El marido de mi prima
El examen médico de una cicatriz se transforma en caricias prohibidas. En la casa vacía de su cuñado, Juani descubre que la traición sabe a placer absoluto.
Soy Juani, tengo 43 años, trabajo en un hotel; llevo 8 años de relación con Jose, un chico de 35 años, agricultor. Hace un año que se caso mi hermana menor Silvia, que tiene cuatro años menos que yo; ello me produjo una cierta depresion. Los preparativos de la boda de Silvia, hicieron que me mantuviese distraída. Mi novio José, vive en una aldea a media hora de la casa de mis padres, por lo que alquilamos hace como cinco años un apartamento en un pueblo a medio camino entre mi casa y la suya, para poder pasar solos los fines de semana.
José, mi novio, es un chico no muy agraciado, gordo, y poco culto; pero me trataba muy bien, era el primo de una compañera del trabajo, que me lo metió hasta por la orejas; a mi personalmente al principio no me gustaba nada, pero poco a poco empecé a tratarlo y no sé cómo, acabé enrrollándome con él. A mi hermana y a mis padres les cayó bien, porque es trabajador y siempre hace lo que yo le pido. Sin embargo, yo nunca estuve enamorada de él. Y él lo sabe, pero no le da importancia si sigo con él.
Poco a poco él ha restaurado un casa pequeña que heredó de sus abuelos y que está muy cerca a la casa de sus padres, ambas dentro de la finca agrícola de sus padres donde él trabaja. Yo la he estado decorando con muebles reciclados restaurados por mi hermana, que es experta en ello, aunque lo es en todo; además de por una amiga, que también le gusta ello. Así, después de la boda de mi hermana nos hemos ido a vivir allí, dejándoles a mi hermana Silvia y su ya marido Adrián, el piso que mi novio y yo teníamos alquilado; para que vivan allí después de casados, mientras reformaban una parte de la casa de mis padres, donde han decido vivir.
Yo ya instalada en la casa de mi novio, mientras él se iba a trabajar, me quedaba un poco sola y aburrida. Primero estaba sin trabajar, porque el hotel cerró temporalmente por la pandemia, y cuando luego lo abrieron y empecé a trabajar, al poco tiempo tuvieron que operarme de unos nódulos en la tiroides; luego me dieron la baja que normalmente es de un mes, pero se complicó con inflamación y dolor, por lo que me tuvieron que prorrogar la baja otro mes más, y después de ello un tercer mes.
Fue al principio del segundo mes que estaba muy decaída y deprimida por todo, cuando llegó de otra ciudad mi prima Maria con su Marido Roberto. Ellos tienen un piso precioso en la ciudad donde viven, y además han reformado la casa de los padres de ella, que esta cerca de la casa de. Is padres, dejándola muy bonita. Yo solia hablar con mi prima Maria por teléfono o por el WhatsApp siempre que me encontraba deprimida; ella me daba consejos que me ayudaban mucho.
Acudí en esos días a casa se Maria, allí hablamos mucho y su marido Roberto dijo que él volvería solo en el mes de noviembre ya que Maria aun trabajaba, a diferencia de él que ya estaba jubilado; me enseñaron ambos el juego de dormitorio nuevo que se habían comprado para estrenar esos días; charlamos un poco y después me despedí y me fuí. En dos días más ellos se fueron. Fue hasta el siguiente mes que un día yo pasaba por la casa y vi a Roberto que abia llegado solo y entraba a la casa; al verme salió y nos saludamos.
El me preguntó por mi problema de tiroides, le dije que ya estaba mucho mejor, que ya casi hacía vida normal, pero aún estaba de baja ese mes más. Yo, le pregunté que como lo llevaba solo en la casa, él me dijo que bien; en eso le pregunté tambien si me podía enseñar el armario nuevo del dormitorio para ver como era; pues mi novio y yo estábamos pensando en comprar uno más grande que el que teniamos y el suyo me había gustado.
Roberto me dijo que porsupuesto, y de inmediato me invitó a que pasase, él tenia en la mano una pizza que había comprado para cenar. Pasamos y de frente fuimos al dormitorio a inspeccionar el armario. Allí estuvimos viendo y midiendo, él tenía su ropa toda ordenada, bien colocada, ropa fina y bonita; el armario era todo para él; mi prima se había quedado con el armario antiguo que estaba en la ótra habitación.
Hablando y hablando, nos sentamos en la cama; yo le enseñé la cicatriz de mi operación, le dije si quería tocar para ver que no había ya inflamación, para eso me había quitado un pañuelo que llevaba anudado al cuello, además de abrirme dos botones de mi camisa. El aceptó gustoso palparlo, ya que él es médico, aunque ahora está ya jubilado. Empezó a tocarlo suavemente por los lados y luego por el centro; se notaba que sabía examinar.
De pronto, de los toques médicos con los dedos, parecía que pasaba a caricias con toda la mano por el cuello y mi barbilla, yo lo miraba fijamente a sus ojos verdes, y a su incipiente barba oscura con toques blancos, que le daban un aspecto de mayor sexi; el me cogió de la barbilla, yo estaba onnubilada, me dejaba llevar, nos acercamos ambas caras, ambas bocas y los labios de ambos y nos besamos. El beso fue lento, suave, delicioso; saboreamos cada segundo, cada instante y cada gota de saliva que humedecian nuestros labios.
No me gustan las comparaciones, pero siempre envidiaba sanamente la suerte de mi prima al tener a Roberto como marido. En ese momento me di cuenta que me había equivocado totalmente con mi novio Jose, aparte de no estar enamorada de él, no me gustaba como hombre, ni como persona. Besándome con Roberto estaba experimentando lo que siempre había deseado en la vida; un hombre guapo, culto, educado, fino, elegante, que olía muy bien, y que vivía tan bien.
Después de ese beso que para mi fue eterno, él me empezó a abrir los botones que quedaban de mi camisa, luego con esa mano cálida, suavemente acarició mis pechos, haciéndome estremecer; seguidamente, me abrió el botón del vaquero que yo llevaba puesto y bajó la cremallera; nos seguíamos besando y yo le acariciaba los brazos y la espalda, mientras él con su mano recorría mi cuerpo. Entró por dentro de mis bragas y tocó mi pubis, casi rozando los labios vaginales, que felizmente siempre lo llevó depilado; ĺogrando estremecerme por segunda vez.
Luego, el se abrió la camisa y se aflojó el pantalón, y cogiendo mi mano hizo que yo también le acariciese por el pecho, tocando su piel y lo metiese dentro de sus calzoncillos, tocando su bello púbico y algo de su miembro. Nos seguíamos besando, acariciando y tocando; así él me quitó la camisa y me dasabrocho el sujetador; después se quitó la camisa suya, quedándonos ambos desnudos de cintura para arriba.
Así, chupó y lamió mis pechos, los cogía con las manos estrujándolos, haciendo que me estremeciera nuevamente; yo también besaba su pecho y tocaba sus tetillas, tocaba su vello en la parte central; los besos iban haciéndose cada vez más intensos, sus labios y su lengua recorrían mi cuello, y mi pecho, nuestras manos tocaban toda la superficie de piel desnuda que podían. Poco a poco también el iba quitándome el pantalón, y yo el suyo, nos ayudamos ambos para que estén fuera del todo; y ya solo quedábamos en ropa íntima.
Nos tumbamos en la cama, y con los dedos él empezó a tocarme la vagina por dentro de mis bragas, él ya tenía un enorme bulto dentro de sus calzoncillos, como queriendo reventarlos; con mucha delicadeza, me quitó las bragas y se quitó los calzoncillos. Yo alucinaba con su tacto, tan suave, tan cuidadoso, tan amoroso y tan delicioso, que estaba rendida a él; sabía dentro de mí, que estaba traicionando a José mi novio y también a Maria mi prima; pero también sabía que ésto lo deseaba desde hace mucho.
Roberto, siempre estaba con una sonrisa conmigo, me miraba como queriendo seducirme, al menos eso lo intuía yo; pero ahora lo estoy comprobando. Su manera de tratarme, de besarme, de tocarme, es algo que siempre esperé de un hombre, quizás estaba pensado siempre en él y no me daba cuenta. Pero desde la vez que hablamos solos en una cena con todos los primos, aunque el tema era importante, más me fijaba en él, en como expresaba los términos, como se preocupaba porque la conversación sea de mi agrado, llevándonos los temas hacia mi vida, mi trabajo y mi salud.
Yo lo miraba, le escuchaba, le respondía y me parecía que estaba con él a solas; sin embargo José estaba a mi otro lado, hablando con el marido de mi hermana, a mi no me hacía el menor caso. Y esa era una conducta permanente siempre que estábamos en una reunion; muchas veces yo me quedaba sola cuando todos hablaban y bailaban con sus parejas aunque estén dentro de un grupo con varias personas.
Todo eso me pasaba por la mente, y hacia que aún desee más estar con Roberto y olvidase a quienes en ese momento estuviese traicionando. Los besos, las caricias y el roce de mi cuerpo desnudo con el suyo piel a piel, hacia que ya desease ser suya. Él me colocó en posición de penetracion, cogió mis piernas una por una y las puso encima de sus hombros; se acercó más y lentamente puso su pene a la entrada de mi vaĝina, rozando mis labios vaginales suavemente haciendo círculos. Cuando ya mi coño estaba muy húmedo, de un solo golpe me la metió toda, haciéndome brivar todo el cuerpo. No me dolió nada en absoluto, más bien sentía un inmenso placer y gusto de que él me estuviese poseyendo.
A partir de allí, perdí la noción del tiempo y del espacio; él estaba dentro de mi cuerpo y dentro de mi mente; si me hubiese llevado a Marte en un cohete espacial, no me hubiese enterado. Sus movimientos rítmicos eran tan sexis, que yo flotaba en la habitacion; a ratos parecía que volabamos a cielos infinitos donde éramos los más felices de la galaxia. Yo ya no recuerdo cuántas veces me vine, estaba muy mojada, él cada vez aceleraba sus incursiones dentro mio hasta mis entrañas, y cuando seguramente le vino, se volvió una animal, un hermoso animal, poseyendo a su hembra, y esa hembra afortunadamente era yo. Veía en sus ojos y en su cara que se corría dentro mio, y yo quería que eso no acabase nunca, que todo su semen innunde mi cuerpo y mi vida entera.
Cuando él se vino del todo, una explosión caliente noté dentro de mi cuerpo, mis movimientos también fueron máximos, al ritmo de él; tambien me corrí, y sentí como nos mezclabamos de saliva y semen, de amor y de pasión, de lujuria y de sexo; de ese sexo prohibido, pero lleno de deseo y amor; si de amor, porque yo estaba completamente enamorada de éste hombre, el único que me ha hecho sentir y vibrar en cuerpo y en alma. No sé si el sentirá lo mismo por mi, yo creo que si, porque he sentido eso de él; he sentido que me ha amado con pasión, con amor, con ternura, esa que solo se da a quien realmente estás amando.
Después de ello, aún seguimos abrazados, nuestros sexos aún seguían ligados, y nuestros fluidos mezclados, el olor y el aroma era de complicidad, de esa que solo existe en aquellas parejas que lo dan todo el uno para el otro, sin importarles el futuro, que solo gozan el presente, ese que les está haciendo inmensamente felices. Y nosotros éramos muy felices en esos precisos momentos, no nos importaba lo que pudiera venir después.....continuará
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