Xtories

Nuestro inicio. 2ª parte y final

Franc siempre soñó con ver a su mujer gozar con otro, pero la realidad supera cualquier fantasía. Cuando Anna seduce a un desconocido en un concierto y lo lleva a casa, el marido se convierte en testigo mudo de una pasión desatada. ¿Podrá soportar el espectáculo sin perder el control, o descubrirá que el verdadero placer está en la entrega total?

Veitafaner9.7K vistas8.9· 14 votos

Estábamos nerviosísimos, Anna sugirió que fuésemos a comprar algo de ropa para la ocasión.

Me pareció buena idea. Así que el viernes por la mañana nos acercamos al centro de Girona. Yo me compré una camisa blanca y unos pantalones negros. Anna un body negro sujeto al cuello con una falda negra larga con una abertura en un lateral y cintura muy ancha en la que tres cinturones con sus tres hebillas hacían medio decoración medio sujeción. Quedaban a unos cinco centímetros del inicio de sus pechos. Le sentaba súper bien. Al salir de la tienda entramos en una zapatería donde Anna se probó montones de zapatos hasta que por fin se decidió por unos clásicos de color negro con un tacón de diez centímetros que se sujetaban con unas tiras al tobillo.

En una lujosa lencería, me hizo elegir la ropa que usaría para ir al local. Me decanté por un conjunto color turquesa con liguero y medias, todo a juego. El sujetador no lo quiso. Alegó que con ese bodi no usaría, que con lo ajustado que era no le hacía falta, Anna no tiene poco pecho.

En la lencería me puse súper cachondo imaginando cómo le quedarían todas aquellas cosas que había en la tienda, mi imaginación estaba desatada. Esto me dio pie a pensar que si finalmente dábamos el paso también podía ser una de nuestras formas de actuar. Preparar nuestros encuentros comprando juntos la ropa que ella usaría, súper morboso. Se lo comenté a Anna y le pareció genial.

Llegó el día, Anna estaba muy atractiva y sexy. Entramos en el local y una mujer de unos treinta años muy elegante nos recibió con amplia sonrisa. Nos explicó algunas cosas y nos dejó caer que éramos una pareja muy atractiva, que no nos deseaba suerte porque no nos haría falta. El local, aparentemente, era como una discoteca. Había poca gente, algunos bailando otros en la barra otros en las zonas con menos luz, se besaban y sobaban descaradamente.

Nos acercamos a la barra a pedir algo para beber. Ni mi mujer ni yo somos consumidores de alcohol, mucho menos de drogas. Alguna vez compartimos una botella de cava o de vino, en contadas ocasiones.

Enseguida se nos acercó una pareja, más jóvenes que nosotros. Los dos de gimnasio fibrados, quizás él demasiado. Se presentaron, Sandra y Gonzalo, eran de Madrid. Sandra empezó a charlar conmigo y Gonzalo con Anna. Note, mejor dicho percibí que Anna no estaba cómoda y en un momento en el que cruzamos nuestras miradas Anna se sacó el pendiente izquierdo. Esa era nuestra señal, si algo no estaba funcionando ella debía quitarse el pendiente. Si era yo el que no se sentía bien debía arremangarme solo la camisa del lado izquierdo.

Di unas cuantas excusas y salimos del local despidiéndonos de la mujer que nos atendió al principio.

—Perdona Franc. Pensaras que no se lo que quiero.

—No tienes que pedirme perdón. No valen las dudas o lo vemos muy claro o nada.

—Me ha dado mal rollo, no sé, no me ha gustado como actuaba Gonzalo. La conversación era muy estúpida. He tenido la sensación de que daba igual conectar o tener feeling, demasiado evidente, Gonzalo daba por hecho que en breve estaría follando con él y no es eso. Si no seduzco o me seducen no me gusta nada. Sabes? Es cómo cuando salgo sola y alguna vez te he hablado de lo desagradables que son los hombres si son babosos, pues eso, me he sentido mal.

—Yo tampoco estaba cien por cien decidido, no lo veía claro pero me he dejado llevar, tú eres la que decidirá en primera instancia y si no después no lo veo también te lo diré. No quiero intercambios de pareja, es verdad. Lo que me gusta es verte follar y saber que eres, permítame que lo diga, mía y sólo mía y que follas con otros por qué yo te lo pido. Mi recompensa no es tirarme a otra, mi recompensa es verte con otro hombre y que complemente todas tus posibilidades sexuales. Y claro, que a ti también te gusta de lo contrario no quiero nada.

—Además, es que no me gusta que me traten como si fuese tonta, que no, que no. Que el sexo es la leche, pero necesito más, no es enamorarme, no. Pero si sentir atracción física y mental hacia el amante. Joder que no esté vacío.

—No se hable más, no le des más vueltas, olvídalo. -Dije yo.

—Y otra cosa, me excita pensar que otro puede follarte e imaginar como será. Pero tengo claro que ha de merecer la pena y no estoy dispuesto a correr ningún tipo de riesgos. Y cuando ese tal Gonzalo, era tan poco interesante lo que decía y su lenguaje corporal tan de machito. Mientras me hablaba no le prestaba atención y pensaba que si por casualidad en un local encontrásemos a algún conocido, sería evidente el porqué estamos allí. Y eso nunca. Si decidimos dar el paso debe ser con toda la discreción del mundo.

—Entiendo lo que dices Anna, pero no sé como podemos hacerlo. Es complicado.

—El otro día mientras veíamos internet en algún foro hablaban de app especializadas en eso, en citas para parejas, podríamos probar.

Aparcamos el coche y entramos en la casa.

—Enciende el ordenador voy al baño un momento y miramos lo de las app’s. Comento Anna.

Cuando salió del baño se había quitado la falda y el body. El conjunto turquesa le sentaba genial además no se había quitado los zapatos, estaba para comérsela.

—Dios!!!! Anna que buena estás.

Ella sonrió.

—Pues en cuanto solucionemos lo de la app, si tan buena estoy, me comes entera, me haces lo que tu quieras.

––Lo que quiera? Lo que quiera?

––Nooo, eso que estas pensando no. Por el culo no.

Encontramos una app que nos dio buena sensación. Nos dimos de alta. Fue muy fácil contactar con un hombre, quedamos con un él para vernos al día siguiente.

Anna se levantó y subió al dormitorio, al poco me llamó.

—Cariño, subes o empiezo sola.

Subí las escaleras y al entrar en la habitación Anna estaba en la cama en cuatro. Sólo tenía puestos el ligero y las medias turquesa. El pecho apoyado en las sábanas el culo totalmente expuesto con las piernas ligeramente abiertas. Es esa posición se estaba masturbando con uno de sus vibradores.

—Si tardas mucho en follarme me corro sola. -Dejo ir con voz muy sensual y entrecortada.

—Serás guarra…espérame, no seas tan impaciente.

Me desnudé disfrutando del espectáculo que me estaba dando. Antes de fallármela quise lamer su ano, lo tenía en primer plano, me lo ofrecía. Anna se tensó aún más al notar mis lametones.

—Me das tu culo? Me dejas que te lo folle? -Le dije.

—Te he dicho que no. Que obsesión tienes con mi culo!!! Anda fállame y déjate de rollos. El culo no.

La penetre desde atrás, las vibraciones de su juguete también me llegaban a mi. Menudo espectáculo, ver su culo ahí, ese culo que siempre me ha prohibido, brillante por los lametones y la saliva que yo había dejado, perfectamente redondo y rosado.

—Un dedo si puedo meterte, No?

Apenas podía hablar, le quedaba poco para correrse.

Me mojé el dedo pulgar con saliva y acaricie su ano mientras me la follaba y ella se masturbaba con el vibrador, le metí el dedo en el culo y ella aumentó sus gemidos hasta correrse. Sentí como su ano se contraía y apretaba mi dedo. Se dejó caer en la cama, al hacerlo tanto mi dedo como mi polla salieron de dentro de ella haciendo un ruido de vacío. Unos segundos de calma. Se dio la vuelta y me pidió que la follase. Cuando se acaba de correr justo en esos momentos es cuando esta más sensible y a los dos nos encanta ese momento. A ella por qué sentía mucho más y a mí porque me alucinaba verla gemir y retorcerse. Nada me gusta más que verla gozando, sintiendo placer, ese es mi mayor afrodisíaco, mi propia mujer.

El siguiente paso era la aplicación de citas. Nos habíamos anunciado como: “matrimonio busca hombre para ella. El marido estará presente”

El mach que recibimos era de un chico que encantó a Anna. De unos treinta años, Italiano. Quedamos con él a media tarde en una terraza cercana al puerto. Cuando llegamos ya estaba esperando, Davide, se llamaba. Nos sentamos con él y pedimos al camarero. Transcurridos apenas cinco minutos.

—Donde queréis que lo hagamos? -Dijo el italiano bastante nervioso.

Anna puso mala cara y no reaccionó bien a su comentario.

—Lo siento chicos, no sé qué me ha pasado. De repente me siento mal, creo que es el estómago, disculparme. -Dijo Anna quitándose el pendiente.

—Quizás te ha sentado mal algo de lo que has tomado.

—Ok, ok. Lo pillo -Dijo el italiano levantándose con no muy buenos modales y dejándonos allí plantados.

Vimos como se alejaba y de nuevo Anna me pidió disculpas.

—Lo siento de verdad Franc, pero eso no es lo que me apetece. He tenido conexión cero con ese tío, está tremendamente bueno pero solo tiene eso, muy nervioso le he visto. Además ha demostrado que muy buenas maneras no tiene.

—Es cierto y la sensación que da es de alguien que lo que quiere es ahorrarse una puta.

—Eso es, esa es la sensación. Así que mejor dejarlo. Creo que va a ser más difícil de lo que pensábamos.

—Anna, que no te preocupes, tranquila, si no seguimos adelante no pasa nada. Quizás no es lo nuestro en realidad y es solo una fantasía y no estamos hechos para esto.

Regresamos a la casa, aún nos quedaba una semana en Cadaques. Nos dedicamos a relajarnos, leer, jugar a cartas, tomar el sol y follar. Dejamos de lado el experimento de estar con otro, aparcamos la fantasía. Fallábamos cada día alguno dos veces, mucho más de lo que lo hacíamos el resto del año. Compartir tanto tiempo juntos, el relax de las vacaciones y las últimas experiencias vividas hacía que nuestra lívido estuviese por las nubes. Quizás se trataba sólo de eso, un calentón y ya.

Una de las últimas mañanas que nos quedaba de vacaciones bajamos al supermercado. Mientras esperaba para pagar ojee una revista local donde anunciaban un concierto de un pianista de jazz que me gustaba.

—Mira!!! El jueves por la noche toca en Salt aquel pianista del que te hablé.

—Comprueba si hay entradas y si quieres vamos.

No espere ni a salir del supermercado. Busqué y miré en el teléfono. Quedaban por reservas dos mesas y algunas entradas sueltas. Era una sala pequeña y como era de esperar las mesas que quedaban libres no eran las que estaban en la mejor situación. Aún así hice la reserva.

Anna se puso muy guapa, unos pantalones tejanos muy ajustados que no le llegaban a los tobillos, una camiseta de tirantes, también muy ajustada con una chaqueta americana negra. Una coleta alta, que la hacía parecer más joven y unos taconazos que alargaban sus piernas y elevaban su apetitoso trasero, los que se había comprado hace unos días. Sexi sin perder ni un ápice de su elegancia.

Cuando llegamos la sala estaba casi vacía, bien iluminada. Localizamos nuestra mesa, una mesita redonda junto a ella un sofá en forma de medio círculo y una butaca frente a ella. No tenía muy buena ubicación, demasiado cerca del trajín de la barra y alejada del escenario.

Un camarero perfectamente uniformado nos pidió que nos apetecía tomar.

—Buenas tardes, bienvenidos. Nos dejó unas cartas. Y se marchó.

—Cielo, que te apetece tomar?

—Cuantos cócteles!!!!!, No se, alguno que no tenga alcohol. Mira este de mango, Mango Lassi. Quiero probarlo. -Dijo Anna.

—Pues yo un Mojito.

Dejamos la carta sobre la mesa y vino el camarero, tomó nota. Anna y yo nos dimos un beso.

—Te quiero. Estás guapísima mi amor. Si no fuera por que tenemos el concierto volvíamos ya para la casa. Estas para comerte.

—Anda, anda. Que eres un exagerado… yo también te quiero amor.

Me sentía afotunado de estar casado con ella.

Sin darnos cuenta la sala se había llenado, todas las mesas ocupadas también las butacas sueltas, quedaba algún taburete en la barra.

Empezó el concierto, cumpliendo mis expectativas. Que velocidad en los dedos!!!! El ritmo de Boogie Boogie, espectacular. Anna se levantó un par de veces para bailar.

Llegamos al descanso.

Anna se levantó para ir al baño y yo me acerqué a la barra a pedir otras copas. El camarero de la barra tardaba en atenderme.

Vi que Anna regresaba del baño y como un hombre trajeado la paraba y hablaba con ella. No me extrañaba nada, estaba muy atractiva. Vi como Anna le seguía la corriente con risas y carcajadas. Su lenguaje corporal era de flirteo, se tocaba el pelo y se acercaba mucho a él para conversar. De repente vi como Anna se dirigía a mí dejando al hombre plantado.

—Cielo, me estoy ligando a un guaperas muy agradable y simpático. Que te parece? -Me lo dijo disimulando y pendiente de que ese hombre no la viese conmigo.

—Me parece bien. Tantealo un poco y tú misma.

—Si va bien le propondré que se siente conmigo en nuestra mesa, el y yo los dos solos. Te importa?

—Para nada. -Contesté yo alterado y muy nervioso.

De nuevo Anna se acercó donde estaba su ligue. Al oído le dijo algo. Reanudó su flirteo. Transcurridos más o menos 5 minutos se encaminaron hacia nuestra mesa. Pasaron por detrás de mí ignorándome y se sentaron. Yo estaba a poco más de un metro de ellos, de pie. Se sentaron en el sofá dejando distancia entre ellos.

Desde donde yo estaba podía oír parcialmente su conversación, de fondo a una suave música daba ambiente al local esperando a que regresase el músico.

El pretendiente de Anna era un hombre de unos 30 años con muy buena planta y con clase. Vestía traje sin corbata su aspecto era muy cuidado. Podía oír que hablaban de viajes, de las vacaciones. La situación me estaba poniendo tenso, nervioso y excitado. Anna le tocaba la pierna y los brazos, le reía sus gracias con carcajadas sonoras, se acercaba a su oído para hablarle y rozaba sus pechos con el brazo de él. Mi mujer no paraba de jugar con su coleta.

El concierto se retomó, ahora no podía oír lo que se decía, mi mirada disimulada estaba más en ellos que en el pianista.

El desconocido para mi, se acercó más a Anna, imagino que con la excusa de que si no no la oiria. Sus caderas se tacaban y el ligue de Anna ya le colocaba la mano en la rodilla y le apartaba la coleta cuando quería decirle algo al oído. Anna se puso de pie y se quitó la chaqueta, al hacerlo miró hacia donde yo estaba y me guiñó el ojo. Se sentó de nuevo, ya casi sobre el. Anna le pasaba el brazo por los hombros para acercarse más. En un momento dado Anna se acerco lentamente hasta besarle, el le correspondió. Pude ver como sus lenguas se rozaban, como se mordían los labios.

El concierto terminó yo seguía de pie viendo como mi mujer se besaba con un desconocido. Mientras acondicionaban la sala para que quedase como una discoteca, pusieron música suave y de nuevo podía oír su conversación. El desconocido no hacía más que lanzar piropos a Anna, La tensión sexual era más que evidente no era tensión era deseo.

—Anna, te parece que salgamos de aquí y nos vamos a algún lugar más tranquilo. -Dijo el desconocido.

Los dos se levantaron y el hombre buscó los labios de Anna, ella le interrumpió.

—Jan, vamos donde tú quieras pero… verás tengo algo que decirte.

Aquel hombre, que se llamaba Jan derivado de Juan, hubiese hecho el pino puente allí mismo si Anna se lo hubiese pedido, lo tenía a su merced.

—Mira…, no estoy sola.

—Como? Qué?

—Si, que no estoy sola, he venido con mi marido, que estoy casada. No te preocupes por él, esta conforme. Yo te lo presento si te parece bien nos conocemos un poco los tres y si todos estamos de acuerdo tú y yo follaremos como locos delante de mi marido. Es nuestro juego, me follaras para él, para que el me vea gozar.

—Estoy flipando, me lo dices en serio?

––Si, si te entiendo, pero no es broma no, totalmente en serio.

––Buscáis un trío? Que quede claro soy heterosexual, 100%, no me van los hombres. Ah!! Quizás es eso lo que buscáis.

—No, no te preocupes, el también lo es, solo follaremos tu y yo. Te lo aseguro Jan. Me has encantado me caes súper y que me muero de ganas de correrme contigo. De verdad, no te preocupes por mi marido más allá de que si aceptas le demos un buen espectáculo.

—Ok, Ok preséntame a tu marido, que situación tan incómoda. Me tienes tan cachondo que creo que haría lo que me pidas.

—Espérame aquí, ahora venimos.

Anna se levantó y en cuatro pasos ya estaba a mi lado.

—Franc mi amor, lo tengo a punto y yo estoy cada vez más excitada. Te lo presento y a ver qué te parece.

—Adelante, vamos.

Nos acercamos a la mesa y Jan se puso en pie, le ofrecí mi mano y me saludó. Un buen apretón de manos, firme, seguro.

—Hola, soy Franc, el marido de Anna.

—Jan, encantado. Estoy un poco desconcertado. Tienes una mujer, si es que es tu mujer de verdad, tremenda.

––Si, lo se Jan. Pues si hoy quieres quizás puedas fallártela.

––Nunca me había pasado nada así, estoy flipando de verdad, alucinado.

—Os apetece que tomemos algo en otro lugar algo más tranquilo mientras nos conocemos un poco. -Dijo Anna.

—De dónde eres Jan? Lo digo por si conoces algo por aquí?

—Un poco más abajo hay un local es bastante agradable.

Salimos a la calle, Anna se acercó a mí y le pasé la mano por la cintura, Jan andaba a su lado. Así llegamos al local recomendado por en ligue de mi mujer. Un portero nos dio las buenas noches y nos abrió la puerta. Saludo a Jan, era un habitual. El local muy elegante música agradable unas mesas de snooker. Nos dirigimos a la barra y pedimos.

–Tengo muchas curiosidad, de verdad sois Matrimonio? No me tomáis el pelo.

—Así es desde hace 14 años.

—Y esto lo hacéis a menudo?

—Cuando me apetece follar con otro para que mi marido lo vea o a él le apetece verme con otro. Así rompemos la rutina.

En realidad Anna al decir eso mintió un poco por que era nuestra primera vez en ese plan.

—Os felicito, es genial. Pero un poco peligroso. —Dijo Jan.

—A mi mujer es evidente que le has gustado y has pasado su filtro, ahora tienes que pasar el mío. Y si claro, riesgo siempre hay. Qué sería la vida sin riesgo?

Iniciamos una agradable conversación los tres. Jan nos explicó un poco su vida, nosotros obviamos detalles de la nuestra.

Tras unos cuarenta minutos de charla.

—Que tal si nos vamos para la casa? -Propuse yo.

—Será un placer. -Dijo Jan.

—Pensaba que no lo dirías nunca, me muero de ganas. -Dijo Anna dándome un beso y mordiéndome el labio inferior.

En el coche que habíamos alquilado fuimos hasta la casa. Yo conducía, Anna de copiloto y Jan en el asiento trasero. Manteníamos una relajada conversación sobre que era más bonita si Menorca o Sicilia. Daba la sensación de que nos conocíamos de siempre. Jan era muy educado y culto, podría llegar a ser nuestro amigo. Llegamos a casa, entré y puse algo de música y le ofrecí a Jan algo de beber.

—Un gin-tonic estaría bien.

—Para Anna y para mí un Cosmopolitan.

Anna se acercó a Jan para besarle, él me miró para asegurarse de que tenia libertad para hacerlo. Jan recorría con sus manos la espalda de ella, Cada vez bajaba más hasta llegar a culo. Duró más de cinco minutos, los dos de pie en el salón ajenos a mi presencia. Hasta que Anna se retiró.

—Darme diez minutos, mientras tomáis esas copas. Yo os espero arriba.

Me dio un beso en los labios y al oído me dijo que me quería. Me guiñó un ojo y contoneándose y empezando a desnudarse subió las escaleras y desapareció de nuestra vista.

Los dos hombres nos quedamos en el salón, sentados en las dos butacas uno frente a otro. Físicamente estábamos allí pero nuestras mentes volaban.

—Estoy alucinando con vosotros.-Dijo Jan.

—Si te digo la verdad yo también.

—Tienes una mujer súper atractiva y sensual me gusta lo que hacéis. Me encantaría tener una relación así tan morbosa. Pero lo veo más como una fantasía que como algo que fuese capaz de hacer.

—Pocas cosas son tan excitantes como ver a tu propia mujer follando y disfrutando con otro hombre. Creo que muchos hombres fantasean alguna vez con eso. Por otro lado entiendo que no es fácil hacerlo realidad. Se vulneran aspectos sobre los cuales nos han educado durante muchos años. El matrimonio, la religión, machismo, inseguridades, celos, miedos…

—Franc. -Nos interrumpió Anna desde la planta superior.

Jan y yo nos pusimos en pie, el me ofreció su mano para estrecharla, me dijo que estaba algo nervioso. Le correspondí y nos encaminamos hacia el dormitorio.

—Esta todo bien y si no te sientes cómodo lo dices y lo dejamos correr. Tanto Anna como yo lo primero que somos es respetuosos ante cualquier decisión. Faltaría más entendemos que no es fácil lo que proponemos.

—Si me muero de ganas de hacerlo pero estoy algo nervioso.

—Poco a poco te tranquilizarás, Anna se encargará de todo, ya verás.

Entré yo delante, Anna estaba de rodillas sobre la cama, con el pelo suelto, una camiseta ajustada en la que se marcaban sus pezones y se intuían sus pechos. La camiseta, corta, no le llegaba al inicio de las bragas de color negro. Me indicó que me acercase, olía de maravilla, se había duchado y perfumado, estaba muy apetecible. Me beso, estaba suave, irresistible.

—Anna, y si hacemos un trío? -Le dije susurrándole al oído. Me salió sin pensar, era lo que me apetecía en ese momento, yo también quería fallármela, estaba rompiendo el guion.

—No. Tú te sientas es esa butaca y miras como me folla Jan, eso es lo que quiero y tu también. Siéntate por favor y disfruta de ver como se follan a tu mujer.

Lo dijo con voz alta quería que Jan lo oyese. No conteste, obedecí y me senté en la butaca que se encontraba en la zona más oscura del dormitorio.

—Que haces? No, desnúdate, quiero que te sientes y te toques mientras nos miras y no se te ocurra correrte.

Oír eso hizo excitarme aún más, tenía el pulso aceleradísimo y me ardía todo el cuerpo, ahora en el momento definitivo no lo tenia claro. Le hice caso. Me desnudé y me senté, mi erección ya era máxima. Sentía vergüenza por estar así desnudo delante de otro hombre. Y vergüenza por permitir esa situación, me quedé quieto esperando.

Jan se acercó a Anna que permanecía de rodillas sobre la cama. Se quedó de pie y Anna avanzó de rodillas hasta el límite del colchón para desabotonar la camisa de Jan. Con la camisa abierta le pasaba las manos acariciándole el abdomen. Sin dejar de tocar el pecho arrastró sus manos bajo la camisa en dirección a los hombros para quitarle la camisa que cayo al suelo. Jan estaba en forma, no me sorprende que Anna lo eligiese para nuestros juegos. Él con las dos manos le agarró la cara y se abalanzó sobre ella para comerle la boca, podía oír los ruiditos que emitían. Anna al tiempo, soltaba el cinturón y desabotonaba la bragueta de Jan. Él le facilito el trabajo y se quitó los pantalones.

––Eso también,-Le dijo Anna señalando los bóxer.

Mientras se los quitaba Anna dirigió su mirada hacia donde yo estaba. Se dejo caer de espaldas en la cama con la cabeza fuera de la cama, le colgaba así como su melena. En esa posición podíamos mirarnos.

Jan, ya desnudo gateo por el colchón hasta llegar a Anna. Ella alzó el culo invitando a Jan a quitarle la bragas. Eso hizo para seguidamente comerle el coño a mi mujer. Ella me miraba y sonreía, las sonrisas duraron poco, ahora su cara era de placer.

—Puedo darte un beso Anna??

––Siiii, sii, acércate.

De rodilla me acerque y la besé, pude ver como la lengua de Jan estaba lamiéndole el clítoris incluso como se la metía dentro.

––Regresa a tu butaca.-Me dijo.

Anna estaba disfrutando de la comida que le hacia Jan, y yo del espectáculo. Se retorcía y gemía, con los brazos abiertos agarraba las sabanas y tiraba de ellas.

––Ahora fóllame.

Jan se puso un preservativo y Anna se recolocó en la cama.

—Fóllame ya.-Le pidió abriéndose de piernas.

Jan la penetró bruscamente y Anna soltó un grito sobresaltada. Ahora veía el culo de Jan, como subía y bajaba y en algún momento podía ver la penetración.

Jan se la follaba paraba y le comía el coño para luego de nuevo fallársela. Anna estaba desatada, me pareció que ya se había olvidado de que yo estaba allí, estaba entregada a Jan.

Yo en mi rincón disfrutaba del espectáculo masturbándome de forma controlada, no podía correrme.

Anna le pedía mas y mas a Jan, le agarraba los cachetes del culo y le atraía hacia ella.

—Más, más adentro, maaasssss.

Otra vez Jan interrumpió la follada para de nuevo comerse el coño de Anna, eso la desesperaba. La tenia excitadísima, se retorcía con las sabanas.

––Me corro, me corro.-Grito fuertemente Anna. Mientras con los puños cerrados golpeaba la cama.

Jan no le dio respiro de nuevo la penetró. Ella le agarraba el culo con las dos manos con tanta fuerza que llegó a clavar-les las uñas y hacerle pequeñas heridas. Gritaba y gemía desesperada fuera de sí, llegue a plantearme pararlos, hasta que Jan eyaculo dentro de ella.

Yo paré de tocarme, ningún porno era comparable a lo que había visto. Mi excitación era sublime, necesitaba calmarme pero no podía correrme Anna me dijo que no lo hiciese.

Jan se levantó y fue al baño. Oímos la cadena del water y como abría la ducha. Jan había terminado ahora me tocaba a mí.

—Menuda follada!!! Te quiero mi amor.-Dijo Anna mientras se incorporaba y se acercaba hacia mi.

Me dio un pellizco en el pezón. Su rostro brillaba de felicidad. Apestaba a sexo.

Me dio un beso.

—Te toca a ti. Quiero que te corras en mi boca, quiero tragarme todo tu semen. Mientras me explicas que te ha parecido lo que has visto.

Se puso de rodillas entre mis piernas. Empezó a masturbarme, mi polla se había aflojado un poco. Anna estaba de espaldas a la puerta del baño y yo concentrado viendo como me acariciaba el glande rozando con sus uñas. No nos dimos cuenta de que teníamos un espectador. Jan había salido del baño, estaba bajo el quicio de la puerta, desnudo. El ya debía irse, pero en lugar de eso empezó a masturbarse. Contemplaba lo que Anna me hacía y en primer plano tenía el culo de ella. Su polla fue ganando en tamaño y en rigidez.

Agarré la barbilla de Anna y le hice mirarme a la cara, con los ojos y las cejas le advertí de que Jan estaba allí. Ella paró de tocarme y se dirigió a Jan.

—Upss!!! Ya ni me acordaba de ti. Veo que te gusta lo que ves. Quieres quedarte un poco más?

Sin esperar contestación Anna se metió mi polla en la boca, arqueando más la espalda y exponiendo su culo. Con un gesto con la cabeza invité a Jan al juego. El amante de mi mujer se acercó a la mesita para ponerse un preservativo. Se acercó a ella por detrás y le dio una sonora palmada en el culo. Ella le contestó con un: Auuuuuu!!!

Pero no dejo de mamármela.

—Follatela Jan, follatela otra vez. Le invité a repetir.

Se colocó de rodillas tras ella. Acarició sus nalgas, su espalda, sus pechos. Regresó sus manos a su culo y jugó con su ano presionando con el dedo pulgar para abrirse paso. Anna se dejaba hacer concentrada en mi polla. Sentado como estaba podía ver perfectamente lo que le hacía.

—Anna tienen un culo delicioso. Me lo das? -Dijo Jan con voz de súplica.

—No, olvídate. El culo no.

El amante sujeto a Anna por las caderas y se acerco lo suficiente para poder penetrarla con un movimiento de cadera. Anna soltó mi polla y se acomodó entre mis piernas, intuía que le haría falta estar más firme.

Jan inició suaves embestidas que hacían que Anna emitiese ruidos, gemidos y palabras ininteligibles. El movimiento de él le dificultaba la felación. Pero mi estado de desespero y excitación era tan alto que igualmente me corrí en su cara. Entonces ella sentía que tras mi orgasmo ya podía olvidarse de mi. De nuevo se acomodó ladeándose ligeramente y apoyando su pecho en mi pierna y sujetándose con los apoyabrazos de la butaca. Estableció una posición más firme para sentir mejor a Jan y pudiese follarsela bien fuerte.

Nuestro invitado hacía unos minutos que se había corrido y a pesar de ser más joven que yo igualmente necesitaría más estímulo para correrse otra vez. Eso iba en favor de Anna que recibiría una follada bien larga y fuerte.

Así fue, Jan empezó poco a poco hasta alcanzar un ritmo de penetracion brutal. Anna gritaba y se retorcía, en algunos momentos dude si le estaba gustando o le dolía. Jan no aflojaba en su ímpetu y seguía percutiendo contra el culo de Anna, buscando su alivio. Anna se agarraba fuerte y Jan en más de una ocasión tuvo que acercarse por que de los empellones había arrastrado la butaca. Estaba sudoroso y no soltaba las caderas de Anna atrayéndola hacia el. Mi mujer estaba como poseída, golpeaba la butaca me golpeaba a mi incluso me dio un mordisco en la pierna, el placer que estaba sintiendo le estaba descontrolado, nunca la había visto así, nunca. Finalmente Jan, dando un grito de desesperación se corrió por segunda vez, estaba sudado. Se dejó caer hacia atrás se sentó en el suelo con la espalda apoyada en la cama. Anna se quedó en la misma posición, recuperando el aliento y ya más tranquila, sentía su corazón latir fuertemente.

Anna me besó, aún tenía restos de mi corrida en la cara.

—Nunca he estado tan enamorada de ti como ahora. Eres el mejor marido del mundo. Te quiero Franc, te quiero más que a nada en el mundo.

—Tu si que eres la mejor mujer del mundo.

Anna estaba despeinada con la cara y el pecho enrojecidos. Con restos de semen y con las caderas marcadas por donde Jan la había sujetado. Las rodillas también rojas de estar en contacto con el suelo. Se puso de pie y se recostó en la cama.

—Jan, lo hemos pasado muy bien contigo, me alegro de habernos cruzado.-Dijo Anna.

—Yo también me alegro. Os doy mi número de teléfono y si queréis me llamáis para otro día.

—No no Jan. Hacemos esto por que nos gusta y tenemos normas muy claras. Nunca repetir amante. No establecer vínculos con el amante. Y siempre los dos juntos. Así que no. Esto ha sido una vez y ya está.

—Ok, entiendo.

Jan se vistió, esta vez sin ducharse. Me puse unos pantalones y le acompañé a la puerta. Nos dimos un apretón de manos y se fue. Subí al dormitorio y Anna ya estaba dormida.

Me tumbe junto a ella y la abracé, ella me notó y se acomodó al abrazo.

No podía dormirme, lo sucedido esta noche había sido increíble. Anna me sorprendió, nuestro sexo era bueno pero vi cosas que no me esperaba. Me hizo pensar si yo no sería un buen amante. Si no sería suficiente para ella. Con estos pensamientos finalmente me quedé dormido.

Me desperté con la luz del día, me di una ducha y bajé a la cocina. Se me ocurrió preparar un buen desayuno y llevarlo a la cama. Me acerqué a la panadería y compré unas magdalenas, unos cruasanes, tarta de manzana y algo de pan. Regrese y coloque parte de lo comprado lo mejor que supe en una bandeja junto a café y una infusión.

Anna seguía dormida, la desperté acariciando su mejilla. Poco a poco se desperezó. Me dio los buenos días con una deliciosa sonrisa.

—Guau!!! Menudo desayuno. Te quiero mi amor.

—Y yo a ti. Has dormido bien?

—Si, si de maravilla, de un tirón. Y tu?

—Regulin, demasiadas sensaciones y emociones, me costó dormirme y hace rato que estoy despierto.

—La tarta de manzana está deliciosa!!! Pruébala.

—Anna tu si que eres deliciosa. Si que es verdad está muy buena, que te sirvo cafe o una infusión?

—Infusión, infusión.

—Lo de ayer fue increíble, mejor de lo que había imaginado.

—Si, fue tremendo. Y como te sientes ahora Anna.

—Me siento con la autoestima a tope. Empoderada, libre, amada, consentida…. Y muchas cosas más. Y tu?

—Contento y generoso. Y un privilegiado de estar casado contigo.

—Al final nos ha salido bien. Ha costado encontrar el camino. No es nada fácil y nos ha salido bien.

—Jan estuvo a la altura dio la talla. Te vi disfrutar como nunca.

—Es que la situación es brutal, no es solo el sexo, es el ambiente la tensión que se genera. Lo poderosa que me siento seduciendo y sabiendo que tengo ese control. Es como si actuase. En algunos momentos pienso que no soy yo que yo no soy así.

—Si que lo eres Anna, si. Somos así y lo estamos descubriendo juntos.

—Quieres que sigamos?

—Por mi sí, pero es cosa de los dos, es nuestro juego.

—Si, desde luego que quiero continuar. Y creo que las normas y esta forma de actuar, ligarte a los amantes sobre la marcha, nos da bastante seguridad.

—Es cierto.

Termino su desayuno y se dio una ducha, en sus caderas tenía pequeños moretones. Me acerqué a ella le acaricié la zona y le pregunté si le dolía. Me dijo que no, que al vérselos fue consciente de que había pasado de verdad. Habíamos dado el paso. Lo de Klaus fue casual pero lo de Jan fue totalmente consciente y buscado.

Tras la ducha salimos de casa para dar un paseo Por Cadaques y para comprar algo que cocinar en casa.

Seguimos manteniendo conversaciones sobre lo acontecido.

—No se trata ahora de salir cada fin de semana en busca de un amante. No lo necesito Franc. Tú y te lo digo de verdad, eres el mejor amante que he tenido. Y no solo en la cama. Ninguna de mis anteriores relaciones ha sido como contigo. Eres generoso en todo, nadie me ha dado tanta libertad y autonomía como tú.

—Gracias cariño.

—Te lo digo de verdad. Eres la pareja perfecta. Nunca me restas siempre me sumas. Y bueno esto que ha pasado estos días ya es lo máximo dentro de un matrimonio.

—Yo también soy muy feliz contigo. Ya lo era antes de verte follar con otro hombre. Has hecho realidad mi fantasía. Ahora me falta tu culo. Esto último lo dije medio en broma medio en serio, riendo.

Al principio de nuestra relación lo intentamos pero a Anna no le gustaba, le dolía. Me había explicado que en otras relaciones que lo había intentado. Por culpa de las prisas y la inexperiencia no había sentido más que dolor que le bloqueaba. Así que tenía totalmente descartado el sexo anal. Aún así yo seguía insistiendo sabiendo que el No era la respuesta.

Al regresar a la casa comimos e hicimos la siesta. Nos despertaron los ladridos de un perro. Anna buscó mi polla para provocarme. Sin duda lo consiguió. Me coloque sobre ella y fui besando sus pechos su vientre hasta llegar a su coño. Ella me empujó la cabeza.

—No estoy limpia.

—Mejor me gustas más así.

—Mira que eres cerdo.

—Yoooo!!! Cerdo, mira la que habla.

—Que bien que lo haces cabron.

—Dejó de hablar para disfrutar de la comida de coño.

Me dediqué a su clítoris, a presionarlo con mis labios. Con los dedos corazón y anular me abrí paso en su coño presionando desde dentro junto donde me la estaba comiendo desde fuera. Aumentó sus gemidos.

—Si sigues haciéndolo así me voy a correr.

—Córrete me vida, córrete, me encanta sentir y verte cuando lo haces.

Anna se corrió arqueando su espalda y tensando todo su cuerpo. Termino temblando y teniendo pequeños espasmos o contracciones musculares. Un espectáculo verla así. Sin espera me empujo para que me quedase de espaldas en la cama. Se colocó de rodillas para cabalgarme pero dándome la espalda.

Podía ver como la penetraba y su precioso ano allí tentándome. Com las manos separe loas nalgas para ver mejor. Menuda follada tenía con ese culo pero no me dejaba. Me hizo la trituradora, eyacule dentro de ella. Se levantó me dio un beso y se fue a la ducha. Salió con la braga del bikini puesta.

—Me bajo a la piscina a tomar el sol y leer un poco. Allí te espero.

—Ahora bajaré.

Me quedé medio traspuesto en la cama. Me levanté y fui al baño. Me vino la imagen del culo de Anna y fantaseé como tantas otras veces con follarmelo. Mientras me daba una ducha me hice una paja imaginando como la sodomizaba y como gritaba de placer, en como llenaba su culo de semen.

En la piscina Anna tenía los AirPods, tomaba el sol.

Las vacaciones, terminaron. Regresamos a nuestros trabajos. Con la firme determinación de cada más o menos tres meses tener un encuentro. Cuando pudiésemos sumar uno o dos días al fin de semana y alejarnos de nuestro entorno. Cuando lo hiciésemos Anna se ligaría a algún hombre que le gustase y encajase tanto a a ella como a mí. Lo planificaríamos con tiempo, la zona, el alojamiento las posibilidades de alterne selecto. Incluso decidimos que compraríamos la ropa juntos incluida la lencería que Anna se pondría para el encuentro. Esta forma de actuar junto a las tres normas establecidas eran nuestras condiciones.

Ya en Barcelona el día a día se hacía rutinario ya pensábamos en el siguiente encuentro pero sin obsesión.

De lo de Cadaques hace ya cuatro años, desde entonces hemos ido teniendo encuentros cuckold. Lo disfrutamos y vivimos de una forma calmada, madura. Nuestra relación es excelente y pienso que aún estamos más unidos que antes, nuestra complicidad es excelsa.

Nadie de nuestro entorno sabe que hacemos esto, ni tan siquiera nuestro amigo Klaus que fue la chispa. Por cierto, por fin ha rehecho su vida Klaus ha conocido a una mujer en un grupo de terapia. De lo que ocurrido en Cadaques con él, no hemos vuelto a comentar nada nunca, cuando nos hemos visto o hablado por teléfono es como si no hubiese pasado nada. Pero si que pasó.

Gracias por vuestro tiempo si tenéis alguna pregunta que pueda ayudaros nos encantara contestarla.