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¿Sabés lo que se siente? (4)

Seis años de silencio y una culpa que no la deja vivir. Cuando el destino los cruza de nuevo, Pablo no busca venganza, sino la paz de Julieta. ¿Bastará un perdón sincero para romper el hielo de una vida detenida?

jejen14K vistas9.6· 55 votos

¿Sabés lo que se siente?

Cuarta parte

Muchos habitantes de la ciudad, suelen decir que La Plata es un pueblo grande, que mucha gente se conoce, se encuentra por ahí sin quererlo, y hace poco más de dos meses, un hecho me hizo pensar eso mismo.

Caminaba por la calle 12 buscando comprar un par de zapatillas que me gustaran, cuando al salir de un local de ropa deportiva, me crucé de frente con Mariana, una de las amigas de Julieta.

Nos miramos, me salió sonreírle y ella hizo lo mismo, ya frente a frente, nos saludamos con un beso y con un abrazo, desde la separación, no había vuelto a verla.

-MARIANA: Hola Pablo, tanto tiempo sin verte, sin saber de vos! ¿Cómo estás?

-PABLO: Cómo te va Mariana es verdad… mucho tiempo…

-MARIANA: Me alegra verte! ¿Tenés tiempo? ¿Nos tomamos un café?

Pensé un momento en que contestar, indudablemente saldría el tema Julieta en la conversación, seguramente seguirían siendo amigas, pero en el fondo, luego de tanto tiempo, no me disgustaba la idea de saber algo de ella.

-PABLO: Dale!

Caminamos una cuadra y media y entramos a un café muy lindo de calle 58, nos sentamos, pedimos café para los dos, y aunque no estaba seguro de cómo arrancar la conversación, Mariana fue quien comenzó a hablar y lo agradecí.

-MARIANA: ¿Cómo estás Pablo? Qué bueno verte! ¿Cuánto tiempo pasó?

-PABLO: Varios años! Más de cinco le calculo yo… ¿Vos cómo estás?

-MARIANA: Yo bien corazón! Aunque no lo creas, pronta a ser abuela! En poco más de tres meses!

-PABLO: Qué bueno! Tan joven y abuela!

-MARIANA: No tan joven, el año que viene los cincuenta ya! Pero a vos se te ve muy bien Pablo! Estás igual!

-PABLO: No te creas el tiempo pasa para todos, ya casi cuarenta y siete!

-MARIANA: Pero estás muy bien!

Hablamos de su familia, de su trabajo, del mío, le conté donde estaba viviendo, y sí, el tema Julieta, inequívocamente, iba a salir.

-MARIANA: Pablo, me gustaría decirte algo, pero si no querés hablar del tema lo voy a entender…

-PABLO: Supongo a que te referís, pero no tengo problema en hablar de cualquier tema… ya ha pasado tanto tiempo…

-MARIANA: Lamenté mucho la separación de ustedes, como imaginarás seguimos siendo amigas, nos vemos bastante seguido, la voy a visitar, ella viene a casa, y claramente estoy al tanto de lo que pasó y como pasó. Estoy segura de que fue muy duro para vos ese momento, siempre me pareciste una excelente persona, y claramente cuando supe los motivos, pensé en que no te merecías eso, incluso me enojé con ella y estuvimos varios meses sin hablarnos, pero luego pensé en que todos podemos tomar decisiones equivocadas.

-PABLO: Así también lo veo, de hecho no tengo ni tuve ningún resentimiento para con Julieta, tan solo los hechos, dolorosos laro, hicieron que nuestros caminos se separaran, no le deseé ningún mal, ni la odio, ni nada que se le parezca, pero sí, para mí fue muy duro ese momento... no me lo esperaba… nunca creí que pudiera pasar algo así….

-MARIANA: Lo sé… Incluso Julieta, luego de ese tiempo sin hablarnos, me contó todo lo que dijiste esa noche, y pude darme cuenta de que no hubo odio, ni rencor, ni venganza, ni maltrato ni nada de eso, aunque en esa misma situación, otros hombres hubieran actuado de otra manera más… visceral digamos.

-PABLO: Lo pensé en ese momento y lo sigo pensando aún hoy, años después, ¿qué sentido tenía una reacción violenta o visceral?, como bien decís, los hechos no iban a cambiar, no iban a ser diferentes, lo hecho, hecho estaba.

-MARIANA: Tenés razón, pero eso solo lo puede ver así, una persona como vos… no sé si querés que hablemos de Julieta, no sé si te hace mal hablar de ella.

-PABLO: Nunca me haría mal Mariana, más allá de lo que pasó, con ella vivimos muchas cosas, fueron muchos años compartidos, una parte importante de mi vida, y supongo que también de la de ella, más allá de cómo terminara todo, fue la mejor época de mi vida, bueno… al menos hasta el último tiempo.

-MARIANA: Sí Pablo! Y tan trascendente, que no hay vez que nos veamos, que no me diga algo de vos, algo que vivieron juntos, me ha contado tantas cosas, que creo que hasta podría escribir una biografía tuya.

Que me estuviera diciendo todo aquello, me estaba inquietando, tenía una sensación rara en el cuerpo, como de querer saber, pero a la vez, no querer enterarme de nada.

-MARIANA: ¿No la has vuelto a ver? ¿Ni de lejos siquiera?

-PABLO: No Mariana, ni la he vuelto a ver ni a saber nada de ella… la última vez fue en el juzgado el día que firmamos el divorcio…

-MARIANA: En todos estos años he estado muy cerca de ella, y puedo decirte que no la ha pasado nada bien, luego de que te fueras, estuvo casi tres meses sin trabajar, no se levantaba de la cama, ni comía, le tuve que estar atrás para que no terminara peor, nos turnábamos con Carolina para estar con ella, todos los días, una o la otra la iba a ver. Por suerte conseguí que volviera a terapia, yo misma la llevaba y la esperaba para llevarla a su casa de vuelta.

-PABLO: Cuanto lo siento…

-MARIANA: Yo también en verdad, verla así me daba mucha pena. En esos meses, ese hombre la llamaba y le mandaba mensajes, pero nunca lo atendió ni le contestó ningún mensaje, una tarde estaba con ella, cuando ese tipo llamó, Julieta miró el teléfono y al ver quien era lo dejó sobre la mesa, pero decidí atender y le dije que ya no la llamara, que su marido se había enterado y se habían separado, y el pelotudo va y me dice, “entonces va a necesitar más que nunca un hombre de verdad”, me re calenté, lo mandé a la mierda, le colgué, y después lo bloqueé. Le dije a Julieta que tendría que cambiar el número de teléfono pero nunca quiso, y puedo suponer por qué.

-PABLO: Qué pelotudo… No entiendo que le pasó a Julieta para estar con un tipo así, de muy buena gana esa noche le hubiera despegado la cabeza del cuerpo, pero bueno… aunque se lo merecía por hijo de puta, no era con él la cosa…

-MARIANA: Tal cual! Y luego de eso ya no volvió a joder, por suerte! Después de esos tres meses volvió al estudio, pero trabajó poco menos de un mes, el tipo seguía siendo cliente del estudio y fue entonces cuando Julieta habló con Carla y con Hugo, para decirles que ya no trabajaría con ellos, que dejaría el estudio. Carla y Hugo la entendieron y le dijeron que para que no se quedara sin trabajo, le dejarían algunos clientes, varios de los que ella había conseguido. Con esos clientes, un par de semanas después, alquiló un pequeño local y allí trabaja desde entonces.

-PABLO: Que putada tener que dejar lo que tanto esfuerzo le costó, por un boludo así! Pero bueno… tomamos decisiones y toca afrontar las consecuencias…

-MARIANA: Tal cual…, pero bueno… yo creo que fue lo mejor, tarde o temprano se lo hubiera cruzado, aunque dejara de ser su contadora, sin dudas lo hubiera vuelto a ver, y ella misma me dijo que no quería volver a verlo, ni saber nada de él. La cosa es que desde entonces, lo único que hace es trabajar, se pasa todo el día en el estudio, trabaja sola, mil veces le dije que necesitaría alguien más, pero no quiere saber nada, lo único que hace es trabajar, con Carolina no conseguíamos sacarla, ni a tomar un café, solo sale cuando es nuestro cumpleaños, nos pusimos de acuerdo con Caro para festejarlo en un restaurante, para obligarla a salir. Hace cosa de dos años, una tarde estábamos hablando y le dije que la veía mucho mejor, pero que necesitaría salir un poco, que no todo sea trabajo, para conocer gente, incluso algún hombre, ¿y sabés lo que me contestó?

-PABLO: ¿Qué?

-MARIANA: Que los hombres ya no existían para ella, que el único trato con un hombre era con alguno de sus clientes, pero nada más.

Escuchaba lo que me decía y no podía ni imaginar que nuestra separación hubiera tenido ese efecto en ella, como que se había cerrado.

-MARIANA: Hace cosa de un año y unos meses, en noviembre del anteaño, se encontró en el consultorio de su psicóloga, a una mujer, Amalia, que había sido profesora suya en la facultad, se saludaron y cuando salió de su turno, esa mujer la estaba esperando en la vereda. La invitó a tomar un café y le propuso trabajar con ella, concursaría para ser titular en una materia, y le ofreció formar parte de su equipo docente. Cuando me lo contó al día siguiente, me re alegré, no solo por esa oferta de trabajo, sino porque había aceptado tomar un café con ella, de alguna manera, estaba saliendo de su burbuja. Así que desde principios de este año, trabaja también en la facultad, dando clase una vez a la semana, y lo mejor, es que la veo contenta, le gusta dar clases.

-PABLO: Qué bueno!

-MARIANA: Conocí a esa mujer, y me resultó muy amable, Julieta me dijo que le contó lo que había ocurrido en su vida, y para mi sorpresa, ha ido a tomar varias veces un café con ella, creo que poco a poco, está volviendo a una vida más sociable.

-PABLO: Bueno… más allá de todo lo que ocurrió, también merece ser feliz, ¿no? todos nos equivocamos…, toca dar vuelta la página y seguir adelante…

-MARIANA: Contame de vos Pablo, ¿has podido rehacer tu vida? ¿Estás con alguien?

-PABLO: Qué decirte… Los primeros tiempos fueron muy duros Mariana, de hecho me dediqué al trabajo, para no pensar… tomaba todos los trabajos en los que había que viajar. Poco a poco fui levantando cabeza, pero a esta edad, no me pintaba nada salir por ahí a conocer a una mujer, pero sin pretenderlo apareció una, su nombre es María, con al que luego de un par de encuentros creí que podía llegar a pasar algo. Casi seis meses duró esa especie de relación, pero te digo la verdad, no me llegó a pasar nada profundo, ningún sentimiento digamos…, salidas, encuentros, incluso el sexo estaba bien, más que bien diría…, pero nada más, y lo terminamos dejando…

-MARIANA: Me imagino… no te enamoraste de ella….

-PABLO: En verdad no! Aunque es una buena mujer…

-MARIANA: Pablo, desde ya te digo que si no querés que Julieta sepa de este encuentro, lo voy a respetar y jamás se lo contaré…

-PABLO: Creo que sería lo mejor… Por un lado me parece bien que pueda levantar cabeza y tener una buena vida, más allá de lo que pasó entre nosotros, siempre la consideré una buena mina y se merece ser feliz…

-MARIANA: Y vos también Pablo… ojala puedas serlo… ¿Te puedo preguntar algo más?

-PABLO: Preguntá nomás!

-MARIANA: ¿La seguís queriendo?

-PABLO: Que pregunta… dijimos que de esto ella nada sabrá, ¿verdad?

-MARIANA: Claro! Te juro que nunca sabrá lo que hablé con vos…

Estaba a punto de decirle a alguien lo que nunca había dicho, pasado un tiempo, ese tiempo de dolor y de un millón de preguntas, llegué a la conclusión de que seguía enamorado de ella, y creo que por eso no pude tener una relación con María, no se merecía que estuviera con ella, pensando en otra mujer.

-PABLO: Todo fue muy de golpe… pero… que te voy a decir… Julieta marcó mi vida como nadie en este mundo… si las cosas hubieran sido de otra forma, si esa primera vez hubiera sido sincera, honesta conmigo, supongo que lo podríamos haber solucionado…, quizás hubiéramos buscando la forma, lo hubiéramos intentado, pero la verdad, es que nunca pude sacarla de mi vida…

-MARIANA: Te entiendo… Si estuviera en tu situación, si Daniel me hubiera hecho algo así, creo que me sentiría igual…

Hablamos por casi dos horas, saber todas esas cosas de Julieta me dejaron bastante descolocado, si muchas veces me encontraba pensando en ella, recordando tantas cosas, ahora tendría muchas cosas más en las que pensar.

Nos despedimos en la puerta de ese café, casi de noche, con un abrazo y un beso.

Estaba seguro de que Mariana no diría nada, pero toda esa información, me dejó pensando y por varios días.

*

De esa charla de café con Mariana, pasaron cerca de seis meses, como me había dicho, cada cierto tiempo me enviaba un mensaje preguntándome como andaba, y en esas ocasiones, por mensajes nos contábamos algunas cosas, pero no hacíamos mención del tema Julieta, de ella no hablábamos nada.

Una tarde me encontré en el centro con mi amigo Esteban para tomar un café, tenía su auto en venta y estaba evaluando la posibilidad de comprárselo. Hablamos del precio, él había comprado un 0km, y hasta me dijo que se lo podría pagar en algunas cuotas, estaba muy bueno y era una ocasión para no dejar pasar.

Conversábamos de varias cosas, cuando Esteban miró la hora y se dio cuenta que se le había hecho tarde, eran las siete y diez y tenía que ir a buscar a su hija Lucía a su clase de patín, de la que salía a las siete, salió a los rajes, diciéndome que la próxima pagaba él.

En el momento en que quedé solo, con mi café a medio tomar, pasó una mujer y detrás otra, y caminaron hacia las mesas del fondo del local.

A la pasada las miré sin mirar, mientras veía una página de deportes en mi teléfono.

En un momento levanté la vista, y tres mesas más allá, la mujer que iba delante se ubicó de espaldas a mí y la que iba detrás, frente a ella.

Cuando la primera mujer se sentó, la pude ver de frente, ese instante que demoró en sentarse frente a la otra mujer, la reconocí, el corazón se me aceleró y una sensación como de electricidad me recorrió el cuerpo, era Julieta, volvía a verla luego de casi seis años.

Estaba elegantemente vestida con un pantalón gris y una chaqueta a juego, y debajo una camisa blanca, casi sin maquillaje, tenía el pelo más corto, y a simple vista, me pareció más delgada.

Ella no me vio y ya sentadas las dos, no podía verla tampoco, esa mujer quedaba justo en medio, aunque las mesas que nos separaban, estaban desocupadas.

Nervioso como me había puesto, me terminé el café pensando en que hacer, si pagaba la consumición y me ponía de pie para irme, sin dudas me vería, y si me quedaba hasta que ellas se fueran, al pasar junto a mí, de frente, sería imposible que no me viera, por lo que el encuentro sería inevitable.

Me quedé allí, pensando en que hacer, después de tanto tiempo, de saber por Mariana algunas cosas de su vida… ¿estaba preparado para volver a hablar con ella? ¿De qué otra cosa podríamos hablar más que de lo que ocurrió entre nosotros?

No podría negarme a mí mismo que esa mujer que tenía a pocos metros, con la que había vivido los mejores años de mi vida, pero que me había traicionado de esa manera, aun seguía en mi corazón, pero… que siga en mi corazón, no significa que todo vuelva a ser como antes, ya no…

Con mi taza vacía ya, me quedé mirando hacia su mesa, ni yo podía verla, ni ella a mí, esa otra mujer estaba en medio, y en esos diez o quince minutos en los que no podía dejar de mirar hacia esa mesa, por mi cabeza pasaron muchas cosas, demasiadas.

Si finalmente nos reconocíamos, sin dudas nos saludaríamos y hablaríamos, pero… ¿Cómo se habla con ella luego de lo que pasó y después de tanto tiempo?

Estaba en esas elucubraciones mentales, cuando la mujer que se interponía se inclinó hacia un costado, para tomar algo de su cartera que estaba en la silla desocupada a su izquierda, y en ese momento, Julieta quedó frente a mí, a esos ocho o diez metros de distancia, yo no dejaba de mirarla y en el momento en que su vista se dirigió hacia mí, creí que el corazón se me detendría.

Al reconocerme, abrió su boca con el típico gesto de sorpresa, al tiempo que llevaba sus dos manos a su cara, cubriéndola, pero sin tapar sus ojos, que clavados en los míos por un instante, explotaron en lágrimas.

La mujer se volvió a enderezar con algo en su mano, y supongo que al ver la cara de Julieta, se debe haber sorprendido, y aunque no pude escucharlo, le debe haber preguntado qué pasaba, para un momento después, darse vuelta y mirarme un momento con una semi sonrisa.

Volvió a mirar a Julieta, le dijo algo, y luego alzó su mano pidiéndole la cuenta al mesero.

El mesero se acercó, esa mujer pagó la cuenta y pensé que se irían, seguramente Julieta se había puesto mal al verme y quería irse del bar.

Esa mujer tomó su cartera y la colgó de su hombro antes de ponerse de pie, tomar la mano de Julieta y saludarla con un beso.

Caminó en dirección de la salida, por lo que pasó a mi lado, mirándome con una sonrisa y al pasar junto a mí, decirme, “buenas tardes”, a lo que supongo que debo haber contestado, aunque no tengo bien claro si lo hice.

Mirando hacia la mesa, vi a Julieta con las manos sobre la mesa, entrecruzando los dedos, que no se quedaban quietos, sin dudas por los nervios.

Miré al mesero y le hice señas para que me trajera la cuenta, y pagué los café, Julieta no me miraba todo el tiempo, lo hacía por momentos y luego bajaba la vista, pero en el momento que me puse de pie, me miró, seguramente pensando en que haría, si me acercaría a saludarla o me iría del bar.

Finalmente lo decidí, me acerqué a su mesa y antes de sentarme le dije:

-PABLO: Hola Julieta, ¿me puedo sentar?

-JULIETA: Hola Pablo… claro…

Me senté frente a ella, que seguía con sus dedos entrecruzados y sin poder dejar de moverlos, mostrando lo nerviosa que estaba, tanto como lo estaba yo.

Ya sentados frente a frente, Julieta no me sostenía la mirada, miraba mis ojos por un momento y luego volvía a bajar la vista, aún con lágrimas en los ojos.

-JULIETA: Estoy muy nerviosa Pablo, cómo no lo estuve nunca…

-PABLO: Yo también, no me esperaba encontrarte…

-JULIETA: Yo tampoco…

Claramente el momento era por demás tenso, ninguno de los dos sabía que decir, ese encuentro nos había tomado por sorpresa, y en mi caso, no estaba preparado para volver a tenerla frente a mí.

-JULIETA: Pablo, no quiero que te sientas obligado a estar aquí, entiendo perfectamente si deseas irte…

-PABLO: No es que desee irme, tan solo que me sorprendió verte y… la verdad… no sé bien que decir… pero te diría que te veo bien…

-JULIETA: Vos estás igual, y la barba te sigue quedando muy bien…

-PABLO: ¿Esa mujer era Amalia?

-JULIETA: Sí, ¿cómo sabías?

-PABLO: Hace un tiempo me encontré de casualidad a Mariana y estuvimos hablando un rato, bueno… un par de horas… y ella me contó…

-JULIETA: Nunca me dijo Mariana que había hablado con vos…

-PABLO: Yo le pedí que no lo hiciera… no sé… no estaba seguro…

-JULIETA: Te entiendo…

Se hizo un silencio incómodo, supongo que no sabíamos que decir, hasta que no se nos fueran esos nervios, no tendríamos una conversación decente, entonces decidí empezar por temas que nada tenían que ver con nuestro pasado.

-PABLO: Me contó Mariana que estás dando clases en la facultad…

-JULIETA: Sí, desde principio del año pasado, me encontré a Amalia por casualidad en el consultorio de la psicóloga, ella había sido profesora mía, y cuando salí de mi turno me estaba esperando para proponerme formar parte de su equipo, se iba a presentar al concurso de una materia, nunca lo había pensado, pero le dije que sí, así que aquí estoy, dando clases, de hecho recién salimos de la facultad...

-PABLO: ¿Y te gusta?

-JULIETA: Cuando empecé no estaba segura si serviría para esto, pero Amalia me ayudó mucho, me enseñó a preparar las clases, a darlas y en verdad me gusta, aunque solo doy una clase semana por medio, la otra la da Amalia, pero bueno…, me gusta… me siento cómoda… y creo que lo hago bien…

-PABLO: De eso no tengo dudas… Y me contó Mariana que tenés tu propio estudio…

-JULIETA: Sí, bueno… después de lo que pasó, ya no quise seguir trabajando ahí, y les dije a Carla y a Hugo que me iría, me llevé algunos clientes, alquilé un pequeño local y allí tengo mi estudio.

-PABLO: ¿Y te va bien?

-JULIETA: Sí… podría ir mejor, pero con los clientes que tengo es suficiente, ¿para qué más? Podría contratar más gente, pero necesitaría un lugar más grande, y la verdad, no tengo ganas de todo eso… ¿vos seguís en la empresa?

-PABLO: Sí, siempre en la misma empresa, aunque hace un par de años, estoy como supervisor de proyectos, así que ya no viajo tanto… a esta edad no es lo mismo…

-JULIETA: No sos un viejo…

-PABLO: Pero los años pasan… y nada podemos hacer para evitarlo,

-JULIETA: Pero te ves muy bien!

-PABLO: Trato de no quedarme mucho tiempo quieto, salgo a correr, algunos días a pedalear y otros un rato al gimnasio, aunque nada intenso…

-JULIETA: Claro… Pablo…, ¿puedo preguntarte algo?

-PABLO: Sí, aunque depende lo que preguntes, veré si te lo puedo contestar…

-JULIETA: ¿Estás bien Pablo? ¿Tenés una buena vida? ¿Estás feliz con alguien?

Esas preguntas no me las esperaba, al menos no en ese momento, pero las hizo, y recordé lo que había escrito en su carta, y sin problemas se las contestaría.

-PABLO: Bueno… a ver… estoy bien, tengo trabajo, económicamente no me quejo, tengo amigos, te podría decir que estoy tranquilo… y… no, no estoy con nadie, en este momento no…

-JULIETA: ¿Estuviste con alguien?

-PABLO: Hace un par de años, creí que podría resultar pero no, luego de unos meses, buenos claro, la pasábamos bien, pero… qué sé yo… no hubo… digamos algo más profundo… María era su nombre, cuatro años menor, iba todo bien, pero sentí que no era…

-JULIETA: ¿Qué no era amor?

-PABLO: Podría decir que nunca me sentí enamorado de ella, es la verdad, aunque la pasábamos muy bien juntos, pero sus expectativas no eran las mías, lo hablamos y decidimos dejarlo…

Volvió a bajar la mirada, se quedó un momento en silencio y nuevamente le saltaron las lágrimas

-JULIETA: Cuanto lo lamento Pablo…

Seguía con la mirada baja, y sus lágrimas seguían cayendo, no me interesaba tenerla frente a mí sufriendo, lo que pasó hace años, eso ya estaba en el pasado, y no me reconfortaban sus lágrimas, no necesitaba que compensaran las mías.

-JULIETA: Muchas veces imaginé que algún día nos encontraríamos, y siempre pensaba en que lo único que quería escuchar en ese momento, es que me dijeras que sos feliz, que tenés una vida feliz, y que no me importa con quien, tan solo que sos feliz… era lo único que me devolvería algo de paz…

-PABLO: Julieta, que tengas paz en tu vida, no tiene que depender de si yo soy feliz o no…

-JULIETA: Es que no lo puedo evitar, la culpa no me ha dejado vivir… desde todo aquello no he tenido paz, y no reniego de eso, lo entiendo, sé que no la merezco…

-PABLO: Claro que la merecés! Todos la merecemos! Y si aceptás que te diga algo…

-JULIETA: Lo que quieras!

-PABLO: Nunca, ni siquiera en ese momento sentí que tenías que pagar por lo que pasó, eso pasó y no tiene vuelta atrás, no te voy a negar, nunca lo haría, que fue muy duro para mí, pero a pesar de eso, nunca deseé que te fuera mal, que tu vida sea una mierda o que arrastraras culpas o que vivieras atormentada…

-JULIETA: Pero te lastimé Pablo! Te lastimé y no te lo merecías! Fui muy egoísta, solo pensé en mí, y eso es lo que arrastro desde hace tantos años, cada día de mi vida amanezco pensando, deseando que tengas una buena vida, que seas feliz, que tengas una mujer a tu lado que no te haga lo que yo te hice… vos más que nadie merece ser feliz en esta vida, y no me lo perdono, ni me lo perdonaré nunca, nunca!

-PABLO: Mirá Julieta! Espero que lo entiendas así, no tengo nada que perdonarte, no hace falta que me pidas perdón, las cosas fueron como fueron y nuestras vidas cambiaron, eso no significa que esté esperando que te arrastres pidiéndome perdón, que la culpa no te deje vivir, dejá eso atrás, todos cometemos errores, todos tomamos decisiones equivocadas, y eso no nos hace ser personas de mierda, nos equivocamos y toca hacerse cargo, pero no puede ir la vida en ello, y creo que vos también deberías perdonarte, no somos perfectos…, pero la vida sigue, no da chance, cada momento de tu vida que quede atado a ese pasado, será un día menos por vivir…

-JULIETA: Es que me cuesta mucho seguir viviendo con esta culpa…

No podía verla así, sin dudas en ese estado, era en el que estaba viviendo desde nuestra separación, y no tenía sentido que siga atormentada por la culpa.

-PABLO: Por favor Julieta… Dejá atrás esa culpa, es demasiado peso para arrastrar en tu vida, no tiene sentido…

-JULIETA: Es que lo arruiné Pablo, lo arruiné todo, te arruiné a vos, a lo que teníamos, me arruiné a mí…

-PABLO: No lo veas de esa forma! A veces las cosas pasan, y cuando es así, toca barajar y dar de vuelta… cuando caemos, toca levantarse, no hay otra Julieta, es la vida misma…

No me interesaba hacerla sentir mal, de hecho todo lo contrario, me hacía mal verla así, supongo que esa conversación la deberíamos haber tenido años atrás, para que no viva dominada por esos sentimientos, e intentando que se relajara, le tomé las manos.

-PABLO: Julieta, no te odio, nunca te odié, no tenés que pedirme perdón, no tenés que vivir con esa culpa, dejala atrás, seguí con tu vida, la mejor que puedas tener, es lo único que importa…

No dejaba de llorar, y supongo que la gente estaría viéndolo todo, pero en ese momento me daba lo mismo, y aún sosteniéndole las manos me dijo:

-JULIETA: Es que no puedo seguir con mi vida Pablo…

-PABLO: Tenés que intentarlo, la vida es una sola…

-JULIETA: No sé si te lo habrá contado Mariana, pero después de lo que pasó, no he estado con ningún hombre, no quiero tener nada con un hombre, fue mi decisión y la seguirá siendo…

Mariana ya me había dicho eso, pero su afirmación tan categórica me hacía entender que así era.

-PABLO: No tendrías que cerrarte de esa manera, sos una mujer joven, trabajadora, tendrías que darte una oportunidad, intentar ser feliz…

-JULIETA: Es que mi felicidad no estará nunca con un hombre, en todo este tiempo he pensado mucho y he decidido muchas cosas en mi vida, dejar el estudio, montar el mío propio, dar clases y leer, lo demás no me interesa, decidí plantear mi vida de esa manera, y vivirla así, con mis luces y con mis sombras, siendo consecuente con lo que pienso y siento, pero sin un hombre.

Sin dudas sus decisiones eran firmes, había decidido seguir con su vida sin un hombre a su lado. Muchas cosas me pasaban por la cabeza en esa conversación, y muchos sentimientos que tenía guardados, fueron saliendo a la luz, muchas de las cosas que tenía como seguras, poco a poco fueron tornándose más flexibles, volver a tenerla frente a mí, había sacado de su letargo, esos sentimientos que siempre habían estado allí, que siempre he tenido por ella, y aunque me daban ganas de darle un agrazo, en ese momento no sabía cómo seguir adelante, ¿acaso estaba pensando en decirle que nunca había dejado de amarla? Eso no se lo diría. Un lindo embrollo mental.

-PABLO: Te entiendo Julieta! Pero ya te digo, no deberías cerrarte por completo, puedo entender lo que has decidido, pero quizás estaría bien que te des la oportunidad de volver a pensarlo… siempre hay ocasión de replantearse las cosas, de volver a analizar esos temas que te hicieron tomar un decisión… no sé… digo yo… quizás esté diciendo cualquier cosa… pero es lo que pienso…

-JULIETA: Quizás tengas razón Pablo… seguramente después de esta charla, me surjan muchas cosas para pensar… y me gustaría decirte que me gustó mucho volver a verte, a saber de vos, a hablar un rato con vos…

-PABLO: A mí también me gustó volver a verte, bueno…, aunque por Mariana sabía algunas cosas de vos…

Y antes de que se terminara la conversación, decidí decirle:

-PABLO: Aunque fue meses después, leí la carta que dejaste sobre la mesa…

-JULIETA: Me salió así en ese momento, pero como te dije ahí, te hablé con la verdad, una mierda, pero era la verdad…

Creo que la conversación ya no daba para más, sentía que ambos teníamos que pensar, analizar lo que había significado ese encuentro y sobre todo analizar, al menos en mi caso, si habría algún otro.

Nos levantamos y salimos del bar, ya en la vereda le dije:

-PABLO: Te puedo llevar, si querés…

-JULIETA: Gracias Pablo, estoy en el auto!

-PABLO: Cierto! Mariana me contó eso también.

Caminamos hasta su auto que estaba a una cuadra y antes de que se subiera, nos despedimos con un beso en la mejilla.

-PABLO: Me gustó verte…

-JULIETA: A mí también… Chau Pablo…

-PABLO: Chau Julieta.

Subió a su auto, lo puso en marcha y al arrancar, me volvió a mirar por última vez.

Caminando hasta mi auto, y en los días que siguieron, no pude dejar de pensar en ese encuentro casual, y en todo lo que hablamos, pero también en tantas cosas que habíamos vivido juntos.

Cada noche, con la cabeza en la almohada, me preguntaba si hacerlo o no, si decírselo o no, había pasado mucho tiempo desde su infidelidad, y ese hecho ya formaba parte del pasado, de lo que fue.

¿Pensaría ella en algún momento en volver a estar conmigo? ¿Seguiría queriéndome?

No podía mentirme a mí mismo, seguía amándola como siempre, como nunca había dejado de hacerlo.

*

Habían pasado casi dos meses de ese encuentro y ese sábado por la mañana de principios de noviembre, luego de desayunar me di un baño y me cambié, estaba nervioso, nervioso pero decidido.

No lo haría por la mañana, quizás al no trabajar podría dormir hasta tarde, iría a la que fuera mi casa a eso de las tres de la tarde.

Estacioné el auto, y de la guantera saqué una copia de la llave del portón de entrada al estacionamiento del edificio, que había quedado allí desde años atrás.

Me fijé que estuviera su auto y allí estaba, por lo que seguramente estaría en la que años atrás fuera también mi casa.

Subí por las escaleras y al llegar al segundo piso, me pareció escuchar su voz, ¿no estaba sola? Quizás no, pero ya estaba allí, no lo pensé más y toqué el timbre.

Un momento después, abrió la puerta, iba con una remera larga, y estaba descalza.

-JULIETA: Pablo…! Qué sorpresa!

-PABLO: Perdón que vine sin avisar! ¿Estás sola?

-JULIETA: No, pero pasá!

-PABLO: No está bien! Vuelvo en otro momento!

-JULIETA: Pasá por favor… estoy con Mariana!

Entré a la que fuera mi casa y no lo podía creer, estaba todo tal cual como estaba antes de que me fuera, lo único diferente era el sillón, un poco más largo y de color marrón, caminé detrás de ella esos pocos pasos hasta el estar, donde me encontré a Mariana de pie y con su cartera colgada en su hombro.

-MARIANA: Hola Pablo! Qué gusto verte! ¿Cómo estás?

-PABLO: Hola Mariana! Muy bien ¿y vos?

-MARIANA: Muy bien! Justo le decía a Julieta que ya me tenía que ir!

Miró a Julieta con una sonrisa, le dio un beso y un abrazo mientras le decía:

-MARIANA: Nos vemos Juli! Después hablamos! Chau Pablo!

-PABLO: Chau Mariana!

Claramente nos estaba dejando solos, nos volvimos a saludar con otro beso y se fue.

Ya los dos en el estar, ella parada junto a la mesa, apoyándose en ella, y yo a tres pasos de ella, era mi turno de hablar, de explicar mi presencia allí y a pesar de mis sentimientos, estaba decidido.

-PABLO: Perdón que vine sin avisar…

-JULIETA: No pasa nada!

-PABLO: Después de que hablamos el otro día, me quedé pensando, claro está, y vine porque necesitaba preguntarte algo… Espero no te moleste…

-JULIETA: Claro que no! Me podés preguntar lo que quieras!

-PABLO: El otro día dijiste que habías tomado la decisión de seguir tu vida sin ningún hombre a tu lado…

-JULIETA: Así es!

-PABLO: Necesitaba saber si… si esa decisión tenía que ver conmigo… es decir… si estabas… no sé… esperando…

-JULIETA: Esa decisión que tomé tiene todo que ver con vos… esa decisión excluye a un solo hombre, y ese hombre sos vos…

-PABLO: Estoy seguro que comprenderás que luego de lo que pasó ya no soy el mismo… ya no soy ese hombre…

-JULIETA: Sin dudas! Qué hayas podido seguir adelante implica que también tomaste decisiones, y mal que me pese, yo te obligué a hacerlo, y eso tampoco me lo perdono.

-PABLO: Si bien no tenía pensado, incluso no estaba preparado para ese encuentro, volver a verte y a hablar con vos me hizo bien… me sirvió para aclararme varias cosas, y voy a ser sincero con vos Julieta, lo primero decirte que no te guardo rencor, que tenés mi perdón, lo que pasó, aunque dolió y mucho, no pudo hacer desaparecer todo lo que vivimos en los años que estuvimos juntos, y tengo que reconocerte que fueron los mejores años de mi vida.

-JULIETA: Los míos también Pablo… Y me arrepiento cada día…

-PABLO: Julieta, todos nos equivocamos, todos cometemos errores, y eso no nos hace ser menos personas, al menos así prefiero verlo. Pero muchas veces esas equivocaciones tienen sus consecuencias y toca afrontarlas.

-JULIETA: Las enfrento cada día Pablo…

-PABLO: Ese es el motivo por el que hoy estoy acá… sabés que siempre te consideré una buena persona, laburadora, responsable, inteligente, una hermosa mujer y con buenos sentimientos, ¿que se equivocó? Por supuesto! ¿Qué tomó decisiones que destruyeron la relación? Eso está claro… pero eso no me hace verte como una mala persona, elijo pensar en que me amaste de verdad, elijo creer que en tantos años juntos me respetaste, elijo creer que no era tu intención humillarme, elijo pensar que, aunque nunca fue mi intención, estás afrontando las consecuencias de esas decisiones…

-JULIETA: Siempre te amé Pablo… Y te sigo amando como no he amado ni amaré a nadie…

-PABLO: Elijo creer eso también… pero por lo que te quise y por lo que te quiero es que estoy aquí…necesito hacerte entender… hacerte ver… que en verdad sientas que no te odio, que no guardo rencor por lo que pasó, que no necesitás mi perdón porque ya lo tenés, te quedan muchos años por vivir Julieta y me gustaría que no te quedes anclada a ese pasado, que dejes atrás esa culpa, que puedas perdonarte también, las cosas pasaron y no es posible borrarlas… lo que sí es posible es el mirar hacia adelante, aprender de esos errores, muchas veces no tenemos lo que deseamos tener y otras muchas dejamos ir lo que tenemos, somos seres imperfectos, pero eso no significa que no podamos vivir la vida, una buena vida. Nada me dejaría más tranquilo que saber que a pesar de todo, podés mirar hacia adelante, muchas situaciones en la vida nos dejan marcas, perder a un familiar, a un amigo, un trabajo, una relación, pero seguimos vivos, y por honrar esa vida, es que tenemos que seguir adelante. No soy quién para decirte lo que debés hacer, pensar o sentir, pero desearía que pudieras disfrutar de cada día, sin sentir esa culpa que te frena, que te encierra, no esperes a que pasen los años para darte cuenta que dejaste de vivir…, por favor, al menos decime que lo vas a pensar…

-JULIETA: Te escucho y no puedo dejar de arrepentirme… pero te prometo que lo voy a pensar…

-PABLO: Hacelo! No perdés nada… Puedo entender cómo te sentís, de hecho he pensado muchas veces en que yo podría estar en tu situación, y sin dudas me sentiría así también, pero mi intención, por lo que alguna vez tuvimos, es el deseo de que tengas una buena vida Julieta, tan solo eso…

Tenerla frente a mí, sabiendo lo que aún siente, con lo que aún siento por ella, me tenía con el corazón en la mano, mi intención no era darle ninguna expectativa, era intentar hacerla pensar y tomar la decisión de seguir adelante, mis sentimientos por ella eran tales que no podía estar tranquilo sabiendo que su vida se detuvo, tanto ella como yo teníamos el derecho ser felices, de la manera que podamos, o al menos vivir en paz.

-JULIETA: Te entiendo cuando me decís que lo que pasó te cambió, pero para mí seguís siendo ese mismo hombre, con un corazón enorme y con una claridad que te hace ser una persona maravillosa… esa maravillosa persona que siempre has sido…

-PABLO: Aunque también me equivoco, trato de hacerlo bien, creo que por respeto a mí mismo…

Ya había dicho todo lo que me había llevado a la que fuera mi casa, de corazón deseaba que fuera feliz, que dejara de cargar con esa culpa, que soltara ese lastre.

Sinceramente no podía cerrar esa puerta, sintiendo lo que nunca dejé de sentir por ella, y lo que ella siente por mí, no podría pensar en que nunca más volvería a verla, quizás con el tiempo, no lo sé…

Antes de irme, me acerqué a ella, abrí mis brazos y ella lo entendió, llorando aún, su cuerpo se pegó al mío. No nos dijimos nada, tan solo nos abrazamos por un momento.

¿Sonaba a despedida? Sí, de momento era una despedida.

¿Hasta cuándo? No lo sé…

Caminé hacia la puerta de la que había sido también mi casa, abrí la puerta y antes de salir me giré para decirle:

-PABLO: Chau Julieta!

-JULIETA: Gracias por esto Pablo… gracias por cruzarte en mi vida, de la que nunca podré sacarte…

Salí al palier del piso y llamé el ascensor, cuando se abrieron las puertas, la volví a mirar por última vez y ella apoyada en el marco de la puerta, me miró como con… dulzura diría.

Mis sentimientos por ella estaban intactos, lo supe tan solo al tenerla frente a mí, y sin dudas también los suyos.

Puedo entender lo que pasó… puedo aceptarlo… puedo perdonarlo… pero aunque ya no duele, no he podido olvidarlo… y eso en verdad no sé cuándo podré hacerlo…

Los sentimientos mandan, el amor se siente, pero el respeto y la confianza… eso es otra cosa… construirlos lleva tiempo, entrega y dedicación al vínculo, pero para romperlos tan solo basta con un momento.

De lo que pueda pasar en mi vida de aquí en adelante, no tengo certezas, pero haber dicho lo que le dije, me dejó tranquilo y en paz… liviano para mirar hacia adelante.

Del resto, ya el tiempo lo dirá…

Fin

Comentario final:

Si bien la historia no fue mía, lo que cuenta Pablo en esas hojas de cuaderno y que humildemente traté de convertir en su historia, no han hecho más que llevarla a la mía, a lo que me tocó pasar, y en muchos de los sentimientos expresados por Pablo, me sentí identificado, claramente identificado, aunque sus circunstancias y las mías fueron diferentes.

Pablo deja claro sus sentimientos por Julieta, a pesar de la infidelidad de su esposa no ha podido dejar de amarla, y eso no es algo que se pueda resolver con un interruptor, ahora te amo, ahora no, es lo que siente, lo que su corazón le manda.

Si algún lector me lo preguntara, yo le contestaría sin ninguna duda, que por el amor que se tienen, desearía que en algún tiempo, Pablo me vuelva a escribir para decirme que ha vuelto con Julieta, que tienen una nueva oportunidad de ser felices, que ese amor que se tienen es tan profundo que les permitió sortear el abismo.

Como bien dice el amigo Kaos en sus comentarios, “Al tiempo”

Un gran saludo para todos y muchas gracias, infinitas gracias por su tiempo en leer y por sus comentarios en mis historias.

Jejen.

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