Juego de damas, el intercambio. Marta
María tiene una idea que podría destruir sus matrimonios o salvarlas del aburrimiento: intercambiar esposos con los ojos vendados. Marta, atrapada en la rutina, acepta el reto más peligroso de su vida cuando el destino le pone en la mano a Juan, el amor prohibido de su juventud. ¿Podrá mantenerse firme bajo la mirada ciega de sus amigas y la presencia ardiente de su primer amor?
Soy Marta y a mis 48 años debo decir que no tengo ningún motivo para quejarme. Mi cuerpo, bien cuidado, todavia resulta apetecible y todavía veo girar la cabeza para mirarme, cuando me visto mas sexy de lo habitualmente sencilla. Tengo un buen trabajo que me gusta, un marido atento y cariñoso del que estoy enamorada y una hija de 23 años, que lleva uno viviendo por su cuenta. La rutina y el aburrimiento que me embargan a veces, la combato con mis dedos, mi vibrador y mi fantasía.
Con mis tres amigas de la infancia quedo una vez cada dos meses. Todas estamos casadas y, menos Inés, todas tenemos hijos. En estas reuniones hablamos de nuestras maravillosas vidas y nuestros maravillosos planes de futuro y nos reímos con ganas con algún comentario subido de tono o una confidencia picante.
- He pensado en un juego- soltó María de repente. Yo sabía que de esa cabeza no podía salir nada bueno y cuando vi la sonrisa divertida de la morbosa Lidia, supe que de avecinaban problemas.
- Que se te ha ocurrido María - soltó Lidia echándose para adelante en el asiento y prestando toda su atención.
- Nos hacemos mayores- empezó María- y todas somos felices- dijo entrecomillando con los dedos- pero nos falta una pizca de emoción, tenemos que salir de la rutina diaria, hacer una locura que nos remueva por dentro.
- Sea lo que sea, cuenta conmigo- dijo Lidia con una carcajada.
- He pensado en un juego para tirarnos al marido de otra de nosotras- soltó la bomba María.
- Conmigo no contéis - dijo Ines
- ¿Que opinas tu Marta? - me preguntó Lidia.
- Como mucho estoy dispuesta a seguir escuchando- dije tras meditarlo un rato.
- ¿ Como lo hacemos María? - preguntó Lidia.
- Tenemos que convencer a nuestros maridos, les diremos que una desconocida les follara con los ojos cerrados y que solo deben disfrutar sin preocuparse de quien sea. Iran con los ojos bien cerrados, no se debe hablar ni una palabra en toda la cita y, aunque pueda sospecharlo, nunca le diremos quien fue.
- Guauu soltó emocionada Lidia
- Que locura- dijo Ines, pero había escuchado con atención y me pareció mas receptiva. Todas me miraron
- Me siento sucia pero no me desagrada tanto como debería.
- Bien, gritó Lidia casi dando un salto,
como lo hacemos?
- Había pensado en darle emoción, cogemos una baraja y echamos las cartas boca arriba, hasta que una consiga tres reyes. La primera que lo consiga será la primera en elegir. Luego seguiremos repartiendo entre las otras tres y luego cuando queden dos. Nuestros maridos no son elegibles, que quede claro- resumió María.
- ¿Que dices Ines, te apuntas? - preguntó sonriendo Lidia, dando por supuesto que contaba también conmigo, aunque no lo había dicho. Ines nos fue mirando una por una, mientras echaba un trago de su cerveza.
-No me importa que os tireis a Mario, pero no creo que sería capaz- luego sonrió y dijo- Venga vamos a jugar.
- Antes de tirar las cartas quiero proponer una mejora - dijo Lidia. Todas las conocíamos muy bien por lo que la mejora nos llenó de pánico - El hombre, que no verá nada, debe conocer previamente el guión ya que no vamos a hablar con él - parecía lógico a pesar de la vergüenza que eso supondría - y propongo que el guión lo escribamos las otras tres.
- Queeeee - gritamos Ines y yo- No voy a pasar por eso- dijo Ines. Tras un largo debate acordamos aceptar la propuesta de Lidia, pero la interesada podía vetar parte de ella.
Conseguir tres reyes entre cuatro resultó mas difícil de los que creíamos, llegábamos fácilmente a dos y se creaba una gran expectación, pero el tercero se resistía. Cuando estábamos a punto de cambiar las normas yo recibí los dos primeros reyes, todas abrimos la boca expectantes y empezamos a repartir muy despacio, Ines recibió el tercer rey y, cuando parecía que sería otro intento mas, el cuarto rey cayó delante mío. Todas menos yo gritaron divertidas.
- Te toca elegir Marta, con quien te quedas? dijo Lidia
En condiciones de privacidad no tendría dudas. Juan, el marido de María, había sido mi amor platónico en mi juventud y aunque nunca hice nada todavía hoy me ponía nerviosa en su presencia. Pero delante de mis amigas me daba vergüenza. Al final María acabó con mi incertidumbre.
- Venga Marta, siempre has estado confía
coladita por Juan y apostaría a que tu también le gustas a él. No te hagas la estrecha ahora, esta es tu oportunidad.
No tenía sentido negarlo
- Vale, elijo a Juan.
La siguiente ronda la ganó Inés, que haciéndose la tonta eligió a mi marido, Gerardo. Como Lidia no podía elegir a su propio marido, no había necesidad de mas sorteos, le tocaba Mario y a su marido, Carlos le tocaba María.
Decidimos concentrarnos en la primera cita, la mía,y mis tres amigas discutieron un buen rato sobre como debía ser, mientras a mi me temblaban las piernas.
Lidia me comunicó la decisión.
Primero un intenso morreo, vestidos metiéndonos mano, luego él debía desnudarme, con mi apoyo, acariciándome y besándome y luego yo debía desnudarle a él, también con caricias y besos, luego yo me arrodillaria y le haría la mejor mamada de su vida- así me lo dijeron- tragándome todo- cuando iba a hablar Lidia me paró y me dijo que al final podía hacerlo- luego te tumbaras con las piernas bien abiertas y él te comerá el coño hasta que te corras como una loca- así literalmente me lo vendieron- Cuándo vuelva a estar firme, el se tumbara y tu te sentarás sobre su polla y lo follaras lentamente hasta el intenso y fuerte final. Después iréis a la ducha y tu le limpiarás bien, sin prisas,frotandoos los cuerpos y besándoos. Si consigues que se ponga en condiciones, sabemos lo difícil que es, debe follarte contra la pared de la ducha. Después le secaras y él a ti y tras vestirte te iras. Estás de acuerdo en todo Marta?
- No me lo voy a tragar, solo lo he hecho una vez y no me gustó. Yo decidiré como acaba la mamada - dije firmemente.
Vi como Lidia sonreía, ya contaban con ello y lo habían puesto para pasar todo lo demás, luego se dirigió a María.
- Tienes trabajo María, tienes que preparar a Juan
- Que pena que no pueda decirle quien es, lo disfrutaría mucho mas, jejeje
Cuando regresé a casa estaba al mismo tiempo muy nerviosa y muy excitada. Me desnudé, me tumbé en la cama y solo con mis manos y pensando en Juan, me corrí mas violentamente que nunca. No estaba segura de ser capaz, pero si de que lo deseaba intensamente
Una semana mas tarde María escribió en el grupo de WhatsApp
- Juan está informado y conforme. Se extraño mucho pero cuando le dije que no era obligatorio y que lo olvidase, aceptó en un momento.
Los primeros días tenía remordimientos, nunca le había dicho infiel a Gerardo, pero él se iba a follar a Ines, que aunque uno poco estrecha estaba muy buena, y eso me tranquilizaba. Una vez con mi amor de la juventud, no me iba a ver pero quería estar muy guapa y sexy para él, por eso me compré ropa, quería facilitarle que me metiera mano al principio, fui a la peluquería, me cambié de perfume por si acaso. Cuando salí de casa pensé que estaba realmente guapa, respiré hondo varias veces y me encaminé a la casa de María. Había tomado una decisión, quería que Juan recordase esa cita de por vida, aunque no supiera quién era, por eso decidí tragarme todo, me gustara o no.
Nos inventamos una quedada para el viernes y María preparó a Fran para asegurarse de que no viera nada y lo sentó en el sofá.
Subí a casa de María y respiré hondo antes de llamar, revise todo y parecía todo perfecto. María estaba preparada, abrió la puerta, lista para irse y se acercó a mi oído.
- Todo tuyo, disfrútalo al máximo zorra - me dijo mientras me pellizcaba en la nalga.
Lo intentaré- le dije mientras ella se marchaba.
Juan estaba sentado en el sofá esperándome, estaba adorable, el hombre por el que tanto había suspirado de joven a mi disposición. Metí las manos bajo mi falda y me quité las bragas, las guardé en el bolso que dejé sobre una silla. Me acerqué a él le tomé las manos y le hice levantarse, me pegué a su torso, le pasé los brazos por su cuello, lo acerqué a mi boca y lo besé. El abrió su boca y su lengua y la mía empezaron una danza lenta y profunda. Sus manos entraron bajo mi blusa para acariciar mis pechos mientras su boca mordía mi cuello, luego bajó sus manos y las metió bajo mi falda y me agarró el culo con fuerza. Yo desaté su cinturón y desabroché su pantalón, metiendo mi mano dentro de su slip. Su polla estaba durísima y era mas grande que la de mi marido, la sujeté en mi mano, sintiendo su excitación. El dejó mi culo y pasó su mano por el interior de mis muslos, subiendo hasta mi coño. Cuando sus dedos me recorrieron estuve a punto de chillar, mi cuerpo se estremeció, él notó mi humedad, sus dedos se movían fácilmente y entraron dentro de mi sin resistencia. Le separé y le puse las manos en los botones de mi blusa, solo había dejado dos y rápidamente los desabrochó, abrió mi blusa y metió mi teta en su boca, mordisqueandome suavemente. Sus manos desabrocharon mi falda, que cayó al suelo y me quitó la blusa. Estaba desnuda y me pegué a él, luego subí su niki y lo saqué por su cabeza. Pegué mis tetas en su torso y le acaricié el pecho, besando su pezón, luego agarré pantalón y slip y lo bajé y se los quité.
Me puse de rodillas entre sus piernas, su polla estaba dura, la acaricié y introduje su punta en mi boca, puse mi mano en su culo y empecé una lenta mamada. La notaba palpitar y estaba tan caliente que necesitė tocarme, mientras casi podía meterla entera en mi boca. El empezó a moverse mas y agarró mi nuca para aumentar mi ritmo, se movía rápido, luego hizo un gesto para que me apartara pero agarré sus malas y con mas fuerza y presione mas fuerte con mis labios, hasta que sentí el primer chorro, ahora agarraba mi cabeza y se movía con fuerza expulsando su semen en mi boca. Cuándo acabó me tragué todo y le limpie la polla con cariño.
Me tumbé en el sofá boca arriba y lo guíe hasta mis muslos. El se tumbó con su boca en mi coño y deslizó su lengua recorriéndolo lentamente. Sus manos se posaron en mis tetas, agarrándolas con fuerza, mientras su lengua devoraba mis labios y mi clítoris, luego sus manos bajaron a ayudar a su boca, separando mis labios e introdujendo su lengua. Necesitaba gritar pero no podía hacerlo, tenía que aguantarme, mi cuerpo se revolvía, el placer se hacía mas intenso,notaba como el orgasmo se acercaba rápidamente, hasta que exploté con violentos espasmos, mi cuerpo revolviéndose como una serpiente.
Nos tumbamos juntos, nuestros cuerpos desnudos y abrazados y mi mano en su polla, todavía no estaba listo. Me puse encima de él y empecé a acariciarle y besarle suavemente, con nuestros cuerpos desnudos frotándose, sin prisas. Al rato noté que su polla había reaccionado, estaba otra vez lista y dura. Me incorpore la agarré con mi mano y la guié hasta mi entrada, me metí la punta y bajando mi cuerpo fui introduciéndola dentro de mi. Sus manos se posaron en mi culo y las mias en su pecho, empecé a moverme disfrutando cada segundo y de cada milímetro. El me empujó de la espalda para comer mis tetas, que mordió mientras me daba un azote en el culo. Subí el ritmo como me pidió mi cuerpo, otro azote mas fuerte me puso salvaje y mi cuerpo se movió rápido, las sensaciones fueron creciendo, noté que él estaba a punto y me corrí intensamente sin que esta vez pudiera evitar gritar. Acabé exhausta encima suyo, una sensación deliciosa.
Me levanté y le cogí de la mano. Fuimos a la ducha. Dejé caer el agua hasta que la temperatura estuvo perfecta y luego mojé su cuerpo y el mío. Eché gel en mi mano y recorrí despacio su cuerpo, disfrutando del tacto de su piel. Limpie su polla que no estaba lista, como era normal. El sabía que tenía que intentar empotrarme en la ducha y me agarró para intentarlo, pero le dije sin palabras que no era necesario, que los dos estábamos bien, se lo dije separándome y besándolo suavemente. Lo entendió, luego le sequé con mimo. Volvimos al salón y me vestí. Cuando lo hice le agarré y le dí un último beso. El de acercó a mi oído y me dijo: Gracias. Una última caricia en su mejilla, me volví, abrí la puerta y me fui.
Me estaban esperando mis amigas pero no tenía ganas de estar con ellas en este momento, me metí sola en una cafetería y les envié un WhatsApp.
- Ya he salido, todo muy bien pero me voy a casa, ya hablaremos mañana, un beso
Me senté y repasé lo que acababa de pasar. Me había entregado totalmente y había disfrutado como nunca, lo recordaría siempre y esperaba que Juan también, pero sabía que era algo que no podía volver a repetirse y cuando lo pensaba la tristeza se apoderaba de mi.
- ¿Estás agotada y te tiemblan las piernas, cacho zorra? me escribió Lidia con guasa.
- Hablamos mañana, la cortè.
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