Noche de Cuckold
Maxi no está, pero la cámara sí. Mientras él espera en casa, ella se prepara para ser poseída por otro, sabiendo que cada gemido y cada marca en su piel serán testigos de su traición consentida. Esta noche, el placer es un juego de espejos donde ella es el objeto y él, el espectador.
Como siempre, nos gusta ir por más, explorando nuevas fantasías y llevándolas al límite dentro de nuestro juego. Entre nuestras travesuras, surgió la idea de que, en el próximo viaje solo que emprendiera Maxi, terminara con el culo completamente roto. Algo que, aunque nadie quiera creerme, no había experimentado antes de conocer a Maxi.
No voy a mentir. Ya saben cuánto me gusta coger.
Decidimos escribirle al Bull, con quien ya habíamos jugado antes, y gracias a quien tuve esa doble tan anhelada que me dejó el asterisco palpitando por días. Le propusimos la idea y, por supuesto, quedó encantado. Maxi salió temprano esa mañana, apenas prestándome atención, concentrado en la ruta y el GPS con sus amigos. Y aunque nadie me crea, estuve a punto de cancelar. Para mí, el juego siempre es entre nosotros. Pero en una de sus paradas, me dejó claro que esta vez sería distinto, con una participación mínima de su parte. Así que me dediqué a prepararme como su putinovia obediente.
Para esta ocasión, yo elegí la ropa. Opté por un atuendo de colegiala porque, según Maxi, me veo especialmente porno con él. Y la ocasión lo ameritaba. Me tomé mi tiempo para vestirme y, por supuesto, envié fotos para que pudiera ver cómo su putita se arreglaba para otro. Sin su constante ida y vuelta de mensajes, me sentía un poco menos encendida, pero saber que al final vería el video que tanto esperaba me hizo entrar en calor. Como siempre, me di cariño para asegurarme de que todo estuviera en la temperatura adecuada.
Maxi llegó a destino al mismo tiempo que el Bull llegó a cogerme. Ver su mensaje avisando que había llegado me puso nerviosa. Sentí un poco de bronca porque no estaba al otro lado del teléfono acompañándome, pero así era esta vez.
Cuando abrí la puerta, llevaba un piloto que apenas ocultaba lo que había debajo. Bien perfumada, en actitud de putita, lista para recibir la pija que mi culo ansiaba. Nuestro Bull no tenía mucho tiempo, así que nos fuimos directo al cuarto, asegurándonos de que la cámara captara cada detalle. Parte del acuerdo, como siempre, era filmarlo todo para que Maxi pudiera disfrutarlo después. Justo antes de que el Bull llegara, había pensado en cancelar, pero como pueden ver… no lo hice.
La idea de vestirme de colegiala fue de Maxi, pero mientras me preparaba, me fui encendiendo. Salí al pasillo y sentí las miradas curiosas de los vecinos. Bull, impecablemente perfumado y con su ropa de trabajo, no tardó en elogiar lo que veía. La idea de filmarnos parecía excitarlo aún más. Le envié una foto a Maxi, sabiendo que la vería después, y la acción comenzó.
Fueron 40 minutos de puro desenfreno. Mucha chupada de pija, porque saben cuánto me gusta, y porque la del Bull tenía que estar bien mojada para entrar sin problemas. La tiene gruesa, larga y ladeada, así que necesitaba estar bien preparada. La cámara captaba todo: mi cuerpo en cuatro patas, gimiendo mientras lo suplicaba en voz alta, sin darme cuenta de que la ventana estaba abierta. Seguramente, algún vecino tuvo su propia película porno en vivo. Me encanta pensar en eso.
Mientras tanto, la cámara registraba cómo me la iba metiendo, cómo mi expresión oscilaba entre el dolor y el placer. Mi culo, que sabe cuándo va a ser poseído, se iba adaptando poco a poco, con un poco de vaselina para ayudar. Sentía cómo me la enterraba hasta el fondo, exactamente como me gusta.
Me llevó de la pieza a la mesa de la cocina, volviéndose frenético. Intentaba concentrarme en gozar y filmar, pero sentía cómo se le engrosaba más y más. Me puso frente al espejo del baño, con la cola bien llena, sin sacarla. En el video, Maxi siempre dice que mi cara de putita gozadora en ese momento es inconfundible. Empezó a bombear fuerte, sintiendo cada centímetro de su grosor mientras entraba y salía, con sus manos sujetándome la cintura con firmeza. Una escena digna de repetir.
Volvimos a la cama. Me puso en perrito, de costado, con una pierna arriba. Durante 40 minutos, mi culo, que es de Maxi, fue usurpado sin piedad. Sentí un deseo profundo de que él estuviera ahí, viéndome en vivo y en directo. Sabe cuánto me excita que me mire así, entregada completamente. Le iba mandando videos y, como podía, los iba viendo. Cada doble tilde azul me calentaba más y más.
Hubo un momento en el que sentí que mi agujero iba a quedar completamente estirado. Ahí fue cuando empecé a desear con ansias que Maxi llegara. Quería que viera con sus propios ojos lo que me habían hecho, para que después tomara lo que era suyo y viera…
Sentia que se le agrandaba y ponia dura cada vez que entraba y salía; por momentos bombeaba despacio haciéndome sentir cada centímetro que iba para adentro y que despues salia, arrastrándome el culo q su merced… y cuando quería, tomaba un ritmo demencial y me hacia sentir que esta vez, no me lo estaba cogiendo yo, me estaban poseyendo y se se incrementaban las ganas de que me dominaran y me solté, me entregué y me hizo suya. Ya no solo eran las ganas de que me llenara toda el cola, era la incertidumbre de cuan dilatado iba a quedar… al principio entraba mas justa, pero la vaselina y mis ganas hicieron que vaya relajando y dejando que me embiestera cada vez mas fuerte y en la pose que él elegía.
Mis ganas eran muchas de que me dejara la lechita en la cola, me encanta que Maxi vea como chorrea… pero no se podía y entonces fue que le pedi a mi Bull que me acabe en la boca. Me puse cual sumisa para darle una buena mamada y que toda la lechita fuera mia… los video y fotos captaron TODO el momento donde mi boca, mi cara y mis pechos iba recibiendo muestras de sexo (juro que pensé en que era una lastima que Maxi no estuviera ahi y ver si iba a limpiarlo).
Cuando me paré, sentí cuan abierto había quedado mi culo. Finalmente, antes de salir a despedir al Bull, lave mi cara y cuando entré, me abrí los cachetes para sacar las fotos que Maxi que pudieran ratificar que me habian dejado toda cogida. Mientras, una mueca en mi cara acompaña ese morbo que siento al pensar (algo que nos permite esta experiencia) que le estoy relatando que otro se hizo dueño, esa noche, de lo que es de él… y que, como ya dije, esta vez no pude cogérmelo yo, si no que sentí que me pegaron terrible culeada a su antojo. Y me gustó.
Le hicimos una oferta de que venga una vez a la semana, pero de un momento a otro, nos dejó de responder.
Extra: mensajito que le mandó el Bull a Maxi…: “Llegué, salió a abrirme toda tapada pero tenia la ropita de colegiala abajo, impecable ella como siempre... nos empezamos a comer la boca en el comedor y nos fuimos a la pieza.. acomodamos la cámara, encendimos la luz y empezamos a jugar un poco... me chupaba la pija... yo la tocaba toda... y le empecé a coger en 4 la conchita... cogimos un poquito contra la mesa, en el baño y volvimos a la cama...empecé a jugar en esa cola hermosa en 4... después de costadito y le di toda la leche en la carita arrodillada en la cama! Lindos videos hay, espero les gusten.
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