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Historias de hospital (2)

La camilla es angosta y el espacio, reducido. Carol se inclina sobre vos, sus pechos presionan tu vientre, y la tensión se vuelve insoportable. Ella cierra la puerta y te ofrece un trato: cinco minutos de placer prohibido antes de que el reloj del hospital los atrape. ¿Podrás resistir la tentación de una profesional que sabe exactamente cómo hacerte estallar?

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Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.

Como comenté en la entrega anterior (Historias de hospital 1 - https://www.todorelatos.com/relato/218292/), estas son algunas de las situaciones que me han tocado vivir dentro de instituciones de salud.

Como la gran mayoría de los hombres, todos tenemos la fantasía de ser atendidos por hermosas y esculturales enfermeras y doctoras, siempre ataviadas con sus uniformes ajustados que dejan poco a la imaginación y nos generan gran morbo. Para mi desgracia, parece ser que esas discípulas de Hipócrates deben ir a otras habitaciones o dependencias, quedando para mi damas mayores y de físicos un tanto descuidados.

Reconozco que debajo de esos ambos de colores (verdes, azules, celestes o rosas) casi siempre hay ropa interior diminuta, no sé si por comodidad o funcionalidad.

Hecha la presentación, aquí la historia.

Desde que pasé los 45 años de edad, anualmente me realizo controles médicos que van desde análisis clínicos, ecografías, radiografías, ecodoppler y electrocardiogramas. Siempre trato de que todo ello se pueda resolver en uno o a lo sumo dos días, solicito los turnos y virtualmente me paso ese tiempo entre consultorios.

La rutina se inició con los análisis de laboratorio a las 7 de la mañana aproximadamente, de allí pasé a radiología y como tercera parada ecografía. Hasta allí, solo una graciosa bioquímica rubia de unos 30 años que bajo su ambo blanco con bordes azules, escondía un buen par de pechos y un diminuto tanga de color un tanto oscurito que se marcaba de manera interesante. En radiología un experimentado señor de carácter bastante osco y en ecografías una dama de unos 45 o 50 años de manos tan heladas como el gel que desparramó por mi abdomen, sin mediar palabras, tan solo un saludo protocolar.

La cosa mejoró bastante cuando pasé al sector de cardiología. Las secretarias eran chicas de unos 25 años, elegantemente vestidas, de escotes pronunciados, mucha simpatía y trato amable. Evidentemente, eran elegidas intencionalmente para que el corazón se desboque y los resultados fueran exigentes al músculo cardíaco. Tras completar la papelería de rigor, fui derivado a una sala donde había varios aparatos con monitores que no llegué a entender.

Secretaria: “señor, quítese los jeans, remera, calzado, cadenas y anillos. Apague su celular para no interferir con la aparatología y espere sentado en esa camilla, ya viene la profesional que le hará los estudios.”

La sala era cálida, sin ventanas y con dos puertas, por lo que estar solo en bóxer no era un problema. Pasados unos minutos se abrió una de las puertas y apareció la profesional… cabello rojizo de peluquería, ambo color verde clarito, 1,60 de estatura, unos 45 años, y de contextura robusta (tirando a gordita).

“Buenos días, mi nombre es Carol y seré quien te haga primero un electrocardiograma y luego el doppler”

Alejo: buenos días, soy Alejo. Usted dirá como debo acomodarme.

Carol: a no mi amigo, aquí nada de formalidades si volves a tratarme de Ud., o de señora, te aplico un electroshock – comentó entre risas

Se notaba que Carol tenía experiencia en su función y sabía cómo “romper el hielo” con los pacientes.

Carol: la camilla es bastante angosta y corta, por lo que vamos a ver cómo te acomodamos para que estés cómodo, ya que ambos estudios nos llevaran una hora aproximadamente y tenés que moverte lo menos posible.

Alejo: ok

Carol: primero el electro. Recostate con la cabeza hacia allá, las piernas estiradas, tratando de que no cuelguen de la camilla. Bien, los brazos al costado del cuerpo. Mientras tanto, voy colocándote los electrodos para tomar las mediciones.

Es aquí donde empiezan “los problemas”. Los electrodos del pecho requirieron de una breve depilación, pues no pegaban por los vellos (parezco tener un chaleco puesto).

Carol: quietito que no quiero cortarte con la rasuradora.

El sector derecho no presentó inconvenientes, pero el izquierdo hizo que Carol (de brazos cortos) tuviese que inclinarse un poco sobre mí y me permitiese ver un hermoso canalillo que separaban dos pechos contundentes y quiera o no, me tentó a mirarlos, se los notaba perlados por el sudor.

Carol: ¡¡che, no mires tanto que va a dar mal el resultado!! – dijo esbozando una sonrisa.

Colocados los electrodos del pecho, puso algo similar a una pinza en mi muñeca derecha y volvió a tener problemas para llegar a la muñeca izquierda, aplastó sus pechos sobre mi vientre y pude notar que estaban cálidos, casi diría hasta sentí sus pezones.

Carol: uff amigo, si sabía que dabas tanto trabajo te llevaba a quirófano, donde podes dar vueltas alrededor de la camilla. Ahora si los tobillos y empezamos.

Primero la pinza en el tobillo izquierdo y luego se reclinó, dándome la espalda para colocar la pinza en el derecho. Momento sublime: poder observar un hilo dental que se perdía entre esas dos nalgas robustas y un movimiento hacia atrás que provocó el contacto de mi mano abierta con esa cola grandiosa.

Carol: bueno…. Parece que nos gusta mirar y también tocar. Estas camillas angostas hacen que me toquen el culo seguidito. ¿Está bueno cierto? Es grande pero bien cuidado.

Alejo: no fue intencional, solo te moviste hacia atrás y pasó.

Se giró y me miró primero a la cara y después al bóxer. Se sonrió porque ya empezaba a notarse que me estaba empalmando.

Carol: si se te sigue parando, no podemos hacer el procedimiento, va a dar mal. – dijo mientras ponía su mano sobre mi muslo, lo que provocó que la erección siguiese creciendo.

Caminó unos pasos hasta las puertas de acceso a la sala y las trabó con pasadores.

Carol: mirá, la cosa es sencilla, si estuviésemos en otro tipo de sala, nos echamos un polvo, te bajo la calentura y seguimos con el trabajo, pero acá no podemos por el lugar y el espacio. Hagamos un trato, te la chupo hasta que acabes mientras me metes mano. Nos sacamos la calentura los dos y el doppler te lo hago mañana en otra sala más cómoda.

Ante esos dichos, mi cara de sorpresa debe haber sido llamativa y seguramente me debo haber sonrojado bastante. Se sonrió y volvió a tomar el mando.

Carol: estamos sobrepasadas de trabajo, guardias dobles más los horarios habituales. Paso más tiempo acá que en casa, nosotras también tenemos deseos y calentura. Más de 20 días de abstinencia me tienen loca. Por lo menos dedícame una buena paja, mientras te la chupo. Estoy re caliente.

Alejo: ¿nadie tratará de entrar? ¿Es seguro este lugar?

Carol: dale que tenemos poco tiempo – dijo mientras bajaba el pantalón del ambo y dejaba su jugosa concha al alcance de mi mano derecha – meté la manito, enterrá los dedos y movelos.

Bajó el bóxer, lo suficiente para liberar la verga y meterla rápidamente en su boca, y comenzar a chupar de manera furiosa mientras frotaba su concha contra mi mano. Pude deslizar mis dedos alrededor de la tela de su hilo dental y frotar mis dedos en ella. Sencillamente hervía, estaba empapada y facilitaba el mete-saca de mis dedos, apretó mi mano con sus piernas y aceleró el movimiento de su boca hasta hacerme estallar en chorros de leche, mientras sus jugos empapaban mi mano. Fueron 5 o 10 minutos, no más que eso, pero suficiente para que ambos acabáramos.

Carol: ¡¡qué buena leche!! Caliente y abundante. Una lástima no haberla podido dejar en mi conchita.

Alejo: tus flujos son muchos, ¿te gustó tanto la paja?

Carol: estuvo muy buena, rápida y efectiva. Espero que ahora salga bien el electro, así mañana te “hago un doppler especial”.

Acomodó su ropa y la mía, completó su faena laboral y tras observar los resultados en el gráfico, me guiñó un ojo. “Salió genial. Mañana a las 10:30 te espero para el doppler” dijo mientras volvía a destrabar las puertas y salía rumbo a la oficina.

Me vestí y fui a la secretaría.

Secretaria: “Mañana a las 10, debe venir a completar los estudios, eso me dejo dicho Carol. Lo esperamos”

Salí del hospital, sin poder creer lo sucedido, pero satisfecho por la profesionalidad y experiencia de Carol. Fantasee toda la tarde con lo que me esperaba al día siguiente.

A las 10 estaba nuevamente en la secretaría: “Pase por el consultorio 5”, aceleré el paso hacia ese lugar y al abrir la puerta me llevé una sorpresa: no estaba Carol, había un hombre de unos 40 años esperándome.

“Pase señor, en minutos iniciamos el procedimiento. Póngase cómodo en la camilla que ya conectamos la aparatología. Serán solo 15 minutos y su estudio estará concluido”.

Fue una decepción, ya que esperaba el segundo round que me habían prometido el día anterior, esta vez fue algo rápido y sencillo. Lo bueno: mi corazón respondió adecuadamente.

Espero les haya gustado esta historia real, la segunda de las tres que tendrán como base el haber ocurrido en hospitales.

Espero sus comentarios (vía web o a través del mail) saludos a todos.

Alejo Sallago – [email protected]

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