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Mi primer año de profesor (1)

Soraya sabía que él la miraba. Y cuando descubrió que no solo miraba, sino que se masturbaba con sus fotos, decidió que la mejor forma de castigarlo era enseñarle a obedecer. Esta vez, no había clase que lo protegiera.

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Mi primer año de profesor (1)

Tras unos años trabajando de informático para una empresa y darme cuenta que no era para mí, decidí sacar el CAP y hacerme profesor de formación profesional. Había sido fácil y no había tardado en conseguir trabajo. La única pega era que no estaba en mi ciudad, estaba a unos cien kilómetros por lo que había tenido que irme de casa de mi novia y alquilar un piso en mi nueva ciudad para ese año, con la esperanza de poder volver al curso siguiente en otro centro.

-¿Como estás?-me preguntó mi novia por teléfono mientras me preparaba para mí primer día.

-Nervioso, la verdad- respondí

-Ya verás como lo haces bien-

-Eso espero-

-Seguro que sí, solo son unos críos podrás controlarlos. Te quiero mucho, me marcho que llegó tarde al trabajo-

-Esta bien. Yo te quiero más- Dije antes de colgar.

El instituto estaba a un par de calles del piso por lo que fui caminando. Ya había ido unos días antes y me habían explicado cual sería mi clase y me habían dado una lista de mis alumnos. No era muchos, 18 la mayoría chicos y tan solo cinco chicas.

Cuando llegué, ya me esperaban en la puerta de la clase y entraron detrás de mí. Ellos tampoco se conocían entre sí, pues era también su primer día. Aunque había algunos grupos de alumnos que parecían ser amigos de antes. Entre ellos, tres de las cinco chicas que se sentaron en primera fila.

-Buenos dias- dije notando como me temblaba la voz por los nervios.

-Disculpad mis nervios, es mi primera vez- dije siento consciente de mi metedura de pata por sus risas.

-Se nota profe - dijo una de las chicas en primera fila.

Mi vista se fue a ella, era rubia, melena larga y muy guapa de cara. No pude ver bien su cuerpo al estar sentada, pero su pecho llamaba la atención.

-Me llamo Marcos- dije dejando de mirar a la chica y recorriendo el resto de la clase con la vista- Seré vuestro tutor a parte de profesor de varias asignaturas-

-Relajate profe, que no mordemos- dijo de nuevo la chica para la que mis nervios no pasaban desapercibidos.

-¿Por qué no os presentáis vosotros y así nos conocemos todos?- dije recordando algo que habían hecho todos mis profesores y a mí me parecía insufrible cuando era alumno pero ahora me daria un buen descanso para calmarme.

Se fueron presentando uno por uno, todos andaban entre los 18 y 20 años. No retuve apenas sus nombres, salvo el de ella. Se llamaba Soraya y, ahora que la pude mirar mejor, era preciosa.

Tras las presentaciones, les dí alguna explicación sobre de que irían mis clases y di por finalizada la clase dejando que se conociesen y hablasen entre ellos.

-No lo has hecho tan mal para ser tu primera vez- dijo Soraya de la que salía tras terminar la clase.

-Gracias- Dije sintiendo como mi cara enrojecita de la vergüenza otra vez.

Ella se rió suave y me guiñó un ojo.

No pude evitar echar un buen repaso a su cuerpo, era delgada, más bien bajita pero con mucha presencia debido a su carácter que se notaba fuerte. Las tetas eran tan firmes y redondas como parecían sentada y su culo era pequeño, pero respingón.

"Está buenísima" me dije.

Después de las clases, comí en casa y fui al gimnasio donde me había apuntado, también cerca del centro. Allí me encontré con uno de los alumnos, Sergio, quería recordar que se llamaba. Le saludé educadamente y seguí con mi entrenamiento ya que no quería coger confianza con un alumno fuera de clase.

Tras eso volví a casa y hablé por teléfono con mi novia, le conté que me había puesto nervioso, pero que no había ido tan mal. Ella me contó su día y poco más.

-Te echo de menos-

-El jueves ya estoy alli- le dije.

Una de las ventajas del trabajo era que la jornada era mucho más corta que en la empresa en la que estaba y además me lo habían organizado de tal forma que el viernes no trabajaba para que pudiese volver a mi ciudad con mi novia.

-Lo se. Pero se me hace vacía la cama sin ti-

-Tambien a mí. Te quiero amor-

-Y yo a ti- me dijo.

Cuando colgamos el teléfono, abrí mi portátil dispuesto a disfrutar de uno de los pocos placeres que tenía el vivir solo, hacerme una buena paja sin preocuparme de que mi novia mi pillase.

Conecté el portátil a la televisión y abrí pornhubs dispuesto a ver una buena escena con sonido y en HD.

Busqué un video de una chica rubia preciosa rodeada de varios tíos negros con unas pollas enormes, una de mis categorías favoritas.

La chica se parecia a Soraya, no sé si había sido casualidad o mi subconsciente me había hecho poner ese video en concreto. Pero ya solo podía imaginar que era ella y me la puso al borde de explotar.

Cogí mi móvil, recordaba sus apellidos, busqué en su Instagram la encontré enseguida.

"Lo tiene público, perfecto" me dije.

Más de 10000 seguidores, no me extrañaba con lo buena que estaba. Acaba de terminar el verano, por lo que no me costó encontrar fotos en bikini.

"Dios, son increíbles" dije haciendo zoom en sus tetas.

Seguí pasando fotos hacia abajo y masturbándome con la otra mano. Pronto habían pasado al menos dos veranos. Hice zoom en otro foto para ver sus tetas y...

"Mierda. Le he dado a me gusta. Joder" pensé nervioso.

Rápidamente lo quité pero sabía que le llegaría el aviso. Mi esperanza es que no se diese cuenta de quien era, mi perfil es privado y con tanto seguidor no le daría importancia.

Terminé mi paja mirando más fotos y quité el video al que no le estaba prestando atención.

Los siguientes días, los primeros de clase de verdad, estaba nervioso cada vez que la miraba y notaba cómo enrojecía cada vez que ella hacía alguna pregunta, cosas que sucedía varias veces por clase. Ella parecía notar mi vergüenza y le resultaba divertido como tartamudeaba al responderle.

-Se te da bien dar clase, profe- me dijo tras terminar una de las clases la segunda semana.

Yo ya había olvidado mi error al darle "me gusta" a su foto y, aunque había vuelto a cotillear su Instagram para masturbarme, no me había vuelto a suceder.

-Muchas gracias, Soraya- dije tratando de mostrar autoridad.

-Hasta resultan divertidas y amenas- dijo mientras el resto de alumnos abandonaban el aula- No deberías ponerte tan nervioso-

-No... No me pongo nervioso- dije con ella ya casi pegada a mi mesa.

-¿No? ¿Entonces por qué te pones rojo cuando te hago preguntas?- preguntó apoyando su cuerpo en la mesa

Llevaba un escote no demasiado grande, pero que permitía ver si canalillo y el principio de sus perfectas tetas.

-¿Te gustan?- preguntó al darse cuenta que mi mirada se había desviado a ellas.

-Yo no... Lo siento- dije

-No importa, profe- me dijo con una sonrisa

Con una mano soltó un pequeño botón de su camiseta haciendo su escote más grande y dejando sus tetas más a la vista.

-¿Mejor así?-

-Esto no está bien- dije levantándome de la silla después de haber echado un buen repaso a sus tetas.

Ella me miró riendo.

-Recuerdalas bien. Así podrás hacerte una paja sin mirar mis fotos de hace dos años- dijo

"Mierda. Si me había pillado"

-Lo siento. No debí hacer eso- dije sabiendo que no tenía sentido mentir.

-Tranquilo, profe. No eres al primer pajillero que le pasa. Hay que tener cuidado al aumentar las fotos- Disfruta esta tarde- añadió cerrando el botón que se había abierto y saliendo del aula.

Me quedé unos minutos sentado en la clase para calmarme y avergonzarme en silencio por lo que acababa de pasar.

Nada más llegar a casa, abrí su Instagram y me hice una paja, antes incluso de comer.

Al día siguiente, me costó aún más trabajo mirar a Soraya y contestar sus preguntas, que fueron más aún de las habituales. Al terminar las clases, temí que se quedase y tener otra conversación con ella. Pero, para mí alivio, abandonó el aula con el resto de sus compañeros.

-¿Cuantas fueron ayer?- preguntó una voz a mi espalda cuando abría la puerta del portal de mi piso.

-¿Que haces aquí?- pregunté al girarme y encontrarme a Soraya apoyada en la pared

-Abre. Ya hablamos arriba-

-Tengo novia- dije

-¿Y que? ¿Crees que hay alguna opción de que tú y yo follemos?- dijo riendo como si esa opción le pareciese hasta divertida-Tu novia puede estar tranquila. Yo no follo con pajilleros. Abre la puerta-

Resignado, abrí la puerta y le cedí el paso al portal. Subimos en el ascensor. Su cuerpo estaba casi pegado al mío. Que cuerpo tenia, que guapa era, que sonrisa. Sentí como su cercanía me ponía nervioso.

-Dime profe ¿Cuantas pajas te hiciste ayer mirando mis fotos?-

-Nin.. ninguna- dije

-Mientes fatal - dijo riendo de nuevo.

El ascensor llegó a la cuarta planta y estamos a mí piso. Ella lo recorrió entero. Era un pequeño apartamento de tan solo una habitación y un baño, con una cocina y salón separados por una barra.

-¿Y tú novia? Aquí vives solo. No hay nada femenino-

-No somos de aquí. Me he venido este año por trabajo- dije

-¿Entonces vives aquí solo? El sueño de un pajillero como tú ¿Verdad?-

-No... No soy un pajillero-

Ella se rió otra vez.

-De acuerdo, profe ¿Tienes algo de beber?-

-Agua y algo de vino solo- dije

-Una copa de vino está bien- dijo sentándose en el sofá

Preparé dos copas de vino, aprovechando para calmarme un poco y aclarar mi cabeza que parecía quedar anulada en su presencia.

-Muchas gracias, profe- dijo cuando le di la copa de vino.

Me senté a su lado y ella se ladeó colocando sus piernas en mi regazo y se quitó las zapatillas. No soy fetichista de pies, ni mucho menos, pero sentir sus pies sobre mis piernas incrementó al instante mis nervios por mil.

-Acercame la copa, profe-

Cogí la copa de la mesa y se la acerqué. Dió un trago y me la devolvió para que la dejase de nuevo en la mesa. Cuando lo hice sonrió por otra pequeña victoria por su parte.

Sus pies estaban en la cara interior de mis muslos, muy cerca de mi polla, que estaba totalmente erecta.

-¿Cuantas te hiciste ayer? Dime la verdad- me preguntó acariciando mi muslo con su pie.

Justo cuando iba a responder, sonó mi teléfono y me levanté de un salto del sofá. Era mi novia.

-Hola cariño ¿Que tal?- respondí muy nervioso.

-Bien ¿Y tú? ¿No has llegado a casa aún?- Me preguntó pues siempre le llamaba nada más llegar para contarle que tal las clases

-Sí, perdona. Estaba liado con cosas de las clases y se me ha pasado- dije mirando a Soraya

-¿Está todo bien? Pareces alterado-

-Sí, todo bien. Solo que estos primeros días estás siendo un poco estresantes-

Soraya me miraba divertida desde el sofá. Disfrutaba de verdad de mis nervios y como me movía de un lado a otro por el salón.

La conversación con mi novia duró solo unos minutos más.

-Voy a preparar la comida. Te quiero- me despedí

-Tienes que irte, por favor - le pedí a Soraya

-Tranquilo, profe. Acércame la copa- me dijo

Fui hasta la mesa, cogí la copa y se la ofrecí.

-Muchas gracias- dijo ella con calma devolviéndome la copa para que la dejase en la mesa- ¿Que hay para comer?-

-Tengo arroz- dije.

-Perfecto. Me gusta- dijo

Resignado, fui a la cocina y preparé dos platos de arroz.

-¿Tú novia sabe que sale con un pajillero?- dijo apoyada en el marco de la puerta con su copa de vino en la mesa.

-No soy un pajillero- negué

-Ya. Dime una cosa ¿Cuantas veces la has animado a salir con sus amigas para quedarte solo en casa y matarte a pajas?¿Cuantas pajas te has hecho en el coche o en el trabajo?-

Ambas cosas habían pasado infinidad de veces ¿Cómo podía saberlo?¿Cómo podía leerme tan fácil?

No respondí, pero mi cara dejó clara me respuesta.

-Quitate la camiseta- me dijo.

-¡¿Que? No!-

-Tu te has hecho pajas viendo mis fotos en bikini. Es lo justo-

Dudé. Estaba mal, era mi alumna, tenía 18 años recién cumplidos y yo 33, tenía novia. Pero si belleza, su carácter, era todo lo que me perdía de una mujer.

-Hazlo, profe- dijo con un tono más autoritario pero manteniendo su sonrisa.

Me quité la camiseta y la dejé en una de las sillas de la mesa de la cocina.

-No estás mal, profe-

-Gracias- Dije sin atreverme a mirar su cara.

Dió dos pasos hacia mi, desabrochó mi pantalón y lo bajó sin que yo hiciese nada por detenerla.

-Buenas piernas también. Se nota en gimnasio-

-Gracias- Repetí

-Lastima que seas un triste pajero-

Me di la vuelta y seguí preparando la comida, sólido por ese comentario pero sin atreverme a protestar. Ella se pego a mi espalda, bajó mi boxer hasta que cayó junto a mi pantalón en mis tobillos.

-Levanta las patitas- dijo pisando mi ropa

Obedecí sacando mis piernas de los zapatos y de mi ropa y quedando totalmente desnudo mientras seguía preparando la comida.

-¿Que le pasa a tu cosita? ¿No funciona?- Me dijo

Miré mi polla y me sorprendió encontrará flácida, casi encogida, pese a lo cachondo que yo estaba.

-No, se pone dura tan fácil - dije tratando de hacerme el macho.

-¿No será que se encoje ante una mujer de verdad? ¿Qué solo funciona para hacerse pajas mirando fotos pero que cuando está chica está delante trata de esconderse y desaparecer?-

-No, no es eso- dije.

-Vamos, ponla dura. Enséñame cómo es-

Tampoco debí hacer eso. Pero me sentí herido en mi orgullo y necesitaba demostrar mi masculinidad. Agarré mi polla y empecé a tocarme. Soraya me miraba divertida. No crecía, no se ponía dura. Casi parecía encogerse cada vez más, tanto que tenía que cogerla tan solo con tres dedos.

Ella se quitó la camiseta y quedó en un sujetador de encaje negro, mis favoritos.

-Tal vez así se anime-

¿Por qué no funcionaba? Nunca me había pasado eso, era mi primer gatillazo y en el peor momento.

Aceleré la paja. Mirando fijamente sus tetas, trataba de darme ánimos a mí mismo, pero nada.

-Patético- dijo ella riendo.

Cogió su plato de comida y se sentó en la mesa. Resignado dejé de tocarme he hizo lo mismo.

-No, no comparto mesa con pajilleros lamentables. Siéntate en el suelo-

Estaba hundido, sin capacidad de discutir ni negarme a nada. Cogí mi plato de la mesa y me senté a comer en el suelo junto a sus piernas.

Ella seguía descalza y su pie estaba casi pegado a mi cara. Lo pasó por mi plato, recogiendo con el algo de arroz y salsa.

-Abre la boquita- me dijo.

Metió su pie en mi boca y yo comí y chupé la comida de sus dedos.

-Muy bien perrito. Déjalo bien limpio-

De verdad que nunca había tenido fetiche por los pies, no era eso. Era la humillación de estar en el suelo lamiendo sus dedos y sentirme tan rendido a su poder, lo que hizo que mi polla por fin se empalmase.

Soraya fue consciente de ello y se rió al verlo.

Siguió dándome de comer con su pie hasta que ella terminó su plato y su copa de vino.

-Ponte de rodillas, perrito-

Obedecí al momento, no tenía ninguna voluntad sobre mí mismo.

-Pega tu polla al suelo-

Separé mis piernas hasta que mi polla y mis huevos quedaron sobre las frias baldosas de la cocina. Entonces ella piso mi polla, con suavidad, atrapándola entre su pie y el suelo pero sin causarme dolor.

-Muevete, perrito. Follate mi pie, vamos-

No siquiera dude. Era consciente de lo vergonzoso y patético que resultaba aquello. Pero lo hice igualmente, lo necesitaba. Moví mi culo adelante y atrás sintiendo como mi polla se despellejaba atrapada entre el pie de Soraya y las baldosas de la cocina.

Apenas tardé dos minutos en correrme y manchar el suelo de mi leche.

-Ha sido divertido. Patético, pero divertido. Hasta la próxima profe y disfruta de tu tarde de pajas-

Se puso la camiseta, salió al salón a recoger su bolso y sus zapatillas y se fue del piso sin que yo me levantase del suelo ni dijese nada.

Me maldije y me enfadé conmigo mismo mientras limpiaba mi corrida y recogía la cocina. Pero media hora más tarde tenía mi polla en una mano y el móvil en la otra mirando su Instagram de nuevo.