Xtories

La vez que engañé a mi novia, y encima fue brutal

Solo quería dormir un rato en su sofá, pero el alcohol y el deseo despertaron algo que no podía controlar. Mientras su novia lo espera al otro lado de la línea, ella se quita la ropa y le recuerda que la infidelidad tiene un sabor mucho más dulce de lo que imaginaba.

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Voy a contar algo que nunca se lo he contado a nadie, aprovechando el anonimato de esta web.

Y es la noche que le fui infiel a mi ex.

No fue nada premeditado, y aquí el alcohol fue el principal culpable.

Cecilia, si estás leyendo esto, sí. Cuernos majos.

Estaba yo en el cumpleaños de unos de mis mejores amigos. Cecilia se había ido 3 días a Córdoba por un evento familiar.

Empezamos la fiesta en casa de uno de los amigos con unos juegos de mesa de beber, nada muy salvaje, pero cubata tras cubata, cerveza tras cerveza, ya se sabe.

Al cabo de unas horas, íbamos un poco ciegos, y decidimos ir a echarnos unos bailes y unos chupitos a un bar llamado Diamante.

Allí estaban otros amigos míos, y una chica llamada Cristina, que me caía muy bien, y con la que alguna vez había fantaseado.

A Cristina lo conocí hacía un año en Tinder, antes de salir con Cecilia. En un principio no me gustó porque me pareció que estaba gorda. Nada más lejos.

Tenía una constitución ancha e iba de manera asidua al gimnasio, coincidimos unas cuantas veces.

Me arrepentí de rechazarla tras verla en mallas. Un culo grande, generoso y duro, y unas tetas bastante gordas. De cara era guapa, pero siempre llevaba unas gafas espantosas. Mediría 1,60 y poco, una melena por los hombros, y unos tobillos criminales de gorda. Eso era lo peor.

Era inteligente y divertida, pero parecía un androide.

Me explico, no era absolutamente cariñosa. Era muy agradable, pero fría. No era alguien de dar abrazos o besos. Ni a sus amigos, ni familiares...

Se me iban los ojos constantemente a sus mallas. Aquel culo era un portento. Sus piernas también eran grandes, a juego con la constitución y duras. No tenía un vientre liso, no me atraen, me parecen de famélicas, pero era duro. Era una mezcla curiosa que despertaba alguna que otra fantasía.

En el Diamante estaba, pues, Cris y unos amigos. Llevaba una blusa escotada que permitía ver el tamaño de esos melones y una falda negra que, cuando le daba la luz directamente, se transparentaba el tanga que llevaba.

No sé la de veces que se me fueron los ojos mientras estuvimos ahí a su culo, de lo que ser percató.

+ Oye, dice Miriam que se me ve el culo.

- Solo si te da la luz directamente, pero no pasa nada. No te exagero si te digo que tienes el mejor culo del bar.

+ Qué vegüenza… Aunque me halagas, la verdad. No me suelen decir estos piropos.

- ¿En serio? Joder, qué raro, si eres un portento.

Cristina me sonrió, y me dijo que ojalá más pensasen como yo.

+ Bueno, pues mira a gusto, que me subes la moral, y tíos como tú que lo hagan escasean, jeje.

Le miré las tetas y deseé que Cecilia tuviese ese tetamen.

Cecilia estaba buena, pero era más fina, tenía menos culo, y menos tetas. Sus piernas eran más bonitas, pero las de Cristina eran más fuertes. No podía evitar comparar y decirme que había sido un subnormal por haberla rechazado en su día.

Pasaron las horas, entre risas, bailes, y yo cada vez era más descarado sin darme cuenta. Me quedaba colgado mirándole las tetas a Cristina, que iba bastante más serena que yo pese a también beber los mismos chupitos.

Supuse que no venía tan cargada como un servidor.

+ Lucas, tengo los ojos aquí arriba.

- Hostia, perdona, Cris. Que voy un poco taja, tú eres un pibón, y ahora mismo la discreción se me escapa un poco.

+ Jajaja, no pasa nada. No me importa que me mires, ¿eh? Pocos tíos me miran, y se agradece saber que llamo la atención.

- ¿Estás de broma? ¿Cómo no vas a llamarla? Tienes una pechera con una forma absolutamente perfecta, eres muy guapa, y con ese culo seguro que te aplauden cuando sales de cagar del baño de un restaurante.

+ Jajajajajajaja. De verdad, ¿se te ocurren estas tonterías así de repente?

- Más o menos, menos que más. Depende de mi inspiración, y ahora llevo unos cuantos chupitos encima.

+ Gracias, de verdad. Es un piropazo. Nunca nadie me había dicho eso de mis tetas.

- Mira, me tienes que estar vacilando, no me jodas.

Suponía que quería que le siguiera comiendo la oreja porque yo le gustaba. Era imposible que esos tetones redondos y duros pasasen inadvertidos. No exagero si digo que eran perfectos.

Cuando fueron las 4h el bar cerró, y yo estaba muy perjudicado. Al imbécil de Rubén no se le había ocurrido otra cosa que pedir un chupito de absenta.

Cuando voy muy borracho, me entra mucho sueño, pero mucho. Nivel, me duermo en un portal.

Cristina y yo compartimos camino porque vivíamos en la misma dirección, ella a 5 minutos del bar, y mi piso estaba a 20 minutos andando.

Sin ningún tipo de segunda intención le dije a Cristina que me encontraba fatal, y que si, por favor, podía dormir un poco en su casa antes de irme.

+ Joder, ¿tan mal estás? Sin problema, lo único que mi cama no es de matrimonio. Es de un metro.

- No pasa nada, me voy en cuanto esté mejor. Es que estoy que no puedo, sé que no voy a llegar.

Pensé que podía decirle de dormir en el sofá, pero la idea de verla desnudarse, o hacerlo yo delante de ella me excitó. No tenía intención de hacer nada, pero ver el menú o exhibirse, no hace daño a nadie.

Cuando abrió la puerta le pregunté dónde estaba el baño, me lo indicó, y fui directo para vomitar.

Eché los últimos chupitos, bebí agua, me lavé la cara y me tiré un pedo rezando porque solo fuera gas.

Llegué a su cuarto y me preguntó si estaba bien. Mi cara mojada y los ruidos que venían del baño no debían de haber sido muy agradables pese a mis esfuerzos por no hacer mucho ruido al potar.

Sentí que hacía muchísimo calor y se lo dije.

+ Sí, la calefacción central de este edificio es una barbaridad. Estamos en febrero, y aún así hay días que es que tienes que dormir casi sin ropa.

- Bueno, a ver cómo lo apañamos en poco espacio. Muchas gracias, en serio, me haces favorazo.

+ Tranquilo, otro día me lo devuelves tú, jeje.

Me empecé a despelotar quedándome únicamente en bóxers. Vi cómo Cristina no perdía detalle de mi cuerpo.

+ Jodo, no sabía que estabas tan bien.

- Es un poco esclavo, pero si quieres ser entrenador personal no puedes ir por ahí con un cuerpo escombro.

+ No, desde luego que no.

Me metí en la cama y le pedí agua. Cristina se quedó en ropa interior como si nada. Su culo era glorioso. Grande, redondo, compacto… Un culo grade épico.

Las tetas se peleaban dentro de ese sujetador que luchaba por contener esos dos melones que se veían duros. La forma era perfecta, tanto que parecían falsas.

Mientras se iba del cuarto noté cómo me hormigueaba la entrepierna. No iba a decirle nada de esto a Ceci.

La habitación se movía y el sueño se apoderaba. Cris me sacó de mi duermevela ofreciéndome el agua que me bebí de golpe.

Le di las gracias, dejó el vaso en la mesilla y se puso de pie. Me recreé en su culo, pensando en cómo se lo comería, azotaría y reventaría si fuese su novio.

Envidié al hijo de puta que pudiera embestir eso y dar buena cuenta de esas nalgas.

Sin decir nada se quitó el sujetador, lo metió en el cubo de la ropa sucia, se dio la vuelta y se metió en la cama.

Qué tetas, damas y caballeros, pero qué tetas. Eran perfectas. Grandes, redondas, duras y con unas aureolas pequeñas.

Volví a sentir un hormigueo en la entrepierna mientras no podía apartar la vista de esos melones. Cristina se dio cuenta.

+ Es que me molesta para dormir.

- No, mujer, que no te voy a decir nada. Faltaría más.

+ Bueno, pues intenta dormir.

- Sí…

Le eché morro, la abracé, le di un beso en la mejilla, y me giré. Cris hizo un ruido de placer.

+ Jo, si no llevásemos tan poca ropa te diría que me abrazases… Que me encanta y hace muchísimo que nadie lo hace.

- Ya, pero con tan poca ropa está feo.

+ Ya…

Me quedé dormido al instante. Tuve sueños muy raros, y el último soñé que estaba follando con Cecilia. Estábamos en un parquin, yo la estaba reventando contra un coche.

De repente desperté. No estaba soñando que follaba, lo estaba haciendo.

Me desperté con el rabo tan duro que dolía dentro de Cristina, y mis manos en sus tetas. Me costó reaccionar, esto me había pasado unas cuantas veces. Ser sexámbulo era “gracioso” para las tías, pero a mí ya me había traído problemas.

Lo primero que pensé fue en sacarla, pero el daño ya estaba hecho.

Lo siguiente que pensé es en lo duras que tenía las tetas Cristina. Seguí amasándoselas mientras se la metía lentamente.

Cristina gemía suavemente y tenía el coño mojado. Me dejaba hacer, no decía nada. Mi mano izquierda fue a su culo, quería acariciarlo. Lo sobé a base de bien, sorprendido por lo duro y grande que era.

Mi mano no daba abasto para recorrer aquel generoso glúteo, el más grande que había probado.

Noté cómo mi rabo intentaba ponerse más duro por la excitación de tocarle el culo, pero no podía.

Besé el cuello de Cris por detrás.

+ Ah… Sí, Lucas…

- Mmmmh…

+ Ah… ¿Ya estás despierto?

- ¿No lo estaba antes?

+ Aaaah… No… Aaaah…

La puse boca arriba y le quité el tanga. Sus grandes tetas apenas se desparramaban para los lados de lo duras que las tenía.

Empecé a dar cuenta de aquel coño. Estaba tan rico que me sorprendió. Normalmente no saben a nada, o a flujo, pero este tenía un sabor increíble. Joder, pensé, esta tía es una puta caja de sorpresas.

+ Oooh, dios… Oooh, qué bien lo haces.

Lamía con ansia, pero sin prisa. Le metí los dedos, busqué el punto g, se lo froté, y sus muslos me aprisionaron la cabeza.

+ Perdón… Me ha venido un orgasmo sin querer…

¿También era multiorgásmica? Increíble, y había rechazado este caramelito. Era gilipollas.

Bueno, ahora era un bastardo engañando a su novia, pero valía la pena totalmente.

Disfruté un poco más de su coño, se lo lamía lentamente hasta que empecé a hacerlo rápido y a frotar la zona rugosa.

Otra vez sus muslos contra mi cabeza.

+ Aaah… ¿Qué me haces? Aaaah…

Subí y empecé a comerle los tetones mientras se la clavaba lentamente.

+ UUuffffffff, qué grande… Aaah, la noto tanto.

- Me la pones muy dura.

+ Dios… Sí…

Me explayé con aquellas mamellas inabarcables para mis manos. Le chupé bien el entreteto, me la saqué, y se la puse entre las tetas. Mi mano derecha le frotaba el clítoris.

Cristina se las sujetó y yo admiré cómo mi rabo se perdía en esos enormes melones.

- Dios, son tan grandes y tan perfectas.

Cristina solo gemía. Estuve un rato ahí, sabía que no me iba a correr de lo dura que la tenía.

Se juntaron dos factores, aquel culo y aquellas tetas eran una absoluta delicia que me tenían excitadísimo, y el alcohol hacía que mis erecciones fuesen muy agresivas.

En que noté que las tetas estaban ya secas, le di la vuelta. Quería ver aquella obra de arte.

Se puso a cuatro y lo vi en todo su esplendor. Redondo, muy grande, inabarcable. Ni con dos manos cubría una nalga. Qué puta locura, qué puta delicia.

Mi lengua recorrió cada centímetro cuadrado de sus nalgas. Se las apreté y lamí la raja que formaron.

+ Uf… Me encanta que me lamas el culo.

- No puedo evitarlo. Este culo es una puta ambrosía.

Le solté las nalgas, seguí lamiéndoselas y le agarré las tetas que estaban colgando y daban una visión maravillosa. Quería llorar de tanta belleza. Jamás volvería a ver unos melones así.

Dejé caer saliva sobre su ano y frote mi polla. Cristina se estremeció.

+ Quizás luego… No me des por el culo todavía, me da miedo tu rabo…

Cogí mi mango, lo orienté hacia su coño, y empecé a penetrar. Qué sensación tan placentera. Ahora sí que lo tenía bien mojado la muy puta.

Agarré sus caderas y empecé a bombear. Cristina hundió su cara en la almohada para ahogar sus gemidos.

Ver mi pelvis embestir ese culazo hacía que se me intentase poner más dura todavía. Podía notar cómo estaba cerca de hacerle tope de lo gorda que me la había puesto.

+ Aaah, ten cuidado. La tienes muy grande y me vas a hacer tope…

- Lo intentaré…

Bombeé pausadamente y le agarré a base de bien las nalgas. Sin preguntar le di un azote. Cristina gimió fuerte. Le di otro, y volvió a gemir.

Le agarré el cuello por detrás mientras le daba.

- ¿Te gusta que te pegue en el culo, so guarra?

+ Por lo visto sí, aaaah.

Un azote bien fuerte en su nalga izquierda.

+ ¡Aaaaaaaah! Joder, pégame.

Otro azote bien fuerte en la nalga derecha.

+ ¡Aaaaaaaaaaah!, ¡aaaaaaaaaah!

Y casi al instante hundió la cara en la almohada y noté su coño intentar apretar mi rabo. Otro orgasmo.

Digo que lo intentó porque la tenía tan dura que me dolía. Era como si mi cuerpo estuviera enviando más sangre de la que podía caber en el cipote.

Cuando consideré que ya se había recuperado empecé a darle más marcha.

Plas, plas, plas, plas… El ruido de carne contra carne ya tendría que estar dejando claro a quienquiera que estuviese en ese piso de que a Cristina la estaban reventando con ansia.

Cristina sacó la cara de la almohada, no podía respirar bien ni gemir.

+ Aaaah, joder, joder, aaaaaaaah, aaaaaah, ¡AAAAH!

Otro orgasmo más, y su vulva intentando apretarme el rabo. Yo estaba excitadísimo, pero no me iba a poder correr.

La agarré ligeramente del pelo y tiré para atrás. Cristina contestó con un gemido largo y medio ahogado. Tenía los ojos cerrados.

- Si me la sigues poniendo tan dura no voy a poder parar de darte.

+ Aaaaah… Sigue, sigue.

Le empujé la cara contra la almohada y empecé a embestirla como un poseso. Cristina gemía como una loca. Sus manos tiraban de las sábanas y ya le daba igual quién la pudiera estar escuchando.

En menos de un minuto un sonoro orgasmo. Le tapé la boca, su coño se negaba a aceptar que no podía hacer nada con mi petreo rabo.

Le di la vuelta, me abalancé sobre sus tetas, se la clavé y la agarré del culo. Seguí bombeando mientras ella se tapaba la boca como podía. Yo embestía su afeitado pubis con violencia mientras no soltaba sus tetas ni su culo.

Al poco otro orgasmo, ¿cuántos más iba a tener?

Llegados a este punto decidí comerle la boca de una vez por todas. Le metí la lengua en la boca mientras bombeaba lenta, pero intensamente.

+ Ah. Dios, Lucas, no sé qué me haces, pero nunca nadie se me había follado así.

- Eres un puto manjar, te follo como te mereces.

+ Uffff… No pares, fóllame tantas veces como quieras.

Le volví a meter la lengua en la boca y aumenté el ritmo.

Así estuve como una hora, hasta que ya di por imposible correrme. Cristina tuvo más de 10 orgasmos y estaba absolutamente derrotada.

+ No puedo… Mantener, los ojos abiertos…

- Ven, vamos a dormir.

Ya era un cabrón infiel, así que daba igual. La abracé por detrás e intenté relajarme.

+ Mmmmh… Me encanta dormir así. Si no la tuvieras tan dura estaría hasta más cómoda, jeje.

- Te tiene ganas, Cris. Duerme un poco.

+ Sí… Luego te lo devuelvo.

Nos dormimos, y volvieron los sueños.

Esta vez soñé que me la estaban mamando. Era una mujer con una túnica, no veía su cara, pero me daba igual. Yo agarraba su capucha y le dejaba hacer.

Cuando me desperté, no era un sueño. Cristina me la estaba mamando.

No sabía cómo se me podía haber puesto tan dura sin haberme dado cuenta.

- Dios… Así da gusto despertarse.

Se la sacó de la boca y me dio los buenos días.

Siguió mamando, pero yo la volvía a tener violentamente dura. Muchísimo. Se la sacó un momento de la boca.

+ Nunca me había comido una tan grande, si te hago daño con los dientes avisa, que es que…

- Tú chupa, que rocen tus dientes me pone porque eso quiere decir que tienes boquita pequeña y que no das abasto.

+ Pues además de verdad… Y tenía ganas de chupártela desde hace mucho.

Se la metió en la boca y yo admiré aquella bella imagen. Sus enormes tetas bailando al compás de su mamada. Su dura tripa asomaba, y eso me ponía muchísimo. Admiré el gran tamaño de su culo y sus piernas. Era una visión apoteósica, y sabía que si no me relajaba no me iba a poder correr.

No sabía que Cristina me ponía tantísimo. Era una barbaridad.

En estas estaba yo gozando, cuando sonó el móvil. Era Cecilia. Cristina me miró, pero le dije que siguiera.

- Holaaa.

+ Hola, cielo, ¿estás bien? Ayer me dejaste preocupada, me mandaste unos mensajes…

- Sí, sí. Fue el cumpleaños de Juanma y los últimos chupitos me reventaron, pero una amiga de Gregorio me dejó pasar la mona en su sofá.

En ese momento Cristina me miró y levantó una ceja sin sacársela de la boca. Mi mano le recogió el pelo en un moño, y empecé a mover la cadera lentamente.

+ Bueno, me alegro que terminases bien. Vuelvo pasado mañana, ¿nos vemos entonces?

- Claro, ¿vienes o te voy a buscar?

+ Ven a buscarme, que vendré cargada.

Cristina empezó a mamar más rápido y yo sentí que mi aguante estaba menguando. Cecilia me contaba la cena familiar de ayer mientras Cris me miraba a los ojos y yo a ella con cara de enfadado y mordiéndome el labio. Me iba a correr en su boca.

Su lengua ahora recorría en círculo mi glande y lamía mi frenillo. Su mano no daba tregua arriba abajo. Se la metió de golpe en la boca y empezó a mover el cuello como un pájaro carpintero.

Noté que se me doblaban los dedos de los pies, y un calambrazo recorrió mi espalda. Me separé el teléfono de la oreja y noté cómo chorros y chorros de leche iban a la boca de Cristina. Sujetaba su cabeza para que no dejase escapar nada.

Volví en mí lo rápido que pude para seguir con la conversación, aunque ahora eran monosílabos hasta recomponerme.

+ Bueno, cariño, nos vemos mañana, ¿vale? Te quierooo.

- Y yo a tiiii.

Cristina me miraba con mi rabo en la boca. No se lo sacaba, y este no hacía amago de ablandarse. Dejé mi teléfono y seguí moviendo la cadera.

Cristina siguió mamando un rato y mi polla se negaba a languidecer. ¿Qué me pasaba? Se la sacó de la boca.

+ ¿Te parece bonito, hablar con tu novia mientras te corres en mi boca?

- Tú, que la chupas de lujo.

Me sonrió y la lamió un poco más.

+ No se te baja, ¿es que quieres más?

- Pues no he dado cuenta de tu culo.

Me miró sorprendida y un poco preocupada.

+ Nadie lo ha hecho nunca, me da miedo.

- ¿Nadie te ha pedido profanarte esa puta obra de arte?

+ No… A ver, tengo curiosidad, mi amiga Leti se vuelve loca…

- Pues vamos a ello.

Le pedí un condón que tenía por ahí y escupí en su ojete. Me puse el condón en la mano y empecé con un dedo.

- Relájate.

+ Ah… Es que es tan raro…

- Sí, al principio lo es.

Después introduje dos dedos. Después tres, y ya al final se la empecé a meter poco a poco.

+ Agh… Duele un poco…

- Es al principio, tú relaja.

Mi rabo desaparecía dentro de aquel suculento culazo. Cuando entró entero exhalé un gemido. Qué gusto, joder, qué gusto meterla en ese culo.

Cristina también.

- ¿Te gusta?

+ Aah… Creo que sí… Fóllame a ver.

- De acuerdo, pero te tienes que masturbar a la vez.

Empecé con un bombeo suave mientras ella se frotaba el clítoris. Mi rabo entraba y salía de aquel culazo y Cristina se masturbaba con absoluta necesidad. Pensaba que iba muy rápida.

De repente un orgasmo.

+ ¡Aaaaah, aaaaaaah, aaaaaaaaaaaaaaaaaaah!

Su ano se contraía contra mi polla, que seguía durísima.

+ Aaah, jodeeeer… Qué intenso, sácamela…

Se la saqué y me fui al baño a lavármela.

- ¿Te ha gustado?

+ Demasiado… Ha sido uno de los orgasmos más intensos de mi vida…

Cuando terminamos nos tumbamos un rato en la cama y aproveché para acariciarle la espalda, el culo y las tetas. Llegaba a su fin aquella infidelidad.

Cuando le conté que me había despertado con el rabo dentro de ella y sobándole las tetas, se rio y me contó la historia.

+ Pues de repente sentí tu polla dura entre mis nalgas y me sorprendió. No hice nada pensando que sería una erección nocturna, pero de repente tus manos empezaron a recorrerme el cuerpo. Me tocaste el culo, me lo apretaste, me tocaste la espalda, y finalmente me enganchaste las tetas.

Llegado ese punto me dejé hacer porque me encanta que me las toquen, ¿vale? Me gusta que me toquen las tetas, me pone. Eso y que notaba algo duro y enrome en el culo, pues me puse cachonda. Te pregunté qué hacías, pero no me contestaste.Me empujabas con el rabo entre las nalgas y me seguías apretando las tetas. Llegado ese punto me aparté el tanga y me la clavaste.

Entró tan bien, uf… Noté que no paraba de entrar y que me abría. Nunca me habían metido algo tan grande. Me la estuviste clavando hasta que noté que cambiaba todo, y ahí es cuando te has despertado.

Me estuve sintiendo fatal durante un tiempo por no decirle nada a Cecilia. Lo que había hecho significaba el fin de la relación, pero aquel polvo con Cristina había sido algo de otro mundo.

Me envió varios mensajes, algunos eran fotos de ella en ropa interior, o solamente en tanga… Menudas pajas me hice en su honor.

Me decía que, si quería volver a ser infiel, que ella se dejaba. Que nadie la había follado así, y que quería volver a repetir.