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Dominaciónnov 2024

Las siete 16

Hugo cree tener el control total de su hogar y sus esclavas, pero la llegada de Alba y la llamada de Sara ponen a prueba sus límites. ¿Podrá mantener su jerarquía intacta cuando el pasado insiste en volver a sus pies?

Mariscal3.6K vistas9.1· 11 votos
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Capítulo 16.

Definitivamente tengo que buscar otra forma de castigar a Isabel que no sea prohibirle sus mamadas. Me desperté en la gloria el sábado.

-¿Amo, puedo correrme con usted?.- Me preguntó cuando notaba que yo estaba a punto.

-Sí zorra, el castigo se terminó.- Y mi aguante también derramándome en su boca y viendo como lo tragaba entre sus temblores del orgasmo.

-Gracias Amo por todo lo que me da.- Me dijo limpiando mi polla de algún posible resto.

-De nada tragona. Vamos a desayunar que tenemos que hablar de organizarnos con Ana.-

En la cocina mientras yo desayunaba y ella de rodillas me escuchaba le expliqué mis planes con Ana. Después le dije que tendría con ella un par de horas para enseñarle posturas y normas. Avisé a Ana que subiera, y a Irene para que viniese por la tarde.

Ana tardó un poco en subir. Me dijo que se había inventado un grupo de estudios para las oposiciones y así salir los fines de semana de la casa sin que el marido sospechara.

Isabel estuvo con ella esas dos horas, le dejé y le pedí que usara la fusta para enseñarle las posturas. Son cinco posturas así que Ana las aprendió a la primera, no es difícil. Pero Isabel insistía una vez tras otra dando fustazos en sus pechos o su culo cuando veía una pequeña incorrección. Se marchó a su casa con las tetas y el culo colorado y una tremenda cara de insatisfacción.

Pasé la tarde con Irene en la sala agradecida por cada azote que le daba. Me gustaba azotarla, pero yo tengo un límite con la intensidad y la duración, pasado ese límite me deja de excitar. Irene sin embargo aún no le encontré su límite, cuanto más fuerte la azotaba más se excitaba, especialmente en las tetas, en cinco o seis latigazos en ellas conseguía que se corriera. Después de hacer un poco de ejercicio en mis brazos con ella, la mandé a casa con una gran decepción. Se habían acostumbrado a pasar casi el fin de semana en mi casa y quería cambiar esa costumbre.

Esa noche salí con María e Isabel, cena rápida, ni siquiera les puse los huevos. Y después una copa también rápida, fuimos a un pub tranquilo sin música de baile. Le pregunté a María sobre su compañero Juan. Se rió, al día siguiente de mi “reunión” con él vino al trabajo con andares raros, les dijo a todos que era por un ataque de hemorroides pero la gente se pasó la mañana con bromas sobre negros con grandes pollones. Llevaba una cicatriz en la nariz pero de eso no quiso decir nada. El rumor malicioso es que alguno de los negros llevaría anillo y se enganchó. Desde entonces ni la miraba.

-¿Puedo preguntarle al Amo si le dio por el culo?.- Dijo con Isabel pegada curiosa.

-No, no le di por el culo. Me dio miedo que le gustase y quisiera hacerme chantaje a mi para seguir.- Nos reímos los tres. Aunque María no se quedó muy conforme con mi respuesta.

Ya en casa dejé a María que arrastró su cama con los dientes hasta los pies de la mía para dormir y me llevé a Isabel para pasar la noche conmigo. Hacía tiempo que no pasaba la noche con una sola de mis esclavas y mientras María se masturbaba como podía con sus manoplas viendo el espectáculo, yo me dediqué por entero a Isabel. Cuando me eché a dormir tenía las tetas rojas de tanto lamer y sorber y una cara de felicidad entre su melena negra como el azabache.

El domingo tras mi mamada, y tirado en el sofá debía llamar a Daniela, pero no me apetecía, me daba pereza y estaba algo cansado, quizás los nervios de comprar una casa de un precio tan elevado. Pero por otro lado si no lo hacía estaba seguro que le dolería, lo acataría pero le afectaría. Así que después de apartar por quinta vez la cara de María que se metía en mis piernas buscando algo que chupar le dije que viniese por la tarde, lo mismo hice con Ana.

-Isabel, quítame a esta puta gata de encima que está muy pesada.- María me miró y maulló restregándose hasta que vino Isabel con la correa y tirando fuerte la apartó.

-Iros al dormitorio y follar un poco a ver si me deja en paz por lo menos hasta la comida.-

Por la tarde vino Daniela y le expliqué la situación de Ana que vendría en breve y durante una hora y media estaría a su disposición.

-Pero Amo ¿que hago con una esclava si yo soy esclava?.-

-Disfrútala, úsala, humíllala, haz lo que te apetezca. Por ahora ese será el único sexo que te dejaré por unos días así que aprovéchalo. Y no es un castigo, es un premio.-

-Sí Amo, como diga.-

Se quedó en espera junto a Isabel hasta que llegó Ana.

-Ana, hoy estarás con Daniela procura no desobedecer.-

-Pero Maestro,- dijo mirando disimuladamente a Daniela, -él...ella...es un travesti.- Daniela se puso colorada pero no dijo nada.

-Ella es una mujer Ana. Daniela puedes usar el dormitorio y la sala si lo crees conveniente pero no hagáis mucho ruido, quiero tranquilidad.-

-Sí Amo.- Cogió la correa y se llevó a Ana derecha a la sala.

Me puse una película con María tumbada a mis pies y con Isabel en espera, aunque le di permiso para ponerse de cara al televisor y poder verla también.

Antes del final de la película vino Daniela con Ana de la correa, se le apreciaban marcas de azotes en la barriga y la espalda, no muy profundas. Dejé a Ana en espera frente a mi. Acompañé a Daniela a la puerta y la besé antes de marcharse y sólo con ese beso ya se fue satisfecha.

Mandé a Isabel que se llevara a María a la cocina hasta que las avisara. La enganchó de la correa y se fueron las dos.

-Dime que has hecho con Daniela.- Le dije a Ana mientras me sentaba frente a ella que mantenía la cabeza baja como le enseñó Isabel.

-Me ha azotado bastante con el látigo, pero no ha sido muy doloroso. Creo que estaba enfadada por cuando la llamé travesti. Pero no fue mi intención ofenderla, es que no sabía como llamarla Maestro.-

-Para ti por ahora es Señora, pero Daniela es mujer por mucho pene que tenga.-

-Ahora lo sé Maestro. Después me llevó al dormitorio y me hizo chuparle su pene, creo que se corrió una vez pero no estoy segura. Así me ha tenido el resto del tiempo, sólo chupando su pene.-

-Te falta por conocer a Irene de mi familia, pero te voy a hacer un plan de visitas a las casas de mis esclavas. Cada día una y normalmente será por la tarde al final de sus trabajos. Al menos no pisarás esta casa en un mes. Después ya veré según ellas me digan.-

-Maestro, por favor, ¿no me vas a follar?.-

-No, el único sexo que tendrás será el que ellas te den si quieren.-

-Pero no puedo estar así Maestro. No tengo ningún orgasmo desde el lunes que me dejó con su pie. Por favor no sea cruel.-

-Por cierto, ¿el sábado no follarías con tu marido?.-

-No Maestro y me costó porque estoy muy caliente. Le dije que no me apetecía por la tensión de los estudios.-

-Te estás portando muy bien y me gusta como lo estás llevando. Esta semana mis esclavas harán contigo lo que quieran, si alguna quiere darte orgasmos agradécelo. La siguiente si sigues así les diré que te dejen correrte, al menos un orgasmo por visita. Eso te calmará pero piensa que es la alternativa que te di para poder tener la posibilidad de entrar en la familia.-

-Sí Maestro, gracias por lo que me estás enseñando.- Dijo con la cabeza aún más baja, casi tocaba el suelo.

-Cuando te pase el plan de visitas me dices si crees que es compatible con tus estudios. Ahora márchate.-

Llamé a Isabel y le dije que organizara con las chicas las visitas de Ana. María apareció gateando y se metió entre mis piernas.

-Lo siento Amo,- dijo Isabel, -la he atado, no se como se habrá soltado.- Dijo agarrando la correa de María y tirando de ella que bufaba y se negaba a separarse de mi.

-Déjala, vamos a terminar de ver la película. Pero dependerá de como se porte la gatita si la dejo dormir con nosotros hoy.- María maulló contenta y se tumbó a mis pies.

Esa noche nos acostamos los tres y le dediqué más tiempo a la gatita que reconozco tenía algo descuidada.

El lunes pasé temprano por el trabajo para firmar algunos papeles y reunirme con los jefes de los distintos departamentos. A media mañana llegué a la que ya era mi casa. Me esperaba Rosa aguantando con esfuerzo todo el peso de su maquillaje, y Alba. Estuvimos mirando las reformas que quería, alzar el muro del jardín que al ser grande sería costoso. Tal como estaba desde las casas vecinas no se veía nada pero yo prefería algo más alto. Cambios en los baños, en la cocina y en el sótano para hacer un baño allí y dos habitáculos a modo de celdas además de un trastero. Pero la obra principal era de electricidad. Todo el cableado de la casa quería cambiarlo y dejarla domótica, desde las luces hasta las persianas. Le dije donde quería cámaras que prácticamente abarcaban toda la casa menos los baños. Todo el material electrónico de la reforma lo pondría yo que tenía precios de compra especial en mi empresa con descuentos en algunos artículos de más del 50%. Todo el rato, al igual que en el notario, estuve tocando el culo de Alba cuando Rosa no miraba. Alba ni decía ni se inmutaba, se limitaba sonriendo a tomar notas según le decía su jefa. A Rosa el teléfono de la inmobiliaria no dejaba de sonarle y nos interrumpían constantemente hasta llegar a ser bastante molesto.

Cuando terminamos con las reformas y fuimos a pasar a la decoración y el amueblado, le dije que no terminaríamos nunca y que entendía esas llamadas, pero que sería mejor que ella se marchase y me dejase con su ayudante para tratarlo con ella. Pareció ver el cielo abierto y después de darme dos besos que me dejaron la cara pringosa se marchó.

Una vez se fue, mi mano se posó en el culo de Alba y de allí ya no se movió. Íbamos de habitación en habitación viendo que muebles se necesitarían. El único que ponía yo era mi cama tamaño king que tenía desde hacía pocos meses. Además por supuesto de los de la sala.

Ella apuntaba, preguntaba, insinuaba pero sobre mi mano en su culo no hacía ningún comentario.

Llegamos al final a la cocina, que era lo complicado, el resto de la casa la quería casi sin muebles y con una decoración minimalista y no porque fuera moderno ese estilo entonces, sino por que no me gusta acumular.

Le pedí que me hiciera un par de diseños de cocina para elegir uno y cuando lo apuntó le puse la mano del culo en la barriga y la empuje muy suave hasta la pared. Ella retrocedía dejando hacer y con pequeños suspiros. Cuando pegó su espalda a la pared le quité de las manos la libreta y el bolígrafo y los tiré al suelo.

-Bájate los pantalones. No me gustan las mujeres con pantalones.-

Entre suspiros y sin bajar la mirada de mis ojos, ese imán que tengo según Sara, se bajó los pantalones hasta las rodillas y sin yo decirle nada hizo lo mismo con sus bragas. Ante mi apareció un coñito pequeño a pesar de sus cuarenta y dos años pero muy peludo.

-La última vez que nos vimos te dije que no me gusta el vello en la entrepierna. ¿Por qué no te has depilado?.- Me puse serio.

-Lo siento, no sabía que usted...bueno que a Rosa no sabría que decirle y que yo no soy su pareja lo soy de ella. Lo siento Señor.- Estaba frustrada, la última vez no la masturbé por eso y quedó decepcionada, veía que esta vez ocurriría lo mismo.

-Te mereces un castigo por esto, ¿lo sabes verdad?.-

-Sí… bueno yo...-

-Date la vuelta y pégate a la pared.-

Se volvió y se pegó a la pared con las palmas de las manos sobre los azulejos a la altura de sus hombros y el culo algo hacía afuera. Maravilloso culo, ampuloso y redondo, con fuerza y poder sujeto por unos muslos rotundos en carne que te decían que los amasaras. Le di no menos de diez azotes con la mano en cada nalga apreciando el movimiento de flan al caer mi mano. Ni un milímetro se movió de su postura a pesar de que con cada golpe ella gritaba sin ser escandalosa.

-¿Eres virgen del culo?.-

-No, Rosa y yo usamos arneses y a ella le gusta mucho meterlo por ahí.- Y no me extraña pensé.

Me la saqué dura como el hierro y la puse entre sus cachas. Ella al sentirla exhaló y se inclinó un poco para favorecer mi entrada. Me mojé la mano con saliva y la extendí en mi polla. Metí en ese adorado culo el glande y soltó un ay para llevarse las manos a las nalgas y separarlas. Empujé hasta meterla entera. Ella gemía apartando y dejando libre el camino para que entrase todo lo profundo que pudiera. Sentí mi polla rodeada de calor y bien apretada mientras mi pelvis se apoyaba en esas carnes tan apetitosas. Quise demorarme todo lo que pude para no olvidar esas sensaciones, pero mi cuerpo actuó por su cuenta y empujaba y salía cada vez más frenético. Alba soltó sus nalgas para poder apoyarse en la pared con las manos mientras bombeaba con fuerza. Se corrió con fuertes gemidos intentando arañar la pared y al poco lo hice yo. Nos quedamos juntos, mi pecho apoyado en su espalda. Esperé a que mi polla decidiera salir por si sola de ese maravilloso culo. Me vestí.

-Vuélvete.-

Se dio la vuelta apoyando su castigado culo en la pared. Su mirada ansiosa y satisfecha.

-Ábrete la camisa.-

-Señor, yo no…- Ante mi mirada comenzó a desabrocharse los botones.

-Perdón señor, pero yo no tengo pechos.- Mi primer pensamiento fue de tristeza, pensaba que el terrible cáncer de mama se los habría llevado.

Terminó de abrirse la camisa y no estaba seguro de querer obligarla a quitarse el sujetador para ver unas cicatrices que la humillarían. No después de la enculada tan magnifica que me había regalado.

Como me quedé en silencio, sin saber que hacer, ella lo entendió de otra forma y sin decir nada se desabrochó el sujetador dejando a la vista sus pechos.

Es verdad que no tenía, pero no por ninguna enfermedad, es que eran casi inapreciables, muy anchos de base y sin apenas alzarse. Eso sí, sus pequeñas areolas eran de un rojo intenso coronadas por dos ciruelas del mismo color. Le toqué los pezones para asegurarme que no eran pintados por lo diferente en color a su piel. Ella miraba de lado como avergonzándose.

-Esto es lo que vamos a hacer.- Le dije sin dejar de jugar con sus pezones. -Ya que no tienes amo lo suyo es que te acoja de forma temporal y ya veremos a donde nos lleva esto.-

-Señor, yo tengo pareja, Rosa… y no se si esto...¡Ay!.- Le retorcí un pezón.

-¿Te ha gustado que te diera por el culo?.-

-Sí, pero Rosa...-

-Rosa es una parte de tu vida, yo seré otra.- Me aparté un poco de ella dejando de tocar sus pezones que prácticamente era lo único que se podía agarrar de sus pechos.

Ella se agachó un poco para subirse las bragas y los pantalones.

-No te he dado permiso para vestirte, sigue como estás.- Se quedó sin protestar pegada a la pared con la camisa abierta sin sujetador y los pantalones y las bragas por las rodillas.

-Yo no te voy a obligar a nada que tu no quieras. La próxima vez que nos veamos tienes que venir depilada y sin pantalones. Tampoco traigas sujetador, no lo necesitas.-

-Se me marcan mucho los pezones.- Dijo a modo de disculpa.

-A mi eso me da igual. Cuando tengas los distintos diseños de la cocina me avisas para verlos.- Me di la vuelta y salí de la casa dejándola apoyada en la pared casi desnuda.

Regresé a casa y tenía un correo de Isabel con el plan para Ana, me pareció bien y se lo reenvié a Ana para que me dijera si podía cumplirlo. No tardó mucho y solo pidió por favor que le cambiáramos la hora de los fines de semana en vez de por la tarde a por la mañana. Se lo pasé a Isabel, hizo los cambios y quedó listo su horario que le envié junto con las direcciones de las chicas. Le dije a Isabel que lo hablara con las chicas, sobre todo con Irene que no tuvo oportunidad de estar con Ana en mi casa y así conocerla en su faceta de sumisa.

Una nueva rutina intenté poner en casa. Cristina como siempre venía de lunes a viernes por la mañana. María sus martes y jueves además del fin de semana y aunque a ella le dejé libre de elegir cuando venir, no faltaba un sólo día. Isabel los fines de semana como siempre, llegaba el viernes y se marchaba el lunes derecha a la universidad que ya había empezado su último curso. Las que cambié fue a Irene y Daniela. El sábado por la tarde con Irene, para hacer un poco de ejercicio en la sala. Daniela los miércoles después de su trabajo y que se quedaba a dormir. Ella lo aceptó resignada, pero Irene le protestó a Isabel, encargada de los horarios. En cuanto hablé con ella para llamarla al orden se resignó también.

Les puse en el grupo: “Todo lo que diga Isabel es de firme cumplimiento, recordad que es Primera y está por encima de vosotras en jerarquía. No quisiera tener que castigar a ninguna por volver a protestarle como ha hecho Irene. Lo que ella os dice está consensuado conmigo. Recordar una cosa, sois esclavas y sólo tenéis la libertad de marcharos de la familia, el resto de vuestras libertades me corresponden a mi.” Y las aguas se calmaron unos días.

Rosa me envió un presupuesto para las reformas, era menos de lo que esperaba y lo acepté pidiendo que las obras empezaran cuanto antes. Llamé a Daniela y la puse al cargo de la revisión de las obras y del dinero que se iría pagando para realizarlas. Al principio se asustó, no por manejar el dinero, ella trabajaba en contabilidad, sino por controlar las obras. La tranquilicé y le dije que siempre que pudiese iría con ella a ver como iban.

También me envió Rosa un presupuesto del amueblado de la casa, y tres diseños de la cocina con un presupuesto aproximado. Estos presupuestos si me asustaron, el préstamo tendría que ser más alto de lo esperado. Se los pasé a las chicas para que me dieran su opinión y salvo pequeños cambios se lo acepté a Rosa. Pero el diseño de la cocina quería verlo in situ para comprobar mejor la distribución. Quedé en la casa para que firmara el contrato de la decoración y mirar la cocina.

Fue en martes por la tarde y fui con María. Esta vez Alba no estaba presente, pero Rosa sí y vino con sus kilos de maquillaje. Se suponía que no tardaríamos, firmar y comentar algo por encima, pero se prolongó debido a sus constantes llamadas al móvil. Así que le pedí que para mirar lo de la cocina que viniese sólo Alba. Ella encantada accedió y quedé de nuevo para el jueves por la tarde. Pretendía llevar de nuevo a María para ver la reacción de Alba.

Al verme llegar ese día con María la sonrisa de Alba se apagó un poco pero cuando estábamos hablando de los distintos diseños de la cocina volvió a aparecer.

-Estupendo,- dije, -quedamos entonces con este diseño. Y ahora vamos a ver si has cumplido, levántate la falda.-

Ella me miró y miró a María que estaba detrás de mi muy quieta.

-Alba, no tienes que mirarla a ella ni preocuparte por ella, es mi esclava como pretendo que lo seas tú si cumples. Y ahora levántate la falda y te bajas las bragas quiero ver si vienes depilada.- Lo dije con voz seria.

-Yo...estoy depilada pero no sé si quiero esto.- Dudaba pero sus manos bajaron a agarrar el borde de la falda aunque sin subirla.

-De nuevo te has ganado un castigo. No puede ser que cada vez que nos hemos visto tenga que castigarte. ¡Ponte contra la pared ahora mismo!.-

Reaccionó y esta vez sin dudas se volteó y de frente a la pared apoyó sus manos. Le levanté la falda y se la enrollé en la cintura. La azoté como las otras veces, unos diez azotes en cada nalga hasta ver la parte que no ocultaba la braga roja. Esta vez no gritó ni tan siquiera gimió, lo aguantó sin decir nada.

-Vamos a intentarlo otra vez. Date la vuelta y bájate las bragas.-

Aunque sus mejillas siempre están coloradas, esta vez si noté como se ruborizaba y mirando de soslayo a María se volvió y se bajó las bragas dejando ver su pequeño coñito sin pelos.

-Eso está mejor, me gusta lo que veo.- Le pasé la mano y la fui acariciando y notando como se humedecía rápido.

-Ahora dime, ¿cuantas parejas has tenido hasta hoy?.- No dejaba de tocarla.

-No muchas, en la universidad y después otra hasta Rosa, en total tres.- Empezaba a resollar.

-¿Todas mujeres?.-

-Sí.-

-¿Eres homosexual? Porque a mi no me haces ascos cuando te toco.-

-No lo sé. No me lo había planteado hasta que le conocí. Creo que debo ser bisexual.- De vez en cuando miraba a María.

-¿La primera polla que te ha entrado fue la mía cuando te di por el culo el otro día?.-

-Sí, bueno... hice una... mamada... en la universidad.- Sus palabras salían ahora entrecortadas.

-Enseñame las tetas, quiero ver que no llevas sujetador.-

-No… llevo.- Se desabotonó la camisa. Se notaba que no llevaba por sus pezones sobresaliendo en la tela. Se abrió la camisa y aparecieron sus pezones rojos, redondos y duros.

-¿Estás dispuesta a separar tu vida y dejar una parte que sea de mi propiedad?.- La pregunta era rebuscada, pero me salió así.

-No lo sé, yo...Rosa...- Ella en realidad no dudaba, quería hacer ver que no lo buscaba, más bien que yo se lo imponía.

Dejé de tocarla y me miró fija a los ojos sin atreverse a protestar.

-María desnúdate.- Mi esclava no lo pensó y se desnudó en dos segundos.

-Nosotros tenemos una vida un poco peculiar. Somos en realidad una familia, aunque el único que manda soy yo y ellas son mis esclavas.-

-¿Todas?.- Imaginé que se refería a cuando vinimos a ver la casa todos juntos.

-Todas. Y te aseguro que ninguna se ha arrepentido de ofrecerse a mi. ¿María querrías dejar de ser mi esclava?.-

-Nunca Amo. Desde que soy su esclava he sido más feliz que el resto de mi vida, y no quiero separarme de mi Amo ni de la familia.- Dijo serena María, casi como ensayado.

Le cogí un pezón a Alba y tiré de él viniendo ella sin rechazarlo, con las manos a los lados y con un ligero ay. La llevé frente a María.

-Arrodíllate.- Le dije tirando del pezón hacía abajo. Ella lo hizo.

-Haz que mi esclava se corra.- Yo me puse a la espalda de María, le acariciaba los pechos y la besaba en el cuello. Ella sin mover sus brazos arqueó su cabeza para dejarme besarla y gemía.

Alba lo pensó un poco pero al final separó los labios de María con sus manos y se puso a chuparla y a meterle la lengua como si fuera una polla.

-Las manos en la espalda Alba.- Dije sin dejar a María que aumentaba sus gemidos con cada beso que le daba en el cuello o en las orejas.

Alba puso sus manos en la espalda y siguió lamiendo el coño de María que pasó de los gemidos a ligeros ronroneos y algún que otro maullido leve. Alba ante esos ruidos de María se sorprendió y dejó de lamer mirando hacía la cara de María.

-Sigue comiendo.- Le tuve que recordar.

De nuevo acercó su boca y sus manos al coño. Recordó al tocar con sus manos los labios que no debía hacerlo y puso de nuevo sus manos a la espalda.

-Esas manos se mueven mucho, quizás deba atarte.- Hice el comentario sin más pero me sorprendió su respuesta.

-Sí por favor, áteme.- Dijo entre lamida y lamida.

No lo pensé, me quité el cinturón y le até sus brazos a la espalda. Me agaché y desde atrás le pasé la mano por el coño que estaba ya mojado. Después de un par de pasadas me volví con María que esperaba anhelante mis caricias y besos. Así seguimos hasta que María se corrió echando sus brazos por atrás y por encima de su cabeza para agarrar la mía. Unos segundos de descanso y me volví a por Alba.

-Levanta.- Con los brazos atados le costó algo de trabajo.

-Apóyate en María y saca el culo que lo voy a usar.- Puso su hombro sobre los pechos de María y esta la agarró con sus brazos.

Me saqué mi polla que llevaba tiempo dura, y con un poco de saliva se la metí de una vez sin brusquedad mientras ella gemía sobre los pechos de María.

-He decidido que a partir de ahora serás mía.- Comencé el bombeo despacio y gozando de su culo.

-Tienes la libertad de dejarlo cuando quieras pero si lo haces no volverás nunca.- Agarraba su cintura para empujar lo más dentro posible.

-¿Estás de acuerdo en ser mi esclava?.- Le pregunté aumentando el ritmo.

-Sí.- Le di un azote en su ya rojo culo de los azotes anteriores. -¡Ay!.-

-Me tienes que llamar Amo y tu serás desde ahora zorra, puta o lo que se me antoje.- Seguía aumentado el ritmo.

-Sí Amo, perdón.- Sus gemidos era ya escandalosos. Seguro que de todas mis chicas era la que más gemía y gritaba a un volumen demasiado alto para un piso, menos mal que me mudaría en un par de meses a esta casa.

María la sujetaba como podía ante mis cada vez más fuertes empujones. Y sin decirle nada, Alba se metió una teta de María en la boca chupando con ansia. Hasta que me corrí, lo disfruté como nunca antes, una enculada con esas nalgas que me apasionaban y mirando de frente la cara de María lujuriosa con la chupada de Alba en su teta y mirándome a los ojos.

Mi polla se fue retirando poco a poco, lenta mientras nadie se movía. Yo me recuperaba sin apartar la vista de la cara de María con su gesto de lujuria que me miraba a los ojos. Entonces, al sentir como salió mi polla de su culo, Alba tembló entera, como un escalofrío y con un sólo grito se corrió.

Estábamos los tres de pie, en la casa nueva no había ni un solo mueble donde sentarse o apoyarse, recuperando el resuello.

-Alba, por lo que me has dicho antes debo entender que eres virgen.-

-Bueno, yo en realidad sí lo soy, aunque he usado desde siempre consoladores y arneses, pero pollas nunca.-

Le di un cachete en el culo, -Amo, recuerda siempre que debes llamarme Amo.-

-Lo siento Amo.-

-¿Vives con Rosa?.- Se lo pregunté por qué me dijo que Rosa no quería hacer pública esa relación y por eso no la veía viviendo con ella, y acerté.

-No Amo, ella no quiere.-

-Háblame de esa relación. María ve vistiéndote.-

-Pues no hay mucho que decir Amo. Yo no puedo vestirme si no me desata Amo.-

-Es que a ti no te he dicho que te vistas. Cuéntame.-

-Después de una relación de quince años cuya ruptura me dolió mucho, se unió que la empresa donde trabajaba como administrativa cerró y me quedé sin novia y sin trabajo. Tras unos años con trabajos temporales y mal pagados Rosa me contrató para su empresa de decoración. Y como se dice, el roce hace el cariño y llevamos ya tres años siendo pareja o algo parecido.- Otro cachete en el culo.

-¡Ay! Perdón Amo.-

-Que significa eso de pareja o algo parecido.-

-Pues que de cara al exterior soy su ayudante y nada más, pero varias veces a la semana y yo voy a su casa o ella a la mía. Pero no salimos al cine o de compras por ejemplo. Amo.-

-Básicamente es sexo lo que me quieres decir.-

-Pues sí, en realidad es eso. Amo.-

-Quiero que el lunes pases la noche en mi casa, habrá que desvirgar ese coñito.-

-Lo intentaré Amo. No creo que Rosa diga nada si me llama y le digo que estoy cansada.-

-No lo intentes, hazlo. Ahora date la vuelta que recupere mi cinturón, se nos hace tarde.-

Recogí mi cinturón y sin despedirnos nos fuimos María y yo dejando a Alba vistiéndose.

En el coche de vuelta, me mira María y pregunta:

-Amo ¿Podemos decir que Alba es la séptima y se acaba la lista?

-Aún no, pero en todo caso sería la sexta.-

-No Amo, la sexta es Ana.-

-Ana no es esclava aún ni quiero que sea mi esclava, le di una oportunidad y la rechazó, y no dar segundas oportunidades es un hecho no es de palabra. Lo que pretendo de ella es emputecerla hasta que admita ser esclava de una de vosotras, pero mía no.-

-Es un poco cruel ¿no Amo?.-

-No puedo confiar en una esclava que no sabe lo que quiere o duda. Hoy sí pero mañana no y pasado mañana ya veremos. Me dijo que no y después de casi un año viendo lo que ocurre en casa, a Cristina y a ti casi todos los días, se entera que me mudo y de repente lo ve claro y decide someterse. No me gusta eso. No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes se suele decir.-

-¿Pero a quien se la darías Amo? Por que yo no me veo como ama.-

-Sin analizar a fondo sería a Isabel o a Daniela. Tú no por tu rol, no es congruente una gatita con una esclava a la que solo le puedes maullar.- Le dije guiñando un ojo.

-Miau.- Me respondió riendo.

-A Cristina ni loco, la pondría a limpiar todo el día. Irene tampoco la veo, seguro que la obliga a que le de azotes sin parar y para eso no es una esclava. No lo he decidido aún y todavía quiero que pase uno o dos meses con vosotras.-

-Pues yo creo que a Cristina sí le vendría bien. Debería pensarlo Amo.-

-Quizás lleves razón, pero aún es pronto para decidirlo.-

-La nueva me gusta Amo.- Dijo cambiando el tema. -Es verdad que tiene un culo para morderlo, la pena es que no tenga tetas. Joder. Cualquiera diría que yo hablaría de esto hace unos meses sobre una mujer. Ni yo mismo me lo creo que la haya mirado con ganas de sexo. Esto es culpa suya Amo.-

-¿Te arrepientes acaso?.-

-No, nunca me arrepentiré. Ser la gatita de mi Amo es lo mejor que me ha pasado y me ha ayudado a apreciar cosas como el culo de Alba. Miau.- Nos reímos.

Sara llevaba con la carcajada diez minutos. Empezó a reírse de mi cuando le hablé de Alba y de Ana. Me llamó el domingo y ya estaba arrepentido de haberle respondido. No había forma de que dejara de reír.

-Ya vale Sara, que el chiste no es tan bueno.-

-¿Cómo que no Hugo? Es el catálogo, estás montando un auténtico catálogo.-

-Pero que dices, no veo el catálogo.-

-A veces eres un poco corto...Amo. Tenías de cincuenta, treinta y veinte años, ahora con Alba también de cuarenta. La pena es que ninguna de las dos sea pelirroja. Pero también tienes el tipo, la masoquista, la doméstica, la mascota, la de lluvia dorada y ahora la que le gusta que le aten.-

-Eso de que le guste está por ver, sólo la he atado una vez con un cinturón.-

-Sí que encima ella lo pidió ¿no?. Además tienes a Isabel que le encanta mamar, a Irene que el sexo le da igual siempre que la azotes, a María la modosita, y ahora a una lesbiana virgen. Venga Hugo, si es que te estás montando un catálogo.- Continuo la risa.

-Eso no es así, si no te follas a Irene al final protesta y María está cambiando. Y Ana no va a ser mi esclava, entre otras razones siguiendo tu broma por no ser pelirroja o no destacar en algo como que le vayan los perros o ponygirl o vete a saber.-

-Algún hueco le encontramos en el catálogo Amo.-

-Ya te he dicho que acabará como esclava de otra, quizás Isabel o puede que de Cristina. Recuerda, nada de segundas oportunidades, eso me lo enseñó y me lo repitió muchas veces una persona que me metió en este mundo, no recuerdo quien fue, ¡ah! ya recuerdo, fuiste tú.-

-Ya lo se Amo, pero siempre hay muchas atenuantes. Un poco de eso te quería decir, por eso te he llamado.-

-¿A que te refieres Sara?.-

-Verás, mis padres están bien dentro de lo que cabe. Los dos tienen ya demencia senil y muchas veces ni me conocen. Pero lo peor es que ya no puedo con ellos, me cuesta mucho levantarlos de la cama y asearlos. He pedido plaza en una residencia, y ha sido en una de allí. En cuanto me la den me traslado y me han dicho que será en dos o tres meses a más tardar. Como sus pensiones pagarán la residencia, no me quedará más remedio que vivir en casa de mi Amo sirviéndole.-

-No puedes hacerlo Sara,- le dije rotundo, -por mucho que quieras llamarme amo sabes que es una broma entre nosotros, el cordón se rompió cuando me vine.-

-Para mi nunca ha sido un broma Amo. Yo no pude acompañarte por mis padres no porque no quisiera, la pasé muy mal y lo sigo pasando sabiendo que estás tan lejos de mi Hugo.-

-Yo también lo pasé mal. Pero si no recuerdo mal tus palabras fueron algo así como que usabas tu derecho como esclava a dejarme para que viniera libre a esta ciudad. ¿Fue así verdad?.-

-Lo recuerdo Amo, pero ahora esto ha cambiado, tengo la oportunidad de volver contigo.-

-Nada de segundas oportunidades Sara, me lo enseñaste tú.- No estaba seguro de que querer, por un lado la quería conmigo pero por otro ya tenía una familia y Sara lo trastocaría todo.

-Pero esto es diferente, en realidad fuiste tú quien nos abandonó, ninguna quiso quedarse, fueron causas mayores que tu mismo comprendiste. No me puedes dejar Amo, eso es imposible, soy tuya y lo que dije fue para hacerlo más llevadero.-

-No creo que puedas volver Sara. Esta forma de vida de ahora no es como la de allí que vivíamos los dos y llamábamos a las otras cuando apetecía. Aquí realmente somos una familia muy compenetrada, casi vivimos juntos y salimos juntos. Tendría que pensarlo despacio pero yo de ti borraba a tus padres de esa lista.- Estaba determinado a que no viniese por alguna estúpida norma de las oportunidades y aún no sabía ni yo mismo que opción tomar.

-No necesitas pensarlo Amo. Cuando llegue me iré derecha a tu casa, me desnudaré en tu puerta y me quedaré hasta que me aceptes de nuevo. No tendrás otra opción, si después quieres castigarme como estás haciendo con Ana lo asumiré.-

-Esa acción no podrás hacerla. La policía te detendría por escándalo y a la cárcel.-

-Y en cuanto salga de nuevo lo haré Amo. Me pasaré el resto de mi vida entre la cárcel y desnuda en tu puerta, aunque me pongan órdenes de alejamiento, me da igual. Te pertenezco, lo sabes, soy tuya y tienes una responsabilidad conmigo.-

-¿Aunque el castigo sea como Ana que al final acabas como esclava de otra esclava, sin apenas verme?.-

-No, eso no puede ser Amo. Ana no llegó a ser tu esclava, pero yo sí, y no te rechacé, fue mi Amo quien se marchó. Estoy dispuesta a aceptar cualquier castigo pero seguiré siendo tu esclava. Ya sea en tu casa o en la puerta desnuda para que me vean todos tus vecinos.-

-Eso es chantaje, a tu propio Amo.-

-¿Ves Amo?, reconoces que eres mi Amo. No quiero seguir así la conversación, sabes que haré lo que sea para estar de vuelta, por favor no me rechaces. No pretendo chantajearte, lo que quiero decir es que mi determinación es férrea. Nunca dejé de ser tu esclava y quiero mi puesto a tus pies para servirte como creas conveniente. Te lo ruego Amo.-

-Lo único que puedo ofrecerte ahora es la promesa de que lo pensaré.-

-Gracias Amo, eso me sirve. Te conozco y se que no dejarás abandonada a tu esclava.-

Intercambiamos cuatro palabras más y colgué. Tenía la cabeza hecha un lio, realmente quería tener de nuevo a Sara pero estaba seguro que eso trastocaría toda la familia. Sabiendo como es, ocuparía el lugar de Isabel en cuanto a jerarquía y para organizarlo todo. Y no es que lo hiciera ella, es que lo haría yo, la pondría al frente de la familia y a saber como acabaría todo con mis chicas.

Preferí aparcarlo y comentarlo con María que se había convertido en mi confidente.

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