Caravana.
La autocaravana avanza por la noche y el espacio se reduce. Cuando Carlos despierta, Ana ya no es solo la amiga de su mujer: es la mujer que ha esperado demasiado para tomar lo que desea. En el movimiento constante del vehículo, la confianza se rompe y el deseo se vuelve innegociable.
Este verano decidimos que necesitábamos salir bien lejos. Había pasado todo el rollo del Covid, y queríamos libertad. Es por eso que se nos ocurrió alquilar una autocaravana y tirar millas. La ventaja es que, al tener los hijos mayores no habría problema, sin padres en casa, los abuelos poniéndoles la cena y el internet para la Play todo el día eran para ellos mucho más que un plan perfecto. Como los chavales no querían venir la alternativa para mí estaba clara.
Lucas y Ana son una pareja de amigos (casi más que amigos). Nos reunimos para hacer barbacoa y día de piscina cada vez que podemos, cenamos las dos parejas… Pero Lucas y yo queríamos dar un paso más y montarnos el intercambio de parejas. Ana y Tere (mi mujer) aún no se habían decidido, pero con un par de copas habíamos llegado a convencerlas para bañarnos desnudos los cuatro, dándonos el lote cada uno con su pareja, pero a la vista de los otros, alguna partida de strip poker, incluso habíamos arrancado de las chicas algún morreo cruzado y algún magreo de tetas, pero no había ido más allá. Cuando una parecía que se animaba, la otra se cortaba y a la inversa.
Dos semanas en el espacio reducido de la autocaravana recorriendo paisajes naturales e íntimos podría ser el plan perfecto. Incluso Lucas había echado el ojo a un par de campings y playas nudistas, para ver si las animábamos a dar un pasito más. Y si no, al menos nos hartaríamos de verlas en pelotas, que a eso sí estaban ya acostumbradas. Lanzamos la idea de la autocaravana y, no les pareció mal a las chicas, así que cuadramos fechas para cogernos las vacaciones al mismo tiempo, alquilamos el bicho y a esperar.
Al fin llegó el día, Lucas fue a recoger la caravana con Ana y Tere y me esperaron a la salida del curro. Por desgracia para mí, había tenido que comerme un turno de noche el día antes de salir a cambio de un día extra que me cambió un compañero, de modo que me recogieron a las dos y media de la mañana. Estaban todos descansados, menos yo así que decidimos que yo fuese en la parte de atrás y me echase a dormir (sí, ya se que no es legal, pero mucha mala suerte sería que nos parasen en carretera precisamente a nosotros). Tere se marea en la parte de atrás del coche, así que iría en la cabina de copiloto dándose relevos para conducir con Lucas y Ana dijo que se había descargado unas pelis en el portátil y quería verlas, así que iría atrás también.
Serían las cinco de la mañana o así cuando me desperté. Nos habíamos parado en un área de servicio para que Lucas fuese al baño y Tere le diese relevo (esto me lo dijo Ana) y al arrancar, el vaivén del vehículo me había despertado. Bueno, ya que estaba, me levantaría a orinar en el baño de la caravana.
-¡Vaya empalme bella durmiente!- me soltó Ana con una risita.
Miré hacia abajo. Tengo la costumbre de dormir en pelotas (soy incapaz de dormir aunque sea con el calzoncillo) y mi “amiguito” se había levantado antes que yo. Como ya os he dicho, aunque no habíamos llegado a todo lo que Lucas y yo queríamos, sí que había ya cierta confianza, de modo que sin pensármelo mucho respondí:
- Lo normal, ¿a lo mejor te gusta lo que ves?
-No está mal, la verdad…- me di cuenta que Ana se mordía el labio tras decir esto sin perder de vista mi entrepierna.
-Me alegro que te guste, pero, si no te importa, voy al baño.
Entré al baño y mientras orinaba pensé que Ana parecía bastante más lanzada de lo normal… igual había suerte y triunfábamos. Cuando salí, me senté en la cama y miré hacia ella. Estaba sentada, con los muslos separados y, como llevaba puesto solo un poncho de esos de playa, me pareció vislumbrar la sombra de su pubis ¿desnudo o con braga de bikini? No estaba seguro.
-¿Sabes? He estado viendo un par de pelis para ponerlas cuando hagamos noche. Y creo que os gustarán.
-¿Sí? ¿De qué van?- me imaginé las típicas comedias románticas de Sandra Bullock o Meg Ryan que les gustaban a ellas.
-Pues me he descargado unas cuantas de Marc Dorcel- ahí si me pilló por sorpresa, porno… y de calidad.- Además las he cogido a drede, de las que os ponen a vosotros dos de intercambios de parejas.
-Vaya… ¿y eso?
-Bueno, me he imaginado que acertaría seguro… y por lo que veo, no iba desencaminada- y señaló hacia mí.
Mi “amiguito” al oír Dorcel, se había despertado y pedía guerra.
-El caso…-y se paró un momento para humedecerse los labios con la lengua-. Es que me he puesto tontorrona… y encima viendo eso que te gastas…
-¿Te animarías a probarlo? Creo que Lucas decía que no pararíamos ya hasta las ocho para desayunar…
-Joder. Es una tentación… Pensábamos poner las pelis y daros la sorpresa esta noche…
-¿Pensábamos?
-Sí, tu mujer y yo. Lleváis todo el año dando la turra con lo del intercambio y al final… pues que nos habéis calentado, aunque solo sea por que dejéis de ser cansinos. Pero entre el calentón tonto que me he pillado seleccionando las pelis y verte con el rabo tieso… pues eso, tengo que confesar que he encharcado las bragas, y no me importaría probar tu pija antes de tiempo.
-¿Sólo probar?
-Solo probar, ¿Estás de acuerdo? Yo pongo las reglas. Probar a ver qué tal es la sensación de tener tu cosa dentro. Meterlo un rato dentro y sacar. El premio gordo luego.
Evidentemente no me lo pensé. La mejor amiga de mi mujer me decía que estaban dispuestas a darnos el capricho por fin e incluso llevarme un aperitivo. Me tumbé, puse mis manos detrás de la cabeza y le respondí:
-Tú mandas.
Ana se levantó con cuidado (os recuerdo que el vehículo seguía en marcha). A la luz que se filtraba de los faros de los coches que nos adelantaban pude ver como se quitaba el poncho y la braga del bikini, permitiéndome apreciar su chochito perfectamente depilado y sus preciosas tetas. Tere las tiene más grandes (bastante más, eso es lo que le da morbo a Lucas), pero las de Ana tienen una forma preciosa, especialmente para una mujer que ya pasa de los 40. Si no supiera que no es así, juraría que tenían que ser operadas.
Un par de pasos y Ana se subió a la cama, pasó su pierna derecha sobre mi cuerpo y colocó su cadera sobre la mía. Con la mano derecha se sujetaba a la pared y con la izquierda me asió el rabo, pajeándolo un poco, despacio.
-Joder, la tienes como una piedra. La de Lucas es un poco más grande, pero nunca ha llegado a estar tan dura.
-Pues prueba a ver si te gusta.
No tuve que repetírselo. Sujetando el tronco apuntó el glande al centro de su raja y empezó a meterlo despacito. Pero ahí fue cuando la suerte se alió conmigo, porque justo en ese momento entramos en una zona en que el asfalto estaba estropeado y, al dar la caravana un bote, sin ella quererlo se ensartó de un golpe hasta el mismo útero.
-¡Aaaaaah!- se le escapó un gemido.-Mierda…. no me lo esperaba.
-¿Te duele?
-¿Doler? Joder, no… es que… ha entrado del tirón… bufffff… qué bueno… pero, no se te ocurra moverte ¿eh? Hemos quedado en que es sólo probar.
-Palabra.
Ana seguía ensartada, con su pubis apretado contra el mío. No quería moverse, y apoyabba sus puños en mi pecho para conseguir algo de estabilidad, pero los baches hacían saltar sus preciosos senos de lado a lado y yo podía notar mi pene moverse dentro de su vagina por culpa de los saltitos del vehículo. Sus pezones se hincharon y arrugaron, prueba de que estaba gozándolo.
-¡Diooss!!! joder, joder, joder… esto es bueno… demasiado… joder…
Su respiración se volvía cada vez más honda, se le escapaban gemidos y me di cuenta que no era sólo los baches, sus caderas habían empezado a oscilar. Ya no podía limitarse a tener mi poya dentro, me había empezado a follar suave pero profundo. Me miró, agarró mis manos y enterró sus pechos en ellas.
-A la mierda probar… lo siento por Tere, pero me adelanto.- y agachándose me comió la boca con fuerza. Ahí dejé de cortarme, ella se había desatado, y yo no iba a defraudarla. Mientras seguía besándola y cogiendo teta con una mano, con la otra bajé por su cintura hasta sus nalgas. Ella correspondió metiendo una de sus manos entre nuestros cuerpos para castigar su clítoris mientras la otra me cogía por la nuca para besarme con más fuerza.
Yo seguía explorando su culo, sus tetas, sus muslos, dejaba de morder sus labios para comerle el cuello y el lóbulo de la oreja, apretaba sus caderas contra las mías hundiéndome aún más en su coño. Ella suspiraba, gemía y me pedía más, mientras yo chupaba ya sus pechos, los lamía y mordía sus pezones.
-Sí… sigue, dios, sí… qué bueno, joder… la culpa es de Lucas… por pincharme… por… ca… calentarme con esto. Me tiene emputecida, igual que tú tienes a Tere… joder… sí… fóllame, no pares, folla, folla, dame más… más hondo… más duro… sí, vamos. Córrete. Córrete… quiero que te corras… que me preñes, que me llenes de leche. Quiero la leche, que me llegue hasta los ovarios joder…. sí, sí, así, así, dios…. me corro, ¡me corro!
Y vaya si se estaba corriendo. Los músculos internos de su vagina estrujaban mi miembro mientras los flujos resbalaban por mi escroto empapando mi entrepierna y la cama. La sensación era fuerte, y más fuerte aún se volvió cuando me vacié dentro de ella. Al primer chorro de semen ella volvió a correrse y empezó a empalmar orgasmos uno tras otro.
-Sigue, sigue… más… otra vez, me corro otra vez, y otra… Jodeer… sí, sí, dame, muerde, chupa folla… sí…
Un orgasmo tras otro Ana seguía saltando sobre mi rabo, que de alguna manera conseguía mantenerse duro a pesar de haberme corrido, lo que ella aprovechaba.
-Buff, no puedo… no puedo más… joder… no puedo más…- y diciendo esto se dejó caer, más bien se derrumbó a mi lado. Yo seguía acariciando su pelo y ella pasaba con suavidad sus uñas por mi pecho.
-Joder Carlos… vaya polvo…
-¿Ha estado bien no?
-¿Bien? Me cago en la puta… si lo llego a saber caes bastante antes. Hemos estado haciendo el gilipollas Tere y yo… Qué pasada, no solo es el follar, es el morbo de con quien lo estás haciendo… Buff… estoy reventada…
-Venga, descansa. Aún falta un rato para las ocho de la mañana y darles el relevo para conducir.
No hizo falta repetirlo. En unos segundos ella estaba durmiendo roncando suavemente con la cara apoyada en mi hombro. Yo puse la alarma del móvil y cerré los ojos.
Apenas me pareció que había dormitado unos minutos cuando sonó el móvil. Desperté a Ana, nos vestimos, yo un bañador y una camiseta, las sandalias cerradas de cuero (que multan si conduces en chanclas) y ella se puso las bragas del bikini de la noche antes y el poncho de playa. Un rato después paramos en un área de servicio y nos fuimos a desayunar. Al volver Lucas me pasó las llaves y, mientras abría la puerta de la cabina escuché como Ana le decía a Tere con un guiño.
-Venga, hasta mediodía no llegamos a la primera parada, aprovechad la cama.
Pensé un segundo. con el olor a sudor y sexo que habíamos dejado allí dentro Lucas y Tere tendrían que ser muy tontos para no captar el doble sentido en cuanto entrasen (spoiler, no lo son, ya os contará Tere su propio relato). Se subieron atrás, Ana y yo delante, arranqué y a conducir con la mano derecha alternando entre el volante y el muslo de Ana. No lo dudéis, las vacaciones no hicieron más que mejorar… y eso que no habían empezado mal ni mucho menos, jejeje.
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