La discusión
Una frase dicha en un momento de rabia lo ha destrozado: 'Me gustan las pollas grandes'. Ahora, cada vez que la toca, solo escucha ese eco. La noche de la reconciliación no será suave; será un campo de batalla donde la rabia, el deseo y la verdad chocarán contra las sábanas.
Me detengo en la puerta de mi casa, no tengo deseo alguno de entrar a pesar de que percibo desde fuera el olor de una comida muy familiar, el sonido de mis niños jugando en la sala y seguramente también mi esposa está pendiente a mi llegada para intentar atenderme en todo lo que se me ocurra y aunque no quiero entrar, he de hacer de tripas corazón.
Pero ya vine cenando, comí en otro lugar de camino a mi hogar, eso he venido haciendo durante los últimas dos semanas y obviamente mi familia se ha dado cuenta del cambio tan drástico que ha sucedido en mi. Yo no veía el tiempo en el que llegaba a casa, ansiaba cada instante el poder estar con mi esposa y mis niños, éramos una familia digamos que común y corriente, con altibajos pero con mucho amor entre todos nosotros.
Obviamente teníamos problemas, como cualquier pareja, lo malo era que todo siempre tenía que ver con trabajo y dinero, que si pasaba mucho tiempo en la empresa, pues desatendía a los niños y a mi esposa, que si no lo hacía, pues el dinero no siempre alcanzaba para todas las necesidades de la casa. Pese a que los dos trabajábamos muy duro, las cosas nunca resultaban sencillas; gastos imprevistos, enfermedades de los niños, el auto viejo que siempre se dañaba. Nada que las cosas que en una casa pueda causarnos insomnio, más siempre generaba disgustos en la pareja.
Claro que muchos de esos disgustos eran resueltos activamente en la habitación, nuestras relaciones sexuales siempre habían sido muy satisfactorias. Entre las sábanas de nuestra cama podíamos desatar toda nuestra creatividad y deseos. Ella siempre tan femenina fuera del cuarto, cambiaba su ser por uno en el que era más lanzada y deseosa de disfrutar el placer, invitándome siempre a experimentar en lo que se refiere al deseo.
No había ocasión en la que mi polla no recibiera la atención de sus labios, más no siempre podía disfrutar de terminar entre sus labios, mis manos recorrían su cuerpo siempre tan tibio y dulce, mas obviamente enloquecedor. Sus piernas tan largas y fuertes enlazadas en mis caderas me volvían ciego cada vez que me encontraba encima suyo, descargando toda la fuerza de mi cuerpo al intentar penetrarla fuerte aunque lentamente. Sus senos entre mis manos me transmitían una sensación de estar tocando el mundo entre mis dedos, de poder tener entre mis manos el placer de sentir sus curvas y su pasión.
Su sexo, aquella fuente de placer que siempre me había dado más de una alegría el poder saciar mi sed en su manantial, me había convertido en padre de una niña tan bella y apasionada como su madre y un niño que será tan fuerte y alto que seguro me sobrepasará dentro de algunos años para mi orgullo y alegría. Aquel sexo que me había dado tanto, no dejaba de volverme loco cada vez que lo veía, tocaba o follaba; siempre tan tibio y húmedo, dispuesto a ser poseído y dispuesto a poseer. No se contar las veces que en nuestra cama pude sentir las contracciones de un orgasmo que se volcaba al momento que ella gritaba mi nombre, otras tantas pude sentir su latir junto con el temblor de sus piernas cuando mi cuerpo empujaba desde su trasero toda la furia que mi polla le podía brindar mientras estaba a cuatro patas sobre algún mesón o sofá.
Pero incluso todo esto no sobrepasaba la complicidad que ambos teníamos durante el día a día, las noches en vela que nuestros hijos nos obligaban a permanecer despiertos debido a alguna enfermedad, pero siempre juntos y tratando de brindar lo mejor de nosotros en esos momentos, siempre pensando en unirnos como familia y como pareja.
Pero para mi todo eso se ha venido abajo tras una sola frase dicha en un momento de rabia. Hace dos semanas yo pensaba en no salir de vacaciones a ningún lugar costoso ese año, ya que el siguiente la idea era salir de viaje al exterior y sabía que debíamos gastar mucho más dinero en ese viaje. Mi esposa en cambio quería salir de viaje ese mismo año, sin considerar mucho los gastos que seguramente deberíamos enfrentar el año siguiente.
- Sabes que no podemos permitirnos tantos gastos amor - decía intentando mantenerme firme frente al echo de que quedaríamos muy apretados en los gastos si decidiéramos hacer el viaje.
- Tu solo quieres ahorrar y no disfrutar lo que tenemos, si podemos ir a los dos viajes si nos organizamos bien.
- Lo dices ahora, pero cuando tengamos que dejar de gastar en ciertas cosas que te gustan vas a terminar peleando otra vez.
- Ni que estuviera loca, tu sabes que no soy así.
- No he dicho que estas loca, pero cuando se te mete algo en la cabeza es muy difícil que aceptes cambios.
- Lo que pasa contigo es que no piensas en grande y lo que ves son solo limites y restricciones, hemos estado en peor situación y aún así hemos salido adelante, no te tienes confianza y eso es lo que te pasa ahora.
- ¿Cómo que no tengo confianza? Acaso no he buscado un mejor trabajo, o incluso buscando un poco más de ingresos con las horas extra que trabajo, no me vengas con que no tengo confianza en mi mismo.
- Entonces, ¿porqué te cierras en pensar que no podemos hacerlo? Trabajaremos un poco más y nos ahorramos algún dinero en otras cosas y verás que logramos irnos a todos los lugares, piensan en los niños, ellos quieren salir y divertirse, pronto crecerán tanto que no querrán ir con nosotros. Debemos aprovechar todo el tiempo que podamos.
Ya la discusión llevaba algún tiempo y no habíamos llegado a un acuerdo medianamente efectivo, yo había empezado a ceder ante la obstinación de mi esposa a no ver seriamente mis argumentos, al fin y al cabo pensaba que si en serio nos concentrábamos en ahorrar en ciertos lujos que teníamos, podíamos llegar a conseguir nuestro presupuesto sin necesidad de pedir un préstamos ni nada por el estilo. Pero cuando estaba pensado en que tal vez si lo lográbamos mi esposa explotó.
- Mira, si realmente quieres ir, intentemos ahorrar en las salidas de los fines de semana y en algunos servicios del spa y el gym, podemos hacer ejercicio aquí en casa y talvez podríamos...
- Lo que pasa es que eres un tacaño, no quieres gastar dinero en nosotros. - me grito mientras su rostro se descomponía de su ira.
- No te atrevas a llamarme así, yo hago todo por la familia.
- Entonces se ve que no es suficiente, seguramente si te esforzaras más tendríamos más ingresos.
- Yo me esfuerzo mucho para mantenernos, no vengas a decirme que soy un vago. Lo que tienes que hacer es intentar conformarte con lo que podemos tener y no pretender tener algo que no podemos conseguir en este momento.
- Claro, yo me tengo que conformar con lo hay, me gustan las casas grandes pero tengo que conformarme con la que tenemos.
- Por su puesto, tienes que conformarte con lo que podemos tener ahora, no puedo darte todo lo que quieres, pero te doy todo lo que tengo.
- ¡Qué fácil lo dices!, pero quiero que sepas que a mi me gustan las casas grandes y tenemos una mediana, me gustan grandes autos y el nuestro es pequeño, incluso me encantan las pollas grandes y la tuya...
Vi como su rostro que estaba completamente rojo de la rabia que transmitía de un momento a otro se puso pálido y con una clara muestra de asombro ante sus propias palabras. No sabría decir que pudo interpretar en mi cara, pero seguramente lo hizo muy bien porque la pelea terminó justo en ese instante. No tuve ninguna otra frase para contestar aquella sincera opinión de mi esposa, que aunque llena de ira suponía era algo que era verdad.
- Lo siento... No quise llevar las cosas así. No te quise ofender.
- Déjalo... y has lo que quieras con el viaje.
Salí de la habitación con una sensación muy extraña en mi cuerpo, una opresión en mi pecho me llenaba y me invadía, salí a la calle a caminar un poco porque no podía soportar estar en esa casa un minuto mas. Repetía en mi mente una y otra vez aquella frase que ahora se me había quedado clavada en la mente. No entendía como ella podía seguir adelante con su vida y estaba tan poco satisfecha conmigo. Repetía una y otra vez las últimas dos frases de aquella discusión, mi cabeza estallaba de tanto repetirlas y aunque intentaba convencerme que no era algo tan grave, me sentía completamente devastado con su frase.
Una hora mas tarde entre en casa y encontré a mi esposa en la sala, había una copa de vino en la mesa y su rostro fijo en la entrada, me miró directo a los ojos e intentó iniciar alguna conversación que realmente no quería tener en ese momento. Le pedí que habláramos al siguiente día y que estaba realmente cansado, fui a tomar una ducha y me dirigí directamente a dormir. Aunque pensaba que no lo lograría, aquella noche me quedé dormido como hace mucho tiempo no lo hacía.
A partir de ese instante nuestra vida se ha venido abajo poco a poco pero constantemente, lo peor de todo se perfectamente quien es el culpable de todo esto y acabo siendo yo mismo. El tema del viaje pasó a segundo plano, de los planes que mi esposa tenía no se volvió a hablar y aunque ella hubiera comprado el viaje a la luna para esa misma semana, no me habría importado en absoluto.
En mi trabajo me había vuelto obsesivo y permanecía hasta muy tarde intentando lo más posible evitar ir a dormir a casa, los primeros días si iba a cenar, mientras mi esposa me hablaba de cualquier cosa sucedida en su trabajo o con los niños, pero era algo que soportaba cada vez menos y casi comía en forma autónoma sin escucharla ni conectarme, al final incluso ya comía fuera y llegaba a casa solo a dormir. Toda esta situación afectaba a los niños también y esto hacía que me sintiera igualmente culpable por no poder atenderlos como siempre había hecho, ellos no tenían ninguna culpa pero yo los estaba descuidando, más sinceramente no sabía la forma para volver a conectarme con mi esposa nuevamente.
Pensando durante el día, no podía determinar que era lo que me hacía sentir tan mal; al final tras mucho meditar, decidí que en definitiva eran dos cosas que habíamos dicho ese instante lo que más me afectaba; yo creía que estaba en una vida idílica, donde mi esposa estaba feliz con nuestros logros y que tenía una compañera que realmente lucharía conmigo para lograr una mejor vida para toda nuestra familia, pero no era así y me sentía muy triste al pensar que mi esposa apenas y se conformaba en ciertas cosas de nuestro matrimonio.
La otra era que, si bien era cierto que yo me esforzaba para darle todo lo que necesitara, tal vez nunca iba a ser suficiente, ya que tal vez podría ganar más dinero y tener una casa y un auto más grande, pero lo que me hizo pensar era que ella pensaba que mi polla era pequeña, o incluso haciéndome ilusiones normal, pero a ella le gustaban grandes y eso no podría cambiar ni con todo el oro del mundo. ¿Con qué podría compensar algo así? ¿Acaso transformándome en un maestro en el cunnilingus? ¿Es posible que la insatisfacción de mi esposa sea por esas causas?
La cabeza me daba vueltas y no lograba encontrar una solución a mi dilema y poco a poco estaba cayendo en la angustia. Pensaba si podríamos seguir adelante como una pareja si ella no siente que soy suficiente, ¿tal vez ella me abandonaría para irse con alguien mejor? ¿Acaso para Ella solo era su premio consuelo? ¿Qué sería de mis hijos si eso sucede?. En fin, miles de ideas estúpidas, patéticas e incluso ridículas golpeaban en mi cabeza durante esos días.
Una mañana antes de salir al trabajo y tras haber enviado a los niños a la escuela, mi esposa se me plantó frente a frente y con una mirada muy seria e incluso diría enojada me reclamó.
- Esto ya es suficiente, no puedes quedarte así. Ya te he pedido disculpas muchas veces y tu sigues sin reaccionar. - yo la miraba pensando que ahora el malo de la historia iba a ser yo, pero sin contestarle.
- Ya reacciona por favor, no puedo verte así todo el tiempo... Ya te he dicho que te amo y que eres el hombre perfecto para mi, que lamento haberte hecho sentir mal y me arrepiento de mis palabras, pero tú te cierras y no me dices nada. Te guardas todo y me apartas de tu vida e incluso te estás alejando de los niños.
- Y ¿de qué te arrepientes? ¿Acaso algo de lo que dijiste era mentira o solo te arrepientes de habérmelo dicho? - contesté aunque muy secamente.
- Me arrepiento de todo, de lo que te dije, de haberte herido, de generarte tantas inseguridades.
- Entiendo entonces que lo que me dijiste es lo que en verdad piensas. Pues bien, siendo así no tenemos mucho más que hablar. Si crees que lo que te puedo brindar es muy poco, tal vez sería mejor que buscaras alguien más, alguien que si te de lo que piensas que mereces. Y mejor lo dejamos así porque estoy retrasado...
Salí de la casa tras esas últimas palabras. Circulando por las calles de la ciudad mi mente iba divagando, buscaba una solución para esto pero no encontraba nada que me hiciera sentir mejor. Hubiera querido odiarla por eso, pero que culpa tenía ella, solamente era honesta consigo mismo y de paso conmigo; acaso es un delito no sentirse satisfecho con lo que tenemos en la vida, acaso no es posible desear algo mejor, muchas veces ese deseo de buscar nuevas oportunidades es lo que nos hace movernos de nuestra zona de confort y obtener algo superior.
No seré yo acaso el ancla que no permite que mi esposa obtenga algo que ella piensa que merece, lo mejor sería que nos separáramos y cada quien por su camino, ella que busque un nuevo esposo que le de una casa más grande, un auto nuevo, viajes y hasta unos cuantos centímetros más de polla que supongo es algo que también desea aunque no me lo había dicho abiertamente hasta el momento de la discusión.
Y de mi parte, pues bien; también podría buscar alguien más, otra chica que esté a gusto con lo que puedo darle y que incluso disfrute conmigo tanto como yo con ella el momento del sexo y no que se conforme únicamente con lo poco que tiene en ese momento. ¿Podré encontrar alguien así o acaso me quedaré solo?
Pero y mis hijos, que vamos a hacer con ellos. Aún están pequeños y sus padres representan todo para su mundo, que hasta estos días se mostraban llenos de tranquilidad y paz de familia. No tendría el valor de arrastrarlos a una realidad llena de peleas, pleitos judiciales y disgustos. Eso no podría tolerarlo de igual forma.
El día entero me pasé pensando en esas y mil ideas más. Comí algo camino a casa, pero nada que realmente sirva de nada aunque te llene el estómago, iva camino a una casa a la que no quería entrar, pero pese a todo y por mis hijos hice de tripas corazón e intenté volver a una normalidad que de lejos no sentía, pero que había decidido mantener por ellos. Los niños saludaron entusiastas, los abracé y los alcé por los aires como siempre hacía. De pronto en una esquina mi esposa me miraba expectante, ya que la costumbre de este rito cuando no estábamos peleados dictaba que tras abrazarlos iba directo a ella y le plantaba un enorme beso, pero claro ahora yo también estaba angustiados con ese paso ya que no sabía si realmente me saldría del corazón o por el contrario sería un beso falso.
Armado con un valor sujeto con pinzas fui hasta donde mi esposa y ante su sorpresa y creo que alivio la besé como siempre lo había hecho, un beso que para mi desdicha ella devolvió con la misma pasión que siempre e incluso algo más. A partir de ahí la noche fue común, intenté dejar atrás el mal humor de esos días e intenté comportarme como siempre lo hacía; chistes y noticias del día durante la cena, unos pocos juegos con los chicos y a la cama con ellos.
Mientras yo los arropaba finalmente y les contaba su clásico cuento, mi esposa seguro se preparaba para dormir. Al regresar a nuestro cuarto y tras haberme quitado apenas la camisa, pude ver que la puerta del baño se abría y emergía de aquel lugar una mujer maquillada, perfumada y con un babydoll corto y muy sugerente, no había duda de las intenciones que tenía para conmigo. Estaba tan sensual y bella como siempre, pero su mirada me demostraba cual era su intención, ella pretendía matar cualquier tipo de disgusto que tuviéramos con la mejor arma que toda pareja tiene para reconciliarse.
Sin apenas darme cuenta mi esposa se abalanzó a besarme, sus labios tan hábiles, su piel tan suave y su aroma que inundaba mi cabeza estaban complementados para excitarme hasta el límite. Mientras mis manos recorrían su espalda y su firme trasero, ella no perdió el tiempo para desatarme el cinturón y los broches del pantalón, permitiendo que mi polla queda mas a su alcance. Sus manos deslizaron toda la ropa que aún nos separaba, dejando a mi polla totalmente firme y lista para enfrentarse a cualquier envite de mi esposa. Pese a mis besos y mis caricias, ella se deshizo de ellos y bajó su cuerpo hasta quedar a la altura de mi miembro con la clara intención de iniciar una mamada que me haga olvidar cualquier resquicio de duda o enfado.
Y lo que hizo después fue una clase magistral de como una mujer debe rendir adoración a una polla, eso no era una mamada con intenciones de pasar a algo más, aquello era realmente una expresión de pasión total. Con cada chupada que ella me estaba dando, me sacaba todo el resentimiento, las dudas e incluso el alma, con sus manos acariciaba mis huevos y con la otra empujaba mi trasero para evitar que intentara siquiera sepárame de ella, aquello no era una mamada, era el intento de matarme extrayendo todo mi ser por mi polla.
- Voy a terminar... - le dije apenas audible ya que ni siquiera tenía fuerza para decirlo, su trabajo tras unos minutos me habían hecho llegar a un punto de no retorno.
Sus labios apenas y se despegaron de mi polla, no tenía intención de separarse de mi cuerpo y me daba luz verde para poder terminar en su boca, como solo algunas pocas veces lo había podido hacer. Mi orgasmo vino fuerte y con potentes descargas inundaba la boca de mi esposa, que sin apenas y bajar el ritmo de su mamada, tragaba mi semen con una gran muestra de placer. Pero no se detuvo tras sentir mi simiente en su boca, ella siguió chupando mi polla con un poco menos de ímpetu, pero con intención de recuperar su fuerza lo antes posible. Masajeó mis huevos y acarició mis piernas mientras me miraba a los ojos directamente suplicando que vuelva a tener la fuerza que ella misma me había quitado.
Usualmente tardo un poco en recuperarme, pero esta vez al verla así tan apasionada, mi cuerpo entendió lo que necesitaba y nuevamente activó los canales de sangre que inundaron nuevamente mi polla para hacerla cobrar vida. Al ver que su esfuerzo rendía sus frutos, mi esposa finalmente soltó su presa y besándome por todo el torso fue subiendo hasta mi boca, besándome apasionadamente incluso aún con el olor a mi polla inundando su rostro. Mis manos se fijaron en su cuerpo y se deslizaron por la suave y delgada tela que cubría su piel, su cintura y sus caderas eran el foco de mis caricias, sus senos pegados a mi pecho me permitían sentirlos en toda su redondez.
Sin darme tiempo estuvimos en la cama de nuestra habitación como tantas otras veces, ahora yo tomé el control en parte por la propia decisión de mi esposa, que sumisa se entregó a mis deseos; tumbada sobre la cama se dejaba comer aquella concha que tantas veces había saboreado, ahora mucho más dulce y húmeda que otras ocasiones, tal vez producto de ese aroma embriagador que usaba mi esposa o tal vez por mi propia necesidad de sentirla así. En fin el resultado era que me estaba dando un gusto enorme el devolver aquel placer que ella me había dado hasta hace unos segundos, pero no duró demasiado, ya que ella no quería solo su placer sino la reconciliación y eso supongo pensaba que lograría consiguiendo el mío.
- Móntame ya... hazme tuya.
No me hice rogar, con mi polla firme y lista para un nuevo combate, me abrí paso entre sus piernas que, entregadas y dispuestas, se mostraban abiertas y expectantes, cuando pude llegar al acople de mi cuerpo con el suyo, la punta de mi polla estaba latente frente a su preciosa concha que impúdicamente me suplicaba ser penetrada. Apenas y mi polla topó su concha, fue engullida por el golpe de su cadera, su humedad me inundaba, podía sentirla claramente mientras nuestros cuerpos se iban adaptando al ritmo endiablado que sosteníamos.
- Duro, dame duro mi amor... Con toda tu fuerza... Dámelo todo...
Fuerza... fuerza, aquella palabra hizo una mella en mi psiquis, algo en mi se desconectó en ese instante y aunque mi cuerpo seguía dando todo su esfuerzo en follarme a la mujer que me tenía entre sus piernas, mi mente voló a un lugar muy diferente. Mi esposa lo que me quiso decir es que a ella le gustan las pollas grandes, que le den con fuerza, que la revienten con cada golpe de cadera, ¿Acaso no es lo que ella siempre ha querido?.
Mi pelvis comenzó a intentar romper cada parte del cuerpo de mi esposa a golpe de cadera, con una violencia inaudita penetraba a mi esposa que para mi sorpresa, gemía de placer al sentir como un orgasmo irrumpía en su vientre, yo intentando acabar su existencia con mi polla y ella apenas y alcanzaba un orgasmo que incluso podría ser más producto de su propia excitación que de la fuerza de mi polla.
Tras su orgasmo, sin salirme de su cuerpo ralenticé mis movimientos y pude sentir como su cuerpo se iba aflojando poco a poco mientras el orgasmo se desvanecía y sus piernas recobraban su calma. Sus ojos se abrieron nuevamente y pude ver su calma y paz tras haber alcanzado el placer. En cambio yo aún mantenía mi mente desconectada y pensando en las diferentes razones de la insatisfacción de mi esposa.
- Veo que te gusta que te de muy "fuerte" - le dije mientras aún bombeaba mi polla lentamente en su concha.
- Me encantó como me lo hiciste, fue brutal... - respondió besándome y acariciando mi espalda. - Estás hecho una fiera.
- Pero hubieras gozado más si mi polla fuera más grande... Una más fuerte...
Mi esposa me miró con una cara de fastidio o enojo o algo que no pude identificar, era claro que ella pretendía que mi enojo hubiera pasado al olvido con semejante atención que ella me había dado, pero no iba a ser tan fácil. Ni para mi, ni para ella.
- Deja eso ya, tú me gustas como eres y no te cambiaría nada.
- ¿Por qué lo dejaría, si es lo que me has pedido hace unos minutos?
- No seas bobo, yo te pedía que me follaras fuerte, no que tuvieras una polla más grande.
- Pero se sincera, acaso no hubieras querido que te folle así de fuerte con una polla mucho más grande que la mía...
- No, yo no quiero nada de eso... Te quiero a ti mi amor...
- Por favor "mi amor", quiero que seas sincera en esto. ¿Te has conformado conmigo o en verdad si me quieres?
Realmente quería escuchar lo que estaba preguntando, no lo sabía, pero me había lanzado al agua preguntando directamente a mi esposa, esperando que ella misma fuera sincera y me contestara. Pero ¿Qué?, ¿Qué me contestará?. Acaso que se ha conformado conmigo porque su mejor amante solo la quiso para la cama y no para casarse con ella o sinceramente esperaba que me dijera que era una mentira, que ella solo estaba fanfarroneando y que mi polla era lo más poderoso del universo y que ella jamás había tenido algo así entre las piernas. Iluso de mi.
Mi esposa se me quedó viendo directamente a los ojos, mientras mi polla aún permanecía hundida entre sus piernas pero casi sin moverse. Decidiendo en esa conversación el futuro de nuestra relación, creo que ella finalmente aceptó que la única posibilidad de que todo vuelva a la normalidad era siendo sincera con ella y conmigo mismo.
- ¿Qué quieres saber? ¿Qué quieres que te diga o cuente? Pero quiero que seas tu también sincero con lo que realmente te molesta de lo que te dije. Te molesta pensar que fuiste mi ultima opción, ya que no pude conseguir alguien más o lo que en serio te molesta es saber si dormí con otro hombre con una polla más grande y que ahora extraño aquel tamaño de polla que tú no tienes.
- Lo que no se me sale de la cabeza es pensar que para tu pienses que no soy suficiente para ti - dije mientras reinicié el bombeo de mi polla en su concha.- Que lo que te doy no te es suficiente... Que quieres una casa mas grande... un auto más grande... una polla más grande...
Con cada frase aplicaba un giro más a la fuerza con la que me la estaba follando en ese momento, ya no lo hacía con pasión ni mucho menos con amor, eso que me movía era rabia, pura y sencilla, un resentimiento que había nacido por sus palabras y que ahora lo estaba vengando a punta de polla.
- Quiero una casa mas grande, un auto más grande... pero la polla que quiero es la tuya... - dijo mientras descargaba toda mi rabia entre sus piernas. - Mucho tiempo
antes de conocernos tuve un novio con una polla enorme... es cierto que me gustó mucho que me follara, pero tú eres mejor amante y mejor persona y por eso estoy aquí contigo ahora...
- Con que ahora si follo bien... Acaso no tuviste también un mejor amante...
- Si, mi ultimo novio era un mejor amante que tu, aunque su polla era más pequeña que la tuya... pero tú eres mejor persona y mucho más hombre que él...
En ese instante mi rabia venía con una mezcla de desafío y locura. No medía consecuencias de lo que estaba haciendo, mi excitación por mi esposa y ese afán de demostrarle lo hombre que era se me venía encima. Violentamente saqué mi polla de la concha de mi mujer y en un mismo movimiento le di vuelta en la cama, dejándola boca abajo y con el culo en pompa, era una de mis posiciones favoritas para poder follarla y ella lo sabía muy bien, tanto que mientras yo me acomodaba encima de su cuerpo, ella misma buscó un almohadón y se lo colocó en su cadera para pode levantar su trasero y permitir una penetración más fácil.
- Supongo que fue él quien te rompió el culo por primera vez - le dije recordando una antigua charla que tuvimos ya de casados, donde me confesó que el sexo anal lo aprendió con su último novio y que a partir de ahí le había gustado mucho, yo lo recordaba mientras iba tomando la cabeza de mi polla y dirigiéndola hacia el firme trasero de mi esposa.
- Si, él fue quien me desvirgó el culo... era muy bueno para follar - me contestaba mientras usaba su mano llena de saliva, para intentar lubricarse el culo, adivinando muy bien mis intenciones de follarla por allí - él fue el primer hombre en poseer mi culo, pero tú eres el que ahora me lo hace y me encanta...
Pensé en reventarle el culo de un solo golpe de cadera y creo que ella pensaba que se lo iba a hacer así, pero al verla de esa forma; entregada y dispuesta a sufrir aquella brutal penetración que pensaba le iba a dar, cambié de opinión y decidí primero dilatarla un poco con mis dedos y así evitar una lesión, pero ella no lo quería así.
- Dame así, dame fuerte... - dijo mientras abría sus nalgas con sus manos y me invitaba a reventar su culo con saña.
Al escuchar esa palabra, mi cuerpo reaccionó y de un solo golpe de cadera penetré su culo en forma salvaje. Con lo lubricado que estaba y gracias a la pequeña dilatación que tenía, el camino de mi polla fue directo y nada se interpuso en la profanación de aquel tierno agujero. Hubiera iniciado el bombeo segundos después, pero no, me detuve para disfrutar el dolor que había causado en ella, mientras se revolvía de sufrimiento, pero sin intenciones de evitarlo, mi esposa aguantaba firme en su decisión.
Un minuto después, ya mi cuerpo pedía iniciar el bombeo, mi polla comenzaba a follarla lentamente pero con la fuerza que inicialmente me había pedido, con golpes secos y vengativos mi polla la penetraba, al tiempo que podía escuchar los gemidos de dolor y placer que aquella acción estaba causando en mi esposa.
-Así mi amor, así... rómpeme el culo...
La fuerza de mi empuje así como sus gemidos iban creciendo cada vez más, hasta que al fin fue ella quien rompió todo en un orgasmo fuerte y brutal, que hizo retorcer su cuerpo y evitar por unos momentos que pueda seguir penetrándola tan fuerte, por lo que, apretando con mi mano su pecho contra el colchón y con la otra mano sujetando su muñeca, la inmovilicé los pocos segundos que me faltaban para lograr un orgasmo tan potente que me dejó desmadejado encima de su cuerpo, que pese ha estar acorriéndose justo en ese instante, duró unos minutos más entre temblores y gemidos.
- Eres un bruto... - dijo mientras recuperaba su aliento.
- Si pero así te gusto o ¿no?
- Si, así me encantas...
Al final nos arreglamos, pude vencer mis inseguridades y aceptar que la mujer que vive conmigo está aquí por su propia decisión y deseo y aunque no siempre se obtiene lo que se quiere, muchas veces no se aprecia lo que se tiene y solo cuando te lo cuestionas sabes su valor y lo aprecias día a día.
Claro que hubieron muchos más problemas, por supuesto, pero tuvimos la fortuna y el deseo de arreglarlos siempre en el dormitorio, en una fuerte y prolongada sesión de sexo y una muy "fuerte" discusión.
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