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Dominaciónene 2025

Mi vecina me domina (27)

Paula no solo domina a su pareja, sino que ha convertido a toda la casa en su dominio. Cuando la hija llega a casa, descubre que su sumisión no es un secreto, sino una herencia de placer y dolor que ahora le corresponde aceptar.

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Al llegar al dormitorio Paula me mandó limpiar a Paqui que ya hasta por los muslos le caían gotas de flujo. Comencé por sus pies subiendo con mi lengua por sus piernas hasta llegar a su coño que parecía que se había orinado. Mientras Paula seguía acariciándola por todo su cuerpo, en especial sus pechos que habían tomado un color que parecía iban a explotarle por las ataduras de la cuerda.

¿Has terminado esclavo? Si es así tráeme el plug que he traído de mi bolso.

Cuando lo vi en su bolso no imaginé que podría ser para mi.

Bien, inclínate y te acercas a mi.

Con mi culo ofrecido fue introduciendo el plug en mi culo hasta quedar totalmente en mi interior.

Ahora ve y tráeme el rollo de cinta adhesiva ancha.

Lo que me pidió fue para rodear mi culo con ella y así evitar que pudiera salirse. No solo me lo puso en mi culo sino que rodeo mi cintura atrapando con ella mi polla.

Así no tendré que preocuparme de ti ya que no podrás masturbarte. Ja, ja, ja. ¡Al suelo, perro!

Estando en el suelo me vino pensar lo humillado que me sentía vestido de criada, con el plug enorme en mi culo y sin poder gozar al verlas. Sin embargo mi pensamiento pronto se disipó y pasóc a sentirme orgulloso y feliz de mi condición.

Ven mi perra, voy a gozar de ti como nunca. Me gustan tus tetas atadas, te hace tenerlas bien duras como a mí me gusta.

Paula se detuvo en morder los pezones de Paqui que comenzó a gemir de dolor. La respuesta de Paula fue detenerse y mirarla fijamente a la cara propinándole varios bofetones mientras le hablaba.

Puta perra sumisa, bien sabes que no me gusta escuchar quejidos tuyos.

Paula, enfadada le ato las manos y levantó sus brazos tirando de la cuerda para pasarla por su espalda llegando a alojarse entre los labios de su coño y terminar atándola de nuevo a sus manos. De esta manera si Paqui intentaba bajar los brazos la cuerda se clavaría fuertemente en su coño. dolorosos

Así estás mejor, perra. Voy a hacer que aprendas muy pronto lo que eres para mí.

Paula se levantó, tomó el látigo corto trenzado y tras poner en la boca de Paqui la mordaza de bola inició una tanda de latigazos sobre sus pechos que a juzgar por las marcas que dejaba el látigo en ellos debían ser muy dolorosos. Cuando decidió parar se encendió un cigarrillo y se sentó en la cama junto a Paqui que ya derramaba unas lágrimas de dolor.

Mi perra no me gusta castigarte pero has de entender que es necesario que lo haga. ¿Lo entiendes verdad?

El humo salió de la boca de Paula rodeando la cara de Paqui que por la mordaza no podía tragarlo como hubiera deseado. Solo pudo responder con un gesto de su cabeza.

Me gusta que lo entiendas. Te voy a quitar la mordaza, me apetece besarte.

Se la quito y junto su boca a la de Paqui compartiendo el cigarrillo que estaba fumando. Así estaba cuando me mandó acercarme y lamerle.

¡Levanta esclavo y chúpame bien el culo! Yo también quiero mi parte de placer.

Se colocó sobre mi abriendo su culo a mi boca mientras seguía besando a Paqui.

Paqui, me gusta que seas mía y me he propuesto hacer de ti una verdadera puta de mi propiedad. Viviré a costa de tus servicios, haré que no tengas límites en tu entrega y te cuidaré.

El culo de Paula presentaba contracciones que yo aprovechaba para introducir mi lengua en él y lamerle como a ella le gustaba. No quería enfadarla pues sabía lo que me podía esperar por su condición sádica.

¡Abre tu boca que te voy a dar un regalo muy personal mío!.

Abrí mi boca y una sonora ventosidad maloliente inundó mi boca tragándolo todo como si fuera un manjar, y lo era. Ahora la boca de Paula se encargaba del coño de Paqui. Paqui comenzó a gemir muy fuerte ante la llegada de su orgasmo. En ese momento la puerta del dormitorio se abrió, había llegado su hija Sara.

Pasa cariño, ven aquí.

Sara no dudó en pasar y echarse en la cama junto a su madre. Iba a besarla cuando Paula la detuvo.

Tu madre me pertenece y soy solo yo quien autoriza quien la puede usar. ¿Qué estás dispuesta a ofrecerme?

Sara quedó pensativa, me apartó de Paula y se dispuso a lamer su culo a la vez que con sus dedos frotaba su clítoris.

Siiiii…. Sigue, me gusta como lo haces.

En ese momento Sara le ofreció a Paula el látigo con el que había azotado a su madre.

Toma, se lo que te gusta y es mi deseo que lo uses en mí para escucharte gemir muy alto de placer. ¡Te pertenezco yo también Paula!.

Te das cuenta Paqui como me quiere tu hija. Mira bien como la trato.

Paula se giró y pisando su cuello comenzó a azotarla. Sara no cesaba en gemir a la vez que le suplicaba más y más.

Paula, mi Ama, necesito más, por favor te lo suplico.

Lo vas a tener pero no de mí sino de ella. Paqui toma y azota a tu hija.

¿Como voy a azotar a mi propia hija? Por favor Paula no me obligues a hacer eso, te lo suplico. Haz conmigo lo que quieras pero eso no.

Está bien, cuando yo te ordene hacer algo me obedeces, ¿lo has entendido, perra?.

Paula se había encendido un cigarrillo y lo acercaba a los pezones de Paqui a la vez que daba fuertes caladas al cigarrillo para que se mantuviera encendido.

Nooooo…. Por favorrrrrrr.

Los gritos de Paqui no hicieron más que elevar el deseo sádico de Paula que no solo lo acercaba sino que lo mantenía pegado a sus pezones dándole fuerte caladas.

Me gustan como van a quedar tus pechos y tus pezones.

Paula, por favor, para. No ves lo que sufre mi madre.

Paula se giró y de un bofetón hizo caer al suelo a Sara.

¡Cállate! Después me encargaré de ti. Mientras quiero que trates al esclavo como se merece. Creo que lo está necesitando.

Sara se acercó a mí para con sus manos apretar mis huevos y estirarlos. El dolor era grande. Ahora sus manos se posaron en mi pecho y con sus uñas estiraron mis pezones. Mientras lo hacía no dejaba de mirar a Paula como estaba tratando a su madre. Sus lágrimas aparecieron en sus ojos aunque no por ello cesó en mi tratamiento.

Sara deja al esclavo y dedícate a mi. Tu madre me ha puesto muy caliente.

Paula se echó en la cama junto a Paqui y dejo que Sara le chupara y lamiera su coño chorreante de flujo. Conforme iba aumentando su placer sus manos volvieron a apoderarse de los pechos de Paqui.

Sigue Sara, no pares. Entre tú madre y tú vais a darme uno de los mejores orgasmos de mi vida.

Paula chillaba sin cesar clavando sus uñas en los pezones torturados de Paqui a la vez que su orgasmo la llenó por completo. Al terminar, Sara se abalanzó sobre su madre para desatar sus brazos y sus pechos que ya mantenían un olor amoratado con pequeñas burbujas en sus pezones debido al cigarrillo con que Paula la había torturado.

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