Una señora decente
Siempre se sintió segura en su rol de 'señora decente', hasta que descubrió que su esposo la exhibía al mundo. Ahora, con el corazón roto y la piel en llamas, decide probar qué se siente al cruzar la línea que siempre respetó.
Pueden llamarme Melissa.
En estas historias la protagonista es siempre joven y atractiva. Se describen casi como modelos, exuberantes y libertinas. Yo no. Soy una señora decente. Una mujer normal de 45 años. Mido 1.50, peso 48 kilos. Morena clara, cabello castaño abajo del hombro. Hago ejercicio solo lo justo para mantenerme delgada. No tengo pancita. Lo mejor de mi es mi rostro y afortunadamente unas nalgas firmes y bien paradas. No suelo vestir sexy tampoco. Me gustan las faldas a la rodilla y los leggins. Actualmente trabajo como maestra de primaria y debo mantener una imagen seria y formal.
Vivo en un pueblo pequeño en el estado de V**. Ya se imaginan la clase de educación religiosa y estricta que tuve desde niña. Mi mamá me pegaba solo por mirar a un muchacho. Nunca tuve ni experiencias ni novios, hasta que me casé virgen a los 26 años. Tristemente ese matrimonio terminó por falta de muchas cosas y exceso de maltratos. Lo único bello que me dejó esa relación fue mi hija Dayana que ahora tiene ya 18 años.
Ese divorcio fue un escándalo en el pueblo y tuvimos que mudarnos a otro pueblo del área. Estuve sola con mi hija Dayana un tiempo, hasta que mi cuñado me presentó con su mejor amigo y desde la primera vez saltaron chispas. La atracción fue intensa y fui suya el primer día que lo conocí. Cesar es un hombre maravilloso y ahora es mi segundo esposo. Me encanta que sea muy cariñoso y sofisticado. Aún me sorprende lo que voy descubriendo de él. Es varonil, dominante, intenso. Para una señora decente y tradicional, tenerlo en casa es como convivir con la tentación. A él le encanta comprarme lencería sexy y disfraces. Me excita mucho que me coja fuerte y me diga de todo, incluso groserías.
LA CONVERSACION CON MI ESPOSO
- ¡¡¡¡¿¿¿Que crees que me contaron en la primaria???!!!!
- ¿Qué?
- ¡¡¡Que la maestra Cristina se está cogiendo al profe de educación física!!!
- ¿Y qué? Es lo normal en los trabajos.
- ¡Pero la diferencia de edad! Él es un muchacho y ella de mi edad… y me siento mal por su marido. Don Fabian es buena persona.
- ¿No me dijiste que en una fiesta ese Fabian se te insinuó?
- Si. Pero estaba borracho y no le di entrada.
- Quizás el marido sabe todo y le da permiso…
- ¿¿¿¿CÓMO????
- Hay matrimonios abiertos.
- ¿¿¿Qué es eso??? ¿¿¿Tu cómo sabes???
- Tengo un amigo que así llevaba su matrimonio. No juzgues. ¿Que es mejor? ¿Que te pongan el cuerno o que bajo ciertas condiciones cada quien en la pareja pueda tener sexo y disfrutar con alguien más?
- No me creo que eso exista. Hay que estar muy enferm…
- No es tan descabellado si la relación es firme. Piénsalo. Te acuerdas que fuiste al medico la semana pasada y me contaste que estaba super joven y guapo?
- ¿Y?
- Que tal que tuvieras la libertad de darle entrada. Coquetearle. Ver si te responde. ¿No sería excitante?
- Estás loco. ¿Tú lo permitirías?
- No lo se. Si fuera algo que te diera placer, que tu quisieras probar…
- ¿A ti te da igual quién me coja?
- Mira, ya tengo mas de 50. Ya no soy el de antes… tu has visto que si cogemos tres días seguidos ya no se me para. Te amo, pero ya no alcanzo a darte como tu necesitas.
- Yo no te pido más.
- Pero lo necesitas. Tu cuerpo pide ser usado. Me lo has dicho.
- ¿Y no te darían celos?
- Yo no se como reaccionaria. Nunca lo he vivido. Quizás solo te pediría poder estar presente y verlos.
- No me creo lo que estoy escuchando.
- Bueno. No es mi fantasía principal, pero es algo que hace mucha gente.
- ¿Y tu quieres abrir nuestra relación?
- Estoy seguro de que me amas y yo a ti. No hay necesidad de ser inseguro solo porque casualmente te acuestes con alguien
- ¿Y si me enamoro de otro?
- Eso pasa más cuando es cuerno o infidelidad. La pareja busca algo que no tiene. Cuando es matrimonio abierto lo normal es que se ame más a la pareja y el lazo sea más fuerte. Son cómplices, amantes, amigos.
- ¿Y lo que van a hablar todos en el pueblo?
- Ese es un problema tuyo. ¿Si no te preocupara el qué dirán serias una putita?
- ¿Ya no te gusto verdad? Me lo dices para irte a coger con otra puta por tu lado.
- Nunca pondría en riesgo nuestra relación amor.
- (llorando) eres un cabrón. Vete con tus putas si quieres. Yo soy una señora decente.
Lo se. Fui irracional e injusta. La idea de que mi esposo tenga sexo con otra me llena de celos. La idea de que no me quiera lo suficiente para celarme me hiere también. Estuve llorando toda la noche. Demasiado confundida sobre toda la conversación. ¿Me había dado permiso para coger con otros? ¿Estaba él viendo a alguien? Al día siguiente Cesar salió de viaje de trabajo. Unas semanas separados quizás me darían claridad.
EL HALLAZGO
Unos días después ya estaba mas tranquila. Mi esposo me llamaba todas las noches y compartíamos nuestro día como siempre. Ordenando su ropa me doy cuenta de que había olvidado uno de sus varios teléfonos celulares. Dicen que la curiosidad mato al gato. En mi caso, no pude contenerme y tras un par de intentos fallidos adiviné su clave.
Comencé revisando la galería de fotos. Con el corazón latiéndome muy rápido por lo que podría encontrar. Afortunadamente solo fotos nuestras. Muchas veces Cesar no me coge sin el teléfono o la cámara en la mano. Muchas fotos y videos míos desnuda. En lencería. Con diferentes disfraces. Cogiendo. Mamando. Me sentí muy aliviada de no encontrarlo con otra. Y algo excitada también si he de ser honesta. Me gusta sentirme deseada por mi esposo.
Segui con la aplicación de mensajería instantánea.
Mi esposo tenía muchas conversaciones con números desconocidos. Números de otros estados principalmente. Todas las conversaciones eran similares. Saludos breves. Los desconocidos comenzaban a preguntar por mí. Mi edad. De dónde somos. Como me conoció. A que nos dedicamos ambos. Luego sin esfuerzo pasaban a mi físico. Como soy en la cama. Que me gusta. Que le gusta a él. Le pedían fotos. El les compartía o intercambiaban. Hablaban vulgarmente de mí, de mi cuerpo. Hacían video llamada.
Este imbécil le contaba a cualquier desconocido nuestras intimidades. ¡Les mostraba mi cuerpo! Me exhibía. Y yo como su pendeja sin saber. ¡Qué vergüenza! El tema era básicamente que mi esposo preguntaba a estos tipos cómo hacer para tener un matrimonio abierto. Cómo hacer para compartir a su esposa o convencerme de aceptar otra mujer en nuestra cama.
Huelga decir que estaba totalmente en shock. Mas allá de un estado de desilusión. No pude dormir tratando de entender el por qué. Al amanecer decidí que aún lo amaba pero que le tenía que dar una lección.
LA DECISION
Dejé de contestar las llamadas y mensajes de Cesar. Estaba muy encabronada y al mismo tiempo deseaba herir a mi esposo en donde más le doliera. No tenía ningún plan. Solo deseaba salir. Sentirme libre. Dejarme llevar.
¿Pero con quién? Ciertamente no me faltaban admiradores. Se que algunos padres de mis alumnos saltarían ante la oportunidad de cogerse a la maestra Melissa. Incluso otros maestros de la escuela. Los taxistas son unos perros salivando siempre. O mis amigos del karaoke. Pero no. Alguien del pueblo hablaría de más y sentí que tenía que proteger nuestra reputación. Si no por mí, por Dayana.
Tome una larga ducha. Me rasure muy bien el pubis. Solo pensar en lo que podría pasar me mojaba. No pude resistir dedearme un poco el clit. Viéndome al espejo desnuda me gusté. Me puse un maquillaje algo mas cargado de lo normal. ¿Qué se pone una señora decente para salir de piruja? Ni idea, pero lencería tengo de sobra gracias a mi esposo. Elegí un conjunto de tanga negra y bra de media copa semi transparente. Una blusa blanca de tirantes. Una mini falda negra de mi hija Dayana. No es tan corta, apenas un poco arriba de medio muslo, pero se ajusta muy bien a mis nalgas y las hace lucir mucho. El toque final fueron las zapatillas con bastante tacón. Sin medias desde luego.
Decidí ir a un bar karaoke que hace mucho tiempo no voy en la ciudad de O***. A una hora de distancia de aquí. Distancia suficiente para que no conozcan a la maestra Melissa pero accesible en taxi. Llamé a uno de mis taxistas de más confianza. Vicente me conoce desde soltera y siempre nos ha movido. Es de confianza. Un hombre casado y serio más o menos de mi edad. Fui maestra de su hija y conozco bien a su esposa. Cesar me había pedido no contratarlo por las confianzas que se daba cuando nos llevaba. Según por cómo me miraba. No tardó en llegar a recogerme.
EL VIAJE
- Buena tarde maestra.
- Buenas Vicente (subiéndome al taxi en el asiento de enfrente contrario a lo que siempre hago).
- ¿A dónde te llevo Melissa?
- Voy a O**** por favor. Al centro.
Después de un rato notando su mirada en mis piernas, las acomodé para que las viera mejor y le sonreí.
- Que guapa maestra. ¿Vas a una fiesta?
- No, realmente no. Solo a tomar una copa en el karaoke. Ya sabes que me gusta cantar.
- ¿Y tu esposo te alcanza ahí?
- No. Está de viaje.
- Que bien maestra. Que te de permiso de divertirte cuando no está.
En otro momento me hubiera sentido muy incómoda con esta conversación. Pero Vicente era de confianza. Y este día me sentía otra. Un poco insegura pero libre.
- ¿Puedo preguntarte algo maestra?
- Claro Vicente.
- Desde hace unas semanas se esta hablando mucho en los grupos de taxistas. No se si alguien te ha dicho algo.
- ¿De que Vicente?
- Ya sabes. Los taxistas siempre somos los que nos llega todo primero.
- No te entiendo…
- En la base se comparten fotos. ¿Tienes una bata rosa muy sexy?
Sentí como el color me llenaba la cara. Avergonzada como nunca.
- ¿Como?
- Perdona si sientes que me estoy pasando. Hay un pack de fotos que llegó a la base según que era de una maestra de primaria del área. (dijo al mismo tiempo que manipulaba su celular que tenia en el tablero abriendo su galería de fotos)
Y sí. Ahí me encontraba yo en tanga de hilo y con mi bata rosa transparente. Mis nalgas en primer plano y me rostro de perfil poco visible. Era una de las muchas fotos que Cesar compartió. ¡Que humillación! Ahora todos los taxistas del rumbo me conocían las nalgas. Intente el camino de la negación con poco éxito.
- Ay.. no soy yo. Como crees. Ojalá tuviera ese cuerpo…
- Te pareces mucho maestra. La verdad.
Me contestó Vicente al tiempo que pasaba otras fotos. De perrita. Amarrada a la cama. Abierta de piernas. Con disfraz de colegiala. De sirvienta. Afortunadamente en todas se notaba muy poco mi rostro por la luz o la toma. Me sentí extrañamente excitada. Verme desnuda y usada. Saber que Vicente sabia que era yo sin duda. Saber que todos los taxistas y padres de mis alumnos podían tener estas fotos… pensar que me mirarían con deseo, con morbo. ¿Cuántos se atreverían a pedirme algo?
- Debe de haber algún error. Las habrán hecho con inteligencia artificial…
- Si tu lo dices maestra. Pero déjame decirte que estas riquísima. Y nunca me imaginé que fueras así de caliente.
- Respétame, Vicente. Soy una señora decente. Esa no soy yo.
- No te enojes maestra. Te lo digo con respeto. Muchos taxistas en la base tampoco están seguros. Un compañero es muy amigo de tu ex esposo y el nos confirmó cuando le mostramos las fotos.
- (sin pensarlo respondí) ufff... ese está ardido! ¡Nunca supo cómo aprovecharme!
El camino hacia O*** desde el pueblo pasa por una zona de muchos cañales y despoblada. Repentinamente, Vicente salió del camino detrás de unos arboles grandes y apago el taxi.
- ¿Y tu esposo actual si sabe? (dijo al tiempo que ponía su mano sobre mi muslo)
- Vicente... que haces???
- ¿Qué parece maestra? ¿Quieres que pare?
Su mano subía y bajaba suavemente por mi muslo. Ya estaba mojada y deseosa sin siquiera pensarlo. No hice por gritar. No hice por luchar. No hice por impedirlo. Solo logre separar un poco las piernas.
- No pares (dije en voz muy baja)
Ya no había marcha atrás.
La mano de Vicente llego a mi tanga y comenzó a dedearme riquísimo sobre la delgada tela. Yo solo podía suspirar rápido y cerrar mis ojos. Con habilidad hizo a un lado la diminuta prenda y acariciaba ya mi raja mojada. Con su otra mano me comenzó a pellizcar suavemente los pezones. De pronto sentí su boca en la mía. Al principio fue un beso leve, pero mi lengua salió disparada a recibirlo en una muestra de entrega.
Después de un rato de calentarme así se paso sobre mí y empujo mi asiento hacia atrás reclinándolo para tener espacio. Lo abracé por el cuello acercándolo fuerte hacia mí.
Se acomodo entre mis piernas para seguir besándome de lengüita y manoseándome como se le antojara. Bajo su boca hacia mis pezones y me subió la blusa. Me los mordió delicadamente. Lamiendo con su lengua cada pezón mientras sus manos apretaban mis nalgas. Siguió bajando hasta que tuvo su cabeza entre mis piernas y comenzó a lamer mi raja y mi clítoris de una forma muy rica.
Ciertamente en ese momento pensé en mi esposo. En como su forma de tomarme, ruda, con fuerza, sabiéndose mi dueño, era tan diferente a Vicente. En qué pensaría Cesar si me viera ahora. Que tal vez acepte que es su culpa que todos en el pueblo piensen que soy una puta y estoy disponible. Lo imaginé herido, llorando. Y al mismo tiempo no quería que Vicente parara. Quería que me llevara al orgasmo.
Subí mis caderas hacia su boca lo mejor que pude. Su lengua lamiéndome muy adentro, un dedo dentro de la panocha y el otro en el ano. Moviendo su mano rápidamente y de pronto lo sentí... el primer orgasmo. Gimiendo muy fuerte sin importarme nada.
Abro entonces los ojos, solo para ver a Vicente sonriendo entre mis piernas con su rostro empapado de mis jugos íntimos.
- Te toca maestra.
Vicente regresó a su asiento al mismo tiempo que se desabrochaba el pantalón. Bajé de inmediato hacia su verga ayudándolo a bajar sus calzoncillos. Su verga morena, dura, peluda y bastante mas gruesa que la de Cesar. Mi boca llegó de inmediato hasta la cabezota y como becerra comencé a mamársela. Pasando mi lengua por todos lados y moviendo la cabeza de arriba abajo cuando la tenía dentro. Lami sus huevos sudados y olorosos. Estaba perdida de placer. Desde que me casé con Cesar había tenido clases especiales para aprender este arte. Al mirar hacia arriba vi a Vicente grabando la mamada con su celular.
No me importó. Sonreí a la cámara y seguí con una mamada muy babosa. Si los taxistas del sitio tenían dudas sobre de quien eran las fotos, este video seguro que los convencería.
- Para Melissa para… uuugh... no me quiero venir aún. Ponte de perrita que quiero admirar esas nalgotas que tienes.
Como pude volví al asiento del copiloto bajándome la tanga y la falda. Me puse en cuatro sujetando el respaldo y pare la cola lo más que pude. Vicente seguía grabando con su cel y pasaba su mano libre por mis nalgas. Acariciando la panocha y ano cuando pasaba por ahí haciéndome gemir y desear que me clavara.
- Que rica te ves de perrita maestra. No sabes cuanto tiempo había soñado con estas nalgas. Estás divina. Tu pinche marido es muy afortunado. Así… gime rico cabrona.
- Cógeme por favor. Lléname de verga.
Vicente me jaló por las caderas haciéndome recostar de lado en su taxi. Mi rostro hacia la ventanilla y mis nalgas hacia él. Se acercó por detrás y tomando su verga con la mano usó la cabezota para frotarme la entrada de mi panochita.
- Ahhhh siii... Clávame perro. Soy tu putita.
Subí entonces mi pie izquierdo al tablero del coche abriéndome para él. Tomó su gorda verga y apuntando bien me la hundió sin piedad en mi panochita mojada. Soy una mujer pequeña de 1.50 y delgada. Las vergas grandes como la de Vicente y mi primer marido siempre me habían dado problemas. Pero esta vez estaba demasiado emputecida. Demasiado caliente y me encantó como me entró. Comencé a gemir anticipando mi siguiente orgasmo.
- Ufff... Que apretadita estás maestra…
- Ahhh siii.. que rico me abres.
- Me encanta como me aprieta tu pepa.
- Siiii dame más durooo.
- ¿Te gusta mi verga, verdad putita?
- Si. Que rico me cogesss…
No fue de ningún modo un récord. Pero el perro de Vicente aguantó bastante limando mi hoyo con su verga. Me aferré al asiento de su taxi gimiendo ya muy cerca de mi orgasmo. Conforme aumentaba el ritmo sentí que ambos estábamos cerca de terminar. El sudaba y bufaba como toro mientras me la dejaba ir con intensidad. Yo gritando de placer y como una verdadera estúpida dije:
- Te amo Vicente... Te amo… siiiii… Ahhhhhhhh
Mi mala costumbre de decir “te amo” cuando tengo orgasmos muy intensos. Sentí como su verga crecía de pronto y empezaba a escupir su semen dentro de mí. Cada embestida, cada chorro, estaba en el cielo. Me llenó la vagina de leche. Por unos minutos nos quedamos así. Su verga poniéndose blanda dentro de mí. Mi vagina dando contracciones y super sensible.
Al recuperarse Vicente se vistió rápidamente sin salir del taxi y arrancó. Sin decirme nada. Yo aún desnuda y chorreando semen en su asiento. En el trayecto me vestí y me tranquilicé. Ya había pasado. Le fui infiel a mi esposo. Recordaba lo que me había dicho aquella noche que discutimos: ¿es mejor poner el cuerno o coger con otros con permiso?
- ¿Cuánto te debo Vicente?
- Como crees que te voy a cobrar Melissa. Al contrario.
- ¿O sea que me quieres pagar?
- Jaja ¿cuánto cobras?
- Jaja… no sé… eres mi primer cliente.
- ¿De verdad me amas?
- Claro que no. Solo fue la emoción del orgasmo.
- ¡Que alivio!
- Pero si me gustó como me cogiste.
- ¿Te puedes embarazar? Me vine dentro…
- No. Estoy ligada. No te preocupes. ¿Tú tienes enfermedades?
- No. Me acaban de checar de todo.
- ¡Que alivio! ¿Me podrías mandar el video que grabaste?
- Claro. ¿Quieres que lo borre?
- Mmmh. No sé. Ya con las fotos tienes una buena colección.
- Ahhh. Entonces si eres tú la de las fotos Melissa.
- Si. Cesar tiene una forma de ser… muy especial en estas cosas.
- ¿No estás bien con tu esposo maestra?
- Si. Lo amo y creo que el me ama a mí. Es solo que últimamente siento que el quiere explorar otros temas. Como ser compartido… ¿si me entiendes?
- ¿O sea que si es cierto que las fotos no son robadas y vienen voluntariamente de él?
- Si. Pero no debes hablar con nadie de esto. Es un pueblo chico.
- No te preocupes maestra. Cesar será un cornudo con dignidad. Pero de ti no puedo prometerte nada… ya muchos tienen el pack. Y aunque no pueden asegurarlo si te pareces mucho.
- Que vergüenza. Siempre he sido una señora decente.
- Jaja… claro.
Ya en el karaoke le pedí al mesero una copa y con la música me fui olvidando de todo. Mi panocha tenía ese dolorcito rico y estaba escurriendo gotitas de semen. Le mandé a mi esposo el video mamándosela a Vicente y esperé a ver si había aprendido su lección.
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