Xtories

Jamal de sangre y cuero. Sarriá

Ángela le prometió un mes inolvidable en Barcelona, pero no imaginaba que el precio de su alojamiento fuera su propia sumisión. En el silencio de un probador y el encierro de un baño público, la frontera entre el trabajo y el placer se desdibuja, revelando una pasión cruda que ella ha guardado celosamente.

Eric Salazar2.3K vistas

Sarriá

A las doce y media en punto, mi tren llegaba a la estación de Sans en Barcelona.

Al pisar en andén, comenzaba de verdad mi aventura por tierras catalanas. No sabía lo que me iba a deparar ese mes. Lo que tenía claro, era que mi vida iba a cambiar para mejor.

—Acabo de llegar.— Mandé el mismo mensaje a mi madre y a Ángela.

—Estoy en la cafetería, esperándote.— Respondió Ángela, al instante.

Me encaminé hacia allí y al momento mi teléfono vibró al recibir un nuevo mensaje. Lo miré en el reloj y continué por el andén. Luego contestaría a mi madre.

Entré en el bar y en la barra ya podía ver a Ángela. Iba vestida con unos Leggings negros, una camiseta de los Rolling Stones y unas botas negras. Un look muy rockero.

—Pero qué rockera vienes hoy. Buenos días.— Dije, sujetándola por la cintura mientras le daba dos besos muy marcados en la cara.

—Voy informal. Hoy no trabajo en la agencia. Esta mañana he estado trabajando desde casa y el resto del día, me tomo fiesta. Hoy, el día entero es para ti.

—¿Para mí? Es todo un honor. ¿Me vas a volver a enseñar Barcelona?— le dije con doble sentido.

—Te voy a enseñar todo lo que quieras.— Dijo, dándome un beso en los labios—. ¿Quieres tomar algo?

—Un café y una botella de agua grande. Tengo sed, y hambre. Pero aquí no hay nada bueno de comer. Así que con café me apaño hasta que comamos.

—Te llevaré de vermut, cuando vayamos al piso. Te hemos preparado un piso cerca del centro deportivo. Una urbanización en Sarriá. Un barrio que hay al lado de Pedralbes. Esa urbanización la construyó mi padre y como parte del pago se quedó con un bloque de pisos para alquilar.

—¿Vuestro padre es constructor?

—Sí. La empresa la fundó mi abuelo y mi padre la amplió. Es una de las constructoras más grandes de Barcelona. Lo que hizo mi padre fue ir invirtiendo en las propiedades que más le gustaban. Montó una asesoría para llevar los alquileres y su negocio fue creciendo. Tengo un hermano que trabaja con él y será el que dirigirá la empresa en un futuro.

—Así que sois ricas.— Le dije, sin cortarme.

—Mi padre no nos regala nada, pero nos apoya en todo. A mi hermana siempre la ha ayudado con sus inversiones y proyectos. A mí también, acabo de montar una agencia de marketing, para dar servicio a la constructora y a las empresas de mi hermana.

—Interesante. A mí, mis padres también me han ayudado en todo. A otro nivel, pero en todo. Mis padres tienen un restaurante en San Pedro de Alcántara. Yo he crecido en ese ambiente y desde que pude, empecé a trabajar con ellos. Soy camarero desde siempre y mi disposición hacia el trabajo me viene de ahí. El sábado estuve ayudándoles en la terraza de restaurante.

—Eres un currante. Nosotras no, pero mi padre siempre ha sido muy exigente en todo. Así que estudiando hemos tenido que dar el cien por cien, siempre.

Seguimos con la conversación mientras salíamos del restaurante. Tenía el coche en el parking de la estación. Nos montamos y salimos camino de mi alojamiento. Ese mes iba a ser intenso, en muchos aspectos.

Llegamos al barrio donde tenía el apartamento y me sorprendió lo tranquilo que era. Ángela llegó a la entrada de un garaje y accionó un mando. La puerta se abrió y condujo hasta una plaza de garaje con el número doce. Aparcó el coche y cogiendo unas llaves de la guantera salimos del coche, cogí la maleta y la seguí hasta una puerta.

—¿Te gusta?

—Lo que veo de momento, sí. Mucho.

Subimos en el ascensor hasta el sexto piso que era el último. Era una edificación baja.

—Te hemos guardado el ático, se quedó libre la semana pasada y estaba disponible.

—Ya me diréis cuánto es el alquiler para un mes. Y os hago una transferencia.

—Ya está pagado. Por eso no te preocupes. Va incluido en tu sueldo de este mes.

—¿Mi sueldo de este mes?

—Jajajajaj. Este mes se vienen cosas que no te esperas ni imaginas. Tú déjate llevar y volverás a Marbella cambiado. De manera de pensar y de retribuciones mensuales.

—Eso suena bien.

—Suena, muy bien.

Entramos en el piso y lo primero que me sorprendió fue la luminosidad. Entraba mucha luz por todos los sitios. Después la buena distribución, cocina, comedor y dos habitaciones. Cada una con baño privado. Pero lo mejor de ese piso era la terraza. Una terraza de cuarenta metros cuadrados con una zona Chillout y dos tumbonas.

—Esta terraza es espectacular. Se puede vivir aquí. Vaya ático guapo.

—Yo estuve viviendo dos años aquí, cuando me independicé. Es una zona muy tranquila. Ahora vivo un poco más al centro. Cerca de las oficinas de la constructora.— Explicó mi anfitriona.

—¿Cuánto cuesta el alquiler?

—Para ti, gratis. El precio va incluido en tus honorarios. Y cuando vengas a Barcelona. Si no quieres hotel y prefieres apartamento. Nos pides uno. Casi siempre hay alguno libre. Este bloque es de alquiler a corto plazo. Hay mucho movimiento de empresarios en esta zona. Gente que viene por cortos periodos de tiempo y no quiere estar en un hotel. Estos dos bloques, son de la constructora de mi padre. Están pensados para eso.

—Pues gracias. Aquí se tiene que estar muy bien. Yo no soy muy de hoteles. Prefiero tener un sitio así, antes que vivir enjaulado.

Además, va a venir mi hermana a visitarme una semana y así estaremos cómodos los dos.

—¿Tienes una hermana?

—Sí. Una morenaza, que tiene un salero que no se puede aguantar. Guapísima.

—¿Tan guapa como tú?

—Igual. Para no discutir. Somos hermanos de madre. Pero eso es otra historia de mi vida, que algún día te contaré.

—Ya me contarás.

—Ahora vámonos a comer, que tengo hambre.— Dije, al notar como mis tripas se retorcían.

—Vamos a comer. ¿Dónde quieres ir? ¿Qué te apetece?

—Lo que tú quieras, pero que sea sano. Después quiero instalarme y comprar cosas para la casa. Mañana cuando vea lo que me falta para vestir, quiero ir de compras. Me apetece ir al paseo de gracia, a ver sus tiendas.

—Entonces mañana por la tarde te apunto en la agenda y voy contigo a enseñarte las tiendas de moda. Te gustarán, ya lo verás.

—Me gusta el mundo de la moda. Incluso he hecho de modelo, para una marca de ropa interior. Hicimos un catálogo entero y salió muy bien.

—Me alegro de que tengas algo de experiencia de modelo. Te va a venir bien.— Dijo Ángela, haciéndose la Interesante.

Salimos del piso y me dio las llaves.

—Ya tienes tu picadero en Barcelona, semental. Jajajaja.

—He venido a trabajar. Pero no voy a decir que no a las buenas oportunidades.— Apunté, poniendo cara de Fucker.

Bajamos hasta el garaje y montamos en el Mercedes. Salimos a la calle y paramos un momento. Ángela se colocó bien las gafas de sol de Armani que llevaba encima de la cabeza y cuando estuvo preparada, arrancó hasta incorporarse a la C-32. Un poco más adelante, tomó la salida hacia la avenida diagonal, por ella se bajaba al centro de la ciudad. A mitad de avenida, buscó aparcamiento, hasta que logramos encontrar un hueco.

Andamos dos calles y llegamos a la puerta de un restaurante que ponía: Honest Green. Había cola para entrar, cosa que me extrañó.

—¿Hay cola para entrar?

—Sí, aquí siempre. Es un restaurante de comida rápida sana. Tienen comida incluso para veganos. Es un concepto que funciona muy bien. Es todo sano. Ya verás la carta. Además, es muy barato.

—Yo voy tomando nota de los sitios que me enseñas. Que algún día vendré. Incluso para cuando venga mi hermana, quiero ser un buen anfitrión. Es la niña de mis ojos.

—Se te cae la baba, al hablar de ella.

—Es que es un ángel. Ya la conocerás. Cuento contigo para enseñarle Barcelona.

—Claro. Os haré un tour de luxe por la ciudad.

—Pero nada de sitios guarros.— Le dije, cambiando la mirada.

—Prometido. Nada de sitios guarros.— Respondió, con cara de niña buena.

Nos tocó cruzar el umbral de la puerta del restaurante, un camarero nos preguntó cuántos éramos y nos dio dos cartas.

El menú era variado y la verdad era, que todo se veía muy sano. Íbamos entrando en fila por el pasillo del restaurante, mientras veíamos por una cristalera, como los cocineros preparaban la comida. Todo muy limpio y ordenado. Las raciones no estaban mal. Pero un poco escasas para mí.

—¿Ya has pensado lo que vas a querer?

—Sí, el pollo que lleva esa chica de allí.

—Ese, es el piri piri.

—Me voy a pedir la ración grande y después arroz de guarnición.

—Yo me voy a pedir un tataki de atún blanco. Con arroz también. Y luego de centro vamos a pedir unas chips de boniato que están de muerte.

Mientras terminábamos de elegir, la fila ya había llegado hasta el mostrador. Pedimos la comida y nos dieron un localizador.

—Ahora, a ver dónde pillamos sitio.—Dijo Ángela, mientras se ponía de puntillas para ver todo el local.

—¿Pillar sitio?

—Sí, aquí no hay mesas individuales. Es todo a lo grande, las mesas, los bancos y las banquetas. Así que el primer sitio que veamos, nos sentamos en él.

—Ok, voy a echar un vistazo.

Me separé de mi acompañante y me interné hacia el fondo del local. Encontré dos sitios en una mesa que había en un rincón. Era de cuatro plazas, pero en ese momento estaba vacía. Dejé el localizador en la mesa y volví a buscar a Ángela.

—Ya he encontrado mesa. Al fondo, en una esquina, hay una mesa vacía.

—Muy bien. Vamos.

Llegamos y nos sentamos. Empezamos a hablar sobre los motivos de mi viaje. Yo estaba intrigado y expectante. Ángela no quería decir nada, pero mi capacidad de persuasión, hicieron mella y empezó a contarme todo lo que me esperaba en ese mes. Todo, o eso creía yo.

Nos levantamos a por bebida y me llevó hasta unas bombonas con grifo, donde había varias aguas mezcladas con hierbas y frutos. Al lado había zumos y Smoothys. Todo entrada en el precio. Tarifa plana de bebidas sin alcohol. El paraíso de cualquier amante de la vida saludable.

Volvimos a la mesa y entonces nos llegó la primera entrega del pedido. Las chips de boniato. Estaban deliciosas. Hechas al horno y con especias por encima. Deliciosas a la par que sanas.

Cinco minutos más tarde, llegaron los platos fuertes. Las raciones eran generosas, aunque mi plato era bastante más grande que el de mi acompañante, necesitaba más alimento. El plato grande, se acercaba más a la cantidad que yo solía comer en mi dieta diaria.

La conversación se detuvo un rato mientras comíamos. Pero las miradas cómplices se sucedían.

—Al final me lo vas a contar todo.

—Eso te va a costar caro. Mi boca está sellada.

—Pues la mía no y te comeré el coño como nunca te lo han comido, si me dices que tenéis preparado para mí, las dos hermanas y tu cuñado.

—Mmmmm. Buen ofrecimiento.— Dijo, metiéndose un trozo de atún a la boca.

Imite su acción y seguí comiendo, dejando en el aire mi propuesta y su respuesta.

Me levanté a por más agua y llené los dos vasos de agua con limón.

Acabamos con la comida, e inevitablemente volvimos a retomar la conversación donde la habíamos dejado.

—Bueno. ¿Qué hago yo en Barcelona?

—Ya sabes que mi hermana y mi cuñado tienen varias empresas, aparte de la sociedad de los centros deportivos.

—Sí, algo sé. Pero cuenta que a penas conozco nada vuestro.

—Tienen una importadora de suplementos. Y ahora están lanzando una línea de ropa fitness en una marca de ropa que tienen. Hacen ropa para tenis y golf. Es de diseño y es bastante exclusiva. Ahora que están lanzando esa línea. Quieren que tú seas la imagen de la firma. No solo el modelo. Lo mismo pasa con la marca de suplementos. Quieren darle otro aire y vamos a trabajar para que tus redes crezcan hasta hacerte un influencer fitness. Hacerte imagen y embajador de las dos marcas.

Yo escuchaba atento todo lo que me estaba contando. Me sonaba a mucho trabajo, pero muchos ingresos, por otra parte. Había que escuchar las ofertas. Pero pintaba muy bien.

—Me dejas de piedra. Vaya pasada.

—Sí, es una oportunidad de las grandes. No sé de cuánto dinero estaremos hablando, pero puedes duplicar tus ingresos si lo haces bien.

—Gano bien y tengo otras fuentes de ingresos. Sin embargo, no me importaría duplicar. Entonces, ya, sería el rey del mambo. Tengo todo pagado. La casa la heredé y el coche lo compré de segunda mano. La reforma hace años que acabé de pagarla. Así que todo lo que gano, lo ahorro. Vivo bien y aun así, ahorro bastante todos los meses. Pues si duplicara sería la bomba.

—No sé nada de dinero. Pero el trabajo para las redes, te lo llevaríamos al principio desde mi agencia de marketing. Para hacerte crecer rápido. Después lo gestionarás tú. Por eso es lo de quedarte un mes entero. Si aceptas nos tenemos que poner con ello mañana mismo. Fotos, post y todo lo que podamos preparar para impactar a la gente.

—Pero como si yo no te hubiera dicho nada. Mi hermana me matará si se entera. Todavía están revisando el tema de tus honorarios.

—Me has dejado nervioso.

—Tranquilo. Todo irá bien. Mañana tenemos reunión los cuatro. En el centro de mi hermana. Allí tienen las oficinas desde donde controlan todo. Aunque tú ya las has visitado, ¿verdad?

—Yoooo. Jajajajjaj

—Me enseñaron cierta foto tuya con mi hermana. Bueno, más bien de mi hermana de rodillas, con algo tuyo en la boca. Algo muy grande.

—Pues sí que compartís todo.

—Nos llevamos muy bien y nos contamos todo.

—Con tu cuñado también te llevas muy bien.

—Sí, algo de roce tenemos. Pero siempre delante de Marina. Es muy posesiva.

—¿Qué te parece si tomamos el café en otro sitio?

—Perfecto, además tienes que pagar la información que acabas de recibir.

—Primero tengo que ir a comprar al súper. Que no tengo ni agua para beber.

—Vamos a El Corte Inglés, hay uno aquí en la Diagonal. Cerca de donde hemos aparcado.

—¿Es centro comercial?

—Sí, además es bastante grande y tienen de todo. Vamos y así tomamos café allí.

Salimos a la calle y fuimos hacia el coche. La comida había estado muy bien y las noticias que me había dado Ángela sobre mi estancia en Barcelona, muy buenas.

Cogimos el coche y a menos de tres calles, ya habíamos llegado al centro comercial.

Entramos en el subterráneo y subimos a la primera planta a comprar.

—¿Tienes prisa?— pregunté a mi improvisada chofer.

—Tengo que pasar por la oficina antes de cerrar. Pero eso es a las siete. Tengo tiempo para ti.

—Me quiero mirar algo de ropa. Me he traído una maleta pequeña con alguna cosa de deporte y poco más.

—Entonces sígueme. Hay una tienda de ropa de marca que te gustará.

Fuimos por el pasillo del centro comercial, casi hasta el fondo de la galería.

Entramos en una tienda, muy luminosa, de diseño minimalista. Todo muy bien colocado y visible. Muy limpio y cuidado. La tienda era grande y la ropa estaba separada por género. La de los hombres a la derecha y la de las mujeres a la izquierda.

Para chicos había Levis, Guess, D’Squared, Armani Xchange, Polo, Hollister y Scalpers.

Ángela se puso a mirar cosas de chica y después de echar un vistazo rápido, vino donde estaba yo.

—¿Qué, ves algo que te guste?

—Sí, me voy a coger esta cazadora acolchada de Scalpers, una sudadera también de Scalpers y me voy a mirar unos pantalones de Guess. Miraré también unas zapatillas de Levis y unas camisetas de Armani que hay allí. Me probé la cazadora y la que mejor me quedaba, se la di a Ángela para que me la guardara. Con la sudadera hice lo mismo. Los pantalones y las camisetas, iba a ser diferente. Tenía que probármelas en el vestuario.

—Me llevo esto para probarme. Ven conmigo por si necesito otra talla.

Fuimos al vestuario y una dependienta se acercó a nosotros.

—Hola, buenos días. ¿Os puedo ayudar en algo?

—Voy a probarme. Gracias.

—Cualquier cosa que necesitéis me decís.— Y se alejó a seguir atendiendo.

—Me metí en uno de los cubículos y me quité la camiseta.

Una cabecita asomó por el hueco de la cortina.

—Mmmmm. Pero mira que estás bueno, Jamal.

—Mi trabajo me cuesta, Ángela.— Dije, mientras movía las tetas, para que las mirara.

Me puse una de las camisetas y me quedaba perfecta.

—Está me la cojo. Me gusta.

Repetí la operación, con el mismo resultado. Le pasé las camisetas a mi acompañante y me quité los pantalones para probarme los que había cogido. Ángela seguía asomada a mi vestidor y al quitarme los pantalones, se mordió el labio inferior. Se estaba poniendo cachonda y yo era consciente de ello.

—Este me viene pequeño. No me cierra. No llegaba a cerrar la bragueta.

—No me extraña que no cierre. Con ese bulto que tienes, es complicado.

—Voy a necesitar una talla más.

Ángela se fue a buscar una talla más de esos pantalones y vino poco después. Volvió sin nada en las manos, aparte del pantalón.

—He dejado las cosas en el mostrador. Te traigo esto.— Esta vez, no se conformó con asomar la cabeza. Ángela se metió conmigo en el vestuario y directamente llevó su mano a mi paquete, para sopesar mis atributos.

—Si me sigues tocando. No me va a entrar ningún pantalón de la tienda. Ni siquiera el que traía puesto.

—Luego me ocuparé de esto. Acuérdate que me debes un cunilingus. Has pedido la apuesta.

Me probé esos pantalones y esa talla sí que era la correcta.

—Me llevo estos también.

—Vamos a pagar y vámonos de aquí.

Fuimos hasta el mostrador y cuando iba a pagar, Ángela sacó su iPhone y me dijo:

—Pago yo. Son órdenes de mi hermana. Lo que compres hoy lo paga la empresa. Regalo de bienvenida.

—Me siento como un mantenido.

—No te creas eso. Vas a trabajar mucho estos días. Mucho y bien.— Volvió la cara y me guiñó un ojo.

—Pues muchas gracias. Ya se las daré a Marina, también.

Metieron todo en una bolsa de papel y salimos de la tienda.

—Vamos a dejarlo al coche y volvemos al supermercado.— Dijo Ángela.

Bajamos al sótano y de ahí al garaje. Dejamos las bolsas en el maletero, momento que aprovechó, para darme un beso cargado de morbo, de ganas retenidas y de ansias de follar.

—Vamos a comprar, que si no, no vamos a llegar a casa.

—Tu tranquilo. Que llegar llegaremos. Quiero follarte en esa cama.

—¿Es la misma cama que había cuando estabas tú?

—La misma, en esa cama me he follado a unos cuantos y tú vas a ser el siguiente.

—Seré el que mejor te haya follado ahí.— Dije, muy sobrado.

—Tendrás que aplicarte. He tenido muy buenos amantes. Y los mejores han pasado por esa cama. Mmmmmm.—Dijo con nostalgia.

Salimos a las escaleras automáticas y en uno de los rellanos había un baño.

—Voy al baño.— Le dije, mientras entraba—. Espérame.

Entré al baño de minusválidos y comprobé que no había nadie. Salí a por mi acompañante, le di la mano y tiré de ella hacia adentro. Entramos los dos y eché el cerrojo.

—Mira como me has puesto.—Dije, mientras abría la bragueta de mi pantalón—. Date la vuelta y apóyate contra la pared.

Muy obediente, hizo lo que yo le dije y se quedó con su culito respingado, levantándolo todavía más si cabe.

Pasé mis manos por su trasero y le di una palmada. Tenía un culo duro, de gimnasio y muy bien trabajado. Bajé sus Leggings hasta la rodilla y metí mi mano entre sus piernas. Estaba totalmente mojada. Metí dos dedos en su interior y un suspiro salió de su boca en señal de aprobación.

—Mmmmmm. Vamos fóllame.

—Shhhhh. Cállate. Aquí mando yo.

A partir de entonces, Ángela se metió en su rol de sumisa.

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