Mi vecina Inma, la mujer de mi mejor… Parte 9
Antonio aterriza en Madrid con una sola misión: llegar antes de que Jack termine con Inma. La puerta está abierta, los gemidos son claros y la invitación es implícita. Esta noche, tres cuerpos y un deseo compartido no conocen límites.
Capítulo 13: Ninfómana
Nada más aterricé en el aeropuerto de Madrid, llamé a Jack: “Ya he aterrizado, Jack. Llegaré a casa en unos treinta minutos. Nos vemos enseguida. Que ganas tengo de follarme a Inma. Dila de mi parte que estoy deseando empalarla”.
Jack: “Venga, ven deprisa que esta perra está salida perdida. De hecho, es este momento, me está comiendo la polla. No te preocupes que la voy a dejar caliente, pero sin que se corra. Muy bien cariño… sigue así… cómetela entera… hoy te vas a hartar de comer pollas. Lo dicho, hasta ahora mismo Antonio”.
Montado en el taxi, camino a casa y sin poderme quitar de la cabeza la conversación con Jack, le escribí un Whatapp: “Jack, ¿Por qué no me mandas una foto de Inma comiéndote la polla?”
A los pocos segundos, suena mi móvil. Son mensajes de Jack. “Toma, cabrón, ahí te envío unas fotos… pero no vayas a publicarlas en redes, hijo puta”.
En la primera foto, Inma en primer plano mira a la cámara con el capullo de Jack metido en la boca. En la segunda, una tremenda garganta profunda, especialidad de Inma, según Jack.
Al poco, llega una tercera foto con este mensaje: “Antonio, mira esto. Esta zorra ha estado entrenando”. En la foto, Inma aparece tumbada boca abajo en la cama, con el plug mediano, el de la piedra azul, metido en el culito, lanzando un beso a la cámara.
Tras una eternidad de treinta minutos, llegué por fin a casa. Dejé la maleta sin deshacer y me pegué una ducha rápida y aun con el pelo mojado subí a la casa de mi amigo Jack. Cogí eso si, la bolsa que tenía el regalo que había comprado en París para Inma. Pasaron unos segundos y la puerta seguía sin ser atendida, llegando al momento un mensaje al móvil: “Tienes la llave de casa sobre la mesa de tu cocina. Cógela y pasa. A partir de ahora, esta es también tu casa, la casa donde vive tu mujer o, mejor dicho, nuestra mujer”.
Así lo hice. Cuando por fin abrí la puerta, ya desde la entrada de la casa se oían los gemidos de Inma y el traqueteo de Jack sobre el cuerpo de ella. Internándome por el pasillo y llegando hasta la habitación, me encontré con el espectáculo:
Inma a cuatro patas, con la grupa sobre dos grandes almohadones, siendo montada a buen ritmo por su marido. Llevaba unos correajes de cuero que hacía las veces de sujetador, un collar de perra con argolla, de la que colgaba una cadena, sujetada por la mano izquierda de Jack, mientras con la derecha acariciaba su cadera.
Antonio: Vaya, vaya, que bien es lo estáis pasando. Yo también quiero jugar a este juego.
Inma: Ummmm, claro que si. Veo que te has duchado. Bueno, no hacía falta… las pollas al natural también tienen su encanto, pero trae para acá ahora mismo esa polla que parece mentira que todavía no me la he comido. Jack: tu no me la saques por nada en el mundo. Mira como tu chica es el centro de atención de esta fiesta.
Acto seguido, me desnudé, me puse de rodillas delante de Inma, que con una sonrisa de oreja a oreja abrió su boca para recibir a mi caliente polla.
Antonio: “O Jack, que maravilla de boca tiene tu mujer… como la chupa”.
Jack: “Ya te lo dije. A Inma le encanta comerse una buena polla. Yo creo que zamparse un rabo la pone igual de cachonda o más que que le coman el coño. Además, parece mentira la profundidad a la que se la mete. Vas a disfrutar como un cabrón”.
Inma: Dejad de hablar de mi como si no estuviera delante, cabrones. Menos hablar y más follarme, que para eso tengo dos machos en casa.
Jack: Te cambio el sitio tío, que yo llevo ya un buen rato dándole duro a esta zorra insaciable.
Jack sacó su nabo del chorreante coño de su mujer y ocupó mi lugar, pero esta vez sentándose sobre la cama. Por mi parte, situando mis manos en los cachetes de Inma, abriéndolos y acariciándolos le dije a Inma:
Antonio: Cariño, que bien te sienta el plug. Estás preciosa.
Llevando mi mano al plug anal, lo apreté hacia dentro, suscitando los gemidos de Inma.
Inma: vamos, cariño, hoy soy tuya. Haz conmigo lo que quieras. Necesito tu polla dentro de mí, ya.
Jack: Toma la cadena. Doma a esta yegua.
Tomé la cadena, tirando de ella un poco para hacer que Inma mirara, sacando la polla de Jack por un momento de su boca, mientras clavaba mi polla poco a poco en el precioso y cálido chocho de mi amiga. Que gustazo, que estrecho, que ajustado, efecto acentuado por el plug insertado en su espectacular trasero.
Antonio: Que apretada estás, Inma. Es una delicia penetrarte. Ahora te la voy a meter por el culo. Prepárate, cariño.
Esto era la culminación de un sueño: Por fin iba a porculizarla. Saqué mi cipote de su coño, llevé mi mano a su sagrado agujero, introduciendo los dedos índice y corazón a ambos lados del plug y tirando suave pero firmemente de él. Salió así con cierta facilidad, arrancando un gemido de placer de Inma, ahogado parciamente por la polla de su marido, que sujetaba ahora la cadena que colgaba del collar de perra.
Me recree en masajear los contornos de su esfínter, disfrutando del momento. Incapaz de resistir, mi lengua siguió a mis dedos, dando placer a mi amante, devorando su orto.
Inma: Antonio, métemela ya por el culo, te lo ruego, estoy a punto de correrme y quiero hacerlo petada por tu polla.
Jack: Espera, espera zorra, te vas a correr, pero doblemente petada. Hacedme sitio. Vamos, monta.
Inma: Si, si, si. Ven aquí.
Una vez cogido el ritmo, mientras Inma cabalgaba contorneando su cadera a su marido, situé la punta de mi polla en el culito de la hembra y poco a poco comencé a metérsela, disfrutando aún más si cabe, esa sensación de estar reventando el orificio de mi amiga, sensación potenciada por el susurro de placer de Inma.
Inma: Me estáis matando de gusto, cabrones. Estaba deseando teneros a los dos dentro, a la vez, como os tengo ahora. Quiero que me folléis así a diario. Estoy enganchada a la doble penetración. Me encanta. Os voy a reventar a los dos. Me corro, me corro.
El orgasmo de Inma fue tremendo, con espasmos. Inevitablemente, a los pocos segundos Jack se corrió, llenando aún más su coño y desencadenando también mi corrida, acompañada por gemidos, casi gritos de Inma.
Los tres caímos agotados en la cama, quedando Inma en el centro y Jack y yo en los lados. En esa posición, con manos de Inma acariciando a izquierda y derecha las pollas de sus machos, nos quedamos dormidos.
Al despertar, Inma se metió en la ducha y Jack y yo nos quedamos en la cama charlando:
Jack: joder, como se ha corrido la puta de Inma. Se ve que le encanta que la enculen. Uno de estos días tenemos que probar si solo dándola por el culo eres capaz de hacer que se corra.
Antonio: Estoy dispuesto a intentar ese reto. En serio, amigo: Esto ha sido una gozada. Gracias.
Jack: Nada tío. Nada que agradecer, ya ves que tanto Inma como yo hemos disfrutado de la sesión. Ha sido un polvo memorable. Me encanta que Inma disfrute del sexo y de la vida con tanta intensidad. Oye. Que traes en esa bolsa. ¿Es la ropa guarra que compraste en París? Vamos a pedir a Inma que se la pruebe.
Antonio: Espero que le guste. Es ropa diseñada para follar. La puede llevar puesta a una boda si quiere, pero eso no quita que es pecado puro. Y con ese culo y esas tetas que tiene tu mujer… cualquiera se la querría follar al instante.
Inma: A ver, a ver. O. Que sexy. Pero hoy no me la voy a poner, que acabaríamos follando otra vez y mañana tengo que madrugar, ya que salgo de viaje. De hecho, estaré fuera cuatro días: Mi antiguo jefe y muy amigo mío, el millonario, el que vendió su empresa por 60 millones de euros el año pasado, se ha comprado un yate y a mi y a otras personas de su antiguo equipo nos ha invitado a pasar allí con él unos días, viajando entre Valencia y Mallorca. Nos ha prometido que va a ser muy divertido. Mira, tal vez me lleve esta ropita y la estrene allí. Gracias, eres un amor.
Antonio: cariño, haz lo que quieras con ella, pero cuando vuelvas, quiero verte con ella puesta. Además, Jack me ha propuesto un reto que me gustaría probar contigo.
Inma: Claro que si. Quiero que estéis estos cuatro días acumulando ganas y farra para mi. Cuando regrese el sábado, quiero tener una sesión doble de lo que me habéis dado esta noche.
Antonio: Perfecto. Se buena chica en el barco. Nos cuentas el sábado. Por cierto, excelente entrenamiento anal. Creo que te ha dolido un poco, pero que lo has disfrutado enseguida:
Inma: El esfuerzo ha merecido la pena, pero que sepas que en el barco no me olvidaré de mi couch y seguiré entrenando en la medida que pueda. Duerme bien. Nos vemos el sábado y te cuento todo. Muak.
Así es Inma. Una magnífica ejemplar de ninfómana. Ya había disfrutado esta semana de dos rabos, pero tenía en presentimiento que no se quedaría ahí la cuenta y que el sábado tendría una historia interesante para contar a su marido y a mí, su otro marido y empotrador.
PD. Como siempre, más que bienvenidos los comentarios. ¿Que creeis que puede pasarle a Inma en esos cuatro días en el barco?
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