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Mi novio me pidió que follara con su amigo (2/3)

Juan no solo quiere verla gozar, quiere ser el director de esa obra. Ana debe decidir si cruzar la línea de la infidelidad consentida y dejarse poseer por dos hombres a la vez, sabiendo que su cuerpo ya ha pedido más.

Mondieu110433K vistas8.8· 25 votos

Mi novio me pidió que follara con su amigo (2/3)

Este cuento formará parte de un nuevo libro, que será la precuela del libro de relatos eróticos que se encuentra publicado en Amazon, titulado “Historia de Ana. Doctora y algo más”

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Vamos al relato:

Durante los días siguientes al sábado, que a instancias de mi novio Juan, había follado con Luis, repasaba mentalmente, una y otra vez, lo ocurrido.

Mi novio quiso demostrar a sus amigos, que era el macho alfa, y que con su hembra, que era yo, podía hacer lo que deseara.

Yo intentaba creer que me había dejado follar por Luis porque simplemente lo permití; aunque la realidad fue, que las manos de mi novio, más la boca y la polla de Luis, me habían excitado tanto hasta hacerme perder el control, y dejar que me follara cualquiera, sin importar quien fuese.

Sin proponérmelo obtuve un beneficio, había conocido un amante con experiencia, delicado, atento, y como premio una espléndida y gloriosa polla.

Decidí dejar que mi novio pensara que era el dominante. Y con esos pensamientos llegó su invitación para cenar en su casa el jueves a la noche. Necesita hablar conmigo.

Juan había preparado la cena, y tomaba una copa de vino cuando llegué. Elegí cerveza sin alcohol. Quería estar lúcida, no sabía que podría ocurrir.

Terminada la cena, me llevó al sofá del living, y cuando estábamos allí, inició su conversación.

—Ana, el sábado anterior no actué en forma correcta.

Mantuve mi silencio esperando que continuara.

—Debía haberlo hablado y acordado previamente contigo. No fue la forma que me había imaginado ocurriera lo que finalmente pasó. Yo quería disfrutar sin limitaciones, avanzar en nuestra relación ingresando otras personas, pero de otra manera. Quería, previa aceptación de tu parte, compartirte con mis amigos, y participar ambos.

Continué en silencio.

—Luego me di cuenta que no estabas preparada, te dio vergüenza, y me pediste que saliera del dormitorio. Lo hice, y no logré participar contigo la experiencia, no pude ver que ocurrió. Lo que más deseaba, mirarte gozar con otro hombre, no pude verlo. No sé si disfrutaste, no sé si gozaste y llegaste al orgasmo, si te corriste. Se lo pregunté a Luis, y me contestó que él no hablaba de sus relaciones. Que te preguntara a ti.

Bien por Luis. Otro punto más a su favor. Decidí no emitir opinión.

—¿No tienes nada que decir?

—Te estoy escuchando Juan.

—¿Entiendes lo que te estoy diciendo?

—Dímelo concretamente.

— Mi intención es que podamos compartir nuestras relaciones con mis amigos, pero estando ambos involucrados. Quiero verte disfrutar con otro hombre, y con dos hombres a la vez, siendo yo uno de ellos.

Juan me estaba proponiendo tener un trío. Nunca lo había hecho. Alguna vez me imaginé tener dos pollas en mi interior. Yo era una mujer que había aprendido a disfrutar haciéndolo por atrás, y un trío era algo con lo que toda mujer, en algún momento de su vida, soñaba. Quizás estaba llegando mi hora.

—Juan, lo que me propones es un asunto delicado. Puede salir mal.

—Lo quiero hacer por nosotros, porque te quiero, me gusta verte gozar, y deseo mirarte mientras lo disfrutas.

—Juan si termina mal, podríamos arrepentirnos.

—Si ambos lo aceptamos, y luego lo disfrutamos, no tendríamos nada por lo que arrepentirnos. No lo sé, pero si disfrutaste cuando Luis te folló, podrías disfrutar de nuevo.

Vino a mi mente la enorme y majestuosa polla de Luis, y la forma en que me había follado en el dormitorio de mi novio. Una pulsión llegó a mi entrepierna.

—No estoy diciendo que acepte, sólo pregunto: ¿Lo haríamos con Luis nuevamente?

—No. Luis es un buen amigo, y será siempre reservado, y nadie se enterará de lo que ocurrió; pero no quisiera repetir. Podría enamorarse. Tú eres una mujer muy deseable. Mejor no reincidir con la misma persona.

—¿Con quién sería?

—Había pensado en Rodrigo. También es un buen amigo, y tan reservado como Luis.

Rodrigo, de los amigos de mi novio, era quien tenía el mejor físico. Alto, musculoso, jugador de básquet, y no se cortaba cuando tenía oportunidad de abrazarme o besarme.

—¿Ya has hablado con él? ¿Cómo lo haríamos? ¿Dónde lo haríamos?

—No he hablado con él. Estoy seguro que cuando se lo proponga aceptará encantado. Pensaba decírselo antes del próximo sábado. Tengo reservado un lugar vip en la discoteca, iremos los tres, bailaremos, beberemos, y luego vendremos a esta casa, donde te follaremos los dos, y tendrás los mejores orgasmos de tu vida.

Que Rodrigo aceptaría fascinado, no tenía dudas. Siempre, cuando podía rondaba alrededor de mí. Juan lo había planeado todo. Yo aún dudaba.

—Ana. Estoy seguro que te gustará. Disfrutarás de hacer un trío. Dime: ¿No te gustaría que te metieran una polla por el coño, y otra por el culo?

No contesté. Esas palabras de mi novio, provocaban que mi imaginación trajera imágenes de mi cuerpo, follado por delante y por atrás, y comenzaba a excitarme.

Juan metió su mano dentro de mis bragas, buscó mi vagina, y sintió la humedad que allí se había instalado.

—Estás mojada, te has excitado con sólo imaginarlo. Mírame. ¿Te gustará que te follemos por todos lados?

Juan tenía dos dedos dentro de mi vagina, los metía y sacaba, y al sacarlos refregaba mi clítoris, y no pude evitar soltar mi primer gemido.

—Ahhhh….Juan…Juan….

—Dímelo Ana. ¿Te gustará?

Hundía sus dedos, profundo y fuerte. Estaba próxima a correrme.

—Dímelo Ana.

—Ahhhh…. Si….siiii….ahhhh… me voy a correr…..

—Necesito que me lo digas, y dejaré que te corras.

—Ahhh….Diosss…… Si…si me gustará que me follen…..ahhhh….me gustará que me follen todos…..todos tus amigos……por todos lados………ahhhh….

Estaba dispuesta a decirle cualquier cosa, necesita calmar el ardor, las ansias por correrme.

Juan metió con fuerza sus dedos en mi vagina empapada, y mi orgasmo llegó, cerré mis piernas, apretando su mano dentro de mi coño, y me corrí gritando.

—Siii….me corro…..me corro…..siii…., fóllame…..fóllame toda por favor…

Juan mantuvo su mano en mi coño hasta que las contracciones y mis pulsaciones se calmaron. Luego las retiró despacio, acarició mi rostro, y dijo:

—Hoy no te follaré, lo haré el sábado junto con Rodrigo. Quiero que te pongas ese vestido negro. Me encanta como queda en tu cuerpo.

El sábado fui en metro desde mi casa hasta la suya, y allí me cambié de ropa. Al metro no podía subir con aquel vestido. Era de color negro, tela ligera, casi transparente, pequeño, tanto que su borde apenas tapaba mis nalgas, un escote de infarto, sólo con dos tirantes anudados a mi nuca, y espalda desnuda, por lo cual no podía llevar sostén. No era ajustado, y lo que no mostraba, lo traslucía. En resumen iría en bragas, y una pequeña prenda de tela que apenas me tapaba.

Rodrigo nos esperaba en la puerta de la discoteca, y al verme me devoró con sus ojos.

Fuimos directo a la vip, en la primera planta. Era similar al palco de un teatro, una puerta en la parte trasera, que podía cerrarse desde adentro garantizaba la privacidad, en el interior dos sofás enfrentados, cada uno para dos personas, y un balcón que daba al salón de baile. De pie podían vernos desde la pista de baile. En cambio, sentados, nadie nos vería.

Pedimos las bebidas, y elegí gin tonic. Necesitaba liberar la tensión que lo ocupaba todo, y casi terminé mi vaso en los primeros sorbos.

Juan nos hizo sentar a los tres en aquel sofá para dos, quedando apretada entre ambos. Mi vestido era tan corto que dejaba todos mis muslos a la vista, y si alguien estuviera sentado enfrente vería mis bragas.

Juan tomó una mano de Rodrigo y la puso sobre mi muslo diciendo: —Tiene unas piernas hermosas, y muslos firmes.

La mano del jugador de básquet, se apoyó en mi pierna, apretándola suavemente, nos miró a ambos y dijo:

—Aún no ha ocurrido nada. Estamos a tiempo de no hacerlo. Necesito que estén seguros. No quiero perder tu amistad Juan. Mañana te puedes arrepentir.

—Amigo, estamos seguros, ya lo he hablado con Ana. Yo quiero verla disfrutar con otro hombre, y ella quiere que la follemos por todos lados, los dos juntos.

Rodrigo se dirigió a mí, mirándome a los ojos, avanzó su mano por mi muslo hacia arriba, casi al borde de la falda, a escasos centímetros de mis bragas.

—Ana. ¿Estás segura? ¿Es lo que quieres?

Estaba nerviosa. Supongo que él lo notó, y retiró apenas su mano, volviendo a preguntar.

—¿Ana?

Tomé su mano, la arrastré más arriba, casi hasta mi entrepierna, y mirándolo contesté.

—Estoy segura. Quiero hacerlo. No me arrepentiré. No sé si Juan podrá soportarlo. Yo sí, quiero hacerlo con ambos, contigo y con Juan. También sé que luego no habrá marcha atrás. Sólo les pido que no me hagan daño.

Estaba todo dicho

Bajamos, y en la barra pidieron nuestras segundas bebidas, que también casi tragué en un sorbo, y me dirigí al centro de la pista, que estaba a rebosar.

Cuando llegaron a mi lado, me abrazaron, y en un momento tuve a Juan a mi frente, besándome, y bailando entre aquel mar de personas; y por supuesto Rodrigo a mi espalda, apretándose contra mí, y con su boca en mi nuca.

Sentía en mi pelvis, el miembro de mi novio, y en mi trasero el de Rodrigo. Los calores llegaban, estaba excitada, y ya me hallaba deseosa. Las manos de Rodrigo recorrieron toda mi espalda, bajaron despacio, pasó por mis lumbares, hasta llegar a mis nalgas, sobre el vestido.

Apreté mi cuerpo contra el de mi novio, lo besé con pasión, y sentí como su polla empujaba con fuerza, se había empalmado, quizás, se dio cuenta que su amigo tenía sus manos en mi trasero, acariciando mis nalgas, y aquello le gustaba.

En un momento la mano de Rodrigo continuó hasta el centro de mi culo; al llegar allí, lentamente se hundió entre ambas nalgas, con sus dedos presionando, logrando ir más profundo.

—Ahhh….—. No pude contener mi gemido. Me estaba excitando, mi vagina empezaba a mojarse, mis pezones se endurecían. Yo deseaba que continuara. Lo hizo, pasó su mano debajo de mi cortísimo vestido, y ahora la tenía sobre la piel de mis nalgas, y mis bragas.

—Ana. ¿Te gusta? Dime que te está haciendo.

—Me gusta. Agggg…., me gusta.

Juan sin separase de mí, subió una mano a mis tetas y apretó. Sabía que aquello me gustaba mucho, hasta hacerme enardecer.

—Dime que sientes, que te está haciendo.

—Tiene su mano debajo de mi falda, me acaricia todo el culo…aggg….me gusta…—. En ese momento la mano de Rodrigo iba hacia mi vagina, no lo contuve, al contrario, abrí las piernas para permitírselo. Me entregaba. Aceptó la invitación, hizo a un lado mis bragas, llevó su dedo mayor, hasta mi coño, y allí lo enterró. Luego de meterlo, lo retiró mojado de mis jugos; y a continuación fue por mi ano, y lo introdujo despacio hasta pasar el esfinter.

Apreté mi cuerpo contra el pecho de mi novio, mi boca se abrió buscando aire, cerré los ojos, y cuando los abrí, Juan me miraba con deseo, con pasión. ¿Le gustaba lo que veía? ¿Le gustaba que a su novia la manosearan y metieran mano en su culo? Si era así, era muy raro.

Rodrigo continuaba metiendo en forma suave su dedo mayor en mi culo. Empujaba, cruzaba el esfínter, sentía como entraba, y luego lo retiraba despacio, muy despacio; logrando que me gustara mucho, haciéndome sentir como su dedo invadía y rozaba una y otra vez mi culo. Mis calores aumentaban, las palpitaciones iban creciendo. Si Rodrigo volvía a mi vagina podría descontrolarme, y correrme allí mismo.

Mi novio continuaba preguntando que sentía. No le dije que su amigo tenía un dedo metiéndolo y sacándolo de mi culo, una y otra vez, porque para él, mi trasero era sólo suyo, y podría estropearse lo que estaba ocurriendo, y la noche entera.

—Volvamos al reservado—. Dijo Juan. La mano y el dedo se retiraron de mi trasero. Pedí mi tercer vaso en la barra, y subimos los tres juntos. Al entrar Juan cerró la puerta, se sentó junto a mí en uno de aquellos sofás, y Rodrigo en el otro, enfrente, separados por una pequeña distancia.

De inmediato mi novio me besó, al mismo tiempo que apretaba mis pechos, luego pidió que me sentara en su falda, con mi espalda apoyada en su pecho, ambos de frente a Rodrigo. Este miraba nuestros actos, en silencio, atento a cuales serían nuestros próximos movimientos.

Mi novio abrió mis piernas, subió la falda de mi vestido, la que quedó arrollada en mi cintura, y pasando una mano hacia adelante, la metió por la parte superior de mis bragas, y fue directo a mi vagina, a masturbarme.

Todo parecía irreal, aquí sentada sobre mi novio, con las piernas abiertas, frente a su amigo, mostrándole como mi novio metía sus dedos en mi coño, y yo gemía de placer.

—Míralo Ana.

Cuando abrí los ojos, Rodrigo había sacado su polla del pantalón, y se masturbaba despacio. Era un miembro grande y largo. Su cabeza era perfecta, redonda, tersa, y brillaba.

—¿Te gusta Ana? ¿Te gusta esa polla?—, me preguntaba Juan, sin dejar de meter y sacar sus dedos, ahora con más ahínco. Aquello provocaba, que el calor y las contracciones cada vez eran mayores, y podría lograr que me desatara y perdiera todo el control.

Juan me levantó poniéndome en pie, empujó mi espalda en dirección hacia Rodrigo, y cuando estábamos frente a él, apoyándose en mis hombros, me hizo arrodillar. Luego tomó mi nuca y llevó mi rostro hacia la polla de Rodrigo. ¡Quería que se la mamara! ¡Allí mismo, dentro de aquel reservado!

—Vamos Ana. Hazlo, eres muy buena mamando pollas. Chúpasela, quiero ver como chupas la polla de otro hombre.

El conjunto de alcohol, dedo de Rodrigo en mi culo, y la mano de mi novio en mi vagina, habían elevado mi temperatura, estaba muy caliente.

Tomé aquel miembro con mi mano, subí por él despacio, al llegar a la cabeza, la acaricié, y sin dejar de rodearla bajé hasta apoyar mi mano en el inicio de aquel tronco. Siempre lo hacía en forma instintiva antes de meterme una polla en la boca. Como si aquel recorrido con mi mano grabara el grueso, largo, dureza y rugosidades de cada miembro, para que luego mis labios lo hicieran a la perfección.

Así ocurrió. Cuando mi mano quedó en la base de su tronco, abrí mi boca, rocé apenas su cabeza, mientras pasaba por mis labios, y continué bajando. Cuando mis labios tocaron mis dedos que enroscaban su miembro, retiré mi mano, y metí más profundo aquella polla, hasta mi la garganta. La había engullido toda.

—Diosss… se la tragó toda…—. Rodrigo reproducía lo que mi boca había hecho.

Comencé a retirarla despacio, apretándola con mi lengua, y mientras lo hacía, dirigí mi mirada al dueño de aquel hermoso órgano masculino. Éste había cerrado sus ojos, y gemía, repitiendo: —Dioss…, toda…se la tragó toda….aggg….., que bien lo hace….aggg….

A mi lado, mi novio me alentaba.

—Ana, chúpala entera. Como tú sabes. Chúpala.

No necesitaba que me incitara, yo subía y bajaba mi boca por todo aquel tronco, que cada vez se endurecía más. Disfrutaba haciéndolo, y ya perdida en mis deseos, la chuparía hasta el final, y me tragaría todo su semen.

No lo pude terminar. Mi novio intentaba quitarme las bragas, y si lo permitía, me follarían allí mismo. No quería tener mi primer trío en el reservado de una discoteca.

Me puse en pie, dejando la polla de Rodrigo casi a explotar, y con firmeza le dije a mi novio.

—No Juan. Vamos a tu casa, no quiero que me follen en este lugar.

Juan entendió que cedería. Rodrigo, como pudo, guardó su miembro, y nos retiramos hacia el piso de Juan. Mientras caminábamos, iba entre ambos, ellos habían cruzado sus manos por mi espalda y durante todo el trayecto, en ningún momento dejaron de acariciar mi trasero.

Si alguien caminaba detrás, pensaría que allí iba una puta, a la que habían pagado por sus servicios, y luego entre los dos la follarían. Y salvo lo del dinero el resto era muy posible.

Adentro del ascensor que nos llevaría al piso de Juan, ambos se abalanzaron contra mi cuerpo, Rodrigo se instaló detrás de mí. Pasó ambas manos por debajo de la espalda de mi vestido, llegó a mis tetas, que no llevaban sostén, y comenzó a estrujarlas.

Fue demasiado, volvía a ocurrir otra vez, lo que me había pasado muchas veces. Mi cuerpo había tomado el control, abandonaba toda resistencia, lo deseaba todo, quería continuar disfrutando y gozando, y no importaba, quien me estrujara las tetas, o quien metiera sus dedos en mi culo, quería más y más; dejé ir mi cabeza hacia atrás, apoyándome en su hombro de y comencé a gemir. —Ahhh…. nooo….

Juan entró en acción, llevó una de sus manos debajo de mi falda, luego la apoyó sobre mi vagina, apretándomela. Abrí las piernas, e inmediatamente mi novio comenzó a masturbarme despacio por encima de las bragas diciendo:

—Ana, tienes el coño mojado y ardiendo.

Las manos de Rodrigo recorrían todo mi cuerpo, de las tetas a mi culo, e intentaba quitarme el vestido.

—¡Nooo…ahhh….puede entrar alguien, aggg…pueden vernos, noooo……..por favor. Noooo…. No me quites el vestido…ahhhh…..—No pude continuar hablando, Juan había hecho a un lado mis bragas, ahora metía y sacaba dos dedos de mi coño, como si me follara con ellos.

Sacando fuerzas que ya no tenía, sujeté las manos de Rodrigo, y volví a decirle: —Nó. No me quites el vestido…ahhhh….— Sin pensarlo, desatado el deseo, continué con una frase que rompía todas las inhibiciones.

—Aquí no…., espera…, en el piso de Juan, pueden hacerme lo que quieran.

Lo había dicho. Ya no habría marcha atrás, abierta esa puerta, los dos pasarían por ella, y me follarían como se les antojara.

Una vez en el salón, ambos se desnudaron. Mi novio vino hasta mí, se colocó a mi espalda, desató los cordeles del cuello, y mi vestido cayó al suelo, luego enganchó sus dedos en los laterales de mis bragas, y las bajó, hasta quitármelas.

Quedé completamente desnuda, frente a Rodrigo, sin saber que ocurriría a continuación.

Juan lo resolvió.

Me llevó a un costado del sofá de dos plazas, me hizo quedar de pie, empujó mi espalda para inclinarme sobre el amplio apoya brazos, hasta quedar medio cuerpo sobre el mismo, y mi culo empinado. Apoyé mis codos en el asiento, y de esa forma tenía todo mi trasero y vagina a su disposición.

Sin embargo, me dejó en esa posición, y se sentó en el sofá con su rostro a la misma altura que el mío.

—Rodrigo puedes follarla—, y luego dirigiéndose a mí. —Ana quiero verte, quiero mirarte mientras te follan, quiero verte gozar—. Todo el morbo que mi novio tenía oculto salía a la superficie.

Rodrigo en pie detrás de mí, dijo: —Ana abre las piernas

Otra vez, un hombre me ordenaba que me ofreciera, abriéndome, para que dispusiera de mi vagina, o de mi culo en esta posición. Volvía a ocurrir.

Lo hice.

Enseguida sentí la mano de Rodrigo pasar por toda mi vagina, ahora caliente, mojada, y sin bragas. El debió sentirla así, porque metió dos dedos, provocándome otro gemido, que no pude contener.

Luego llevó los dedos mojados con mis jugos hasta el centro de mi culo, metió uno, y luego dos, y cuando pasaron el esfínter, los abría para dilatarlo. Aquello podía terminar mal, mi novio no dejaría que me follara por atrás.

Cuando Rodrigo retiró lentamente sus dedos, quedé a la espera, de pie, con las piernas abiertas, inclinada hacia adelante, mi pelvis apoyada en el apoya brazos, y las manos en el asiento.

—Ana te amo—. Mi novio había elegido el peor de los momentos para decirme que me amaba, porque en ese mismo instante una polla, abría mis labios vaginales, y comenzaba a entrar en mi coño.

—Ana quiero verte gozar, dime que sientes.

Sentía que una polla dura y rugosa, entraba y salía despacio de mi coño. Lo hacía a conciencia, lento, para que sintiera como se metía y ocupaba toda mi vagina.

—Diosss, ahh……, me la metió toda—, no había terminado mi frase cuando Rodrigo retiró su polla de mi coño, y aprovechando que había salido lubricada por mis jugos, la llevó hasta mi trasero, empujó y la metió adentro de mi culo, hasta que su cabeza pasó.

Sin lubricante, dolía. Apreté mis dientes, aguanté lo máximo posible. —Aggg…, due…le…, despacio…despacio por favor….aggg……

—¿Qué pasa Ana?—. Juan presintió que algo ocurría en mi trasero. Si veía que su amigo tenía su polla dentro de mi culo, todo se iría al demonio.

Rodrigo también se dio cuenta, la sacó y la metió en mi coño.

—Nada. La metió de golpe. Nada, ya está bien…ahhhh….sigue….sigue…..

Las palpitaciones lo ocupaban todo, y pulsaban contra aquel tronco que ahora taladraba mi coño, una y otra vez, casi hasta el final. y regresaba. No me aguanté más, y cuando la retiraba, llevé mi culo hacia atrás intentando que no saliera. Rodrigo lo sintió, me clavó fuerte, y hasta el fondo, haciéndome gritar.

—¡Dios mío!. Ahhh…., me la metió toda. No aguanto más…., me voy a correr……por Dios, me corro, me voy a correr toda, toda.

—Mira a tu novio Ana. El quiere verte cuando te corres—, y mientras decía esto me tomó de las caderas, se afirmó, y me ensartó su miembro duro y caliente, una y otra vez; y me corrí chillando y gritando.

—Se está corriendo—, dijo Rodrigo. Mantuvo su polla firme, sin moverse, sin sacarla, esperando que mis espasmos pasaran, y pudiera relajarme.

Aflojé mis brazos que me sostenían en aquella posición y la mitad de mi cuerpo cayó sobre el asiento de sofá, mientras mis piernas aún estaban de pie al otro lado del apoya brazos, y Rodrigo también de pie, entre ellas.

Ya me había corrido, y aún no habíamos llegado al esperado trío. Debía extremar precauciones, la fijación de mi novio por mi trasero era permanente, y ahora se había agregado el interés de Rodrigo por el mismo lugar de mi cuerpo, metiéndome sus dedos en la pista de baile, y ahora su polla, aunque sólo un momento, mientras me follaba sobre aquel posa brazos del sofá.

Si mi novio se enteraba, todo terminaría mal, porque había advertido a Rodrigo que por allí no, que eso era exclusivo de él.