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Dominaciónene 2025

Mi vecina me domina (24)

Paula no vino a jugar, vino a conquistar. Desde la oscuridad de su celda, el esclavo ve cómo la nueva dueña desmonta la autoridad de Sara y, con crueldad calculada, somete a la madre que lo crió. La línea entre el placer y el dolor se borra cuando la familia entera se arrodilla.

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Cuando Sara y Paula se sentaron en el salón frente al esclavo mantuvieron un silencio tenso mientras fumaban un cigarrillo. Fue Sara la que mirando a Paula lo rompió.

Paula, mi madre me lo contó todo ayer cuando volvió a casa.

¿Y?, ¿tienes algo que decirme?

Mi madre me dejó muy sorprendida, sobre todo al ver las marcas que le habías dejado en su cuerpo con tu látigo. Y ahora, al verle las marcas eran mucho más intensas.

Paula se acercó más a Sara y dando una calada a su cigarrillo pasó su mano por su cara echándole el humo en ella. Paula quería ver la respuesta de Sara. Fue la que esperaba abriendo su boca y tragando todo el humo del cigarrillo que Paula exhalaba de su boca. Viendo su reacción volvió a darle una calada al cigarrillo uniendo su boca a la de Sara y besándola mientras el humo pasaba de una boca a otra. Yo, desde mi celda, lo observaba todo y no podía dar crédito a la actuación de Paula y la respuesta de Sara.

Eres muy sensual, Sara. Me gustas. No pretendo hacerte mía sino que disfrutemos la una de la otra y, porqué no de tu madre.

Paula, Paula,……. me has gustado mucho desde que nos conocemos pero nunca pensé que me atraerías de esta forma.

Tranquila solo se trata de disfrutar y experimentar nuevas situaciones.

Las manos de Paula comenzaron a desnudar a Sara, descubriendo sus pechos y acariciando con sus manos sus pezones. Sara cerraba los ojos y se dejaba hacer. La boca de Paula seguía exhalando el humo del cigarrillo sobre los pechos de Sara. Deduje que era un fetiche que le gustaba mucho a Paula.

Tu, esclavo ¿te gusta lo que ves?, dijo Paula.

Sigue Paula. Me gusta sentirte.

Me vas a sentir mucho más cuando las dos disfrutemos de tu esclavo y mi sumisa.

No sé si podré hacerlo con mi madre.

Ya verás como si podrás. Tu madre es una hembra muy sensual, viciosa, servicial, madura y con grandes deseos de gozar siendo tratada como el esclavo que tenéis ahí encerrado.

Peroooo….

Calla preciosa, déjate llevar.

Ahora era Paula la que se desnudaba quedando solo con sus botas y su tanga.

¿Te gusto mi niña? Dame tu mano y déjate llevar.

Paula tomó una mano de Sara y la puso sobre su pecho ayudándola a que la masajeara toda. No dejaba de besarle el cuello, la cara y su boca, y Sara no mostraba disgusto alguno. Las manos de Paula fueron descendiendo por el cuerpo de Sara desnudándola por completo hasta llegar a su coño que al acariciarlo y mojarse toda su mano se la enseñó.

Mira cómo estás y como me has puesto la mano. Yo diría que te está gustando mucho. Échate sobre el sofá, vamos.

Sara echada sobre el sofá sintió como Paula se echaba sobre ella pero al contrario. Así, se dedicó a lamer sus muslos separándole sus piernas. Lo mismo hizo Sara. Quien antes emitió un gemido fue Sara al notar la lengua de Paula recorrer su coño de abajo a arriba hasta alcanzar su clítoris que lo atrapó entre sus dedos para masajearlo mientras escupía sobre él para lubricarlo. Ya Sara se estaba estremeciendo de placer, puso sus manos sobre el culo de Paula y lo acerco acercó a su boca para lamer todo el fluido de su coño. Las dos gemían sin cesar. Sus cabezas se movían de un lado a otro buscando el saciarse de la otra. Fue Sara la que emitió un grito al alcanzar su orgasmo. Esto hizo que su madre saliera de su habitación.

Sara, ¿qué ocurre? ¿Tú también mi hija?

No Paqui, ella no es como tú. A partir de ahora creo que tu hija no solo poseerá un esclavo sino también una sumisa, tú. Acércate y arrodíllate ante nosotras. Mira cómo está tu hija. ¿Que debes hacer?.

No me podía creer la obediencia y actitud tan sumisa de Paqui que tras la orden de Paula calló y se arrodilló ante ellas posando sus manos en los muslos de su hija para separar sus piernas dejando expuesto su coño húmedo y chorreando de flujo.

Paula, sigue por favor.

Sara no había visto a su madre llegar creyendo que era Paula quien le estaba lamiendo su coño.

Cariño, ¡mira quien te está lamiendo!.

Sara abrió los ojos viendo a su madre arrodillada entre sus piernas devorándola hasta el punto de hacerla alcanzar otro orgasmo.

¡Perra, ahora dedícate a mi!. Mira Sara lo obediente que es tu madre.

Ahora Paqui se dedicaba a lamer el coño de Paula. Desde mi celda lo estaba viendo todo y mi excitación era suprema deseando masturbarme y correrme. Había cogido mi polla con la mano y al iniciar mi masturbación la puerta de la celda se abrió. Está interrupción me contradijo. La que había abierto mi celda fue Sara.

¡Paula, aún tiene puesto el plug!

No te preocupes así se dilatará más pronto y lo podremos usar mejor. Si quieres quítaselo.

Mi perra, te lo voy a quitar…….

Gracias, señorita Sara.

…… pero te lo voy a sustituir por algo mejor. Ponte en posición.

Sara se puso los guantes de látex tomó el plug y lo extrajo. Cuando creía que podía descansar después de tanto tiempo con el insertado, Sara se había colocado el arnés y me estaba tomando por la cadera para, sin lubricarme previamente, introducirlo con un fuerte empujón. Aún sentía algo de dolor pues necesitaba que estuviera más dilatado.

Sara, ese culo está muy blanco. Toma esta zapatilla de tu madre. Lo prefiero más rojizo.

Sara le obedeció y a la vez que me penetraba sin descanso cada vez con más fuerza con la zapatilla inició un azote tras otro.

Ya basta Paqui. Ahora quiero que te ofrezcas a tu hija y le supliques que te haga suya.

Eso no, por favor. Es mi hija.

No había terminado de hablar cuando una serie de bofetones cruzaron su cara. Se desplazó frente a su hija a la espera de que dejara de follar al esclavo. Cuando su hija se dio cuenta de su presencia la miró…..

Siento mucho esto mamá, pero tú lo has deseado y yo te voy a complacer siendo mi sumisa y obedeciendo.

Sara cesó de follarlo extrayendo la polla del culo y se la mostró a su madre.

Quiero que limpies esta polla antes de follarte.

Pero, ¿has visto lo sucia que está?.

Claro pedazo de guarra, proceso te he ordenado que lo limpies.

Pero, hija…..

Paula se levantó y fue al dormitorio de Paqui para coger la fusta. Cuando volvió se le enseñó.

No mi Señora Paula, perdóneme. Lo voy a hacer pero por favor no me castigue más.

Paqui comenzó a lamer el strapon de su hija pues era tan grueso que le fue imposible atraparlo con su boca. Sin embargo Paula no tuvo compasión de ella y dejó caer la fusta una y otra vez sobre su culo.

Ahora te quiero en posición de la perra que eres, le dijo su hija.

Paula se sentó frente a ella le tomó la cara con sus manos y esperó a que Sara la penetrara. Paqui creía que le iba a follar su coño pero no fue así. Iba sintiendo abrirse su culo dejando que ese strapon fuera penetrándole. Miraba a Paula llegando a soltar unas lágrimas conforme el strapon iba penetrándola causándole un fuerte dolor que hizo a Paula que mientras la miraba y sonreía la humillaba y la insultaba.

¡Mi perra!, tu hija va a acelerar que estés dispuesta para mi. ¡Sigue Sara! Me encanta que entre las dos juntas hagamos de tu madre la puta sumisa más guarra y viciosa que he conocido.

Me dio pena de mi Señora Paqui, la estaba destrozando su propia hija y lo peor es que estaba disfrutando al hacerlo en connivencia con Paula. Por fin cesó la tortura, Paqui quedó tirada en el suelo sollozando. Me acerqué a ella y la acaricié tratando de consolarla mientras Sara y Paula se echaban una sobre otra en el sofá compartiendo un cigarrillo.

Paula, te he de confesar que me has hecho sentir algo muy grande y desconocido para mí.

No sabes lo que me gusta oírte. Vas a ser tú quien se encargue de hacer que tu madre, nuestra perra sumisa, avance en obediencia y entrega. Solo la podrás usar con mi autorización y si necesitas algo te vales de tu esclavo.