tomar sentido. Lo que viví anoche que me parecía tan extraño e irreal al estar encuadrado en el ámbito que la desconocida ha descrito ya no resulta tan difícil de entender.

Tengo veintiséis años, hace un mes rompí con mi pareja. Llevábamos casi un año y medio juntos pero nos dimos cuenta que nuestras vidas tenían trayectorias divergentes. Me gusta mucho mi trabajo y según ella, me absorbe demasiado. Nuestro grupo de amistades se ha puesto de su lado y he sentido que se apartaban de mí. Yo necesitaba hacer algo distinto, tomarme tiempo para mí. No quería tener que preocuparme de que hacer ni decir nada. Por eso me apunte a un viaje organizado en autobús que nos va a llevar de visita a varias ciudades del país con interés cultural y gastronómico.

Formó parte de un grupo heterogéneo de personas que han elegido este mismo viaje. Me he tomado unos días libres en el trabajo y me he apuntado dejándome llevar al cien por cien por el itinerario prefijado. Nada de preocupaciones y de tomar decisiones…todo está planificado, solo debo seguir al guía y los compañeros de viaje y disfrutar de todos los sitios que vamos a visitar.

En el autobús, Pedro se ha sentado a mi lado. Es un hombre de unos cincuenta años, de complexión delgada y aspecto distinguido. Tras presentarnos, él inicia la conversación. Pronto me comenta que se ha divorciado hace muy poco, que es un alto funcionario y que hace este viaje a modo de terapia para relajarse y conocer gente de fuera de su entorno.

Parece un tipo simpático y divertido, quizás pueda ser un buen compañero de viaje para esta semana de viaje compartido. Me vendrá bien hablar con alguien mayor que yo, con experiencia en la vida. Puede que me ayude de alguna manera. Tengo por delante varias decisiones que debo tomar y un punto de vista ajeno a mis circunstancias me podría ser muy útil.

Llevamos una hora de viaje y ya hemos dado vuelta a muchos temas. En algunos tenemos opiniones parecidas, en otros discrepamos completamente. Somos aficionados a equipos rivales y tenemos aficiones muy distintas. Yo practico deportes y él es mucho más sedentario. Entre las escasas coincidencias está el tema de las mujeres. A los dos nos gusta estar con mujeres bonitas, elegantes y de conversación amena.

―¿Te has fijado en esas dos que hay tres asientos más adelante?. La rubita está tremenda y la otra más menudita es mi tipo ideal― me confiesa haciendo un gesto que lo señala como un tipo bastante salido.

La mujer rubia mencionada es una mujer de mediana estatura, curvas destacadas y aspecto sofisticado. Debe rondar los cincuenta, casi veinte años más que yo pero conserva un gran atractivo. No puedo decir que sea el tipo de mujer en el que me fijo cuando salgo buscando pareja para echar un buen polvo.

Sin embargo me ha llamado la atención al llegar al punto de encuentro con sus pantalones blancos ajustados y su blusa camisera con detalles de encaje. Tiene un buen tipo y viste de forma que llama la atención de quien esté atento a ciertas señales. Estoy seguro que tiene un buen revolcón y que bajo ese aspecto de mujer decente y decorosa puede haber una auténtica “hembra”. He cruzado la mirada con ella en un par de ocasiones y me ha parecido ver un brillo especial en su mirada.

―¿Te apetece que nos acerquemos a ellas a ver qué tal responden? En este tipo de viajes se suelen hacer nuevas amistades―me dice como si conociera bien el terreno que propone.

Le miro con un poco de escepticismo sin responder a su pregunta.

―Te puedo asegurar que se me da muy bien este tipo de situaciones y que los cuatro lo podemos pasar muy bien ¿qué te parece? ¿te animas?― pregunta con una sonrisa esperando una respuesta afirmativa y luego añade:

―Te dejo la maciza para tí. Está bien rica y tiene algo que atrae con fuerza. Creo a esa le va el rollo más que a nosotros

―En eso estamos de acuerdo― le digo al oir el comentario que coincide con mi apreciación inicial.

―Entonces…decidido. Vamos a por ellas y a disfrutar del viaje…de dia y de noche― dice con una pizca de euforia en sus palabras construyendo en su imaginación escenas que puedo deducir.

Mientras el autobús avanza rápido hacia nuestra primera parada tenemos tiempo de hablar de nuestras cosas. A Pedro le encanta referir sus anteriores anécdotas y aventuras lo que explica en parte porque su esposa lo ha dejado después de veinte años de matrimonio. Su conversación me distrae mucho de mis pensamientos negativos, algunas historietas son divertidas tal como las cuenta y otras estan preñadas de morbo. ¡Menudo tunante está hecho este “señor”.

En la primera parada que hace el autobús para ir al baño y estirar las piernas. Pedro la ha aprovechado para hacer el primer acercamiento a “las chicas”. Debo reconocer que tiene un don especial, a los pocos instantes ya ha conseguido hacerlas reír y crear un clima de entendimiento que facilita nuestra estrategia de aproximación.

Yo soy “el acompañante”, hablo poco y observo cómo mi nuevo compañero se desenvuelve. Con disimulo examino a la madurita rubia, esa que Pedro me ha asignado. Tengo que decir que no está nada mal, buenas curvas, guapa de cara y modales sofisticados. Si todo va como hemos planeado se va a beneficiar de las ganas de follar y de toda la leche que he ido acumulando las últimas semanas de abstinencia.

Parece que a estas “chicas” les agrada nuestra compañía y están abiertas a compartir el viaje con nosotros. La rubia con mechas de color castaño, se llama Martina y a juzgar por las miradas que me dedica yo diría que se está imaginando algo más que ir juntos a ver los monumentos o compartir mesa en algún restaurante. Tiene algo que despierta mi lado oscuro, mi lujuria más desatada. Mi mente calenturienta está muy necesitada, la falta de relaciones hace que me la imagine desnuda, con cara viciosa, mostrando su buen culo y sus tetas generosas. Imagino como será oirla gemir, como pide polla y como sus dulces palabras se transforman en sucias expresiones… me pone duro!.

Pasadas las 21:00h llegamos al hotel. Nos reparten las habitaciones por parejas (es un viaje económico). Pedro y yo juntos decidimos compartir una. En la habitación contigua estan las chicas. Dejamos los equipajes y enseguida bajamos a cenar. Es un refrigerio frío pues la cocina ya está cerrada. Compartimos mesa los cuatro. Al regresar a la habitación Pedro se hace el remolón y se queda con la mujer más menudita.

Martina continua caminando silenciosa por el pasillo detrás de mí. Al meter la llave en la puerta me doy cuenta que estamos solos, ella y yo. Está esperando a que abra para entrar conmigo a la habitación. ¡Nunca me ha resultado tan fácil conquistar a una mujer!¡Menuda suerte que he tenido!. En realidad es ella la que me ha elegido. Me ve como un joven macho, con ganas de follar contenidas que le puede servir para que le de una buena cogida y satisfaga su necesidad.

Tras cerrar la puerta sin más preámbulo que una mirada rápida de arriba a abajo para recrearse ante el yogurín que se va a zampar, Martina se acerca me coge el paquete con una mano y la otra la pone sobre mi mejilla.

―Lo vamos a pasar bien. ¿Te apetece un bomboncito como yo? me deseas ¿verdad?

Mi cara lo debe decir todo…mi sorpresa y mis deseos lujuriosos se unen. No atino a articular palabra…el atrevimiento y determinación de la mujer no dejan lugar a la duda. Mi polla responde de inmediato. Cuando la libera del pantalón ya está dura como una roca. En un santiamén nos desnudamos y nos echamos en una de las camas individuales. Ella debajo, yo encima…busco su sexo, se la meto y empiezo a bombear como un poseso.

La muy perra gime como si no pudiera contener su placer. La van a oír en toda la planta. Me siento incómodo, pero no puedo parar. Si quiere gritar, pues que grite…yo no se lo voy a impedir, yo solo pienso en bombear fuerte y descargar una buena carga de leche en su calidad panochita.

Entre empujón y empujón giro un poco la cabeza, veo a Pedro sobre la otra cama observando como follamos. La expresión de su cara muestra que está encantado, que le gusta lo que está viendo. No sé cuánto tiempo lleva ahí mirando, el muy cabrón ha vuelto y me va a fastidiar el plan.

―¿qué haces aquí? ¿no ves que estamos ocupados?...¡anda…ve da dar una vuelta y vuelve más tarde!― le digo contrariado por la inoportuna interrupción

He detenido mis embestidas, me alzo sobre mis brazos y lo miro desafiante. Pongo cara de pocos amigos para hacerle ver que es mejor que se vaya y nos deje terminar a nuestro aire.

Martina pone sus manos sobre mis nalgas y me aprieta contra su cuerpo.

―Tú sigue…lo estabas haciendo muy bien. Si ese quiere mirar…que mire. A mi no me importa que se quede ahí mirando…lo que quiero yo es que me metas esa hermosa verga y me llenes mi conchita con tu leche―me dice separando las piernas aún más para que mi polla se clave bien a fondo.

Me aprieta los glúteos aplastando mi cuerpo contra el suyo. Mueve las caderas para hacerme sentir que mi polla está bien acomodada entre sus pliegues vaginales

―Yo así no puedo continuar…me está cortando el rollo de mala manera― exclamo contrariado. No estoy acostumbrado a que me miren―respondo desconcertado por la situación.

Aprovechando mi indecisión se escabulle de mi abrazo y se pone sobre la esquina de la cama a cuatro patas. Tengo su culo frente a mi. Lo mueve y me invita a tomarlo. Me sitúo detrás de ella. Solo tengo que acercarme un poco para que la punta de mi polla entre en contacto con su rajita. Empujo lentamente y se la voy metiendo toda. Está tan mojada que parece que mi polla es absorbida. Pedro ha desaparecido de mi ángulo de visión y tengo la sensación de que ya no está presente.

Poco a poco voy tomando confianza y empujo con ganas contra ese soberano culo que permanece en pompa para mi.

Pedro no se inmuta. Mira con interés las nalgas de Martina. Puede ver como mi polla está profundamente incrustada en su concha. La mujer gime reclamando mi atención, mueve lentamente sus caderas para envolver mejor mi polla en su interior y empieza a balancearse levemente adelante y atrás follando mi polla.

―No le hagas caso…tu sigue…si quiere mirar, déjale que mire―dice Martina antes de empezar a gemir como una autentica perrita en celo que demanda su dosis de polla y los empujones de un buen macho.

—Sujétame más fuerte —me pide Martina al tiempo que da culadas hacia atrás

—¿Te gusta así? —gruño aferrandome a la redondez de sus caderas e impulsando la cadera con fuerza hasta hacer que nuestros cuerpos choquen con violencia.

Un gruñido escapa de la garganta de esa mujer hambrienta de polla.

—¡Sí! ¡Sí! —exclama con la voz ronca y entrecorta—. ¡Qué gusto! ¡Me encanta…sigue…sigue!

Todavía sigo algo confuso, nunca antes he follado con otro hombre observandome, compartiendo con él los gemidos de ella y mis gruñidos, dejando que vea como mi polla entra y sale, como aparecen las gotas de sudor sobre mi piel y sobre todo, cómo mi instinto más primario se apodera de mis movimientos.. Por otra parte, la situación estimula mi morbo y el coño jugoso y ardiente de ella me invitan continuar con más ganas si cabe.

―Dame más…dame más duro…pareces una nenaza…como mi marido…¿es que no sabes dar mas fuerte?― me reclama al ver que sigo algo dubitativo por la presencia del tal Pedro.

—Te gusta que nos miren mientras follamos ¿verdad?—le pregunto sin detener mis duras embestidas.

—¡Joder tio, me vuelve loca, hostia! —gime ella con desesperación—Me gusta así…bien duro…que nuestros cuerpos golpean con fuerza…que se oiga como suena mi culo mojado al chocar con tus muslos. Lo necesito...¡Fóllame más fuerte, joder!

Sus palabras me devuelven la confianza y voy aumentando la fuerza de mis embestidas. Cada impacto contra su culo produce una onda que recorre todo su cuerpo. Las tetas repican como dos campanas adelante y atrás, su cabello cubre y descubre su carita de rasgos redondeados y dulces de mujer con ligero sobrepeso. La cama cruje bajo la intensa embestida. Empiezo a sudar, no dejo de penetrarla con movimientos rítmicos y enérgicos.

Cada golpe de mis caderas contra sus nalgas resuena en la habitación. Martina deja que su cuerpo balancee al ritmo de mis empujones… se deja mecer al ritmo que yo impongo. Solo son suyos los jadeos continuos y el movimiento de su cabeza. De vez en cuando se vuelve para mirarme de reojo y dar una mirada hacia donde está Pedro observando la escena..

—¡Así…así! ¡Aaaah! ¡Más! ¡No pares, cabrón! — me suplica entre gemido y gemido—¡Así…bien fuerte…es como me gusta! ¡Que se vea bien como un buen macho folla a su hembra!¡Otros debían aprender de ti!

Tengo la impresión que a mi pareja le gusta tanto que la follada sea bien dura como que se vea con nitidez que ella lo está disfrutando mucho, que es así lo que más le agrada. Por mi parte solo puedo añadir que golpear su culo con mi cuerpo y meterla con tanta fuerza colma todos mis anhelos. ¡Nunca había sentido algo así! ¡Me siento como un verdadero semental cubriendo a la yegua más potente de la manada!

—¡Me encanta tu polla! ¡Cómo me gusta! — grita entre empujón y empujón.

Su cuerpo se estremece en un espasmo que parece recorrerla desde la nuca hasta los dedos de los pies. Arquea la espalda para acogerme mejor. Su culo queda bien en pompa.

—¡Dale un azote en el culo! — pide Pedro a mi espalda.

Me molesta que se entrometa en la apoteósica follada que le estoy dando a Martina y al mismo tiempo me muestra un camino que no había imaginado. Le propino una fuerte palmada en la nalga que resuena en toda la habitación. Ella gime dolorida y él exclama:

—¡Así, así…otra vez, otra vez!

Sin dejar de mover mis caderas le doy varias palmadas hasta enrojecer su nalga lo que hace que la mujer gima sin control.

—¡Me encanta cuando me das así! —murmura volviendo su cara hacia atrás para verme y ver también a nuestro inesperado espectador.

Me gusta ver mi polla entrar y salir de su coño envuelta por sus jugos…me siento poderoso…le doy azotes que la sacan de sus casillas y la llevan al éxtasis. ¡A nuestro mirón también parece que le encanta la escena.

Martina se suelta de mi abrazo, se deja caer sobre la cama y se da la vuelta para quedar boca arriba frente a mi con las piernas levantadas y abiertas. Muestra su vulva hinchada y mojada con orgullo.

—Métemela toda…métemela toda…quiero sentirme bien llena— dice abriendo sus piernas sin ningún pudor— follame bien duro para que este vea cómo se hace— añade incorporando a Pedro a la escena.

Por un instante vuelvo la cabeza para ver los ojos enrojecidos por la lujuria de nuestro amigo. Él sonríe complacido por el espectáculo que está disfrutando.

—¡Más fuerte, joder!. ¡Quiero que la hagas gritar como una puta! — grita fuera de sí

Me siento empujado por los jadeos de ella y los comentarios de él. Mis movimientos se hacen rápidos y enérgicos.

—Hasta el fondo, cabrón —gime ella arqueando la espalda —¡métemela toda! — grita

—¡Reviéntale el coño a esa puta!— dice él

Una fuerza instintiva se apodera de mi. Me tenso, aprieto con fuerza y cada embestida parece más profunda que la anterior.

—¡Me voy a correr! —gruño como un animnal— ¡Joder, me viene!

—¡Córrete dentro, cabrón! —grita Pedro totalmente extasiado por lo que está viendo.

Nuestros gemidos se intensifican. El cuerpo de Martina se tensa, sus dedos se clavan en mis gluteos y grita:

—¡Ahhh! ¡Me corro! ¡Me corro!

Yo respondo embistiendo una última vez con toda mi fuerza. Lleno su coño con toda la leche que he ido acumulando.

—¡Me corro…me corro! ¡Toma toda mi leche!— grito mientras mi leche sale disparada hacia su vagina.

Tras unos instantes de pausa, me echo a un lado y me tumbo boca arriba junto a ella. El orgasmo ha sido intenso y me ha dejado exhausto. Martina se acomoda a mi lado y me abraza. Está completamente satisfecha…se mira la entrepierna y observa el líquido blanquecino que comienza a deslizarse lentamente escapando de su vulva.

—¡Ven y cómetelo!— dice dirigiéndose a Pedro que permanece de pie frente a nosotros.

Sin duda es lo que Pedro estaba esperando como un perro dócil que espera agitando el rabo que le llenen el cuenco con su comida.

Pedro se acerca, se inclina ligeramente, y con delicadeza recoge con sus dedos índice y corazón parte del fluido que escapa del sexo de Martina. Los observa durante un instante y se lo lleva a la boca de forma ritual.

Se acomoda entre sus piernas y con un ansia desmedida se pone a comerle el coño como si fuera el manjar mas exquisito que pueda haber. Saca la lengua para recoger todos los jugos, juega con ellos, los mezcla con su saliva y se moja los labios. Luego saca la lengua y se relame de nuevo. Sabor a coño, sabor a leche… chupa con gula los fluidos que manan de Martina. La cara de placer de ella es un poema, la de él la imagino preñada de lujuria.

—Mmm... —murmura cerrando los ojos con deleite—¡Qué mezcla tan deliciosa!.

A continuación, se echa sobre la cama, se coloca entre sus piernas y empieza a comerle el coño como un animal hambriento saboreando cada una de las gotas de líquido formado por la mezcla de sus jugos, mi leche y sudor compartido. Martina parece muy complacida, separa bien las piernas y deja que su perrito faldero se harte de lamer sus pliegues y toda la piel que ha quedado recubierta de sus fluidos.

—¡Es delicioso! ¡sabe a gloria bendita! — dice en una pausa.

Martina se deja hacer, se regocija a mi lado, apoya su cabeza sobre mi pecho y cierra los ojos. Veo como una baba le cae por la comisura de los labios…está en la gloria. ¿que más puede pedir?

...

Al llegar a la mesa, Martina, Pedro y Clara están desayunando tranquilamente. Hablan poco y comen con hambre todo lo que se han traído del buffet. Al ver cómo se comportan y comparten el azúcar, la jarrita de leche para el café y como Pedro se come el borde más tostado del pan que Martina no ha querido me confirman que la desconocida tenía razón: son pareja. A ella le gusta follar delante de él y a él le gusta ser cornudo y lamer el fruto de sus pecados. Yo soy un mero instrumento al servicio de su morbo. Reconozco que me he sentido utilizado pero me ha gustado y se me ocurren muchas cosas para que estas vacaciones sean inolvidables para los tres o quizás los cuatro.

Deverano.