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Saboreando los cuernos - Parte 5

Andrea ya no es la tímida que era; ahora domina la escena, saboreando el poder de ver a su novio arder en celos y deseo mientras otro hombre la posee. ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar para mantener esta llama encendida?

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Capítulo 5: Liberación y lujuria

Marco no se detuvo. Con una seguridad que desarmó por completo a Andrea, deslizó lentamente su tanga hacia abajo, hasta dejarlo colgando en uno de sus tobillos. La fragancia íntima de Andrea se hizo más evidente, y Marco sonrió, inhalando apenas, como si quisiera grabar ese momento en su memoria.

—Eres perfecta, —murmuró, su voz grave resonando en el silencio.

Andrea tembló ligeramente. Sus piernas parecían querer ceder bajo la intensidad del momento, pero se mantuvo firme. Su mirada volvió a buscar a Eric, quien permanecía inmóvil contra la pared, con los ojos fijos en ella. Había algo en su expresión, una mezcla de deseo ardiente y total entrega, que la hizo sentirse completamente liberada.

—¿Te gusta lo que ves, amor? —preguntó Andrea, su tono tembloroso pero lleno de una nueva confianza que apenas reconocía.

Eric asintió, incapaz de formar palabras, mientras una mano bajaba lentamente hacia el cinturón de sus pantalones, incapaz de resistir más la presión de todo lo que había estado viendo.

Marco aprovechó el instante y se inclinó para besar a Andrea de nuevo, esta vez con una pasión mucho más intensa. Su mano subió por su muslo desnudo, acariciando su piel con movimientos lentos pero firmes, hasta detenerse en el calor húmedo entre sus piernas. Andrea dejó escapar un gemido que resonó en la habitación, sus manos aferrándose al cuello de Marco mientras sentía cómo los dedos de él exploraban su humedad con confianza.

—Estás tan mojada, —murmuró Marco contra sus labios, deslizando un dedo con suavidad entre sus pliegues.

Andrea apenas podía respirar. Su mente era un torbellino, pero su cuerpo no dejaba lugar a dudas. Quería más, mucho más, y la mirada de Eric solo aumentaba ese deseo.

—Quiero que sigas, —susurró Andrea, su voz ronca.

—Eso depende de él, —respondió Marco, girando la cabeza para mirar a Eric por primera vez desde que todo comenzó.

Eric se acercó lentamente, su rostro encendido de deseo. Se detuvo junto a Andrea, inclinándose para besarla con una intensidad que la tomó por sorpresa. Fue un beso profundo, cargado de pasión y complicidad, como si le estuviera dejando claro que, pase lo que pase, esto lo estaban viviendo juntos.

Cuando se separaron, Eric sostuvo la mirada de Marco y asintió con firmeza.

—Hazla sentir como se merece, —dijo, su voz grave y llena de determinación.

Andrea jadeó, su pecho subiendo y bajando rápidamente mientras Marco la tomaba de la cintura y la guiaba hacia un pequeño sofá en la esquina de la habitación. La hizo sentarse con cuidado, sus manos aún recorriendo su cuerpo, mientras Eric permanecía de pie, observando cada detalle con los labios entreabiertos y los ojos ardiendo de deseo.

Marco se arrodilló frente a Andrea, sus manos deslizándose por sus muslos mientras la miraba directamente a los ojos.

—Relájate, preciosa, esto apenas empieza, —susurró, justo antes de besar el interior de sus muslos, dejando un rastro ardiente que hizo que Andrea arqueara la espalda.

Eric no podía apartar la mirada. Su mente estaba inundada de pensamientos, pero en ese instante no había lugar para nada más que el deseo y la anticipación de lo que estaba a punto de suceder.

La puerta de la habitación se cerró lentamente, aislándolos del murmullo del club. Andrea, apoyada contra la pared con el vestido ligeramente arrugado en sus caderas, respiraba profundamente, todavía sintiendo la electricidad del momento anterior. Sin tanga, solo cubierta por el provocativo vestido negro, su cuerpo parecía diseñado para ser el centro de atención.

Marco dio un paso hacia ella, su mirada fija en sus ojos, pero con un recorrido evidente por cada curva de su cuerpo. Eric, junto a la puerta, observaba con las manos tensas, su respiración casi al mismo ritmo que la de Andrea.

—¿Lista para seguir jugando? —preguntó Marco en un tono grave, su voz rebosante de confianza.

Andrea, todavía rozando la línea entre la timidez y el desenfreno, mordió su labio inferior. Miró a Eric de reojo, buscando esa chispa de aprobación que la empujaba a cruzar límites que nunca pensó. Cuando él asintió, sus labios curvándose en una sonrisa excitada, Andrea sintió cómo se desvanecían sus inhibiciones.

—¿Qué tan lejos quieres que vayamos? —preguntó Andrea, su voz teñida de morbo mientras dirigía la pregunta tanto a Marco como a Eric.

Marco no respondió con palabras. En lugar de eso, llevó sus manos al borde del vestido y comenzó a deslizarlo hacia arriba, dejando al descubierto sus muslos, las ligas que adornaban sus piernas, y la piel desnuda que Eric sabía bien que solo él había explorado hasta ahora.

—Eres increíble —susurró Marco, sus dedos deslizándose por sus caderas mientras levantaba la tela hasta que el vestido quedó amontonado en su cintura.

Andrea exhaló un gemido suave al sentir las manos firmes de Marco acariciando su piel. Sin ropa interior, estaba completamente expuesta ante él… y ante Eric, que no apartaba la vista ni un segundo.

—Mira cómo te mira —murmuró Marco, su voz baja y cargada de deseo. —Parece que le encanta verte así.

Andrea sonrió, comenzando a entrar en un rol que jamás habría imaginado. Se volvió hacia Eric, sus ojos brillando con una mezcla de picardía y excitación.

—¿Te gusta? —preguntó, mientras Marco deslizaba una mano por su abdomen desnudo, ascendiendo lentamente hacia sus pechos.

Eric asintió, su voz apenas un susurro.

—Mucho, cariño. Estás… increíble.

Esa aprobación encendió algo en Andrea. Se giró hacia Marco y lo dejó continuar, cerrando los ojos cuando sus manos firmes alcanzaron sus pechos desnudos. Los pezones de Andrea estaban duros de excitación y Marco los tomó con cuidado al principio, explorando su suavidad, hasta que comenzó a jugar con ellos, alternando entre apretar y masajear con más intensidad.

Andrea dejó escapar un jadeo, sus labios entreabiertos mientras su respiración se aceleraba.

—Dios, esto es tan… intenso —murmuró, mientras apoyaba sus manos en los hombros de Marco para no perder el equilibrio.

Marco, aprovechando el momento, bajó la cabeza hacia su cuello, dejando una serie de besos húmedos que descendieron hasta la clavícula. Andrea arqueó la espalda, ofreciendo más de sí misma, completamente entregada al morbo de la situación.

—Te encanta, ¿verdad? —le susurró Marco al oído. —Saber que él está ahí, mirándote…

Andrea abrió los ojos y buscó la mirada de Eric, que ahora se había acercado un poco más. Su expresión estaba cargada de deseo, y ella sintió una ola de poder al saber que lo que hacía lo estaba excitando tanto como a ella.

—Sí —confesó, en un susurro casi inaudible—. Me encanta que esté aquí… mirándome.

Marco sonrió y llevó una de sus manos a la base de la espalda de Andrea, acercándola más a él mientras sus labios encontraban el contorno de uno de sus pechos. Comenzó a besarla con delicadeza, su lengua rozando la dureza de su pezón sensible, mientras Andrea no podía evitar gemir más fuerte.

Eric, incapaz de resistirse, dio un paso más cerca, su mirada fija en cómo Andrea se movía al ritmo de las caricias de Marco. Sus manos estaban tensas a los costados, pero su excitación era evidente.

—Eres preciosa, Andrea —dijo Eric, con la voz cargada de deseo.

Andrea giró su rostro hacia él, sus mejillas encendidas y su respiración agitada.

—No puedo creer lo mucho que me gusta esto… —susurró.

Marco, mientras tanto, no dejó que el momento se enfriara. Sus manos bajaron hasta las caderas de Andrea, acariciando su piel desnuda mientras su boca seguía explorando su pecho con más intensidad. Cuando se separó por un segundo, su mirada ardiente se cruzó con la de Eric.

—Eres un hombre afortunado —dijo Marco, su voz grave pero respetuosa.

Andrea, sintiéndose más deseada que nunca, inclinó la cabeza hacia atrás y dejó que un gemido suave llenara el aire.

—Esto es solo el principio… —murmuró Marco, mientras deslizaba sus dedos con delicadeza hacia los muslos de Andrea, acariciando el interior lentamente y creando una tensión deliciosa.

Andrea, completamente perdida en el momento, alzó una mano hacia Eric, invitándolo a acercarse más. Había en ella una nueva confianza, una liberación que nunca antes había sentido. La situación no hacía más que volverse más intensa y adictiva para todos.

Andrea alzó la cabeza, respirando con profundidad, mientras sus ojos se posaban directamente en los de Eric. Había algo nuevo en su mirada: un fuego, una seguridad que hacía que cada movimiento suyo irradiara poder. Marco seguía explorando su cuerpo, sus manos grandes y firmes subiendo por sus muslos, pero ahora era Andrea quien guiaba el momento.

Llevó una mano a la nuca de Marco, inclinándolo para que siguiera besando su cuello, pero su atención seguía clavada en Eric.

—¿Te gusta lo que ves? —preguntó, su voz sedosa y cargada de morbo.

Eric tragó saliva, su garganta seca mientras intentaba procesar todo lo que estaba sintiendo. Asintió lentamente, sus ojos fijos en cómo las manos de Marco desaparecían bajo el vestido de Andrea, acariciando sus pliegues húmedos con devoción.

—Me encanta, cariño… Estás… tan sexy.

Andrea sonrió, satisfecha con su respuesta. Cerró los ojos por un momento, disfrutando de los dedos de Marco que ahora se deslizaban más arriba, acariciando el interior de sus muslos y rozando lentamente su intimidad húmeda. Soltó un gemido suave, pero pronto volvió a abrir los ojos, buscando de nuevo a Eric.

—Dime… —susurró, su voz entrecortada por el placer—. ¿Te pone cachondo verme así… con otro hombre?

Eric, sin poder apartar la mirada, dejó escapar un suspiro entrecortado.

—Mucho, cariño… No sabía que me iba a excitar tanto.

Marco, que hasta ahora había mantenido un perfil más silencioso, dejó escapar una sonrisa ladina mientras sus dedos empezaban a explorar más a fondo.

—Es una mujer increíble, ¿no? —dijo, su voz baja pero cargada de admiración, mientras movía sus dedos con más precisión. Andrea arqueó la espalda, su cuerpo respondiendo a cada caricia.

—Es perfecta… —susurró Eric, casi sin darse cuenta.

Andrea gimió, dejando que su cuerpo se relajara por completo contra las manos de Marco. A pesar del placer evidente, su atención seguía en Eric, como si cada toque de Marco estuviera diseñado no solo para excitarla a ella, sino también para deleitarlo a él.

—Dime, amor… —jadeó, su respiración acelerándose—. ¿Te gusta verme así? ¿Saber que estoy disfrutando de él… mientras me miras?

Eric no pudo contenerse. Dio un paso más cerca, su rostro ahora a pocos centímetros del de Andrea. Sus ojos estaban llenos de deseo, pero también de cariño y fascinación.

—Sí, mucho, me encanta Andrea… Nunca pensé que algo así podría ser tan… excitante.

Marco, mientras tanto, aprovechaba cada segundo. Sus dedos se movían con maestría, deslizándose en la vagina húmeda de Andrea mientras su otra mano seguía jugando con sus pechos desnudos. El vestido ya no cubría nada; Andrea estaba prácticamente desnuda, expuesta y completamente entregada al momento.

—Estás tan mojada… —murmuró Marco, su voz grave directamente al oído de Andrea, quien soltó un gemido más fuerte al escuchar esas palabras.

Andrea se mordió el labio, su mirada alternando entre Marco y Eric. Quería más, pero también quería que Eric se sintiera parte del momento.

—¿Te gustaría tocarme también? —preguntó Andrea, con una sonrisa traviesa, mientras sus caderas comenzaban a moverse al ritmo de los dedos de Marco.

Eric pareció dudar por un momento, pero el deseo en su rostro era innegable.

—No… quiero que disfrutes, Andrea… Quiero verte feliz.

Andrea jadeó ante su respuesta, sintiendo cómo el placer subía en oleadas. Llevó una mano a la nuca de Marco, acercándolo para susurrarle algo que Eric no pudo escuchar, pero que hizo que Marco sonriera aún más mientras intensificaba sus caricias.

—Dile a Eric cómo te sientes… —le dijo Marco, su voz suave pero firme, mientras sus dedos se hundían más profundamente.

Andrea no dudó. Giró la cabeza hacia Eric, sus labios temblando de placer mientras hablaba.

—Me siento… tan deseada. Tan sexy. Es increíble sentir cómo me miras, cómo Marco me toca… Me encanta como lo hace.

Eric no podía apartar la mirada. Su pecho subía y bajaba rápidamente, sus manos tensas a los costados. Estaba al borde, completamente atrapado por la escena que se desarrollaba frente a él.

—Eres… perfecta, Andrea. —Su voz era apenas un susurro, cargado de emoción.

Andrea, perdida en el placer y el poder de la situación, dejó que sus caderas se movieran con más intensidad contra los dedos de Marco. Sabía que estaba llevando a ambos hombres al límite, y eso solo la excitaba más.

—Esto es solo el principio… —murmuró Andrea, con una sonrisa mientras miraba a Eric y luego a Marco, completamente entregada al momento.

Andrea estaba completamente perdida en el placer. Con Marco arrodillado frente a ella, sus labios y lengua trabajando con habilidad sobre su clítoris, sentía cómo cada caricia despertaba sensaciones nuevas, casi abrumadoras. Pero lo que la encendía aún más era la mirada de Eric, que observaba todo desde apenas un metro de distancia, con el pecho subiendo y bajando rápidamente, los ojos clavados en cada movimiento de Marco y en las expresiones extasiadas de Andrea.

Ella giró la cabeza hacia él, con una sonrisa cómplice que irradiaba deseo. Su mano se extendió hacia Eric, invitándolo a acercarse.

—Ven aquí, mi amor —jadeó, con la voz rota por el placer—. No quiero que te quedes mirando sin participar…

Eric dio un paso adelante, casi temblando de la mezcla de excitación y nervios. Andrea se inclinó hacia él, sus dedos deslizándose por el bulto evidente que marcaba sus pantalones. Desabrochó el botón con destreza, liberándolo mientras lo miraba directamente a los ojos, una chispa juguetona brillando en su mirada.

—Déjame hacerte sentir bien mientras él me da placer —susurró, antes de inclinarse y rodear la punta de su erección con sus labios suaves y húmedos.

El gemido que escapó de Eric fue incontrolable. Andrea empezó a mover la cabeza lentamente, sus labios deslizando cada centímetro de él mientras mantenía un ritmo constante. Sus manos firmes lo sostenían por la base, mientras su lengua trazaba círculos que lo hacían estremecer.

Marco, por su parte, no dejó de atender a Andrea. Sus manos fuertes se aferraban a las caderas de ella, sosteniéndola en su lugar mientras su lengua se movía con precisión, alternando entre suaves lamidas y movimientos más rápidos que arrancaban gemidos intensos de sus labios.

—Dios, Andrea… —jadeó Eric, entrecerrando los ojos por la intensidad del momento.

Ella levantó la mirada hacia él, sin detenerse, sus labios hinchados deslizándose con más profundidad mientras una de sus manos acariciaba sus muslos. El contraste entre el placer que le daba a Eric y lo que recibía de Marco la tenía en un estado de éxtasis absoluto.

—Se siente tan… tan bien, me voy a correr si sigue así… —murmuró Andrea entre gemidos, sacando a Eric de su boca momentáneamente, su voz entrecortada por los movimientos expertos de Marco—. Verte así… saber que te gusta lo que hacemos…

Eric, casi sin aliento, posó una mano en el cabello de Andrea, acariciándola con ternura mientras ella retomaba su ritmo, aumentando la intensidad. Sus ojos, oscilando entre la mirada fija de Eric y los movimientos de Marco, brillaban con puro deseo.

—Eres tan hermosa, Andrea… —susurró Eric, su voz temblando de emoción y placer.

El momento alcanzó un nuevo nivel de erotismo cuando Marco añadió sus dedos al juego. Mientras su lengua seguía atendiéndola, deslizó lentamente dos dedos dentro de ella, haciéndola arquear la espalda y gemir más fuerte, sin poder contenerse. Andrea se separó momentáneamente de Eric, su respiración acelerada y sus labios brillando.

—Marco… sigue… sí, así… —jadeó, mirando por un momento a Eric y luego volviendo a perderse en las sensaciones que ambos hombres le daban.

Eric, al ver la expresión de placer absoluto en el rostro de Andrea, no pudo resistir más. Se inclinó hacia ella, tomándola por la nuca para besarla profundamente, compartiendo la pasión del momento. Andrea respondió con igual intensidad, mientras Marco continuaba trabajando su cuerpo con una precisión que la hacía temblar.

—Quiero que disfrutes tanto como yo… —susurró Andrea contra los labios de Eric, mientras su mano seguía lamiéndolo.

Eric solo asintió, perdido en el momento. Andrea alternaba entre darle placer oral a él y dejarse llevar completamente por lo que Marco hacía, creando una conexión cargada de erotismo entre los tres. Cada movimiento, cada gemido y cada mirada intensificaban la atmósfera, llevando el momento a un nivel de intimidad y deseo que ninguno de ellos olvidaría jamás.

Finalmente, Andrea soltó un grito ahogado, su cuerpo estremeciéndose mientras alcanzaba un orgasmo profundo y prolongado, sus manos aferrándose al muslo de Eric y al hombro de Marco. Los tres se quedaron allí por un momento, atrapados en la energía del momento, sabiendo que acababan de cruzar una línea que transformaría para siempre su relación y su forma de disfrutar del deseo compartido.

Andrea se coloca de pie, con el vestido aún colgando de sus hombros. Con una mirada cargada de determinación, observa a Marco mientras lo empuja con suavidad para que se recueste en el sillón.

—Ahora me toca a mí hacerte disfrutar… —susurra, deslizando las manos por su pecho desnudo, su voz seductora encendiendo aún más el ambiente.

Se inclina lentamente sobre Marco, dejando que sus labios rocen los suyos en un beso suave pero prometedor. Luego, sin romper el contacto visual, baja sus manos hasta su cintura, desabrochando el pantalón de Marco con deliberada lentitud. Eric, a un lado, la observa con los ojos fijos, su respiración acelerada y sus manos tensas sobre sus muslos.

Cuando Andrea libera el pene erecto de Marco, su expresión cambia a una mezcla de asombro y morbo. Lo envuelve con una mano, acariciándolo con movimientos suaves y medidos.

—Vaya, Marco… Es tan grande… —dice, con un tono entre juguetón y excitado, mientras Marco suelta un gemido grave que retumba en la habitación.

Andrea busca el condón en la mesa auxiliar que Marco había dejado allí, lo abre con los dientes y, con precisión, lo desliza sobre su duro miembro. Una vez colocado, se sube lentamente a horcajadas sobre él, su vestido cayendo finalmente al suelo y revelando su cuerpo desnudo y ansioso.

Andrea coloca las manos en los hombros de Marco para estabilizarse, guiando su pene hacia su entrada con una facilidad que denota lo mojada que está. Su respiración se acelera mientras comienza a descender, sintiendo cómo la invade completamente. Marco suelta un profundo gemido al sentir su calidez envolviéndolo.

Eric, sentado a un lado, no puede apartar la vista. La imagen de su novia montando a otro hombre frente a él lo tiene completamente cautivado, atrapado entre los celos y la excitación más intensa que ha sentido jamás. Otro hombre que no era él se estaba follando a su novia delante de sus narices y eso le ponía muy, muy cachondo.

—¿Te gusta lo que ves, cariño? —pregunta Andrea, girando la cabeza hacia él con una sonrisa traviesa mientras comienza a moverse lentamente, sus caderas ondulando con gracia.

Eric apenas logra articular una respuesta, asintiendo mientras sus ojos siguen cada movimiento de su cuerpo.

Andrea, sintiendo el control total de la situación, comienza a moverse con más confianza, apoyándose en el pecho de Marco mientras sus gemidos llenan la habitación. Las manos de Marco recorren su espalda y bajan hasta sus caderas, ayudándola a moverse sobre él con más intensidad.

—Eres increíble, Andrea… Te ves tan sexy… —murmura Marco entre dientes, su voz cargada de deseo.

Andrea lo mira a los ojos, luego dirige su atención a Eric, que se ha acercado un poco más. Con un movimiento rápido, lo toma de la mano y lo lleva hacia ella.

—Ven aquí mi amor… Quiero que lo veas todo de cerca.

Eric, incapaz de resistirse, se arrodilla junto al sillón, sus ojos fijos en el punto donde Andrea y Marco están conectados. La visión lo tiene completamente hipnotizado. Andrea lo acaricia suavemente en el rostro antes de inclinarse hacia él para besarlo profundamente, compartiendo su excitación con él.

Andrea aumenta el ritmo de sus movimientos, su cuerpo brillando con una fina capa de sudor mientras se deja llevar por el placer. Sus gemidos se vuelven más intensos, mezclándose con los de Marco. Eric, completamente atrapado por la escena, siente que su propio deseo aumenta al punto de no poder contenerse.

—Eres una Diosa…—susurra Eric, su voz ronca por la emoción, mientras la observa alcanzar el orgasmo, su cuerpo temblando sobre Marco.

Andrea, todavía jadeante, se reclina hacia atrás, apoyándose en el pecho de Marco mientras trata de recuperar el aliento. Su mirada se encuentra con la de Eric, y ambos sonríen con complicidad, sabiendo que han cruzado una barrera que los une más que nunca.

Andrea se levanta lentamente de Marco, su cuerpo todavía temblando por las sensaciones. El condón sigue en su lugar mientras ella se gira hacia Eric, completamente satisfecha pero con una chispa de deseo aún presente en sus ojos.

—Esto… fue solo el principio —dice, con una sonrisa traviesa mientras se acerca a él para besarlo profundamente.

Eric la toma en sus brazos, sintiendo que el morbo y la conexión entre ellos han alcanzado un nivel completamente nuevo, mientras Marco los observa con una sonrisa satisfecha en el rostro.

Andrea y Eric se quedaron dormidos por culpa del cansancio y las fuertes emociones vividas.

Unas horas después, aún de noche pero asomando los primeros rayos de sol, Andrea despertó, pero no se levantó enseguida. Se quedó recostada sobre el pecho de Eric, repasando mentalmente lo que había sucedido aquella noche con Marco. Una sonrisa traviesa apareció en sus labios mientras su mano, casi de forma inconsciente, se deslizaba por el abdomen de Eric hasta su cintura.

—Buenos días, mi cornudo favorito, —susurró, dejando un suave beso en su cuello.

Eric abrió los ojos lentamente, aún adormilado, pero no pudo evitar el cosquilleo que las palabras de Andrea le provocaron.

—¿"Tu cornudo"? —preguntó con una mezcla de sorpresa y excitación, todavía procesando lo que acababa de escuchar.

—Claro, ¿no te gusta? —respondió ella, acariciando lentamente el interior de sus muslos, mientras una chispa de picardía iluminaba su mirada. —Me encanta cómo me miras cuando estoy con él. Es como si no pudieras apartar los ojos de nosotros…

Eric tragó saliva, su cuerpo reaccionando ante la confesión de Andrea.

—Amor… —empezó, pero ella lo interrumpió colocando un dedo sobre sus labios.

—Shhh, —le susurró antes de deslizarse fuera de la cama. Su tanga y vestido todavía estaban en el suelo, pero no hizo intención de recogerlos. Se giró hacia Eric, desnuda, con la misma seguridad que había comenzado a descubrir en ella. —Voy a buscar algo… Te quiero quietecito aquí, no te me vayas a escapar.

Eric la observó mientras salía de la habitación, su mirada fija en las sexys curvas de su cuerpo desnudo. Minutos después, Andrea regresó, con una sonrisa en los labios y una energía renovada. Se detuvo junto a la cama y, sin mediar palabra, se arrodilló frente a Eric, apartando las sábanas que cubrían su cuerpo.

—Aún estoy cachonda por lo de esta noche, —confesó mientras sus manos exploraban suavemente la erección de Eric. —Pero necesito algo más, algo que me deje completamente satisfecha y saciada.

Antes de que Eric pudiera responder, Andrea se inclinó y comenzó a besarlo con un hambre lenta pero decidida. Su lengua jugaba con la suya y sus labios, mientras sus manos recorrían su cintura y bajaban hacia su miembro.

De repente, se detuvo y giró la cabeza hacia la puerta. Era Marco, él estaba ahí, apoyado contra el marco, vestido solo con unos pantalones de lino sueltos.

—¿Interrumpo? —preguntó con una sonrisa cargada de intención, sus ojos recorriendo el cuerpo de Andrea, el mismo que había devorado aquella noche, mientras ella se posaba a cuatro patas en la cama.

Andrea lo miró por encima del hombro, una chispa de desafío en su mirada.

—Para nada, guapo, —respondió mientras mantenía contacto visual con Eric. —De hecho, creo que llegaste justo a tiempo.

Sensualmente, Andrea lo invitó a entrar en la cama. Sus labios comenzaron a explorar el abdomen de Marco mientras él deslizaba los dedos por su cabello.

—¿Qué opinas, cariño? —preguntó Andrea en un susurro. —¿Te pone cachondo verme así? Ahora eres un cornudo… ¿No era esto lo que querías? Lo que me pedías…

Eric asintió, incapaz de hablar mientras la escena que se desarrollaba frente a él lo llenaba de una mezcla de celos y un morbo incontrolable.

Andrea volvió a centrar su atención en Marco, besándolo cada vez más abajo, hasta que finalmente liberó su dura erección de los pantalones. Sin apartar la mirada de Eric, comenzó a darle cariñosos besos con movimientos lentos, saboreando cada centímetro mientras sus gemidos llenaban la habitación.

Eric no pudo evitar acercarse a la cama, su excitación palpable. Andrea, notándolo, giró un poco su cuerpo y, mientras seguía atendiendo a Marco, invitó a Eric con un gesto a unirse a ellos.

—Vamos, cariño, —dijo en tono seductor. —Quiero sentirte dentro de mí mientras me divierto con él.

Eric obedeció las dulces palabras de su novia y se colocó detrás de ella, sus manos recorriendo y agarrando su culo, antes de penetrarla lentamente. Andrea arqueó la espalda y dejó escapar un gemido intenso, disfrutando de la sensación de ser atendida por ambos hombres.

El orgasmo de Eric llegó rápidamente, pero Andrea, lejos de molestarse, lo miró con una sonrisa cariñosa y un toque de burla.

—¿Eso es todo, mi cornudo? —dijo mientras acariciaba su mejilla. —Creo que Marco y yo tendremos que encargarnos del resto… ¿Me das permiso, verdad que sí?

Marco, sin perder tiempo, tomó a Andrea por la cintura y la guió hacia él. Su mirada era intensa, cargada de deseo, y Andrea no dudó en seguirlo mientras su cuerpo pedía más.

Marco tomó a Andrea y la guió hasta la cama, donde la colocó a cuatro patas. Su mirada recorrió su cuerpo desnudo y entregado, deteniéndose en cada curva mientras agarraba su culo con manos firmes. Andrea, respirando entrecortadamente, giró la cabeza hacia él y susurró, con voz entrecortada:

—Por favor, Marco… fóllame.

Marco sonrió, inclinándose hacia ella para besar su espalda mientras sus manos bajaban lentamente por sus muslos. Se colocó con rapidez y maestría un condón sobre su pene, duro y listo, que se rozaba contra la entrada húmeda de Andrea, quien movía sus caderas instintivamente, buscando más contacto y roce.

—¿Estás tan impaciente, bonita? —preguntó Marco con tono provocador, deslizando su punta apenas dentro de ella, para luego retirarla.

—Sí, por favor… te necesito. —La voz de Andrea era un susurro cargado de deseo, mientras apretaba las sábanas bajo sus manos y arqueaba su espalda para ofrecerse completamente a él.

Mientras tanto, Eric observaba desde una esquina de la cama, su mirada fija en la escena que se desarrollaba ante él. La tensión sexual llenaba la habitación, y la mezcla de celos y excitación lo mantenía inmóvil, con el pulso acelerado.

Marco continuó provocándola, entrando apenas unos centímetros y retirándose, lo que hizo que Andrea soltara una serie de gemidos frustrados y ansiosos.

—Por favor, Marco… no me hagas esperar más, —suplicó, girando ligeramente la cabeza hacia Eric y encontrando sus ojos. —¿Mi vida… lo estás disfrutando, verdad? ¿Quieres que Marco me folle? Dime que sí.

Eric asintió en silencio, incapaz de apartar la mirada. Su erección crecía de nuevo mientras veía cómo Marco tomaba el control de Andrea. Sus manos comenzaron a moverse instintivamente sobre su miembro, siguiendo el ritmo de la escena.

Marco, finalmente cediendo, tomó las caderas de Andrea con más firmeza y la penetró de una sola vez, profundo, arrancando de ella un gemido desgarrador que resonó en toda la habitación.

—Dios… joder —gimió Andrea, sus caderas moviéndose al ritmo que Marco marcaba, lento al principio, pero aumentando en intensidad y fuerza.

Marco no se contenía; sus embestidas eran profundas, rápidas y precisas, haciendo que Andrea enterrara su rostro en las sábanas para amortiguar sus placenteros gemidos. Cada vez que Marco entraba en ella, Andrea levantaba la cabeza para buscar los ojos de su novio, quien seguía masturbándose frenéticamente mientras la miraba.

—Míralo, Eric, —jadeó Andrea entre gemidos, con su cuerpo temblando de placer bajo el dominio de Marco. —Mira cómo me hace suya…

Marco la sujetó aún más fuerte, inclinándose hacia su oído mientras continuaba embistiendo.

—Me encantas, Andrea, —le susurró. —Tu cuerpo está hecho para esto, para mí.

Andrea apenas podía responder, perdida en la sensación de ser poseída como nunca antes. Marco se movía con una fuerza que la hacía temblar, y cada embestida la llevaba más cerca su tan ansiado orgasmo.

Eric, jadeando, no podía dejar de mirarlos, su excitación llegaba a un punto casi insoportable. Ver a Andrea disfrutando como nunca, ver cómo su cuerpo respondía con tanto deseo, lo encendía de una manera que nunca había imaginado.

—¿Te gusta verme así, mi cornudo? —preguntó Andrea con una sonrisa traviesa, su voz entrecortada por los gemidos. —Mírame… Marco dice que estoy hecha para él.

Sus palabras, junto con la intensidad de la escena, llevaron a Eric al borde. Mientras tanto, Marco no daba tregua, intensificando sus movimientos hasta que Andrea, incapaz de contenerse, gritó de placer mientras se corría en un orgasmo tan brutal que su cuerpo quedó temblando del éxtasis.

Marco no se detuvo, disfrutando del control que tenía sobre ella, prolongando cada momento de su propio orgasmo que parecía no llegar aún. Eric, jadeando y visiblemente afectado, también alcanzó su clímax, dejando escapar un gemido bajo y ya apenas unas pocas gotas mientras observaba cómo Andrea se abandonaba por completo al placer.

Marco respiraba con dificultad mientras se retiraba de Andrea, su cuerpo aún vibrando por la intensidad de lo que acababan de compartir. Con movimientos decididos y seguros, se quitó el preservativo y lo dejó a un lado. Andrea, todavía de rodillas y con el rostro enrojecido por el placer, lo miró con una mezcla de lujuria y determinación.

—Todavía no he terminado contigo —murmuró Andrea, dejando que una sonrisa traviesa se dibujara en sus labios.

Se giró hacia Marco, inclinándose hacia adelante para tomar su pene húmedo, aún duro y palpitante con ambas manos. Su lengua se deslizó lentamente por la base, trazando un camino ascendente mientras sus ojos permanecían fijos en los de él, llenos de deseo.

—Eres tan sexy… —susurró Marco, apoyándose en la cama mientras Andrea empezaba a trabajar con una dedicación casi devota.

Andrea cerró sus labios alrededor de la punta, dejando que su lengua hiciera círculos lentos mientras succionaba suavemente. Poco a poco, lo tomó más profundo, moviendo su cabeza con un ritmo creciente, sus gemidos apenas contenidos mientras disfrutaba de la sensación de tenerlo completamente en su boca.

Desde su posición, Eric observaba con una mezcla de admiración, excitación y celos que lo hacían arder. Andrea, consciente de su mirada, alzó los ojos hacia él mientras seguía complaciendo a Marco, un gesto que intensificó aún más el morbo de la escena.

—¿Te gusta cómo se la lamo, mi amor? ¿Lo estoy haciendo bien? —preguntó Andrea, retirándose momentáneamente para acariciar a Marco con sus manos, dejando un rastro de saliva brillante en su piel. Su voz era baja, cargada de deseo.

Eric asintió en completo silencio, sus ojos oscuros llenos de lujuria, no podía creer a quién tenía delante, su novia se había convertido en la mayor de sus fantasías. Andrea sonrió antes de volver a inclinarse, lamiendo profundamente una vez más, su lengua y labios moviéndose con una precisión que hizo que Marco perdiera la cabeza.

—Dios… Andrea… —gimió Marco, su cuerpo tenso mientras trataba de contenerse, pero ella no se detuvo. Al contrario, intensificó el ritmo, dejando que sus gemidos resonaran mientras lo llevaba al borde del orgasmo.

Marco dejó escapar un gruñido bajo y gutural cuando finalmente se dejó ir, liberándose y finalmente corriéndose en la boca de Andrea. Ella lo tomó todo, sin apartarse, y luego se retiró lentamente, limpiándose los labios con movimientos hipnóticos de su lengua, que sólo hacían que el momento fuera aún más erótico.

Sin decir una palabra, Andrea se giró hacia Eric, que la miraba con los labios entreabiertos, incapaz de apartar la mirada. Con un gesto decidido, Andrea se acercó a él y lo besó con intensidad, dejando que sus lenguas se encontraran en un beso cargado de pasión, morbo y algo más.

—Eres mío, solo mío, enterito para mí —le susurró Andrea entre beso y beso, su voz suave pero firme, mientras acariciaba su rostro con ternura. —Y yo soy tuya… Y también de él, si me lo permites.

Eric respondió con un beso igual de apasionado, sosteniéndola contra él mientras la mezcla de sensaciones y fluidos los envolvía a ambos. En ese momento, no importaba nada más que el vínculo irrompible que compartían, incluso en medio de este nuevo mundo de deseo y descubrimiento, ambos eran el amor de sus vidas.

La brisa nocturna de camino a casa parecía enfriar sus cuerpos, pero no sus pensamientos. Andrea y Eric apenas hablaban, ambos inmersos en el torbellino de emociones y deseos que les había dejado la noche en el club. La presencia de Marco seguía grabada en sus mentes, especialmente para Andrea, que apretaba discretamente su bolso donde guardaba un pequeño trozo de papel con su número de teléfono.

Una vez llegaron a su piso, Andrea se quitó los tacones con un suspiro de alivio y se dejó caer en la cama. Su vestido, arrugado y ligeramente descolocado, aún dejaba entrever parte de su pecho, recordando las manos de Marco sobre ella. Eric cerró la puerta detrás de ellos, observándola en silencio, su propia excitación mezclándose con un nerviosismo que no podía explicar del todo.

—¿Cómo estás? —preguntó Eric finalmente, acercándose para acomodarse a su lado.

Andrea lo miró, y por un momento, no respondió. En lugar de eso, metió la mano en su bolso y sacó el número que Marco le había dado, dejando que el pequeño trozo de papel descansara entre ellos.

—No puedo dejar de pensar en él, —confesó, su voz suave pero cargada de honestidad.

Eric tragó saliva, sus ojos fijos en el papel. Sabía que esas palabras deberían doler, pero en lugar de eso, encendieron algo dentro de él. Algo que no entendía completamente, pero que estaba dispuesto a explorar por ella, por ellos.

—¿Y qué sientes al pensar en él? —preguntó, su voz ronca mientras su mano buscaba la de Andrea.

Ella sonrió ligeramente, un destello travieso iluminando sus ojos.

—Deseo. Curiosidad. Y... morbo, —admitió, apretando los dedos de Eric. —Pero lo que más me excita es cómo me mirabas mientras estaba con él. Ver cómo te ponías duro sólo por verme con otro hombre...

Eric dejó escapar un suspiro, inclinándose hacia ella, sus labios rozando su oído.

—¿Te gustó verme disfrutar? —preguntó, su tono cargado de lujuria.

Andrea giró la cabeza para encontrarse con sus ojos, y lo besó con fuerza, como si las palabras fueran insuficientes para expresar lo que sentía. Sus manos bajaron rápidamente hasta el cinturón de Eric, deshaciéndolo con una habilidad que sólo el deseo permitía.

—Me encantó, —susurró contra sus labios mientras liberaba su erección. —Me encantó ver cómo te ponía tanto lo que Marco me hacía. Pero ahora quiero saber algo...

Eric dejó escapar un jadeo mientras Andrea se colocaba sobre él, su vestido deslizándose para revelar su piel desnuda.

—Dime, —dijo él, sus manos en sus caderas, guiándola suavemente.

Andrea lo miró con un brillo juguetón y perverso.

—¿Te excitaría aún más si lo hiciera otra vez? —preguntó mientras movía sus caderas lentamente, sólo rozando su pene contra sus mojados pliegues sin llegar a dejar que la penetrara.

Eric no respondió de inmediato, sólo dejó que un gemido escapara de sus labios. Andrea sonrió, inclinándose hacia él para morder suavemente su cuello.

—¿Te gustaría verme follada por Marco otra vez, sabiendo que soy tuya pero dejando que otro hombre me haga suya sólo por un momento? —continuó, sus palabras cargadas de morbo y pasión.

—Sí... —respondió Eric finalmente, su voz apenas un susurro. —Pero sólo si después vuelves a mí, como ahora.

Andrea rió suavemente, y finalmente dejó entrar la punta de Eric dentro de ella, uniendo sus cuerpos mientras ambos gemían al unísono.

—Siempre, —dijo ella, comenzando a moverse sobre él. —Siempre seré tuya, incluso cuando sea la amante de alguien más.

Andrea sonrió con picardía, mordiendo suavemente el lóbulo de la oreja de Eric mientras sus caderas seguían moviéndose de manera lenta y calculada, rozando su erección sin dejar que la penetrara por completo. Sus ojos brillaban con malicia y deseo mientras lo veía retorcerse debajo de ella, con los puños apretados y la mandíbula tensa.

—Vamos, mi amor, —susurró con voz melosa. —Dime qué quieres. ¿Quieres verme con otros hombres, cierto?

Eric tragó saliva, su respiración entrecortada. El contraste entre su desesperado deseo de tomarla y su fascinación por lo que Andrea le hacía sentir era abrumador.

—Quiero... solo quiero verte disfrutar, —admitió, su voz ronca y cargada de lujuria.

Andrea soltó una pequeña carcajada, moviendo las caderas de manera que su humedad empapara por completo el miembro de Eric, pero sin permitirle más contacto.

—¿Eso es todo? —lo provocó, inclinándose hacia atrás para que su pecho quedara más expuesto. Sus manos recorrieron sus propios pechos, apretandolos y jugando con sus pezones duros mientras lo miraba fijamente. —Sé más específico, Eric. Quiero saberlo todo.

Eric dejó escapar un gemido gutural, sus manos en las caderas de Andrea intentando forzarla a moverse más rápido, a dejar que lo envolviera, pero ella se mantuvo firme, deteniendo cualquier intento.

—¿Quieres verme con Marco otra vez? —preguntó mientras se inclinaba hacia adelante, sus labios rozando los de Eric. —¿O tal vez con otro hombre? ¿Te gustaría que lo hiciera delante de ti, que lo miraras mientras me hace suya?

Eric cerró los ojos, abrumado por el morbo de las palabras de Andrea y por la manera en que ella lo tenía completamente a su merced.

—Sí... —susurró finalmente, su voz rota por la excitación.

Andrea sonrió, sus labios rozando el cuello de Eric mientras sus movimientos se volvían más intensos, aunque seguía sin dejar que lo penetrara.

—¿Y qué más? —continuó, sin detenerse. —¿Te gustaría que lo hiciera con dos hombres al mismo tiempo? ¿Quieres que le dé mi culo a otro hombre mientras tú observas?

Eric abrió los ojos de golpe, su mirada llena de deseo y cierta rendición ante las provocaciones de Andrea.

—Me encantaría... verte feliz, verte disfrutando, —admitió finalmente.

Andrea gimió suavemente al escuchar sus palabras, moviendo las caderas un poco más rápido mientras su propio cuerpo comenzaba a rendirse al placer.

—Dime qué te excitaría más, cornudo mío, —susurró, sus palabras cargadas de cariño y burla en igual medida.

Eric jadeó, sus manos ahora acariciando las piernas de Andrea con desesperación.

—Quiero verte en tus límites, explorando todo lo que deseas... y quiero ser el que siempre esté ahí para ti después.

Andrea gimió más fuerte esta vez, sus caderas comenzando a temblar mientras alcanzaba su clímax, el calor de su orgasmo empapando el cuerpo de Eric mientras seguía rozándose contra él.

—Eso me encanta, —susurró mientras se recuperaba, mirándolo con una mezcla de amor y perversión. Se inclinó hacia él, sus labios capturando los suyos en un beso apasionado. —Eres mío, Eric. Pero me encanta que disfrutes compartirme.

Eric la abrazó con fuerza, todavía completamente duro y deseándola, pero con una sensación renovada de conexión con ella, más profunda e intensa que nunca.

—Siempre seré tuyo, —dijo él, con la voz aún temblorosa.

Andrea sonrió y acarició su mejilla antes de susurrar al oído:

—Y mañana... veremos hasta dónde podemos llegar juntos.

Andrea soltó un suave gemido mientras deslizaba el miembro de Eric dentro de ella, despacio, con movimientos calculados que arrancaron un jadeo profundo de sus labios. Lo tomó todo, centímetro a centímetro, sintiendo cómo se llenaba, pero manteniendo el control absoluto sobre el ritmo.

—Shh... no tan rápido, amor, —susurró, sus manos apoyándose sobre su pecho mientras comenzaba a moverse lentamente arriba y abajo, con una sensualidad que bordeaba la tortura.

Eric la miraba como si estuviera hipnotizado, los músculos de su mandíbula tensos mientras intentaba contenerse. El calor y la humedad de Andrea eran casi demasiado para él, y cada movimiento suyo lo acercaba peligrosamente al límite.

—Eres tan mío, —murmuró Andrea con una sonrisa traviesa, mientras sus caderas giraban en movimientos lentos y provocativos. —Pero dime algo, Eric... ¿te excitaría saber que he estado con otro hombre sin que tú estuvieras ahí?

Eric abrió los ojos de golpe, su cuerpo se tensó debajo de ella mientras la pregunta lo golpeaba con una mezcla de sorpresa y excitación.

—¿Qué...? —balbuceó, su voz cargada de deseo, sin poder apartar los ojos de ella.

Andrea inclinó su torso hacia adelante, presionando sus pechos desnudos contra el suyo, con su rostro a pocos centímetros del de Eric. Sus movimientos se volvieron aún más lentos, como si estuviera probando cuánto podía torturarlo antes de que él perdiera el control.

—Imagínalo, —susurró, su voz suave y cargada de malicia. —Yo, arreglándome para otro hombre. Poniéndome ese vestido negro que tanto te gusta, ese que apenas cubre nada... y tú sabiendo que voy a salir con él.

Eric soltó un gemido bajo, sus manos aferrándose a las caderas de Andrea mientras trataba de mantener la calma, pero ella no se lo permitió.

—¿Te gustaría? —continuó, su voz un arma afilada cargada de morbo. —Saber que estoy con él, que me está tocando... que me está quitando el tanga que me regalaste mientras tú estás en casa, esperando noticias mías.

Eric cerró los ojos con fuerza, su cuerpo temblando debajo de ella mientras sus manos buscaban aferrarse a cualquier fragmento de control.

—Andrea... —jadeó, su voz rota por la tensión.

—¿Te gustaría que te mandara fotos, vídeos? —preguntó mientras aceleraba apenas un poco, buscando su propio placer al tiempo que aumentaba el suyo. —¿Una foto de su mano en mi pierna? ¿De su boca en mis pechos?

Eric dejó escapar un gruñido profundo, su cabeza cayendo hacia atrás mientras intentaba procesar el impacto de las palabras de Andrea y lo que le estaba haciendo.

—Dime, mi cornudo, —murmuró Andrea, su voz suave pero implacable. —¿Te gustaría que te contara todo después? ¿Que te dijera cómo me folló mientras tú te quedabas esperando?

Eric no pudo más. Su cuerpo se tensó por completo mientras alcanzaba el que podría ser el mayor y más placentero orgasmo de su vida, incapaz de contenerse ante la intensidad del momento. Un gemido gutural escapó de sus labios, y Andrea lo siguió con una sonrisa satisfecha mientras lo sentía estremecerse debajo de ella.

—Eso es, cariño, —susurró mientras se movía suavemente para prolongar su orgasmo. —Te encanta, ¿verdad? Saber que puedo hacer que te corras incluso con solo palabras.

Eric la miró, su respiración entrecortada y su rostro enrojecido.

—Me encanta todo de ti, Andrea, eres una Diosa, mi Diosa… —admitió con sinceridad, aún jadeando.

Andrea sonrió, inclinándose para besarlo con una mezcla de ternura y travesura.

—Entonces prepárate, porque esto solo acaba de empezar, —le prometió mientras acariciaba suavemente su pecho.

Andrea se dejó caer suavemente sobre el pecho de Eric, sus respiraciones aún sincronizadas y agitadas por lo que acababa de suceder. Su piel estaba ardiendo, cubierta de un brillo húmedo que hablaba del placer compartido. Eric envolvió sus brazos alrededor de ella, acariciándole la espalda mientras intentaba recuperar el aliento.

—No sé cómo lo haces, —murmuró él, con una sonrisa cansada pero plena.

Andrea levantó la cabeza para mirarlo, sus ojos brillando con un destello de picardía.

—¿Qué cosa?

Eric le devolvió una mirada intensa, sus manos aún recorriendo su cuerpo.

—Volverme loco... hacer que no pueda pensar en otra cosa que no seas tú.

Andrea sonrió, dejando un beso suave en su cuello antes de susurrar en su oído:

—Y todavía no has visto nada, mi amor.

Eric la miró, intrigado y excitado a la vez. Antes de que pudiera responder, Andrea se incorporó, deslizándose fuera de la cama con una sensualidad hipnótica. Caminó desnuda hasta el baño con la calma de quien lleva las riendas, dejando a Eric con una última mirada cómplice por encima del hombro.

—Por cierto, ya sabes que Marco me dio su número. —Su voz era casual, pero cargada de intenciones. —Quizás deberíamos hablar de qué hacemos con eso… ¿Igual tiene algún amigo que quiera presentarme, no crees? —se rió de forma traviesa y juguetona.

Eric sintió una oleada de emociones mezcladas: curiosidad… celos… pero también un ardiente e innegable deseo de complacerla. La puerta del baño se cerró, dejándolo solo con esos pensamientos y con la promesa de que el viaje que habían comenzado estaba lejos de terminar.

La noche había acabado, al igual que esta serie de relatos, pero para ellos, esto era solo el principio de su nueva y morbosa aventura juntos… y también por separado;)

Estos relatos están basados directamente en mi propia relación y fantasías, cambiando los nombres de los personajes de la historia.

¡Muchas gracias por leer hasta el final! Espero que los hayáis disfrutado tanto como yo relatandolos.

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