Xtories

Excitada en el micro

El micro avanza por la ruta oscura y el asiento se vuelve un mundo aparte. Un desconocido canoso no solo la mira, sino que toma lo que desea, y ella, lejos de detenerlo, se entrega a la sumisión más prohibida.

Lore18K vistas9.2· 17 votos

Hola queridos leyentes de esta espectacular página, que nos libera la imaginación a través de la lectura y que nos permite contar tantas vivencias sexuales vividas, a todas aquellas personas que vívidamente las leen.

Lo que aquí les voy a contar es una historia muy excitante que me ocurrió el año pasado en el mes de noviembre, durante un viaje en micro que realicé por una cuestión laboral, ya que Juan, mi jefe me pidió que viajará a la capital de la provincia para buscar una documentación de un edificio que tenía que terminar de construir.

Les aclaro que Juan es mi jefe y amante para cuando lo quiere, ya que así deje que pasara, en la empresa Constructora en la que trabajo, y los que me conocen de esta página, lo saben. Es que siempre colgué mis historias en la categoría de Fetichismo y no en la de Infidelidad como en esta ocasión.

Para lo cual compré los pasajes de ida y vuelta en una de las empresas de larga distancia que hacen el recorrido siempre durante la noche. Para la ida no me quedó otra que aceptar el único lugar que quedaba en el piso de abajo, la butaca 56 que es la última de la izquierda, junto a la ventanilla y siendo doble. Y es que abajo las butacas son mucho más anchas y mullidos que las del piso de arriba, y el viaje tiene una duración de unas 8 a 9 horas.

El día del viaje mi esposo Leo y mi hija me llevaron a la terminal para despedirme y después de besarnos y pedirles que se cuiden mucho los 3 días que estaría afuera, despache mi valija en la baulera del micro y subí. Me senté en mi butaca y rogaba que en la de al lado se sentará otra mujer, para no ser molestada por algún hombre molesto.

Para el viaje quise estar cómoda y me vestí con una calza de lycra fina, de color azul eléctrico, muy ajustada y resaltando las redondeces de mis nalgas, pero super cómoda; una remera blanca de modal con mangas 3/4 y con un volado en la cintura, que marca más aún mi cola; zapatillas blancas de lona y un conjunto de corpiño y tanga de lycra, color nude. Me peine mi cabello semi largo y rubio (teñido) con una colita de caballo, alta y maquillaje tranqui, con bastante perfume Dior.

Faltando unos 5 minutos para partir, apareció un hombre alto, y canoso, muy bien vestido y se sentó en la butaca pegada a la mía. Me saludo cordialmente y colocándose unos anteojos sacó un libro y se acomodó hacia atrás para leer tranquilo. Era un señor mayor de unos 70 años más o menos, con sus cabellos canos, sin bigote ni barba. Bien vestido, con saco y con un perfume bien varonil, que no pude identificar.

El micro inició la marcha y después de salir de la ciudad y ya en ruta el azafato colocó una película, que yo no alcanzaba a ver por la distancia de mi butaca y lo bajo que quedaba yo en la misma, así que me coloqué unas anteojeras negras y tiré el asiento bien hacia atrás para tratar de dormir. Desperté en un momento en que el autobús estaba ingresando en la terminal del primer pueblo luego de la salida, eran las 02:30 hs y bajé al baño, pasando de espalda por sobre las piernas de mi compañero de butaca, que pudo ver todo mi trasero de cerca. Cuando salimos a ruta nuevamente, me di cuenta que la persona que viajaba en la butaca a nuestra derecha, se había bajado y estuve a punto de cambiarme para viajar sola, pero mirando al señor mayor a mi lado y dado que dormí tranquilamente, no lo hice.

Volví a dormirme y en un momento me coloqué de costado en la butaca, quedando de espalda al anciano, con mi cola bien hacia atrás y bien a la vista. Así dormida soñaba que mi esposo me sobaba las nalgas, pasando sus dedos por mi rajita, como tantas veces lo hacía mientras yo lavaba los platos. Sus dedos ya masajeaban mi clítoris por sobre mi calza y tanguita y fue tan real que desperté y me acomodé en la butaca sacándome las anteojeras. Para mi sorpresa el señor mayor se estaba oliendo los dedos de su mano derecha y mirándome sonrió nerviosamente. Yo sin entender, me sentí mojada y me ruboricé porque pensé que él sentía mi aroma femenino por haberme mojado en mi sueño. Volví a ponerme en la misma posición y luego de varios kilómetros sentí una mano en mi nalga derecha que me acariciaba suavemente...quedé dura sin saber que hacer porque me di cuenta que el sueño no había sido el causante de mi excitación ya que los dedos en mi vulva eran los del anciano. No me animé a darme vuelta y dejé que siguiera manoseado mis nalgas y mi rajita ya que no me disgustaba. Realmente me paralice mucho sin poder reaccionar, mientras el hombre continuaba acariciando mi monte de Venus y ano, dejándome sentir sus dedos a través de la delgada lycra, sin ser torpes, al contrario, con mucho oficio esos dedos largos y gruesos me hacían sentir mucha excitación y deseo de seguir gozando de sus caricias.

Yo continuaba en posición fetal, con la cola levantada y las piernas entreabierta para dejar a este hombre mayor que disfrute de tenerme así, suya, sumisa y entregada. Con mis ojos tapados por las anteojeras pensaba en qué pensaría mi macho dominador, porque al no resistirme, era claro que estaba aceptando ser su perrita cachonda, y a su merced.

Desubicada en el tiempo, el micro continuaba su marcha sin cesar y yo ya con ganas de sentir un pedazo de carne dura dentro de mi vagina. Baje mi calza a medio muslo y levante aún más mis caderas invitando a mi amante a que me posea, y como hasta ese momento lo hacíamos sin ruidos ni palabras, porque sabíamos del resto de pasajeros en viaje. Sentí sus dedos abrir mis labios menores, haciendo de lado el hilo de mi tanguita nude de lycra, húmeda por mis jugos. Sus dedos se hundieron en mi abierta vulva y me excite mucho...necesitaba algo más. Estiré mi mano derecha y me topé con un durísimo pene fuera del pantalón, que delicia, rígido, derecho, grueso y no muy largo...una delicia de pija. Comenzó a acomodarse detrás mío, haciéndome correr contra el vidrio de la ventanilla, y me subí un poco sobre su pierna izquierda para apoyar mis nalgas desnudas en su vientre, apretujándole su pija durísima y muy caliente...cayendo en la cuenta que este hombre mayor se había tomado un Viagra, porque estaba super duro y muy caliente su miembro. Con su mano en mi cadera derecha me ajusto y guio su pija hacia mi vulva palpitante y húmeda, que al sentir el gran vergon pechar, se abrió como flor ante el sol y toda su enorme verga se hundió suave y dulcemente en mi vagina, hasta chocar su glande hinchado en mi útero. Y así quedamos pegados, sin movernos, aunque yo gozaba con cada bache o desnivel de la ruta, ya que, con el movimiento del autobús, la verga dura y gruesa se movía riquísimo dentro de mi dilatada concha. Él me abrazaba firme contra su pecho, tanto que podía oír los latidos fuertes de su corazón, y me sentía muy puta y perdida mujer casada, mientras era penetrada por tan grueso vergon.

Fue muy loco llegar a la próxima estación terminal del último pueblo antes de llegar a destino, donde mi hombre mayor tomó su mantita viajera para taparnos por sí subía alguien, pero ninguno de los dos intento parar la unión apretada de nuestros sexos, sin conocernos, sin hablarnos...

Para cuando continuó el viaje por suerte nadie había subido en la butaca de al lado de las nuestras y con su dura verga bien dentro mío me sentía muy puta, con los ojos tapados y abrazada por este señor mayor que tan tiernamente me trataba, pero que me hacía sentir su mujer, suya, bien suya.

Era increíble que al anciano no se le bajara la dureza de su pene, ya que llevábamos pegados más de una hora, entonces más se confirmaba que lo había planeado y se había tomado un Viagra y de seguro que de 100 mg, porque estaba durísima y caliente su gruesa verga. En un momento me acomodó bien encima suyo, se puso a lo largo de la butaca y estando sentada sobre sus muslos de espalda al hombre, me incliné buscando su miembro con mi mano derecha y lo guie a la entrada de mi conchita que se abrió fácil ante tan duro falo, resbalando muy dentro mío. Estaba muy caliente con esa situación, ya que me sentía suya y sólo quería tenerlo dentro. Se movía despacio y yo me derretía con su verga golpeteando mi vientre, estaba bien mojada. Dejé caerme todo lo que pude hasta sentir el freno de su verga en mi conchita y así recostada con mi cabeza en su pecho, seguimos viajando exquisitamente abotonados. Él me abrazaba y con sus manos acariciaba y apretujaba mis tetas, y yo solo lo gozaba. Era tan hermoso sentir su pija clavarse más ante los movimientos del micro, sobre todo cuando saltaba por algún desnivel de la ruta. Este macho que me poseía era bien hombre y me estaba haciendo sentir su hembra, penetrándome por horas, sin besarnos, sin hablar, solo se escuchaba el ronroneo del motor y algunos ronquidos suaves de pasajeros dormidos que viajaban delante nuestro. Cuando podía yo me balanceaba sobre su pene recto y duro, para gozarlo mucho y sentir mi vagina llena de su carne que me daba tanto placer. Así excitantemente cogida estaba cuando llegamos al puesto de Gendarmería que está unos 20 km antes de la ciudad capital, por lo que encendieron las luces y fueron frenando el micro, por lo que me saqué las anteojeras y me senté sobre ese hermoso pene para luego pararme y acomodarme la tanga y la calza. Él se levantó de mi butaca para que yo me sentará y mejor acomodados, nos miramos y nos sonreímos en complicidad, me guiñó un ojo y me dijo " gracias hermosa, me diste el mejor viaje de mi vida" con voz gruesa y varonil.

Cuando subió un Gendarme a controlar documentos, al ver el del anciano, le hizo la venia como saludo militar, por lo que entendí que sería algún militar de alto rango retirado. Luego de llegar, bajamos del autobús y tomé un taxi hasta el hotel donde mientras me duchaba me masturbé hasta el clímax, pensando en las horas que había sido la puta de un hombre mayor totalmente desconocido, disfrutando tanto de ser una hembra satisfaciendo a su macho dominador.

Al rato recibí llamado de mi esposo que me preguntaba cómo había sido mi viaje y le respondí que fue excitante porque dormí todo el viaje y soñé con él hasta mojarme.

Espero les haya sido lo suficientemente clara como para que se den una idea acabada de lo que fue ese viaje tan excitante. Si quieren pueden contarme lo que quieran en [email protected]