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Mi esposa argentina 7 parte 6

Fernanda siempre supo que él no la juzgaría, solo la miraría. Esta noche, el silencio de la casa se romperá con gemidos que no son solo de ella, sino de un grupo entero de hombres hambrientos. ¿Podrá soportar la mirada de su esposo mientras entrega su cuerpo a los desconocidos?

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MI ESPOSA ARGENTINA 7 Parte 6

Esa noche miraba a mi esposa y trataba de disimular lo que sentía, no estaba enojado con ella por estar ocultándome estos encuentros con Germán, estas “infidelidades” eran parte de nuestro juego. Más bien sentía una gran curiosidad por saber qué se había activado en ella para sucumbir así ante este tío que en principio solo le había causado desprecio.

Aunque también podía ser fascinación lo que sentía por él, la fascinación de lo desconocido, de lo que uno mismo se ha prohibido sin saber bien por qué o más bien siguiendo un mandato social de los primeros años de vida.

Y además a ella le gustaba mucho follar, eso estaba más que claro.

Ella había regresado con su madre y con Sol, de la calle, con un soberbio pantalón blanco y la idea de la cantidad de veces que Germán la había sodomizado se me hizo carne, era como que él no se cansaba de hacerlo y ella lo aceptaba gustosa.

Era para ese hombre una verdadera obsesión, darle por el culo una y otra vez a la rubia cheta, inalcanzable pero que ahora se le había entregado en forma total, de alguna manera él necesitaba repetir una y otra vez ese ritual de entrega para estar seguro de su victoria, de su posesión.

Y ella estaba dispuesta a complacerlo o ella también necesitaba de ese ritual, de la confirmación de ser la puta de ese hombre, en carne viva.

La mirada de Gabriela, mi suegra fue de cierta suspicacia cuando Fernanda dijo como al pasar que mañana al mediodía asistiría a un asado con sus amigas del hockey, sus excompañeras de equipo.

_ ¿Otra vez con las chicas? No recordaba que eras tan amiga de ellas_

_Estuvo bien la reunión anterior y bueno lleva tiempo ponerse al día, además Maru estaba de viaje y no la vi_ dijo Fernanda, pero que puta mentirosa, pensé

_Bueno, es tu vida, me voy a llevar a la nena a lo de tía Luisa, si no te importa_ dijo Gabriela

En realidad no me gustaba ese pasear a nuestra hija por toda la parentela como un monito de feria, pero era su abuela y solo veía a su nieta una vez por año.

_Yo también he quedado, con un amigo que vive aquí_ dije.

Fernanda y su madre me miraron con sospecha pero no dijeron nada, mi esposa porque ella estaba en falta y mi suegra porque no le interesaba lo que yo hiciese o dejase de hacer.

Fernanda se fue primero, habría quedado con Germán seguramente, llevaba un pantalón vaquero ajustadísimo, otra vez me dio la impresión de que la tela no iba a soportar la presión de ese cuerpo, especialmente a la altura de los muslos, llevaba unas botas cortas, marrones con hebillas y un tacón algo grueso y una cazadora corta de nylon.

Y entonces después de un rato, fue que me presenté en la tienda de Germán que estaba cerrada, al poco tiempo llegó Ariel.

_ ¿Qué haces gallego, vamos?_ dijo

Subimos a una camioneta Peugeot, un utilitario.

_Ya has comido un asado, acá_ dijo

_Si, ya he comido_

_La mejor carne del mundo_ dijo él sin mirarme, con su pelo rizado teñido de rubio y su collar de mostacillas al cuello

Me hizo varias preguntas típicas, cuanto tiempo hacía que estaba en Buenos Aires, como era España y si hacía mucho tiempo que conocía a Germán. Al parecer no quedaba claro si éramos grandes amigos o no, algo absurdo porque apenas lo conocía, pero tal vez él le había dicho otra cosa.

_Hace pila de años que lo conozco a Germancito, desde que estaba con el taxi_

_ ¿Era taxista?_

_Muy tiro al aire el loco, siempre le gustaron mucho las minas, donde ve una pierna se pierde el loco_

_ Y no le va mal con ellas_

_Y viste el otro día con la rosarina está que es un infierno, German es terrible, es capaz de enfiestarse a la hermana_

_ ¿Y hoy va a pasar algo así?_ dije

_Y no sé, los muchachos están como locos, con lo que contó German de la loca esta, son unos nenes que te lo voglio dire, de la barra de él, de Excursio_

_ ¿Excursio?_

_Excursionistas, un club de fulbo de acá, Germán jugaba ahí de pibe_

“De la loca esta” me causo cierta aprensión escuchar hablar así de Fernanda y eso con todo lo que habíamos vivido ya anteriormente, esto era referirse a ella como una zorra a la que se iban a follar a saco, claro que también influía en mi ánimo el no estar familiarizado con el idioma, con las formas lingüísticas.

Y ese machismo exacerbado, esa misoginia extrema.

Llegamos a un barrio de casas bajas, un paisaje bastante gris, me llamó la atención que un tramo de la calle era empedrado.

_Esto es bien barrio, gallego, el Buenos Aires profundo, el barrio, mi viejo_ dijo Ariel con una veta poética insospechada.

Tocó un viejo timbre, redondo, de plástico.

Al cabo salió un hombre, gordo y grandulón, peludo, era como Germán pero más tosco, más grosero, llevaba un delantal blanco de cocina.

_Que haces Arielito, estaba haciendo la ensalada ¿vos sos el gallego?_

_Si, encantado_ dije

_Encantado dice, un tierno, Mono, mucho gusto_ y me tendió una mano grande y peluda, me estrujó la mía con desdén.

_Como va, monito, ¿están los muchachos?_

_Si, ya están todos, ¿che qué onda con la minita esta? Que pedazo de yegua por dios, que tremenda potra_

_ ¿Viste? Y el otro día le hicimos la fiesta_ dijo Ariel

_ ¿Con los dos? ¿Es gato o le gusta garchar por amor al arte?_

_Es una mina que es casada y vino a Buenos Aires a cogerse la vida_

_Che ¿pero está todo bien? A ver si quedamos pegados por violines, a ver si la loca dice que la violamos, yo si no lo veo claro me abro_

_Está mina vuela, no sabés lo que le gusta coger por el culo_

_Y el orto que tiene es un infierno, nos está volviendo locos_ dijo el Mono

Pasamos por la sala de una casa vieja, oscura, mitad deshabitada y mitad detenida en el tiempo, grandes y viejos muebles, con viejos portarretratos en blanco y negro y mantillas tejidas sobre una vieja mesa chippendale. Luego pasamos por una vieja cocina de azulejos verdes y con encimeras de mármol blanco y gastado, rajado en algunos sitios. Y salimos a un patio de baldosas y con plantas en macetas de colores gastados.

Fernanda estaba de pie con un vaso en la mano, abrazada a German por la cintura, este tenía una mano metida en el bolsillo trasero del vaquero de ella.

Ella se giró y abrió muy grandes los ojos, sorprendida.

_Gallego, que grande, hoy te vas a comer un asado que vas a alucinar, papá_ dijo Germán

En la parrilla había ingentes cantidades de carne y un hombre flaco y nervudo acomodaba unas brasas en la parrilla, con un largo utensilio de hierro.

_Este es Abelito, el asador y este mostro es el Vikingo_ dijo German

El tal Abel me hizo un gesto a modo de saludo, sin palabras, tenía un cigarro en la boca que parecía no molestarle mientras trasteaba.

El Vikingo era un hombretón de 1,90 al menos, con el pelo largo y rubio, casi blanquecino, pero un poco calvo al frente, raleado.

_Que tal, Ricardo, pero me dicen el Vikingo_ dijo como viéndose en la necesidad de explicarse sobre su verdadero nombre y apodo.

Había una mesa con unos embutidos y varias botellas y un sifón de soda y gaseosas.

_ ¿Un fernetcito gallego?_ dijo el mono.

_Voy con un vino, mejor_ dije

_Bueno, un vinito, como no_ dijo el mono

_ ¿Come achuras usted? ¿Chinchulín, tripa gorda?_ me dijo Abel, tenía los labios muy finos y el pelo oscuro, algo rizado. Era tan flaco que se le veían los huesos marcados en la cara.

_No le hablés de tripa gorda al hombre_ dijo el mono sin mirarme comiendo un pedazo de salame con pan.

_Que rico asado nos vamos a comer hoy, gallego_ dijo German, guiñándome un ojo.

Era increíble de ver a Fernanda tan abrazada a él, como si fueran novios, un tío presentando a su nueva novia a los amigos.

_A ver amor, que se te hace espumita_ dijo él y le dio un beso en la boca, los otros los miraban torvamente

_Me hacés cosquillas_ dijo ella sonriendo

_Tiene cosquillitas la rubia_ dijo German

_ ¿Un poco de salamín con queso, Daniela?_ dijo el Vikingo y le ofreció a ella un montadito con sus propios dedos

_Gracias_ dijo ella cambiando el peso de una pierna a la otra y cruzando las piernas así de pie, trabando un pie con el otro.

El culo de Fernanda era algo brutal en esa posición de sus piernas, la mano de Germán siempre metida en el bolsillo del pantalón, marcando territorio.

El mono pasó detrás de ella y se mordió el labio inferior, nos hizo una cara como diciendo “que pedazo de culo tiene la cabrona”.

_ ¿Vos sos canalla o leprosa, Danielita?_ dijo el Vikingo

_ Perdón….._ dijo ella

_ Esta piba debe ser leprosa_ dijo Abelito

_ ¿De central o de newellls, tontita?_ dijo German

Comprendí que se refería a los equipos de fútbol de la ciudad de Rosario.

_Soy de newellls, como Messi_ dijo ella

_ Mirá como sabe la rubia_ dijo el Vikingo

Todos los amigos de Germán tendrían la misma edad de él, cerca de cincuenta años, más o menos.

_ ¿Arrancamos con unos chinchu y unos chori?_ dijo Abel

Era un día gris y hacía un poco de frío pero habían decidido comer en el patio al lado de la parrilla.

El chinchulín me parecía gomoso en general y comencé comiendo el famoso choripán, un chorizo en bocata de pan con chimichurri.

Fernanda se sentó en las rodillas de German y él prácticamente le daba de comer en la boca, ella era impresionante sentado en las piernas de ese hombre, abrazada a él mientras comía.

Los demás la atendían todo el tiempo.

_ ¿Más vino Danielita?_ le decía el Mono

_ ¿Espera que te traigo calentito de la parrilla?_ le decía Abel

Fernanda comía y bebía con apetito, a la par de los hombres, asado de tira y luego vacío. Mi sensación era de extrañeza total, me costaba conciliar la idea de que era mi propia esposa a la que llamaban Daniela y que cada tanto se besaba en la boca con Germán y que fingía no conocerme además.

_Esto es lo mejor, esto no lo tenés en ningún país del mundo_ decía Germán

_ ¿Vos que decís gallego?_ me preguntó el vikingo

_Tenéis una carne estupenda_ dije

_Ojo que una buena paella está muy bien, pero contra un asado, difícil_ dijo Ariel

Se comía mucho y con morosidad, también había pechito de cerdo y morcilla.

_Tengo que ir al baño_ dijo Fernanda

_Veni que te muestro_ dijo el mono quien era el dueño de casa

Fueron juntos al interior de la casa, el culazo de mi esposa fue seguido por los ojos de todos ellos.

_Por dios que fuerte que está_ dijo el vikingo

_ ¿De donde la sacaste a la rosarina esta?_ dijo Abel

_Cayó al kiosco, me la levanté y ya la primera vez la enfiestamos con el Ariel_

_Mira vos y tan sería que parece_ dijo Abel

_Hace dos días apareció otra vez y fuimos a un telo, toda la tarde garchando, es un avión la mina, le gusta la pija una barbaridad_

_Que orto que tiene_ dijo el Vikingo

_Y lo que le gusta que se lo rompan, lo mimosa que es_ dijo German

_Tiene buenas tetas también_ dijo Abel, mientras mordisqueaba un pedazo de carne

_Ahora está con la camperita pero no saben las gomas que tiene la guacha_ dijo Germán

Había vuelto el mono.

_ ¿Le mostraste el baño? No le habrás querido meter mano_ dijo el vikingo

_Che ¿realmente da para partusa, le va la fiesta a esta loca?_ dijo el mono

_No quiero prometer mucho, pero a esta le va lo que venga me parece_ dijo German, bebiendo de su vaso de vino

_La tenés muy mimosa, Germancito_ dijo Abel

_ ¿Y qué voy a hacer? Me manotean el ganso y se enamoran_ dijo él y todos rieron.

_Con lo que comió la mina se debe estar echando un garco de aquellos_ dijo Abel

_Ese orto divino es para tomarle el olor de los pedos que se tira_ dijo el mono

_Que asqueroso_ dijo Ariel fingiendo escandalizarse

Fernanda volvió de baño, caminando sinuosamente.

_ ¿Todo bien, mi amor?_

_Hace un poco de frío ¿no?_ dijo ella

_El postre lo podemos comer adentro_ dijo el mono

_ ¿Hay postre también?_ dijo Ariel

_Bombón escoces_ dijo el vikingo

Fernanda volvió a sentarse en las rodillas de German y se dieron un pico en los labios.

En eso sonó el timbre.

_Debe ser el pela_ dijo el mono y fue a abrir la puerta

_Ah, le avisaron al pela_ dijo Ariel

El mono llegó acompañado de un hombre calvo y más bien bajo de estatura pero muy musculoso, su cabeza calva brillaba, completamente rasurado, por eso le decían el pela, por pelado.

_ ¿Cómo andás pela? Todavía queda carne_ dijo el vikingo

_No podía zafar de la bruja, la tuve que llevar a comer con mis suegros_ dijo el pela

_ ¿Y para que te casaste, boludo?_ dijo el vikingo

_Ella es Daniela_ dijo German

_Encantado_ dijo el pela con indiferencia

_Y este es el gallego_ dijo Ariel señalándome

_Que tal_ dijo el pela haciendo un mínimo gesto con la cabeza, sin sonreír.

_Vamos a comer el helado adentro_ dijo el mono

Fernanda y German junto con el mono fueron al interior de la casa.

_ ¿Y este gato de donde lo sacaron?_ dijo el pela al Vikingo en voz baja

_Viste lo fuerte que está, el orto que tiene_

_Espero que sea como dijeron, yo vine a garchar eh, si no me quedaba en lo de mis suegros_ dijo el pela

_Dale pelado, no te hagas el exquisito, mira que potra te trajimos_ dijo Abel

_Dejame verla en bolas y después te digo_

_Miralo al hijo de puta, la mina es una modelo y se hace el exquisito, en la puta vida te garchaste a una hembra así_

_ ¿Sabes cuantos gatos como este me he cogido yo?_ dijo el pela

_Anda, dale_ dijo Ariel y lo empujó.

En esa sala de muebles antiguos había un gran sofá desvencijado, allí Fernanda estaba sentado con German y el vikingo, comíamos helado de crema recubierto con chocolate, venía en unos envases plásticos individuales y también estábamos bebiendo chupitos de tequila y de ginebra.

_Esto para el frio es lo mejor ¿se te pasó un poco el frío Dani?_ dijo el mono

_Si, ya estoy bien_dijo Fernanda, quien seguía con la cazadora de nylon puesta, las piernas cruzadas, imponentes, la botita marrón con hebillas, oscilando en el aire

_ Ya estás bien calentita, bebé_ dijo Germán y la besó en la boca, un largo morreo metiendo su lengua a fondo.

Los demás miraban embelesados, el clima comenzaba a ponerse un poco más tenso.

_ ¿Chicos, quieren usar la pieza?_ dijo el mono

_Claro así no cuentan guita delante de los pobres_ dijo el vikingo

_No sé, me da cosa_ dijo Fernanda

_ ¿Te da cosita bebé?_ dijo Germán y se puso en pie y cogió de la mano a mi esposa, se volvieron a besar, él tenía una mano en el increíble culo de ella, descaradamente.

_Vayan tranquilos, es la pieza con cama matrimonial, así están más cómodos_

_Disfruten_ dijo el vikingo

Fernanda me miró por primera vez, con cierta complicidad. Se perdieron por uno de los oscuros pasillos, cogidos de la mano

Yo estaba bastante nervioso, de alguna manera era similar a situaciones que ya habíamos vivido pero no se parecía en nada en verdad, sentía una mezcla de temor e inseguridad, el hecho de no comprender los códigos idiomáticos.

_ ¿Y ahora?_ dijo el pela

_Y ahora jugamos un truco, pela y escuchamos garchar a Germán y a la rubia_ dijo el mono.

_ Cojemos entre nosotros_ dijo Abel

_Y….si nos organizamos_ dijo Ariel

_El gallego nos rompe el culo a todos y todos contentos_ dijo el vikingo

Me sonreí, sin saber que decir.

Pasó una ronda de chupitos de tequila, bebí para darme ánimo.

Entonces se escuchó un suave gemido femenino desde la habitación.

_Pensar que era la pieza de mis viejos_ dijo el mono sonriendo

Otro gemido un poco más intenso.

_ ¿Puede ser tan puta una mina?_ dijo el pela

_ ¿Te acordas de tu hermana, pela?_ dijo el vikingo

_Anda a la mierda, boludo_

Otro gemido ahogado de Fernanda.

_Si…si cógeme papito_ dijo Ariel imitando una voz femenina

_Por la colita no_ dijo el mono, bebiendo un chupito de ginebra

_Esta no sabes cómo coge por el culo, me contó German que el otro día en el telo le rompió el orto como tres veces_ dijo el vikingo

_ ¿De Rosario es?_ dijo el pela

_Psicóloga, papá ¿Cuándo te cogiste una psicóloga?_ dijo Abel

_Psicología de la chota, está escribiendo un libro la mina_

_Que carita que tiene, hermosa_

_Una carita de chupapija bárbara_

_ ¿Viste como frunce la boquita cuando habla?_

_Y como frunce el culito también_

_Una mina fina eh, se nota, ustedes porque son unos negros de mierda_

Se escucharon entonces varios gemidos con claridad

_Ahhh!!......Ahhhh!!!!_

_Ahí la tenés a la mina fina_

_Ahhh!! si…si…. mi macho….si_ dijo Ariel imitando un tono femenino

_De verdad boludo ¿Cómo sigue esto? ¿Nos hacemos la paja mientras escuchamos?_ dijo el pela

_Estás ansiosa pelado_ dijo el mono

_Vayanse a cagar, me voy a la mierda_

_Espera boludo ¿te va a perder de empomarte a esta yegua?_ dijo el vikingo

Nuevos gemidos de Fernanda y un PLASSS!! Rotundo.

_Que lindo, un buen chirlito en el culo_ dijo el mono

_Esa es la señal, muchachos, a bajarse los lienzos_ dijo Ariel

_ ¿Si? ¿Así nomás?_ dijo el pela

PLASSS!!....PLASSS!!! Se volvieron a escuchar los azotes en el culo

_Si, boludo, nos ponemos en bolas y entramos en la pieza a pija parada_ dijo Ariel quien ya se estaba desnudando.

Todos comenzamos a desnudarnos, el vikingo tenía un cuerpo de oso y una polla grande y cabezona, el mono era quien la tenía más grande, una verdadera monstruosidad, el pela tenía una polla gorda y depilada, la de Abel era más larga que ancha.

_Vamos, a romperle el orto a esta trola_ dijo Ariel

Una hilera de hombres desnudos avanzamos por el oscuro pasillo, los gemidos de Fernanda eran cada vez más sonoros. La mayoría se masturbaban buscando tener una erección

_Escuchala como pide verga_ dijo el mono

Abrimos la puerta, la cama era grande y antigua, las persianas estaban bajadas, sobre la mesilla de noche una lámpara con tulipa, encendida, el primer plano del culo de Fernanda, las nalgas contraídas y firmes, rojizas por los azotes recibidos, su pequeña cintura, la espalda perfecta dividida por una línea en dos mitades simétricas, los delicados hombros, sus pechos asomando por los costados del cuerpo, la rugosidad de las plantas de los pies a los costados del cuerpo de Germán.

_Tenemos visitas, bebé_ dijo Germán

Ella giró su cara hacia nosotros, por dios que hermosa era, el rostro arrebatado, la fina naricita, la carita un poco aniñada y perfecta y yo sabía que ella lo esperaba, lo anhelaba, era su fantasía seguramente, ser follada por estos horteras de barrio, lejos estaban estos paletos de saber que ella lo deseaba profundamente, que estaba dispuesta a devorarlos y a la vez ser devorada.

El mono se dejó caer cerca de ella, tenía la piel amarronada como Germán.

_Hola Danielita ¿Cómo estás?_ dijo y le rozó el hombro con el dorso de la mano.

Ella extendió una mano y le acaricio el pelo oscuro y algo rizado y acercó su carita a la cara tosca y burda del mono y lo besó en la boca.

Y mi corazón se detuvo y también todos quedaron paralizados, porque era la confirmación de que ella iba a follar con todos ellos, su boquita uniéndose morosamente con la bocota tosca del mono, quien ahora estrujaba uno de los grandes pechos de Fernanda y ella llevó una mano hasta la simiesca polla y la entrelazo con sus finos dedos.

_Que buenas tetas_ dijo Abel y también se aproximó a ella y acercó su boca a una de los pezones y ella suspiró y le acarició el pelo renegrido y el vikingo le acaricio el culo blanco y prieto y le besó la espaldita y ella volvió a gemir y seguía montada en la polla de Germán quien hizo un movimiento pélvico desde abajo.

Y el pela, más ansioso se puso de pie en la cama y le acercó su polla a la cara.

_Dale chúpame la pija_ dijo sordamente

Y Fernanda engulló esa polla, sumisa, dispuesta a complacer a sus machos.

Y todos profirieron una exclamación.

_Eso bebé, cometela toda_ dijo el vikingo mientras seguía acariciándole el culo y besando su hombro.

Y el mono sonreía beatíficamente recostado al lado de ella quien seguía masturbándolo.

_Arielito, ahí en la mesita de luz tenés vaselina_ dijo Germán

Ariel se echó un buen chorro de lubricante en la mano.

_A ver papi_ le dijo al vikingo y ocupando ese lugar comenzó a untarle el ano a Fernanda y a meterle un dedo en el culo.

El pela le follaba la boca violentamente, cogiéndola de la nuca, era el que tenía más violencia contenida dentro de sí.

_Como te gusta la pija…trola de mierda…como te gusta_ decía

Abel seguía besando sus pechos, hasta que Ariel la fue inclinado sobre Germán dejando su culo bien en pompa.

_Me quedé con ganas de romper este orto el otro día_ dijo Ariel, quien aquella vez en la tienda no había hecho el anal con ella.

Y luego se afirmó con su corpachón rojizo y seboso y empujó.

_Eso papá, así hasta los huevos_ dijo el mono

_AHHHH!!!!...._ Aulló Fernanda

_ ¿Te gusta cómo te rompo el culito, Dani?_ dijo Ariel

_Mira como le gusta_ dijo Abel quien la besaba en la boca

_ ¿Cierto que te gusta?_ dijo Abel mirándola fijamente, fascinado

_Ahhhhh!!....si….me gusta….- dijo ella

_Que puta divina_ dijo el Vikingo al mono

El cuerpo de Fernanda parecía más escultural y blanco que nunca en esa cutre cama antigua entre esos hombres salvajes y zafios.

Abel se recostó al lado de Germán y ella se inclinó para comerle la polla.

_Eso…bebé…..eso_ dijo el asador

El pela optó por acostarse al otro lado de German y Fernanda alternaba comiéndole la polla también.

Ella seguía pajeando al mono pero de forma poco coordinada ante las embestidas de Ariel en su culo.

Estuvieron así un buen rato hasta que ella comenzó a correrse.

_Miren como acaba esta yegua…._ dijo Ariel quien se hundía en su culo con saña

_¡¡¡AY…….SI……..SI………ACABOOOO!!!!_

_Disfutá mi amor, si, bebé_ dijo el Vikingo y luego tocó un hombro a Ariel como pidiendo su turno.

Ariel se salió del culo de Fernanda y dejó su lugar al vikingo quien fue el segundo en encularla.

Ella lanzó un grito desgarrador y se estremeció todita, hundió su cara en el hombro de Germán, quien le acaricio la cabeza, como consolándola.

El ruido de pelvis contra nalgas se volvió dominante en el cuarto, el mono levantó la cabeza de Fernanda cogiéndola del pelo y la besó otra vez y luego llevó la boquita de Fernanda hasta la polla del pelado.

_Como vas a gritar cuando te rompa el culo yo, Daniela_ dijo el mono

Abel, de rodillas al lado de ella acariciaba la espalda perfecta y metía las manos por debajo del cuerpo para sobarla las tetas.

El culo del vikingo era plano y seboso y su polla percutía el ano de mi esposa, sus huevos grandes azotaban las nalgas blancas y tersas.

Germán me miró, yo estaba al borde de la cama, masturbándome.

_ ¿Y el gallego no hace nada?_ dijo Abel

_No, a él le gusta mirar cómo garchamos a la rubia_ dijo Germán

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