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Dominaciónnov 2024

Mi vecina me domina (2)

Carmen no es solo tu vecina; es tu dueña. Y hoy ha decidido que la limpieza de su casa incluye más que escobas: incluye tu boca, tus rodillas y tu sumisión absoluta.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Así pasé la tarde, excitado y dándole vueltas en mi cabeza a todo lo ocurrido. Llegó la noche y antes de acostarme me asomé para ver su casa desde mi terraza. Estaba iluminado el salón y eso hizo que imaginara hasta donde podía llegar esto con mi vecina. Mientras lo hacía, sentado en mi sillón, mi polla reaccionó y no pude controlarme haciéndome una paja mientras me imaginaba sentado en el suelo y a sus pies.

Llegó la mañana y sobre las nueve salí de casa para dirigirme a la suya. Llame al interfono para que me abriera la puerta.

Hola, mi madre está en el baño, ahora sale. Pasa a la cocina y siéntate. No tardará. ¿Has venido para seguir limpiando la casa?

Sí claro.

Te lo pregunto porque a mi madre ya no le duele nada y puede hacerlo ella.

Bueno, no me ha dicho nada.

Lo imaginaba, es una gandula y hará lo que tenga que hacer para que le sigas haciendo la limpieza. Por cierto dejaste mi habitación muy bien, me gustas. Si no te contrata mi madre lo haré yo. Ja, ja, ja.

Hola Juan, ¿quieres un café?

Sí claro.

Hoy estaba bellísima. Se había maquillado y se había puesto un vestido de estar por casa muy ajustado que solo alcanzaba por encima de la rodilla. Si ya estaba yo excitado al verla no supe cómo contenerme y lanzarme a sus pies.

Bueno yo me marcho, espero que a la vuelta esté la casa totalmente limpia.

¡Sara!

Para eso ha venido, ¿no?

No le hagas caso, por favor.

No te preocupes si he venido es por ti únicamente.

Gracias, no sabes cómo te lo agradezco. ¿Un cigarrillo?

Si claro. Y, ¿Cómo te encuentras hoy?. Me ha dicho tu hija que ya se te ha pasado el dolor ese de espalda que tanto te agobiaba.

Mucho mejor.

Nos tomamos el café y fumamos el cigarrillo mientras me decía lo que íbamos a hacer ese día. Mientras charlábamos no dejaba de mirarla deteniéndome en sus pies que se había descalzado.

Te veo como muy abstraído, ¿te ocurre algo?

No, perdona. ¿Me decías lo que íbamos a hacer hoy? Aunque veo que antes fregaré todo lo que hay en el fregadero.

Déjalo, ya lo haré yo luego.

La miré sentada en la silla fumándose el cigarrillo. Había cruzado sus piernas dejando ver sus piernas y sus muslos.

Ayer no me contestaste a lo que te pregunté.

No recuerdo a qué te refieres.

Si, a si eres fetichista de los pies.

Pues…….. pues……..

No te sonrojes, somos adultos. A mi me encanta caminar descalza por casa y sobre todo te he de confesar que cuando alguien toma mis pies y los besa me pone muy…… muy……

Si, a mi también me atraen los pies, besarlos y adorarlos.

Mira como los tengo de andar por casa, ¿te gustaría hacerles la limpieza hoy?

Me giré después de colocar lo que había fregado y me acerqué a ella. La miré fijamente y ella con la mano en la que tenía el cigarrillo me señaló el suelo. No pude contenerme y me arrodillé junto a ella, tomé uno de sus pies y lo bese una y otra vez para detenerme en cada uno de sus dedos chupándolo y lamiendo el espacio entre ellos. Cuando fui a coger su otro pie lo soltó y lo elevó a la altura de mi boca dejándome ver que estaba la planta aún sucia.

Creo que no has terminado aún.

Perdona.

Seguí con su pie que lo acerqué a mi boca y sacando mi lengua la fui pasando por su planta que estaba sucia de andar descalza por el suelo.

¿No te importa que esté sucia?

No, me gusta así para limpiártelo.

Uffffff, Juan me estás poniendo muy caliente. Sigue. Cuando termines quiero que te dediques al otro pie. No quiero que me dejes a medias.

Una de sus manos había levantado un poco el vestido y la había introducido por su braguita. Se estaba masturbando ante mi. Conforme pasaba mi lengua húmeda por sus pies sus gemidos fueron en aumento. No podía parar y seguí lamiendo sus pies cubriéndolos con mi saliva que después chupaba.

Ya, ya, para. No puedo más. Uffffff, que gustazo. Eres un perfecto lamedor.

Extrajo su mano de debajo del vestido enseñándome lo mojada que estaba.

Te voy a dar un premio por lo bien que lo has hecho.

Diciendo esto pasó sus dedos por mis labios mojándolos de su flujo para después ir metiendo en mi boca un dedo tras otro hasta dejar toda su mano dentro de ella. La chupe una y otra vez. Sabía una mezcla de agrio y dulce. Se encendió otro cigarrillo mientras me lanzaba una sonrisa.

Cada vez me gustas más. Seguro que me queda mucho por descubrir de ti. Ahora vamos a la habitación de mi hija.

Al entrar estaba como el día anterior. Se puso unos guantes y cogiendo el salvaslip del suelo me lo acercó a mi boca.

Chúpalo, sé que te gustará. Te diré algo, cuando estés ante mí me gusta que estés arrodillado. ¿Te parece bien?

Sin llegar a contestarle me arrodillé y seguí chupando el salvaslip de su hija.

¿Ves como está el suelo? Seguramente que le ha bajado la regla. Creo que estás de suerte. Permanece arrodillado que vengo enseguida.

Se fue al baño y al volver me mostró lo que había ido a coger. Se sentó en el borde de la cama y me lo mostró. De su mano colgaba el hilo de un tampón rojizo que estaba, supuse empapado del flujo sanguinolento de su regla.

¿Te apetece, ve-ci-no?

Abrí mi boca y lo fue introduciendo en ella sin soltar el hilo de su mano.

Chúpalo bien que no lo volverás a tener nada más que una vez al mes.

Lo atrapé con mis labios y lo mordí con mis dientes estrujándolo y llenando mi boca de todo su flujo. Seguramente sería su primer día pues mi boca se llenó dejando caer hilos de sangre por la comisura de mi boca. Al cabo de un rato tiró del hilo y me lo dio para que lo tirara a la papelera.

¿Qué te ha gustado más, lo de hoy o el lamer el salvaslip ayer?

Todo me ha encantado, Carmen.

No me llames así, soy tu señora Carmen.

Si mi señora Carmen.

Ahora recoge su ropa, friegas el baño y le dejas limpia su habitación. Yo mientras me voy a fumarme un cigarrillo a la cocina. Cuando termines te presentas a mi. ¿Lo has entendido?

Si, mi señora Carmen.

Me quedé solo terminando la limpieza de la habitación. Me daban ganas de masturbarme pero no me atreví a hacerlo por si venía ella. Al terminar me presenté ante ella.

Ya está limpia su habitación.

Un sonoro y fuerte bofetón cruzó mi cara.

¿Cómo te he dicho que has de estar ante mi? y ¿como has de dirigirte?

Lo siento señora Carmen.

Me arrodillé ante ella que con sus manos ahora acariciaba mi cara.

Asi me gusta. No quiero tener que repetirte las cosas, ¿lo has entendido?

Si, mi señora Carmen.

Bien, ahora dedícate a mi habitación.

Continúa en