Mi vecina me domina (42)
Paula no solo domina su cuerpo, sino que ha comprado su alma. Cada mañana despierta a sus pies, no como amante, sino como propiedad. La próxima cita con Elena promete ser la más sucia de todas, y él no tiene opción más que obedecer.
Me gusta que entiendas que esos castigos son necesarios que te los aplique. Es la única forma de que tú sumisión a mi sea plena y a mi total satisfacción.
Gracias mi ama Paula.
Ambas ya echadas en la cama se abrazaron y unieron sus bocas besándose sin cesar. Yo mientras en mi celda y sin saber lo que me podía sobrevenir después. Así estaba yo con mis pensamientos cuando la puerta de mi celda se abrió. No sabía quién me reclamaba. Salí y fui al dormitorio y me asomé viendo a mi señora Paqui y a Paula como se devoraban con abrazos, besos y apretones.
A sus pies mi señorita Sara. ¿Que desea?
Ve al baño y límpialo todo. No hay quien entre.
Fui al baño y realmente el olor era muy fuerte. Levanté la tapa del wc y pude comprobar que había hecho sus necesidades de una forma muy abundante.
Ya sabes cómo has de hacerlo.
Me arrodillé y lamí todo el asiento del wc que estaba salpicado de su caca. Después tiré de la cisterna y viendo que estaba atrancado metí mi mano tratando de que aquel zurullo pudiera ser tragado por el agua de la cisterna. Era un zurullo muy duro que me costó que pasara debiendo partirlo con mi mano en trocitos hasta que por fin coló.
Cuando esté todo limpio vienes. Tienes que limpiarme.
Al ir junto a su cama estaba echada de lado para no manchar las sábanas, mostrando su culo manchado. Pegué mi boca y pasando la lengua una y otra vez terminé su aseo.
Ya te puedes ir a tu sitio.
Al pasar por el dormitorio de mi señora Paqui vi como gozaba Paula de ella. Seguí hasta entrar en mi celda y procurar descansar un rato. Pero nada más entrar la puerta volvió a abrirse. Salí hacia el dormitorio de mi señora Paqui.
Esclavo, buenas noticias. Me acaba de mandar un wasap Elena que si podíamos quedar mañana. Le he dicho que sí y hemos quedado a las once de la mañana en vernos en su casa. Esta vez será diferente, ja, ja, ja. Ya te puedes ir, ten preparado el desayuno a las nueve aunque antes ya sabes que has de venir a tomar el tuyo. ¿Verdad que si cariño, mi perra sumisa?
Si mi ama Paula. ¿Yo no tendré que ir mañana?
No, tú te quedarás en casa con tu hija Sara pues mañana no tiene que ir a trabajar hasta por la tarde.
Vamos a dormir, que mañana se presenta muy movidito.
La noche pasó muy rápida y casi sin poder dormir por cómo me escocía mi espalda. Ya en la mañana la puerta se abrió y fui rápidamente al dormitorio de mi señora Paqui. Me había colocado el embudo y llevándolo sujeto con mis manos me postré a sus pies para que me dieran mi desayuno.
Muy bien, prepárate que estoy muy llena. Deberás tragar muy rápido.
Paula puesta con las piernas abiertas sobre el embudo comenzó a orinar una cantidad increíble. Después fue mi señora Paqui la que se colocó para ofrecerme el desayuno. Se levantaron y de la mano fueron a la cocina donde el desayuno ya estaba preparado. Como era costumbre permanecí en el suelo con mi boca abierta para lo que desearan darme. Recibí con hambre sus sobras masticadas y llenas de sus salivas y escupitajos para una vez terminado servirles como cenicero.
¡Esclavooo!
Creo que te llama la señorita Sara. Ve y atiéndela.
Cuando llegué sabía ya lo que necesitaba. Le ofrecí el embudo y orino en el.
¿Tienes mi desayuno preparado?
Si, señorita Sara, está todo preparado.
Tiró de mi correa y fuimos a la cocina donde estaban su madre y Paula. Se sentó y continué postrado para seguir siendo usado y a la vez para tomar lo que deseara darme.
Sara, hoy me llevaré al esclavo para un nuevo servicio de Elena, que nos llamó anoche para contratarlo. Como tú no trabajas hasta esta tarde te quedas con mi perra hasta que lleguemos nosotros que será para la hora del almuerzo.
Bien, me encanta pasar la mañana contigo, mamá. Lo vamos a pasar muy bien, te lo aseguro.
Sobre las diez y media Paula me mandó a vestirme para irnos. Lo de vestirme me hizo gracia pues solo me permitió ponerme un abrigo sobre un conjunto de lencería y unos tacones. Ella sin embargo iba de escándalo. Le puse unas medias y sus botas altas de tacón alto y fino, un top que resaltaba sus pechos y una falda de cuero por debajo de la rodilla. Se maquilló y eso provocó mi excitación que al darse cuenta procedió a colocarme la jaula de castidad y activar la vibración durante todo el trayecto hasta llegar a la casa de Elena.
Hola buenos días Elena, ¿qué tal estás? Veo que quedaste muy satisfecha el otro día.
Elena se arrodilló ante Paula besándole las botas y agradeciéndole lo que estaba haciendo por ella. Así cabizbajo le entregó los mil euros pactados. Paula se sentó en el sillón, se encendió un cigarrillo y me echó al suelo junto a Elena enseñándome el dinero cobrado por mi emputecimiento.
Mi puta perra Elena, mira cómo está mi esclavo. Toma la llave y quítale la jaula.
Elena me quitó la jaula y se la entregó a Paula.
Abre esa boca puta, no ves que se va a caer la ceniza.
Elena abrió la boca tragando la ceniza del cigarrillo acompañada de escupitajos que le iba lanzando tanto a su boca como a su cara.
¡Acércate perra y descúbrete tus tetas!
Elena se levantó la camisa de s3da transparente que llevabacpuesta y cogiéndose sus pechos se los ofreció para colocarle una pinza dentada en cada uno de sus pezones.
Ahora tú esclavo, ven.
Las cadenitas de las pinzas las tomó poniéndolas en mis pezones. Se trataban de unas pinzas dentadas que dolían bastante. Así unidos Elena y yo por las pinzas comenzó a darle patadas en los huevos a Elena lo que hizo que se encogiera y tirara de las cadenitas que nos unían. Yo emití un breve quejido por el tirón que me había producido.
Acercarse a mí y colocarse uno frente a otro.
Paula subió sus piernas para reposarlas sobre las cadenitas y así tensarlas para que el dolor fuera muy intenso y así excitarse. Paula era sádica y eso le iba a excitar mucho. Mientras sus piernas seguían tirando de las pinzas metió una mano bajo su braga y comenzó a masturbarse a la vez que con la otra masajeaba sus pechos.
Que gustazo me estáis dando par de putas.
Sus piernas oscilaban arriba y abajo tensando las cadenitas y por ende las pinzas de los pezones.
Bien puta perra sumisa, te voy a proponer algo que creo te va a gustar. Quiero que pases a ser de mi propiedad para explotarte como una vulgar puta a mi servicio. Seguirás estando en tu casa pero disponible siempre que yo te lo ordene. ¿Que te parece?
Oh, mi señora y ama Paula, gracias por concederme ese honor. No le defraudaré se lo prometo.
He pensado que ha llegado el momento en que debo marcar a mis esclavos. Lo prepararé todo para el próximo día. Ahora esclavo colócate esto.
Se trataba de un arnés hueco en el que introduje mi polla.
Muy bien ahora quiero que te la folles hasta dejarla exhausta.
Tomé a Elena por sus caderas y separando sus glúteos le inserté el arnés que llevaba puesto. Vi como disfrutaba ella y en cambio yo no pude sentir nada. Mientras Paula fumaba y golpeaba mi culo con su fusta.
Oh, mi ama que gustazo. Me siento tu puta.
Vas a sentir algo más.
Paula puso un vaso para que Elena se corriera en el.
Ahora quiero que limpies bien la polla que tanto placer te ha dado y le das las gracias.
Elena, arrodillada, tomó el pene hueco con sus manos y con ansia lo introdujo en su boca para chuparlo. No le desagradó tomar los restos de su propio culo.
Acércate Elena y tú también esclavo.
Paula metió dos dedos en la boca del esclavo provocándole unas arcadas cada vez mayores. Siguió metiendo y sacando sus dedos hasta que provocó que vomitara sobre un plato hondo que puso bajo mi boca.
Mira Elena, voy a prepararte algo muy rico. Vas a tomar tu leche, el vómito del esclavo y…… ¡sorpresa!
Paula tomó el plato lo escupió y lo colocó entre sus piernas, iniciando una meada que transformó la comida que iba a tomar en una sopa.
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