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Mi primer año de profesor (2)

Soraya no es solo una alumna; es la dueña de sus fantasías más oscuras. Cuando ella aparece en su puerta, las reglas cambian: ya no hay intimidad, solo obediencia y vergüenza bajo la mirada de todos.

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Mi primer año de profesor (2)

-¿Que pasa cariño? ¿No funciona?- preguntó mi novia.

¿Que pasaba? ¿Por qué no se ponía dura?¿Otro gatillazo después de lo del otro día con Soraya?

-No lo sé mi amor. Estoy muy agobiado por el trabajo, será eso. Lo siento-

-No te preocupes cariño, es normal. Es un cambio muy grande en tu vida, es lógico que te estreses-

-Ya, pero nunca me había pasado esto-

-No le des más importancia-

-Lo siento. No quería dejarte asi-

-Y no tienes por qué hacerlo- dijo guiñando un ojo-¿Y si bajas un poquito al pilón?- Me dijo

Empujó con suavidad mi cabeza hasta bajarme a su coño. Ya estaba bastante mojada por los preliminares, así que me puse de inmediato a la faena. Di lo mejor de mi, pero me notaba distraído, Soraya, su sonrisa y la imagen mía masturbándome con su pie estaban constantemente en mi cabeza.

"Es su culpa. No se que ha hecho, pero por eso no funciono" me dije

-Sigue cariño. Lo haces tan bien- gimió mi novia

Su voz me sacó de mis pensamientos y logré centrarme solo en ella.

-Sí, me encanta como me lo comes. Dios-

Mi polla se puso dura por fin, la toque con mis manos y vi que estaba a punto para tener sexo.

-Ya estoy cariño- le dije.

-No, ahora no pares por favor. Sigue con la boquita-

Enterré mi cara de nuevo en su coño y me empecé a pajear con mi mano derecha.

-Sí. Así amor, que bueno eres-

Agarraba con suavidad mi cabeza y me acariciaba el pelo, marcando el ritmo con cariño. Yo me masturbaba casi a la misma velocidad que le comía el coño para no correrme antes que ella.

-Más, más. Ya casi estoy- gimió

No aguanté más, me corrí antes que ella, pero sin detener mi boca.

-¡Ahhh me corro!-

Me arañó la espalda y tiró de mi pelo.

-Que bueno eres, joder- dijo ella

-Gracias- Dije tumbandome en la cama a su lado.

-¿Tú ya?-

-Sí, ya- dije

-Te quiero- me sonrió y me dio un pequeño beso.

-Yo a ti más- Dije devolviendo el beso.

Eso fue el jueves, el mismo día que yo había vuelto a casa a pasar el fin de semana con ella.

El sábado Marta, mi novia, se acercó a mi en el salón de nuevo con intención de tener sexo. Parecía que estar separados durante la semana había elevado su fogosidad y, después de casi diez años juntos, tenía más ganas casi que al principio de nuestra relación.

Tras unos besos, caricias y de quedar prácticamente desnudos en el salón, me llevó a la cama.

-¿Hoy tampoco?- dijo al bajar mi boxer y encontrar mi polla encogida.

-Lo siento, cariño-

Ella me sonrió con dulzura. Se tumbo en la cama y me llevó de nuevo a su coño sin más palabras.

Al igual que el jueves, tras unos minutos comiendo el coño de mi novia, conseguí librarme de Soraya en mi cabeza y me polla se puso dura.

Me salí de entre sus piernas sin decir nada y me puse sobre ella llevando mi polla a su coño.

Ella sonrió y separó sus piernas para facilitar la penetración.

-Follame- me susurró.

Se la metí. Empecé a buen ritmo, pero tras unas cuantas embestidas, sentí como mi erección se desvanecía.

"¿Que me pasa? ¿Por qué se me baja? Siempre he funcionado bien" me dije.

Pero cuánto más mi cabeza se frustraba más se encogía mi polla.

"Es su culpa, no se que coño me ha hecho. Pero me ha jodido" dije maldiciendo a Soraya.

Saqué mi polla del coño de mi novia, para descubrirla casi minúscula y regresé a usar mi boca.

-Mmm Sigue cariño- me animó Marta

En cuanto empecé a lamer, mi polla se endureció de nuevo y más cuando me la agarré con la mano.

"¿Por qué así sí? ¿Será verdad que solo soy un pajillero?" Me dije

"No joder. Siempre he funcionado bien" traté de convencerme.

-Uff sí que bueno eres- gimió Marta

Su orgasmo estaba cerca y el mío también. Aceleré la paja y el ritmo de la comida de coño, tal y como ella marcaba.

-Sigue, sigue-

-¡Ya me tienes. Joder!-

-¡Me corro!- gritó

Yo lo hice casi al mismo tiempo y me tumbé de nuevo a su lado.

-¿Estás bien?- Me preguntó

Asentí, un poco dolido por lo ocurrido.

-No pasa nada, cariño. Solo es una etapa mala-

-Lo siento mucho. Estoy muy estresado- dije

-Mientras uses así de bien la boquita, no hay nada que sentir- dijo besandome.

El domingo regresé al piso de alquiler a media tarde. No hay más de hora y media entre ciudades, podría haber vuelto después de cenar y pasar más tiempo con Marta. Pero le dije que debía preparar las clases de la semana.

-Esta bien cariño. Te lo estás tomando muy enserio- me dijo.

En realidad, solo quería llegar para poder masturbarme mirando las fotos de Soraya. Cosa que hice antes de deshacer la maleta que había llevado.

"No puedo seguir haciendo esto" me dije con mi corrida sobre la pelvis.

"Al final será un problema con Marta. No puedo pensar más en Soraya, debo borrarla de mi mente y no dejar que se acerque más"

-Hola profe- me dijo Soraya apoyada en la entrada de mi portal.

Era miércoles, hacia conseguido que Soraya no fuese la protagonista de mis pajas durante dos días, iba por buen camino.

-Tienes que irte. No podemos hacer esto, tengo novia- le dije abriendo la puerta y tratando de ignorarla.

Ella aguantó la puerta y entró delante de mí.

-Ya te dije que tú novia no tiene que preocuparse de nada. Yo no follo con pajilleros-

Abrí la puerta del ascensor y le cedí el paso, resignado a qué no se iría.

-¿Has follado mucho el finde, profe?-

-Dos veces. Pero no es asunto tuyo- dije tratando de resultar seco

-¿Y has pensado en mí?-

-Para nada - respondí

Soraya sonrió satisfecha. Hasta yo fui consciente de lo mal que había mentido.

Llegamos al piso y ella fue directa a sentarse en el sofá.

-Vino, por favor-

Fui a la cocina y serví dos copas de vino.

-De verdad, tienes que irte. Esto no está bien- dije mientras le entregaba la copa de vino y me sentaba a su lado.

Soraya negó con la cabeza y señaló el suelo.

Entendí lo que quería, me levanté del sofá y me senté en el suelo junto a sus piernas.

-Mejor así. Deberías llamar a tu novia antes de que se preocupe-

Tenía razón, saqué mi teléfono y llamé a Marta.

-No te muevas de ahi- me dijo

-Hola mi amor- dijo Marta por el teléfono

-¿Que tal estás?- pregunté tratando de no mostrar mis nervios.

Soraya estaba divertida, rozaba con su pie mis muslos, sin quitarse si quiera las zapatillas.

-Muy bien ¿Y tú? Pareces nervioso-

Marta me conocía demasiado bien para no notar mi tono de voz.

-El trabajo, ya sabes. Mucho estrés-

-Poco a poco lo llevaras mejor. Espero que no tardes, echo de menos que tu cosita funcione bien-

"Mierda" pensé mirando como Soraya tenía que taparse la boca para que mi novia no escuchase sus carcajadas.

-Lo arreglaré pronto- dije hundido.

La conversación duró unos minutos más. Soraya seguía pasando su zapatilla por mi paquete y reclamando que le acercase su copa de vino de vez en cuando.

-Te quiero, mi amor- me despedí

-¿Así que follasteis dos veces?- preguntó riendo.

-No todo es penetración- dije aún sabiendo lo triste que quedaba ese argumento.

-Puede, pero yo no le llamaría follar entonces-

Miré al suelo sin responder.

-¿Qué tenemos hoy para comer?-

-Tengo pasta creo que hay para los dos-

-Y si no te quedarás sin comer. Corre, tengo hambre- me dijo

Me levanté del suelo y fui a preparar la comida. Un minuto después, Soraya se levantó del sofá y fue a la cocina conmigo. Se colocó en mi espalda y desabrochó mi pantalón. Tiró de el y de mi boxer hacia abajo hasta dejarlos en mis tobillos.

-¿Esto es lo que se encontró la pobrecita de tu novia? Una pichita encogida-

No respondí. No había nada que pudiese decir que no le dejase aún peor.

-Solo se te pone dura viendo fotos de chicas en bikini o mirando porno. Pero se te encoje delante de una mujer de verdad. Se asusta y trata de desaparecer la pobrecita-

-No... Nunca me había pasado- dije casi sin voz.

-Seguro- dijo irónica- Desnudate, perrito-

Me quité la camiseta y levanté mis pies para dejar salir mis pantalones y boxer que ella tenía pisados con sus zapatillas.

Se sentó en la mesa de la cocina mientras yo terminaba de preparar la comida.

Serví su plato en la mesa y yo me senté en el suelo con el mío sin que ella dijese nada.

-Pon el plato en el suelo- me dijo

Obedecí extrañado.

-De rodillas- me dijo después

Cuando lo hice, atrapó mi polla entre sus dos zapatillas, sin apretar, tan solo haciéndome sentir el roce.

-Ya sabes que hacer, perrito-

Empecé a mover mi cadera adelante y atrás, masturbándome con el roce de sus zapatillas, sintiendo como mi polla cada vez estaba más dura y más cerca de mi orgasmo.

El plato estaba justo debajo de mi polla, claramente mi corrida iría a parar a mi comida. Pero eso no me detuvo, seguí "follando" las zapatillas de Soraya, mientras ella comía y miraba distraída el móvil sin prestarme atención.

-Ahhh- gemí disparando mi leche sobre mí plato de macarrones.

-Buen provecho, perrito- dijo son mirarme

Cogí mi plato de suelo y me puse a comer. No puedo decir que diese asco, no era la primera vez que probaba mi corrida y era casi imperceptible el sabor entre la comida. Pero si sentí como la vergüenza y el arrepentimiento me iba invadiendo al tiempo que se iba mi excitación.

Soraya solucionó eso fácilmente, rozando de nuevo mi polla con su pie mientras yo comía y haciendo que en nada estuviese duro de nuevo.

-¿Está bueno, perrito?-

-Sí- Dije sabiendo que era la respuesta correcta.

Me dejó terminar de comer siguiendo su juego con su pie en mi polla y después se fue de nuevo al sofá.

-Traeme otra copa de vino- me dijo

Le serví su copa y me senté en el suelo a sus pies.

Ella cogió mi móvil, que estaba sobre la mesa del salón, lo apuntó a mí cara para activar el desbloqueo facial, miró algo en el y lo puso de nuevo en la mesa.

-Enciende tu ordenador -me dijo mirando el portátil que tenía también sobre la mesa.

Lo encendí, lo desbloquee y se lo di.

-¿Tienes cuenta verdad?- dijo enseñándome que había entrado en pornhubs

-Sí - afirmé

Ella negó con la cabeza riendo y me dio el portátil para que metiera los datos.

-Veamos tus busquedas. BBC, Interracial, cuckold. Muy interesante, perrito-

-Yo...- no se que quería decir. Así que mejor cerrar la boca.

-¿Sabes lo que significan tus busquedas? Que lo que te gusta es ver a otros follar mientras tú miras. Ver grandes pollas negras follando a chicas blancas, imaginar como se tiran a tu novia y tú miras en una esquina viendo cómo disfruta de una buena polla ¿Eso es lo que te gusta verdad?-

De nuevo no respondí, pero mi cara era un libro abierto para ella.

-Creo que nunca habia conocido a un pajillero tan patético como tú, perrito. Me lo voy a pasar muy bien contigo-

Puso a reproducir un vídeo donde dos negros se follabam a una chica vestida de novia, con el futuro marido sentado en un banco viendo la escena casi llorando.

-Adelante, perrito. Masturbarte- me dijo colocando el portátil en la mesa delante de mi cara.

Yo ya había visto ese vídeo, varias veces de hecho, era uno de mis favoritos. Soraya se echó para atrás en el sofá con su móvil y yo empecé a masturbarme.

-Tu novia está bastante buena. No se que hace con un pajillero como tú- dijo

Al momento me di cuenta de porque había cogido mi móvil. Había aceptado su propia solicitud en Instagram y ahora cotilleaba mis fotos.

-Sí, es muy guapa- dije sin dejar de pajearme.

-¿Te gustaría que fuese ella la protagonista de la escena? ¿Ver cómo dos negros son los primeros que se la follan en tu misma boda?-

No respondí al momento. Pero Soraya dio dos pequeños golpecitos con su pie en mis huevos a modo de amenaza.

-Sí, me gustaría-

-Seria lo mejor para los dos ¿No crees? Ella disfrutaría de dos buenos machos y tú de lo que más te gusta hacer, masturbarte-

-Mmm sí - gemí ya demasiado cachondo para pensar.

-Dilo, di que quieres ver cómo se follan a tu novia mientras tú te haces una paja mirando como ella disfruta como nunca ha podido contigo-

-Quiero ver cómo dos negros se follan a mi novia mientras yo me hago una paja viendo cómo disfruta-

-Muy bien, perrito-

Mi orgasmo era inminente, mi polla goteaba presemen y mi respiración era muy acelerada. Entonces, Soraya colocó su pie sobre mis pelotas y apretó con firmeza hasta que protesté por el dolor.

-Ah- dije tímidamente

-Deja de tocarte, perrito. Ya te has corrido una vez en suficiente por hoy-

-No, por favor. Lo necesito-

-¿Lo necesitas? ¿Cuánto?-

-Sí, mucho. Muchísimo-

Llevé mi mano lentamente a mi polla, tanteando si tenía su aprobación. Soraya no hizo nada hasta el primer meneo. Está vez no fue un apretón, me dio una patada directa en mis huevos. Aunque estaba sentada y la fuerza no fue excesiva, fue suficiente para que me retorciese de dolor en el suelo.

-Eres un perrito desobediente. Es mejor que me vaya-

-No, por favor- pedí cuando ella ya se había levantado hacia la puerta.

Caminé a gatas detrás de ella, aún con mis huevos doloridos y me agarré de su pierna cuando ya estaba saliendo del piso.

-Lo siento mucho-Dije- no debí tocarme. Perdóname por favor-

-Pajeate ahora- me dijo con la puerta del piso abierta de par en par.

-¿Aquí?-

-Sí, aquí y ahora-

Sabiendo que era mi única oportunidad para que no se fuese, obedecí. Nervioso y muerto de miedo por ser descubierto por los vecinos en el edificio donde solo llevaba un par de semanas.

-Acercate más a la puerta- Ojo Soraya mirándome desde arriba.

Caminé sobre mis rodillas un par de pasos.

-Más- me dijo

Seguí hasta que mis rodillas casi quedaron en el marco de la puerta.

-Más. Pon tus rodillas en el felpudo-

Esos dos pasos fueron aún más duros. Aunque, en esencia no cambiaba nada, verme fuera de la protección ficticia que me daba mi piso aceleró aún más mi corazón.

-Dale perrito. No querrás que llegue algún vecino y te pille así ¿No?-

-Ya estoy apunto- avisé, casi pidiendo permiso para correrme.

-Adelante, mancha el suelo con tu lechecita-

-Ahhh- gemí disparando mi corrida al suelo del rellano.

No fue demasiada, era la segunda paja en muy poco tiempo, pero dejé un pequeño charquito de corrida frente a la puerta de mi piso, justo delante del felpudo.

Soraya me empujó el pecho con su pie haciendo que cayese dentro del piso.

-Hasta mañana, profe- dijo y se fue por las escaleras.

Me levanté, cerré la puerta del piso y dejé esa mancha en el suelo sin limpiar.

Continúa en