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Sociedad Cuckold 10: Cristian y Marce Mas que sexo

Marco le da libertad, pero no le da fuego. Marce lo sabe. Esta vez, la excusa de salir con amigas es solo el pretexto; la verdadera cita es con el hombre que despertó sus instintos más oscuros y su corazón más vulnerable.

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Despues de Aquel encuentro que tuvieron Marce y Cristian ambos no han dejado de pensar en el otro, aquella pasión sexual poco a poco se ha ido convertido en amor un amor prohibido. Si bien Marco el esposo de Marce sabia de esta aventura y era consensuada no sabia que era mas que sexo y se estaba volviendo en algo mas.

Un dia Marce se despertó con una sensación de vacío en el pecho. Los rayos de sol se filtraban por las cortinas, iluminando la habitación y recordando la mañana en que estuvo con cristian. Su mente divagaba entre los recuerdos de sus encuentros con Cristian y la culpa que sentía hacia Marco.

Su cuerpo, voluptuoso y curvilíneo, se sentía pesado bajo las sábanas. Sus pechos, grandes y firmes, se movían suavemente con cada respiración. Su piel, de un tono marrón oscuro y suave como el terciopelo

Un escalofrío recorrió su espalda al recordar a Cristian. Su amante, con sus ojos oscuros y su sonrisa pícara, había despertado en ella una pasión que creía olvidada. Se sintió culpable, pero al mismo tiempo, excitada. Su cuerpo, que conocía tan bien el de Marco, ahora anhelaba las caricias de otro hombre.

Sus caderas, anchas y redondas, se movían al compás de su respiración. Podía sentir la humedad entre sus piernas, un recordatorio constante de aquella mañana con Cristian. Se levantó de la cama con cuidado, tratando de no despertar a Marco. Se dirigió al baño y encendió la ducha. El agua caliente corrió por su cuerpo, lavando la culpa y la excitación.

Mirándose en el espejo, se quedó fascinada por su reflejo. Sus ojos, oscuros y brillantes, reflejaban una tormenta de emociones. Su cuerpo, curvilíneo y sensual, era un templo de placer. Se tocó los pechos, sintiendo su firmeza. Luego, deslizó sus manos por sus caderas, admirando la redondez de su trasero.

Sabía que estaba jugando con fuego. Marco era un buen hombre, la amaba y la cuidaba. Pero con Cristian, había descubierto un nuevo mundo de sensaciones, un mundo prohibido y excitante. Pero Cristian había despertado en ella un deseo tan intenso, una pasión tan desbordante que la asustaba. ¿Cómo podía sentir tanto por dos hombres al mismo tiempo? ¿Era posible amar a dos personas de manera tan profunda?

La culpa se mezclaba con la excitación. Recordó las caricias de Cristian, su aliento caliente en su cuello. Un escalofrío recorrió su cuerpo. ¿Cómo podría olvidar esos momentos? ¿Cómo podría dejar de pensar en él?

Salió de la ducha y se envolvió en una toalla. Se sentó en el borde de la cama, mirando a Marco dormir. Su corazón se partía en dos. Amaba a ambos hombres, pero sabía que no podía seguir así. Tenía que tomar una decisión, una decisión difícil que marcaría el resto de su vida.

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Sacó su teléfono y revisó los mensajes de amor que tenía con Cristian. Cada una de ellos la transportaba a ese momento de intensa pasión. Su corazón latía con fuerza. ¿Estaba enamorándose de Cristian?

Marce se vistió rápidamente, tratando de ocultar la agitación en su interior. Mientras se miraba al espejo, sus ojos se encontraron con los suyos propios, llenos de deseo. Sabía que no podía evitar sentir una atracción irresistible hacia Cristian. Sin embargo, el pensamiento de Jean, la esposa de Cristian y su rival, la llenaba de un terror paralizante

Ambas mujeres eran un festín para la vista, cada una a su manera. Marce, con su piel de ébano y sus curvas voluptuosas, era una diosa de la sensualidad. Sus pechos, grandes y firmes, contrastaban con la suavidad de su vientre y la redondez de sus caderas. Su cabello negro, largo y ondulado, enmarcaba un rostro hermoso y sensual.

Jean, por su parte, era una belleza de piel blanca y ojos claros. Sus curvas eran igualmente impresionantes, aunque quizás un poco menos pronunciadas que las de Marce. Sus pechos, de un tamaño similar, eran más blancos y más firmes, y su cabello rubio caía en suaves ondas sobre sus hombros.

A pesar de sus diferencias físicas, ambas mujeres compartían una sensualidad innata. Sus cuerpos eran templos de placer, diseñados para ser explorados y disfrutados. Sin embargo, sus personalidades eran muy diferentes. Marce era apasionada, impulsiva y un poco salvaje. Jean, en cambio, era más calculadora y controlada.

La rivalidad entre ambas era evidente. Se miraban con desdén, cada una viendo en la otra una amenaza. Marce veía en Jean a una mujer que podía arrebatarle a Cristian, mientras que Jean veía en Marce a una rival que podía eclipsarla.

Marce tenia miedo a perder a cristian, a que Jean descubriera su secreto y la humillara, la consumía. Al principio, su relación con Cristian había sido una forma de vengarse de Jean, una manera de demostrar que ella también podía tener a el hombre que ella quisiera. Pero ahora, los sentimientos habían evolucionado. Cristian era mucho más que una simple venganza; se había convertido en una parte esencial de su vida.

Marce se pasó una mano por el cabello, tratando de calmar sus nervios. Tenía que encontrar una manera de proteger su relación con Cristian sin poner en peligro su matrimonio con Marco. Pero ¿cómo? La idea de tener que elegir entre los dos hombres la aterraba.

Marce Había pasado horas debatiéndose entre la culpa y el deseo, y finalmente había decidido ceder a la tentación. Tomó su teléfono y marcó el número de Cristian.

Al escuchar su voz al otro lado de la línea, sintió un alivio inmenso. "Cristian, soy yo. Necesitaba escuchar tu voz", susurró, su voz temblorosa.

"Marce, mi amor. ¿Todo bien?", respondió él, su tono suave y reconfortante.

"Sí, solo... te extrañaba mucho", confesó, sintiendo un rubor subir por sus mejillas.

Cristian se quedó en silencio por un momento, como si estuviera saboreando cada palabra. "Yo también, mi amor. Mucho."

La conversación fluyó con facilidad, como si el tiempo se hubiera detenido. Ambos se perdieron en recuerdos compartidos, sus voces llenas de nostalgia y deseo. Recordaron su primer encuentro, la primera vez que se besaron, cada momento juntos.

"Recuerdas cuando fuimos a la playa los 4?", preguntó Marce, su voz suave.

"Claro que lo recuerdo", respondió Cristian. "Era un día perfecto, verte en traje baño pasar a mi lado tu sonrisa, lastima que no ibamos solos".

"Sí, lo se", suspiró Marce, cerrando los ojos. "Me gustaría volver a ir pero solo tu y yo".

"Yo también", confesó Cristian. "Y muchos cosas más".

La conversación se prolongó durante horas, cada palabra intensificando el deseo que ardía entre ellos. Marce se sentía completamente a salvo en los brazos de Cristian, aunque solo fuera a través del teléfono.

Marce, mi amor, ¿qué te parece si nos vemos mañana hay un lugar lindo que quiero llevarte," propuso Cristian, su voz cargada de deseo.

Marce sintió un escalofrío recorrer su espalda. "Me encantaría," susurró, tratando de ocultar la emoción en su voz. "Pero ¿cómo haremos? Marco estará en casa.y quiero verte sin que el sepa"

Cristian se quedó en silencio por un momento, pensando. "Podríamos encontrar una excusa. Dile que tienes que salir con las chicas, o algo así."

Marce asintió, aunque una parte de ella se sentía culpable. Estaba engañando a Marco, al hombre que se suponía que amaba. Sin embargo, la atracción que sentía por Cristian era demasiado fuerte para resistirse.

"Está bien," dijo finalmente. "Nos vemos entonces."

Colgó el teléfono y se dejó caer en la cama, sintiendo una mezcla de excitación y miedo. Sabía que estaba jugando con fuego, pero no podía dejar de pensar en los brazos de Cristian.

El sol empezaba a asomar por el horizonte, tiñendo el cielo de colores pastel. Marce se arregló con cuidado, eligiendo una ropa que la hiciera sentir sexy pero discreta.

Al salir de la habitacion vio a Marco tomando cafe, le pregunta “Todo bien?, a donde vas?”

Marce responde sutilmente: “Desde cuando me cuestionas mis salidas amor?, pense teniamos una relacion abierta?”

Marco responde con una risa picara “No lo se, ultimamente te he notado rara, no se como decirlo, como no se mas Feliz quiza? “

Marce se ruboriza pero tien que evitar sospechas: “Ser tu esposa y la madre de tus hijos no deberia tenerme Feliz? Ademas no importa voy a almorzar con mis amigas de la prepa sabes que son mas persignadas que las monjas del convento” Salio y se dispuso a conducir hasta el motel donde habia quedado con Cristian su corazon iba a millon ademas iba tarde, cristian ya la esperaba en la habitacion-

Cuando la puerta de la habitacion se abrió, sus ojos se encontraron con los de Cristian, llenos de deseo y anticipación. Él la recibió con un abrazo cálido, sus labios buscando los suyos en un beso intenso. Se separaron, jadeando, y se miraron a los ojos.

"Buenos días", susurró Marce, su voz ronca por la emoción.

"Buenos días, mi amor", respondió Cristian, su sonrisa iluminando su rostro.

Sin mediar palabra, se fundieron en un beso intenso y apasionado. Las lenguas se enredaron en un baile sensual, mientras sus cuerpos se presionaban el uno contra el otro. Marce sintió cómo el deseo la consumía por completo, olvidándose de todo lo demás.

Cristian se acercó a Marce, sus manos acariciando suavemente su espalda. Ella se estremeció de placer, sintiendo sus dedos trazando círculos sobre su piel. Cristian bajó sus manos, acariciando sus caderas y su trasero. Marce se arqueó hacia atrás, disfrutando de la sensación de sus manos sobre su cuerpo.

Cristian subió sus manos hacia sus pechos, acariciándolos suavemente a través de su ropa. Marce gimió de placer, sintiendo la excitación crecer en su interior. Cristian continuó explorando su cuerpo, sus manos deslizándose por sus muslos, su vientre, su espalda.

Marce se sentía completamente en sus manos, entregándose a sus caricias. Sabía que Cristian era un amante experimentado, que sabía cómo despertar todos sus sentidos. Y no se equivocó. Cristian la llevó al borde del orgasmo, sin siquiera tocarla directamente.

Finalmente, Cristian se detuvo, sus manos descansando sobre los muslos de Marce. La miró a los ojos, sus ojos llenos de deseo. Marce sonrió, sabiendo que la espera valdría la pena.

El motel, con sus luces tenues y su ambiente discreto, era el escenario perfecto para su encuentro prohibido. Cristian había elegido este lugar, un lugar que les brindaría la privacidad que necesitaban para entregarse a su pasión sin ser interrumpidos.

La habitación del motel estaba sumida en una penumbra suave, iluminada solo por la luz tenue de una lámpara. Marce se encontraba frente al espejo, admirando su reflejo. Llevaba puesta una lencería de encaje negro que realzaba sus curvas voluptuosas. Sus pechos, generosos y firmes, estaban a la vista, cubiertos solo por delicadas tiras de encaje.

Cristian se acercó a ella por detrás, sus ojos recorriendo cada centímetro de su cuerpo. Con un movimiento suave, deslizó sus manos por su cintura y las deslizó hacia arriba, hasta llegar a la cremallera de su vestido. Con cuidado, la bajó, revelando el conjunto de lencería que llevaba puesto.

Un gemido escapó de los labios de Marce cuando los dedos de Cristian acariciaron su piel. Sus ojos se encontraron con los de él, llenos de deseo. Con un movimiento rápido, Cristian la giró y la tomó en sus brazos. La llevó hasta la cama y la depositó suavemente sobre las sábanas.

A medida que Cristian la desvestía, Marce no pudo evitar sentir una oleada de excitación. Su cuerpo, expuesto y vulnerable, era un lienzo en blanco para que Cristian lo explorara. Y él no la decepcionó. Con manos expertas, acarició cada centímetro de su piel, dejando un rastro de fuego a su paso.

Sus dedos se deslizaron por sus pechos, trazando círculos alrededor de sus pezones erectos. Marce arqueó la espalda, buscando más de sus caricias. Cristian bajó sus manos, acariciando su vientre plano y su monte de Venus, despertando una sensación de calor intenso en su interior.

Con un movimiento suave, Cristian deslizó una pierna entre las de ella y comenzó a besarla en el cuello, dejando un rastro de besos húmedos hasta llegar a su hombro. Marce gemía suavemente, entregándose por completo al placer.

Cristian, con una sonrisa de satisfacción, bajó sus manos hasta la cintura de Marce. Sus dedos acariciaron la suave tela de la tanga, sintiendo la forma de su cuerpo debajo. Con un movimiento suave, deslizó una mano por debajo de la tela, encontrando la cálida humedad de su piel.

Sus dedos se deslizaron lentamente por el contorno de sus labios vulvares, sintiendo el suave roce del vello púbico. Para Cristian, ese vello era un símbolo de feminidad y sensualidad. Lo encontró irresistible. Con un movimiento circular, masajeó suavemente el área, provocando un gemido de placer en Marce.

Marce se arqueó hacia atrás, buscando más de sus caricias. Sus ojos estaban cerrados, disfrutando de cada toque. Cristian la besó en el cuello, dejando un rastro de besos húmedos hasta llegar a su oreja. Susurró palabras dulces al oído, excitándola aún más.

Con una mano, Cristian seguía acariciando el vello púbico de Marce, mientras que con la otra exploraba su interior. Sus dedos se deslizaron suavemente dentro de ella, provocando un escalofrío de placer que recorrió todo su cuerpo.

Marce, con una sonrisa juguetona, se apartó de Cristian y lo empujó suavemente hacia la cama. Él, sorprendido por su iniciativa, obedeció con una sonrisa. Una vez acostado, Marce se sentó sobre él,. Su cuerpo, envuelto en la sensual lencería de encaje, se contorneaba provocativamente contra él.

Con una mano, acarició su rostro, sus ojos brillando de deseo. Con la otra, comenzó a desabrochar los botones de su camisa. Sus dedos se deslizaron por su pecho, sintiendo la firmeza de sus músculos. Cristian cerró los ojos, disfrutando de cada toque.

Marce, con una sonrisa provocativa, se inclinó y besó a Cristian con pasión. Su lengua exploró la cavidad bucal de él, trazando un camino desde sus labios hasta su lengua. Mientras lo besaba, sus manos bajaron hasta su pecho..

Despegando sus labios de los de él, bajó la cabeza y comenzó a lamer y morder suavemente los pezones de Cristian. La piel de él se erizó ante el contacto de su lengua caliente y húmeda. Sus pezones, que ya estaban duros como piedras, se endurecieron aún más bajo su toque.

Cristian gimió de placer, arqueando la espalda. Sus manos se aferraron a las sábanas, sintiendo una oleada de deseo que lo recorría entero. Marce continuó estimulando sus pezones, alternando entre suaves caricias y mordiscos más fuertes.

Marce se separó lentamente de Cristian, sus ojos brillando de deseo. Con un movimiento sensual, se acercó a él y se sentó a horcajadas sobre su cadera. Sus pechos, aún húmedos por el sudor y la excitación, rozaron contra el pecho de Cristian.

Sin mediar palabra, comenzó a bajar lentamente, rozando sus pezones contra los de él. Cristian gimió de placer, atrapando uno de sus pezones entre sus labios y succionándolo con fuerza. Marce arqueó la espalda, disfrutando de la sensación.

Mientras Cristian se deleitaba con sus pezones, Marce bajó una mano y comenzó a acariciar su miembro, ya duro y palpitante. Con la otra mano, acarició su propio clítoris, intensificando el placer.

La habitación se llenó de gemidos y suspiros, mientras ambos se entregaban al placer. El tiempo pareció detenerse, y el único sonido que se escuchaba era el de sus cuerpos uniéndose en un frenesí de pasión.

Cristian, con una mano, acarició el vello púbico de Marce, sintiendo la suavidad de su piel. Con la otra mano, agarró uno de sus pechos, masajeándolo suavemente. Marce se retorció de placer, sus uñas arañando su espalda.

Marce se inclinó y lo besó apasionadamente. Su lengua exploró la boca de él, mientras sus manos bajaban por su cuerpo. Llegó a la cremallera de sus pantalones y, con movimientos rápidos, la bajó. Sus boxers, ajustados y oscuros, se deslizaron por sus piernas.

Con una sonrisa juguetona, Marce se agachó y lamió la tela de los boxers, dejando un rastro húmedo a su paso. Luego, con un movimiento rápido, los tiró hacia abajo, revelando la erección de Cristian.

Su corazón latía con fuerza al ver la imagen que tenía ante ella. Con movimientos lentos y sensuales, acarició el miembro de Cristian, sintiendo la calidez de su piel contra la suya. Su pulgar trazó círculos alrededor de la cabeza del pene, ya lubricada y sensible.

Cristian gimió de placer, arqueando la espalda. Marce lo miró a los ojos y, con una sonrisa pícara, lo tomó en su mano. Era más grande y más duro de lo que recordaba. Con un movimiento suave, lo llevó a su boca.

Con cada lamida, cada succión, Cristian se estremecía de placer. Marce envolvió la cabeza de su pene con sus labios, moviéndola lentamente de arriba abajo. Sus manos acariciaron sus testículos, masajeándolos suavemente.

El pene de Cristian era grande y duro, pulsando con anticipación. Marce lo tomó en su mano, sintiendo su calor y su grosor. Con un movimiento suave, comenzó a acariciarlo, subiendo y bajando su mano. Cristian gimió de placer, arqueando la espalda.

Marce bajó la cabeza y comenzó a lamer la base de su pene. Su lengua húmeda rodeó la cabeza, provocando una sensación de hormigueo en Cristian. Con movimientos circulares, masajeó la cabeza de su pene, mientras sus dientes rozaban suavemente la piel.

Cristian cerró los ojos, disfrutando de cada toque. Marce se levantó y se sentó a horcajadas sobre él. Con una pierna a cada lado de sus caderas, comenzó a rebotar suavemente, frotando su clítoris contra su pene. Cristian gimió de placer, agarrando sus caderas con fuerza.

Marce, con una mirada pícara, se inclinó y comenzó a besar el vientre de Cristian, bajando lentamente hasta llegar a su pubis. Con la punta de la lengua, trazó un camino hasta sus testículos. Los tomó entre sus dedos, sintiendo su tamaño y su peso. Con movimientos suaves y circulares, comenzó a masajearlos.

Cristian soltó un gemido profundo. La sensación de tener sus testículos acariciados era increíble. Marce, sintiendo su excitación, aumentó la intensidad de sus caricias. Mordió suavemente uno de sus testículos, provocando un espasmo de placer en Cristian.Con un movimiento suave, levantó las piernas de Cristian, revelando por completo su sexo.

Sus ojos se posaron en los testículos de Cristian, hinchados y sensibles. Con la punta de la lengua, los acarició suavemente, provocando un gemido de placer en él. Luego, bajó su mirada hacia su ano, Sin dudarlo, se inclinó y lo besó con suavidad.

Cristian arqueó la espalda, sorprendido por la intensidad de la sensación.. Marce, sintiendo su reacción, profundizó el beso, introduciendo su lengua en su interior. Cristian gimió con fuerza, su cuerpo temblando de placer.

Marce exploró cada centímetro del ano de Cristian con su lengua, probando diferentes texturas y temperaturas. Con cada movimiento, Cristian se acercaba más al clímax.

Cristian, con un gemido de placer, cerró los ojos. Marce, sintiendo su excitación, aumentó la intensidad de sus caricias. Sus dedos se deslizaron por su abdomen, hasta llegar a la base de su pene. Con un movimiento suave, lo envolvió con su mano, sintiendo su tamaño y su dureza.

"Déjame hacerlo", susurró Cristian, su voz ronca por el deseo. Marce asintió con la cabeza, entregándose por completo a él.

Cristian se incorporó ligeramente, colocando a Marce debajo de él. Con una mano, la sujetó por las caderas, mientras que con la otra tomó su pene. Guiado por el instinto, comenzó a masturbarse, sus ojos fijos en los de ella.

Marce lo observaba con una mezcla de admiración y deseo. Se acercó a él y lo besó apasionadamente, su lengua explorando su boca. Con una mano, acarició sus testículos, mientras que con la otra, siguió masturbándose.

"Te amo", susurró Cristian, su voz llena de emoción. Marce sonrió y lo besó en el cuello. "Yo también te amo", respondió. Se fundieron en un beso largo y pronunciado.

Cristian, sintiendo el control desvanecerse, tomó a Marce por las muñecas y la giró bruscamente, de modo que ahora ella quedó debajo de él. La miró a los ojos, sus pupilas dilatadas por el deseo. Con una sonrisa de satisfacción, la besó con una intensidad que la dejó sin aliento.

Mientras la besaba, sus manos bajaron hasta sus pechos, acariciando suavemente los pezones erectos a través de la tela de la lencería. Marce gimió de placer, arqueando la espalda. Cristian se separó de ella lo suficiente para poder admirar sus pechos, tan hermosos y llenos.

Con cuidado, quita por completo la llencería, revelando por completo sus pechos. Los tomó en sus manos, masajeándolos suavemente. Sus dedos trazaron círculos alrededor de los pezones, endureciéndolos aún más.

A continuación, se inclinó hacia delante y comenzó a lamer y morder uno de los pezones de Marce. Ella gimió de placer, arqueando la espalda aún más. Cristian alternó entre lamer y morder, disfrutando de la reacción de Marce.

Cristian, con una sonrisa de satisfacción, se inclinó sobre Marce. Sus ojos se encontraron con los de ella, llenos de deseo. Con un movimiento suave, deslizó sus manos por su cuerpo, deshaciéndose del resto de su ropa que ya solo era una tanguita. Marce quedó completamente desnuda, expuesta y vulnerable.

Cristian admiró su cuerpo, sus curvas perfectas y su piel suave. Se inclinó y besó su vientre, dejando un rastro de besos húmedos hasta llegar a su monte de Venus. Sus ojos se encontraron con los de ella, llenos de deseo. Con un movimiento suave, deslizó sus manos por su cuerpo, explorando cada centímetro de su piel. Marce gimió de placer, arqueando la espalda.

Sus dedos se deslizaron por el interior de sus muslos, acariciando suavemente la piel. Llegó a su clítoris, pero en lugar de lamerlo, lo acarició con la yema de sus dedos, creando una sensación de anticipación. Con movimientos circulares lentos, llevó a Marce al borde del clímax, deteniéndose justo antes de que pudiera liberarse.

Mientras tanto, con su otra mano, exploraba la parte interna de sus muslos, masajeando los músculos y los tendones. La combinación de las caricias de Cristian y su propia excitación estaba llevando a Marce a un estado de éxtasis.

Cristian se acomodó sobre Marce, sus cuerpos encajando a la perfección. La miró a los ojos, sus pupilas dilatadas por el deseo. Con una sonrisa, comenzó a descender, acercando su rostro al de ella.

Marce lo recibió con un beso profundo y apasionado. Sus lenguas se enredaron en un baile sensual, mientras sus cuerpos se movían al ritmo de su respiración. Cuando se separaron, Cristian la miró a los ojos y le susurró al oído: "Es tu turno".

Marce sonrió y comenzó a explorar el cuerpo de Cristian. Con una mano, acarició su pecho, sintiendo la firmeza de sus músculos. Con la otra, se dirigió hacia abajo, deslizando sus dedos por su abdomen hasta llegar a su miembro. Lo tomó en su mano, sintiendo su tamaño y su calor.

Mientras tanto, Cristian se inclinó sobre ella y comenzó a lamer el cuello de Marce, dejando un rastro de besos húmedos. Con cada lamida, Marce se estremecía de placer.

Se miraron a los ojos, comunicando todo lo que no podían decir con palabras. Con un movimiento suave, Marce se sentó sobre el miembro de Cristian, ajustándose a su cuerpo. Cristian la sostuvo con firmeza, sus manos en sus caderas.

Juntos, comenzaron a moverse, buscando el ritmo perfecto. Marce cerró los ojos, concentrándose en las sensaciones que recorrían su cuerpo. Cristian, por su parte, la miraba con adoración, disfrutando cada momento.

Marce, jadeante, se acomodó sobre Cristian. Sus cuerpos se movían al ritmo de una danza sensual, cada roce intensificando el placer. Pero de repente, Cristian se detuvo. Con una mirada intensa, la miró a los ojos y le susurró al oído: "Vamos hacer algo diferente".

Antes de que Marce pudiera responder, Cristian la giró suavemente, colocándola a cuatro patas sobre la cama. Sus nalgas, redondas y firmes, se elevaban ante él, invitándolo a explorarlas. Con movimientos lentos y seguros, comenzó a masajear sus glúteos, sintiendo la calidez de su piel bajo sus manos.

Marce se estremeció de placer. Nunca había experimentado algo así. Cristian se inclinó y comenzó a besar y lamer una de sus nalgas, dejando un rastro de saliva húmeda a su paso. Con cada lamida, Marce se sentía más excitada.

Cristian se concentró en una de las mejillas de su trasero, mordiéndola suavemente. Marce gimió de placer, arqueando la espalda. Con una mano, separó las nalgas de Marce, revelando su ano. Con la lengua, comenzó a explorar la zona, lamiendo suavemente alrededor del esfínter.

Marce se sorprendió por la intensidad de las sensaciones. Nunca había experimentado algo así, pero se sentía increíblemente excitada. Con cada lamida, su cuerpo se tensaba y relajaba, acercándola al clímax.

Marce arqueó la espalda, gimiendo de placer mientras Cristian exploraba su cuerpo. Con una mano, deslizó sus dedos por su vientre, hasta llegar a su clítoris. Lo acarició suavemente, sintiendo cómo se endurecía bajo su toque. Con la otra mano, separó las nalgas de Marce y comenzó a masajear su ano, preparando el terreno para lo que vendría después.

Cristian, sintiendo la excitación de Marce, se inclinó y comenzó a lamer su cuello, dejando un rastro de besos húmedos hasta llegar a su oreja. Susurró palabras dulces al oído de Marce, mientras sus dedos masajeaban su clítoris con una intensidad creciente.

Marce se sentía como si estuviera flotando. La combinación de las caricias de Cristian y su propia excitación la estaba llevando al borde del clímax. Con un gemido gutural, se aferró a las sábanas, arqueando la espalda aún más.

Marce se sentía como si estuviera flotando. La combinación de las caricias de Cristian y su propia excitación la estaba llevando al borde del clímax. Con un gemido gutural, se aferró a las sábanas, arqueando la espalda aún más.

Cristian, sintiendo su excitación, se levantó y se colocó detrás de ella. Apoyó sus manos en sus caderas y comenzó a masajearlas suavemente. Con cada caricia, Marce se acercaba más al orgasmo.

De repente, sin previo aviso, Marce sintió una ola de placer que la envolvió por completo. Su cuerpo se estremeció y sus músculos se tensaron. Se aferró a Cristian con fuerza, mientras un gemido incontrolable escapaba de sus labios.

Cristian se quedó inmóvil, sintiendo la vibración de su cuerpo. La había llevado al clímax sin penetrarla, y eso lo hizo sentir aún más excitado.

Marce se quedó inmóvil, sintiendo la vibración de su cuerpo. La combinación de las caricias de Cristian y su propia excitación la había llevado a un orgasmo tan intenso que nunca antes había experimentado. Nunca había pensado que pudiera sentir tanto placer sin penetración.

Con los ojos cerrados, revivió cada momento de su encuentro. La forma en que Cristian la había tocado, la había besado, la había hecho sentir tan deseada. Se sentía completa, satisfecha.

Abrió los ojos lentamente y miró a Cristian, quien la observaba con una mezcla de amor y deseo. Sonrió y lo abrazó con fuerza. "Eso fue increíble", susurró.

Cristian la besó en la frente. "Tú también eres increíble", respondió, acariciando su cabello.

Marce, con una mirada felina, se apartó de Cristian. Se puso a cuatro patas al pie de la cama, arqueando la espalda y dejando al descubierto sus curvas. Con un gesto de la mano, indicó a Cristian que se sentara en el borde.

Él, obedeciendo sin dudarlo, se sentó y abrió las piernas, ofreciéndole a Marce un espectáculo que la dejó sin aliento. Su miembro, erecto y pulsando, parecía invitarla a explorar.

Con movimientos lentos y sensuales, Marce se acercó a él. Sus ojos recorrieron cada centímetro de su cuerpo, deteniéndose en su miembro. Con un jadeo, se inclinó y lo tomó en su boca, envolviéndolo con sus labios calientes y húmedos.

Cristian gimió de placer, cerrando los ojos con fuerza. Marce se movió hacia arriba y hacia abajo, envolviendo su lengua alrededor de su miembro. Con cada movimiento, la sensación de placer se intensificaba.

Mientras succionaba y lamía, Marce acarició los testículos de Cristian con una mano, masajeándolos suavemente. Con la otra mano, acarició su propio clítoris, buscando su propio placer.

Marce, con una mirada intensa y desafiante, le susurró a Cristian: "Quiero verte desde abajo, amor". Con un movimiento sensual, se apartó y se recostó sobre la cama, invitándolo con la mirada.

Cristian, sin dudarlo, se arrodilló frente a ella. Su cuerpo se tensó mientras se agachaba, acercándose a su rostro. Marce, con la cabeza apoyada en las almohadas, pudo apreciar la perfecta curvatura de su trasero y la forma en que sus músculos se tensaban con el esfuerzo.

Con cada respiración, Cristian se agitaba más y más. Sus ojos estaban fijos en el techo, mientras sus manos se aferraban a la cama, tratando de mantener el equilibrio. Su ano, pulsando con excitación, estaba a la vista de Marce, quien lo observaba con una mezcla de deseo y curiosidad.

Marce se acercó a él, sus dedos acariciando suavemente su muslo. Con un movimiento rápido, introdujo uno de sus dedos en el ano de Cristian, sorprendiéndolo con un gemido ahogado.

Mientras exploraba el interior de Cristian, Marce observaba cómo su cuerpo reaccionaba. Sus caderas se movían involuntariamente, y su respiración se volvió más agitada. Con cada estocada de su dedo, Cristian se estremecía de placer.

Con una mano, Marce continuó explorando el interior de Cristian, mientras que con la otra, acariciaba su miembro. Los dos se encontraban en un estado de excitación máxima, sus cuerpos pulsando al unísono.

Marce, con la lengua húmeda y ávida, se acercó al ano de Cristian. Sus ojos brillaban de anticipación mientras observaba cómo el músculo se contraía con cada respiración de su amante. Con un suave lametón, comenzó a explorar la piel suave y caliente alrededor de la entrada.

Cristian, con los ojos cerrados con fuerza, arqueó la espalda, invitando a Marce a profundizar. Ella obedeció, deslizando su lengua dentro y fuera del estrecho orificio. Con cada movimiento, Cristian gemía de placer, su cuerpo convulsionando ligeramente.

Simultáneamente, Marce comenzó a acariciar el miembro de Cristian con una mano experta. Con movimientos circulares lentos y firmes, lo estimulaba hasta el límite, mientras su boca se concentraba en proporcionar placer anal.

La combinación de ambas sensaciones era abrumadora para Cristian. Su cuerpo se tensó, sus músculos se contrajeron y su respiración se volvió irregular. Marce, sintiendo su cercanía al clímax, aceleró el ritmo de sus movimientos.

Cristian, sintiendo la lengua de Marce deslizándose dentro de él, cerró los ojos con fuerza. Un escalofrío de placer recorrió su cuerpo, y se aferró a las sábanas con fuerza. Su respiración se volvió irregular, y sus caderas se movían involuntariamente al ritmo de las caricias de Marce.

Marce, sintiendo la respuesta de Cristian, aumentó la intensidad de sus movimientos. Su lengua se movía con rapidez y precisión, explorando cada centímetro del interior de Cristian. Con cada estocada, Cristian gemía más fuerte, su cuerpo convulsionando de placer.

Cristian, jadeante y satisfecho, se recostó sobre la cama, sintiendo el suave colchón contra su espalda. Con los ojos aún cerrados, disfrutaba de la sensación de plenitud que lo invadía. Abrió los ojos lentamente y su mirada se posó en Marce, quien se estaba acercando a él.

Marce, con una sonrisa radiante, se subió a la cama y se colocó sobre Cristian. Sus enormes pechos, rebosantes y firmes, se movían al compás de sus pasos, creando una imagen que dejó a Cristian sin aliento. Con cada movimiento, sus pezones se endurecían y se volvían aún más atractivos.

Cristian quedó embobado, observando cómo los pechos de Marce se movían suavemente sobre su pecho. Su corazón latía con fuerza en su pecho y sintió un intenso deseo de besarlos.

"Te amo, Marce", susurró Cristian, su voz ronca por la excitación. "No puedo vivir sin ti".

Marce, jadeando ligeramente, respondió: "Yo también te amo, mi amor".

Con un movimiento suave, Marce se inclinó hacia adelante y dejó caer sus pechos sobre el rostro de Cristian. El joven amante se hundió en la suavidad de sus pechos, inhalando profundamente su dulce aroma.

Marce, con una sonrisa pícara, acomodó el miembro de Cristian justo en la entrada de su canal vaginal. Sintiendo la presión de la erección contra su piel, se estremeció de anticipación. Con movimientos circulares, comenzó a frotar su clítoris contra la base del miembro, mientras que con la otra mano, acariciaba suavemente sus propios pechos.

Cristian, sintiendo el calor húmedo de Marce y la fricción de su cuerpo contra el suyo, se retorcía de placer. Sus caderas se movían involuntariamente, buscando profundizar la penetración. Con cada movimiento, Marce gemía suavemente, animándolo a seguir.

Mientras tanto, Cristian, con una fuerza descomunal, comenzó a succionar los enormes pechos de Marce. Sus labios rodeaban los duros pezones, tirando de ellos con fuerza. Marce arqueó la espalda, emitiendo gemidos guturales de placer.

Con una mano libre, Cristian comenzó a palmear el trasero de Marce, dejando marcas rojas en su piel. La combinación de sensaciones era abrumadora para ambos. Marce, sintiendo el calor de la palma de Cristian en su trasero y la fricción de su clítoris contra el miembro de su amante, estaba al borde del clímax.

Marce, jadeante, se aferró con fuerza a las sábanas mientras Cristian continuaba sus movimientos rítmicos. El calor y la humedad de sus cuerpos se mezclaban en una sensación de éxtasis. A pesar de la intensidad del momento, Cristian encontraba tiempo para susurrarle palabras dulces al oído.

"Eres la mujer más hermosa que he conocido, Marce. Tus curvas me enloquecen, tu piel es como seda bajo mis dedos. Cada parte de ti me vuelve loco", susurraba Cristian, su voz ronca y llena de deseo.

Marce, con los ojos cerrados, disfrutaba de cada palabra. La combinación de sus caricias apasionadas y sus halagos románticos la hacía sentir en el cielo. "Tú también eres perfecto para mí, Cristian. Me haces sentir cosas que nunca había sentido antes", respondió ella, su voz apenas un susurro.

Con cada palabra que Cristian pronunciaba, Marce sentía cómo su cuerpo se tensaba y relajaba. La contradicción entre la rudeza de sus movimientos y la suavidad de sus palabras la excitaba aún más. "Me encanta estar contigo mi amor”, susurró Marce, su voz llena de deseo.

Cristian, al escuchar esas palabras, aumentó la intensidad de sus movimientos. Sus caderas se movían con fuerza, buscando profundizar más en Marce. "Te amo, Marce", susurró, su voz llena de emoción.

Marce, sintiendo que estaba a punto de alcanzar el clímax, se aferró con más fuerza a Cristian. "Yo también te amo", respondió ella.

Marce se bajó lentamente de Cristian, dejando caer su cuerpo sobre la suave cama. Con un movimiento suave, separó sus piernas, revelando su vulva húmeda y palpitante. Los labios hinchados, de un intenso color rosado, invitaban a ser explorados. Un suave vello oscuro enmarcaba su entrada, creando un contraste seductor con la piel pálida de sus muslos.

"Mira lo que tengo para ti, amor", susurró Marce, su voz ronca y llena de deseo. "Está todo para ti, jugoso y listo".

Cristian, al ver la imagen que tenía ante sus ojos, sintió un calor intenso recorrer su cuerpo. La vulva de Marce era una obra de arte, perfecta en todos los sentidos. Nunca había visto algo tan hermoso. Sabía que a Marce no le gustaba que le dieran sexo oral y que no permitía que nadie si quiera la oliera y lamiera. El hecho de que ella le estuviera ofreciendo todo esto lo hacía sentir aún más especial.

"Eres increíble, Marce", susurró Cristian, acercándose a ella. "Nunca nadie me ha hecho sentir así".

Con cuidado, Cristian comenzó a lamer los labios de Marce, saboreando su humedad. El vello suave rozaba su lengua, provocando una sensación placentera. Marce gemía suavemente, disfrutando de cada toque.

"Dime que te gusta", susurró Marce, cerrando los ojos.

Cristian, sin poder contenerse, comenzó a explorar la vulva de Marce con su lengua. Lamió cada centímetro, saboreando su dulzura. Marce, sintiendo el calor de la lengua de Cristian en su interior, se arqueó hacia atrás, buscando más.

Marce, con los ojos cerrados, disfrutaba de la atención de Cristian. Abrió lentamente sus piernas, invitándolo a explorar más a fondo. La luz tenue de la habitación iluminaba su cuerpo, revelando un contraste sorprendente: su piel, de un tono moreno cálido, contrastaba con la delicada rosa de su vulva. Los labios menores, hinchados y húmedos, formaban un marco perfecto para la entrada de su canal vaginal. Un ligero vello oscuro rodeaba la zona, acentuando aún más la belleza natural de sus genitales.

Cristian, cautivado por la vista, se acercó a ella. Sus dedos acariciaron suavemente los labios de Marce, sintiendo su suavidad y su humedad. "Eres tan hermosa", susurró, su voz ronca de deseo.

Marce sonrió, sabiendo el efecto que tenía en Cristian. "Gracias", respondió, sin abrir los ojos. "Pero hay algo que debes saber".

Cristian se detuvo, esperando ansioso sus palabras.

"Soy muy abierta sexualmente", comenzó Marce, "pero tengo una pequeña particularidad. Nunca he dejado que nadie me haga sexo oral".

Cristian se sorprendió. No lo esperaba. "Por qué?" preguntó, su voz llena de curiosidad.

"Es algo personal", respondió Marce, "simplemente nunca me ha atraído la idea".

Cristian asintió, comprendiendo. "Lo respeto", dijo, "pero ¿me dejas probar?"

Marce sonrió ante la expresión de sorpresa de Cristian. Sabía que él estaba intrigado por su rechazo a recibir sexo oral, pero no tenía intención de darle una explicación. Simplemente disfrutaba viendo su reacción.

"No hay una razón en particular", respondió ella, con voz suave. "Simplemente nunca me había sentido atraída por eso, hasta ahora".

Cristian no pudo ocultar su emoción. El corazón le latía con fuerza en el pecho. Que Marce, quien siempre había sido tan reservada en ese aspecto, lo estuviera invitando a explorar su cuerpo de esa manera, era un sueño hecho realidad.

"En serio?" preguntó, casi sin poder creerlo. Marce asintió con la cabeza, y Cristian no pudo contenerse más. Se inclinó hacia ella y comenzó a lamer suavemente los labios de su vulva.

Marce cerró los ojos y dejó escapar un pequeño gemido. La sensación de la lengua de Cristian en su piel era increíble. Era como si una corriente eléctrica recorriera todo su cuerpo.

Cristian, sintiendo su reacción, se animó aún más. Comenzó a explorar cada centímetro de su vulva con su lengua, saboreando su dulzura y su humedad. Marce se arqueó hacia atrás, buscando más de su toque.

Cristian era un maestro en el arte del cunnilingus. Con años de experiencia, había probado los sabores y texturas más variadas, pero nada lo había preparado para lo que encontró en Marce. Su vulva era un jardín secreto, exótico y delicioso. Cada centímetro de su piel era una nueva experiencia sensorial.

Mientras su lengua exploraba la cálida y húmeda cavidad, Cristian se maravillaba ante la complejidad de los sabores. Una mezcla dulce y salada, con un toque floral que lo transportaba a un lugar de ensueño. Con cada movimiento, su lengua dibujaba círculos alrededor del clítoris, provocando en Marce gemidos guturales que erizaban la piel de Cristian.

Con una mano experta, acariciaba el cuerpo de Marce. Sus dedos trazaban líneas imaginarias desde sus pezones hasta su vientre, provocando que se estremeciera de placer. Con cada caricia, los pezones de Marce se endurecían y se ponían erectos, como dos botones rosados que invitaban a ser apretados.

Cristian no se resistió a la tentación y pellizcó suavemente los pezones de Marce, provocando un gemido aún más intenso. Marce se arqueaba, buscando más contacto, más estimulación. Se sentía como una leona en celo, rugiendo de placer.

usto cuando Cristian intensificó la succión en su clítoris y con otra mano exploraba la profundidad de su vulva, Marce sintió una oleada de placer que la inundó por completo. Un chorro cálido y abundante brotó de su cuerpo, empapando el abdomen de Cristian. Se sorprendió al ver la cantidad de líquido que había salido de ella.

"¡Oh, Dios!" exclamó Marce, jadeante. "Lo siento, no puedo evitarlo". Cristian, lejos de sentirse disgustado, sonrió. Nunca había visto algo así.

"No te preocupes", dijo, limpiándose con sus manos "Es increíble".

Marce se sonrojó. "Es por eso que no me gusta mucho que me hagan sexo oral. Siempre sucede lo mismo. Soy un poco... especial".

Cristian la miró a los ojos, lleno de comprensión. "Eres perfecta tal como eres", le aseguró.

El chorro de Marce era tan intenso que empapó por completo el abdomen de Cristian. A pesar de la sorpresa inicial, este no hizo más que intensificar sus caricias. Con una mano seguía estimulando su clítoris, trazando círculos suaves y firmes, mientras que con la otra exploraba la húmeda intimidad de su vulva.

Marce, envuelta en una ola de placer, gemía con fuerza. Su cuerpo se estremecía convulsivamente mientras el líquido continuaba brotando de ella. Cristian, sin perder un segundo, se levantó y se colocó a un lado de ella. Con delicadeza, secó el exceso de líquido con una toalla y comenzó a besarla apasionadamente.

Los besos de Cristian eran profundos y húmedos, intensificando aún más la excitación de Marce. Sus lenguas se enredaron en un baile sensual, mientras sus cuerpos se rozaban ligeramente. La excitación de Cristian crecía con cada segundo. Sin dejar de besar a Marce, deslizó una mano por debajo de su camiseta y comenzó a acariciar su pecho.

Marce, sintiendo la mano de Cristian sobre su piel, se estremeció de nuevo. Sus gemidos se hicieron más intensos y su cuerpo se arqueó hacia atrás, buscando más contacto. Cristian, sintiendo la necesidad de liberar su propia tensión, comenzó a masturbarse. Con movimientos rápidos y firmes su cuerpo estremeciéndose violentamente mientras gemía el nombre de Marce.

Cristian, sintiendo la cercanía del clímax, se detuvo un momento para admirar a Marce. Sus ojos brillaban de deseo y su cuerpo temblaba de excitación. Marce, por su parte, lo miraba con una mezcla de pasión y súplica.

"Cristian...", susurró, su voz apenas un hilo. "Por favor..."

Entendiendo la implicación de su petición, Cristian sonrió. Con cuidado, acercó su miembro al clítoris de Marce, aún hinchado y sensible por la estimulación. La sensación de su glande rozando el punto más sensible de Marce la hizo estremecer.

"Hazlo", susurró nuevamente, entrecerrando los ojos.

Sin más preámbulos, Cristian comenzó a frotar suavemente su glande contra el clítoris de Marce, siguiendo el ritmo de su respiración acelerada. Marce arqueó la espalda y dejó escapar un gemido gutural. La sensación era indescriptible, una mezcla de placer y dolor que la llevaba al límite.

Con cada roce, la intensidad aumentaba. Cristian sentía cómo su miembro pulsaba, a punto de explotar. Marce, por su parte, se aferraba a él con fuerza, sus uñas clavándose en su espalda.

Finalmente, con un último empujón, ambos alcanzaron el clímax. Sus cuerpos se estremecieron violentamente mientras una ola de placer los inundaba. Por un momento, el mundo se detuvo. Solo existían ellos dos, unidos en un abrazo apasionado.

¡Absolutamente! Aquí tienes una continuación de la escena, describiendo el clímax y las consecuencias de la experiencia:

Cristian, sintiendo la cercanía del orgasmo, intensificó sus movimientos. Su miembro pulsaba con fuerza contra el clítoris de Marce, provocando en ella una sensación de éxtasis. Con un último empujón, se vino sobre de ella, rociando su vientre y muslos con un líquido caliente y espeso.

Marce, envuelta en una ola de placer, se aferró a Cristian con fuerza. Su cuerpo temblaba incontrolablemente mientras experimentaba un orgasmo tan intenso que creía que se desmayaría.

Por un momento, ambos permanecieron inmóviles, recuperando el aliento. Marce, sintiendo la humedad de su cuerpo y el calor de Cristian, se sintió completamente satisfecha. Se giró hacia él y lo besó apasionadamente.

"Eso fue increíble", susurró, su voz ronca por el esfuerzo.

Cristian sonrió y la abrazó con fuerza. "Tú eres increíble", respondió, besando su frente.

Marce se acurrucó en sus brazos, sintiendo una sensación de paz y bienestar que nunca antes había experimentado. Sabía que este era solo el comienzo de una larga y apasionada relación.

Cristian, sintiendo el calor húmedo de Marce contra su piel, se quedó inmóvil por un momento, disfrutando de la sensación. Luego, con una sonrisa de satisfacción, se inclinó hacia ella. Su lengua trazó un camino desde su barbilla hasta su cuello, dejando un rastro de besos húmedos.

Al llegar a su pecho, sus ojos se encontraron con los de Marce. Ella lo miró con intensidad, invitándolo a continuar. Con un movimiento suave, separó los labios y comenzó a lamer el líquido seminal que cubría su vientre. El sabor salado y ligeramente dulce lo cautivó.

Con cada lamida, Marce se estremecía de placer. La atención de Cristian en su cuerpo la hacía sentir deseada y amada. Sintió cómo sus músculos se relajaban y su respiración se volvía más lenta.

Cristian, siguiendo el rastro del líquido, llegó a su vulva.Poco a poco recolecto el liquido de el mezclado con los de Marce para, saborearlo. Marce cerró los ojos, disfrutando de la sensación.

Con un movimiento rápido, Cristian se incorporó y le llevo sus liquidos en su boca y lo llevo a la boca de Marce.Marce abrió la boca y lo recibió con avidez, saboreando el sabor único de ambos, se funde en un pasional beso que mezcla sus jugos y sus salivas llenas de sexo.

Marce se quedó inmóvil, sintiendo la humedad de su cuerpo y el calor de Cristian contra ella. Cerró los ojos y dejó que las sensaciones la envolvieran por completo. Había experimentado un orgasmo tan intenso que creía que no podía ser superado. Y todo gracias a Cristian.

Con una sonrisa en los labios, se giró hacia él y lo miró a los ojos. "Nunca pensé que podría sentir algo así", confesó, su voz ronca y llena de emoción. "Gracias".

Cristian la abrazó con fuerza, sintiendo su cuerpo temblar ligeramente. "Yo tampoco", respondió, besándola en la frente. "Eres increíble".

Marce se quedó pensando en todo lo que había sucedido. Había descubierto una faceta de su sexualidad que nunca antes había explorado, y se sentía liberada y empoderada. Se había entregado por completo a Cristian, y él la había correspondido con una pasión que la había dejado sin aliento.

"Gracias por ayudarme a descubrir una parte de mí que nunca antes había conocido", dijo Marce, su voz suave y sincera.

Cristian sonrió. "Siempre estaré aquí para ti, Marce", respondió, besándola en los labios.

Cristian, con los ojos cerrados, saboreaba cada instante. La sensación de la cálida humedad de Marce en su boca era indescriptible. Sabía que esta relación era complicada, llena de obstáculos que aún no habían superado. Pero en ese momento, en ese instante, nada más importaba.

Abrió los ojos y miró a Marce, su mirada llena de amor y admiración. "Eres increíble", susurró, su voz ronca por la excitación. Marce sonrió, sintiendo una oleada de felicidad.

En ese momento, Cristian se dio cuenta de que estos momentos, aunque fugaces, eran los que hacían que la vida valiera la pena. A pesar de los problemas que pudieran enfrentar en el futuro, siempre tendrían estos recuerdos para aferrarse.

Marce, sintiendo el peso de la realidad, rompió el silencio.

"Esto es tan perfecto", susurró, su voz apenas un susurro. "Pero sé que no puede durar".

Cristian la miró a los ojos, su expresión reflejando una tristeza similar. "Lo sé", respondió, apretándola contra él. "Pero mientras estemos juntos, haré todo lo posible para que cada momento cuente".

Marce se aferró a él con más fuerza. Sabía que tenía razón. Su relación era imposible, llena de obstáculos que parecían insuperables. Sin embargo, en ese momento, en los brazos de Cristian, se sentía completa.

"Prométeme que nunca me olvidarás", pidió Marce, su voz temblorosa.

Cristian la besó en la frente. "Nunca", prometió. "Nunca".

Cristian, aún jadeante, se quedó mirando a Marce. Sus ojos se encontraron y una sonrisa se dibujó en sus labios. La pasión que habían compartido era intensa, y una nueva ola de deseo comenzaba a crecer dentro de él.

Marce, por su parte, se sentía llena de energía. Se sentó sobre el borde de la cama, y con una mirada desafiante, invitó a Cristian a acercarse. "Y ahora", dijo con voz sensual, "lo hacemos de la manera tradicional".

Cristian, sin dudarlo, se acercó a ella. Su miembro, aún duro y ansioso, pulsaba con fuerza. Marce abrió las piernas, invitándolo a entrar. Con un movimiento suave, Cristian la penetró, llenándola por completo.

Un gemido escapó de los labios de Marce mientras sentía la longitud de Cristian dentro de ella. Con cada embestida, su cuerpo se estremecía de placer. Cristian, a su vez, se hundía más y más en ella, buscando un clímax aún más intenso.