Xtories

Tres soluciones

La reunión era confidencial, pero el precio era más alto de lo que imaginaba. Mientras su esposo trabajaba para darle un futuro, ella negociaba su cuerpo con el hombre que lo dirigía. Y cuando el destino lo trajo a casa, no encontró a su esposa sola.

Glenseg11K vistas6.2· 10 votos

TRES

Aquel día Glen, debía quedarse trabajando hasta tarde, como había tenido que hacerlo algunas noches en las últimas semanas, con la esperanza de lograr aquel ascenso que le había prometido su jefe, Santiago, en la empresa de arte cerámico donde trabajaban. Esa propuesta comercial debía estar lista, en el escritorio de él a 1ra hora, para que pueda revisarla y pasarla a los socios, para promover su ascenso, conforme Santiago en persona, amigablemente le había solicitado ese mediodía..

Esa tarde cuando Santiago, el jefe de su esposo le había llamado a decir que Glen, su marido, tenía que trabajar hasta tarde y que él quería aprovechar este espacio para pasar por su casa por que debía conversar con ella un asunto confidencial con respecto al ascenso de su esposo.

Andrea aceptó de inmediato, con la mejor disposición, sin imaginar en ningún momento que la reunión tomaría este giro. Siempre le atrajo Santiago, tenía cierto magnetismo sobre ella, por lo que esa tarde quiso sentirse sexy y se arregló meticulosamente, con cuidado seleccionó todo su atuendo. Era una mujer prudente y recatada pero quería, por su propio bienestar, sentirse atractiva.

Alagada por ser considerada como parte de la decisión, de la mejor manera se ofreció a colaborar en lo que fuera necesario. Le esperaría puntual a la hora señalada, sin ni siquiera imaginar que la reunión tomaría este giro, cayendo en ella toda la responsabilidad….

Esa noche, Concluyendo su exposición y en su empeño de convencerla, Santiago dijo…

Entonces de esto se trata mi adorable señora, Es una situación de ganar, ganar.

Una conversación que le demandaba mucha sagacidad y astucia, explotando al máximo su inteligencia y capacidades de vendedor.

Envolviendo con sus argumentos a la dama, expresó:

En ocasiones ceder y aceptar las ofertas, es lo mejor.

En el mundo de los negocios hay que invertir para ganar, con tu anuencia en esta ocasión, ganaríamos todos.

¡Se trata de aprovechar las oportunidades únicas que se presentan por una sola vez! y cuando lo haces, en gran parte de las veces, se gana.

Considero que esta es la oportunidad de Glen, con tu apoyo seguro que lo logra, pero la desición es tuya, mi querida Andrea…

Ella pronto entendió que aquel ascenso, que era tan importante para su esposo, y bueno para el bienestar material de la familia, dependía de lo que ella hiciera o permitiera que le hagan esa noche.

Andrea, por su parte, sabía que cuando su marido se quedaba trabajando hasta tarde, llegaba a casa agotado, se duchaba rápido y caía rendido en la cama. Era la rutina perfecta para ocultar lo que estaba a punto de ocurrir, por primera vez entre Santiago y ella.

Andrea es una mujer hermosa, con su metro sesenta y nueve de estatura, unos preciosos ojos grises difíciles de encontrar en otra mujer, delgada, de unos 52kg. Con una cara angelical y unos voluptuosos labios sensuales, muy provocativos. Sus deliciosos pechos, firmes y bellamente moldeados, destacaban de una manera muy sensual, talla 34, redondos, con pezones grandes y rosados muy apetitosos, que se paran fácilmente. Tiene un culito impresionante, muy bien formado, de dimensiones perfectas, redondo, pero a la vez durito y levantado. Realmente ella es una de esas hembras que llama la atención. Su sensual presencia, y sus torneadas y largas piernas trabajadas en el ballet, le complementan como una sexy y muy rica mujer con su escultural figura que atrae miradas seductoras, permite afirmar que a sus 40 años se encuentra en su mejor momento.

Desnuda es una obra de arte que provoca acariciar, muy bien cuidada y delicada, hace sentir su presencia, atrae la atención y se nota como muchos hombres la miran con deseo.

Santiago, Siempre le atrajo, tenía cierto magnetismo sobre ella, a diferncia de Glen que era delgado y atlético, de 1,70 de estatura, este era un hombre corpulento, más grande, velludo, de 1.80 m, bronceado, robusto, con un cuerpo, muy bien cuidado por que era devoto del gimnasio.

Buscando una respuesta favorable, lentamente se le acercó hasta rozar con su pecho sus pezones, y respirándole en su oído le susurró: Discúlpame si soy grosero, hermosa Andrea, pero tienes un culo delicioso, bello, grande y bien formado, tus tetas son esculturales y cómo me provocan tus sensuales labios…. A veces al hablar con tu esposo en la oficina, pienso en ti y con poder tirarte hasta hacerte llorar de placer.

Espero que hoy sea ese día.

¿Estás de acuerdo?

Los ojos de la fiel esposa brillaron con picardía y le respondió reflexiva…

- ¿el que sea la esposa de Glen y el hecho que él sea tú subordinado no te impide hacerme esas atrevidas proposiciones? Crees en verdad que tú y yo podamos tener alguna vez algún secreto común?

Santiago, que no era ningún tonto, que sabía muy bien a lo que había ido, conforme a su plan, a casa de Glen ese atardecer, tomó un respiro y con astucia respondió:

Como ya te expliqué hermosa, eso no tiene por qué ser un impedimento. Tú sabes, lo has sentido, lo sentiste en la fiesta de fin de año cuando con la excusa de alcanzarte las copas en el bar… Te arrimé la verga en tu culo, y al sentirme, me correspondiste, levantandolo y empujando en mi encuentro.

Entiendes las ganas que te tengo desde esa noche? Aunque debo confesarte que desde hace tiempo que tengo muchas ganas de echarte un buen polvo, quiero hacerte gozar, meterte mi verga hasta que llores de placer.

¡¡Sé cómo hacerlo!!

¡Puedes estar muy segura de ello.

Para todos sería ganar, ganar, tú acertada decisión.

Cuando terminó de decir esto, Andrea la abnegada esposa se quedó estática, ausente, abstraída recordando lo que sintió en aquella fiesta, esa dureza y tamaño, no eran posibles, aunque Santiago le haya afirmado lo contrario. Recordó cómo reaccionó instintivamente tratando de sentir al intruso. Dudó sobre el paso que estaba a punto de dar, pensó con ternura en la sonrisa de su amado Glen al contarles de su ascenso, pensó en ella misma, Santiago le excitaba, hacia que su lado libidinoso se despertara…. pero al sentir su mano agarrarle el culo, salió de sus cavilaciones, pensó en el tamaño que había sentido esa noche, hirvieron sus hormonas de hembra buscando un apareamiento, su mente se nubló, perdió el pudor, el recato y el control de la situación, con excitación se abalanzó sobre él, ofreciéndole sus labios, comenzaron a besarse y acariciarse.

Santiago le besaba y sobaba sus tetas sobre la ropa, sus manos recorrían el cuerpo de esa deliciosa fémina, que estaba a punto de convertirse en su hembra, su zorrita y en una esposa infiel, adúltera!. Firme y suavemente, él le recorrió el cuerpo con sus manos hasta que llegaron a acariciar sus hombros y una vez que las puso sobre estos, aprovechó, soltó los gafetes y le abrió el vestido, que se deslizó hasta su cintura. Con gran excitación comprobó que no llevaba brasier… Sus tetas estaban majestuosas -como había dicho, redondas y muy bien formadas -, sus pezones estaban completamente parados y duros demandando atención. Santiago se sorprendió, no esperaba que la recatada esposa estuviera preparada, y tan excitada. Continuó con mucho brío chupando esos deliciosos senos dejándose caer en el sofá.

Mientras Andrea y Santiago se encontraban en la sala, bajo la luz tenue de una lámpara, entregados a su pasión, ninguno de los dos notó el sonido suave de la puerta principal abriéndose. Glen había llegado pero sin hacer ningún sonido ni ruido. Gracias a su organización y gran capacidad de trabajo, había terminado más temprano la tarea que su jefe le dejó. Quizás por instinto o por alguna sospecha decidió no anunciar su llegada. Entró, pero de inmediato se detuvo en en la antesala de su propia casa, con el corazón latiendo fuertemente en el pecho. Desde donde estaba, podía ver la silueta de su esposa, envuelta en la sombra de otro hombre, besándose, entrelazados magreándose en el sofá que él mismo con tanto amor, había elegido para su hogar.

Glen Petrificado no entendía cómo el destino le había hecho llegar Justo a tiempo para comprobar y testificar desde un principio, como lo convertían en venado. Con sus ojos abiertos como platos, observaba atentamente como Santiago se comía las tetas de su querida esposa Andrea que comenzó a gemir y a decirle lo bien que lo hacía. Se los metía en la boca como si fueran un par de melones y los mamaba como un bebé esperando su leche. Andrea acarició su paquete y le dijo:

Papi…. ¿me la vas a dar?

Glen no podía creerlo. Su esposa, a la cual el consideraba casta y pura, ¿le estaba rogando a su jefe que se la cogiera?

Ahora me toca a mí, exclamó Andrea, luego le murmuró a su amante, te voy a hacer la mejor mamada de tu vida, te voy a hacer vibrar como jamás te habrán hecho!

Nunca pensé que fueras tan caliente y deshinibida… Me encantas!

Parece que no eres tan inocente como tu querido Esposíto cree - estoy creyendo que eres midió putica….exclamó Santiago -.

Eres toda una perra en celo.

¡La mujer ideal, dama en la sala y una gran puta en la cama!

Andrea se agachó y le bajó la cremallera. Mientras le decía. Aprovecha…

¡Que Por hoy y solo por hoy soy TU puta!!!….

Cuando la señora metió la mano dentro del pantalón de Santiago y agarró su verga se dio cuenta de la verdad. Todo lo que él hablaba de su verga no eran mentiras.

El pene de su esposo era apenas la mitad de grueso que esta, y de todas las vergas que ella había conocido, la verga de Glen es un poquito más grande que una de tamaño normal.

La cara de Andrea reflejó lo que sentía, la miró con una carita de puta arrecha y le dijo a Santiago:

Santi,¡Es la verga más grande que he visto…. Mmm, que rico como se siente, hummmm. Larga y que gruesa!!!, mi mano no alcanza a rodearla.

Te ruego, dame verga, no puedo esperar para tenerla dentro, estoy empapada.! Que ricura! Quiero sentirla llenándome mi panochita….

Esos mas de 25 centímetros de largo por casi 6 de diámetro de tersa carne viva y caliente, dura, venosa, coronada con una cabeza bermeja en forma de hongo con un gran ojo, que se erguía sobre un escroto rugoso, suave y peludo que colgaba debajo resaltando dos grandes huevos gemelos, que prometían mucho gozo…

¡le habían convertido en una zorra caliente!

Había sucumbido ante ese ariete macizo de carne caliente, cabezón y de chulla ojo.

Su esposo nunca la había escuchado hablar así, parecía una puta. Miró a Santiago con una cara de excitación que nunca se había visto en ella. Esto causó un escalofrío en Glen…

Andrea habló de nuevo: - Sabes que he fantaseado con este momento. Pero No sabía cómo hacerlo realidad, nunca le he sido infiel, pero desde esa noche de la fiesta, después de sentirte, mi atracción por ti se volvió superior a mi pudor. Quiero... Cuando Andrea estaba hablando, Santiago la interrumpió, le agarró la cabeza y le metió la verga en la boca y le dijo: -

Mejor Cállate y mámame, que he venido esperando esto desde hace mucho. No quiero perder tiempo. No ves que si nos demoramos puede llegar tu marido y cortarnos la fiesta.

Ella no dudó y se la metió entera. La movía dentro de su boca como si fuera un caramelo. Conforme la verga de Santiago iba creciendo, se le salía cada vez más, hasta que quedó totalmente dura y en el esplendor de su tamaño, con apenas la mitad del glande metido en su boca. una verga así, de ese grosor y tamaño excitaría a muchas mujeres y sobre todo a tu mujer estimado lector.

Andrea estaba transformada en una gata en celo. Se sobaba los senos, se pellizcaba sus pezones y pasaba la mano constantemente por su pubis denotando lo que quería. Cuando la verga del jefe estuvo completamente dura y sin posibilidad de crecer más, la acercó a sus tetas, la puso entre las dos y le hizo una cubana. Movía sus tetas de arriba abajo y, cuando podía se la chupaba.

Eso nunca se lo había hecho a él, su esposo y este al verlo se excitó aún más. Ya se encontraba con la verga al máximo de erecta por la excitación que esta escena le causaba.

En la sala, Santiago comenzó a resoplar, a hablar duro y a decirle a Andrea lo buena que estaba. En eso, denotó que alcanzaba su clímax, al máximo de excitación comenzó a gritarle a Andrea pidiéndole que confiese que es una puta, una gran puta, la mas puta de todas, y que nadie, nunca, le había culiado como lo estaba haciendo él. Andrea replicada: Siii, Sii, si soy!!!, y saboreando ya sus líquidos preseminales comprendio la inminente corrida de Santiago y se metió la verga, lo más que pudo en la boca.

Los gemidos de él denunciaban como se corría en la boca de Andrea que solo chupaba y tragaba. Un hilo blanquecino de espeso liquido chorreaba por la comisura de sus labios sobre sus tetas…

Tomaron aliento por un momento, no había pasado ni siquiera un minuto cuando Santiago se volvió a la carga esta vez se dirigió a su vagina. Fue bajando por sus senos, besando, lamiendo y acariciando hasta llegar a dónde quería. Con ayuda de Andrea, se deshicieron del vestido y ella se quedó solamente en un pequeño tanga rosa que apenas tapaba su elegantemente depilada y caliente vagina.

Glen, en su mente se preguntaba si Andrea también se había preparado para este encuentro… por el detallado recorte de su bello pubico y sus cuidadosamente escogidas sensuales bragas rosa que se veían empapadas de los fluidos que lubricaban su ardiente y deseoso sexo. Su sorprendido y adornado esposo nunca la había visto tan arrecha.

Santiago la agarró por el culo y comenzó a chupar la vagina de Andrea, primero en círculos, dando vueltas alrededor de los labios de esta, para que ella se excitara más. Cuando Andrea no soportaba más, fue directamente a su vagina, mordiéndosela para que mezclara su excitación con un poco de dolor. Andrea gritaba y pedía más. Él comenzó a lamerla con mucha pasión, le culeaba con su larga lengua que entraba y salía entre sus labios vaginales como si fuera un pene.

Santiago se acomodó y se acostó debajo de la caliente mujer, poniéndole la verga en la cara, mientras seguía con su boca lamiendo y chupando su jugosa vagina. Estaban haciendo un 69 en el piso de la sala que el mismo había aspirado y abrillantado la noche anterior.

Mientras esto sucedía, Glen seguía mirando, una excitación tremenda ya casi no le cabía en el pantalón.

Santiago se movía como si se la estuviese culiando. En pocas palabras, se la estaba culiando por la boca.

Andrea gemía de placer.

Santiago, al parecer, encontró su punto G, mordisqueando su clítoris, la llevó a un intenso orgasmo, gritando y gimiendo escandalosamente.

En ese momento con una sensual voz de zorrita, le pidió a Santiago que se la culeara.

Culéame, culéame..., por favor, méteme tu vergota, te quiero dentro de mí, quiero que me perfores hasta el fondo y me cumplas lo que me prometiste, de empotrarme tu verga, como Nadie jamás lo ha hecho.

¡Conviérteme en tu puta!!!

¡Ahí estaba! La mujer que Glen amaba entregada a su jefe. Pensó en interrumpir, pues no podía ni siquiera pensar en ver a su mujer siendo penetrada por otro, pero su verga parada al máximo, no le permitía.

Glen no creía los que sus oídos estaban escuchando. Su señora le rogaba a otro hombre que le meta la verga, que la posea, que le llene de leche poniendo con esto una gran cornamenta a su amante esposo.

Sus celos no podían más. Quería entrar, matar a Santiago y rescatar a su mujercita, llevarla fuera de ahí y salvaguardar su castidad de esposa honesta, pero no podía, estaba hipnotizado, no podía dejar de mirar y muy excitado conocer este lado pervertido y tremendamente sexual de su pareja. De las consecuencias de esta aventura dependía todo. En su delante se desarrollaban unos sucesos de importancia suprema en su vida.

Santiago sacó un preservativo y, cuando iba a abrirlo, Andrea se lo quitó, lo cogió y lo botó.

Le dijo: - Te quiero bien adentro de mí y te quiero sentir completo... quiero tu leche!

Cuando Santiago escuchó las palabras de Andrea, su pene dio un respingo y sus ojos brillaron diabólicamente, le ordenó que se pusiera en cuatro patas, que mientras le cogía, quería ver bien ese culo que tanto había deseado. Andrea se apuró en obedecer y ponerse como su ocasional macho le demandaba, con su culo paradito, en pompa, patiabierta, entregándose, Glen, nunca la había visto tan arrecha.

Andrea soltó otro par de palabras: - Culéame, por favor, dame tu verga, mi rey. Necesito que me abras mi conejito, que me la metas hasta el fondo y que con tu leche, me conviertas en tu putita, que me hagas tuya. Quiero sentirte, No puedo esperar más...

En ese momento, Santiago la penetró fuertemente por su estrecha concha, forzando una dilatación extraordinaria de sus labios y paredes vaginales que jamás habían recibido un visitante de semejante tamaño. Al sentirlo Andrea soltó un gemido que pudo haber sido escuchado desde muy lejos. Santiago, al escucharla se excitó más y siguió clavándola y dándole caña con más fuerza. Le metía la verga y se la sacaba, con la gracia de un experto. La esposa de Glen no daba más, parecía que la garganta se le iba a salir, él sólo la había escuchado gritar así cuando se peleaban. En medio de expresiones guturales y palabras inentendibles, gemía, gritaba y balbuceaba, diciéndole a Santiago:

Papi, Papi, me estas matando de gusto, que rico!, que delicia, dame duro!., Parecía una tigresa, una puta de película porno, recibiendo en 4 patas, la arremetida del macho que la gozaba sobre el ya desvencijado sofá que se arremecía y crujía al igual que su matrimonio.

Santiago siguió penetrándola, pero esta vez con mucho más fuerza y rapidez. Su pelvis se estrellaba en cada estocada, contra el terso y carnoso culo de Andrea, que actuaba como un amortiguador, cada entrada de su verga emitía un sonido de aire que salía soplando sobre los líquidos que de su chucha se derramaban. Utilizaba sus manos para sobar las nalgas y pellizcar los senos de Andrea. A partir de ese momento Andrea tuvo múltiples orgasmos durante los largos minutos que le estuvo metiendo y sacando su latiente y tiesa verga en esa posición, hasta que Andrea le dijo que lo queríamontar para sentirlo a su gusto..

Déjame montarte, necesito gozar de tu verga papi, por favor….

Santiago quería complacerla, y para que ella se diera su gusto, se acostó boca arriba en el ahora maltrecho y patiabierto, al igual que su dueña, sofá de la sala del matrimonio. Su verga estaba más parada y grande que cualquier otra que los esposos hubieran visto, la de Glen también, ambas apuntaban al techo y se les notaba a punto de explotar. Andrea se trepó encima del jefe de su marido y acomodó su mojado y dilatado sexo sobre su verga. La recién abierta panocha de la señora de la casa, con sus inflamados y enrojecidos labios vaginales, mojada derramando jugos de la cogida en 4 y sus múltiples orgasmos. Recibió La primera penetración en esta otra posición, dilatándose y abriéndose con ese tamaño de verga, provocando una muy sentida invasión, muy eróticamente expresada por Andrea gimiendo como si le hubieran clavado un puñal en la chucha. Uno de caramelo pero, por el gusto que expresaba con su contorneos y entonación de sus gemidos y exclamaciones. Ella estaba sentada de forma que sus tetas quedaban a la altura de la cara de Santiago. Andrea empezó a cabalgarlo con maestría, se mostraba como una experta en la materia, sus tetas se movían de arriba abajo como un par de globos y las manos de Santiago recorrían su cuerpo de esposa infiel. En un encuentro medio violento por lo duro que se impactaban sus cuerpos con los sinuosos movimientos de ella, tuvieron un orgasmo si multaneo, en medio de esta corrida, se movían como si estuvieran amarrados y se quisieran soltar el uno del otro. El semen del jefe del recién coronado inundaba la insaciable y hambrienta vagina de su amada esposa, consumando el pecado, mezclándose este con los jugos que de ella manaban por los pocos espacios libres que dejaba ese pene, en su apretada vaina, esparciéndose sobre los testículos de Santiago, mojando y arruinando el sofá y formando una película lubricante entre el sexo de ambos. Para sorpresa de Glen, Santiago no paró y con ayuda de ella le dio vuelta y la puso en la posición del misionero y siguió moviéndose, pellizcando, apretando, acariciando, mordiendo y besando a una desmadejada Andrea que en medio de su éxtasis se entregaba a plenitud a su macho culeador, dando encuentro con sus caderas a cada embestida que él le daba, gozando de como se embute en su concha la verga del hombre que la estaba poseyendo, en cada arremetida, sentía como estos acontecimientos le estaba transformando como ser humano, nunca la habían zarandeado así, sentía como esa culeada le cambiaba sus valores y la vida misma a vergazos. Descubriendo cómo dentro de ella surgía una mujer caliente, sin barreras que quería gozar del sexo, una vez que estaba descubriendo sublimes sensaciones nuevas y prohibidas, al gozar de esa manera de una verga que no era la de su esposo en un comportamiento pecaminoso y promiscuo, inadmisible para una señora casada, pero supremamente satisfactorio y lleno de vida para la nueva y caliente que hembra que brotaba en ella.

Después de algunos minutos de darle golpes de cadera, Santiago dijo que ya no soportaba más y que se iba a correr nuevamente se tensó y se la calzó hasta los huevos y descargó en su matriz., después siguieron en el magreo, besuqueo con mucho morbo siguieron haciéndolo en distintas posees, hasta Santiago se corrió nuevamente, dando creencia a su reputación de semental de la que el mismo se vanagloriaba

Mientras se la chupaba buscando que la penetrara una vez más, Andrea le dijo a Santiago:- Quiero garantizar el ascenso de Glen, si me lo prometes, te permito que me rompas el culo... ¡Por ahí soy totalmente virgen! ¿Quieres ser el macho que me desvirgue por ahí? ¿Quieres dejarme marcada de por vida??

A Santiago se le paró en un segundo y le dijo a la mujercita que se recostara boca abajo patiabierta en el ya destartalado sofá también patiabierta al igual que ella.

Andrea obedeció y se acomodó Santiago le paso vaselina por el culo para que estuviera bien lubricado, pues como se lo dijo nunca lo había hecho por ahí, y peor con una verga de tales proporciones. Cuando estuvo bien lubricado, se recostó sobre ella, puso una mano en sus senos y, con la otra, cogió el pelo de Andrea y la agarró como si fuera un caballo.

Fue evidente que la penetró, porque Andrea al dilatarse sus caderas soltó un grito de dolor mezclado con placer certificando que el tolete le había entrado, y se había alojado en su recto. Su culito se rompió y ahora su virginidad anal le pertenecía a Santiago. En medio del dolor de su culo. Se entristeció al haberle robado ese preciado bien a su esposo, pero era el precio de su ascenso, El escozor comenzó a convertirse en éxtasis sexual sentía con placer al grueso visitante como entraba y salía y que la quemazón de su ano, se convertía en un gusto indescriptible y el dulce y excitante dolor de sus caderas dilatandose por las dimensiones de la verga que su nuevo y encantador macho sobredótado le estaba empotrando; la iba llevando a un clímax que estallo en un orgasmo que casi el deja sin conocimiento al sentir la verga estallar en su interior y como sus intestinos se llenaban de una gran cantidad de caliente semen que le quemaba por dentro y le causaba múltiples espasmos orgásmicos…Así quedaron por un momento enlazados con el pene vaciándose adentro de ella, su hambrieno culo le succionaba y exprimía, sacándole hasta la última gota y sintiendo en su interior el éxtasis de su pecado…

Para Glen la furia, el dolor de la traición se mezclaron en un solo grito ahogado que no salió de su garganta. En lugar de eso, entró a la sala en completo silencio…Andrea levantó la vista y lo vio allí, parado, con una expresión que no había visto antes. Santiago, sintió el cambio de energía y se giró, encontrándose con la mirada fría e impasible de Glen. No hubo palabras al principio. Solo una tensa quietud, una especie de calma antes de la tormenta. Glen se acercó lentamente, con una especie de calma controlada que aterrorizó a Andrea.

Santiago intentó levantarse, pero Glen hizo un gesto con la mano, indicándole que no lo hiciera.

¿Así que esto es lo que has estado haciendo Andrea mientras yo trabajaba para nosotros? --la voz de Glen era baja, cargada de una amargura que había estado acumulándose durante el tiempo que duró el encuentro sexual. Andrea, con la cara desencajada por la sorpresa y el miedo, intentó articular una respuesta, pero las palabras no llegaron. Santiago, en cambio, comenzó con lo a disculparse, a balbucear algo sobre un error y sobre cómo todo se había salido de control. Glen los miró a ambos, con una expresión que mezclaba el dolor con una extraña resignación.--No hace falta que digas nada, Santiago.

Glen en ese momento, comprendió que, si iba a enfrentar esta situación, no podía hacerlo con la violencia o el rencor. Tenía que hacerlo entendiendo, sintiendo y en última instancia, decidiendo qué camino seguir. finalmente rompió el silencio con una frialdad que heló la sangre de ambos--. Ya sabía cómo la estabas buscando, solo quería ver hasta dónde llegarías.

El silencio envolvió nuevamente la habitación. Andrea se tapó la cara con las manos, sollozando. Glen dio un paso más, quedando frente a ella, y con una voz apenas audible, añadió: --Ahora dime, Andrea...

¿valió la pena humillarme al engullirte por todos tus agujeros la verga de mi jefe!!?

Glen se quedó quieto, observando cómo Andrea temblaba bajo su mirada. Pero algo cambió en sus ojos, como si la furia que lo había mantenido al borde de un abismo se desvaneciera en un instante. Lentamente, se acercó al sofá donde estaban ella y Santiago. La tensión en la habitación era tan densa que apenas se podía respirar. Santiago, aún sin saber cómo reaccionar, se quedó quieto, esperando lo peor. Pero Glen hizo algo que ninguno de los dos esperaba. Se inclinó hacia Andrea y, con una voz baja y sorprendentemente suave, le susurró: --

Siempre quise saber cómo te sentías realmente... pero no me atreví a preguntar.

¡¡¡Nunca me imaginé que en casa tenía una zorra insatisfecha!!!

Andrea levantó la vista, encontrando los ojos de Glen llenos de una mezcla de dolor y algo más que no podía identificar. Santiago, confundido, observaba en silencio, sin atreverse a mover. Glen, sin apartar la mirada de su esposa, se sentó en el borde del sofá, tan cerca de ellos que podía sentir el calor de sus cuerpos.

--Quiero entender --dijo Glen, mientras su mano, temblorosa, se extendía hacia el rostro de Andrea, acariciando su mejilla con una ternura que contrastaba con la situación--. Quiero saber por qué elegiste esto.

Andrea, todavía en shock por lo que estaba ocurriendo, trató de hablar, pero las palabras no salían.

Glen, sin embargo, no se detuvo. Su mano descendió lentamente por el cuello de Andrea, acariciando su piel con una familiaridad que hacía que Santiago se sintiera un intruso.

Pero lo más desconcertante fue lo que vino después.

--Santiago... --la voz de Glen sonaba extrañamente calmada--, sé que esto no fue solo culpa tuya. También soy responsable de lo que ha pasado. Tal vez si hubiera estado más presente, si hubiera hecho las cosas de manera diferente...Santiago intentó interrumpirlo, pero Glen lo silenció con un gesto. Luego, sin decir nada más, Glen hizo algo que dejó a ambos boquiabiertos:

se inclinó hacia Andrea y la besó, en un gesto cargado de emociones contradictorias. No era solo un beso; era una descarga de todo lo que Glen había estado sintiendo durante todo el coito. Rabia, tristeza, deseo, todo mezclado en un solo acto que le hizo mojar a ella y le levantó la verga a Santiago.

Cuando Glen se apartó, dejó que el silencio volviera a llenar el espacio. Su mirada recorrió a ambos, buscando en sus ojos alguna respuesta, alguna señal de que todo esto tenía un sentido.

--Si este es el camino que has elegido, Andrea, quiero entenderlo --dijo Glen finalmente, dirigiéndose a su esposa--Pero no quiero que esto sea solo una cruel traición.

Si esto es lo que quieres, si Santiago es lo que deseas... entonces compartiremos todo.

Andrea se quedó sin palabras, atrapada entre el shock y la confusión.

Santiago, aún aturdido, miró a Glen, tratando de descifrar sus intenciones.

Glen se recostó en el sofá, entre ambos, y sin perder esa extraña calma, susurró:

--Si vamos a hacerlo... lo haremos juntos. Glen, aún recostado entre ambos, dejó que sus ojos recorrieran la figura de Santiago con detenimiento. Era imposible no notar la fuerza de su presencia, algo que había pasado desapercibido para Glen hasta ese momento, cegado por la rutina y la confianza en su matrimonio. Pero ahora, todo era distinto. El cuerpo de Santiago, fuerte y viril, se erguía frente a él, y lo que más destacaba era su grueso y grande pene. Una evidencia física que explicaba parte de la atracción que Andrea sentía hacia él. Andrea, aún paralizada por la situación, notó cómo la mirada de Glen se fijaba en Santiago y, por un momento, sintió una extraña mezcla de vergüenza y deseo.

Glen, en lugar de apartar la vista, la sostuvo, como si estuviera tratando de comprender por qué ese hombre había capturado la atención de su esposa de una manera tan intensa. Santiago, incómodo bajo la mirada penetrante de Glen, se movió ligeramente, pero Glen lo detuvo colocando una mano en su muslo, firme pero sin ser agresivo. Era un gesto cargado de intención, como si Glen estuviera marcando un territorio o, tal vez, tratando de explorar uno nuevo.

--Es evidente por qué lo elegiste --murmuró Glen, sin apartar la mirada--.

Pero aún quiero saber qué es lo que encontraste en él que yo no pude darte.

Su verga, murmuró quedamente Andrea….

La habitación se quedó nuevamente en silencio, pero no era un silencio vacío. Era un silencio cómplice, lleno de posibilidades, de preguntas sin responder y de una tensión que crecía con cada segundo.

Andrea, atrapada entre dos hombres, se dio cuenta de que la noche había tomado un rumbo inesperado, uno que no sabía cómo manejar.

Glen, por su parte, sentía una mezcla de curiosidad, celos y algo más oscuro, una emoción que no había experimentado antes y que no sabía cómo definir, Glen comenzó a explorar lo que había frente a él, dejando que su mente y su cuerpo lo guiaran hacia un desenlace que todavía no podía prever.

Glen, aún sentado entre Andrea y Santiago, no podía evitar que sus ojos recorrieran el cuerpo de su esposa con una mezcla de familiaridad y una nueva sensación de descubrimiento. Era como si después de haberla gozado otro hombre, no reconociera a la mujer que tantas veces fue suya.

Su pene se puso duro nuevamente, a pesar de haberse corrido en su pantalón. Andrea lo notó.

Estiró su mano y lo acarició, comprobando su sospecha. Como buena esposa con toda sumisión, se puso en cuclillas y sacó el pantalón y el mojado calzoncillo de su esposo. El pene de Glen quedó expuesto en su máximo esplendor, no podía estar más grueso y erecto. Sus venas sobresalían como si fueran a estallar. Embarrado en el semen de su propia corrida en sus calzoncillos mientras veía a los amantes.

Con sumisión Andrea comenzó a lamerlo y limpiarlo, causando a su esposo los espasmos previos a la eyaculación. Al ver la mirada fría pero extremadamente excitada de Glen, Andrea muy mimosa se atrevió y le propuso….

¿¿Quieres metérmela en mi culito dilatado y lleno de leche??

Glen no dudó, le puso en cuatro y se la metió…

La verga de Glen con sus casi 20 centímetros entró sin ningún esfuerzo, el culo de Andrea estaba tan dilatado y lubricado por la leche de Santiago, que hubieran entrado dos vergas simultáneamente sin ningún esfuerzo.

Glen llegó hasta el fondo, sus huevos chocaron con los mojados y dilatados labios vaginales de su compañera.

Bombeo unas cuantas ocasiones, pero el culo de su querida esposa, que él no conoció antes no le apretaba su miembro, por más que ella comprimía su dilatado esfínter, su culito estaba roto, la holgura era mucho más amplia que el diámetro de su pene…. Andrea en cuatro en el testigo y maltratado sofá, recibía a sin inmutarse la enculada de su esposo, estaba excitada, pero casi no lo sentía y estaba en estas actividades cuando vio que la verga de Santiago se levantaba, no lo pensó, ni hubo duda alguna, estiró su mano y se lo llevó a la boca…Así se encontraba la fiel esposa, nuevamente excitada y enculada, con una verga en la boca y otra en el culo, dos machos dándole placer y ella con todo dilatado y adolorido queriendo más guerra. Santiago ese día había sacado a flote su lado caliente. Estaba convirtiéndose en una puta insaciable que solo quería verga…Glen tratando de sentir una mayor fricción resolvió cambiar de agujero, se acostó en el maltrecho sofá e invitó a su dilatada esposa a que lo montara, ella así lo hizo, se subió sobre él, lo besó, su boca tenía un intenso sabor a verga y a leche de macho, Se acomodó y lentamente se deslizó sobre la verga de Glen. Está entró como un cuchillo caliente en mantequilla. Patinaba en la leche de Santiago y a pesar de lo colorados e inflamados que tenía Andrea, sus labios, su vagina se sentía grande, floja y holgada, ya no apretaba su verga como antes. El olor a puta que tenía su conyuge lo excitaba sobremanera, aunque la falta de roce no le permitía correrse, se sentía como vagina de prostituta, oliendo a leche, floja, pero muy bien movida y meneada como una auténtica profesional.

Con decepción pensó que el sexo con Andrea no volvería a ser igual mientras que trataba de ver lo que hacía su esposa….

Andrea paró de moverse un momento, Glen abrió los ojos y se encontró con Santiago pegado por detrás a Andrea.

Al momento siguiente sintió cómo se comprimía todo adentro de su esposa, y la gran presión que las paredes vaginales ejercían sobre su pene, mientras la verga de Santiago le penetraba y se deslizaba lubricada por la leche hasta lo más profundo del culo de su amada. Sintió los huevos de Santiago pegarse contra los suyos. La sensación de su escroto suave y rugoso le causó un escalofrío, comenzaron a moverse los tres generando un nivel de roce tan elevado, que sumado a la excitación de lo que estaban viviendo, les provocó un apoteósico orgasmo simultáneo que los dejó semi inconscientes tendidos en el piso…

Con una voz risueña Andrea manifestó…

Hoy me he ganado tu ascenso amor mío.

Espero que puedas apreciar lo buena esposa que soy

…Los tres juntos rieron…

A pedido de ella y para deleite de Glen, que ya disfrutaba de este encuentro de manera relajada, antes de marcharse Santiago le pegó a nuestra querida Andrea una última culiada.

Ella lo recibía en su ardiente panocha, desde atrás, acostados de lado en la cama con la una pierna de ella levantada mientras miraba a su esposo de frente, expresando su placer intensamente besándolo y comiéndose su lengua al momento del orgasmo…. Y no contenta con eso, cuando Santiago estaba por eyacular, Andrea le pidió que se saliera y que se corriera en su cara, que quería llenarse de su leche…

Santiago se paró, apuntó su verga en dirección a la cara de Andrea y soltó sendos chorros de leche que impactaron directo en su rostro, cabello y boca. Glen, alucinado observaba a su adorada esposa, que parecía una puta. Sonreía dulce y pícaramente con la cara llena de la corrida de Santiago, que lenta goteaba sobre sus paradas tetas.

Había conseguido el dichoso ascenso para su querido Esposo.

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