Las siete 17
Alba llega con la sonrisa de quien busca algo más que sexo, pero pronto descubre que en esta casa la libertad es una ilusión y el placer, una orden. ¿Podrá soportar el peso de ser la séptima pieza de un engranaje que ya funciona a la perfección?
Capítulo 17.
Fue un fin de semana tranquilo, con nuestras costumbres. Isabel estuvo desde el viernes al lunes y gocé con sus mamadas por las mañanas, el resto del tiempo se lo pasaba de rodillas en el salón en espera, a veces le pedía que me trajera algo, pero casi todo el rato estaba sin protestar en su posición. Por las noches la recompensaba en la cama.
A Irene la tuve por la tarde del sábado en la sala un par de horas gozosas para ella, y a Daniela la tarde del domingo al lado de Isabel. Sabiendo sus gustos esa tarde no me moví del sofá para ir al baño, la llamaba y venía contenta a beber.
María andaba por allí, al igual que Isabel desde el viernes al lunes. Se paseaba por la casa, requería los servicios de Daniela cuando estaba, incordiaba a Isabel para que jugara con ella y yo le daba permiso. Me gustaba ver como una chica veinteañera como Isabel arrastraba un trapo por el suelo o apuntaba con el puntero láser mientras una treinteañera como María correteaba para intentar atraparlos. Pasado el tiempo en que Isabel lo hacía algo rígida, ahora se reía y se revolcaba con ella por el suelo.
El domingo por la noche envié a Isabel a su casa y me quedé con María, le hablé sobre Sara y le dio la razón a ella. Por otro lado yo lo esperaba y lo deseaba. Lo que ya no le gustó tanto fue que sustituyera a Isabel en la cúspide de nuestra familia. Se había acostumbrado a ella y a Sara no la conocía de nada. Pero yo sabía que si Sara desembarcaba en esta nueva familia, sería yo mismo quien la pusiera al cargo. Y eran varias las razones, una porque en la otra ciudad ya hizo eso mismo con gran diligencia lo de organizarme a las chicas de allí. Otra es porque en su antiguo trabajo era jefa de personal, era psicóloga y estaba acostumbrada a una labor parecida. Y también era porque fue ella quien inició y alentó mis deseos de someter empezando por ella misma y ayudándome a someter a las demás. Pero la más importante es porque ella fue mi novia, era la mujer que yo había elegido para pasar mis días. Para mi con ella jugaba a someter, con las otras no. Por mucho que fuera mi esclava, siempre el amor que tenía por ella perduró y aunque ahora apenas eran rescoldos si aparecía por aquí seguro que volvería a encenderse.
Isabel era mi organizadora, y María mi confidente, Sara las sustituiría a las dos y lo que no quería ver eran rencillas o competiciones entre ellas. Había conseguido que la familia fuera como un engranaje bien ajustado, ahora con la situación de Ana estaban todas algo nerviosas, pero aún más cuando supieron que Alba entraba en la familia. Muchos cambios. Pero al final supe que no me quedaría más remedio, Sara era tozuda y muy capaz de pasarse horas en la puerta de la casa desnuda.
El lunes después de poner en el grupo de la familia la inminente entrada de Alba me pasé por la nueva casa, no estaban ni Rosa ni Alba, que ya esperaba. Hablé algunas cosas técnicas con el jefe de obra y me aseguró que se cumplirían los plazos. Algo que siempre hacen, me refiero a asegurarte las fechas, lo que siempre hacen también es no cumplirlas.
Después de comer me dispuse a esperar a Alba. A pesar de lo pasado el último día con ella, hoy era el definitivo para ver su disposición en seguir adelante o no. Llegó a la hora en punto, eso siempre es bueno. La pasé al vestíbulo a ella y a su sonrisa perpetua, se la notaba muy nerviosa.
-En estas taquillas mis esclavas es donde dejan su ropa, ya que por supuesto una esclava no puede entrar en casa vestida. La tuya es la sexta, dentro hay un collar que también es el tuyo. Desnúdate y póntelo.-
-Sí Amo.- Dijo con visible nerviosismo, casi temblando pero sin perder la sonrisa.
-Relájate, aquí no nos comemos a nadie. Siempre tienes la libertad de marcharte. Recuerda tu taquilla, que además de llamarte zorra, puta o lo que me apetezca, serás también Sexta.-
-Sí Amo.- Ya desnuda la enganché de la correa y la llevé al salón. La mandé ponerse de rodillas y me senté frente a ella.
-El plan es el siguiente, quiero que te vengas el viernes por la mañana para quedarte el fin de semana entero, como lo hagas con Rosa es cosa tuya. Pero además antes de ese día te pondrás en contacto con Isabel que es mi esclava principal, en mi ausencia ella manda. Quedas con ella que te enseñará las posturas, son sólo cinco y se aprenden en diez minutos. Lo que cuesta es hacerlas sin pensar y al oír la orden como por instinto. Además te enseñará las normas de nuestra familia.-
-Sí Amo, no creo que tenga problemas.-
-A partir de que quedes con ella te consideraré a todos los efectos mi esclava y parte de nuestra familia, pero recuerda que siempre tienes la opción de irte, pero si tomas esa determinación ya no podrás volver.-
-Sí Amo.-
-Debo saber también que te gusta y que no, aunque pueda hacer contigo lo que me apetezca, procuro darle a mis esclavas aquello que más desean. Por ejemplo, ¿te han azotado alguna vez?.-
-No Amo, sólo usted.-
-El fin de semana te azotaré y de forma intensa, es una prueba que le hago a todas mis esclavas y aunque algunas de ellas no les gustó nada necesito saber que puedes aguantarlo. ¿Disfrutaste los azotes que te di?.-
-Algo sí Amo.- Lo dijo avergonzada de sentir placer con el dolor de los azotes. Pensé que iba a tener otra masoquista en la familia.
-Háblame de tu vida, me dijiste que tuviste una relación muy larga.-
-De quince años Amo. La conocí al poco de empezar a trabajar. Ella era encargada de riesgos de una empresa externa que nos supervisaba. Nos fuimos a vivir al poco de empezar a salir, estuvimos juntas quince años muy buenos, hasta que descubrí que se acostaba con hombres.-
-Rompiste entonces la relación.-
-No Amo, en la discusión le dije que la perdonaba. Quizás no sabía entonces lo sumisa que usted me ha hecho ver. Eso acabó de enfadarla, yo no entendía como la enfadada era ella. Ese día ya no dormimos juntas, y cuando al día siguiente regresé del trabajo se había marchado de casa. Las pocas veces que logré que me hablara desde entonces no me dio explicaciones salvo que yo era poca cosa para ella. Pasé un tiempo muy malo, yo estaba muy enamorada. Al poco mi empresa cerró y me quedé en la calle. Estuve algunos años en trabajos temporales como administrativa, especialmente en centros comerciales por temporadas, ya sabe, navidades, semana santa, verano...-
-Hasta que apareció Rosa. Eso ya me lo contaste. ¿Estás enamorada de ella?.-
-No lo creo Amo, es más cariño. O como usted dijo sexo. Y por parte de ella estoy segura que lo mismo.-
-Esa relación es peligrosa. El día que la terminéis te quedarás sin trabajo, ¿eres consciente?.-
-Lo he pensado muchas veces. Pero por ahora es lo más estable que he tenido en años y ella me sacó de la tristeza que aún arrastraba. Es buena como jefa y como amante.-
-Es importante que sepas que no voy a ponerte entre Rosa y yo, nunca. Pero también debes saber que en esta familia nos apoyamos y nos ayudamos entre todos. No pasas a ser sólo mi esclava, también tendrás como compañeras incondicionales a las otras esclavas, por eso es importante que congenies con ellas.-
-Sí Amo.-
-Especialmente con Daniela que se va a encargar de supervisar las obras y después de amueblar y del montaje de la cocina. Además le he dado permiso que cuando quedéis para tratar esos temas y le apetezca pueda usarte.-
-¿Usarme Amo?, eso es sexo ¿no?.-
-Eso es lo que a ella le apetezca incluido el sexo.-
-Sí Amo. Nunca he sido lo que se dice promiscua, pero no le tengo miedo.-
-Estupendo, a la cama, que tengo unas ganas locas de desvirgarte.-
La cogí de la correa y me la llevé al dormitorio. Allí la tumbé boca arriba, lo poco que sobresalían sus pechos, en esa postura ya desaparecieron, sólo se apreciaban sus pezones que por el color rojo intenso y lo duros que estaban destacaban. Le abrí las piernas para apreciar ese coño tan cerrado y pequeñito que estuve acariciando en busca del escondido clítoris.
-Es increíble que a tu edad tengas un coño tan pequeñito.- Ni siquiera se lo dije a ella, era más un pensamiento.
-Lo siento Amo, se ve que se quedaron sin más material cuando me hicieron el culo y me dejaron sin coño y sin tetas.- Rió nerviosa su broma mirando al techo.
Yo seguí acariciando y notando como aumentaba su humedad. Iba a ser su primera vez y me propuse que no la olvidara. Ella quiso acariciarme la cabeza, mi pelo, pero la detuve.
-Aquí mando yo, la esclava sólo hace lo que le ordenan. Deja tus brazos a los lados por ahora. Estás muy tensa y debes relajarte, céntrate en el placer que recibes que no siempre será así, la esclava debe centrarse en su amo, pero hoy déjame que te mime.-
No paraba de suspirar. Me levanté un poco sin dejar la mano acariciando el coño, con la otra le fui dando tirones de sus pezones y con mi boca a morderlos.
-Sí, sí, me gusta, así, sigue.- Era la esclava que más hablaba en el sexo. Mis otras, tanto las anteriores como las actuales, a veces soltaban alguna palabra, especialmente Cristina, pero lo normal eran los gemidos, los gritos o los suspiros, de palabras pocas y así es como me gustaba en una esclava. Nunca tuve que decirles nada a ellas, y nunca supe por que lo hacían, si lo habían adivinado o yo insinué algo alguna vez pero el caso es que ninguna hablaba. Pero Alba era una ametralladora de las palabras. Además de olvidar el tratamiento de amo, que esa noche se lo pasé.
Después de medio diccionario me coloqué entre sus piernas y estuve rozando mi polla por los labios, ella intentaba la penetración moviendo sus caderas pero no la dejaba.
-Ya, así, métela, sí, como me gusta...-
Tenía la polla empapada de su flujo y de un tirón si avisar la metí hasta el fondo.
-¡Oh! Que bueno, sí, sigue, más dentro, sí, creo que me corro, que voy...-
La empujé unas cinco o seis veces y le vino un orgasmo explosivo, esta vez se calló de repente, cerró los ojos y todo su cuerpo convulsionó. Me abrazó agarrando sus manos en mi espalda y apretó fuerte mientas notaba sus temblores y como su coño me apretaba la polla con fuerza y ligeros espasmos.
Estuvo un minuto temblando sin que yo parara de meter y sacar. La respiración se le fue normalizando y de nuevo comenzó su retahíla.
-Que bueno, sigue, sí, dentro, más dentro, sí...- Esta vez ya hablaba más cansada, espaciando las palabras. Me elevé un poco deshaciendo su abrazo, y sujetándome con una mano en el colchón, con la otra tocando sus exiguos pechos, la besé. Respondió a mi beso con pasión y de nuevo me abrazó, quise regañarla pero la dejé.
No llevaba mucho tiempo cuando mi brazo sobre el que me sujetaba se negó a seguir en esa postura así que me tumbé sobre ella notando sus pezones pinchando mi pecho. Entonces no pude aguantar más y empecé a dar los empujones fuertes previos al orgasmo y de nuevo se adelantó ella temblando y abrazando fuerte. Noté su coño apretarme y eso fue suficiente para correrme en un gran orgasmo. Resoplé al descargar y me eché a su lado a recuperar el aire. Ella se quedó con los ojos cerrados sin moverse.
Al poco rato, ya recuperados, volvió su cara a mi y mirando mis ojos y con su sonrisa me dijo:
-Esto ha sido..., no sé, ha sido bestial. Nunca he tenido en mi vida un orgasmo así. ¡Qué digo! Dos orgasmos. Si llego a saber que una polla de verdad es capaz de hacer esto no habría pasado de ellas. Gracias Hugo, gracias y mil veces gracias.-
-Me alegra que hayas disfrutado, pero estás olvidando tu condición. No me puedes tratar así, no soy Hugo, soy amo. Y hoy ha sido especial pero tu mayor anhelo es buscar mi satisfacción, no la tuya.-
-Lo siento Amo. Es que me has vuelto loca, esto no lo había sentido nunca. Mis mejores orgasmos me los obsequiaste cuando me diste por el culo, pero esto lo supera, es algo que nunca creí que existiese. Perdón, pero te va a costar someterme para que esté pendiente de tu placer sabiendo lo que puedo obtener. Creo que pasaré por muchos castigos.-
-Me alegro que seas sincera. Pero no te preocupes, iremos paso a paso y conseguirás orgasmos así sin dejar de satisfacer a tu amo, te lo aseguro.-
Se acercó a mi y me besó. Mientras nos recuperábamos para otro asalto, o mejor dicho, mientras mi polla se recuperaba, nos pusimos a charlar al tiempo que nos tocábamos.
Así me enteré de su mote en la universidad, la “sintética”, era un juego de palabras muy antiguo de la “sin teticas”. También me enteré de que la primera mamada que le hizo a un tío que pensó podría llegar a ser su novio, se quedó en eso, antes de marcharse ella le hizo la típica pregunta de si se volverían a ver. Y en vez de responder que sí o cualquier mentira piadosa, el cabrón del tío dijo que le daba vergüenza que lo vieran con la sintética que encima no sabía mamar. Probablemente, según Alba, eso fue lo que la empujó a olvidarse de los hombres y pasar a las mujeres.
La miré, posiblemente sólo hubiera hecho una mamada en su vida, pero boca para meter hasta dos pollas a la vez tiene, así que eso había que mejorarlo. Le di un beso y le dije que la mamara.
Ella bajó muy dispuesta y la metió entera. La sacó tosiendo, el ancho le cabe pero para el largo tiene que aprender. Chupó de forma más tranquila, lamiendo el glande, el tronco y hasta me chupó los huevos que viniendo de una lesbiana me extrañó. Chupó hasta ponerla bien dura y entonces la puse a cuatro patas.
-Me encanta tu culo y no pienso dejar de follármelo.-
-Es todo suyo Amo.- Me contestó apoyando su cabeza en el colchón y abriendo sus nalgas con las manos.
Le di un par de azotitos y con un poco de lubricante escondí hasta el fondo mi polla.
Bombeé con ansia chocando contra sus apetitosos cachetes mientras ella a lo suyo comenzó su retahíla.
-Sí, más dentro, como me gusta, empuja, métela...- Intenté hacerla callar con azotes pero eso la excitaba más y gritaba a más volumen. A estas alturas es seguro que la mitad de los vecinos se habían enterado y más no siendo altas horas de la noche que al estar durmiendo no la habrían escuchado, pero apenas eran las doce cuando empecé la enculada.
Cerré los ojos disfrutando de mis golpes en su culo y de como mi polla entraba y salía en ese agujero apretado. Me corrí con un fuerte gemido echándome sobre ella pero sin sacarla. Ella movía en círculos el culo y se tiraba de los pezones.
-No la saques, no la saques, ya estoy, me viene ya, que gusto, sí...- Y le vino, consiguió su orgasmo en el momento que mi polla por si sola salió. No fue tan intenso como los otros pero las piernas se le relajaron quedando tumbada boca abajo en la cama. Me eché a un lado y sin decir nada muy relajado me quedé dormido como siempre después de una buena follada.
Me desperté con el ruido de la ducha. Me desperecé un poco y me apoyé en mi brazo cuando ella salió del baño ya vestida.
-Buenos días dormilón. Tengo que irme a trabajar, llamaré a Isabel para quedar con ella y le diré a Rosa que me voy el fin de semana a ver a mis padres, así el viernes por la mañana estaré aquí.- Se acercó a la cama y me dio un beso en la frente. Cuando se levantó para marcharse le dije sin levantar la voz:
-¿Te has creído que soy un amante o algo así? No se te ocurra volver a tratarme de esta manera o te pasarás una semana sin poder sentarte del castigo que te daré.-
Se volvió y desapareció su sonrisa.
-Lo siento Amo, es que no se que tendría que haber hecho. No me he dado cuenta, lo siento.-
-No olvides nunca llamarme por mi título, eres mi esclava y eso tienes que tenerlo siempre presente. Espero que Isabel te enseñe bien, sino te esperan muchos castigos. Márchate.-
-Sí Amo. Lo siento de nuevo.- Se marchó mientras veía su culo alejarse y yo con la empalmada mañanera.
Pero María me salvó. No hacía ni cinco minutos que Alba se había marchado y aún estaba decidiendo si levantarme o no, cuando entró en el dormitorio María para besarme los pies. Era la norma, cada vez que ella entraba en la casa o se marchaba debía besarme los pies.
La cogí de un brazo y la subí a la cama poniendo ella su sonrisa lasciva.
-Cabalga.- Fue lo único que le dije y no necesitó de más palabras. Se puso sobre mi y se metió la polla poco a poco soltando ronroneos. Una vez dentro empezó a saltar, eché de menos los cascabeles en los pechos. Pero para no despertarme no se los ponía hasta saber que me había levantado. Y en esa postura embelesado con su belleza me corrí al poco tiempo junto con ella.
Pasado un minuto ella se metió mi polla en la boca y se puso a limpiarla.
-Buenos días Señor.- Sonó en la puerta que estaba como siempre abierta. Asomada a ella estaba Cristina sonriendo.
-Buenos días Cristi.-
-Está bien que le eche un polvo a la guarra de la gata, así se duerme toda la mañana y me deja trabajar en paz. Señor, ¿puedo cotillear un poco?.-
-Dime pesada que quieres.- Le dije mientras apartaba a María que de limpiar había pasado a chupar.
-Miau.- Se quejó al quitarle su piruleta.
-¿Que tal la nueva Señor? ¿La incluimos ya en la familia o buscamos a otra?.-
-Creo que la incluimos, si queda en estos días con Isabel usará la taquilla seis. Habrá que bajarle el volumen de voz y que hable menos pero tiene potencial.-
-¿Es una chillona Señor?.- Preguntó divertida Cristina, mientras María que no perdía nada de la conversación me seguía gateando al baño intentando atrapar mi polla.
-Más que chillar lo que hace es hablar, espero que Isabel la sepa enseñar bien.-
Cristina se fue a hacer sus tareas riendo a carcajadas, -eso tengo ganas de verlo.-
Pasó la semana. Recibí un correo larguísimo de Sara analizando nuestra relación, sobre que si ella me ha sido fiel durante este año precisamente por que sabía que tarde o temprano por ley de vida, sus padres no estarían y podría volver a mis pies. La expresión de estar a mi pies y de servirte se repetía bastante. Que si era mía y no podía abandonarla, la responsabilidad del amo…
Otro correo de Daniela sobre las obras y otro de Isabel sobre la enseñanza de Alba que tras esa cita se incluyó en el grupo de wasap donde todas le dieron la bienvenida.
Pero la sorpresa fue cuando en el grupo las chicas hablaban entre ellas de Ana. Cada día estaba con una y todas estaban de acuerdo que era muy sumisa. El asombro fue cuando una comentó lo caliente que se puso Ana cuando le metía cosas en el culo. El resto decidió hacer lo mismo según les tocara y todas estuvieron de acuerdo, le encanta que le follen el culo.
No pude evitar recordar el famoso catálogo, ya tengo a la que disfruta con la sodomía. Aunque hubiera preferido que esa fuese Alba.
El viernes por la mañana, Cristina vino a mi despacho.
-Señor, la nueva está aquí. La he dejado de rodillas en el salón.- Estaba tan acostumbrado a que Cristina abriera la puerta de casa cuando llamaban que no la oí. Alba aún no tenía llaves de casa.
-Cristina, es Alba o Sexta, pero no me gusta lo de la nueva.-
-Sí Señor. Lo siento.-
-No te preocupes, pero va a formar parte de la familia y no quiero que sea la nueva, quiero que se integre rápido. ¿Te has presentado?.-
-No Señor, eso no le compete a una criada. Es mi Señor quien decide si me presentan o no.- Dijo ofendida.
-Vale, vente que hoy te va a ayudar en tus tareas.-
-No Señor, por favor, que nunca saben hacer nada y al final tengo trabajo doble. ¿O se refiere a que la enseñe como hice con Ana?.-
-No, como con Ana no. Quiero que te ayude y le enseñes como funciona la casa, y no me refiero a la lavadora sino a las normas que tú nos has impuestos a todos, incluido al Amo, y que probablemente traslades a la nueva casa también.- Le decía mientras íbamos al salón.
-No son impuestas Señor. Son de lógica si queremos tener una casa algo decente y no una cochiquera.-
-Alba levanta, esta es Cristina, o Segunda. Se encarga de la limpieza. Y en esas cuestiones procura no discutirle si no quieres que te lance un jarrón a la cara.- Dije riéndome.
-No le hagas caso al Señor. Yo nunca tiraría un jarrón, eso se rompe y hay que recoger trocitos por todos lados. Pero sí puedo darte con el trapo en ese pandero tan hermoso que tienes.- Dijo Cristina riéndose también.
-Quédate con ella esta mañana ya hablaremos en la comida.-
-Sí Amo.-
Durante la mañana escuchaba a Cristina refunfuñar todo el rato. Yo echaba de menos mis descansos del café con Ana charlando. Solía de siempre follarme a Cristina una vez por la mañana pero al no tener mis encuentros con Ana estos los sustituí con otro polvo a Cristina. De forma metódica decidí que el primero le daba por el culo y el segundo por el coño, uno sobre las diez de la mañana y el otro a las doce. Todo muy organizado, son horas de trabajo.
A las diez estaban limpiando mi dormitorio, entré sin decir nada. Cristina que ya sabía lo que venía, al verme se colocó a cuatro patas sobre la cama, al borde de la misma. Me acerqué y sin miramiento se la metí en su culo blando que por mucho ejercicio que hiciera todos los días aún no se endurecía y yo en el fondo lo agradecía, en la variedad está el gusto.
Alba se quedó mirando quieta sin saber que hacer. El sexo con Cristina se había convertido en algo muy rutinario que los dos en cierta forma buscábamos sin que dejara de ser placentero. Tras un orgasmo de cada uno, y amasando su culo me giré hacia Alba.
-Ven a limpiarme la polla.-
-Pero Amo, ha salido de ahí. Estará sucio.-
Cristina no me dio tiempo a responder.
-De ahí no saldrá nunca nada sucio. Yo lo tengo siempre limpio y dispuesto para el Señor. No le hagas esperar y agradece lo que te ofrece que normalmente es a mi a quien le toca esa tarea y hoy me la has arrebatado.-
Le di un cachetito cariñoso en el culo a Cristina mientras Alba se agachaba a chuparla. Y de nuevo antes de yo poder decir nada, Cristina se me adelantó.
-Tienes que hacerlo siempre de rodillas. La polla del Señor hay que reverenciarla y siempre es de rodillas ¿o es que eso no te lo ha enseñado Primera?.-
Alba se puso de rodillas a limpiarme mi polla mientras Cristina se levantaba y dándome las gracias me pidió permiso para ir a lavarse como hacía siempre, pero esta vez la detuve y se quedó de pie junto a mi. Al minuto ya estaba Cristina nerviosa y Alba ya me había dejado la polla más que reluciente.
-Señor, por más que aprieto empieza a escurriese su leche por mis piernas y ensuciará el suelo.- Dijo la nerviosa Cristina.
-Alba,- dije muy serio, -mi leche es sagrada, es la leche de tu Amo y no debe nunca desperdiciarse. Limpia a Cristina.- Alba me miró asustada.
-Amo, nunca la he probado.- Dijo implorando pero se acercó con algo de asco a Cristina y con una nueva mirada hacia mi imploró.
-Es que sale del culo Amo.-
-Niña, que ya te he dicho que está limpio y es la leche del Señor, ¿que tienes que pensar?.-
Yo no dije nada ante lo dicho por Cristina, sólo miré serio. Alba entonces se volvió y empezando por los muslos por donde ya había un pequeño reguero comenzó a chupar.
-Está amarga y salada.- Fue el único comentario que hizo sin parar de lamer. Llegó al agujero y entonces Cristina la fue dejando salir.
-Cristina, cuida que te deje limpia y después le enseñas como ponerse un enema.-
-Yo se hacerlo Amo, me lo pongo con Rosa cuando sé que tenemos sexo, y los días que he quedado con usted. También me lo ha explicado Isab… Primera.- Dijo Alba sin parar de lamer y metiendo su lengua por el agujero.
-Pues eso que te ahorras aprender. Y por cierto no siempre debes decir Primera o Segunda o lo que sea, las puedes llamar por su nombre, sois esclavas todas y tenéis el mismo tratamiento.- Y me marché a seguir trabajando.
De nuevo a las doce me las encontré en el salón. Cristina había vaciado una repisa de libros y los limpiaban uno a uno.
-¿Me echo sobre el respaldo del sofá o me va a follar en el suelo Señor?.- Dijo Cristina al verme aparecer.
-Ponte en el suelo, me apetece comerme tus tetas.- Sonaba todo muy mecánico pero por un lado yo estaba trabajando y no buscaba un polvo largo y cansado y por otro me di cuenta que a Cristina ese tipo de sexo apasionado tampoco le gustaba en sus horas de trabajo, entre otras cosas porque significaba que con sus neuras tendría que cambiarse de ropa y que la dejaba cansada para seguir limpiando. Los polvos apasionados entre los dos los dejamos para alguna que otra vez que la llamaba los fines de semana, pero sobre todo para los lunes o los miércoles que solía quedarse a comer conmigo y después echábamos la siesta.
Se tumbó en el suelo abriendo las piernas y sacando sus pechos por el vestido con facilidad ya que no llevaba sujetador.
Yo me tumbé sobre ella y tras unos besitos tanto en su boca como en sus pechos se la metí. Ella acompasaba sus movimientos de cadera a mis empujes y en un rato nos corrimos los dos. Había acostumbrado muy bien a su cuerpo y cuando me sentía correrme dentro de ella me acompañaba.
-Limpia.- Le dije a Alba al sacarla y sentarme al lado de Cristina a la que miraba sin dejar de tocarle las tetas. Ella tumbada y agradecida procuraba subiendo algo las caderas que mi leche no saliera. Normalmente se hubiera ido ya casi corriendo a lavarse pero intuyó que Alba se encargaría de nuevo. Y así fue, tras mi limpieza de polla la puse a limpiar el coño de Cristina. Esta vez ni lo dudó y se puso entre sus piernas a chuparlo y dejarlo limpio.
Volví al trabajo hasta que Cristina apareció por la puerta.
-Señor, me marcho ya a casa. Le dejo a la nuev… a Alba en el salón.-
-Bien, pásate mañana sábado por la tarde, saldremos toda la familia a cenar para celebrar la entrada de Alba en la familia y trae el coche.-
-Sí Señor, como mande.- Me lanzó un besito y se fue.
Salí a comer un rato después y en medio del salón en espera estaba Alba con su sonrisa sin moverse.
-Te está gustando la experiencia ¿no?.-
Y sin moverse, ni siquiera la cabeza.
-Sí Amo, es muy excitante. Como usted dijo es otra parte de mi vida que me está gustando mucho.-
-Bueno levanta que vamos a comer… ¿que es eso que llevas en el culo?.-
-Es el plumero Amo. Cristina me lo ha puesto, dice que no se limpiar.-
Me reí y se lo quité.
-Cristina nunca admitirá que alguien limpia mejor que ella. Vamos a comer y te hablo de las chicas que ya son tu familia.-
Mientras nos servíamos y nos sentábamos a comer le fui comentando una por una las peculiaridades de mis chicas.
-Primera o Isabel es la que manda aunque sea la más joven. Ella es la única que tiene permiso para mamármela por las mañanas. Es la que os organiza a todas y fija los horarios.-
-¿Es la madam?.- Me reí mucho.
-Se podría decir que sí. Pero esto no es un prostíbulo, aunque casi que ese título le viene bien.- Dije riendo todavía.
-Irene o Tercera sólo tiene una fijación, que es que la lleve a la sala de castigos a azotarla. Es la más masoquista y la única capaz de tener orgasmos uno detrás de otro mientras la azoto. Por cierto que mañana por la mañana te azotaré a ti, veremos como reaccionas.-
-Sí Amo, lo espero con impaciencia. Los azotes que me dio me gustaron.-
-Cristina o Segunda que ya conoces es maniática de la limpieza y el orden. Es la gruñona y la más mayor, trátala con respeto o tendrás problemas. María que también conoces es nuestra mascota.-
-¿Mascota Amo?.- Preguntó extrañada pero sin dejar su sonrisa.
-Sí, es una gatita traviesa. No debe hablar así que tendrás que acostumbrarte a lo que quiere decir con sus maullidos. Esos cuencos de allí son el de su comida y el del agua. Si alguna vez pasas y ves que no tiene agua se la llenas. Es la única que tiene autorización para masturbarse o tener sexo con vosotras sin necesidad de pedir permiso, el resto lo tenéis prohibido. Tú sólo podrás hacerlo cuando Rosa te lo pida pero no debes pedirlo tú ni tampoco insinuarte.-
-Sí Amo. Aunque Rosa puede sospechar ya que soy yo quien normalmente lo pide.-
-Pues te inventas lo que quieras, ella puede pedírtelo, tú no.-
-Sí Amo.-
-Por último está Daniela o Quinta. Y Ana, pero ella no es aún esclava de nadie, está en fase de prueba y probablemente acabe siendo esclava de Isabel o Cristina. Algún día la enviaré a tu casa para que la uses como creas conveniente.-
-¿Una esclava para mí Amo?, no lo entiendo. No sabría que hacer con ella.-
-Pues si no se te ocurre nada le das unas flores y la pones en una esquina como un florero. Ella está en esa situación porque no quiso formar parte de la familia y después se arrepintió.-
Después de comer la dejé en espera en el salón mientras yo leía. Al poco tiempo llegó María gateando. Alba la miraba curiosa. María se acercó a mi y me besó los pies. Después se fue hacia Alba y comenzó a olerla por todos lados. Alba sonreía algo inquieta y me miraba sin cambiar su postura. María metió su cabeza entre sus piernas, empujando hasta lograr abrirle las piernas y llegar a su coño que empezó a lamer.
Alba se fue excitando y me miraba pidiendo permiso para correrse al poco tiempo.
Llegó Isabel y sin hacer caso al espectáculo se puso frente a mi y al lado de Alba en espera.
-Gatita, ven aquí.- Dije musicalmente mientras me golpeaba el muslo llamándola. -Deja a Alba en paz, ya tendrás tiempo de jugar con ella.-
María vino a mi lado dejando a Alba muy excitada.
-Isabel, túmbate boca arriba y abre bien las piernas. Alba chúpale el coño hasta que se corra.- Mientras Isabel y Alba hacían lo ordenado, María intentaba bajarme el pantalón con la boca. No le facilité la tarea, me gustaba verla luchar intentando bajarlo deseando sacar mi polla.
Alba empezó a chupar y a los pocos segundos puso sus manos sobre los muslos de Isabel. Esta que estaba disfrutando al notar las manos se alzó un poco para recriminarle que las mamadas son sin manos, sean pollas o coños. Alba volvió a poner sus manos a la espalda pero al poco rato la costumbre le pudo y de nuevo se ayudaba de las manos.
Cuando María casi había bajado el pantalón la paré.
-Gatita, trae unas esposas y la fusta, la esclava Alba no se está portando bien.-
María enfurruñada se fue por lo que pedí. Alba volvió a poner las manos en la espalda al escucharme. Al regresar María y sin que Alba dejara de chupar y lamer, le puse las esposas en las manos a su espalda y me senté a mirar. María de nuevo se lanzó a bajarme el pantalón y esta vez la ayudé levantándome un poco. Con ansia bajó pantalón y calzoncillo y se metió mi polla en la boca.
Isabel no duró mucho y se corrió en la cara de Alba que sonreía contenta de haberle dado un orgasmo.
Con la polla dura por las chupadas de María, la levanté y la puse a horcajadas sentada de espaldas a mi y con mi polla en su coño. Lanzó un maullido de placer y comenzó a moverse.
-Alba, chupa el coño de María. Gatita, no se te ocurra correrte hasta que notes que lo hago yo.-
María maulló implorando cuando Alba ya estaba lamiendo a su expuesto coño que María facilitaba abriendo lo más que podía sus piernas. Aunque por sus movimientos le costaba trabajo. Sus cascabeles sonaban frenéticos y su respiración se aceleraba. Viendo que no podría aguantar bajó el ritmo de sus subidas y bajadas hasta que finalmente me corrí y al notarlo se dejó llevar con un orgasmo que dejó sus piernas rígidas unos segundos para después temblar.
-Alba límpianos a ambos. Tú te quedas sin orgasmo como castigo por usar las manos y el resto del día estarás atada para recordarlo. Isabel, ponte en postura de castigo.-
Alba me limpió la polla y pasó al coño de María, rebuscando mi leche por dentro todo lo que pudo. Me levanté con la fusta y le di varios fustazos a Isabel en el culo. Ella ni siquiera gimió, los aguantó sin moverse.
-¿Sabes porqué te castigo esclava?.-
-Sí Amo. La esclava no ha sabido enseñar debidamente a la esclava Alba sobre no usar las manos.-
-Sabes que aún me falta una esclava para ser siete.- Le dije sin dejar de azotarla. -Espero que cuando llegue sepas enseñarla mejor.-
-Sí Amo. Lo siento, me aplicaré más la próxima vez.-
-Ahora iros las dos a preparar la cena que aunque esté atada algo podrá hacer.-
Isabel y Alba se marcharon a la cocina. Mientras María arrastraba su cama con la boca por el pasillo, supongo que como siempre la llevaba a los pies de mi cama para pasar allí la noche.
Después de la cena y de ver un poco la televisión, mandé a Isabel a dormir en el otro dormitorio como parte de su castigo. Alba, atada como estaba la puse en la cama boca abajo con el culo levantado y después de unas pocas lamidas de María se la metí por el culo. Como me gustaba tenerla así, con esas nalgas chocando contra mi mientras mis manos las amasaban.
Las costumbres son difíciles de erradicar y aunque esta vez Alba apenas habló durante la enculada, algo se le escapó. Cuando me corrí me pidió perdón, la mandé callar y a limpiar que lo hizo con mimo intentando que olvidase su error.
María ya estaba en su cama mirando sin perderse nada y frotándose con sus manos enguantadas con esa cara de lujuria que me encendía tanto.
Dejé a Alba chupar hasta que me la puso de nuevo dura. Me tumbé boca arriba y la ordené metérsela sentándose a horcajadas. Con las manos atadas a su espalda, se puso en posición pero le costaba meterla. Tanto María como yo nos divertíamos viendo sus movimientos de cadera para poder encajarla en su coñito. Finalmente entró y empezó a subir y bajar. De esa postura me encanta ver las tetas moverse, agarrarlas y tirar de los pezones. Pero Alba no tiene donde agarrar salvo sus pezones que era lo único que sobresalían de su pecho. Tirando de ellos le marqué el ritmo y como hacía poco que me había corrido tardé bastante en volver a hacerlo. Ella estaba desencajada intentando no hacerlo antes que yo y de nuevo soltó alguna que otra frase que cortaba a la mitad al darse cuenta pero no podía remediarlo. En cuanto notó que me corrí se tumbó, dio varios gritos al tiempo que convulsionó y quedó tendida en la cama sin fuerzas.
-Descansa,- le dije, -gatita limpia.- María saltó a la cama y se puso a lamerme mi flácida polla y cuando pasaba a limpiar a Alba ya me quedé dormido.
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