Menudas vacaciones V
Rómulo siempre prometió sorprender a Valeria, pero esta vez la sorpresa tiene un invitado extra. Vendada, esposada y en medio de la nada, ella no sabe que cada caricia tiene dos manos. ¿Qué pasa cuando la fantasía se vuelve realidad y el desconocido está más cerca de lo que imagina?
Capítulo V: La sorpresa.
- Te dije que te pusieses cerca pero un poco mas escondido, casi se fastidia el asunto – dijo Rómulo.
- Y yo que sabía que ibais a pasar por allí, haber tenido mas cuidado y haber tirado por otro sitio – dijo Fran.
Fran era un chico de unos 35 años, pelo y ojos negros, piel morena, aproximadamente 1,83 de altura, de complexión fuerte y trabajada en el gimnasio y al que Rómulo había conocido hace unos meses en un chat que había encontrado por internet en el que se ofrecían parejas, chichos y chicas para acompañar a otras parejas en lo que estas decidieran hacer.
A lo largo de los más de 6 años que Valeria y Rómulo llevaban de relación habían hablado mucho sobre temas sexuales, mas por interés de él que de ella. En dichas conversaciones, mientras practicaban sexo, ella había mostrado interés en que desconocidos los viesen practicarlo, incluso llegado cierto momento invitar a algún chico a que se uniese, en un principio para que la tocase, después para ser ella quien lo tocaba a él y finalmente para que la penetrase.
Rómulo le había dicho muchas veces que algún día la sorprendería y ella se reía.
- Bueno vamos al tema que no puedo tardar – dijo Rómulo – son casi las 16.00 h, a las 17.30 h quiero que estés escondido en las inmediaciones de mi campamento y cuando yo te haga una señal con el brazo, sales sin hacer ruido y yo te diré lo que tienes que hacer, como y cuando, ¿vale?.
- OK. Pero que quieres que haga, mas o menos, es para ir haciéndome a la idea. Las fotos que me mandaste de tu chica……
- Ya sé que te gustaron, por eso te mandé esas en top les.
- Me encantaron pero no se le veía la cara y no sé si…..
- No necesitabas verle la cara y menos tener unas fotos como esas en las que se le vea, pero te aseguro que es preciosa.
- Vale, vale. Tampoco hay que ponerse tan serios. Lo he entendido. Allí a las 17.30, espero tu señal, salgo en silencio y hago lo que tú me digas, cuando y como me lo digas.
- Vale, pues ahora ayúdame a llenar el saco de leña, que no puedo entretenerme.
- Ya estoy aquí cariño – dijo Rómulo.
- Has tardado mucho, me has dejado mucho rato solita – dijo Val simulando estar enfadada.
- No he podido hacerlo más rápido, pero ya no hay que ir a ningún sitio más hasta mañana.
- Pues quítate la ropa y ven aquí conmigo.
- Voy ahora mismo cielo.
Rómulo entró en la tienda, cogió un pañuelo y unas esposas que llevaba escondidas en su mochila y lo dejó todo preparado. Después se quitó la ropa, la dejó a un lado y corrió junto Val. Una vez en el agua junto a ella, se acercó, la besó y antes de que la cosa comenzara a calentarse se separó de ella y comenzó a hacer tonterías para que ella riese.
- ¿Por qué no te acercas a mi, es que te doy miedo? ¿no me ibas a hacer pagar lo de esta mañana?
- Claro que lo vas a pagar. Vamos a la tienda – dijo Rómulo mientras comenzaba a salir del agua.
- Si que te has vuelto recado de repente – y comenzó a reír mientras se dirigía a lugar.
Justo antes de llegar a la tienda Rómulo se detuvo, se giró, cogió con fuerza a Valeria de la nuca, la atrajo hacia si y comenzó a besarla con gran énfasis. Ella no dijo nada y se dejó llevar. Pasados unos minutos él se colocó detrás de ella y comenzó a besarla y morderla por los hombros, la nuca y el cuello mientras la agarraba con ambas manos de los pechos a la vez que la apretaba contra él para que pudiese notar su excitación.
Cuando ella comenzó a acelerar su respiración y a soltar pequeños gemidos pasó la yema de sus dedos entre sus piernas y notó que ya estaba preparada.
- No te muevas ni te des la vuelta – dijo Rómulo a la vez que la soltaba y cogía utensilios que había dejado preparados y que se encontraban a un metro escaso de donde estaban.
- ¿Qué estás tramando salidorro?
- Tú no te muevas que ahora lo descubrirás – y justo al terminar de decir esto pasó el pañuelo por delante de los ojos de Valeria y lo anudó en la parte posterior de su cabeza.
- Uuummmmm, si que te vas a cobrar lo de esta mañana, si.
- Pon las manos detrás de la espalda, Val.
- ¿Para qué?
- Porque ahora mando yo, ¿no me dijiste eso esta mañana?
- Si mi amo – respondió Valeria mientras reía y hacía lo que se le había pedido.
En cuando tuvo las manos a la espalda Rómulo le colocó las esposas y aunque ella no se sorprendió mucho, ya que las habían usado en otras ocasiones, si que le extrañó que las hubiese traído.
- Ahora vamos a la mesa. No te preocupes que yo te guio para que no te caigas.
Rómulo se colocó detrás de ella, bien pegado, la cogió del cuello para elevarle la cabeza y mientras volvía a besarla y morderla por los hombros la fue dirigiendo muy despacio hasta el lugar donde se encontraba la mesa.
Cuando llegaron a ella, Rómulo hizo que Valeria se inclinase sobre la misma y nada más ella apoyó su cara en la madera él la penetró con gran fuerza, provocando que ella exhalara una mezcla de grito y de gemido, en parte por la brusquedad y la sorpresa y en parte por el placer y la excitación que sentía.
Una vez dentro de ella, se paró, miró a su alrededor e hizo una señal con el brazo esperando que Fran estuviese ya por los alrededores y se percatase de que eso le indicaba que podía salir. Unos segundos mas tarde Fran aparecía en el lugar, con unos ojos muy abiertos y mirando fijamente a Val. Se notaba que la deseaba.
Rómulo le hizo gestos para que se sentase en uno de los bancos que había junto a la mesa, cosa que él hizo de inmediato ya que desde ahí tenía una mejor visión del cuerpo y la cara de Valeria.
Rómulo comenzó a entrar y salir de ella y a cada embestida ella contestaba con un gemido que hacía que los dos se excitasen mucho mas.
- Val, y si ahora nos estuviese viendo alguien, ¿Qué? – dijo Rómulo sin dejar de penetrarla.
- Pues que lo disfrute. Puuufff, pero no me digas eso que me pongo mas puta.
- ¿Y lo invitarías a que se uniese?
- Uuuummmmm, si, claro que sí.
- ¿Y que querrías que hiciese?
- Que viniese y me la metiese en la boca.
Rómulo sacó su miembro palpitante y empapado del interior de Val, se colocó junto al costado de la mesa donde ella tenía la cara apoyada y se la metió en la boca, ante la excitada mirada de Fran, que se encontraba a un metro escaso.
Mientras la metía y la sacaba de la boca de Val le hizo señales a Fran para que se quitase la ropa y se acercase, cosa que hizo con gran rapidez.
Fran se colocó justo al lado, completamente desnudo y erecto. Su miembro, aun que de buen tamaño, no era como el de Rómulo y este esperaba que no se diese cuenta aun del cambio.
Sacó su pene de la boca de Val y le indicó a Fran que metiese el suyo, cosa que hizo en un abrir y cerrar de ojos sin pensárselo. Nada más introducirlo estuvo a punto de soltar un gemido que consiguió controlar en el último momento bajo la seria mirada de Rómulo.
- ¿Te gusta que otro te folle la boca mientras yo miro?
- Si, si, me gusta mucho – dijo Val en un momento en el que Fran la sacó de su boca.
- Y ahora, ¿Qué te gustaría que hiciese el otro tío?
- Que me siga follando la boca mientras tu miras como disfruta.
- Y yo ¿qué estaría haciendo mientras?
- Mirando – dijo Val.
Rómulo se había quedado junto a Fran para que Val oyese que su voz venía del mismo lugar donde se suponía que estaba metiéndosela en la boca y no se diese cuenta aun de lo que estaba sucediendo.
Rómulo notó que Fran se estaba poniendo muy tenso y como no quería que el juego se terminase nada mas empezar le hizo señales para que se la sacase de la boca y se relajase un poco.
- ¿Y ahora que quieres que te haga el otro?
- Que me folle, que me folle pero ya – dijo Val.
Rómulo se colocó detrás de Val y volvió a penetrarla mientras le hacía señales a Fran para que se preparase. Fran cogió su pantalón, sacó un condón de uno de los bolsillos, se alejó un poco, para evitar que ella pudiese escuchar algún ruido y se lo colocó. En menos de treinta segundos estaba al lado de Rómulo.
Este se apartó y con un rápido movimiento, Fran se colocó en su lugar y penetró a Val, provocando un nuevo gemido de esta.
Fran la agarró con ambas manos de las caderas y comenzó a follarla.
- Levanta el cuerpo de la mesa que seguro que estará deseando agarrarte esas tetas – dijo Rómulo, que de momento se había quedado junto a Fran.
Val se irguió como pudo y sin dejar de penetrarla, Fran fue subiendo sus manos desde las caderas, los costados y finalmente llegó a esos prominentes pechos que había visto en las fotos que Rómulo le había mandado y con los que había estado soñando y masturbándose desde que las vio por primera vez.
Fran disfrutaba como un loco. No podía parar de penetrarla y ahora que tenía aquellos enormes y turgentes pechos en sus manos y notaba como esos pezones duros se le clavaban, comenzó a acelerar el ritmo por lo que Rómulo le indicó, con señas, que aminorase el ritmo. Fran lo hizo, no sin mucho trabajo.
- Y yo ¿Qué estaría haciendo ahora mientras el otro te está follando de esta manera?
- Pues te la estaría chupando mientras.
Rómulo le hizo señales a Fran para que apartase las manos. Cuando este lo hubo hecho, Rómulo, colocó una mano en la espalda de Valeria y la empujó para que volviese a quedar apoyada sobre la mesa. Una vez la tuvo en esa posición, se acercó por el lado de la mesa al lugar donde Val tenía la cara e introdujo se pene en la boca de ella, mientras Fran continuaba penetrándola.
- Pe…. Pero ¿esto que es, que está pasando? – acertó a decir Val en el momento en el que se dio cuenta de que tenía dos penes dentro de ella, a la vez que hacía el intento de erguirse nuevamente.
- Esto es lo que tú deseabas – le contestó Rómulo a la vez que volvía a apoyarla sobre la mesa y a meter su pene en la boca.
Durante unos instantes Valeria se conformó sin decir nada, mientras se hacía a la idea de la situación.
- ¿Entonces me está follando otro? ¿Quién es? – consiguió decir Valeria.
- No lo conoces, ni vas a saber quien es. ¿quieres que lo dejemos?, si es así solo tienes que decir la palabra.
Rómulo se refería a una palabra que habían acordado para que cuando estaban realizando alguna fantasía, como que él la forzaba, ambos parasen en seco lo que estaban haciendo.
- No.
- No ¿qué?. No lo paramos o no seguimos.
Val seguía con su pecho y su cara apoyados sobre la mesa y Fran había parado aunque sin salir de su interior.
- No lo paramos – dijo Valeria – total ya la tengo dentro.
- Si quieres te puedo quitar las esposas pero no puedes quitarte lo de los ojos, bajo ningún concepto, hasta que yo te lo diga. Lo que tu elijas.
- Vale, quítamelas. Te prometo no quitarme el pañuelo de los ojos.
- Vale, espera un momento – le dijo Rómulo mientras se dirigía al lugar donde había dejado la llave y Fran volvía a entrar y salir de ella.
Unos instantes después Rómulo volvía con la llave y le quitaba las esposas entre las envestidas de Fran y los gemidos de Valeria.
- Ven aquí y siéntate en la mesa delante de mi – dijo Valeria.
- ¿Me lo dices a mi? – preguntó Rómulo.
- Si, quiero chupártela mientras me follan.
Rómulo se subió a la mesa, usando como escalón uno de los bancos, se sentó sobre ella con las piernas abiertas, una a cada lado de Valeria, que ya con las manos libres se había erguido un poco. Colocó su pene justo debajo de la cara de Val y esta, al notarlo, lo agarró con fuerza y comenzó a lamerlo, entre gemidos, desde los testículos hasta la punta a la vez que lo meneaba con ambas manos.
- ¿Puedo saber algo? – preguntó Valeria sin dejar lo que estaba haciendo.
- Pues creo que este no es el mejor momento – contestó Rómulo.
- Solo una cosa, de momento. ¿se la he chupado?
- Si. Y ahora que ya sabes que tienes a dos y que las has chupado y te las has metido ¿Qué te gustaría hacer o que te hagamos?
Valeria sacó aun mas el culo, por lo que las penetraciones de Fran comenzaron a ser mas profundas, a la vez que se introducía el duro pene de Rómulo en la boca. Continuó así por unos minutos, sin decir nada.
Rómulo notaba que con cada envestida de Fran, ella agarraba con mas fuerza su pene y se lo introducía tanto en la boca que le provocaban arcadas, aunque no parecía molestarle.
- Ahora quiero chupar las dos a la vez – dijo Valeria.
Rómulo le hizo una señal a Fran, que parecía estar a punto de terminar, para que parase y saliese del interior de Val, cosa que pareció agradecer ya que no quería terminar tan pronto. Valeria se puso en pie, momento en el que Fran pudo ver por primera vez el increíble cuerpo que ella tenía, lo que lo excitó aun más.
- Ponte de rodillas – le dijo Rómulo a Valeria, en un tono que parecía más una orden que una solicitud.
Justo cuando esta iba a colocarse en la posición ordenada, Rómulo colocó una toalla, que tenía a mano, bajo sus rodillas. Cuando esta adoptó la posición ordenada cada uno de ellos se colocó a un lado y poco a poco comenzaron a acercar sus miembros a la cara de aquella diosa rubia. Ella buscó con sus manos durante unas décimas de segundo hasta que agarró cada pene con una mano.
- ¿Lleva condón? – preguntó Valeria algo sorprendida – yo no chupo plástico – y soltando el miembro de Rómulo, agarró con las dos manos el otro y comenzó a quitar el preservativo que estaba empapado de sus propios fluidos.
- Claro que lleva condón. Ya sabes que el único que te disfruta de verdad soy yo.
- Y tú ya sabes que quiero que me folle a pelo y se corra dentro – dijo Valeria mientras volvía a agarrar los dos penes y comenzaba a metérselos en la boca.
- Y tu ya sabes que eso no va a ser así. Como mucho y si te portas muy bien, lo dejaré que se corra encima de ti, si no es así se correrá en el condón.
Valeria empuñaba ambos penes a la vez. Giraba la cabeza hacia un lado y se lo introducía en la boca, se giraba hacia el otro y repetía la acción sin dejar de menear, arriba y abajo, el otro.
- ¿Y si me porto muy muy bien no dejas que se corra en mi boca? – preguntó Valeria poniendo voz de niña buena.
Fran parecía no prestar atención a la conversación y concentrarse solo en la felación que le estaban haciendo y en agarrar uno de esos enormes pechos que se mecían con cada uno de los movimientos que ella hacía.
Cuando los tres se encontraban completamente excitados y tras ver que Valeria había aceptado la situación sin mayor problema, Rómulo le hizo una señal a Fran para que se apartase, cosa que hizo sin muchas ganas.
- Pero ¿Qué pasa, porque se ha quitado? – dijo Valeria en tono serio – quiero seguir con las dos un poco más.
- Ponte de pie – le dijo Rómulo.
Valeria obedeció y se puso en pie. Rómulo la cogió del pelo y la dirigió poco a poco, para que no tropezase.
- Estamos en la puerta de la tienda, así que agáchate y entra – ordenó Rómulo mientras se agachaba él y entraba de espaldas a la tienda para ayudar a Valeria.
Valeria se puso de rodillas y comenzó a entrar poco a poco y Fran que se encontraba detrás tuvo en ese momento una magnífica visión de aquel trasero y aquellos húmedos labios de los que escapaba un hilito de sus fluidos que resbalaba por la parte interna de su muslo izquierdo.
Una vez Valeria estuvo dentro Fran se arrodilló detrás de ella, le agarró el trasero con ambas manos y cuando se disponía a penetrarla, Rómulo, lo miró con cara muy seria a la vez que le dijo un “no”, tan tajante, que frenó en seco.
Fran sabía por que se lo habían dicho, así que salió de la tienda de espaldas, ya que casi estaba en la puerta, se dirigió a la mesa, extrajo otro preservativo de su pantalón y comenzó a ponérselo apresuradamente.
- ¿Qué ha pasado?, ¿porqué se ha ido?. Es por que estaba a punto de metérmela sin condón, ¿verdad?. ¿Qué más te da?
- Sí, es por eso y ya te he dicho antes que no lo va a hacer – le susurró Rómulo al oído en un tono firme mientras se encontraba recostado junto a Valeria, que aún mantenía la postura.
Justo en ese instante apareció Fran en la puerta y Rómulo, al ver que ya cumplía con una de las condiciones que le había puesto cuando llegaron al acuerdo, le hizo señas para que la penetrase.
Lo hizo de una forma tan rápida y con tanto deseo que casi pilló a Valeria por sorpresa, que justo en ese momento mantenía un acalorado beso con su hombre, soltando un gemido que hizo que Rómulo volviese a estar totalmente excitado.
Rómulo continuó besándola, mientras Fran no paraba de penetrarla a la vez que la agarraba de los pechos que se balanceaban con cada una de sus embestidas. Valeria continuaba besando apasionadamente a Rómulo entre gemidos. Se sentía muy excitada, notaba como su entrepierna cada vez se humedecía más y no podía evitar morder el labio de Rómulo cuando forzaba un poco la postura para que la penetración se hiciese más profunda.
Aunque sentía mucho placer y la situación la ponía como nunca lo había hecho y a pesar de que Fran estaba bien dotado, notaba que le faltaba algo.
Valeria había comenzado a disfrutar plenamente el miembro de Rómulo hacía poco tiempo, a pesar de llevar mas de siete años de relación y practicar sexo casi a diario y en varias ocasiones. Conforme había ido pasando el tiempo su interior se había ido haciendo al miembro de su pareja, aunque aun le hacía daño cuando se encontraba muy excitado y la penetraba con mucho deseo.
El pene de Rómulo se encontraba tan duro que casi le dolía. Cogió del pelo a Valeria se la acercó a su entrepierna y aprovechando uno de sus gemidos le introdujo el pene en la boca. A Valeria casi le era imposible metérselo debido al grosor que este había alcanzado. Mientras lo introducía en la boca como podía, lo asía con una mano y podía hasta notar en él las palpitaciones.
Rómulo volvió a cogerla del pelo y comenzó a introducir y sacar su pene de la boca de Valeria con rapidez, como si la penetrase, al mismo tiempo que Fran continuaba haciéndolo sin parar.
Valeria comenzó a moverse hacia atrás con fuerza, forzando la penetración de Fran y haciendo que fuese toda lo profunda posible y sus gemidos comenzaron a subir de tono. Casi no era capaz de continuar con Rómulo, por lo que este, conociéndola y sabiendo que estaba a punto de correrse la agarró con mas fuerza de la cabeza y le introdujo su pene tanto como pudo en la boca. Justo en ese momento ella se lo sacó de la boca y gritó con fuerza a la vez que le temblaba todo el cuerpo. Acababa de tener un gran orgasmo.
Rómulo dejó un instante para que se recobrase y en seguida la cogió, la tumbó boca arriba y la penetró con tanto ímpetu y deseo que ella no pudo evitar soltar otro grito. Fran se colocó de rodillas junto a ella y ocupó el puesto que hasta hacía unos instantes tenía Rómulo.
- ¿Otra vez plástico? - consiguió decir Valeria entrecortadamente – he dicho que no lo quiero – continuó mientras volvía a agarrar el pene con las dos manos y lo extraía como podía.
Rómulo se encontraba sobre Valeria, apoyado con los dos brazos extendidos en el lado derecho de su cabeza. La penetraba con fuerza mientras veía, como ella, que tenía la cabeza apoyada en el colchón, mirando hacia arriaba, justo entre las piernas de Fran, le lamía los testículos a la vez que agarraba y meneaba su miembro con ambas manos mientras este no podía parar de agarrar y acariciarle los pechos.
Un par de minutos después Valeria volvía a retorcerse y a gritar y aunque no podía continuar introduciéndosela en la boca, no paraba de agitar el pene que tenía entre las manos. Subió sus piernas y flexionando las rodillas, colocó sus pies detrás de la cintura de Rómulo y tirando de él con fuerza, a la vez que elevaba su pelvis, comenzó a tener otro orgasmo.
Rómulo, que la conocía perfectamente sabía que estaba teniendo uno de esos orgasmos que parecían no acabar nunca, por lo que aumentó el ritmo y la profundidad de sus penetraciones. Valeria comenzó a gritar.
- Joder que polla tienes cariño. No pares. Fóllame, fóllame. ¡Voy a chorrear! – gritó Valeria mientras su respiración pasaba de ser acelerada a entrecortada, sus piernas temblaban, sus pezones estaban tan duros que casi se clavaban en la palma de la mano de Fran y el vello de todo su cuerpo se erizó. - ¡¡¡¡Diiiiioooooooosssssss!!!!! – consiguió decir mientras su cuerpo se arqueaba tanto que casi podría haberse partido.
Justo en ese momento Rómulo noto como un líquido le chorreaba por su pene, continuaba por sus testículos y goteaba sobre el colchón hinchable que usaban para dormir. Él no paraba de penetrarla y ella, con cada envestida, soltaba otro chorro de sus fluidos. Así continuaron durante unos treinta segundos más, hasta que Valeria no fue capaz de resistir tanto placer e intentó sacar aquel palpitante pene de su interior. Rómulo no lo permitió pero si que paró, sin salir de ella.
- Bueno, puedes descansar un momento – le dijo Rómulo a Valeria.
- De eso nada – contestó ella.
- Es para que te recuperes un poco.
- No quiero recuperarme, quiero seguir.
- ¿Y que quieres ahora?
- Me estoy portando muy bien, ¿verdad? Y no me he quitado lo que llevo en los ojos.
- La verdad es que sí que te estás portando muy bien, ¿Qué vas a pedir?
- Quiero que él se ponga debajo de mi.
- ¿Solo eso? – preguntó Rómulo extrañado.
- De momento sí, ahora te iré diciendo.
Rómulo le hizo una señal a Fran para que obedeciese. Este se tumbó boca arriba junto a Valeria. Cuando esta notó que se encontraba al lado, se incorporó a la vez que Rómulo salía de ella. Comenzó a palpar el cuerpo del hombre desconocido que se encontraba al lado, notando que su cuerpo era mas bien musculoso y que tenía poco vello. Sus manos recorrieron su cara y fueron bajando por su pecho, sus abdominales y llegaron hasta su pene, que se encontraba completamente erecto. Se lo introdujo en la boca nuevamente mientras sus manos acompañaban el movimiento de esta. Con un rápido movimiento pasó una pierna por encima de él, se sentó encima y se lo introdujo, haciendo que la cara Fran expresase sorpresa a la vez que un gran placer al estar dentro de ella y notar su humedad y calor sin ese maldito condón.
- ¡Para! – dijo Rómulo en seguida – ¿qué estás haciendo?.
- Ya que la tengo dentro, ¿Qué mas da? – dijo Valeria – si no quieres que sigamos di la palabra clave y lo dejamos ya, pero seguro que después te vas a arrepentir.
- ¿Por qué? – preguntó Rómulo algo intrigado.
- Ahora lo averiguarás. De momento quiero que te pongas delante de mi, quiero comértela.
Rómulo hizo lo que se había dicho, se colocó de rodillas a un costado de Valeria, junto a su cara y en cuanto esta notó el roce de su pene en los labios abrió la boca y comenzó a chupársela. Mientras cabalgaba a uno y se la chupaba al otro, comenzó a acariciarse con una mano su pecho derecho, el izquierdo se encontraba en la boca de Fran y fue bajando por su costado, cintura y cuando llegó a su glúteo se lo agarró con fuerza, se dio un azote y su mano continuó resbalando hasta llegar a aquel pene que entraba y salía de ella.
Rómulo podía ver toda la escena perfectamente y se excitaba más a cada momento, intuyendo por donde iban los tiros.
Valeria agarro por un momento, con esa mano, la parte del pene de Fran que quedaba fuera momentáneamente, con el fin de empapar sus dedos con los jugos que de ella misma emanaban.
A Fran era como si nada le importase, solo estaba pendiente de entrar y salir de Valeria y de lamer y morder su pezón.
Valeria, con sus dedos mojados y sin dejar de chupar el pene de Rómulo fue llevándolos hasta su otro agujerito y poco a poco comenzó a introducir uno de ellos.
Este movimiento pilló a Fran un poco por sorpresa y al notar como el lugar donde él entraba y salía se volvía un poco más apretado, a la vez que sentía como si algo lo rozase desde el interior, soltó un pequeño gemido de placer.
- Quiero teneros a los dos dentro a la vez – dijo Valeria mientras continuaba cabalgando sobre Fran.
- ¿Y como lo quieres?
- Ya te va pareciendo mejor ¿verdad?.
- Me lo estoy pensando.
- Pues si te decides quiero uno por cada agujerito.
- Me decida o no ya te lo estás follando sin condón, así que si digo que no, voy a salir perdiendo yo.
Rómulo se la sacó de la boca y fue a colocarse detrás de Valeria.
- Ya veo que has decidido que sigamos – dijo Valeria entre risas y gemidos.
Rómulo se puso saliva en uno de los dedos, apartó el que Valeria se estaba introduciendo y comenzó a meter el suyo. Cuando hubo metido algo más de medio dedo, tanto Valeria como Fran dejaron escapar un gemido entrecortado.
Valeria continuaba cabalgando sobre Fran, aunque había aminorado el ritmo, posiblemente porque no quería que este se corriese, aun.
Rómulo continuó introduciendo el dedo, cada vez un poquito más, hasta tenerlo entero dentro, lo que provocaba gemidos, tanto en ella como en él. Cuando consideró que era el momento oportuno introdujo dos dedos, solo a la entrada y se quedó quieto. Valeria quedó esperando a que estos entrasen en ella y al ver que no era así comenzó a moverse. Sus movimientos comenzaron lenta y pausadamente. Cada vez se introducía un poco más. Fran se mantenía quieto y dejaba que ella llevase el ritmo. Ritmo que con el paso del tiempo fue incrementándose tanto en velocidad como en profundidad. Con cada uno de esos movimientos, Valeria, se introducía el pene de Fran y los dedos de Rómulo, notando una sensación extraña, a la que no estaba acostumbrada, pero que la hacía sentir un placer increíble.
Pasados unos minutos y viendo que las otras dos partes estaban tan excitadas que no tardarían en correrse, saco los dedos, lo que provocó que Valeria cesase en sus movimientos, como esperando lo que vendría a continuación.
Rómulo se puso en pie rápidamente, se colocó delante de Valeria y sin darle tiempo a saber exactamente lo que pasaba, se lo introdujo en la boca. Ella fue a decir algo, pero no la dejó. Después de unas cuantas chupadas y lamidas, cuando su pene se encontraba bien lubricado, se lo sacó de la boca, se volvió a colocar detrás de ella y colocó la punta de su miembro justo a la entrada de su pequeña abertura.
Ella no dijo nada, solo se quedó muy quieta y Fran no paraba de agarrar y lamer los pechos que quedaban colgando casi delante de su cara.
Rómulo comenzó a hacer un poco de fuerza y su pene comenzó a entrar en ella. La entrada era un poco complicada porque ella nunca había hecho algo parecido, porque se encontraba un poco nerviosa a la vez que muy excitada y porque el miembro de Rómulo, además de tener un largo considerable, también tenía un grosor mucho más que aceptable.
Él notó como la punta de su pene comenzaba a entrar en ella, pero como no quería forzar la situación, decidió parar y dejar que fuese ella la que decidiese como lo quería.
Valeria, a pesar de estar un poco nerviosa, confiaba plenamente en Rómulo. Se mantuvieron así durante unos minutos, durante los cuales Fran no había dejado de lamer y mordisquear los pezones que tenía en su cara y de penetrarla, aunque con movimientos muy lentos y cortos.
En poco tiempo ella se empezó a sentir más relajada por lo que comenzó a empujar un poco más hacia atrás, muy lentamente. Notaba como su pequeño agujerito se ensanchaba poco a poco y aunque al principio notó un poco de dolor, esto no hizo que parase o se lo replantease un solo instante. Se encontraba muy excitada al comenzar a sentir lo que tantas veces habían fantaseado ellos dos mientras mantenían relaciones sexuales.
Un podo después pudo notar como la punta de aquel duro y grueso pene había entrado en ella. Fran que había parado de moverse por un momento volvió a entrar y salir de ella muy lentamente.
Valeria notó como el bello de su cuerpo se volvía a erizar y sus pezones se ponían tan duros, que cada roce de la lengua de Fran la hacían estremecerse.
- No os mováis hasta que yo os lo diga – dijo Valeria. Ambos obedecieron sin decir nada.
Valeria comenzó a moverse adelante y atrás muy lentamente y en movimientos muy cortos, notando como los dos entraban y salían de ella a la vez. Poco a poco esos movimientos se fueron haciendo más largos y las penetraciones más profundas.
Rómulo veía como cada vez entraba mas en ella y notaba como una presión en su pene. Una presión en parte debida a la estrechez del lugar por donde la penetraba y en parte por el otro pene que se encontraba dentro de ella. A pesar de no tocarse físicamente ninguno de los dos, ambos notaban con gran claridad la presencia y movimiento del otro.
Poco tiempo después ambos se encontraban completamente dentro de ella y justo en ese momento Valeria, en un tono alto y que no aceptaba ninguna discusión, dijo:
- Folladme, los dos, ¡ya!
Los dos hombres no se esperaban esa reacción tan contundente de Valeria, por lo que al principio los pilló un poco por sorpresa, pero en seguida reaccionaron y comenzaron a penetrarla, al principio con movimientos acompasados y lentos pero con el pasar del tiempo, cada uno fue cogiendo su ritmo.
Poco después, iban cada uno a su ritmo. Valeria se mantenía totalmente quieta y notaba como a la vez que Fran salía, Rómulo entraba y viceversa.
Los movimientos fueron haciéndose más fuertes y profundos y Val comenzó a subir el tono de sus gemidos. Su cuerpo comenzó a temblar. Sus manos se cerraron empuñando, con gran fuerza, la sábana que cubría el colchón. Los dedos de sus pies se cerraban con fuerza.
Rómulo comenzó a notar que le quedaba muy poco tiempo antes de vaciarse dentro de Valeria y dio por sentado que Fran también estaría a punto.
- Joder Val, como me tienes – dijo Rómulo – nos vamos a correr encima de ti.
Y justo al decir esto comenzó a salir de Valeria.
- Si la sacáis ahora os mato!!!!!! – dijo Valeria gritando en un tono que no dejaba lugar a discusión.
- Vale, tu lo has querido – dijo Rómulo mientras la agarraba del pelo y comenzaba a tirar de ella con fuerza.
Si hubiese habido alguien mas a menos de quinientos metros de distancia habría escuchado tal cantidad de gemidos y gritos que probablemente se habría asustado.
Fran había soltado los pechos y agarrado las caderas de Val para poder hacer mas fuerza, mientras su boca iba de un pezón al otro.
Rómulo continuaba cogiéndola del pelo y tirando de ella hacia atrás a la vez que embestía con todas sus fuerzas.
Ambos penes, completamente hinchados, se notaban el uno al otro, entrando y saliendo de Valeria.
Val colocó los brazos, cada uno, a un lado de la cabeza de Fran, con las manos más adelantadas, para poder empujarse hacia atrás con más fuerza.
Valeria comenzó a gritar y Fran notó como un líquido caliente le chorreaba por el pene y los testículos, con tal cantidad que quedó tan sorprendido y excitado que en ese momento él también comenzó a llenarla mientras apretaba su boca, con fuerza, contra los pechos totalmente erectos.
Rómulo, que ya llegaba también al clímax, al notar como el interior de Valeria se volvía más estrecho, oírla gritar y ver como Fran se volvía loco entre los pechos, mientras se corría, explotó dentro de ella, a la vez que gemía como un poseso, tiraba con fuerza de su pelo y la azotaba con la otra mano.
De repente todos aquellos gritos y gemidos cesaron y los tres quedaron tan exhaustos que permanecieron sin moverse, en la misma postura, dentro de ella, durante casi un minuto, hasta que Rómulo calló a un lado, agotado. Seguidamente calló ella y ninguno dijo nada ni se movió durante varios minutos.
- ¿Puedo quitarme ya esto de los ojos?
- No – consiguió decir Rómulo con mucho esfuerzo.
- ¿Y ya que más da?
- Si que da y sabes que era una de las condiciones.
- Vale, pero quiero darme un baño – dijo Valeria - ¿Cómo lo hago?
- Espérate unos minutos hasta que se vaya nuestro amigo.
- Pensaba que se iba a quedar un tato más. Iba a darme un baño y a seguir otro ratito. ¿Qué te parece?
- Ya veo que te ha gustado, pero la idea era que él se va ahora – consiguió decir Rómulo entrecortadamente.
- Pero ya que estamos…..
Rómulo miró a Fran en ese momento y vio como este le hacía un pequeño gesto con el hombro y la cabeza, como diciendo “por mi vale”.
- Vale, pues tú y yo vamos a darnos un baño mientras él espera aquí. Te quito la venda de los ojos cuando lleguemos al agua y te la vuelvo a poner cuando vayamos a volver.
- ¿A que viene este secretismo?, no pasa nada por que lo vea.
- Bueno, pues si no te parece bien, se marcha como estaba planeado.
- Que sí, que sí, vale, venga, vamos al agua.
Rómulo miró a Fran y este dijo que sí con la cabeza, se le notaba que la deseaba y quería tener otra sesión.
Rómulo salió delante, se agachó un poco y ayudó a Val. Cogiéndola por la cintura la fue guiando hacia la orilla del lago. Mientras andaban los pocos metros que los separaban del agua, pudo ver como una mezcla de fluidos le iba resbalando por los muslos. Al llegar le quitó la venda de los ojos. Valeria entre cerró los ojos ya que, aunque el sol comenzaba a esconderse detrás de la montaña, aun quedaba la suficiente luz como para molestarla, sobre todo después de haber llevado los ojos tapados tanto rato.
Ninguno de los dos dijo una palabra hasta estar dentro del agua, un agua que, aunque se notaba fría, les supo a gloria.
- ¿Puedo decirte una cosa sin que te enfades?
- Puedes probar, pero no te lo aseguro.
- “Nuestro amigo” primero me la ha metido en la boca, ¿verdad?.
- Si, ¿por?.
- Porque cuando lo ha hecho me he dado cuenta de que no eras tú. He seguido el juego y después me he hecho la sorprendida para no fastidiarlo.
- Lo que quieres decirme es que, desde el principio, te has dado cuenta de que había otro tío que te la metía en la boca y después te follaba y ¿no has dicho nada?.
- Dicho así suena un poco feo – dijo Val con una pequeña sonrisa de niña mala – pero básicamente, sí.
- ¿Y porqué no has dicho nada o lo has parado?
- Pues por varias razones.
Los dos continuaban en el interior de aquella fresca laguna. Sus cuerpos comenzaban a volver a su estado normal y su pulso se relajaba, pero la excitación no los abandonaba.
- La primera, es que no estaba completamente segura pero, sobre todo cuando la tenía en la boca, notaba que había algo distinto. Tu la tienes muy gorda. La segunda es, porque aunque no hubiese habido otro, la situación me había puesto muy cachonda. Y la tercera porque si tú lo habías preparado habría que aprovecharlo.
- Vale y ¿ahora que quieres hacer?
- No sé – dijo ella esbozando de nuevo esa sonrisa de picarona a la vez que se le volvían a colorear las mejillas y sus pezones se endurecían.
- ¿No hay nada que desees hacer?
- ¿Lo que yo quiera? – preguntó mientras notaba que la humedad volvía a su entrepierna, y no era por el agua en la que nadaban.
- Tú propón y yo te diré si sí o si no.
- No sé cariño, de verdad. Lo que tú quieras.
- Si que lo sabes, por eso has preguntado si lo que tú quieras. No te cortes, dímelo. Esta vez si que te prometo que no me enfadaré.
A Rómulo le excitaba verla así.
- Lo que tú quieras cariño.
- Vale, te lo voy a poner mas fácil. Te voy a dar algunas ideas, para ver si alguna te vale.
Él la conocía muy bien y sabía lo que la excitaba. Era la primera vez que hacían algo así, pero habían fantaseado mucho con situaciones como esa mientras follaban como unos locos.
- Que volvamos a follarte los dos a la vez. Que yo te folle mientras él nos mira.
- ¿Solo esas opciones?
- No, he dejado para la última la que tú quieres.
- Y ¿Cuál es? – preguntó Valeria a sabiendas de cual iba a ser y de que era la que ella deseaba.
- Que él te folle mientras yo miro.
- Uf, esa no está mal, pero hay un pequeño problema.
- Ya sé cual es. Que si tienes que estar con los ojos vendados no puedes mirarme mientras te folla, ¿me equivoco?.
- Eres muy listillo, pero sí, ese es el problema.
- Bueno pues si es lo que tanto deseas lo haremos, pero después se ira.
- Vale – dijo ella inmediatamente.
- Ok. Pero eso será más tarde, ahora vas a seguir haciendo lo que yo te diga.
- Espera aquí, ahora vuelvo.
- ¿A donde vas? – preguntó ella a la vez que comenzaba a ponerse nerviosa y más excitada.
- Tu no te muevas de aquí – dijo él mientras comenzaba a salir del agua y se dirigía a la tienda donde se encontraba Fran.
Cuando llegó a la tienda se encontró a Fran tumbado, medio adormilado y con una cara de felicidad difícil de describir. Al verlo en la puerta de la tienda, Fran, se incorporó un poco y con un tono de voz bajo preguntó:
- ¿Me marcho ya?
- De momento no, a menos que tú quieras hacerlo.
- No – dijo Fran casi antes de que Rómulo terminase la frase – no quiero.
- Lo imaginaba – dijo Rómulo mientras sonreía – pues ahora cuando yo te avise te vienes al agua y yo te iré indicando lo que debes hacer, ¿vale?.
- Supongo que tengo que seguir sin hablar.
- Si y usando condón. Así que si consigues ponértelo antes de entrar en el agua mejor.
- Sin problema.
- Pues ahora te aviso. Intenta acercarte sin que ella se de cuenta hasta que yo te lo diga.
Dicho esto, Rómulo, se alejó de la tienda dirigiéndose nuevamente al agua, recogiendo de camino la tela que había usado para tapar los ojos a Valeria. Ella no se dio cuenta ya que se encontraba nadando y chapoteando en el agua. Le encantaba el agua. Cuando iban a la playa se pasaba las horas dentro, aunque esta vez se la veía disfrutar más. Siempre había sido muy recatada, aunque no lo pareciese y le costaba mucho estar completamente desnuda. Era la primera vez que la veía desnuda fuera del dormitorio y nunca se había imaginado que la vería tan a gusto y tan feliz haciéndolo en un lugar público.
Rómulo entró en el agua con mucho cuidado, acercándose a Valeria por la espalda, intentando que esta no se diese cuenta. Cuando llegó a donde ella se encontraba, el agua le llegaba al pecho. En un movimiento rápido pasó la venda por delante de sus ojos y se los tapó.
- Pero…… - fue lo único que acertó a decir Valeria antes de que le hiciese el nudo -. ¿Pero no me ibas a dejar ver?
- Eso será después si te lo ganas. Ahora vas a hacer todo lo que yo quiera, ¿vale?
- Vale – dijo Valeria en tono sumiso a la vez que notaba como su cuerpo volvía a revolucionarse.
La luz del día iba apagándose, aunque aun se podía distinguir todo con cierta facilidad. El agua comenzaba a notarse más fría, pero no importaba, ambos sabían que pronto sería como estar bañándose en lava.
Rómulo se colocó delante de ella, la agarró con ambas manos del culo y la atrajo hacia si. Ella enseguida notó su prominente verga, dura como una piedra, contra su barriga. No dijo nada, solo notaba como aumentaba su excitación y se dejaba llevar. Confiaba plenamente en él y sabía que nunca permitiría que le pasase nada, por eso no tenía ningún miedo o recelo, aun encontrándose completamente desnuda, en un lugar público, con otro tío cerca y sin poder ver nada.
Comenzó a darle pequeños mordiscos por la nuca y después pasó la punta de su lengua hasta llegar al hombro izquierdo, volvió a morder y deshizo el camino para volver a morder la nuca y continuar hasta el otro hombro. Su cuerpo se apretaba contra el de ella y pudo notar como se erizaba y conocedor como era de su cuerpo sabía se encontrarían sus pezones en ese momento por lo que con mucha lentitud fue subiendo las manos, desde sus caderas, por sus costados, hasta llegar a aquellas majestuosas tetas.
Si alguien le hubiese preguntado en que se fijó primero cuando la conoció, habría dicho que en sus ojos, cosa que no habría sido del todo mentira porque eran espectaculares, pero en realidad fue en su escote y en el canalillo que había en su interior. Era algo involuntario, no podía evitarlo. Pero estaba seguro de que todos los hombres hacían lo mismo al verla. Disimular o intentar no fijarse era como una tortura.
Agarró ambos pechos a la vez, notando como sus pezones se clavaban en la palma de sus manos mientras continuaba mordiéndola en la nuca, cada vez mas fuerte.
Podía oír como su respiración se iba acelerando y notar, como de una forma involuntaria, ella apretaba su culo contra aquel miembro duro y palpitante que tanto la hacía disfrutar. Mientras él continuaba mordisqueándola y agarrado a las tetas, que podía ver desde la posición en la que colocaba la cabeza, ella comenzó a restregarse.
Sin decir nada le puso una mano en la zona alta de la espalda, mientras la otra se negaba a soltar aquella maravilla y la inclinó un poco hacia delante, se separó de su culo la distancia imprescindible y comenzó a acariciárselo.
Valeria no decía nada pero su respiración ya era entrecortada y al notar que los dedos de su hombre se deslizaban por la raja de aquel increíble culo, su cuerpo, se inclinó un poco más y sus piernas comenzaron a separarse poco a poco, como invitándolo a entrar.
No pudo resistirlo más y la penetró. Fue como una estocada. La clavó hasta el fondo sin ningún miramiento.
Ella soltó un grito, mas de placer que de dolor y enseguida comenzó a gemir. La atrajo hacia si con la mano que aun agarraba su pecho izquierdo, apoyó la espalda en su pecho y pasando un brazo por su cuello comenzó a entrar y salir de ella como si fuese la última vez que pudiese poseerla. Valeria agarró ese brazo con sus dos manos y arqueó la espalda, provocando que su culo sobresaliese todo lo posible y él pudiese entrar hasta el fondo, hasta donde solo él había llegado.
Rómulo se dio cuenta, que de seguir así volvería a correrse sin poder evitarlo y aminoró el ritmo.
- ¿Por qué estás parando?, sigue, fóllame, no pares – consiguió decir Valeria entrecortadamente – venga, no pares.
Mientras ella gemía de placer y continuaba pidiéndole que la follase, él le hizo la señal acordada a Fran, que hasta ese momento se había mantenido en la orilla mirando. Aquella mujer lo excitaba de tal manera que no podía evitar el incontrolable deseo de volver a estar dentro de ella, entre sus piernas o en su boca. Tampoco podía evitar imaginarse siendo él el que la penetrase por culo, pero parecía que Rómulo no estaba dispuesto a compartirlo todo y se lo reservaba para él.
Fran estaba tan cachondo que no tuvo ningún problema para colocarse el condón con antelación, de hecho se lo había colocado en cuanto vio como le tapaba los ojos a ella y se colocó en la orilla. Él había estado con muchas mujeres y durante el último año, desde que descubrió la página de internet para este tipo de citas, con muchas parejas pero ninguna lo había excitado tanto como aquella. Por un lado, aquella exuberante mujer con esa carita de no haber roto un plato en su vida pero que cuando se ponía perra se transformaba en una fiera insaciable que gemía con cualquier roce y por otro estaba aquel hombre que le decía lo que tenía que hacer en cada momento, sin dar ninguna alternativa, como si él fuese solo un consolador. Lo habría negado a toda costa pero aquello había hecho que fuese más excitante. Le gustaba sentirse utilizado.
A aquella hora el agua comenzaba a estar mas bien fría pero, ni la pareja parecía notarlo, ni a Fran pereció importarle. Fue acercándose a ellos con toda la calma que le fue posible, pero estaba desesperado por volver a tocarla, acariciarla, tener aquellos duros y rosados pezones en su boca y sobre todo por volver a estar dentro de ella y notar su calor y como sus jugos resbalaban por su polla.
Justo cuando Fran llegó a la altura de la pareja, Rómulo paró y salió de Valeria, mientras ella continuaba rogándole que siguiese follándola.
En un rápido movimiento se apartó y con la mirada le indicó a Fran que era su momento. El cambio salió tan bien que ella casi no se dio cuenta hasta que tuvo dentro a Fran.
Se agarró a las caderas de ella y comenzó a salir y entrar de entre las piernas de aquella mujer mientras su cara se inclinaba hacia arriba, sus ojos casi se quedaban en blanco y sus manos agarraban con fuerza las caderas para poder llegar lo más profundo posible.
No le gustaba mucho lo de tener que usar el condón, pero aquel hombre mandón no le daba opciones. Tampoco podía quejarse ya que, gracias a la intervención de ella, había podido follarla a pelo e incluso correrse dentro. Ya estaba muy muy cachondo y al recordarlo aun se puso más.
- Tenía que parar, Val, sino “nuestro amigo” no podría jugar. – le susurró Rómulo en el oído.
- Sabes que tengo más agujeritos, para que podamos jugar los tres a la vez – contestó ella con una voz que lo incitaba.
Fran había cogido ya un ritmo fuerte, no paraba de penetrarla y el agua que había entre ellos saltaba a cada envestida.
Rómulo le hizo una señal a Fran para que parase, cosa que este no hizo en un principio pero que no le quedó mas remedio que hacer al ver como lo miraba.
Fran paró, salió de ella y se separó un poco, todo con mucho esfuerzo. Su polla latía, como si tuviese vida propia.
Rómulo cogió de la mano a Val y comenzó a andar en dirección a la orilla, Fran los seguía a muy corta distancia. Cuando llegaron a la parte en la que el agua les llegaba un poco más arriba de las rodillas se pararon.
- Ponte de rodillas – le ordenó Rómulo, mientras le apoyaba una mano en el hombro y la obligaba a obedecer.
Valeria sabía porque tenía que ponerse de rodillas y aunque deseaba que continuasen follándola también deseaba volver a tener en sus manos y en su boca aquellas dos vergas. Aunque la del desconocido no estaba nada mal y se ponía muy cachonda al saber que también era para ella y que le estaba entrando por todos los sitios físicamente posibles haciéndola gemir y disfrutar, la que de verdad la hacía retorcerse, gritar, desear y mojarse como nunca antes era la polla de Rómulo.
En cuanto estuvo de rodillas levantó sus brazos, uno a cada lado del cuerpo y abrió las manos. Menos de un segundo después ya tenía ambos penes en sus manos. Con solo cogerlos ya sabía cual era el de su hombre y cual el de su invitado sorpresa y no era solo por el condón que llevaba puesto y que enseguida arrancó. Al empuñarlos y notar su grosor no había la menor duda, por lo que agarró la de Fran con más fuerza y la atrajo hacia ella, hasta llegar a su boca donde la introdujo y comenzó a chupar, sin soltarla y sin dejar de menear la que tenía en la otra mano.
Había elegido primero la de Fran para hacer que Rómulo se cabrease un poco y para que se excitase aun más.
Cuando notó que la que tenía en la boca comenzaba a latir y que la respiración de su propietario se comenzaba a entrecortar, la soltó y se agarró a aquella larga y gruesa que tenía en la otra mano. La empuñó con ambas manos y comenzó a meterla en su boca, tan adentro como pudo.
Rómulo miraba hacia abajo, no podía dejar de mirar como ella introducía su pene en su boca a la vez que la que la meneaba con las dos manos. Se notaba que estaba muy excitada, gemía, sus pezones estaban completamente duros y se había vuelto de un tono mas oscuro y sus caderas se movían solas.
Val estiró sus piernas, a la vez que las abría un poco y continuaba inclinada hacia Rómulo. Se sacó su pene de la boca un instante, miró hacia arriba, como si pudiese verlo y le dijo:
- Dile a nuestro “amigo” que me la meta, pero ya – a la vez que volvía a continuar con lo que estaba haciendo.
- ¿Dónde quieres que te la meta, zorrón?
- Donde el quiera, pero ya – dijo ella sacándosela de la boca un momento.
Rómulo miró a Fran y con los ojos le indicó que hiciese lo que había dicho. Fran no se lo pensó, se colocó detrás de Valeria, con una mano la agarró de la cadera y con la otro colocó su pene entre las piernas de ella y de una embestida la penetró totalmente. Val soltó un gemido ahogado, sin sacarse lo que tenía en la boca y comenzó a mover sus caderas sin control. Rómulo no dejaba de mirarla y de excitarse al ver aquellos movimientos y notar sus gemidos en su polla en el interior de su boca.
Nada mas entrar en su vagina Fran pudo notar su calor y su humedad. Humedad que enseguida comenzó a resbalar por su miembro completamente hinchado. No fue capaz de aguantar mucho aquel ritmo que ella había impuesto y menos de tres minutos después se corrió dentro del Valeria. En esos momentos Rómulo notó como ella se agarraba con mas fuerza a su rabo y como la chupaba con mas énfasis, si es que eso era posible.
Fran salió de Val y se sentó cerca de ellos, las piernas le temblaban. Desde su posición podía ver perfectamente el trasero de Val, que seguía lamiendo y chupando. Podía ver la entrada a aquella cueva que tanto placer le había dado y podía ver como además de estar mojado por sus fluidos propios también comenzaba a asomar y a gotear un líquido viscoso y de color blanquecino, era su semen. Eso hizo que pensase en que había vuelto a estar dentro de ella sin usar condón y en como había notado como las paredes de la vagina se habían contraído, apretándole el rabo, cuando volvió a correrse dentro de ella.
- Ahora métemela tú – dijo Valeria mirando a los ojos de Rómulo.
Ella miró hacia arriba y a pesar de no poder verle los ojos, sabía que estarían transformados. Su mirada cambiaba cuando estaba muy excitada y él sabía distinguirla desde hace mucho tiempo. Sus mejillas estaban sonrojadas, a pesar de que el agua ya se notaba fría, por lo que sus pezones estaban completamente erectos. Su pelo mojado caía por encima de su hombro derecho hacia su pecho y algunas gotas resbalaban por él.
- Quiero correrme en tu boca – contestó Rómulo.
- Pero yo quiero que me folles.
- No. Él acaba de follarte y correrse dentro de ti, como tu querías.
- Pero ahora quiero tenerte dentro a ti. Ahora mi rajita está muy resbalosa. ¡Métemela!.
- Quiero correrme en tu boca. Pero si te follase ahora sería por otro sitio.
Fran no perdía una palabra o un movimiento de aquellos dos. Ya notaba como comenzaba a empalmarse otra vez. Hacía mucho tiempo que no se corría dos veces, casi seguidas y volvía a estar preparado para otro asalto. Había estado con otras parejas, pero con ninguna se había excitado tanto. No sabía exactamente porque, podía ser por que ella era preciosa y su cuerpo una locura, podía ser porque no esperaba que ella asumiese la situación tan rápido y de una forma tan…. caliente, por decirlo finamente, podía ser porque era la primera vez que le permitían hacerlo sin condón y además terminar dentro, podía ser porque aquel hombre, algo intimidante y mandón, la penetraba una y otra vez, con aquella enorme y gruesa polla, por todos los lugares posibles mientras ella gritaba, gemía y se retorcía con cada envestida.
Valeria se arrodilló, volvió a agarrar con ambas manos el duro rabo de su hombre y comenzó a lamerlo dándole lengüetazos.
- ¿puedo quitarme esto de los ojos? Quiero mirarte a los ojos mientras te corres.
- Sabes que no puedes – contestó Rómulo.
- Pero antes dijiste que si me portaba bien podría quitármelo – continuaba lamiendo de la manera que sabía que él se excitaba más.
- Dije que ya veríamos, no confirmé nada.
- Venga, por fa. Si me dejas quitármelo, luego te dejo hacerme lo que quieras tú solo, los dos, como y cuando quieras.
Rómulo miró a Fran y le indicó con la mirada que se marchase hacia la zona de acampada. No le hizo mucha gracia, porque esperaba que la cosa volviese a animarse y pudiese volver a penetrar y acariciar aquel cuerpo. Se levantó, se dio la vuelta y comenzó a dirigirse hacia el lugar indicado, con su pene completamente duro, nuevamente.
- ¡¡¡Venga por fa!!!!
Rómulo esperó a que Fran estuviese fuera del campo de visión y agarró a Valeria del pelo, obligándola a que se incorporara. Se acerco aun más a ella y comenzó a morderla por el cuello mientras la agarraba del culo y la apretaba contra su rabo. Podía escuchar en su oído como se le escaba en aire con cada mordisco, con cada roce de sus dedos que iban subiendo por su espalda. Al llegar a la altura de sus mejillas las agarró con delicadeza atrayendo sus labios hasta poder rozarlos. Comenzó a besarla con dulzura mientras sus dedos llegaban al nudo del pañuelo que tapaba sus ojos y lo desataba.
Poco a poco el pañuelo comenzó a resbalar por la cara y sus ojos quedaron al descubierto. Parpadeó varias veces, rápidamente, hasta que sus ojos comenzaron a ver con nitidez.
Rómulo cogió el pañuelo sin dejar de besarla y sin separarse de ella ni un milímetro, lo llevó a la espalda de ella y separando un momento los labios, dijo:
- Pon las manos atrás.
Ella obedeció sin rechistar y rápidamente las rodeó con el pañuelo y las ató.
- ¿Qué quieres, mi amor? – dijo Valeria en tono meloso.
- Que te arrodilles.
Valeria lo miró a los ojos, sonrió y sin decir nada obedeció y se puso de rodillas. El agua ya estaba fría y al colocarse de rodillas, el agua le sobrepasó el ombligo y como si se tratase de un resorte, sus rosados pezones, se endurecieron.
Unos segundos después, cuando se hubo aclimatado a la temperatura del agua y mientras continuaba con las manos atadas a la espalda, comenzó a pasar la lengua a lo largo de aquella dura y palpitante verga que tanto la hacía disfrutar.
Nunca había estado con ningún hombre con semejante paquete. Tampoco es que hubiese estado con muchos, pero tenía sus tiritos pegados, como suele decirse. Ninguno de ellos se había aproximado, siquiera, al tamaño que tenía la de Rómulo, ni en largo ni en grosor. Al principio pensó que no nunca podría metérsela entera y hasta se planteó dejar la relación, pero finalmente y tras hablar con alguna amiga, decidió continuar y probar. Tuvieron que pasar varios años hasta que consiguió poder metérsela entera sin sentir dolor. Ahora disfrutaba como nunca antes lo había hecho. Llegaba a tener tantos orgasmos y de tanta intensidad que cuando terminaban quedaba, durante un buen rato, como en una nube.
Aquel hombre, cuyo pene ahora lamía con devoción, la excitaba de una manera que nunca sentido y hacía que se sintiese capaz de hacer y desear cosas que antes ni siquiera habría imaginado. Con casi todas las conversaciones terminaban llevando a algún tema sexual y poco a poco la llevó a la situación actual.
Mientras lo miraba a los ojos, continuaba pasando la punta de su lengua desde los testículos hasta la punta del pene y volvía a bajar. Podía ver en sus ojos lo caliente que estaba y como la deseaba. Después de unos minutos ninguno de los dos pudo aguantar más y Valeria, en un rápido movimiento, se lo introdujo en la boca y comenzó a sorber. Rómulo agarró con su mano derecha uno de los pechos, notando el duro pezón y la mano izquierda sobre la coronilla de Valeria. El duro pene entraba y salía de su boca, al principio porque ella era la que se movía y después porque él comenzó a empujarle la cabeza introduciéndosela hasta la campanilla, llegando incluso a provocarle algunas arcadas.
Desde la altura, Rómulo, al mirar hacia abajo podía ver aquellos increíbles ojos azules que lo miraban mientras su rabo continuaba entrando y saliendo de su boca, también veía como sus pechos se movían al mismo ritmo. Continuó recorriendo su blanca piel con la mirada hasta llegar a sus manos que continuaban atadas a su espalda y apoyadas sobre el comienzo de su increíble culo.
Con cada movimiento de su cabeza, él, podía notar como un calambre le recorría el cuerpo, incrementando su intensidad a cada segundo. El placer que sentía comenzó a ser casi insoportable, cogió la cabeza de Valeria con las dos manos y comenzó a embestir su boca con más fuerza, ella podía notar como se hinchaba aún más en el interior de su boca. Pocos segundos después su semen le llenaba la boca.
Valeria continuó sorbiendo el pene hasta que Rómulo, entre estertores, la sacó de su boca y se puso de rodillas, justo delante de ella y cogiéndola del pelo, la miró a los ojos y mientras la atraía poco a poco hacia él, le dijo:
- Te quiero con locura, cochina mía.
- Y yo a ti, salidorro mío – dijo Valeria mientras abría la boca mostrándole que ya no tenía nada.
- Como te deseo – le susurró él mientras la acercaba más y la besaba en los labios con pasión.
Rómulo la cogió de la mano y ella sin decir nada, se dejó llevar a una zona más profunda del lago. Cuando el agua podía cubrir los duros pezones de Valeria, él paró, se colocó detrás y la abrazó pasando sus brazos por los pechos de ella. Valeria no decía nada, solo se dejaba llevar por el amor y el deseo que su hombre le transmitía.
Ya había oscurecido y lo poco que se podía ver era gracias a luna y a la fogata que había en el campamento y que casi se había apagado. Valeria se sentía increíblemente bien entre los brazos de su hombre, su amante, su marido, su amor, pero él podía notar como comenzaba a temblar por el frío.
- Espera aquí un momento.
- ¿Dónde vas?, no me dejes aquí solita
- Será solo un momento. – y se dirigió hacia la orilla.
En cuanto hubo llegado a la zona del campamento echó unos troncos al fuego para avivarlo, cogió una toalla y le dijo Fran:
- Puedes marcharte, ya hablaremos.
Y mientras Fran recogía sus cosas y se marchaba, Rómulo se dirigió hacia la orilla del lago y una vez allí llamó a Valeria que entre tiritones y con los brazos cruzados sobre sus pechos comenzó a salir del agua. Cuando hubo llegado a su altura, con un movimiento rápido la rodeó con la toalla y la abrazó. Permanecieron así por un minuto y Rómulo le dijo:
- Vamos junto al fuego que te calientes, cariño.
- ¿Quieres calentarme otra vez? – contestó ella en tono meloso.
- Pero que provocona eres.
- Hablando de provocar ¿Dónde está Fran? – preguntó Valeria colocándose junto al fuego.
- Se ha marchado, ¿por qué, es que quieres seguir?
- Pues después de cenar…..
- Pues ya tendrá que ser sin él.
- Es una pena porque ya le estaba cogiendo el truquillo a esto del trío, pero que se va a hacer, que sea sin él – dijo ella mientras se giraba hacia donde estaba Rómulo y abriendo la toalla, mostrándole los pechos.
- Pues vamos cenar – dijo él mientras sus ojos no podían despegarse de aquellos pechos.
Aquella noche, después de cenar, tomar unas cervezas y fumarse un cigarrillo de marihuana, volvieron a hacerlo, aunque esta vez hicieron el amor.
Los dos quedaron exhaustos y se durmieron enseguida abrazados.
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