Xtories

Nuestro inicio. 1ª Parte

La amistad se quiebra cuando la vulnerabilidad se convierte en deseo. En la quietud de Cadaques, Anna toma el control y Franc descubre que su mayor miedo es, en realidad, su mayor placer.

Veitafaner17K vistas9.4· 23 votos

Permitirme una breve introduccion. Este es el segundo relato que publicamos. El primero fue Argolla. Este el el inicio de como cambio todo, la primera parte de como empezamos en esto. Eramos un matrimonio convencional, feliz y acomodado. Leer y vereis como todo cambio. Gracias por vuestro tiempo.

Ni sabíamos que ese estilo de vida tenia un nombre, al investigar descubrimos que se llamaba Cuckold y en que tenia muchas variantes y cada vez mas practicantes. Yo si había fantaseado con ello y más de una vez cuando Anna salía de noche, sin mi. Solía proponerle lo siguiente:

—Haz lo que quieras pero si te ligas a alguien y hay sexo me lo cuentas con pelos y señales o mejor me haces un video. -Anna no me hacia ni caso.

De forma totalmente inesperada sin planear nada, descubrimos las sorprendentes sensaciones, sentimientos y beneficios que la situación nos produjo. Y sirvió para abrirnos a experimentar. Dejarme que os diga que es importante experimentar, probar, descubrir… en todos las índoles incluida el sexo.

En conversaciones domésticas, en largos trayectos de coche, más de una vez Anna y yo habíamos comentado lo satisfechos y felices que nos sentimos como pareja y la suerte que tenemos de estar juntos. Comentamos lo dichosos que nos sentíamos cuando vemos a nuestro hijo haciendo algo que le genera felicidad. Por ejemplo; cuando jugaba en el parque, cuando ganaba un tanto al tenis, cuando se reía… Esa sensación es válida para todo ser querido. La felicidad y el bienestar de los que queremos nos revierte en felicidad para nosotros.

Hace ya muchos años, antes de conocer a Anna, justo al año de terminar la carrera entré en un proyecto de ingeniería europea, becado por la universidad. Fue una gran experiencia de la que, entre otras cosas, quedó una gran amistad con Klaus. Un ingeniero como yo. Con el que construimos una buena relación que perdura con el paso de los años. Hemos pasado navidades juntos en Berlín y en Barcelona, compartimos bodas, soy el “padrino” de su hijo.

Mi mujer, Anna, cuando se conocieron, establecieron también un fuerte vinculo. Años más tarde, cuando Klaus conoció a Noa, con quien se caso locamente enamorado, nos convertimos en grandes amigos. Los cuatro compartimos viajes, Egipto, Canadá, EEUU…

La vida es complicada y nos creemos que la tenemos controlado pero no, de repente da un giro. Todo se truncó cuando Noa enfermo, un terrible cáncer de páncreas que apenas aguantó siete meses. Fue muy muy duro para todos. Klaus cayó en una terrible depresión. Y para nosotros fue algo desgarrador quizás la peor perdida que hemos tenido.

Durante un año visitamos varias veces a Klaus y a su familia. Poco a poco parecía que pasaba el duelo y se sobreponía a su nueva realidad, padre viudo con apenas 38 años. En una de nuestras llamadas telefónicas le comentamos que por que no venia unos días con nosotros de vacaciones. Costó mucho, él argumentaba que no quería aguarnos nuestro ocio. Si no es por Anna que se puso muy pesada, cuando quiere es muy convincente, logró convencerle. Habíamos alquilado una casa en Cadaques para pasar el verano.

Allí estábamos en el aeropuerto de Girona esperando al alemán y a su hijo de dos años.

Klaus y Rob se instalaron en una de las habitaciones de la primera planta. Solo fueron cuatro días, playa, piscina y sol. Jugamos mucho con Rob, era un niño muy alegre y tranquilo. Mantuvimos largas conversaciones con Klaus e intentamos que lo pasase lo mejor posible, comimos paellas y mucho pescado.

La ultima noche, cuando el pequeño Rob agotado de tantas horas en la piscina y de corretear de aquí para allá, cenó y se quedo dormido. Los tres adultos cenamos en la terraza y allí nos quedamos charlando. Klaus, una vez más, quiso contarnos todo lo que había sufrido. Se abrió en canal como no había hecho nunca, explicando las sensaciones mas tristes y profundas que había sentido, incluso terminar con todo. Proyectó sobre Anna y sobre mi todo su desgarrador sufrimiento. Los tres terminamos llorando como magdalenas, completamente rotos. Se creo un ambiente que de tan tenso era francamente incomodo, había que interrumpirlo y fue Anna quien lo hizo.

—Bueno, chicos yo tengo un poquito de frio entremos en casa.

Los tres nos pusimos de pie.

—Amigos, no se como agradecerles la paciencia que tienen conmigo.

—De eso nada Klaus, nosotros estamos agradecidos y contentos de que estés aquí, sabemos que no es nada fácil.

—No, no lo es, aún así debo intentar seguir adelante, si no por mi por Rob. Y bueno, ustedes son grandes amigos y les quiero mucho.

—Anda ven aquí. -.Dijo Anna, abriendo los brazos.

Nos abrazamos los tres y Anna le dio a Klaus un tierno beso en la mejilla.

Anna y yo, antes de que llegase Klaus habíamos hablado que delante de él no tendríamos muestras de afecto como besos, caricias y demás. Pero de forma instintiva y sin pensarlo Anna tras besar a nuestro amigo en la cara me beso a mi en los labios. Nos miramos y nos dimos cuenta de que habíamos metido la pata.

—Amigos, disculparme me iré ya a dormir. Y así les dejo solos.

—No, Klaus no. No quería incomodarte, quédate un poco más.-Dijo Anna.

Notamos la tristeza e incomodidad en el rostro de Klaus y a Anna no se lo ocurrió otra cosa que acercarse a él y esta vez besarle en los labios como para compensar su falta de tacto. Fue muy rápido, Anna me miro a los ojos y vio que aprobaba su acción. La verdad es que sentí un fuerte chispazo, mi mujer fue consciente de ello. De nuevo regreso a Klaus para plantarle esta vez un beso mas intenso. Klaus se quedo petrificado sin saber que hacer. Agarre la mano de Anna tirando de ella para desbloquear la situacion, pero mi mujer a la vez agarro la mano del Klaus. Los tres subimos las escaleras uno detrás de otro en silencio. En el quicio de la puerta de nuestro dormitorio Anna se giro y dijo:

—Klaus, hoy no me da la gana de que duermas solo. Tu que dices Franc?

Me limite a asentir con la cabeza, no me salían las palabras.

—Amigos yo…-Anna no le dejo continuar con su boca apago sus palabras.

Anna ya desatada, alternaba besos de uno a otro, caricias de uno a otro. Yo me estaba poniendo como una moto, mi excitación era comparable a las primeras masturbaciones. Sentía muchísimo calor y presión en todo mi cuerpo. Una sensación tremenda de excitación desbordada también algo descolocado.

Sin miramientos mi mujer se quito la camiseta y de una sola vez los pantalones y las bragas. Estaba desnuda delante de mi y de mi amigo.

El alemán estaba medio bloqueado pero su pantalón mostraba que excitado.

—A que esperáis para quitaros la ropa? O os la tengo que quitar yo? -Soltó Anna, con determinación.

Klaus me miro, sorprendido, y vio como me quitaba la camiseta y los pantalones. El no reaccionaba así que fue Anna la que se acerco a el totalmente desnuda para tirar de su camiseta hacia arriba y de sus pantalones hacia abajo quedándose ya de rodillas ante la erección de nuestro amigo. Sin dejar de mirarme con la expresión mas lasciva, Anna se metió lentamente la polla del alemán en la boca. No aparto sus ojos de los míos mientras se la sacaba de la boca y pasaba su lengua lentamente y de nuevo otra vez se la metía. Klaus empezó a dejarse ir, a entregarse a la felación que mi mujer, su amiga le estaba haciendo. Yo lo contemplaba a algo mas de un metro de distancia. Era una delicia ver a Anna así.

Anna se sentó en la cama y con su mano derecha abierta y plana dio unos golpecitos sobre las sábanas indicando al tímido Klaus donde debía colocarse. El no obedeció de primeras, levantó su mirada y buscó la mía. Mi cara reflejaba una tenue sonrisa de aprobación. El alemán se sentó en la cama. Anna se colocó se rodillas entre sus piernas. Sin dejar de mirarme masturbaba la polla de nuestro amigo con una sensualidad y maestría que me era muy familiar. Le escupió para lubricar bien ese miembro aunque bien sabíamos ella y yo que no le hacía falta, estaba mojadísima, pero aún así lo hizo. Con la única intención de exhibirse para mí de provocarme aun más. Desde donde estaba, extendiendo su brazo izquierdo empujó suavemente a Klaus para que quedase tumbado. Anna se puso de pie y colocándose de rodillas sobre el con una pierna a cada lado. Agarró la polla de Klaus y la acompaño mientras se dejaba caer sobre él hasta completar la penetración. Los dos lanzaron un fuerte suspiro. Por un momento aparté la vista de mi mujer y vi que Klaus tenía los ojos cerrados. Parecía que aún deseando lo que estaba pasando no lo quería ver. Todo lo contrario que yo. Mi cuerpo quería estallar, sentía un calor tremendo que salía de dentro de mi. Grandes cantidades de adrenalina que me hacían sentir como el único hombre del mundo, viendo a dos metros de mi como mi mujer se follaba a otro.

Anna permaneció unos segundos inmóvil hasta que inició suaves vaivenes no era un mete saca. Se frotaba lenta y firmemente sobre él, que permanecía inmóvil pero jadeante. Menudo espectáculo, podía ver como ella tensaba sus glúteos y movía ligeramente sus caderas cada ver que presionaba el clítoris contra el pubis de el. Ni un solo momento dejó de mirarme, aumentó los movimientos en amplitud y el velocidad, fue muy poco. Y de una forma muy suave y controlada Anna me regaló por primera vez un orgasmo con otro hombre, maravilloso. Se corrió muy suave y largo, tirando la cabeza hacia atrás dejando su pelo caer libremente cerca de su preciosa espalda arqueada. En los últimos conatos de su corrida se inclino hacia delante terminando sobre el pecho de Klaus que la abrazó. Cuanta belleza en algo tan socialmente incorrecto. Así se quedó unos segundos hasta que se levantó, la polla de Klaus estaba brillante por la humedad que se había encontrado dentro de ella. Esta vez Anna se dio la vuelta y se sentó sobre Klaus metiéndosela otra vez. De nuevo se quedó quieta.

—Cariño, acércate.-Me dijo Anna.

—Claro.-Le obedecí.

Alzando su cara y poniendo labios de beso me pidió que la besase. Lo hice, un tremendo morreo donde nuestras lenguas actuaban desesperadas. Que morboso besar a mi mujer de esa manera sabiendo que otro hombre el que esta dentro de ella.

Duró poco por que ella empezó un tremendo mete saca, ella y yo en nuestra intimidad a ese movimiento le llamamos la trituradora. Te hace correr en un santiamén, contrayendo sus músculos de la vagina, te sujeta como con una mano. Y así fue, con esos sube baja tan rápidos, tan precisos y tan intensos Klaus lanzó un fuerte bufido indicando que se había corrido dentro de ella. Anna se levantó y vi a menos a dos palmos de mi como el semen de nuestro amigo salía de su coño y caía por el interior de su muslo. Quiero con locura a mi mujer pero en ese momento fue devoción, admiración… la vi tan poderosa, tan viciosa, una diosa. Mi diosa.

Ella fue al baño y en el camino dejó alguna gota de semen en el suelo.

Klaus permanecía inmóvil en la cama. Al poco se incorporó y quiso disculparse.

—Franc, yo… me siento fatal, no sé qué he hecho, no me lo perdonaré nunca.

—Klaus no has sido tú, quizás somos nosotros los que te debemos disculpas. Y bueno la conversación de antes nos ha dejado a todos con las defensas muy bajas.

—Es cierto pero me siento mal, culpable y avergonzado.

—Que no tío, además hemos sido nosotros en especial Anna la que

Marcado el camino. Quizás hasta diría que tu vulnerabilidad ha sido usada.

—No, no. No lo siento así Franc me ha parecido un acto de generosidad por vuestra parte. Y Anna si usa ese grado de seducción y de control sobre los hombres nadie puede negarse, es un volcán.

Los dos reinos con fuertes carcajadas interrumpidas por el regreso de Anna, lo hizo con una bragas blancas puestas.

—De que reís con tantas ganas?

—Tonterías de hombres.-Dije yo.

—Dejaros de tonterías y a dormir todos va.-Dijo Anna.

—Buenas noches amigos.-Dijo Klaus, saliendo del dormitorio.

—Donde crees que vas? Te he dicho antes que hoy no dormías solo.

Anna se tumbó en el centro de la cama. En la parte izquierda Klaus y a la derecha yo.

Noté como Anna se quedaba dormida a los pocos minutos. A mi y a nuestro amigo nos costó más.

Me desperté con los ruidos de la cocina. Primero bajé yo y a los pocos minutos Klaus.

En el suelo de la cocina Anna jugaba con el pequeño Rob al que ya le había dado el desayuno.

Al verme se levantó y acercó a mi sonriente.

—Menudo dormilón estás hecho.

Me abrazo y dio un beso.

—Lo de ayer fue impresionante.-Me susurró, como si alguien pudiese oírla.

—Puff!!!! Menudo espectáculo me diste.

—Como está Klaus? -Preguntó ella.

—Ayer mientras tú estabas en el baño me hizo entender que estaba arrepentido, que se sentía muy mal. En cambio yo no podía dormir pensando que le habíamos utilizado.

—Eso también lo he pensado yo. Me dio mucha pena verle de esa forma y quise hacer algo. Se me fue de las manos. La pena se transformó en excitación, creo que perdí el control. Pero lo hecho, hecho está. Y si te digo la verdad solo de pensar verte como me mirabas de lo poderosa que me sentía… lo haría otra vez, estaba súper cachonda.

—Buenos días.-Nos interrumpió Klaus saludando a baja voz y con la mirada en el suelo.

—Buenos días.-Contestamos a la vez mi mujer y yo.

Rápidamente el alemán se acercó donde estaba su hijo para saludarle y de alguna forma refugiarse de nosotros.

—Que queréis desayunar, hay café hecho.

—A mi me apetecen unos huevos revueltos.

Klaus quiso lo mismo.

En la cocina teníamos un silencio incómodo sólo roto por los ininteligibles ruidos que hacía el pequeño.

Nos sentamos los tres en la mesa a comer los huevos que Anna nos había preparado. Ella se tomaba una infusión de cúrcuma y canela que olía de maravilla. De nuevo fue ella la que rompió el silencio.

—Chicos, veamos… quizás ahora tenemos mala conciencia. No podemos estar así de raros, lo de ayer no debería haber pasado. Pero pasó y ya no se puede hacer nada. También os digo, por qué no quiero ser una hipócrita que me encantó, fue muy tierno y excitante. Pensemos que ha pasado y ya está, simplemente. Como se dice: lo que pasa en las vegas se queda en las vegas. Hagamos nosotros lo mismo con Cadaques. No dejemos que unos minutos estropeen años.

—Pienso igual que Anna.-Dije yo.

—Me siento muy avergonzado. Está bien lo que decís, lo agradezco. Además tampoco fue mi mejor actuación hacia más de dos años que no estaba con una mujer.

Reímos los tres, la cosa se calmó y ya parecía que no había sido para tanto.

—Casi tengo las cosas recogidas pero algo me queda. Os podéis quedar con el pequeño un poquito mientras termino las maletas.

A las 14 horas debíamos estar en el aeropuerto de Girona. Klaus y su hijo regresaban a Alemania.

—Llámanos cuando llegues. -Dijo Anna gesticulando con la mano como si fuese un teléfono.

Les vimos desaparecer por la puerta de embarque.

Anna conducía, propuso que nos quedásemos a comer por Girona, así lo hicimos. Estábamos solos habíamos recuperado nuestra intimidad y era el momento de hablar de lo ocurrido.

Ya sentados esperando que nos cobrasen.

—Pienso igual Anna. Pero siendo sincero, ayer antes de dormirme, que por cierto me costó bastante. Entre la tensión y la excitación, hasta que no fui al baño y me hice una paja no me quedé tranquilo.

—Pensaba que si yo era raro. Que si sería un vicioso enfermo, un marido anómalo que le gustaba que a su mujer se la follen otros.. Pensaba si era un mal marido y mal padre o que no te quería lo suficiente.

—Joder!!! Eres mi mujer la madre de mi hijo y se supone que verte con otro hombre me tendría que molestar. Y fue todo lo contrario Anna, hacía años que no me excitaba tanto. Verte gozando con otro hombre con ese control de la situación. Me pareció tan sensual tan bonito, no sé, es extraño lo que sentí y siento ahora.

—Que sientes ahora Franc? -Con voz pícara y seductora preguntó Anna.

—Siento confusión y una tremenda erección también.-Reímos los dos.

—Siento que me gustaría volver a verte y que debería haberte grabado mientras lo hacías.

Pagamos y salimos del restaurante. Al llegar al coche Anna me dio las llaves y agarrándome la entrepierna con la mano derecha se reclinó sobre mi para besarle y comerme la boca. Entramos en el coche y nada más salir a la carretera.

—Quiero comerte la polla. Te apetece? -Dijo Anna.

No contesté sin soltar el volante con la mano derecha liberé el cinturón de los pantalones y me desabroche.

Anna se inclinó sobre mí para empezar una mamada celestial, muy suave. Anna tiene dos formas de mamármela una muy suave, lenta, usando mucho la lengua. Otra salvaje donde aprieta los labios contra el glande succionando al mismo tiempo. Usó la primera, la secunda era peligrosa teniendo en cuenta que yo estaba conduciendo.

Mi mujer estaba desatada, hacia años que no se comportaba así.

—No quiero que te corras.

Durante más de 15km fue chupando y parando, chupando y parando. Yo estaba que reventaba. A esto se le llama edgging, consiste en parar justo antes del orgasmo, es una sensación deliciosamente excitante.

Llegamos a la casa salí del coche sujetando los pantalones. Al entrar en casa Anna se dejó caer sobre el reposa brazos del sofá y subiendo el vestido y apartando el tanga me ordenó que la follase. Me corrí en menos de un minuto, rapidísimo.

—Vamos a la piscina. -Dijo Anna.

Nos pasamos la tarde en la piscina Anna leyendo y yo con el teléfono haciendo búsquedas de: “marido comparte esposa”, “marido ofrece a su mujer”, “marido que disfruta viendo a su mujer con otro hombre” “porque los hombres comparten a su esposa”. Me sorprendió todo lo que encontré, muchísimos vídeos con la etiqueta Cuckold, que traducido literalmente sería algo así como cornudo.

Regresamos a la casa nos duchamos y preparamos algo de cena, unas ensaladas y algo de pan con tomate y quesos.

—Anna, esta tarde he estado mirando en internet información sobre lo de ayer.

—Información? De qué? De cómo follar? -Los dos reinos.

—No mujer, qué graciosilla eres!!! No, no. Sobre los maridos que disfrutan viendo a su mujer tener sexo con otros.

—Y que has encontrado?

—Pues que no es tan raro, que es un mundo.. A este movimiento se le llama Cuckold, cornudo en inglés. La definición sería: que la mujer tiene relaciones con otros hombres mientras el marido permanece monógamo y es consciente de ello.

—Pero ese no fue nuestro caso Franc. Yo entiendo por cornudo alguien que es engañado por su pareja, que lo hace a sus espaldas. Y lo de ayer no fue eso. Además lo de cornudo me suena a insulto y para nada es eso. Tú eres un marido generoso un poco viciosillo eso si. -De nuevo reímos los dos.

—Es cierto, pero de forma genérica a ese tipo de relaciones las llaman así, cuckold. Dentro de estas hay variedades. Mujeres que follan con otros hombres y ellos no lo ven. Hombres con enfermedades o mujeres muy fogosas que follan con otros para saciarse. Hombres que les gusta ser humillados por el Corneador o Bull. Hombres que les gusta que su mujer les someta. Matrimonios donde ella es muy joven y el marido muy viejo. En fin… todo un mundo.

—Interesante, si. -Dijo Anna mientras escuchaba atentamente las explicaciones que le daba.

—De todas las variantes la que más me ha llamado la atención es la de una pareja francesa, locamente enamorados el uno del otro con una estupenda y acomodada vida. En la que buscan amantes para su mujer con la idea de que ella se exhiba ante su marido y él la de verla hacerlo.

—Encaja con nosotros y lo que pasó con Klaus.

—Así es.

—Todo un mundo que desconocíamos.

—Acerca el portátil y vemos juntos. -Dijo Anna.

Los dos nos sentamos en la mesa de la cocina a buscar información y ver vídeos Cuckold. Entramos en foros y vimos comentarios y recomendaciones también vídeos de varias temáticas relacionadas con el cuckold. A la esposa se le llama Hotwife al marido cornudo y al que pone los cuernos, macho, corneador o bull.

—Excepto lo de Hotwife, que me parece muy sugerente, los demás nombres no me gustan me suenan vulgares de mal gusto. Yo soy la Hotwife tú el marido y el tercero el amante. Me gusta más así. Que te parece amor?

—Ok, pues llamémosles así.

En los foros recomendaba establecer límites o normas basadas en el riesgo que la pareja podía asumir.

Ni yo ni Anna teníamos ganas de correr ningún tipo de riesgo.

—Mira Anna, que te parecen estas normas que propone esta pareja: No en casa, no con conocidos, nunca a las espaldas del otro, en locales de intercambio, nunca besos, protección…

—No todas me gustan, pero podríamos hacer un mix.

Estábamos mirando en internet y entrando en juego arriesgado.

—Por ejemplo: nunca repetir amante y siempre tú y yo juntos. Y nunca en nuestro entorno.-Propuso ella.

—Nunca repetir amante, no establecer vínculos de ningún tipo con el amante y siempre tú y yo bajo el mismo techo. -Solté yo.

-Guay me gusta, cuándo empezamos?

Los dos nos reímos a carcajadas tras ellas un silencio algo nervioso.

—Pon vídeos -Dijo Anna.

Vimos vídeos donde hombres negros follaban a mujeres delante de su marido y que estos lamían el semen que el amante había dejado sobre o dentro de ellas. Maridos que hacían felaciones a los amantes para ponérsela bien dura y follar a sus esposas. Nos pusimos muy cachondos. Tanto que Anna arrastró su silla para levantarse y desnudarse. Me ordenó que hiciese lo mismo. Yo estaba empalmado desde hacía rato. Me senté de nuevo en la silla y sin dejar de ver los vídeos Anna se sentó sobre mi metiéndosela dentro con una facilidad pasmosa. Los dos mirábamos atentamente la pantalla donde un hombre follaba salvajemente a una mujer de mediana edad. Que daba fuertes gritos de placer. Mientras el marido la besaba y tocaba los pechos.

Anna sin apartar la vista de ordenador me estaba follando y con su mano derecha se masturbaba buscando aliviarse con un orgasmo. Se corrió, reclinándose sobre mi, tensando su cuerpo y arqueando su espalda, con su cabeza sobre mi hombro, noté como temblaba y se destensaba tras el orgasmo. Se levantó y se sentó en el sofá recostándose hacia atrás con sus manos agarró las piernas por detrás de las rodillas.

—A qué esperas, fóllame cornudo. -Soltó guiñándome un ojo.

Me acerqué a ella y colocándome de rodillas me la folle sin miramientos, usándola, siendo egoísta, buscando mi liberación y mi calma, ella gemía disfrutando del momento.

Estábamos entrando en un mundo muy excitante y divertido.

A la mañana siguiente mientras Anna se duchaba y yo me afeitaba salió de nuevo el tema.

—Entonces Franc, serías capaz de que lo hiciésemos?

—El qué?

—Pues eso, que me folle otro hombre.

—Puff!! Por un lado me da un poco de miedo por otro me flipa la idea. Podemos intentarlo, si tu quieres. Poco a poco y vemos como nos sentimos. Fluimos y a ver has y a ver hasta donde llegamos.

—Si te parece podemos empezar visitando un local swinger.

—Pero ya?

—Si, para que esperar y no hay mejor momento que estado de vacaciones.

—Ok Anna pues busco un local por Girona y vemos.

—Vale, ufff!!! Solo de hablar de ello me pone cachondísima. Por que no me comes el coño, así me calmo un poco.

Se tumbó en la cama separo sus piernas. Quise besarla primero, no me dejo. Agarrándome del pelo y la cabeza me dirigió a su clítoris. Lo succioné y metí entre mis labios donde lo deje presionado, con la legua y sin abrir la boca le daba rápidos lametones.

—Ohhh!!! Mi amor que bien me lo comes, me encanta. Siii, mas fuerte, mas, mas..

Apretaba fuerte mi cabeza hacia ella, no para a de frotarse de moverse, incluso me dificultaba la que le estaba haciendo. Empujaba sus caderas hacia mi, de repte te se quedo quieta y descarto toda la tensión. Me dejó la nariz y los alrededores de la cara chorreando, que forma de correrse. Se quedo tumbada en la cama, con las dos manos cubriéndose la boca. Estaba preciosa.

—Que bestia Franc!!! Me has dejado el coño dolorido.

—Pero…Anna que dices si eras tu la que e perdía mas fuerte.

—Es verdad amor, es que con todo esto del cuckold y lo de Klaus estoy salidísima.

—Me encanta que lo estés.

—Me gustaría que hicieses una cosa.-Dijo Anna.

—El que?

—Quiero que te hagas una paja, que yo te vea y que te corras encima de mi. En mis tetas en mi barriga pero que yo te vea bien.

—Que guarra eres Anna. -Le dije al tiempo que me colocaba de rodillas sobre la cama y empezaba a masturbarme para ella.

Mientras lo hacia Anna se pellizcaba los pezones y jugaba con sus tetas. Hacia muchos años que estábamos juntos. Nunca me había pedido nada así. Solté mi semen sobre sus pechos, lo esparció por ellos. Tuvimos que ducharnos otra vez.

Por la tarde, buscando encontré un local de intercambios de pareja en internet que estaba en las afueras de Girona. Tenía muy buen aspecto un lugar selecto donde no todo el mundo podía entrar. Para poder hacerlo debías mandar un correo con una carta de presentación y esperar la invitación o ser ya cliente. A cada momento miraba el teléfono por si esa invitación había llegado. Fue el jueves, a media mañana. Recibí un correo electrónico de la gerente del local. En él me agradecía el interés y nos invitaban para el viernes por la noche. También nos explicaba las normas del local, pedían vestir elegante y para esa fiesta ir con máscara. Que si no teníamos, ellos nos proporcionarían una. También nos sugería, si era nuestra primera vez en un local de ese tipo, las normas genéricas de este mundo.

En breve colgaré la segunda parte. Agradeceria vuestros comentarios y si estais en el mundo cuckold una breve descrimcion de como empezasteis y como os sentiis ahora.