Mi vecina me domina (41)
En la oscuridad de la celda, el olor a suciedad y poder se mezcla con el miedo. Ella no es solo tu dueña, es el verdugo que decide si tu dolor es suficiente. Y cuando las puertas se abren, la verdadera lección apenas comienza.
Nunca antes haba estado acompañado por alguien en mi celda y mucho menos pude imaginar que fuera con mi señora Paqui.
¿Te gusta lamerlo? Estaba lleno de restos de tu propio culo.
Me gustaría más si fueran restos tuyos mi señora Paqui.
Pues vamos a intentar situarnos mejor aquí dentro. Quiero que ahora que has terminado de limpiar el zapato de mi hija te dediques a mi.
Paqui se colocó dejando su culo pegado a mi cara. Al olerlo deduje que no se había lavado y eso me encantó. Puse mis manos sobre su cintura y pasé mi lengua por todo su culo deteniéndome en su orificio anal para introducirle mi lengua. Mientras podíamos escuchar los gemidos de Paula y Sara.
Sigue por favor, hace tiempo que necesitaba de ti, mi esclavo.
Yo seguía dedicándome a su culo y ella pasó su mano por entre sus piernas y comenzó a masturbarse. Yo estaba intranquilo pues ellas podían escuchar los gemidos de mi señora Paqui y dudo que lo aprobaran. Pero yo continué hasta que soltó un grito de placer. Esto hizo que Paula apareciera frente a la celda.
¿Os he dado permiso para lo que habéis hecho? Cerdos de mierda, os arrepentiréis.
Sara ven. Mira este par de perros lo que han hecho. Tu madre se ha corrido y este puto esclavo ha contribuido a que lo haga. Tu que opinas.
Sin mediar palabra Sara abrió la puerta de la celda y nos hizo salir. Así los dos a cuatro patas mirándolas no sabíamos qué hacer.
Sara, ¿prefieres encargarte de la perra de tu madre o de ese cerdo?
Elige tu, Paula.
Sara tomó la correa del collar de su madre y Paula la mía. Colocaron unas cuerdas en cada una de las puertas del salón y nos ataron a ellas como en la cruz. Después nos colocaron una bola de mordaza en la boca, se encendieron un cigarrillo y se sentaron frente a nosotros.
Me gusta verlos así, ¿y a ti, Sara?
Me encanta tenerlos así de ofrecidos e indefensos para nosotras. Mamá sabes que lo que has hecho no está bien y merece un buen correctivo, ¿verdad?.
Su madre no podía contestarle por la mordaza de bola que nos habían puesto.
-Ahhhh no contestas. Eso no está bien mamá.
Sara se acercó a Paula para decirle algo que no pude escuchar pero que pronto íbamos a saberlo.
¿Hueles mamá?. Os vamos a aplicar un tratamiento para la piel que es muy bueno, ja, ja, ja.
Paula y Sara se dedicaron a dejar caer cera sobre nuestra espalda. Las gotas al caer sobre la piel iban dejando pequeñas marcas por el calor de la cera.
Os gusta, perros - dijo Paula. Creo que lo mejor vendrá después al quitar la cera de vuestros cuerpos.
Ambas disfrutaban con su sadismo al dejar que se acumulara la cera derretida para luego dejarla caer por nuestras espaldas formando hilos de cera adosados a ella. Se reían y nos insultaban. Cuando consideraron que todo estaba a su gusto se encendieron un cigarrillo cada una y lo acercaban a la cera para que volviera a derretirse acrecentando el dolor.
Bueno descansamos un poco Sara y habrá que quitarles la cera del cuerpo, ¿no?
Claro, estoy deseando hacerlo. Tu, ¿qué vas a utilizar?
Yo esto y ¿tú?
Pues usaré lo mismo que tú.
No pude escuchar lo que iban a utilizar porque solo se lo mostraron entre ellas. Oímos que se levantaban y un silbido en el aire nos hizo saber que lo que iban a usar para quitarnos la cera era el látigo. Ambas y a una distancia nuestra levantaron sus látigos dejándolos que golpearan nuestro cuerpo a la vez que arrancaban la cera.
Se les va a quedar una piel muy tersa, ja, ja, ja,
Siiiiiii - le respondió Sara.
Los azotes aumentaron de intensidad dejando nuestros cuerpos marcados por ellos. No dejaban de reírse, de insultarnos mientras continuaban azotándonos.
Bueno Sara, creo que ya no les queda más cera en sus cuerpos. Fumémonos un cigarro mientras contemplamos a estos cerdos de mierda.
Terminaron de fumar y nos soltaron de las cuerdas cayéndonos los dos al suelo y encogiéndonos por el dolor que los latigazos habían producido en nosotros. Allí en el suelo tirados se abrazaron besándose con pasión y mirándonos a la vez que se mofaban y reían de nosotros.
Mamá, ¿estás excitada?, ¿quieres correrte? Ja, ja, ja, ja.
Sara se levantó y apareció con el arnés ajustado a su cintura. Había colocado el strapon grande que había traído Paula. Su tamaño hacía que lo tuviera que sujetar con sus manos.
Bueno, ¿quien quiere probarlo primero?
Ninguno, ni mi señora Paqui ni yo, contestamos. Fue Paula la que tirando de la correa del collar de Paqui la puso de rodillas con la cabeza entre sus piernas y obligándola a que levantase su culo. Su hija Sara se colocó detrás de su madre y comenzó a frotar el strapon por su coño y culo hasta que en una de esa caricias se lo introdujo con un golpe seco en su coño. Paqui emitió un leve quejido a lo que Paula aprisionó su cabeza para que chupara y lamiera su coño jugoso.
Que pedazo de puta estás hecha, mamá. Solo eres eso, un cuerpo para ser follado y usado a gusto nuestro.
Mientras Paqui seguía lamiendo el coño de Paula, Sara extrajo el strapon del coño de su madre y le penetro su culo. El strapón era muy grueso por lo que le costó introducírselo entero en su culo.
¿Que te gusta más, puta, por tu coño o por tu culo?. ¿Tú qué crees, esclavo.
Yo no supe qué contestar lo que hizo que Paula me abofeteara varias veces.
¿Que te ha preguntado Sara, puto perro?, ¡contesta!
Creo que por el coño, mi señorita Sara.
Así me gusta que respondas cuando se te pregunte, joder.
Sara cesó en su penetración para sentarse y descansar un poco. Mientras estaba sentada me señalo con su dedo su strapon para que me acercara y lo limpiara con mi boca ya que tenía restos de fluidos y restos sólidos. Cuando pasó un rato y tanto Paqui como yo caímos al suelo doloridos Paula fue a colocarse un arnés más pequeño que el de Sara volviéndose a sentar junto a ella.
Bueno mi esclavo ahora tú - me dijo Sara.
Adopte la misma posición de Paqui con mi culo ofrecido y mi cabeza entre las piernas de Paula.
Como eres muy maricón vas a chuparme la polla, así te acostumbrarás para cuando contraten tus servicios, esclavo.
Esta vez le costó más trabajo a Sara follarme y cuando lo hizo sentí como me desgarraba mi culo. Mi boca mientras chupaba con fuerza el strapón de Paula. Al cabo de un rato Paula me mandó entrar en mi celda cerrándola.
Acércate a mi lado mi perra sumisa. No te imaginas lo que te quiero. Y es porque te quiero tanto que he de aplicarte esos correctivos para que aprendas a ser mejor cada día para mí. Vayamos al dormitorio.
Sara se marchó al suyo y ellas al de Paqui dejándome a mí en la celda.
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