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Dominaciónsept 2024

El alquiler de mi sumiso (15)

Carmen nunca imaginó que su esposo sería tan dócil ante el deseo de otra. Pero cuando Maria llega a la casa, las reglas cambian: él no es el dueño, es el perro, y el castigo acaba de empezar.

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Salimos de la habitación para presentarme ante ellos. Al verlos abrazados y a mi esposa y ama sobre las piernas de él pude ver como la polla de Sergio la penetraba una y otra vez con gran fuerza. Al salir su polla del coño de mi ama lo hacía impregnada de un flujo espeso y blanquecino. Ya se había corrido y aún deseaba más y más. Al verlos Maria no quiso interrumpirlos. Se sentó conmigo a sus pies.

No los molestaremos.

Un bofetón cruzó mi cara con otro de revés que me hizo tambalear haciendo que el arnés presionara sobre el pene que penetraba mi culo.

Ahhhh!

¿Que te ocurre?

Nada mi señora Maria. Perdón.

Volví a colocarme arrodillado junto a ella. Al seguir desnudo acercó sus uñas a mi pecho, las movió y clavó en mi pecho deteniéndose en mis pezones clavándolas de forma que hizo que unas gotitas de sangre resbalaran por mi piel.

uyyyy, que pena, mira lo que le ha ocurrido a tus pezones. No te asustes porque cuando seas marcado te aseguro que recordarás esto como algo muy liviano y deseado.

Mi esposa no paraba de subir y bajar sobre las piernas de Sergio. Por sus piernas empezaron a resbalar hileras del flujo de su coño mezclado con el semen de él al correrse. Sus gemidos eran tan fuertes que mi excitación se hizo notar ante Maria.

No me gusta lo que te está ocurriendo. ¿No te ha enseñado tu ama a pedir permiso?

Dicho esto su pie pisó mi polla pisándola y retorciéndola hasta hacer que la erección disminuyera.

Así me gusta más. Quiero que mires a tu esposa como te hace un verdadero cornudo, como te humilla….., disfruta esclavo.

Mi esposa tras varios orgasmos se levantó de encima de él echándose sobre el sofá, totalmente rendida y exhausta. Maria dió un tirón de mi correa y señalando con el dedo a Sergio me hizo saber que debía limpiarle. Me acerqué a cuatro patas y abriendo mi boca esperé ofrecido a que la introdujera en mi boca. Así estaba cuando un empujón en mi cabeza hizo que penetrara hasta el fondo de mi boca provocándome una arcada.

¿A qué estás esperando, cerdo?

Ya dentro de mi boca inicié una lamida por su tronco para después chuparle bien su capullo que estaba lleno de una mezcla de semen y flujo. Su sabor era agridulce y amargo. Cuando terminé miré a Maria y tirando de la correa me hizo desplazarme hasta donde estaba mi esposa. Sus piernas estaban recorridas por hilos de flujo blanquecino que les chorreaban hasta sus pies. Mi lengua comenzó por chupar sus dedos uno a uno y después con mi lengua ir recogiendo ese hilo de flujo hasta llegar a su coño. Ella abrió las piernas dejándome paso para que colocara mi cara entre ellas.

Hazlo muy despacio, aún estoy muy excitada.

Comencé lamiendo sus muslos que estaban chorreando de sudor y de su corrida, aún estaba caliente. Con mi lengua iba lamiendo cada gota y saboreándola. Al pasar mi lengua sus piernas temblaban aún de placer.

Me siento muy bien y muy orgullosa de poseer un esclavo como tú al que acabo de hacer un auténtico cornudo. Me gustas así, mi perro.

Gracias mi ama.

Continué subiendo por sus piernas a la vez que ella iba separándolas para permitir que llegara entre ellas. Su coño estaba muy caliente y aún rezumaba la leche de la corrida de Sergio. Sin llegar a su coño, éste iba destilando ese fluido ardiente y lechoso que recogía con mi lengua. No pensaba que estaba lamiendo la corrida de él sino que estaba obedeciendo a mi esposa y ama a la vez que la estaba complaciendo.

Si, sigue avanzando. Me encanta ver como te afanas en limpiarme, te estás convirtiendo en un cerdo y más que voy a hacer que lo seas.

Sus piernas se separaron totalmente permitiéndome llegar con mi lengua a sus labios mayores de los que recogí los restos de la corrida. Sus manos se posaron sobre mi cabeza para guiarme hasta donde deseaba sentirme.

Vamos, cerdo, lámelo bien todo. Yo te diré cuando has de parar. ¿Sabe bien cerdo?, espero que te guste saborear la leche que te ha hecho un cornudo.

Sus palabras eran muy humillantes. Seguí pasando mi lengua muy despacio por todo su coño.

¡Ya basta!. Enciéndeme un cigarrillo.

Mientras lo fumaba uso mi boca como cenicero. La ceniza se mezclaba en mi boca con su flujo que aún había en ella.

Bueno Maria, ¿lo has pasado bien?

Mucho, ni te lo imaginas.

Bien háblame de tu experiencia marcando a fuego.

Pues lo primero es hacer el molde en hierro con lo que quieres marcarlo. Eso me lleva unos días. Una vez hecho te lo enseñaré y haremos una prueba para que veas cómo queda.

Pues había pensado “propiedad de Carmen”.

Me parece bien. Si te parece lo haremos en tres líneas: arriba “propiedad”, en medio “de” y abajo “Carmen”. De esta manera lo podremos hacer en tres sesiones. Has de saber que es muy, muy doloroso y requiere no solo su inmovilización total sino un tiempo de recuperación entre una y otra marca. Ese tiempo no es muy grande, pude ser de uno o dos días. También has de saber que habremos de evitar cualquier tipo de quejido que de seguro pronunciará.

Hasta ahora no veo ningún problema. Lo pondremos echado sobre una mesa y estará bien atado a sus patas. En cuanto a sus quejidos llevará puesta una bola en su boca que le impedirá emitir cualquier sonido.

Te diré que tras marcarlo requiere que sean curadas durante un mes aproximadamente unas dos veces al día. De sus curas me encargaré yo al principio, luego podrás seguir tú con mis indicaciones.

Y ¿cuándo podrás marcarlo?

Pues si no hay ningún problema a mediados de la semana que viene podría tenerlo todo preparado. Ah, se me olvidaba decirte que es posible que tras marcarlo pierda la conciencia. No será problema, yo me encargaré. Es algo muy normal que le suceda.

¿Que te ha parecido mi esclavo? Vas a ser marcado como los animales, de por vida. Ya nadie podrá dudar a quien perteneces. Acércate.

Me puse frente a ella arrodillado. Entonces sentí un tirón de la correa que me hizo girar mi cabeza y mirar a Maria. Fue en ese momento cuando sentí como el cigarrillo de mi esposa y ama era aplastado sobre mi pezón. Fue horrible la quemazón que me produjo.

¡No imaginé que lo soportara sin quejarse nada! Es increíble lo que acabo de ver.

Mi pezón ardía de dolor. Sabía que no podía acariciar el derredor para así mitigar el dolor. Solo me encogí y en silencio seguí soportándolo. Maria le pasó la correa a mi ama para marcharse.

Bueno, Carmen, estamos en contacto. Me alegro mucho de haberte conocido.

Sergio aún estaba sentado. Se acercó a él y le beso en la boca. Mi ama al verlo sintió algo de envidia.

¿De mi no te despides igual?

Perdona, no sabía si te gustaría.

No lo he probado nunca pero siento curiosidad.

María se acercó a mi esposa, la abrazó y unió su boca a la suya para después introducirle su lengua en la suya. Podía ver como mi esposa trataba de chupar su lengua atrapándola con sus labios. Fue un beso intenso y largo.

Veo que te ha gustado. Creo que tú y yo vamos a congeniar muy bien.

Si, creo que si. Gracias y hasta pronto.

Vístete bien y prepáranos algo de comer.

Un bofetón seguido de un escupitajo fue la manera de dejarme ir. Su escupitajo resbalaba por mi cara hasta llegar a la altura de mi boca y con mi lengua tratar de recogerlo y beberlo. Me vestí como la criada que era y me dispuse a preparar el almuerzo.

Al terminar les serví la comida y me marché a mi habitación para desnudarme. Una vez desnudo fui a coger mi bol de sólidos para permanecer entre ellos arrodillado y en el suelo. Mi ama le estuvo contando todo lo que le había contado Maria.

He visto como os despedíais.

Si, nunca lo había probado y te he de reconocer que me ha gustado mucho. Tanto que mira como me ha puesto.

A la vez que se lo decía llevó su mano a su coño, se introdujo varios dedos en el y se lo dio a probar.

- Realmente te ha excitado. No me lo podía ni imaginar

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