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Dominaciónene 2025

Mi vecina me domina (25)

Sabe que su boca está hecha para recibir ceniza y humillación. Sabe que su cuerpo no le pertenece, sino que es un instrumento para el placer sádico de dos mujeres. Esta noche, el castigo será más intenso que nunca.

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Paula se marchó a su casa dejando a Sara con su madre y su esclavo echados en el suelo. Se encendió un cigarrillo mirándonos.

Mamá, ¿has oído a Paula? El es mi esclavo, tuyo y de ella pero tú eres la perra sumisa de ella y mía. Tendrás que obedecerme, servirme y podré tratarte como lo que eres. ¿Lo harás?

Sí hija, lo que tú digas. Desde hoy seré tuya para lo que desees.

Vete a descansar que yo me voy a quedar un rato más con él.

¿No puedo quedarme contigo?

Claro que si, ¿por qué no vas a poder?.

Es que necesito relajarme y para ello le necesito.

¡Esclavo, levanta!, me dijo Sara.

Paqui me esposó las manos y con una cuerda las ató a mis pies. De la misma manera pasó un cordón por mis testículos atándolos con fuerza y tirando de ellos.

-Toma, ¿quieres la fusta?

Si, gracias hija.

¿Qué había hecho yo mal para recibir el castigo de Paqui?

Esclavo, necesito liberarme de tanto estrés. Lo siento pero para eso te necesito.

Paqui, tirando del cordón que rodeaba mis testículos comenzó a golpearlos con la fusta. No eran golpes muy fuertes pero sí muy continuos. Mis testículos se comenzaron a tornarse rojizos y a inflamarse.

¡Ufff… que bien! Me estoy sintiendo cada vez mejor.

Espera mamá, voy a estirar su prepucio para que dispongas de su polla también.

Así estuvo golpeándome hasta quedarse exhausta para darle un beso a su hija, arrodillándose ante ella y darle las gracias.

Gracias mi Ama Sara, te lo agradezco.

Sara me mandó entrar en la celda para cerrarla e irse ambas a dormir en sus dormitorios.

Ya de mañana la celda se abrió. Fui al dormitorio de mi señora Paqui pero la encontré aún durmiendo por lo que me desplacé al de su hija Sara.

Hola perro, ¿qué tal la noche?

Muy bien gracias.

Arrodillado junto a su cama le calcé sus zapatillas y la acompañé al aseo.

¡Uffff, que suerte has tenido hoy perro. Tu desayuno va a ser más completo que el de otros días.

La vi que no solo estaba orinando sino que hacía gestos de fuerza para defecar. Me temí lo peor.

Ve y trae tu bol perro.

Se lo traje y lo colocó debajo de su trasero para llenarlo con su caca y su orina.

Límpiame y vamos a que me prepares el desayuno. ¡Ah, y llévate tu bol!

Mientras preparaba su desayuno a base de café, tostada y zumo me dijo que preparara también una tostada para mí. Me extrañó mucho ya que nunca me había permitido desayunar a la vez que ella. Sara tomó su desayuno y se encendió un cigarrillo. Mientras fumaba me pidió un cuchillo para prepararme mi tostada.

Acércame tu bol y un vaso que te preparé tu desayuno.

En el vaso echó su orina, esta vez mezclada con su caca lo que le dio un color amarronado y muy oloroso. Lo que me dejó perplejo es que después tomó la tostada y cogiendo restos de su caca los fue untando para ofrecerme así mi tostada.

Anda, desayuna lo que te he preparado que pronto se despertará mi madre y te necesitará.

Cogí la tostada y fui dándole bocados a la vez que bebía el “zumo” que me había preparado. Al masticar la tostada toda mi boca se llenó de un sabor acre y amargo que me resultó muy humillante el tomarlo ante ella que mirándome me hacía que se la ofreciera para echar la ceniza de su cigarrillo.

No te quejarás lo que me preocupo por ti. La ceniza hará que te sepa mejor. Ja, ja, ja.

Gracias señorita Sara, está muy bueno el desayuno.

Estaba terminando mi “desayuno” cuando escuché a mi señora Paqui que se había despertado. Me terminé el último bocado, bebí mi “zumo” y me fui a su dormitorio.

Buenos días mi esclavo. Que bien me hiciste sentir anoche. Gracias a ti he podido descansar esta noche. ¡Cerdo!, ¿has visto como tienes la boca? Crees que así vas a poder atenderme.

Cogió su zapatilla de goma y me abofeteó con ella la cara.

Ve y lávate y cuando lo hallas hecho vienes. No tardes o lo lamentarás.

Me fui a lavarme y enjuagarme la boca que aún contenía restos de mi “desayuno”. Luego me fui hasta su dormitorio pero no estaba allí.

¡Estoy en la cocina!

Al llegar estaban hablando su hija y ella sobre el “desayuno” que me había preparado.

¿Como te sentiste anoche, mamá?

Muy bien. He de reconocer que que con tu sugerencia descargué todo mi estrés y he podido descansar, que lo necesitaba. ¿Que tienes que hacer hoy?.

Pues tengo trabajo y no creo que venga a almorzar.

¿Y tu?, ¿irás a casa de Paula?

No creo, mejor la llamo y la invito a almorzar y así no estoy sola.

Bien, voy a vestirme que se me hace tarde. Me lo llevo, luego te lo dejo.

En el dormitorio hice su cama, recogí toda la ropa y la puse en los armarios y le preparé lo que se iba a poner para salir. Salió de arreglarse en el baño y la fui desnudando para ponerle sus bragas y su sujetador. Después le coloqué su falda, el jersey y me arrodillé para calzarle las botas. Su vena sádica le hizo apoyar el tacón de su bota en mi pezón mientras le calzaba la otra. Se levantó y tirando de la correa me dejó con su madre a la dio un beso en la boca a la vez que le pellizcaba uno de sus pezones.

Hasta luego mamá, pórtate bien y obedece a Paula.

Me quedé mirando de rodillas a mi señora Paqui viendo como llevaba el cigarrillo a su boca, lo chupaba y dejaba escapar el humo muy despacio. Me gustaba verla tan relajada. Y el admirarla mientras fumaba era algo sublime para mí.

¿Desea usarme como cenicero, mi señora? Me siento algo abandonado por usted desde lo ocurrido con la señorita Paula.

Si, ya lo sé. Han sido una serie de situaciones que me han hecho usarte solo para mi desahogo. Llevas razón. ¡Acércate y abre tu boca!.

Junto a ella permanecí con la boca abierta mientras fumaba. La ceniza, al caer en mi boca, me hacía sentir suyo y por ende muy gozoso de pertenecerle.

Anda mientras fumaba esclavo lame también el suelo de la ceniza que he tirado. Sé que te gusta hacerlo.

Muchas gracias, mi señora Paqui.

Me agaché para pasar mi lengua por el suelo y recoger la ceniza que había tirado. Mientras lo hacía puso su pie sobre mi cuello haciéndome saber que le pertenecía por completo a pesar de sus nuevos descubrimientos en materia sexual.

Bien, ya está limpio. Acompáñame que me aseé y me vista.

Lo primero fue ir al cuarto de aseo para asearse y maquillarse. Para ello me coloqué a cuatro patas junto al lavabo.

Mi señora, si lo desea puede usarme como escabel y estar así más cómoda sentada sobre mi

Eres un sol. Gracias mi esclavo.

Mientras se terminaba de arreglar la sentía sobre mi. Al terminar fuimos al dormitorio y le preparé la ropa que deseaba. Iba espectacular con sus botines negros de tacón, sus medias a juego, su tanga y una cazadora de cuero ajustada con cremallera sin desear usar sujetador. Sus pezones se marcaban en la cazadora lo que me hacía desearla más.

¿No has aprendido aún a controlar tu excitación? No será que necesitas un correctivo.

Si es su deseo bien sabe que lo aceptaré con agrado.

Bien, vamos al comedor. Creo que yo también lo necesito después de comer me sentó anoche el azotarte.

Ya en el comedor se sentó en el sillón quedando yo ofrecido y arrodillado ante ella.

Bien, vamos a tratarte esos pezones. Acércate.

Mi señora tomó unas pinzas dentadas y unidas por una cadenita y tirando de cada uno d mis pezones los dejo punzados. Luego se encendió un cigarrillo y comenzó a tirar de la cadenita haciendo que mis pezones se estirarán. Creía que solo deseaba eso pero no. Cada vez que tiraba de la cadenita daba una calada a su cigarrillo y lo acercaba dejándolo pegado a mis pezones.

Veo que ya no te quejas como al principio.

Si mi señora. Solo me basta mirar su cara de satisfacción para que esa quemazón señora transforme en mí en placer de agradarle.

Me gusta. Ponte saliva en la lengua perro. Voy a apagar el cigarrillo en tu asquerosa boca.

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