Mi vecina me domina (15)
La obediencia tiene un precio viscoso y doloroso. Cuando las puertas se cierran, las reglas cambian: ya no se trata solo de servir, sino de soportar el peso de la suela y el cuero sobre tu piel mientras ellas deciden quién domina a quién.
Tarda mucho esta perra, ¿no creéis?
Seguro que se lo está pensando - dijo Raquel. ¿Que le has mandado hacer?
Me da cosa decíroslo. Si os parece vamos y lo vemos.
Todas se levantaron para ver lo que estaba haciendo. Yo aún no había sido capaz de probarlo, solo había acercado mi cara dentro de la cubeta para olerlo antes de decidirme a probar esa mezcla maloliente, medio espesa, medio líquida con un color marrón. Así estaba y sin darme cuenta que estaban en la puerta del baño observándome sentí un latigazo muy fuerte en mi culo que provocó que resbalara y mi cara se introdujera totalmente en la cubeta llenándome todo.
Cuando yo te ordene que hagas algo no se te ocurra ni cuestionártelo. Solo has de obedecer sin más. ¿Lo has entendido?
Los latigazos no cesaron mientras me hablaba Paqui. Así es que teniendo toda mi cara llena de esa mezcla de orina y de su diarrea me puse a lamerla sin parar. Todas se reían y animaban a Paqui a que no cesará de azotarme hasta que terminara de tomarlo todo.
Si no te importa Paqui te vamos a dejar aquí con el. El olor es horrible - dijo Paula.
Yo me quedaré con ella, quiero ver cómo se lo toma todo - comentó Raquel.
Mientras Paqui continuaba azotándome cada vez con más intensidad por su enfado ante mi desobediencia, Raquel se puso unos guantes de látex y se sentó en un taburete bajo de baño junto a mi.
Paqui, por qué no me traes una cuchara que se lo dé yo.
Paqui le dio una cuchara sopera a Raquel que le sirvió para ir recogiendo esa “comida” y haciendo que la tragara sin descanso. De vez en cuando me venían arcadas del asco de lo que estaba tragando.
Si vomitas lo harás en la cubeta para después tomártelo también. Así es que tú verás, pedazo de cerdo.
Los azotes no cesaron hasta que Raquel le dijo a Paqui que me lo había tomado todo.
Ahora vas a limpiar la cubeta y después te lavas esa asquerosa boca que tienes.
Así lo hice para presentarme en el salón ante Paqui y Raquel.
Espero que hallas aprendido bien la lección, perra. De lo contrario ya sabes lo que te espera - me dijo Paqui.
A los sumisos hay que educarlos desde el principio para que conozcan cuáles son sus obligaciones y cómo han de obedecerlas. Esos castigos en el fondo los agradecen porque le van a enseñar a ser mejores sumisos con su Ama. Por cierto no oigo a Paula ni a Sara. ¿Es que han salido?
No se mira a ver si están en el dormitorio.
No, no están. Habrán salido.
Estaban Paqui y Raquel en el salón fumándose un cigarrillo cuando llegaron Paula y Sara.
¿Dónde habéis ido?
Pues a comprar algo que os va a gustar. Miradlo.
Paula sacó de la bolsa una pala de cuero con un mango largo y Sara unas zapatillas de un número alto con unas suelas muy gruesas de goma.
¿Qué os parecen?, ¿os gustan?
Si, mucho Lugo las probamos.
Nosotras vamos a cambiarnos. Nos vemos ahora.
Paula y Sara se fueron al dormitorio a cambiarse de ropa. Cuando estaban desnudas Paula se acercó por detrás de Sara y le besó muy suave el cuello a la vez que sus manos apresaban sus pechos con fuerza.
¿Te gustaría probar algo de lo que hemos comprado?
Paula seguía besándola y acercando su boca a la de Sara.
Ven quiero que experimentes algo diferente. Échate sobre la cama.
Sara se colocó a cuatro patas sobre la cama y Paula se colocó sobre ella de espaldas.
Tienes un coño precioso. Como el de tu madre. Y está muy mojado. Me gusta.
Le beso su coño húmedo a la vez que sus dedos subían y bajaban por sus labios a la vez que con la zapatilla de goma azotaba suavemente su culo. Sara comenzó a mover su cuerpo adelante y atrás gimiendo a cada golpe de pala que le iba propinando Paula. Sus dedos ahora se introducían en su coño para masturbarla como si estos fueran una polla de verdad.
Raquel, están tardando mucho. Además, ¿estás oyendo esos golpes?
Estarán probando lo que han comprado. Vamos a verlas.
Cuando llegaron al dormitorio Sara estaba boca abajo sobre la cama, con el culo muy colorado y gimiendo aún. Paula seguía con la pala en su mano mirándolas y dándoles a entender lo que había ocurrido.
Paqui, ¿te gustaría probarlo? A tu hija le ha encantado, mira cómo está. Aún gime de placer. Ha tenido un orgasmo brutal, ¿verdad Sara?
Siiiiiiiiiiii…….
Raquel le dio la mano a Paqui y se sentó en la parte del cabecero de la cama abriendo sus piernas y haciendo que se tumbara colocando su cabeza entre sus piernas.
Paqui, sigue así pero levanta tu culo hacia arriba.
Paqui se quedó apoyada sobre sus rodillas con la cara entre las piernas de Raquel y con su culo ofrecido.
Tu hija ha probado la pala y le ha gustado mucho. Quiero probar contigo lo otro que hemos comprado.
Sara seguía exhausta sobre la cama, reponiéndose del brutal orgasmo que le había proporcionado Paula. Raquel apresó la cabeza de Paqui y la empujo para que comenzara a lamer su coño que ya destilaba el flujo fruto de la excitación.
Me encanta este culo tan hermoso que tienes. Te voy a hacer sentir algo que aún no has probado.
Por favor, no sé si me gustará. Hazlo flojo cariño.
Tú a callar y no dejes de hacer lo que te he mandado. Chupa y lame con fuerza - le dijo Raquel.
Paula comenzó por deslizar la suela de goma de la zapatilla por el culo de Paqui. Se paró y tomó la otra zapatilla para después introducir sus manos en ellas. Así frotaba las suelas por su culo.
Uffffff, que gusto, Paula.
Más gusto vas a sentir ahora.
Paula había cogido un strapon y se lo introdujo en su culo para después colocarle un arnés que lo sujetará dejando su culo descubierto. Así y con los primeros gemidos de Paqui dejó caer una de sus manos enfundadas en la zapatilla sobre su piel empezando a tomar un color rojizo como tanto le gustaba a Paula.
Si, Paula. Sigue, me gusta, no pares.
Sara miraba de reojo a su madre como movía su cabeza entre las piernas de Raquel a la vez que su culo no cesaba de moverse tras cada zapatillazo de Paula. Ahora Paula se subió sobre la espalda de Paqui y con sus dos manos comenzó a estrellar las suelas de ambas zapatillas sobre su culo. El sonido era excitante, brutal y cada vez con mayor fuerza dejaba caer sus manos para escuchar su efecto.
¡Mamaaaaa…!
Sara estaba asombrada del comportamiento de su madre con Paula. Nunca imaginó que le atrajera de esa manera Paula. Al igual que su hija sus gritos y gemidos fueron en aumento acompañándose de los continuos zapatillazos que estallaban sobre su culo.
¡Yaaaaa…….!, ¡no pu..e..do..más!
Paqui cayó rendida sobre la cama con toda la cara llena del flujo del coño de Raquel. Solo podía sacar su lengua para recoger el flujo que caía por su cara. Yo no sabía cómo contener mi erección para que ninguna se percatara de ello. Todas quedaron echadas sobre la cama y yo desde ello suelo las contemplaba.
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