Annika (5ª parte) La fiesta
Annika no solo te ha desnudado; te ha convertido en algo que no eres. En la puerta de esa fiesta, con la correa en la mano y la máscara en la cara, el destino te espera. Y cuando la puerta se abre, reconoces la voz del hombre que marcó tu primera vez. Esta noche, no hay escapatoria.
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Annika (5ª parte)
Recomiendo leer las cuatro partes anteriores antes de seguir con la quinta:
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Cuando llego a casa tengo la cabeza echa un lio. Aún siento el calor de la lengua de Anna en mi entrepierna. Tengo las bragas empapadas y las piernas me tiemblan de los orgasmos conseguidos. Me parece increíble lo que ha pasado. He hecho que una chica 100% heterosexual se haya postrado ante mi, suplicándome que la usara como me diera la gana. ¡Joder! Y me ha encantado la sensación de poder, ¡pero no se suponía que lo que me estaba empezando a gustar era ser dominada! Realmente estoy hecha un lio. Decido darme una ducha para despejarme. Cuando ya estoy acabando cierro el agua caliente y dejo el agua fría rodar por mi piel. La sensación es tan fuerte que me corta la respiración, pero cuando salgo me siento limpia y vigorizada. Miro el reloj, las 21:50h, Annika me había ordenado estar preparada a las 22.30, así que voy bien de tiempo. Vibra el móvil y temblando de excitación lo cojo:
“Nada de maquillaje ni joyas”
“Sí, mi ama”
“Totalmente desnuda y tapada con un abrigo. Nada debajo, ni siquiera un pelo”
“Sí, mi Ama”
“Descalza y el pelo trenzado”
“Sí, mi Ama”
“Te recojo en tu portería en 15 minutos”
“Sí, mi Ama”
Dejo el móvil, me voy al lavabo y repaso mi cuerpo rápidamente con la depiladora eléctrica. Siempre estoy depilada, así que no tengo mayor problema, pero no quisiera que Annika se disgustara. Del fondo de mi mente surge un recuerdo de recuperar unas fotos para evitar ser chantajeada, pero ahora eso ha quedado atrás. Me da igual todo, solo deseo poder abandonarme a la sensación de no tener que pensar, de ser humillada sin derecho a oponerme. Deseo más que nada en el mundo ese dulce abandono.
Me saco los anillos, collares, reloj y me peleo con los pendientes hasta que están todos sobre la mesa. Busco una goma de pelo sencilla y de color negro y, mientras voy desnuda buscando un abrigo lo suficientemente tapado, me voy haciendo una trenza. Tengo el pelo largo y la trenza gruesa y fuerte me llega a media espalda. No encuentro nada muy largo, me quedan dos minutos para estar abajo. Cojo al vuelo chaqueta tipo americana grandota, abro la puerta y voy hacia el ascensor, mientras lo espero me veo en el espejo. Cualquiera que me mire puede intuir que estoy desnuda, la chaqueta llega un poco más debajo de media pierna, pero con los pies descalzos y el escote de la chaqueta, hay más piel a la vista que oculta. Bajo el ascensor suplicando no encontrarme ningún vecino. Por suerte está todo despejado. Quedan quince segundos y espero dentro de la portería, junto a la puerta y miro angustiada a la calle.
Se para un Volkswagen Golf negro en la puerta y veo que conduce Raul. Se abre la puerta del copiloto y se asoma Annika que con gestos me dice que vaya. Dando saltitos de puntillas con los pies desnudos por la acera me meto detrás de Raul, para mi sorpresa Annika se sienta junto a mí en la parte de atrás.
- Bueno, bueno, bueno, mira que nos han traído Raul – dice mirándome con burla y superioridad – Una perrita. Supongo que te das cuenta de que esta vez no he tenido que insistir. Eres más puta de lo que me pensabas.
Oigo a Raul reírse desde adelante.
- A ver bonita – dice Annika – Enséñame lo que me traes.
Nerviosa como una colegiala y muerta de vergüenza me desabrocho la chaqueta y me la saco. Estoy totalmente desnuda en un coche circulando por el centro de la ciudad, por suerte los cristales posteriores están tintados y no se nos debe ver desde fuera. Annika me pone una mano en la pierna, la sube por el muslo y, antes de que pueda decir nada, me mete un par de dedos en el coño. Los mueve y, para mi mayor vergüenza, los saca empapados. Suelta una carcajada y, alargando el brazo se los pone a Raul debajo de la nariz:
- ¿A ti que te parece? – pregunta riendo - ¿Te parece que nuestra perrita está en celo?
Raul aspira mi aroma íntimo y ríe en voz alta y dice algo así como “Joder, con la muy guarra.” Annika se acerca y me pone el collar de perro de la otra vez, con la brillante cadena colgando de él. Se apoya sobre la puerta, se sube la falda, aparta a un lado las bragas y dando un tirón de la correa hacia abajo me dice:
- Si tan cachonda estás, seguro que me lo vas a comer de puta madre. Cómeme el coño cabrona – ordena.
El tirón de la correa me ha tumbado sobre el asiento posterior del coche, avanzo un poco y meto mi cabeza entre sus piernas. Ya no es la primera vez que se lo tengo que hacer, debe de ser la tercera o cuarta, pero aún me da un poco de cosa. Por mi nariz se cuela el aroma de sus fluidos vaginales, saco la lengua a la vez que ella con su mano me empuja la cara contra su entrepierna. Voy lamiendo, pero me cuesta respirar porque hay poco espacio. De vez en cuando me tengo que separar para coger aire. Noto la mano de Raul recorriendo mi culo mientras conduce, un dedo se introduce en mi ojete. Yo sigo intentando tomar aire y hacer que Annika disfrute de mis caricias. El coche se para, oigo el ruido de un interfono y el chasquido de una pueta de parking al abrirse. Annika me separa y me siento con la cara empapada de sus jugos. Echo un vistazo y reconozco la zona, estamos entrando en un chalet de la parte alta de la ciudad. Tengo varios conocidos por aquí, el pulso me da un brinco y deseo de todo corazón que la casa no sea de uno de ellos. Raul conduce el coche hasta pararlo en una plaza.
- A ver perrita – me dice con voz de maestra – Pon tu culito mirando hacia mí.
Es complicado, pero me pongo de rodillas sobre el asiento con el culo a menos de un palmo de la cara de Annika. Ella se acerca y deja caer su saliva sobre mi agujerito, noto como un dedo se introduce. Lo mete y saca varias veces, desde que Raul me lo folló, ya no me duele y es una sensación gustosa. Ya he decidido que no tengo que disimular ni ocultar mis sensaciones, así que dejo escapar un suspiro. De repente, saca el dedo de mi interior, noto algo frio en el esfínter. Aprieta y lo empuja dentro de mí, es mucho más gordo que un dedo, pero una vez dentro se hace más estrecho. Sin poder evitarlo, doy un respingo y miro a ver que es eso. Entre mis piernas veo colgar una especie de cola.
- Perrita, ahora atenta – dice con una sonrisa de satisfacción – Te acabo de meter por el culo un plug, ahora no eres una perrita, ahora vas a ser una gatita, y te vas a comportar como tal hasta que te saque la cola del culo ¿Has entendido?
- Sí, mi Ama – contesto ruborizándome una vez más. Me pongo colorada porque me ha excitado mucho la idea de ser una gatita. No sé por qué.
- Solo podrás contestar “Miau”, ronronear o frotarte contra las personas que te acaricien. ¿Lo tienes claro? – me pregunta.
- Sí, mi Ama – respondo mecánicamente. Una bofetada me cruza la cara dejándomela ardiendo.
- ¿Qué has dicho? – pregunta mirándome muy seria.
- ¿Miau? – respondo cautelosamente.
- Buena gatita – dice riendo. Oigo a Raul descojonarse y me vuelvo a ruborizar – En esta fiesta habrá unas veinte o veinticinco personas. Todas son bastante importantes y nos han pagado una pasta por traer a nuestro gato. Así que sé buena.
No me puedo creer que me hagan hacer esto por dinero. De nuevo esa humillación me llena de excitación. Soy una especie de puta que no cobra y no puedo decir que no.
- Toma, ponte esto – dice alargándome una especie de mascara. Me la pongo. Es como la máscara que llevaba Michel Pfeiffer en Catwoman. Me veo en el espejo retrovisor y me siento muy guarra pero muy muy sexy también – Vamos – dice tirando de la correa.
Abrimos la puerta del coche, y salimos. Delante camina Annika, cogida por la correa voy yo protegida por la máscara, pero totalmente desnuda y cierra la pequeña comitiva Raul. Llegamos a una rampa que sube hacia el jardín. Annika, se para, se gira y me mira fijamente:
- Recuerda que eres una puta gata – me alecciona – Camina como tal. Lentamente, muy erguida, haz que todo el mundo te mire, haz que todo el mundo te desee. Haz que todo el mundo me tenga envidia por tener un gato como tú.
- Miau – digo suavemente.
Ella me coge la barbilla con una mano y me da un profundo beso metiéndome su lengua hasta el fondo. Noto su saliva entrando en mi boca. Se separa de mí, veo sus ojos brillantes de excitación, supongo que los míos están igual. Retomamos el camino, vamos muy despacio, con cada paso me siento más gato y menos persona. Estiro al máximo mi espalda y camino con pasos lentos pero firmes, cruzamos el césped del jardín. En la terraza hay un montón de gente que se giran a mirarnos, poco a poco las conversaciones se van apagando. Somos el centro de todas las miradas. Camino tiesa y poniendo un pie delante del otro, las manos se me mueven alrededor de la cintura. No me puedo creer que este haciendo esto. Estoy totalmente desnuda delante de un montón de desconocidos. Llegamos a la terraza, Annika se para y tira suavemente de la cadena para que me ponga a su lado. Noto mis piernas temblando, pero tengo los pezones como una roca.
- Buenas noches señoras y señores – dice elegantemente – Miren lo que les he traído. Saluda gatita – dice mirándome.
Todos los ojos están fijos en mí, veo hombres y mujeres mirándome con deseo. El más joven debe de tener más de cincuenta. Todos van vestidos con ropa de marca cara y con las joyas de ellas se podría acabar con el hambre en el mundo. Tiemblo, pero sigo. Dejo pasar cuatro o cinco segundos. Cierro los ojos lentamente y digo:
- Miau – en forma de susurro. No llego a vocalizar las silabas. Es un gemido casi erótico.
Annika da un suave tirón y avanzamos entre la gente que se va apartando para dejarnos paso. Las miradas de ellos son de lascivia pura y las de ellas más todavía. Se sienten tan poderosas que no sienten envidia de mi cuerpo solo ganas de poseerlo. Entramos dentro y mientras que Annika se sienta en el suave sofá a mí me indica que lo haga en el suelo. Lo hago con las rodillas dobladas sobre mi trasero. Apoyo la cabeza en el reposamanos del sofá tal y como lo haría un gato. Las conversaciones en la terraza se han vuelto a poner en marcha. Al poco rato se acerca un tipo moreno y elegante, por la forma de moverse me imagino que debe de ser el dueño de la casa. Annika se levanta y le da dos besos:
- Cariño, esta noche te has superado – dice mirándome – Nos has traído una gatita preciosa – Alarga la mano para acariciarme las mejillas y yo me froto suavemente contra su mano.
- No solo es bonita, Carlos – responde ella – Además descubrirás que tiene mucho… talento.
- Seguro que sí - ríe él – Tiene todo el aspecto – Su mano sigue jugando distraídamente con mi pelo y cara y yo aprovecho para lamerle un poco la mano como un gato contento.
- ¿Quieres probarla? – le pregunta Annika. ¡Que fuerte! Me ofrece tan tranquila y lo peor es que eso me ha excitado. Lamo con más determinación la palma de su mano.
- No, hoy tengo un cliente al que le he dicho que le enseñaría algo especial – anuncia mientras con su mirada parece buscar a alguien – Por favor, necesito que quede satisfecho ¿Queda claro?
- No te preocupes. Mi gatita lo dejará con una sonrisa en los labios. Tu tranquilo.
- Genial. Voy a buscarlo.
Diciendo esto se gira y vuelve con sus invitados. Annika se vuelve a sentar y me dice:
- Ya lo has oído, pobre de ti que ese capullo no quede contento – me amena – Vamos a darle un poco de espectáculo para cuando venga. Ponte a cuatro patas y chúpame los pies. Quiero que los dejes relucientes.
Vuelvo a enrojecer de vergüenza, un montón de gente importante me va a ver chupar unos pies. Una cosa es hacerlo cuando nadie nos ve, pero otra es hacerlo aquí. Además, los pies son una cosa bastante sucia. Me da bastante asco. Noto un cierto olor a sudor cuando se quita sus zapatos. Los aparta de una patada y los pone en el suelo. Bajo mi cabeza hacia ellos siendo consciente de que, al estar agachada de cuatro patas, y con la cabeza en el suelo, mi culo está en pompa como ofrecido a todos los invitados. Lo noto tenso y abierto. Los pelos de la cola me hacen cosquillas en el coño. La humillación es extrema cuando saco la lengua y empiezo a lamer los pies de Annika, noto como mi coño se humedece al sentir la mirada de todo el mundo en mi culo. Lamo los dedos uno a uno disfrutando del asco que me da su olor y sabor. Me esfuerzo en pasar la lengua entre ellos. Estando en ese estado oigo unos pasos que se acercan. Sigo lamiendo mientras veo cuatro pares de zapatos que se paran junto a mí.
- Mira, te presento a un buen amigo – oigo que dice el anfitrión - Me preguntaba si le dejarías jugar un rato con tu gatita.
- Claro – responde Annika – Tus amigos son mis amigos. Pero ¿ya podrás manejarla? Piensa que es una gata muy mala.
- Creo que sí – responde una voz familiar. La lengua se me ha quedado congelada. Esa voz la conozco, pero no sé de que ¿Quién es? – No es la primera gatita con la que juego – No me atrevo a levantar la mirada ¿De quien es esa voz familiar?
- Entonces aquí tienes la correa – dice Annika alargándole la cuerda – Kitty Kitty – me dice a mi – Sé buena y juega con este señor.
- Miau – respondo preocupada.
Me levanto del suelo y me estiro. Sigo con la mirada baja hasta que él tira de la cadena para que le siga. Voy caminando detrás de él, parece ser un tipo de unos sesenta y algo años, bastante gordo, aunque muy bien arreglado. Lleva la cadena como si paseara a un perro, sin darle la menor importancia. Desde atrás no consigo descubrir quien debe ser, pero lo conozco seguro. Estoy realmente acojonada. Entramos en una habitación y cierra la puerta tras de mí. Por fin nuestras miradas se cruzan ¡Joder! ¡Es Sebastián! Un antiguo socio de mi padre, venía mucho por casa hasta que discutieron por algo de dinero que Sebastián se apropió de la empresa. ¡Joder! ¡Joder! ¡Joder! ¿¡Y si me reconoce!?
Doy un paso para atrás como disimulando vergüenza, aunque intento pensar como actuar. La verdad es que ha engordado mucho, hace veinte años, cuando trabajaba con mi padre era un cabrón, pero eso lo hacía atractivo. Recuerdo que una vez comiendo en casa, el estaba a mi lado charlando y cuando todo el mundo se levantó a recoger la mesa, él y yo seguimos hablando. Tenía quince o dieciséis años y estaba emocionada de que un tipo así me dedicara su atención. Supongo que mi padre lo debía encontrar divertido. Pero yo noté como su mano se posaba en mi pierna. Estaba oculta por el mantel, así que nadie veía nada. La subió metiéndola por debajo de la falda y me empezó a acariciar por encima de las bragas. Recuerdo notar que mi cuerpo empezó a sudar, nunca me había tocado nadie todavía. Noté un cosquilleo en la entrepierna e involuntariamente las separé para dejarle más espació. Sin dejar de hablar el metió un dedo por debajo de las bragas y me empezó a acariciar el clítoris. Notaba mi cuerpo ardiendo. Me daba mucha vergüenza lo que estaba haciendo y estaba asustada de que nos pillaran. No conseguía entender lo que me decía, pero él seguía hablando. Metió el dedo dentro de mi vagina y me empezó a follar. No tenía ninguna experiencia más allá de mi propia masturbación, así que enseguida noté que me corría mientras clavaba las uñas en el mantel para no gemir. Cuando acabaron los temblores de mis piernas, él sacó la mano y se chupó los dedos como si hubiera estado comiendo marisco. Me parecía que todo el comedor olía a coño, pero nadie parecía notar nada, me levanté como pude y mareada me fui al lavabo, donde me encerré y me tumbé en el suelo a recuperar la respiración. Él vino detrás y me pidió entrar, pero me dio mucha vergüenza y le dije que no, que se fuera. Cuando oí sus pasos alejarse no pude evitar masturbarme pensando en lo que había pasado. Por suerte, poco después se peleó con mi padre y no lo volví a ver, pero el recuerdo de ese momento, en el comedor familiar con mi familia por allí, era uno de mis favoritos para masturbarme.
Dejo atrás mis ensoñaciones cuando él me dice:
- Así que eres una gata mala. No me lo creo. ¡Siéntate!
Mientras ordena esto, se ha quitado la chaqueta y se desabrocha el pantalón. Tiene una barriga como un tonel así que no lleva cinturón, pero con gesto rápido se suelta los tirantes y los pantalones caen al suelo. Uno a uno abre los botones de la camisa y la deja caer a cada lado de su barriga. No queda nada de aquel físico poderoso que me masturbó de jovencita, pero el recuerdo del momento viene por el tono de su voz. No puedo evitar obedecerle.
- Sácame los calzoncillos putilla – dice susurrante.
La verdad es que ocultos bajo su barrigón casi no se le ven. Levanto mis manos y decido cogerlos por el culo que parece más fácil. Estirando un poco, consigo que se libren de la barriga y queden envolviendo sus pies.
- Muy bien, gatita – dice – Sabes, yo también tengo un gato en casa, y cuando me saco los calzoncillos siempre se viene a olerlos el muy guarro. Tu pareces igual de guarra. Corre, huele mis clanzoncillos.
Temerosa, me pongo a sus pies y los olfateo ruidosamente. Huelen fatal, a sudor y pis. Me siento morir, y si además supiera quien soy creo que me moriría. Me vuelvo a poner húmeda.
- Muy bien, ahora chúpalos – saco la lengua y empiezo a lamerlos. Lo desagradable de la situación hace que me excite cada vez más – Ahora empieza a subir por las piernas sin dejar de lamer.
Me voy incorporando poco a poco dejando las piernas húmedas de saliva. Noto que mi cabeza toca con su barriga, no creo que pueda subir más hasta que noto que sus manos cogen la barriga y la levantan dejando al descubierto una polla encogida y unos generosos testículos. No tiene que decir nada, aprovecho que ya no está la barriga y empieza a lamer la polla y los huevos, noto como el escroto se va tensando y la polla empieza a crecer. Ahora ya esta tiesa y tiene un tamaño normal tirando a grande, así que me la meto en la boca y empiezo chuparla con deseo. Ya he desconectado la mente y estoy en un mundo de sensaciones, deseo lamer esa polla, quiero sentirla correrse en mi boca. La humedad del sudor lo envuelve todo en un olor corrupto que me hace enloquecer. Se me escapa un gemido. El empieza a mover sus caderas para follarme la boca. Noto unos espasmos en las venas de su polla que anuncian su inminente corrida.
- Para gatita – dice con esfuerzo. Supongo que hace mucho tiempo que no hace tanto ejercicio y tiene el cuerpo empapado en sudor – Ya te daré tu lechecita luego. Ponte en pie.
Obedezco lentamente, tengo la barbilla empapada en mi propia saliva y el sudor me cae por la cara. Mis axilas están goteando sudor. Cuando estoy de pie frente a él, me levanta el brazo y con un lengua grande y gorda, me lame todo el sobaco, sorbiendo con fruición mi sudor.
- Me encantan todos los jugos que salen de una mujer – dice llevando una mano a mi coño. Mete dos dedos y sonríe - ¡Guau! Parece que tu te lo pasas tan bien como yo.
Se los lleva a la boca y los saborea, me los vuelve a meter y ahora soy yo la que tiene que limpiar mis propios fluidos vaginales de sus dedos. Gimo cada vez que me penetra con ellos. Noto su cara cada vez más encendida. Me empuja contra la cama, me ordena ponerme a cuatro patas y cogiéndome de las caderas me penetras violentamente. Solo con esa entrada siento como todo mi cuerpo convulsiona en un primer gran orgasmo. Me da vergüenza tener ese placer cuando un tío gordo que podría ser mi pare me viola, pero no lo puedo evitar. Deseo sentir ese rechazo por mi misma. Mi orgasmo le ha puesto todavía más cachondo, sus embestidas son fuertes y noto su barriga golpeándome en el culo. Creo que se va a correr, pero entonces para sus embestidas y me la saca del coño. No puedo evitar mover mis caderas buscando más placer. De un tirón me saca el plug de la cola lo que me arranca un gemido fuerte de dolor, pero al instante me penetra analmente de una forma tan rápida que no puedo reprimir un grito. Solo puede metérmela un par de veces cuando, ahora sí, noto su corrida en el interior de mi culo. Noto las palpitaciones de su polla bombeando un litro de espera en mi interior. Se derrumba sobre mi espalda, noto como su polla flácida se sale de mi culo, dejando escapar un pequeño rio de esperma que corre piernas abajo mezclándose con los flujos de mis orgasmos. Noto su respiración acelerada y su vientre subiendo y bajando en mi espalda. Se toma una par de minutos de descanso. Me muevo incómoda.
- Quieta gatita – me dice incorporándose – Que lo vas a dejar todo perdido y eso no puede ser.
Se incorpora para luego arrodillarse detrás de mi grupa. Sus manos separan las nalgas de mi culo y aplica su boca a mi ojete intentando sorber todo su esperma de mi ano.
- Venga puta – dice gruñendo por el esfuerzo – Dámelo todo.
No estoy seguro de como hacerlo, pero aprieto y suelto es esfínter intentando bombear la leche que hay todavía en mi interior. Con cada movimiento su lengua intenta hurgar en mi interior. Me incorporo un poquito para que la gravedad me ayude a sacarlo. Él sigue sorbiendo todo lo que sale de mi culo. Con los esfuerzos se me escapa más de un pedo que él celebra sin dejar de sorber. Esta un buen rato lamiéndome el culo y luego recoge sus propios restos que han ido cayendo por mis piernas. Cuando acaba se pone en pie con esfuerzo, me hace incorporarme frente a él y me da un profundo morreo. Noto como escupe todo lo que tiene en su boca en el interior de la mía. Imagino los restos de su leche, saliva, mis fluidos y quizás un poco de mierda pasando de su boca a la mía, y me da una sensación de suciedad y de asco que hace que cuando tengo la boca llena no dude en tragármelo. Él sonríe satisfecho. Me tira de la cadena de nuevo y me lleva hacia el lavabo.
- Otra cosa que hace mi gato cuando acaba de comer – me explica – es ir a su arena y mear tranquilamente.
Mientras dice esto se ha tumbado en el suelo boca arriba. No hace falta que me diga nada, pongo mis pies a los lados de su cabeza y me pongo en cuclillas sobre él. Mi coño está a diez centímetros de su boca. Nunca he meado en público, solo una vez en el cole con una amiga jugamos a mojarnos las manos en el pis de la otra, pero era pequeña y no es lo mismo. Intento relajar mis esfínteres para dejar escapar mi meada, pero me cuesta. Noto que de mi ojete, dilatado por la postura, siguen goteando guarradas que caen sobre él. Le miro a la cara y el recuerdo del nuestro primer encuentro me ayuda a obligar a mi vejiga a vaciarse. Sale un primer chorro a presión per muy desviado. Lo paro, me llevo las manos a los labios de la vagina, los separo y vuelvo a empujar. Ahora sale un precioso chorrito, con mucha presión, con cuidado lo voy dirigiendo a su cara. Él abre su boca y le veo llenársela y tragar una y otra vez. Cuando ya estoy vacía, acerco mi coño a su cara para que me lo pueda lamer. Cada contacto de su lengua en mi vulva me produce un escalofrío de placer y un gemido. Luego me pongo de rodillas a su lado y lamo todo mi pis que ha quedado en su cara, a pequeños lametones voy recogiendo mi meada. Él se deja hacer con satisfacción.
- Eres una guarra como ninguna que haya conocido – me dice – Otras lo han probado, pero tu eres la primera que estoy seguro de que ha disfrutado con ello.
Respondo con un pequeño “miau” y le lamo la mejilla antes de levantarme. El se incorpora lentamente y se limpia de forma descuidada con una toalla.
- Venga, vamos a vestirnos – y diciendo esto se vuelve a poner poco a poco su ropa. Se mueve poco a poco. Está agotado – Ponte tu colita gatita.
Me había olvidado, la busco y la encuentro tirada junto a la cama. Flexiono un poco las piernas y me la introduzca de nuevo. Esta vez entra con mucha más facilidad por todos los jugos que riegan mi interior. Cuando está vestido de nuevo, coge la cadena y mientras abre la puerta.
- Vamos, que ahora empieza el sorteo – dice guiñándome un ojo – Te va a encantar.
¿El sorteo? Me pregunto preocupada.
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